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25/8/18

LA LOCA


  El concepto de LOCURA es uno de los más bastardeados de la historia. Cuando se le atribuye a la mujer, peor todavía. ¿Por qué? Es simple: porque somos el principal sujeto de opresión del sistema patriarcal. Somos las reproductoras, las incubadoras de la humanidad. Por lo tanto, no se nos permiten disidencias.

Estas disidencias, que nos hacen habitar el mundo de una manera diferente, y por ende percibirlo de un modo distinto, definen lo que algunxs empezamos a llamar DIVERSIDAD PSÍQUICA. Ya lo habrán escuchado muchas veces: cuando hablamos de enfermedad/ trastorno: ¿qué es lo que tomamos como referencia para definirlo? ¿La normalidad? ¿Y qué sería la normalidad? ¿Cómo se define? ¿Qué marco de referencia se utiliza para hacerlo? Y sobre todo: ¿QUIÉNES la definen?

No soy una especialista en salud mental, sólo soy una LOCA más que hace, deshace y se hace muchas preguntas. Una LOCA que demasiado a menudo se ríe de su propia locura. Y que otras, tantas, la padece y la llora. Entonces, cuando la lloro y la padezco, he llegado a preguntarme: ¿qué es lo que me hace llorar mi locura, en vez de bendecirla o simplemente aceptarla sin que ello me suponga la sensación de que ser distinta es algo MALO? ¿Por qué la singularidad de la daltónica es aceptada con cierta empatía, por qué la de la disléxica, y por qué no la de la LOCA? Al fin y al cabo, tanto el daltonismo como la dislexia son también alteraciones de la percepción. Sin embargo, no tienen causa psíquica. Por lo tanto, nadie teme que una daltónica vaya a saltarte al cuello con un cuchillo como lo haría la LOCA de Atracción Fatal

Esto demuestra que el cine, la televisión y la prensa han colaborado activamente en la creación de una imagen completamente distorsionada de nuestras disidencias.
La palabra LOCURA siempre estuvo asociada con todo lo malo, lo oculto, lo oscuro, lo prohibido, lo incontrolable y lo incomprensible. Desde la mente controlamos el cuerpo, y como se supone que la LOCA es alguien que no mantiene el control -las formas-, puede que sus reacciones se vuelvan impredecibles. Se produce una ruptura que como sociedad nos enfrenta a nuestros miedos más ancestrales: el de perder el control del cuerpo y morir. El de no ser amadas. El de ser excluidas de la comunidad. Todo eso la LOCA nos lo refleja como un espejo impecablemente limpio. Mejor callarla. Mejor tranquilizarla. Mejor medicalizarla.

La medicalización merece un apartado especial debido a los efectos colaterales que produce sobre la libido. Siendo la mujer incubadora de los futuros humanos que ingresarán a la rueda de producción, parece conveniente que las LOCAS no se reproduzcan. No debe ser casual que la medicación psiquiátrica inhiba el deseo sexual -tanto en hombres como en mujeres- y que no obstante las quejas de los hombres al respecto sean mejor recibidas, y se busquen mejores alternativas para ellos. Algo que no ocurre tanto en el caso de las mujeres. Si te quejás, te dirán que tenés que elegir entre tu "salud mental" y el placer. Todo tiene su precio. ¡Como si el placer sexual no formara parte de la salud mental de cualquiera!

Con respecto al feminismo, llevo unos meses hablando sobre la manera en que éste enfoca el tema de la salud mental. La verdad, encuentro muy poco material. Sin embargo, lo peor no es esto, sino la escasa empatía que he notado entre algunas feministas. Al feminismo, la palabra LOCURA le da casi tanto miedo como el patriarcado, y un poquito menos del miedo que el propio patriarcado nos tiene a las LOCAS. Es sorprendente. O quizá no lo sea, si tomamos en cuenta la mala fama que tienen los trastornos mentales, y el tono peyorativo con que el sistema machista nos tilda de LOCAS por cualquier cosa, desde que empezamos a combatir.

Por lo tanto, la delicada frontera entre la LOCURA según el patriarcado y la DIVERSIDAD PSÍQUICA real debería revisarse. Y por favor: que se haga urgentemente. Porque lo necesitamos. Hay mujeres pasándoselo muy mal, invisibilizadas por sus propias compañeras de lucha. Hay mujeres viviendo en la calle por razones psíquicas. Hay mujeres padeciendo realidades de las que se avergüenzan por miedo a ser tildadas de eso, de LOCAS. Y ser LOCA en el sistema patriarcal opresivo, además de invisible, es equivalente a ser marginal, out-sider, bocazas, chapita, disidente, singular, hipersensible, en definitiva: alguien muy poco digna de confianza. Alguien que es mejor discapacitar para que no trabaje, y por ende no cuestione de forma inadecuada el sistema esclavista impuesto por el capitalismo. Alguien que mejor medicamos para que se tranquilice y en lo posible no se reproduzca. Alguien que por no responder a lo normativo, podamos mantener en el tercer o cuarto cinturón del conurbano vital, bajo el padrinazgo de los talleres protegidos y los centros especiales para locxs.

Hace mucho tiempo, a lo que hoy llamamos LOCURA se le buscó una causa sobrenatural. Decir LOCA era sinónimo de estar endemoniada. Y aunque tuvieron que transcurrir los siglos para que el dolor psíquico estuviera separado de la religión, todavía proliferan las sectas donde se le atribuye una causa mágica (vayan a cualquier iglesia evangelista y ya me contarán).

Todas sabemos lo que hacía la Inquisición con las brujas. Ser bruja y ser LOCA era más o menos lo mismo. Básicamente, las brujas desafiaron la autoridad del clero al ocuparse de proporcionar medicina y cuidados al pueblo llano. Eran las curanderas. Las parteras. Pero también eran las aborteras. Mujeres de pueblo que sabían mucho de plantas medicinales, y que por muy poco dinero curaban los males que la gente pobre no podía pagarle a un médico. Quizá las brujas hayan sido las primeras feministas de la historia, porque se atrevieron a saltar por encima del sistema de castas medieval y el poder hegemónico de la iglesia católica. Las brujas fueron la resistencia de la hegemonía médica del medioevo.

En la Europa mediterránea se sabe que las famosas escobas de bruja eran una suerte de consolador que las mujeres de pueblo usaban para proporcionarse placer, untándolas con un ungüento especial a base de estramonio (una planta que no existe en América; existen otras). Dicha sustancia afrodisíaca las hacía orgasmar. El vuelo de la bruja es pues, nada más y nada menos, que la expresión simbólica del goce femenino devenido en algo prohibido.

Pasados los siglos llegaron los alienistas. Alienista proviene de alienare, que significa perder la razón. Tener la razón, en esos tiempos y también en los nuestros, es vivir conforme al sentido común. Gracias al "sentido común", una llega a adquirir la capacidad de adaptarse al sistema, adhiriendo sin conciencia crítica a la automatización normativa que nos imponen. A títulos, rótulos, jerarquías, especialismos y escalafones. A veces pasa que sí se posee conciencia crítica, pero resulta mucho más cómodo y oportuno adherir al sistema hegemónico por una cuestión de ambición personal. Es decir, por una cuestión de poder. O sea: si no puedes contra el enemigo, únete a él. Y después veremos cómo lo combatimos desde adentro. Una ingenuidad que puede ser confundida incluso con idealismo. Pero así funciona el mundo. Y así les va a las LOCAS. El resultado de ese idealismo es que muy pocas veces hay presupuesto para integrarlas creativamente.
Luego llegaron los psiquiatras.

Hay una reticencia importante dentro de la institución psiquiátrica a escuchar la opinión de las LOCAS. A considerar cualquier postura crítica que no sea funcional a las normativas impuestas para el tratamiento. Una psicóloga me decía hace un tiempo, que si bien todos lxs pacientes son distintxs, a todos se lxs medica de la misma manera según el diagnóstico establecido por la biblia de la psiquiatría, que son el DSM IV y el CIE 10. Sólo hay 3 ó 4 medicamentos básicos para los trastornos mentales de millones de personas con singularidades específicas. Ni hablemos de los que ya NO se consiguen en la salud pública, porque si las discapacidades físicas -que están visibilizadas- son un tema secundario, imaginen las discapacidades que NO se pueden ver, como las psíquicas. Recordemos que el discapacitado no produce. Mantenerlos supone un gasto público considerable que el estado capitalista está cada vez menos dispuesto a asumir.
Sin embargo, el manicomio sigue existiendo en Argentina como depósito de cuerpos singulares, algunos inclasificables o simplemente en estado de vulnerabilidad socio económica. Es la versión moderna del antiguo cotolengo. 

Muchas LOCAS se quejan de estar abandonadas no sólo por la institución psiquiátrica como ente burocrático, sino también por sus propios médicos. No se les permite acceder a un trabajo en blanco que las dignifique. No se las toma en cuenta seriamente a la hora de proponer alternativas a los talleres que les ofrecen. No llegan a comprenderse sus propuestas, y se pretende que adhieran a dispositivos que no son adecuados para su capacidad. Lo cual no viene a ser muy terapéutico que digamos. Sin embargo, a veces la situación económica es tan desesperante que la LOCA llega a adherir a un taller protegido que está muy por debajo de sus expectativas sólo por necesidad. Esto, siempre y cuando su terapeuta, a último momento, decida por ella que mejor no.

Qué paradoja, ¿verdad? Y es que el mundo de las LOCAS es así de paradojal. Es así de doliente y silencioso.

Señoras profesionales de la salud mental, no es nada contra ustedes: pero cuando una LOCA les proponga un proyecto, escúchenla. Ante su silencio y su hacerse las tontas, en el mejor de los casos, la LOCA iniciará una práctica de resistencia que podría dejarlas sin trabajo. En el peor, la LOCA podría llegar a sustraerse del mundo. En ambos casos, ustedes habrán fracasado.

Quien tenga oídos, que oiga.

A las feministas: hay muchas maneras de morir, además de las políticamente correctas del pañuelo verde, el aborto y los femicidios. También existe el suicidio, y la lenta muerte que significa ser segregada por diversidad psíquica. Lamento ser tan dura, pero a veces no hay otra manera de decirlo. No ignoramos, desde aquí, que hay muchas compañeras trabajando en la integración de las LOCAS. Lo único que necesitamos es que se hagan ver, y que cuando hablamos de LOCURA, tengan la suficiente sagacidad como para darse cuenta de que no estamos hablando del doctor Freud ni de los métodos arcaicos para tratar la histeria, sino del sufrimiento psíquico verdadero cuyo origen es patriarcal. Estamos hablando de que hay miles de compañeras LOCAS viviendo al borde de la indigencia, y en los márgenes. Estamos hablando de las compañeras que ya no ovulan y que encima, son discapacitadas legales por causa psíquica. Estamos hablando de los cuerpos que ya no son incubables. De los cuerpos que perciben la realidad de otra manera. De los cuerpos y los psiquismos que de vez en cuando se rompen y necesitan la fuerza de la marea para levantarse. De eso estamos hablando.

Por último, a vos que me estás leyendo, que tenés una depre, un trastorno de ansiedad o ataques de pánico. Es necesario aclarar bien el uso político del concepto LOCA dentro de este post. Acá se usa con el sarcasmo que se merece, y ni más ni menos que para erosionar y combatir la violencia simbólica que el patriarcado le ha otorgado a la palabra. Ya que estamos tan LOCAS, por lo menos usemos nuestra locura para resistir.

23/8/18

La queja


La foto de arriba es de Tracey Emin (1963), segunda artista inglesa más famosa después de Damien Hirst, y representante de la Young British Artists. En 1999 ganó el premio Turner por su instalación My bed, que se expuso en la Tate de Londres. Tracey se apunta al llamado Arte confesional, ya que toda su obra es autorreferencial, y ella misma reconoce tener una adicción a su propio ego. La obra My bed consiste en la exposición en crudo de su propia cama deshecha, con las sábanas sucias y manchadas de humores de todo tipo, mientras en el suelo y sobre una alfombra azul se ven todo tipo de objetos y detritos, que incluyen paquetes de cigarros, colillas, botellas, juguetes, bombachas sucias, cajas de medicamentos, e incluso preservativos y tampones usados.

El mercado del arte, que sabe bien cómo jugar sus cartas, halló una buena oportunidad de negocio para esta ya harto conocida combinación de morbo y excentricidad, y compró la obra por 100.000 libras (aunque fue pasando de comprador en comprador y hoy día cuesta más de 2 millones de euros). Emin, que se confiesa alcohólica y una transgresora por naturaleza, se hace funcional al sistema que la acoge proclamando una libertad en la que me cuesta mucho creer.

La imagen congelada de una cama llena de detritos puesta en medio de una galería blanca, impoluta, me hace pensar en Tracey Emin como en una piquetera de su propio dolor. Un dolor encapsulado que nunca llega a ser reconocido del todo por ella misma -porque siempre estarán el alcohol y la droga para mantenerlo a raya-; y sobornado por la ilusión de residir en el pináculo del éxito.

El caso de Emin es uno de los tantos que siempre me han fascinado: el de la sordidez expuesta como "obra de arte", y que en vez de ser calmada y atendida, es aplaudida. Gente que muestra lo peor de sí misma, lo más triste de su intimidad y sus miserias, y el mercado del arte lo recoge como un ejemplo de avant garde. La misma obra, en la habitación de su casa, no sería más que la cama de una mujer con un problema. O varios. En la Tate de Londres es una obra de arte.

No quisiera sonar reaccionaria por esto, sólo pretendía extrapolarlo con otra situación. Y tiene que ver con la foto de abajo. Se trata de un montón de basura quemada, o quemándose junto a un contenedor, en las inmediaciones de la Municipalidad de General Pueyrredón, el 18 de diciembre e 2017 durante la manifestación contra la represión en Congreso. Créanme que nunca me había puesto a pensar en esto hasta que recordé a Tracy Emin y su basura particular en la Tate.


Si en el caso de Emin la cama deshecha y llena de basura podría ser la expresión simbólica de una desorganización desde la cual exterioriza su subjetividad, la basura volcada del contenedor también estaría funcionando como expresión simbólica -sin ninguna intención artística esta vez- pero no de una subjetividad, sino de toda una comunidad. El resultado de dicha expresión, llamada piquete, es de un vigor arrollador, y tiene una potencia comunicativa aplastante. Quienes no se implican en el dolor que la promueve no llegan a comprenderla. Así como Tracey Emin parece decir: "Estoy jodida y quiero que todo el mundo lo vea"; el piquete de la foto parece estar denunciando que lo que hay dentro del envase (un contenedor de la Municipalidad) es basura, y por lo tanto hay que quemarlo. O dicho de una manera más explícita: si la institución está llena de basura, no es que haya que quemar (simbólicamente) la institución, sino a quienes la representan. El piquete no será una instalación -ni tampoco lo pretende-, sin embargo, posee un mensaje político obvio que perdería todo sentido colocado, por ejemplo, en una sala del Museo MAR. Así que está donde tiene que estar, y es donde adquiere sentido: en el espacio público, para expresión de una queja colectiva.

El piquete callejero, la mancha olorosa de caucho quemado y basura en descomposición, no es funcional al sistema y se ha vuelto un distintivo de protesta anticapitalista. Tiene mucho sentido en sí mismo, porque representa las necesidades de una comunidad que sufre.

Y ahora se me ocurre una idea todavía más bizarra, si se me permite: estoy segura de que si algún artista, avalado/a por algún crítico extranjero, o acaso por funcionarios de cultura oficialistas, tuviera la ocurrencia de quemar un montón de basura en una sala del Museo Nacional de Bellas Artes, la muestra se presentaría sin dificultad (dentro de una cápsula de vidrio, por supuesto, no vaya a ser que moleste el olor) y sin gendarmes. Tendrían que fundamentarla, desde luego. Pero si Tracey pudo, ¿por qué no iba a poder nuestro hipotético artista? ¿Qué daño podría hacer un montón de basura dentro de una sala que luego limpiarán unos paraguayos tercerizados? En última instancia, la diferencia entre el piquete callejero y el piquete teatralizado dentro de un museo, es la misma diferencia que existe entre una mariposa volando libremente, y una mariposa muerta pinchada con alfileres a un tergopol de lujo. Más o menos como Tracey Emin.

5/1/18

Pater noster

Ama a tu prójima como a ti misma.

Los viejos machismos de toda la vida están a la vista, y van siendo escrachados diariamente, aunque no siempre se hace justicia como querríamos, y por desgracia, las cifras de femicidio aumenten. Ningún hombre “normal” dejará de horrorizarse ante el bestialismo del que son capaces muchos de sus congéneres. Ningún hombre “normal” dejará de solidarizarse con las víctimas y su dolor, a veces inenarrable. Espantoso dolor, brutales heridas que parecen ser más el resultado del ataque de una bestia que de un ser humano. Muertes horribles en manos de individuos que la antropología y la biología define como hombres, pero que al ver los resultados de sus actos una llega a preguntarse si no debería redefinirse su especie con otro nombre.

Pero, ¿dónde empieza el machismo? ¿Es siempre tan palpable, tan extremo como esa punta de iceberg que nos muestran las noticias? ¿O más bien, existen otras formas mucho más “sutiles”, que no salen en las noticias, pero que se ven y se viven en el día a día, naturalizadas por una maquinaria cultural y social que las hace funcionales, desde el hogar hasta las instituciones? Estos machismos, que tantas veces las mujeres soportamos en silencio -por un montón de razones, en ocasiones comprensibles, y otras no- son los que se convierten en cómplices silenciosos, amables cómplices del “yo no fui”, “yo no trato así a mi madre, a mi mujer, a mi hija, a mi novia”, “yo jamás le puse una mano encima”. Y es ahí donde empieza el machismo. En la naturalización del paternalismo amable de ciertos hombres -y también mujeres- que convierten a la mujer o a la niña en sujeto pasivo, en sujeto “débil” diseñado para tareas “más livianas”. Este machismo no sale en los diarios: se vive en la cotidianeidad. Es el machismo de los hombres buenos, de nuestros padres, esposos, novios, amantes, amigos, tíos, abuelos, y hasta hijos. Yo sé que es duro hablar de esto, pero lamentablemente hay que hacerlo, porque no hay árbol que antes no haya sido semilla.

Por eso hoy quería hablar de los machismos sutiles. De esos machismos -renombrados ya como micromachismos- que de tan “amables”, pasan por inexistentes. De esos machismos que jamás llegan ni llegarán nunca al cachetazo. De los machismos callados, que se manifiestan a través del abandono y la indiferencia. O del embroncamiento silencioso porque tu novia hoy decidió salir con sus amigas, y te dejó solo en casa. Del machismo paternalista, insisto, con el que creés hacer un favor, y en realidad acabás haciéndola funcional a ella de un sistema opresor que silencia, que nos sitúa en la zona de confort, pero que a la larga menoscaba la autoestima y narcotiza bajo el manto protector del capital. Las mujeres solemos acoplarnos muy bien a ese tipo de contextos, porque hemos sido educadas para “recibir” y “criar” (sujeto pasivo). Así durante miles de años. Centenares de miles de años. Todos y todas hemos sido educados y educadas -educades, inclusive- bajo el mandato pariarcal del pater noster . Todos y todas, hemos sido erosionados por esta superestructura. Y el despertar siempre es doloroso., pero necesario.

El despertar, generalmente, trae aparejadas muchas pérdidas - con sus posteriores logros. Sé de qué hablo, me pasó. Hace muchísimos años, mi padre -al que amo y siempre amaré- vio como yo le enarbolaba por sobre mi cabeza, con una fuerza que nunca sabré de dónde salió, una silla de pitiribí. Fue la primera vez en que lo vi retroceder ante mí. Un hombre embrutecido por la guerra, de una generación terrible que le dejó pocas oportunidades para construirse y deconstruirse, que me levantó la mano en más de una ocasión. Sí, eran las épocas en que se decía que “un chirlo bien dado a tiempo endereza el árbol”. Esto también lo dice la biblia. Esa biblia en la que él creía. Después de eso, nunca más me levantó la mano. Y aunque jamás supo ser mi padre, yo supe desafiar su pater noster y aprendí a perdonarlo tras muchos años de trabajo personal, cuando ya se había ido. Mujer afortunada.

Con el tiempo la cosa ha ido cambiando. Hoy se sabe que los niños no deben ser golpeados, que el correazo en el culo no es pedagogía aplicable. Nuestras relaciones humanas, supuestamente, se han vuelto más civilizadas, dialógicas. Para muchos, el machismo es cosa del pasado, jamás se auto atribuirían la etiqueta. Todavía se oyen comentarios del tipo “Yo no soy machista, lavo los platos todos los días”. O “Yo en casa cocino”. O “Yo también cambio los pañales”.  Y el grano infectado está en la salvedad; es decir: en el también. Yo también ayudo. Él ayuda. O sea, que es protagonista en tanto y en cuanto convenga. Por lo tanto; los roles siguen estando divididos. La mujer sigue siendo protagonista de las tareas más activas del hogar, de su organización, bajo el supuesto de que en realidad es sujeto débil. La mujer sigue siendo el partenaire más “necesitado” de tener hijos “porque es  parte de su naturaleza”. Muchas ni siquiera tienen una cuenta bancaria propia, no llevan los gastos, viven en una especie de limbo donde el hombre se sigue ocupando del capital. Es una situación cómoda, que a la larga acaba pasando factura. También conozco esta realidad, porque la he vivido. El resultado de renunciar a ello trae aparejadas algunas pérdidas de tipo material. Dolorosas pérdidas, eh. Sin embargo, el corolario es la libertad. La paz de saber que llevás el timón del barco, de tu vida - por muy sencilla que ésta pueda ser -, y aún así, sorteando las arenas movedizas de la superestructura machista que nos tiene atrapados a todas y todas como una gran telaraña de gruesos cordones.

 Y volviendo a la pregunta que me traía: ¿dónde empieza el machismo?

El machismo empieza en el pater noster. Seguramente, tiene un origen eminentemente religioso, y por supuesto capitalista - a estas alturas sabemos lo imbricados que están. El machismo empieza cada vez que un tipo te dice, por ejemplo, “qué parte de (lo que sea) no entendiste” y vos te hacés funcional a él, porque a veces hacerse la tonta es cómodo y también se obtienen resultados. A la corta, convenientes. Y a la larga, muy dolorosos. Porque en cuanto te hacés funcional, ya entraste, y después salir se hace mucho más difícil. Cualquiera de nosotras - especialmente las de mi generación- sabemos muy bien cómo es esto. No es necesario el cachetazo. Con el golpe moral, el abandono, la indiferencia, el silencio aparentemente amable, “diplomático”, ya es suficiente. Ahí anida la semilla del pater noster, del “Y bueno, es mujer, y por lo tanto más emocional”. Cientos de conceptos encajados en el entretejido fortísimo y ancestral de eso que hemos dado en llamar PATRIARCADO, que procede de padre, y que es nuestro pater noster de cada día. 

Y cuando me quejo de todo esto no lo hago por ser la víctima. Porque yo no soy una víctima. Víctimas son las niñas y mujeres abusadas, golpeadas, traficadas, violadas y asesinadas día por día en nuestras calles y hogares. A espaldas de un mundo que no las ve, o hace como que no las ve. O que las ve, dice “Qué horror” y luego las olvida. O las ve, y dice que en vez de salir a manifestarse o hacer una pintada, en realidad habría que “tirar buena onda porque tirar mala se hace funcional al machismo”. O que directamente calla, porque tiene otras cosas en qué pensar. Mujeres y hombres que prefieren no hablar del tema, o mirarlo de reojo. Pues yo creo que hay que mirar. Creo que hay que cuestionar y cuestionar-se. Día por día, lo que haga falta. Dudar, si es necesario, recular, y volver a embarcarse en la lucha. Difundir. Persuadir. Discutir. Pelearnos si hace falta. Callarse, jamás. Imponer tampoco, porque se hace funcional también. Desactivar conceptos y palabras -¡qué difícil!- que forman parte de la superestructura y no nos damos cuenta. Retractarnos todas las veces que sea necesario, discutirlos con nuestras compañeras y compañeros una y otra vez. Escuchar. Escuchar mucho. Romper dolorosas estructuras paternoster  dentro de nosotras y nosotros, desde el discurso, pero sobre todo, desde los hechos. Y sobre todo: no permitir. Poner el freno. Decir. Cuestionar. Revisar. Transgredir el pater noster. Porque esto no es de nacimiento, nos fue impuesto.

19/12/15

Brothers


Cada cuatro años los hermanos vuelven a pelearse. Una especie de guerra fratricida cuyo campo estratégico es el lenguaje y la distribución del alimento. Los dos candidatos que se odiaban son de la misma sangre. Algunos piensan que ganó Caín. Otros creen que Abel les salvará la vida. Y en la guerra se confunden los nombres, las esperanzas y los bandos. Son el fruto de una madre que no supo unir a sus hijos. Que los dividió. Uno y otro probaron la ingobernabilidad del clan. Y ahora hay frustración. Mucha. O sea, como siempre. Aunque éste sólo sea el principio, ya empieza a notarse que la resignación amenaza con ganarle a la ira. El clan cree que lo ha probado todo sin saber que nunca ha cortado el cordón. Hablando en griego: el clan ignora que la realidad no es tal, sino sólo un montón de sombras sobre un muro que él confunde con su padre. 

10/12/15

Fin de fiesta

Es lo que tiene el populismo: que crea la sensación del padre-madre recuperados. Y cuando el padre-madre se van, retorna la orfandad. ¿El empoderamiento es ficticio? Creo que es precipitado juzgar. El tiempo, testigo de todas las transformaciones, nos mostrará si acaso ha habido conato de empoderamiento, o no. Quiero creer que sí y que estas lágrimas no son en vano. Quiero creer que esto es parte del proceso que nos llevará a la construcción de una democracia forjada -como todas las democracias, si es que hoy día se puede hablar de ello- en el caldo agridulce de nuestras propias marchas y contramarchas. Al fin y al cabo, suba quien suba, para un país como el nuestro -siempre robado, violado, rapiñado- los pingos se ven a la hora de compartir el pan. En ese espacio-tiempo concreto sin bandos ni ideologías, es donde se conoce a las personas al desnudo: por su capacidad de partir el pan y darlo. El resto quien sabe si no sea sólo contingencia para ponernos a prueba frente a nosotros y los otros.

17/11/15

Por la boca muere el pez

En estos años he conocido esclavos con privilegios, gente que trabaja para el modelo y vive de él. También he conocido gente que se enriqueció o que obtuvo beneficios a su costa. Y gente que lleva meses sin cobrar el sueldo, ésa también la conozco. Lógicamente, los primeros están aterrorizados, porque cuando caiga papá-estado ya no habrá protección. Los que no cobran están indignados, como ha de ser. 

He visto mucha manipulación de los medios informativos, y no sólo de la oposición, sino de la prensa oficialista. La prensa siempre fue el talón de Aquiles de este gobierno, que no ha podido entender que sólo los buenos relatos son de larga duración, y esto siempre y cuando la ficción sea capaz de transformar la conciencia. Roland Barthes tenía razón cuando habló de la cárcel del lenguaje. Sin embargo, tarde o temprano la realidad termina superando y derrumbando todos los relatos, y se impone como tal. Cuando se acaban las palabras, vemos entonces que lo único que nos queda es la realidad de un cuerpo que necesita ser alimentado.

Borrachos de poder y ebrios de soberbia, nuestros líderes dejaron que uno mucho más listo -y más hijo de puta- les haga el golpe de estado más sutil que se ha hecho en este país en muchos años. Lo trágico es que fueron ellos mismos los que dinamitaron la admiración moral que merecen las buenas obras. Y esto a fuerza de inmoralidades y abusos de poder, corruptelas que el pueblo ya no resiste. Una verdadera lástima. Lástima por los activos que se habían conquistado, y lástima por toda la gente que ahora va a sufrir por causa de la arrogancia de unos, y la hijaputez del que vendrá. Ellos pudieron salvarlo, pero despreciaron el sentir del pueblo. Subestimaron su poder de resistencia, superaron los límites de su tolerancia. Y ahora hacen campaña a la desesperada, sueltan ex abruptos por los que luego piden perdón y se embolsan las últimas chirolas del Banco Central, captados por la misma policía fundada por un candidato que sin gobernar aún, ya gobierna. 

Él ya puso el disco en la máquina. El nuevo relato (o sea, el viejo relato de siempre) ya se está instalando. Trae en la tapa un cuento disneylandesco de promesas y de sueños para gente que ya había olvidado cómo era eso de soñar. El nuevo relato es más peligroso que el que se va, pero parece que hace falta tocar fondo. Tocar fondo en serio, y que no sea ya un asunto económico, sino de conciencia. Que es la única manera de tocarlo en serio, para poder, desde ahí, remontar esa marea histórica de quilombos que siempre vuelven a repetirse porque no nos atrevemos a tomar la tierra, sin sentirnos exiliados entre dos fronteras. Nosotros. NOSOTROS, y nadie más.

Que Dios nos ampare.

15/9/15

Dogmas que asfixian

Los psicólogos argentinos se forman a espaldas de los centros científicos mundiales, consultan textos obsoletos en ediciones nuevas, no cuestionan la opinión de sus docentes ni la contrastan con las sedes de datos o las publicaciones extranjeras y, lo que acaso constituya el problema mayor, no perciben estas falencias o se ufanan de ignorar lo mucho que ignoran.  Campos propicios para el reclutamiento, los departamentos, escuelas o facultades de psicología constituyen ámbitos donde no es posible hallar un perfil de graduado o una condición de logro convenida.

Alberto Vilanova. (2003) "Discusión por la Psicología". Mar del Plata, Argentina


Lamento comprobar día a día el grado de dogmatismo en el que hemos caído. El pensamiento único, la corrección política, y por supuesto el maniqueísmo que divide las ideas entre "correctas e "incorrectas" con el angustioso filo del dogma, son lo que priman. Dogma en la religión. Dogma en la política. Dogma en lo científico. Todo es dogma. Y lo peor es que se trata de dogmas ya superados en otras partes del mundo, pero que aquí se siguen usando por falta de interés o de difusión de la información. Lamentable, digo. Y lamentable cada vez más por cada día que pasa.

Como todo, estuve a punto de cederle los derechos de mi vida al dogma, y no por tentación, sino por falta de alternativas. ¿No se dan cuenta de que las ideas obsoletas, por muy progresistas que parezcan, acaban siendo conservadoras? Pero inútil es que proteste porque ya han hallado su sitio privilegiado en la institución que las avala (y que no vive, precisamente, a este lado del charco).

Si tuviera que decir cuál es mi principal problema hoy mismo, diría esto: que me llaman intolerante por no ceder al dogma. Ésta es la peligrosa trampa de todas las dictaduras, sean políticas, religiosas, ideológicas o científicas. Y es así como se va limando a los pueblos, es así como se los va dejando reducidos al nivel de una pasa, es así como consiguen que les digan que sí. O simplemente que se dejen llevar por la cinta transportadora como carnes de cañón para la vida automática. 

Según los gestores del dogma, no somos personas sino síntomas y trastornos que deberían adaptar su comportamiento a pautas supuestamente correctas. Lo ideal sería saber quién decide lo que es correcto y lo que no, sólo que de eso no se habla, dándose por hecho que "lo correcto" proviene de Dios. Y ahí es donde la ciencia racionalista y la religión se encuentran. Que es, justamente, donde la creatividad y el dogma se des encuentran. 


21/6/14

Jaulas



Hoy, la humanidad, como nunca antes, está dividida en dos mitades aparentemente irreconciliables. La regla psicológica dice que cuando una situación interior no se hace consciente, ocurre afuera en forma de destino. Es decir, cuando el individuo permanece sin dividir y no se vuelve consciente de sus contradicciones internas, el mundo debe expresar forzosamente el conflicto y partirse en mitades opuestas.
-Carl G. Jung, 1959.

 Curioso el tema de la percepción. Calculo que la gente de prensa debe dedicar meses y años al estudio de cómo influir sobre las masas. Esto que digo -nada nuevo- y que a muchos les sonará a lugar común, deja de serlo en el mismo momento en que pasás de un contexto a otro y queda confirmada la perversidad de los medios informativos y sus ordenantes: los gobiernos. Por ejemplo. Cuando vivía en España, las noticias que llegaban desde Argentina eran alentadoras. Como la Madre estaba cayendo, la Hija crecía. La propaganda populista parecía ser un soplo de aire fresco frente a la crisis europea de los bancos. Y tanto, que se abrían todo tipo de espacios en la red para alabar los beneficios del populismo y su reivindicación de las causa revolucionaria e independentista de América Latina. El Che Guevara había resucitado. O mejor dicho, nunca murió. Viva los grandes caciques. En los tiempos del 15 M se elevaron las banderas republicanas junto con los modelos cooperativistas y truequistas de países como los nuestros, ensalzando la efectividad de este sistema. Las noticias que a mí me llegaban desde el costado sur hablaban de una nueva Argentina, de un renacimiento libertario -con problemas, todo hay que decirlo-, aunque renovador y pujante. Cuando España despertó a la consciencia de su crisis moral y económica, hubo gente que se embarcó tal y como se embarcaron sus abuelos hace ochenta años. La prensa soltó el paquete en clave negativa, sabiendo que la reacción de las nuevas generaciones bien educadas, politizadas e informatizadas, acabaría marchando en sentido contrario. Siempre que se presenta una noticia fuertemente polar habrá gente que se mande en dirección contraria. Lo mismo que se demoniza es lo que llega a santificarse (después de sacrificarlo). La prensa lo sabe. Los gobiernos también. Ni hablar Internet. 
. El problema surge cuando la percepción que se tenía acerca de lo que sea es intervenida por una nueva percepción, creándose una tercera que suele ser percibida como conflictiva. Algo muy común en un contexto donde todo lo que no comulgue con la percepción establecida será leído en clave de conflicto. En estos contextos, la idea de complejidad no se percibe, o si se percibe, directamente se anula. La tercera opción no se considera porque mueve a la integración de los das anteriores, lo cual le da un carácter complejo en el que para comprometerse habría que habitar los contextos originales, es decir, los dos. Entonces, si hablamos de dos percepciones opuestas, da un poco igual la postura ideológica de una y otra, ya que al polarizarse confirman, paradójicamente, su posición conservadora. Más sencillo: si dos se pelan, será porque se parecen. Más ilustrativo: si yo fuera por la calle y viera que dos se están rompiendo la cara a trompadas, a la primera de cambio no se me ocurriría pensar cuál de los dos inició la pelea o quién tiene razón, sino que se están rompiendo la cara a trompadas. La razón es irrelevante: lo que importa aquí es que hay dos que se están rompiendo la cara, ¿me explico? 
l. Es lo que me pasó a mí cuando aterricé en Argentina. Yo pasaba por la calle de la televisión y vi que dos bandos se rompían la cara a trompadas. Lo noté a la semana de llegar. Me quedé paralizada frente al aparatito viendo cómo hablaban de hechos ocurridos a 10.000 kilómetros de acá como si pudieran encajar dentro de nuestro contexto. Lo que me pareció que los medios oficiales argentinos no acababan de comprender es que en España la gente no salió a la calle para exigirle algo a la clase dirigente, sino a celebrar el haberse dado cuenta de que ésta no puede darle nada. Nada que no pudieran darse a sí mismos ellos, hartos del discurso polarizado de la hegemonía política. Hay una gran diferencia entre esto y un cacerolazo acusador y mártir. Después de algo así, gane quien gane las cosas cambian para siempre, porque lo que ha cambiado es la percepción. Se trataría de un: "no miro porque no quiero ver". Detrás de este argumento -soterrado, obviamente- está la paradoja de que mientras para unos ésta sea la mejor manera de evitar el sufrimiento (y la no acción), para otros sea la mejor manera de prolongarlo. La Argentina se desplaza a base de muletas, vendajes de poner y sacar, curitas y cinta scotch. Las instituciones -de toda índole- apoyan la visión bajo un discurso paternalista y conservador disfrazado de com-pasión. No hay discurso más perverso que éste, ya que la com-pasión verdadera no puede ejercerse a menos que se haya estado com. Es el mito del eterno retorno en la historia de Latinoamérica, que no fue colonizada -como Estados Unidos- sino conquistada. Es la historia de un presente continuo que deposita su futuro en manos de otros. Es ese no querer mirar para afuera, porque como nunca voy a ir -resentimiento-, ¿para qué voy a mirar? 
, Por encima de esta ideología de la negación, está el paradigma ficticio de una Argentina nueva que resplandece los días peronistas con sus banderitas en la Plaza de Mayo. Aunque hablen de victoria y de historia, lo suyo es una negación misma de la historia, y con ella, un desmantelamiento de las ideologías de base. ¿Para qué queremos la derecha o la izquierda, si ya se mataron? Construyamos, mejor, una tercera opción que sea las dos a la vez, y ninguna. El gobierno personalista sigue pegando ladrillos sobre los ya existentes, que como decía más arriba, es la estructura que nos sustenta. Nos hemos enamorado de nuestra propia celda. Arrojamos latas, cuchillos y escudillas contra los barrotes, pero somos como el perro que de tanto recibir palos, cuando le abren la puerta prefiere quedarse adentro. La gente que trabaja se mantiene aislada, sin ser vista o siendo poco vista. El suyo es un trabajo de gigantes en la sombra. Son los verdaderos marginados, no nosotros. Son los colectivos expropiados desde antes que comenzara la historia. Son los que no perdieron la memoria, porque la memoria es parte de ellos. Sus raíces se ven a los lejos, y van por debajo de los muros. Los trascienden. 
m ¿Alguien da más? ¿Queremos trascender, o preferimos quedarnos a este lado del muro mental, a la sombra del resto del mundo? El que excluye, se excluye. El que se cierra, será cercado. El que cree que puede construirse una identidad basada en diez años de hazañas, perdido estará cuando el héroe ya no esté. El que vende mentira, compra mentira. Todo vuelve. El muro está a la vista y es cada vez más alto. Lo cual no es ninguna broma, ninguna "sensación personal", sino una realidad preocupante. 
m La fortaleza de los medios es algo que se percibe a las 24 horas de vivir en la Argentina. Nuestra Inseguridad (con mayúsculas) equivale a la Crisis (también con mayúsculas) de España. Equis tal que equis, cada pueblo tiene su Fantasma, y los medios le ponen piel y huesos. La manipulación se hace a bocajarro, con el mayor desparpajo, dando por sentado que el pueblo muerde el anzuelo. Habiendo tanta gente que no come, o come mal -ojo, que no me estoy refiriendo a la miseria económica que ya sabemos que hay, sino al grano hijo de tierra contaminada y a los alimentos que a nadie le importa de dónde proceden-, el trabajo de adoctrinamiento mediático se hace solo. La solución es cambiar de canal. Ojalá se pudiera hacer lo mismo con el país.
, Bien, llevo atragantada esta notita desde hace dos años. Es una carta para algún que otro compatriota vinculado a un tipo de lucidez que ha sido encanutada por la desesperanza y la tristeza. Lo que yo no quiero es caer en la cuenta de esto que nos venden, y sé que vos tampoco. Pero todo hay que decirlo. Si hay algo por lo que puede morirse la Argentina, es por su propia impotencia. Callarlo y mirar a otra parte haciendo de cuenta que no sucede, no sirve. Soltar espuma por la boca, menos. Decir que "la amás" como si fuera un novelón, mientras en tu casa te llueve el techo, como que no se lo tragan ni los peces. Además yo también la amo, pero de una forma diferente. De la forma en que se ama algo cuando se es consciente de lo que hay, asumiendo una actitud crítica. Despreciar lo que está al otro lado del muro porque una vez nos pegó -y hablar y hablar sobre ello como si alguna vez nos hubiéramos encaramado a la punta de la piedra- es todavía más absurdo, y a mí en lo personal me da tanta pena que se me quitan las ganar de hablar. La Argentina es un país muy, muy grande, pero es muy chiquito. Es muy chiquita la mirada y muy chiquita la ambición. El muro, sin embargo, sigue creciendo.       
. Y ahora, por supuesto, dirán que estoy con Clarín.

14/5/13

La cruzada


Elucubraciones aparentemente sombrías que se me ocurren cuando voy por la carretera.

He vuelto a verlos después de largos años en otro país. Algunos envejecieron y otros están casi igual de pibes que cuando me fui, pero con canas. La mayoría formó su propia familia, otros todavía deambulan por los recovecos de hielo que les dejó el recuerdo indeleble de la guerra, y otros simplemente sobreviven trabajando "en lo que sea", o fijos en un puesto de empleado público que les asegura el pan. La estabilidad, no. No hay nada que asegure la estabilidad… de nada.

Somos todos de la misma quinta. De la quinta infértil de una escaramuza que, dicen, pudo acabar con una dictadura. La sangre del cordero derramado que sirvió para tal fin fue la de ellos. La otra, la del holocausto de número consolidado que asciende a 30.000, sólo llegaría a conocerse después. Los primeros regresaron a casa con un dignóstico base tatuado en la mirada ansiolítica, y una verborrea en clave morse que espantaba a sus congéneres. O sea, a nosotros. A todos los que nos quedamos, y también a los que se salvaron por número bajo. "Los ex combatientes", dijeron. Recuerdo bien a unos de ellos. Lo conocí en el 93; trabajaba de guía de turismo improvisado en el Valle de Punilla, trepando montes como un puma. Un chico de grandísima bondad, el típico mestizo sanote, entrañable, increíblemente tranquilo y tan sensato como sólo puede llegar a ser alguien que ha sido criado provincia adentro. Nunca lo volví a ver.

No me olvido de nadie. De vos tampoco, que me estás leyendo. Aunque, si querés que te diga la verdad, no deja de resultarme desconcertante que ya no te extrañe. El aire te devuelve en otra forma de sustancia. Es algo extraño. Extraño que el aire pueda recomponer las piezas enterradas a propósito, esperando para ser exhumadas a la vuelta. Mientras voy en bicicleta por la ruta arbolada del bosque donde vivo, voy recogiendo las porciones de RAB que habían quedado aparcadas en la dimensión de las marmotas. Ya no preciso la Internet, como en su momento no la precisó Mc Luhan para percibir lo que vendría. Y lo percibió en el aire. Sólo que él percibía el futuro, y yo desde el aire vuelvo a percibir el pasado, y desde el pasado me reconfiguro. Me actualizo. Yo, que volví después de tantos años a un país en el que pocas cosas han cambiado aunque parezca que sí. Yo que vengo de uno en el que las cosas iban a gran velocidad y siempre eran distintas, hasta que un día dejaron de soltar los fuegos y se supo que el tren empezaba a detenerse…

¿Podés creer, Malvinero, que acá escribo con puntos suspensivos y allá casi que los había suspendido por completo? Número 29.999, creo haber visto a tu nieto en un centro cultural de Madrid, volanteando la carta abierta de Rodolfo Walsh…

Traigo las partículas incorporadas, me las guardé en una cajita. Las solté el primer atardecer de primavera, justo frente a mi casa. Se mezclaron con mis propias partículas. El resultado fue desconcertante. Lo mismo me pasó con el olor a pan de jabón, con la fragancia empalagosa de la fórmula que hace veinte años olía exactamente igual que hoy. Su aroma me deposita de un golpe en un domingo de verano a las tres yendo al kiosko con dos monedas a comprar Mogul. Y a la vez me propaga, me hace ubicua. El domingo, el kiosko, las monedas, los chupetines con olor a tutti frutti... El kiosko, las tres de la tarde del domingo, el verano, el ruido de los platos en la pileta, la remera verde que se estiró en la primera lavada… El aire de acá tiene todo eso.

Las canciones viejas me van devolviendo poco a poco las cosas que perdimos en la quema. Fijate hasta qué punto tenemos el naufragio (o la quema) instalado en el software, que cuando Lito Nebbia escribió La balsa, el verso que dice construiré una balsa y me iré a naufragar, donde en realidad debió haber puesto navegar, él lo confunde con otro, quizá por esa manía abiertamente enfermiza que tenemos los argentinos por lo trágico.

Hace muchos años les decían "los renegados". Esos que se fueron y no volvieron nunca, los exiliados, los que "se rajaron con los milicos". Esos que según cierto sector vernáculo del ojo desviado "en algo andarían", que nunca más se supo de ellos y quién sabe si viven. ¿Alguien se acuerda de ellos? Yo los ví. No se oye hablar de ellos por estos pagos… y aunque mucho se haya hablado de ellos hace décadas, pareciera que hoy nadie los recordara. Lo que dejaron es el fantasma del exilio, y una perspectiva distorsionada que se construyó dentro del país, y no afuera. De ahí que se hable con tanta ligereza de "los que se exiliaron en el 2001", como si la odisea de aquel diez por ciento pudiera, si acaso, compararse con el exilio por coacción de fines de los 70... ¡Qué fácil es hablar desde el vientre de la Matria!

Pocas veces se piensa que el migrante cambia su ambiente de origen por uno nuevo, que viene a dar por resultado un tercero: el ambiente de la experiencia migracional, única por lo personal e intransferible. Este asunto es visto por el que nunca ha salido como algo enigmático. Viéndolo a ojo de águila, la perspectiva del que se fue y volvió es bien distinta: resulta que en Argentina se da por hecho que todo aquel que se va, lo hace para exiliarse. Visión desfigurada por el prejuicio de no haber salido nunca del ambiente familiar, contenedor y seguro, que jamás llega a percibirse porque nunca llega a contrastarse. Pero haber salido implica, siempre, un punto de inflexión que lleva, inevitablemente, a un tipo de reflexión que sólo puede adquirirse en la distancia. Lo cual no la hace ni mejor ni peor, sino diferente. Algo que nunca podrá comprarse con dinero, y que poco y nada tiene que ver con la soñada conquista del que regresa habiéndose hecho la Europa, porque la conquista se hace, pero es interior.

Llevo año y pico yendo y viniendo por el campo y bajo el cielo siempre bien alto, con sol y con lluvia, con viento y sin viento, entre la ciudad y el campo, entre el campo y el mar, y aún no consigo expulsar de mi mente la certeza de que todas nuestras dictaduras se llevaron una tajada mucho más grande de lo que pensamos. Lo noto en tus ojos, que me hablan de cortas distancias, porque crecieron con unos cerrojos que quizá nunca llegues a ver. Esos cerrojos fueron pensados para que los lleváramos puestos detrás de la nuca, en la parte reptil, que es la parte del deseo. Hasta ese punto han llegado, fijate vos... hasta el punto en que el cerrojo no necesita ni siquiera ser visto para ser percibido. Un cerrojo programable. Crecimos muy lejos de todas las fronteras y se nos educó de una sola forma, para que muy pronto comenzáramos a olvidar. Nuestro aislamiento fue usado para retorcer la percepción y encubrir una verdad vergonzosa: la de un desierto quemado que no importa a nadie. Será una imagen típica, pero no se me puede ocurrir ninguna más apropiada para describir el vacío que se respira más allá de la Capital.

Sin duda, la siega fue exitosa. Basta con irse un tiempo y regresar, para comprobar los resultados de la amputación. Esas dos generaciones eran verdaderamente peligrosas: tanto, que nos hubieran conducido directamente hacia el futuro. Un futuro que, viendo el estado de las cosas, temo que muchos de nosotros nunca llegaremos a ver. Nos llamarán póstumos, pero no importa: no somos como esos intelectuales que van por el mundo pensando solamente en sus propias glorias. Cuando se gesta el futuro, no se piensa en uno mismo sino en la heredad. Así que subite al corcel y levantá tu espada, si total… tenemos varias edades por delante para llegar a Ciudad Santa. Ya otros escribirán sobre nosotros, cuando hayan pasado mil años.