Siempre tuve una especial inclinación hacia lo marginal. Los marginales del mundo me motivan, porque en ellos habita todo lo que está latente, la semilla, su posible floración. Los marginales son un diamante en potencia. En lo marginal se aloja la posibilidad del fruto o de la muerte, que también es parte de la vida. Lo marginal le da una patada al tablero del exitista, lo interpela, y si logra ser visto, hasta puede derribarlo y convertir el mundo que conocemos en una fiesta de libertad.
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24/6/18
Outsider
Siempre tuve una especial inclinación hacia lo marginal. Los marginales del mundo me motivan, porque en ellos habita todo lo que está latente, la semilla, su posible floración. Los marginales son un diamante en potencia. En lo marginal se aloja la posibilidad del fruto o de la muerte, que también es parte de la vida. Lo marginal le da una patada al tablero del exitista, lo interpela, y si logra ser visto, hasta puede derribarlo y convertir el mundo que conocemos en una fiesta de libertad.
19/12/15
Rick Harlow
El bostoniano Rick Harlow se pasó 23 años inspirándose en
la Amazonía colombiana. He aquí el resultado de su experiencia visionaria:
3/6/08
Diane Arbus: de ESO no se habla
Diane Arbus debió haber sido una niña difícil, pero en silencio. Como dijo Norman Mailer: “Darle una cámara a Diane es como darle una granada de mano a un bebé”. Si bien es verdad que se atrevió a romper con los prejuicios de la pacata sociedad estadounidense de fines de los cincuenta, también es cierto que incluso hoy sus fotografías siguen resultando espeluznantes. El ojo de su cámara dá en el blanco, y si lo hace tan bien, es porque no sabe -no quiere- mentir.
Ya le venían mintiendo desde pequeña. Nacida en 1923 en Manhattan y criada en el seno de una rica familia judía -su padre era peletero y su marido un fotógrafo de la revista Vogue- Diane debió percibir lo que se cocía debajo de todo ese glamour. Quizá la pregunta que se hizo Steven Shainberg al momento de rodar Fur, haya sido: “Si en los ‘50 resultaba tan cool poseer un abrigo de visón y ése era entonces el concepto de belleza imperante, ¿por qué a Diane iba a resultarle menos bello un hombre enteramente cubierto de pelo?”. Así pues, su secreto aborrecimiento a la idea de la muerte de los visones -asesinados a tiros para que algún día una niña pija de Manhattan pudiera lucir un abrigo de esos sin sospechar siquiera el siniestro proceso que media entre un crímen y una prenda de lujo- acabaría convirtiéndose en una verdadera fascinación hacia lo monstruoso. O, más que una fascinación, una necesidad de expiación, y también un exorcismo, de lo que bullía bajo el espléndido pelaje -éste sí aceptado- de la sociedad en la que había crecido.
Aún así, no creo que Diane Arbus pretendiera transgredir. Ningún artista honesto se plantea la transgresión como fin, aunque sí pueda plantearse el arte como shock, como necesidad y, cuando la necesidad es grande, inclusive como obsesión. El shock es siempre primero para si mismo, lo que pueda suceder después ya no es cosa del artista, sino de los otros. Por eso, decía Arbus, si observamos la realidad desde bastante cerca, ésta se hace fantástica.
Aún hoy, sus fotos siguen hiriendo ciertas sensibilidades habituadas a identificar arte con belleza, equilibrio y virtud (parece mentira la influencia que sigue teniendo el griego) y continúan sin reconocerle su calidad, sólo porque sus modelos son grotescos. Su única intención quizá haya sido presentarnos eso de lo que no se habla, eso que nos hace bajar la mirada, eso que no debería mirarse, eso que no es bello, sino que es tal como es. Cuando hay transgresión siempre hay segundas intenciones, pero en su caso nisiquiera hay compasión, sino sólo sinceridad. Su arte nos invita a dar el salto al otro lado del espejo. Al otro lado no hay ya invitación, sino exigencia: nos recuerda que nosotros, como sus monstruos, como todos sus monstruos, somos tan humanos (y tan excepcionales) como para decepcionar (nos guste o no).
25/5/08
Vincent Van Gogh
Todo el mundo quiere subirse al carro de Van Gogh. No existe un viaje tan horrible que nadie quiera hacer. La idea de un genio no reconocido sudando tinta en un desván es deliciosamente absurda. Debemos conceder a Van Gogh el mérito de haber puesto ese mito en órbita. Es decir: ¿cuántos cuadros vendió Van Gogh?¿Uno? No podía ni regalarlos. Iba a ser el artista más moderno, pero todo el mundo le odiaba. Nos avergüenza tanto su vida que el resto de la historia del arte es una compensación por el abandono de Van Gogh. Nadie quiere formar parte de una generación que ignore a otro Van Gogh.
-René Ricard (de la película Basquiat)
Photo/post: Vincent Van Gogh, Cuervos sobre el trigal (1890)
Jean-Michel Basquiat (II)

Pilla un hueso de pollo, y hecho un revoltijo de pelo, miedo y huesos, escribe en la pared con su sangre: Paga por la sopa. Construye una fuente. Quémalo todo. Chico negro, radiante, vasallo de reyes blancos bastardos (mentira). Vende postales en el Village y se tumba en la acera a tomarse un caldo de sopa de capirote con marca de Memphis. Ahí va Danhome -la boa sagrada señora de las aguas- con su capa de agua volando entre los edificios. Él le hace una seña con la cuchara: Llévame a dar una vuelta, señora, sácame de aquí para siempre que apesta. Arriba: docenas de radiales sobre una lengua oscura e inmensa, al alba, sobre la bahía. Abajo busca huellas de nieve bajo sus mangas y sólo encuentra agujeros. Inocente. Rabioso. No sabían que ya antes de empezar volvía de su primera muerte por la ruta del caballo. Sigan vendiendo (¿será arte o se tirará?). Igual que estar hundido bajo una alcantarilla y hacer fuerza para que salga ¿cómo crees que te quedarán las manos?; no hay que ser ningún genio para que el que está al otro lado vea lo chungo que es. Una serpentina de araña corta el aire en dos y él se ríe y chilla: chico blanco, peluca, vasallo de reyes negros bastardos (pero igual te quiero, Andy). Mira a todo el mundo con cara de niño y les muestra la palma de su mano, donde tiene un tatuaje con la cara de Dios: hay una ley que está escrita sólo ahí, en las pintadas de los callejones y en el corazón fustigado de los cínicos (nada más que por su posición de pureza). Greenwood, Brooklyn, otro más en el panteón de los malditos. El chico-vudú no sabía dibujar, dijo el idiota. ¿Sabía la mano de Altamira?
Photo/post: Jean-Michel Basquiat, Brain Like Salad (1987)
III
Los primeros románticos se alzaron en defensa de los execrados por la razón, sin embargo, gustaron de la pose de víctimas, ya que les proveyó un excelente y excéntrico elemento de diferenciación, en un mundo donde la individualidad aún no era premiada. Quizás en sus comienzos la justicia social guiara sus plumas, pero fueron seducidos luego por la justicia poética, sucumbiendo a ella. Sellaron así los postigos de la modernidad, definitivamente.
-Andrea Hoare Madrid (2001)
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He hicieron buen trabajo. Creo que han conseguido que ya nadie más se suicide. (HdA, 2008)
16/5/08
Gea
A la hora de mirar un cuadro, lo que más me gusta es cuestionarme qué demonios ha hecho esa persona y por qué. Busco algo que me maraville, incluso que me confunda. Eso es lo que me atrae. No hay que tipificar algo que, por naturaleza, es innombrable. Creo que todo ese proceso me ayuda, me hace sentir vivo.
-Julian Schnabel
23/4/08
El viajero interior
Anoche descubrí una cosa bella:
así que pensé: "Mejor calla, y observa".
Carlos Jacanamijoy. Putumayo, Colombia, 1964.
así que pensé: "Mejor calla, y observa".Carlos Jacanamijoy. Putumayo, Colombia, 1964.
18/2/08
ARCO 2008
A pedido de mi amiga Vandalia, actualizo mi blog con esta valiente performance titulada Chupando el culo al curador, a cargo de los artistas checos Ondrej Brody y Kristofer Paetau
(o en otras palabras: cómo ganarse los favores de un seleccionador de artistas), en colaboración con un curador polaco encantado de recibir favores.
Por fin en ARCO ponen algo interesante.
(o en otras palabras: cómo ganarse los favores de un seleccionador de artistas), en colaboración con un curador polaco encantado de recibir favores.
Por fin en ARCO ponen algo interesante.
(Estos por lo menos son honestos).7/2/08
Camille Claudel, irremediablemente.
Camille Claudel. La mujer arrebatada. La medusa. La enamorada. La amante de los ojos vacíos con la impronta aún tibia de unos dedos tan feroces como trémulos, rozando la carne rota del yeso. Los restos de Sakountala (1886-1905), su obra más famosa, fueron exhumados hace poco de los almacenes del Museè Châteauroux. Como todo lo de ella, en su época la obra causó escándalo. Hoy, Vertumne et Pomone se reconcilian en el nirvana ante el silencio admirado de hombres, mujeres y cotillas.
Como le habrá pasado a mucha gente, conocí a Camille Claudel por influencia del cine. Cuando se estrenó la película interpretada por Isabelle Adjani, yo estudiaba Bellas Artes y mis maestros decían que había sido “la amante de Rodín”. Otro logro del patriarcado. Si ya resulta difícil hablar de ella por la penosa vida que llevó, más difícil resulta aún hablar de un arte demasiado grande como ser definido con palabras. Para hacerlo tendría yo que ser tan buena en ello como buena era Camille con el volúmen, pero no lo soy; así que me limitaré a decir que su profundidad no puede decirse.
Tenía una frente soberbia, con unos ojos magníficos, de ese azul intenso difícil de encontrar en otro lugar que no sean las novelas, esa boca grande, más orgullosa que sensual. Un aire impresionante, de coraje, de franqueza, de superioridad, de alegría. Alguien que ha recibido mucho (Paul Claudel).
Camille Claudel, una mujer desatada en tiempos de mordaza. El orgasmo flamígero eternizado en el bronce. Ella suplicó bien alto con el tambor de un vientre inmenso de fuego (o de espiga, quizá un poco ladeada por la tempestad) pero él debió tener miedo de su ser tan enorme y se marchó arropado por el ala de un leviatán. Entonces ella se encerró para siempre, y de su asfixiante soledad brotaron fieras, minotauros, medusas, cabelleras, cancerberos, olas antropomórficas, nióbides, delirios y resplandores.
Y créame amiga mía, abandone ese carácter de mujer que ha ahuyentado buenas voluntades. Muestre sus obras admirables, hay una justicia, créalo. Uno es castigado y recompensado. Un genio como usted es raro (…)
No descuide a nadie, ni a un operario ni a un criado, ya que todos esos detalles se convierten en instrumentos de tortura para alguien ya fatigado, y que la ha emprendido contra el angel terrible que guarda el miserable mundo contra los genios como usted
(Augusto Rodín).
Cuando salí de la exposición eran casi las nueve de la noche y decidí dar una vuelta por la Castellana. Tomarme una caña en cualquier bar. Brindar por Camille (aunque me dá en la espina que ella más bien se hubiera pedido un bourbon). Recordar las órbitas vacías, y tan llenas, de sus hombres y mujeres de carne bajo el bronce. Asimilar aquello que ella daba vueltas a su antojo; aquello de lo que ella se nutrió, masticó en silencio, restauró sigilosamente, y transformó en unas criaturas capaces de cortar el espacio en dos mitades: el que era antes de que la arcilla llegara a sus manos, y el que sería después. Me di cuenta entonces, que a pesar de los ciento cincuenta años que ha tenido que esperar para ser reconocida, y a pesar de sus treinta a la sombra en un hospital en el que fue recluída por su propia madre, Camille ha triunfado. Viéndola, una sabe que no lo ha hecho por el mito que rodea su figura, sino por su grandeza, que para un artista es la única forma de triunfar. Aunque sea dos siglos después.
Me acuesto completamente desnuda para creerme que usted está aquí, pero cuando me despierto no es igual. Un abrazo. ( Sobre todo, no me engañe).
Camille Claudel
La calle sigue llena de exitistas.Sin embargo, a mí me gusta estar con gente despierta. ¡Salud!
Camille Claudel, noviembre de 2008. Sala de Exposiciones FUNDACIÓN MAPFRE. Madrid.
Photos/post: Camille Claudel (retrato); Sakountala; La edad madura y Las cotillas (colección del Museo Rodin).
Sea I
Pero el mar no golpea como un corazón,
ni el vidrio o cabellera de una lejana piedra
hace más que asumir todo el brillo del sol sin devolverlo.
Ni los peces innumerables que pueblan otros cielos
son más que las lentísimas aguas de una pupila remota.
-Vicente Aleixandre, Ven, ven tú (fragmento)
Photo/post: Peces, Roxana A. Basso (Sea II, Pájaros) .
Sea II
Al ver a las rosadas jarras concebir al sol,
mi sed concibe un universo más ardiente:
y brindo por los pájaros que en los árboles en ascuas
inscriben su sagrada y lúcida ebriedad.
-Richard Wilbur, Cosas de este mundo
Photo/post: Pájaros, Hipatia de Alejandría
Roberto Arlt: a terrible sinceridad
Creo que hay una forma de vivir en relación con los semejantes y consigo mismo, que si no concede la felicidad, le proporciona al individuo que la practica una especie de poder mágico de dominio sobre sus semejantes. Es la sinceridad.
Ser sincero con todos, y más todavía consigo mismo, aunque se perjudique. Aunque se rompa el alma contra el obstáculo. Aunque se quede solo, aislado y sangrando. Esto no es una fórmula para vivir feliz; creo que no, pero sí lo es para tener fuerzas y examinar el contenido de la vida, cuyas apariencian nos marean y engañan de contínuo.
No mire lo que hacen los demás. Que no le importe un pepino lo que opine el prójimo. Sea usted, usted mismo sobre todas las cosas, sobre el bien y sobre el mal, sobre el placer y sobre el dolor, sobre la vida y la muerte. Usted y usted. Nada más. Y será fuerte como un demonio entonces. Fuerte a pesar de todos y contra todos. No importa que la pena lo haga dar de cabeza contra una pared. Interróguese siempre, en el peor minuto de su vida, lo siguiente:
-¿Soy sincero conmigo mismo?
Y si el corazón le dice que sí, y tiene que tirarse a un pozo, tiresé con confianza. Siendo sincero no se va a matar. Esté segurísimo de eso. No se va a matar, porque no se puede matar. La vida, la misteriosa vida que rige nuestra exitencia, impedirá que usted se mate tirándose al pozo. La vida, providencialmente, colocará, un metro antes de que usted llegue al fondo, un clavo donde se engancharán sus ropas y… usted se salvará.
Y usted dirá: “¿Y si los otros no comprenden que soy sincero?”. ¡Qué le importa a usted los otros! La tierra y la vida tienen tantos caminos con alturas distintas, que nadie puede ver a más distancia de la que ven sus ojos. Aunque suba a una montaña, no verá un centímetro más lejos de lo que permita su vista. Pero, escúcheme bien: el día en que quienes lo rodean se dén cuenta de que usted va por un camino no trillado, pero que marcha guiado por la sinceridad, ese día lo mirarán con asombro, luego con curiosidad, Y el día en que usted, con la fuerza de su sinceridad, les demuestre cuántos poderes tiene entre sus manos, ese día serán sus esclavos espirituales, créame.
Me dirá usted: “¿Y si me equivoco?”. No tiene importancia. Uno se equivoca cuando tiene que equivocarse. Ni un minuto antes ni un minuto después. ¿Por qué? Porque así lo ha dispuesto la vida, que es esa fuerza misteriosa. Si usted se ha equivocado sinceramente, lo perdonarán. O no lo perdonarán. Interesa poco. Usted siga su camino. Contra viento y marea. Contra todos, si es necesario. Y créame: llegará el momento en que usted se sentirá tan fuerte, que la vida y la muerte se convertirán en dos juguietes entre sus manos. Así, como suena. Vida. Muerte. Usted va a mirar esa tabla que tiene en el reverso, y de una patada la va a tirar lejos de usted. ¿Qué le importan los nombres, si usted, con su fuerza, está más allá de los nombres?
La sinceridad tiene un doble fondo curioso. No modifica la naturaleza intrínseca del que la practica, y sí le concede una especie de doble vista, sensibilidad curiosa, que le permite concebir la mentira, y no sólo la mentira, sino los sentimientos del que está a su lado.
Hay una frase de Goethe respecto a este estado, que vale un Perú, y dice:
“Tú que me has metido en este dédalo, tú me sacarás de él”.
Es lo que le decía antes. La sinceridad provoca en quienla practica lealmente, una serie de fuerzas violentas. Estas fuerzas sólo se muestran cuando tiene que producirse eso de: “Tú que me has metido en este dédalo, tú me sacarás”; y si usted es sincero, va a percibir la voz de estas fuerzas. Ellas lo arrastrarán, quizá, a ejecutar actos absurdos. No importa. Usted las realiza. ¿Qué se quedará sanfrando? ¡Y claro! Todo cuesta en esta tierra. La vida no regala nada, absolutamente. Todo hay que comprarlo con libras de carne y sangre.
Y de pronto, descubrirá algo que no es la felicidad, sino un equivalente a ella. La emoción. La terrible emoción de jugarse la piel y la felicidad. No en el naipe, sino convirtiéndose usted en una especie de emocionado naipe humano que busca la felicidad, desesperadamente, mediante combinaciones más extraordinarias, más inesperadas.
Vea, amigo: hágase una base de sinceridad, y sobre esa cuerda floja o tensa, cruce el abismo de la vida, con su verdad en la mano. No hay nadie, absolutamente nadie, que pueda hacerlo caer. Y hasta los que hoy le tiran piedras, se acercarán mañana a usted para sonreirle tímidamente. Créalo, amigo: un hombre sincero es tan fuerte que sólo él puede reírse y apiadarse de todo.
Roberto Arlt (Buenos Aires, 1900-1942). Aguafuertes porteñas Photo/post: La vida según San Telmo, Alberto Klix
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