28/5/17

Rabia contra LA MÁQUINA

por Miguel Otero Rúa

Texto de un estudiante con diagnóstico psiquiátrico. Publicado en el blog de Radio Prometea.


No me considero precisamente inteligente o especialmente conocedor de nada. Tengo inquietudes y preguntas. Especialmente desde que conocí el timo de la psiquiatría convencional. Especialmente desde que vi que no era este un mal aislado y un “antioasis” de podredumbre. Me gusta saber cosas. Me gusta leer y no me disgustan nada artículos y ensayos. Me gusta ver documentales casi más que ficción. Me interesa el ámbito social en sentido amplio. Me interesa el activismo. Me he implicado y trabajo con el activismo en salud mental. Me gusta lo que estudio y creo que más que cualquier otro existente. Me interesa toda la materia del programa de estudios, en mayor o menor grado, pero me interesa. Me ha interesado cada unidad explicada. Cada colectivo tratado me ha generado ideas, relaciones entre ellas y con otras de diferentes procedencias. He encontrado muy estimulante muchos de los temas que se nos ha planteado, ya sea por comprenderlos, verlos útiles y necesarios o por una reacción de rechazo, a veces instintivo, que tras informarme sobre el tema y meditarlo, se veía plenamente confirmado. Tengo un montón de caminos abiertos que querría recorrer. Pero…
Es muy frustrante no poder aprender y disfrutar aprendiendo porque los sistemas educativos son una copia de las fábricas. La educación como la conocemos, surgió en el siglo XIX para enseñar a lxs estudiantes lo básico para trabajar en las fábricas. Horarios, campana, turnos, descansos,… no son casuales. Además existe rigidez burocrática generalizada en todo este sistema social y que se extiende hasta después de muertos… y aún por encima cuesta dinero morirse. Soy una persona con “diversidad psíquica”. Casi prefiero “loco”, “chalado”, “retrón” o “cascao” (al estilo de los blogueros de “De retrones y hombres” en ElDiario.es) o similar. De la palabrita “esquizofrenia” diré que es estigmatizante pero “enfermedad” mental me parece la máxima mentira (o eslogan) de la “ciencia” psiquiátrica rampante y orgullosa de hoy en día. Mi locura la he interpretado siempre como una reacción a un trauma con origen o como consecuencia de una cierta sensibilidad al estrés o a nuevos traumas. Sospecho que esto es cierto en la mayoría de las personas despojadas de su mente y emociones por la mala praxis psiquiátrica. Creo que esta sensibilidad, a mi y a otras personas con diagnósticos, hace que seamos como el canario en el pozo de la mina de carbón. Cuando había gas grisú, estos pájaros morían rápidamente. Por eso los bajaban a la mina. Para advertir a la gente, que trabajaba en durísimas condiciones, de que podían morir si no salían rápido del pozo. De la misma forma, nosotrxs, lxs locxs, somos lxs primerxs en caer cuando el estrés aumenta. Cada año que pasa todo va más rápido, se multiplican los estímulos, el número de miedos, de traumas potenciales, de exigencias de otras personas con las que convivimos, de las empresas en las que todxs estamos obligados a trabajar explotadxs por imperativo de esta “civilización”, de los medios de comunicación que usamos, los que nos exigen que usemos para estar integradxs o para que nos usen ellos a nosotrxs, la formación continua durante toda la vida, la disponibilidad para cualquier cosa en cualquier momento y desde cualquier lugar, rendimiento óptimo desde la guardería,… Lxs locxs somos lxs que caemos primero con todo esto. Lxs locxs sois vosotrxs cuando caéis. Con la suficiente presión cualquier material se rompe. Cualquiera. Vine a este instituto a aprender y poco a poco me fui despistando para ser un pequeño operario de fábrica más. No en las metas que me propuse pero si en la forma. Es imposible no caer en las dinámicas de unas clases orientadas a obtener rápidamente un papel que nos “autoriza a” trabajar como operarixs en una fábrica que reproduce el mismo proceso de “formar y autorizar a” con pocas diferencias realmente profundas. Y no hablo del profesorado implicado y con buena voluntad, estoy hablando de todo un enorme sistema.
No puedo dormir. Son más de las 4.00. Tengo clase a las 8.30, un examen a media mañana y según la lógica de la fábrica esto es una tontería. Cuando empecé a escribir esto me sentía mal. Ahora puede que consiga dormir algo. Mañana surgirán los problemas por tener otros problemas o por intentar arreglarlos. Posiblemente estaría mucho mejor que si me hubiera tomado un sedante pero no hubiera ni trasnochado ni escrito nada. Pero pocas personas parecen entender realmente que los “demonios” no se barren debajo de la alfombra.