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16/12/14

Argentina: ¿tierra sin matices?


Poca gente en Argentina está dispuesta a debatir sobre cuestiones políticas. Es lamentable, si pensamos que eso se extiende también a otros contextos. Hay un miedo atroz a la reflexión, al pensamiento propio -que no se puede alcanzar a menos que se haya alcanzado antes un sentido real de la libertad personal-; a la creatividad por mano propia, a la ruptura de los formatos establecidos. En Argentina no se debate, ni siquiera se confronta: yo diría que más bien se en-frenta. Por eso terminamos todos a los palos y dejamos de hablarnos con el contrincante cuando no está de acuerdo con "el relato". Las ideas han pasado a convertirse en "relatos" la mar de las veces absolutamente subjetivos, donde poco importa cuál sea la verdad y cuál la mentira, sino sólo el relator en cuestión.
Obviamente, sé que al decir esto corro el riesgo de convertirme en marginal. No importa: ya lo soy. Lo era desde antes de llegar acá, y lo seguiré siendo mientras viva. En Argentina se tiende a marginar, segregar y aislar a toda persona capaz de percibir una realidad con matices. La idea es profundizar al máximo en la dialéctica extrema de los opuestos, hasta el punto en que el elástico se falsee, pierda tensión y se convierta en una cinta blandengue, incolora, incapaz de sostener nada, ningún matiz, salvo el color dominante. Y los colores dominantes (rojo-azul-amarillo), en general son chillones.  

Photo/post: Sergei Subbotin

21/6/14

Jaulas



Hoy, la humanidad, como nunca antes, está dividida en dos mitades aparentemente irreconciliables. La regla psicológica dice que cuando una situación interior no se hace consciente, ocurre afuera en forma de destino. Es decir, cuando el individuo permanece sin dividir y no se vuelve consciente de sus contradicciones internas, el mundo debe expresar forzosamente el conflicto y partirse en mitades opuestas.
-Carl G. Jung, 1959.

 Curioso el tema de la percepción. Calculo que la gente de prensa debe dedicar meses y años al estudio de cómo influir sobre las masas. Esto que digo -nada nuevo- y que a muchos les sonará a lugar común, deja de serlo en el mismo momento en que pasás de un contexto a otro y queda confirmada la perversidad de los medios informativos y sus ordenantes: los gobiernos. Por ejemplo. Cuando vivía en España, las noticias que llegaban desde Argentina eran alentadoras. Como la Madre estaba cayendo, la Hija crecía. La propaganda populista parecía ser un soplo de aire fresco frente a la crisis europea de los bancos. Y tanto, que se abrían todo tipo de espacios en la red para alabar los beneficios del populismo y su reivindicación de las causa revolucionaria e independentista de América Latina. El Che Guevara había resucitado. O mejor dicho, nunca murió. Viva los grandes caciques. En los tiempos del 15 M se elevaron las banderas republicanas junto con los modelos cooperativistas y truequistas de países como los nuestros, ensalzando la efectividad de este sistema. Las noticias que a mí me llegaban desde el costado sur hablaban de una nueva Argentina, de un renacimiento libertario -con problemas, todo hay que decirlo-, aunque renovador y pujante. Cuando España despertó a la consciencia de su crisis moral y económica, hubo gente que se embarcó tal y como se embarcaron sus abuelos hace ochenta años. La prensa soltó el paquete en clave negativa, sabiendo que la reacción de las nuevas generaciones bien educadas, politizadas e informatizadas, acabaría marchando en sentido contrario. Siempre que se presenta una noticia fuertemente polar habrá gente que se mande en dirección contraria. Lo mismo que se demoniza es lo que llega a santificarse (después de sacrificarlo). La prensa lo sabe. Los gobiernos también. Ni hablar Internet. 
. El problema surge cuando la percepción que se tenía acerca de lo que sea es intervenida por una nueva percepción, creándose una tercera que suele ser percibida como conflictiva. Algo muy común en un contexto donde todo lo que no comulgue con la percepción establecida será leído en clave de conflicto. En estos contextos, la idea de complejidad no se percibe, o si se percibe, directamente se anula. La tercera opción no se considera porque mueve a la integración de los das anteriores, lo cual le da un carácter complejo en el que para comprometerse habría que habitar los contextos originales, es decir, los dos. Entonces, si hablamos de dos percepciones opuestas, da un poco igual la postura ideológica de una y otra, ya que al polarizarse confirman, paradójicamente, su posición conservadora. Más sencillo: si dos se pelan, será porque se parecen. Más ilustrativo: si yo fuera por la calle y viera que dos se están rompiendo la cara a trompadas, a la primera de cambio no se me ocurriría pensar cuál de los dos inició la pelea o quién tiene razón, sino que se están rompiendo la cara a trompadas. La razón es irrelevante: lo que importa aquí es que hay dos que se están rompiendo la cara, ¿me explico? 
l. Es lo que me pasó a mí cuando aterricé en Argentina. Yo pasaba por la calle de la televisión y vi que dos bandos se rompían la cara a trompadas. Lo noté a la semana de llegar. Me quedé paralizada frente al aparatito viendo cómo hablaban de hechos ocurridos a 10.000 kilómetros de acá como si pudieran encajar dentro de nuestro contexto. Lo que me pareció que los medios oficiales argentinos no acababan de comprender es que en España la gente no salió a la calle para exigirle algo a la clase dirigente, sino a celebrar el haberse dado cuenta de que ésta no puede darle nada. Nada que no pudieran darse a sí mismos ellos, hartos del discurso polarizado de la hegemonía política. Hay una gran diferencia entre esto y un cacerolazo acusador y mártir. Después de algo así, gane quien gane las cosas cambian para siempre, porque lo que ha cambiado es la percepción. Se trataría de un: "no miro porque no quiero ver". Detrás de este argumento -soterrado, obviamente- está la paradoja de que mientras para unos ésta sea la mejor manera de evitar el sufrimiento (y la no acción), para otros sea la mejor manera de prolongarlo. La Argentina se desplaza a base de muletas, vendajes de poner y sacar, curitas y cinta scotch. Las instituciones -de toda índole- apoyan la visión bajo un discurso paternalista y conservador disfrazado de com-pasión. No hay discurso más perverso que éste, ya que la com-pasión verdadera no puede ejercerse a menos que se haya estado com. Es el mito del eterno retorno en la historia de Latinoamérica, que no fue colonizada -como Estados Unidos- sino conquistada. Es la historia de un presente continuo que deposita su futuro en manos de otros. Es ese no querer mirar para afuera, porque como nunca voy a ir -resentimiento-, ¿para qué voy a mirar? 
, Por encima de esta ideología de la negación, está el paradigma ficticio de una Argentina nueva que resplandece los días peronistas con sus banderitas en la Plaza de Mayo. Aunque hablen de victoria y de historia, lo suyo es una negación misma de la historia, y con ella, un desmantelamiento de las ideologías de base. ¿Para qué queremos la derecha o la izquierda, si ya se mataron? Construyamos, mejor, una tercera opción que sea las dos a la vez, y ninguna. El gobierno personalista sigue pegando ladrillos sobre los ya existentes, que como decía más arriba, es la estructura que nos sustenta. Nos hemos enamorado de nuestra propia celda. Arrojamos latas, cuchillos y escudillas contra los barrotes, pero somos como el perro que de tanto recibir palos, cuando le abren la puerta prefiere quedarse adentro. La gente que trabaja se mantiene aislada, sin ser vista o siendo poco vista. El suyo es un trabajo de gigantes en la sombra. Son los verdaderos marginados, no nosotros. Son los colectivos expropiados desde antes que comenzara la historia. Son los que no perdieron la memoria, porque la memoria es parte de ellos. Sus raíces se ven a los lejos, y van por debajo de los muros. Los trascienden. 
m ¿Alguien da más? ¿Queremos trascender, o preferimos quedarnos a este lado del muro mental, a la sombra del resto del mundo? El que excluye, se excluye. El que se cierra, será cercado. El que cree que puede construirse una identidad basada en diez años de hazañas, perdido estará cuando el héroe ya no esté. El que vende mentira, compra mentira. Todo vuelve. El muro está a la vista y es cada vez más alto. Lo cual no es ninguna broma, ninguna "sensación personal", sino una realidad preocupante. 
m La fortaleza de los medios es algo que se percibe a las 24 horas de vivir en la Argentina. Nuestra Inseguridad (con mayúsculas) equivale a la Crisis (también con mayúsculas) de España. Equis tal que equis, cada pueblo tiene su Fantasma, y los medios le ponen piel y huesos. La manipulación se hace a bocajarro, con el mayor desparpajo, dando por sentado que el pueblo muerde el anzuelo. Habiendo tanta gente que no come, o come mal -ojo, que no me estoy refiriendo a la miseria económica que ya sabemos que hay, sino al grano hijo de tierra contaminada y a los alimentos que a nadie le importa de dónde proceden-, el trabajo de adoctrinamiento mediático se hace solo. La solución es cambiar de canal. Ojalá se pudiera hacer lo mismo con el país.
, Bien, llevo atragantada esta notita desde hace dos años. Es una carta para algún que otro compatriota vinculado a un tipo de lucidez que ha sido encanutada por la desesperanza y la tristeza. Lo que yo no quiero es caer en la cuenta de esto que nos venden, y sé que vos tampoco. Pero todo hay que decirlo. Si hay algo por lo que puede morirse la Argentina, es por su propia impotencia. Callarlo y mirar a otra parte haciendo de cuenta que no sucede, no sirve. Soltar espuma por la boca, menos. Decir que "la amás" como si fuera un novelón, mientras en tu casa te llueve el techo, como que no se lo tragan ni los peces. Además yo también la amo, pero de una forma diferente. De la forma en que se ama algo cuando se es consciente de lo que hay, asumiendo una actitud crítica. Despreciar lo que está al otro lado del muro porque una vez nos pegó -y hablar y hablar sobre ello como si alguna vez nos hubiéramos encaramado a la punta de la piedra- es todavía más absurdo, y a mí en lo personal me da tanta pena que se me quitan las ganar de hablar. La Argentina es un país muy, muy grande, pero es muy chiquito. Es muy chiquita la mirada y muy chiquita la ambición. El muro, sin embargo, sigue creciendo.       
. Y ahora, por supuesto, dirán que estoy con Clarín.

18/6/13

Patria


 Al  pensar en Latinoamérica pienso en la búsqueda del Padre. Y pienso en su entierro. Pienso en la búsqueda del Padre y en su entierro. Y pienso en que a falta de padre verdadero, buscamos sustitutos. Uno que tenga forma de caudillo. Es decir, un Padre fuerte al que admirar. Un Padre inteligente que nos diga qué hacer y cómo. Un Padre adoptivo que sustituya al Padre Verdadero que nos mató la España de hace cinco siglos, dejándonos en cueros y más bien parias. O sea, huérfanos. Huérfanos de Padre, de ahí esa necesidad irrenunciable de volver forzosamente al pasado. Parece que los muertos reafirmaran nuestra identidad. Parece que los muertos dieran sentido a nuestra emblemática lucha por reafirmar lo que definimos como identidad. ¿Puede la muerte definir la identidad de algo? Vaya una pregunta. América ha perdido a su Padre, se lo mataron hace cinco siglos. España nunca va a pedir perdón: su identidad se sustenta en la falacia de un imperio basado en una conquista que en realidad fue un robo. Desearle lo peor tampoco va a cambiar las cosas. No hace más que rebajarnos, dejando al descubierto la furia del hijo paria. Del hijo buscador de Patrias (Matria no, porque ésa fue violada desde el principio). Del hijo mitificador de Padres-caudillo. Se critica a las monarquías europeas, pero no se piensa -porque se ignora- que al día de hoy tales monarquías van perdiendo poder frente a los movimientos progresistas de un primer mundo mental. Cosa que no pasa aquí, donde el caudillo-líder ha ganado el terreno de las viejas monarquías que una vez nos gobernaron. Pero pasan los años, y nuestro complejo emocional no logra superar el desmembramiento viviente de Tupac Amaru. Para nosotros, el Padre sigue muriendo. Para nosotros el Padre nunca acaba de morir. Para nosotros el Padre está muriendo ahora mismo, y hay que reivindicarlo. ¿O será que pretendemos revivirlo? Nos hemos quedado congelados en el instante trágico de la orfandad. Ahora es AHORA o nunca, es ahora SIEMPRE. Conciencia no nos falta, y no es de extrañar, si se piensa en que fuimos obligados a presenciar el crimen. También a consentirlo. No les pasó eso a los del Norte. A ellos nadie les mató al Padre: viajaba con ellos en el barco, ellos fueron colonizados. Pero nosotros, ¿qué?¿Podremos, alguna vez, empezar a enterrar al Padre que nos mataron en tierra firme? Enterrar al Padre, sí, y conquistar el espacio del Hijo, que es el que deberíamos sentir que hemos heredado. Trascenderemos así, por fin, los conceptos de raza, identidad, patria, y demás abstracciones, y la tan ansiada igualdad llegará por decantación, como llega la conciencia de ser PERSONA. Para que no sea la muerte lo que nos defina, sino la vida. 

siempre como yo te amo, volveré a tus ojos y seré millones,
patria, matria

-Julio Huasi