Townes Van Zandt desafinaba bien, con una poesía muy bien afinada. Un José Larralde texano, gente que esté donde esté parece lucir siempre en carne viva, y al verle, al escucharle, una llega a sentirse un poco "vouyer" de esa intimidad que, más que dar un espectáculo -que no lo es, bendito sea, nunca lo será- es toda una ofrenda.
Solía despertarme y correr con la luna,
vivía como un vagabundo y un hombre joven,
cubría a mis amantes con flores y heridas,
mi risa le daba miedo al diablo,
el sol venía y me derrrotaba.
Pero cada día cruel tiene su noche,
yo les daba la bienvenida a las estrellas
con vino y guitarras,
lleno de fuego y olvido.
(Cortesía de Manco).