Es lo que tiene el populismo: que crea la sensación del
padre-madre recuperados. Y cuando el padre-madre se van, retorna la orfandad.
¿El empoderamiento es ficticio? Creo que es precipitado juzgar. El tiempo,
testigo de todas las transformaciones, nos mostrará si acaso ha habido conato
de empoderamiento, o no. Quiero creer que sí y que estas lágrimas no son en
vano. Quiero creer que esto es parte del proceso que nos llevará a la
construcción de una democracia forjada -como todas las democracias, si es que hoy
día se puede hablar de ello- en el caldo agridulce de nuestras propias marchas
y contramarchas. Al fin y al cabo, suba quien suba, para un país como el
nuestro -siempre robado, violado, rapiñado- los pingos se ven a la hora de
compartir el pan. En ese espacio-tiempo concreto sin bandos ni ideologías, es
donde se conoce a las personas al desnudo: por su capacidad de partir el pan y
darlo. El resto quien sabe si no sea sólo contingencia para ponernos a prueba
frente a nosotros y los otros.
