en tributo a Allen Ginsberg
¿Quién no tiene un aullido
para gritar?
¿Hay un Dios para nosotros?
¿Hay un Dios para los desarraigados?
¡Elí Elí lama sabactaní!
Presencié la caída de Europa,
asistí a la segunda caída de Wall Street…
la poesía no se hubiera detonado sin mi enfermedad.
Mi taller para ponerme a
escribir: esa vida que yo no me busqué.
Mis mejores lecturas: la oralidad, un anonimato sin pretensiones.
Mi inspiración: la inevitabilidad del impulso.
Esto debe ser muy parecido a saltar a un abismo
en el fondo del cual
sólo espero que haya Dios.
RAB