7/2/08

Sé que vas a leerme

Hará cosa de un mes apareció un viejo amigo al que en este post llamaré El Anacoreta. Me llamó desde París, que es donde viven sus hijos.
El Anacoreta es un atormentado profesor de lengua francesa, que en sus ratos de ocio se dedica a remontar aviones de juguete. Lleva una melena a lo Jim Morrison, pero le gusta Monteverdi.
Me atrajo por tres razones básicas:
a) Cuando nos conocimos, iba con una carpeta llena de papeles que se le cayeron al suelo en cuanto me vio.
b) Llevaba una gabardina larguísima y manchada en la solapa con restos de helado.
c) No parece francés.
Un anti-héroe en toda regla, vamos; y tan tímido, que jamás se me ocurriría poner su verdadero nombre en este post. A mí me basta con que aparezca de vez en cuando (últimamente, demasiado seguido) y me devore con esos grandes ojos de cigüeña encaramada a un campanario que él tiene.
Yo sé que a veces le hago sentir como un sasquatch tapado de luces de Navidad, y que lo dejo deshecho y lleno de incertidumbre y también un poco loco. Sin embargo, me tranquiliza saber que él sabe que yo siempre sabré reconocerle, aunque en ocasiones no pueda reconocerse ni él. Porque es como él mismo dice: “Si encuentras a alguien con un sentido de la orientación tan cojonudamente bueno, es como haberte encontrado a ti mismo, aunque estés perdido en una tormenta de arena”. Soy su chica-brújula, lo mejor que le ha pasado desde que se cayó de la cuna por primera vez y le dieron seis puntos en la cabeza, y se olvidó de cómo era el mundo antes de nacer. Cuando le apetece, sé que por mí puede ser cualquier cosa, lo que yo quiera que sea.
Todo, menos un cabrón. Eso no le sale. Por suerte. Y si le saliera, no estaría escribiendo sobre él.
Yo no quiero ser tu perrita de collar. Yo no quiero tu taradoxia y tu pereza. Yo no quiero que me diviertas. Yo no quiero una casa confortable con jardín y un baño con una buena tina. Yo no quiero ver tu lengua convertida en un nido de polillas. Yo no quiero una buena cena cerca de la estufa. Yo no quiero una tarjeta ñoña con un belén de turrón para las Navidades. Yo no quiero que te bajes de la cruz por mí. Yo no quiero que te larges cuando empiecen los problemas. Yo no quiero que te metas por mi oreja mientras duermo. Yo no quiero ir adonde vayas tú. Yo no quiero que me prestes tu abrigo. Yo no quiero la piedra de tu zapato en mi zapato. Sólo quiero que me dejes respirar.
Sin entrar en detalles escabrosos y sabrosos, diré que El Anacoreta es el anti-marido ideal. Por eso le quiero. Cuando estamos juntos generalmente amanece de noche, porque somos insensibles a la gravedad, y siempre que conseguimos dar con un lugar razonable, él me sienta en sus rodillas como a una hija y se me mete hasta en los sueños. Tardes de vigilia dejando que la niña duerma su siesta del fauno.
En nuestra primera cita me invitó a cenar en una tasca de La Latina y me contó su vida con lujo de detalles. Para que yo supiera. Para que las cosas quedaran claras desde un principio y después no hubiera que pedir disculpas o dar explicaciones. Y yo acepté el reto. Siempre he pensado que nadie es completamente una sola cosa, y él no iba a ser la excepción. Además, no sabría cómo lidiar con una excepción. Ya bastante me cuesta lidiar con las excepciones de la lengua castellana, como para tener que lidiar también con la lengua de un tío.
Su raudo romanticismo me tiene a maltraer, así que esta semana voy a pedirle a mi maestra de meditación que me dé una sesión de terapia sacro-craneal, porque de seguir así podría enamorarme.
Y él también, que es lo peor
.


Vídeo/post: I need her love (E.L.O).

2 comentarios:

Jonas :D dijo...

(sonrio:) Me lo imaginaba, ya se quien eres, te llamas macarena, aunq te llamen maca.
Por ti vendria de paris cada fin de semana, o mas, pero ya he nombrado todos los fines de semana...

Casate solo con alguien con quien no hicieras nada de eso. Y asi, aunq tu no fueras siempre a donde va el, el siempre iria a donde vas tu.

Hipatia de Alejandría dijo...

Aburridísimo, pues.