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19/12/16

Por bulerías

Y cuando todos hagan de cuenta que me han olvidado, yo reapareceré como un fantasma para que se escondan bajo las piedras. Será la exhibición de sus despojos, y mi redención.

11/8/09

Un capricho

Después decía Hydn que los ingleses eran duros de oído...
Hablando de PF y Waters (alias "el frío"... jeje), os dejo una versión duelista a varias guitarras de uno de mis temas favoritos. El que pediría que pusieran, por ejemplo, en mi funeral o algo así.
Viendo el estilo de unos y otros se entiende por qué Waters se llevaba mal con Gilmour. En su momento, dos egos en contienda: Waters, el perfeccionista vs. Gilmour, el austero.
Para esta ocasión (y por los viejos tiempos): Roger Waters, con sus amigos.
Él, siempre tan humilde...




(¿Cómo puede ser que esta canción todavía no estuviera en el Kosmonauta?).

8/8/09

Toda una ofrenda

Townes Van Zandt desafinaba bien, con una poesía muy bien afinada. Un José Larralde texano, gente que esté donde esté parece lucir siempre en carne viva, y al verle, al escucharle, una llega a sentirse un poco "vouyer" de esa intimidad que, más que dar un espectáculo -que no lo es, bendito sea, nunca lo será- es toda una ofrenda.

Solía despertarme y correr con la luna,

vivía como un vagabundo y un hombre joven,

cubría a mis amantes con flores y heridas,

mi risa le daba miedo al diablo,

el sol venía y me derrrotaba.

Pero cada día cruel tiene su noche,

yo les daba la bienvenida a las estrellas

con vino y guitarras,

lleno de fuego y olvido.

(Cortesía de Manco).

19/6/09

A este perro le falta una pata

Y aquí viene el perro. El que más bien ni fú ni fá, el que mucho no cuela, el cojo. Menudo mutante este perro.
Recuerdo a Linda Perry, de 4 non blondies, allá por el '93. Le echo un vistazo a sus botas, sus calcetines a rayas, su gran sombrero de aviadora (comprado, probablemente, con muy pocos ahorros en una tienda de segunda mano), su “falda” de florecitas (¿o serán unos calzoncillos?) y su largo chaquetón de militante finisecular. Ni siquiera es mi canción favorita, pero me gusta. La considero emblemática. ¿What’s up?, pregunta Linda; ¿y ahora, qué?¿qué es lo que se viene?
4 non blondies -una sencilla banda pop con un solo hit de éxito- dán la impresión de ser frágiles, saben que su formato va a morir pronto. Ése es el único pecado que se le puede atribuir a la generación del ‘90: la de saber que iban a morir pronto. Que su adolescencia iba a durar muy poco y que, como dijera Patti Smith veinte años antes, algunos servían como cruzados y otros como moscas aplastadas contra una valla, viviendo, además, una existencia espartana. De ahí la desidia, de ahí el cinismo, de ahí el escepticismo.
Quince años después, hay quienes obervamos aturdidos, y no sin pena, la nostalgia a ratos justificatoria, a ratos altiva, a ratos reivindicadora, de los caídos en la guerra. Sangre que en su momento coaguló, ha echado raíces, y se ha vuelto cáncer de los ojos. Nos tocó el what’s up, y aunque nunca hayamos cogido el fusil, también es verdad que parte de ese peso recayó sobre nosotros. Y aunque aún haya quienes se rasguen las vestiduras por viejas nostalgias de otro siglo, yo veo cada vez más claro que, al menos por mi barrio, el estado general de miedo a perder lo poco que hemos logrado hace que la gente sea cada vez más infeliz, y que el mundo se tuerza cada vez más a la derecha. Quince, o veinte años después, los chicos hacen el insight.
En la primera edad de la vida, cuando la sangre bulle con alegre ferocidad y las neuronas hormiguean con la clarividencia de los corazones presuntamente rebeldes, no imaginas que algún día tendrás que negociarlos para conservarte. Pero cuando ya no hay nada más que negociar, el resultado es un producto híbrido entre la ideología y el mercadeo. Un estertor final que nunca llega a cuajar, porque no es más que la otra cara de la misma moneda.
Hace tiempo intentamos socavar las bases con nuestras canciones, nos las quisimos comer de un solo bocado, un espacio ilusorio para la evasión. Otros, más prácticos, se apuntaron a la derecha de la historia. Son los mismos que hoy nos pasan la factura y nunca están saciados. Ya no se trata de defender la ideología, se trata de mantener su impronta, porque bien sabemos quién ganó. Al menos para mí, desde ahí la lucha se me hace estéril. Rebelarse contra algo no es una manera propicia de romper la base, sino de negarla (que no es lo mismo que vencerla). No implica una transformación profunda del concepto, sino sólo un modo de defenderse contra él. No es un proceso real hacia una verdadera evolución, sino la lucha de un ego contra otro. Y al decir esto me doy en plena mejilla.
¿Dónde está, pues, la verdadera revolución?
A este perro le faltará una pata -me hago la tonta, lo admito, y además esa pata ya no la necesito-, pero esta noche tengo ganas de volverme colibrí o árbol impávido, y no perro. Le debo un post a esa aviadora que es, un poco, un reflejo de lo que fui. De lo que hemos sido muchos, antes de caernos del guindo. Eso me trajo hasta aquí, con o sin muletas.

27/5/09

Ciencia del espíritu


Existe una ciencia del espíritu que olvidamos cuando nos separamos de la Tierra. Los chamanes la conocen desde que existe la especie; ellos recogieron nuestra memoria genética mucho antes de que alguien le pusiera un nombre. Nuestra ciencia occidental, ¿cuántos años lleva sobre el planeta? Acabaremos llegando a las mismas conclusiones que ellos, con la diferencia de que sus nombres nunca saldrán en la Wikipedia.
Cuando eres parte de todo, no importan los nombres. Ni hablar de los premios.

12/5/09

Sin ningún esfuerzo

Hoy es un día triste en Madrid. Y sí, porque Antonio se nos fue de viaje... y es para siempre.
Pero no me gustan los obituarios, no creo en la muerte, así que esta luna de mayo es para él.

Buen viaje, Antonio.

27/4/09

Dieciseis caballos de fuerza

He aquí a Engene David Edwards, un chico de la américa profunda -Denver, Colorado- tocando el acordeón en 16 horsepower, y con electricidad. Hoy día serán banda de culto, supongo. Observad el crispamiento del susodicho, y no os perdais sus pies.
Pero sobre todo, no os perdais su música.

7/7/08

Astarté

Cuenta la leyenda de Gilgamesh, que en las llanuras aún sin cultivar pusieron a un hombre salvaje y peludo, Enkidu. Así como los animales, él también merodeaba y comía con ellos. Tras ser colocado por un cazador en un pozo de agua donde los animales acostumbraban a beber, se lo comunicaron a Gilgamesh, quien planeaba capturarlo. Envió a una sacerdotisa consagrada a la Diosa Astarté, al pozo donde solía ir el cazador. Cuando la sacerdotisa llegó al lugar, ahí estaba Enkidu. El cazador ordenó a la mujer que se quitara la ropa "estirada y descubriendo sus frutos maduros". Ella abrió sus ropas, exponiendo sus encantos, complaciente a sus abrazos que durante seis días y seis noches gratificaron su deseo, hasta que venció su lado salvaje. Después de eso, Enkidu fue llevado por esa mujer a las puertas de la ciudad, el centro de la civilización humana.

-Enciclopedia de ética y religión, de James Hastings. Vol. 6


29/4/08

Un año de vida

Hoy el K-osmonauta del azulejo cumple su primer año de vida en la red, así que... psss, merece celebrarse. Me he divertido mucho en este espacio, la verdad, he conocido e intercambiado ideas y opiniones con gente muy interesante, otra no tanto; unos van, otros vienen... pues eso: que la red es como la vida, y estoy satisfecha de que sea así. Como la Piaf, no nos arrepentimos de nada, porque ¡ea!... ha valido la pena, y desde luego, el kosmonauta y yo seguiremos al pie del cañón.

Feliz Cumpleaños, guapo...

7/4/08

María Zambrano: ditirambo

Brota el delirio al parecer sin límites, no sólo del corazón humano, sino de la vida toda y se parece todavía con mayor presencia en el despertar de la tierra en primavera, y paradigmáticamente en plantas como la yedra, hermana de la llama, sucesivas madres que Dionysos necesitó para su nacimiento siempre incompleto, inacabable. Y así nos muestra este dios un padecer en el nacimiento mismo, un nacer padeciendo. La madre, Sémele, no dio de si para acabar de darlo a la luz nacido enteramente. Dios de incompleto nacimiento, del padecer y de la alegría, anuncia el delirio inacabable, la vida que muere para volver de nuevo. Es el dios que nace, y el dios que vuelve. Embriaga y no solo por el jugo de la vid, su símbolo sobre todos, sino ante todo por si mismo. La comunicación es su don. Y antes de que ese don se establezca hay que ser poseído por él, esencia que se transfunde en un mínimo de sustancia y aún sin ella, por la danza, por la mímica, de la que nace el teatro; por la presentación que no es invención, ni pretende suplicar a verdad alguna; por la representación de lo que es y que sólo así se dá a conocer, no en conceptos, sino en presencia y figura, en máscara que es historia. Signo del ser que se da en historia. La pasión de la vida que irremediablemente se vierte y se sobrepasa en historia. Y que se embebe sólo en la muerte. El dios que se derrama, que se vierte siempre, aún cuando en los ditirambos se dé en palabras. Las palabras de estos sus himnos siguen teniendo grito, llanto, y risa al se expresión incontenible. Expresión que se derrama generosa y avasalladoramente.

María Zambrano (Claros del bosque)





El secreto de la felicidad está en la libertad; y el secreto de la libertad, en el coraje (Tucídides).
Vídeo/post: Baba O'Riley, The Who.

7/2/08

Little girl blue


A los veinte años yo quería ser como ella. Corrijo: quería ser ella. Mis novios le tenían manía (será que estaban hartos de escucharla a todas horas). Mi ex-marido la hubiera ahogado con sus propias manos. Mis madre hacía cálculos sobre las contadas veces que debía ducharse. Mi mejor amiga prefería a Odetta. El único que se abstenía (por compasión, quizá) era mi padre. Un hombre sabio, mi padre.

Sobre ella poco hay que decir y mucho que sentir. Es como la Pizarnik, que hace callar hasta a los pájaros. Que me recuerda bastante a una gardenia arrancada del tallo, que huele mejor cuanto más marchita está. Mujeres cuyo talento desprende una fragancia intensa, indeleble, feroz. Hablar de ellas es difícil, porque ellas ya lo han dicho todo y sin embargo, por uno de esos misterios que tiene el genio, cada vez que se expresan sea a través del verso, de la voz, del cuerpo o de la imagen, gestan nuevas criaturas en vientres ajenos. Y los pájaros siguen callando mientras nosotros, sus fans, nos volvemos unos diletantes.


El 19 de este mes cumpliría 65 años. Sólo decir que esta noche brindo por ella delante del único póster que no me avergüenza conservar (¿Alguien sabe dónde puedo conseguir una botella de Southern Comfort?).


O no, mejor me tomo un chupito de ron. Y no es broma.

.

.

Janis Joplin, 19 de enero de 1943- 4 de octubre de 1970. In memoriam.



El misterio masculino

Sobre una azuzena tiemblan
dos gotas, límpidas y redondas,
se derraman y unidas caen
hacia abajo, al fondo del cáliz.
(Hebbel)




Vídeo/post: Todas las mañanas del mundo (Alain Corneau)
Música: Sainte Colombe (interpretado por Jordi Savall).


Jeff Buckley: el chico de la tapa

El día en que murió el chico de la tapa, una nube crecía desde el oeste, trayendo algo más que la amenaza de un aguacero. Traía también una densa vorágine surgiendo hacia Memphis a vuelo de pájaro. Era muy temprano y el cielo había amanecido cubierto; sin embargo, las nubes ya empezaban a disiparse y el sol brillaba por el este. Iba a ser un día espléndido, sólo que él nunca lo sabría. Como tampoco sabría que hacia la noche iba a haber tormenta y que la borrasca iba a durar tres días. Porque él iba a estar en otra parte, quién sabe dónde, posiblemente en algún lugar desconocido, y encaramado a la cresta de un ala. O en su marea silenciosa y azul viendo el mundo a través del agua, como un pez.
El chico de la tapa (la que veis a la izquierda) se llamaba Jeff Buckley, y aunque en el párrafo anterior no haya otra intención que novelar en su homenaje, sí que murió en Memphis, y en el agua.

Jeff había nacido el 17 de noviembre de 1966, y murió en mayo de 1997, con apenas 30 años. Las circunstancias de su muerte -como tantas en la historia del rocanrol- aún no están del todo claras. Lo que se sabe, es que un día se fue a nadar con un amigo y no volvió a aparecer antes de pasados los cinco días. Ahogado.
Yo había leído que fue en el Mississipi, aquel río gigantesco zurcado por pintorescas embarcaciones con ruedas (que si no se las cargó el Katrina todavía estarán en New Orleans), pero parece ser que fue en otro mucho más pequeño, llamado Wolf, donde se ahogaría para siempre la que, posiblemente, haya sido la mejor voz de los 90. Su primer disco debut, Grace, grabado en 1994 y producido por Tom Verlaine -el ex-noviete kármico de Patti Smith, en su versión rimbaudiana- es una perla negra de ésas que dejan huella y se te quedan grabadas en la piel como una joya de metal noble. Otro diamante loco que se dejó pelo, sangre y huesos en un 4 pistas.
Dicen los expertos que su voz alcanzaba las cuatro octavas. Yo lo descubrí en el disco Live en Olympia (que abarca parte de su gira en Francia) por recomendación de una amiga que me venía inflando las neuronas desde hacía mucho; y debo reconocer que al principio no me pegó.
Tendría que pasar algún tiempo hasta que me llegara el eureka. No se trata únicamente de su voz, capaz de crear unas atmósferas tan feroces como instrospectivas, de una sensualidad crepuscular; sino también de su versatilidad. Jeff Buckley es la quintaescencia del material invisible que habita en el corazón de las perlas negras.Iba a recomendaros una vista por el Bar de la Mona Fundida, pero veo que el vídeo está chungo, y he notado que el de Grace resulta imposible de copiar. Cosas de los herederos, supongo; o más bien de su señora madre, acusada recientemente de manipular el material artístico de su hijo.
No me sorprende. Cuando no son las viudas, son las madres; y a falta de madres y viudas, seguro que no faltará alguna hija que quiera hacerse millonaria a costa del talento de su padre. Pero yo quiero un vídeo de Jeff Buckley en mi blog, y lo voy a poner. Sorry, mom.
Como le dijeron a Charly Parker en Bird


Y cuando mueras, se hablará de ti… mucho más que ahora.

Sainkho y la mujer esqueleto

Desde Tuva, allí por Mongolia, nos llega esta performance de Sainkho, gran diosa inuit. Lo que hace con su voz es increíble. Su disco Naked spirit es altamente recomendable para los buscadores de perlas negras.

Cuenta una vieja leyenda inuit:

Había hecho algo que su padre no aprobaba, aunque ya nadie recordaba qué era. Pero su padre la había arrastrado al acantilado y la había arrojado al mar. Allí los peces se comieron su carne y le arrancaron los ojos. Mientras yacía bajo la superfície del mar, su esqueleto daba vueltas y más vueltas en medio de las corrientes.
Un día vino un pescador que no sabía que los pescadores de la zona procuraban no acercarse por allí, pues decían que en la cala había fantasmas.
El anzuelo de pescador se hundió en el agua y quedó prendido nada menos que en los huesos de la caja toráxica de la Mujer Esqueleto. El pescador pensó: “He pescado uno muy gordo!”. Ya estaba calculando mentalmente cuántas personas podrían alimentarse con aquel pez tan grande, cuánto tiempo les duraría y cuánto tiempo podría verse libre de la tarea de cazar. Mientras luchaba denodadamente con el anorme peso que colgaba de su anzuelo, el mar se convirtió en una agitada espuma que hacía balancear y estrmecer su kayak, pues la que estaba debajo trataba también de desengancharse. Pero, cuanto más se esforzaba, más se enredaba en el sedal. A pesar de su resistencia, fue inexorablemente arrastrada hacia arriba, remolcada por los huesos de sus propias costillas.
El cazador, que se había vuelto de espaldas para recoger la red, no vio como su calva cabeza surgía de entre las olas, no vio las minúsculas criaturas de coral brillando en las órbitas de su cráneo ni los crustáceos adheridos a sus viejos dientes de marfil. Cuando el pescador se volvió de nuevo con la red, todo el cuerpo de la mujer había aflorado a la superficie y estaba colgando del extremo del kayak, prendido por uno de sus largos dientes frontales.
“Oh, no!”, gritó el hombre mientras el corazón le caía, poco poco, hasta las rodillas, sus ojos se hundían aterrorizados en la parte posterior de su cabeza y las orejas se le encendían de rojo. “¡Oh, no!”, volvió a gritar, golpeándola con el remo para desengancharla de la proa y remando como un desesperado rumbo a la orilla. Como no se daba cuenta de que la mujer estaba enredada en el sedal, se pegó un susto tremendo al verla de nuevo, pues parecía que ésta se hubiera puesto de puntillas sobre el agua y lo estuviera persiguiendo. Por mucho que zigzagueara el kayak, ella no se apartaba de su espalda.
“¡Ayyyyyyyy!” gritó el hombre con voz quejumbrosa mientras se acercaba a la orilla. Saltó del kayak con la caña de pescar y echó a correr, pero el cadáver de la mujer esqueleto, tan blanco como el coral, lo siguió brincando a su espalda, todavía prendido del sedal. El hombre corrió sobre la roca y ella lo siguió. Corrió sobre la tundra helada, y ella lo siguió. Corrió sobre la carne puesta a secar y la hizo pedazos con sus grandes botas de piel de foca.
La mujer lo seguía por todas partes e incluso había agarrado un poco de pescado helado mientras él la arrastraba en pos de si. Y ahora estaba empezando a comérselo, pues llevaba muchísimo tiempo sin comer nada. Al final, el hombre llegó a su casa de hielo, se indrodujo en el túnel y avanzó a gatas hacia el interior. Sollozando y jadeando, permaneció tendido en la oscuridad mientras el corazón le latía en el pecho como un gigantesco tambor. Por fin estaba a salvo, sí; a salvo gracias a los dioses, gracias al Cuervo, sí, y a la misericordiosa Sedna, estaba… a salvo… por fin.
Pero, cuando encendió su lámpara de aceite de ballena, la vio ahí acurrucada en un rincón sobre el suelo de nieve de su casa, con un talón sobre el hombro, una rodilla en el interior de su caja toráxica, y un pie sobre el codo. Más tarde el hombre no pudo explicar lo que ocurrió, quizá la luz de la lámpara haya suavizado las facciones de la mujer o, a lo mejor, fue porque él era un hombre solitario. El caso es que se sintió invadido por una cierta compasión y lentamente alargó sus mugrientas manos, y hablando con dulzura, empezó a desengancharla del sedal. Finalmente cubrió a la Mujer Esqueleto con unas pieles para que entrara en calor y le puso los huesos en orden, tal como hubieran tenido que estar enun ser humano. Buscó su pedernal en el dobladillo de sus pantalones de cuero y utilizó unos cuantos cabellos suyos para encender un poco más de fuego. De vez en cuando la miraba mientras untaba con aceite la valiosa madera de su caña de pescar y enrollaba el sedal de tripa. Y ella, envuelta en sus pieles, no se atrevía a decir ni una sola palabra, pues temía que aquel cazador la sacara de allí, la arrojara a las rocas de abajo y le rompiera todos los huesos en pedazos.
El hombre sintió que le entraba sueño, se delizó bajo las pieles a dormir y enseguida empezó a soñar. A veces, cuando los seres humanos duermen, se les escapa una lágrima de los ojos. No sabemos qué clase de sueño lo provoca, pero sabemos que tiene que ser un sueño triste o nostálgico. Y eso fue lo que le ocurrió al hombre.
La Mujer Esqueleto vio el brilo de la lágrima bajo el resplandor del fuego y, de repente, le entró mucha sed. Se acercó a rastras al hombre dormido entre crujir de huesos y acercó su boca a la lágrima. La solitaria lágrima fue como un río y ella bebió, bebió y bebió hasta que consiguió saciar su sed de muchos años.
Después, mientras permanecía tendida al lado del hombre, introdujosu mano enbajo las pielesy le sacó el corazón,ése que palpitaba como un tambor. Se incorporó y empezó a golpearlo por ambos lados: “Pom pom… pom pom”.
Mientras lo golpeaba, se puso a cantar: “Carne carne, carne carne”. Y cuánto más cantaba, tanto más se le llenaba el cuerpo de carne. Pidió cantando que le saliera el cabello y unos buenos ojos y una rollizas manos. Pidió cantando la hendidura de la entrepierna, y unos pechos lo bastante largos como para envolver y dar calor y todas las cosas que necesita una mujer. Y, cuando terminó, pidió cantando que desapareciera la ropa del hombre y se deslizó a su lado en la cama, piel contra piel. Devolvió el corazón a su cuerpo y así fue como ambos se despertaron, abrazados el uno en el otro, enredados el uno en el otro después de pasar la noche juntos, pero ahora de otra manera, de una manera buena y perdurable.
La gente que recuerda la razón de su mala suerte, dice que la mujer y el pescador se fueron y, a partir de entonces, las criaturas que ella había conocido durante su vida bajo el agua, se encargaron de proporcionarles siempre el alimento. La gente dice que eso es verdad y que eso es todo lo que se sabe.
Clarissa Pinkola Estés (Mujeres que corren con los lobos).

Adriana Varela, tanguista: al rescate de la pulsión gregaria



Esto es algo que encontré por ahí y que me gustó: “El tango está pasando por el mismo fenómeno por el que pasó hace añares el jazz. El mundo se apropió del tango, hoy es universal, ya no nos pertenece. Y el fenómeno se dio con más polenta todavía que el del jazz. Además, el tango responde a esta necesidad imperiosa de estar con otro, esto que es tan complejo hoy en día, estar acompañado. El sistema nos vendió espejitos de colores y nos dejó solos con una computadora, por decirlo primariamente. Y el tango es esa tijera que separa el mundo individualista o hedonista del mundo acompañado, el de un chabón cazando a una mina de la cintura, o a un tipo, no importa. Hay algo fuerte que se produce en el rito de la danza. El tango es pulsional, no pasa por lo intelectual, tiene que ver con el eros. Los grandes filósofos hablan del tango como fenómeno erótico. Eso es lo que ven los extranjeros y nosotros no, porque lo tenemos tan cerca.”Lo dijo Adriana Varela. Gran valor.Esto es algo que encontré por ahí y que me gustó:


“El tango está pasando por el mismo fenómeno por el que pasó hace añares el jazz. El mundo se apropió del tango, hoy es universal, ya no nos pertenece. Y el fenómeno se dio con más polenta todavía que el del jazz. Además, el tango responde a esta necesidad imperiosa de estar con otro, esto que es tan complejo hoy en día, estar acompañado. El sistema nos vendió espejitos de colores y nos dejó solos con una computadora, por decirlo primariamente. Y el tango es esa tijera que separa el mundo individualista o hedonista del mundo acompañado, el de un chabón cazando a una mina de la cintura, o a un tipo, no importa. Hay algo fuerte que se produce en el rito de la danza. El tango es pulsional, no pasa por lo intelectual, tiene que ver con el eros. Los grandes filósofos hablan del tango como fenómeno erótico. Eso es lo que ven los extranjeros y nosotros no, porque lo tenemos tan cerca.”Lo dijo Adriana Varela. Gran valor.asando por el mismo fenómeno por el que pasó hace añares el jazz. El mundo se apropió del tango, hoy es universal, ya no nos pertenece. Y el fenómeno se dio con más polenta todavía que el del jazz. Además, el tango responde a esta necesidad imperiosa de estar con otro, esto que es tan complejo hoy en día, estar acompañado. El sistema nos vendió espejitos de colores y nos dejó solos con una computadora, por decirlo primariamente. Y el tango es esa tijera que separa el mundo individualista o hedonista del mundo acompañado, el de un chabón cazando a una mina de la cintura, o a un tipo, no importa. Hay algo fuerte que se produce en el rito de la danza. El tango es pulsional, no pasa por lo intelectual, tiene que ver con el eros. Los grandes filósofos hablan del tango como fenómeno erótico. Eso es lo que ven los extranjeros y nosotros no, porque lo tenemos tan cerca.”


Lo dijo Adriana Varela. Gran valor.

6/2/08

Tom Waits


Me gusta trabajar sobre la textura de una canción. La dejo de lado y después vuelvo a ella. A veces la diseco, me quedo nada más que con las alas, y se las pego a otra canción (T. W).

La primera vez que escuché a Tom Waits me imaginé a un tipo huyendo de una habitación bajo una salva de zapatos de tacón de aguja. Seguramente la dueña de los zapatos era una preciosa chica que había conocido esa misma noche, una que sabía que después de ese encuentro él iba perderse para siempre, y a propósito, tras haberla invitado a tomar una copa en el bar más barato de la ciudad, revolviendo todos sus bolsillos para, finalmente, hallar un casi deshecho papel donde habría garabateado los cuatro primeros versos de una canción inspirada en Mary, pero escrito en realidad para Susan, y todo entre cigarros, temblar de pulso, fervor de lengua y, desde ya, un Jack Daniels a modo de renunciamiento.

Esa voz áspera (quizá la más áspera que haya puesto el diablo en la Tierra), evidencia de un presente impremeditado, de los días y las noches vividos sin pereza, de madrugones con café y aspirinas junto a un piano demasiado pequeño para una idea tan fabulosa, de una ausencia casi permanente -y también de un retorno impreciso, aunque seguro, a ese refugio que es una canción-, me conquistó para siempre. Y como me pasa cada vez que escucho algo bueno, me monté la película de que quizá pudiera conocer su receta infalible, que consiste en: desollar las dos mitades de un limón, echarse un trago de tequila (y volver a repetir, hasta que su mente haya cogido la temperatura lisérgica suficiente como para entender que la felicidad absoluta no existe, y que si existe, sólo puede matar la inspiración), y mientras el alba rompe los bordes de la oscuridad, dejar su impronta de fuego blanco encima del piano y permitir que Tom Waits te ronronee alguna cosa.

No le quepa duda de que si usted es un amante de la mística de los agujeros y cuando va por la calle se para a observar caras de vagos y soñadores, buhoneros, floristas, muchachas de mirada desaprensiva parapetadas en el hueco de una axila, bultos humanos tumbados panza arriba, sonidos, rumores y silencios, es posible que quiera volver a escucharlo. No se lo pierda.
El piano ha estado bebiendo (the piano has been drinking)
El piano ha estado bebiendo /Mi corbata está dormida /Y la banda se ha ido a Nueva York /La gramola tiene que ir a mear /Y la alfombra necesita un corte de pelo /Y el foco/parece la fuga de una prisión /Porque el teléfono no tiene cigarrillos /Y la terraza se ha ido a ligar /Y el piano ha estado bebiendo /El piano ha estado bebiendo /Y todos los menús están helados /Y el iluminador está ciego de un ojo /Y no puede ver con el otro /Y el afinador de pianos lleva un audífono /Y se presentó con su madre /Y el piano ha estado bebiendo /El piano ha estado bebiendo /Y el matón sabe lucha japonesa /Pero es un enclenque cobarde /Y el dueño es un corto mental /Con el coeficiente de inteligencia del poste de una valla /Porque el piano ha estado bebiendo /El piano ha estado bebiendo /Y no puedes encontrar a tu camarera /Con un detector de radiactividad /Y ella te odia a ti y a tus amigos /Y no puedes conseguir tu trago sin ella /Y la taquilla está babeando /Y los taburetes están ardiendo /Y los periódicos están haciendo el tonto /Y los ceniceros están jubilados /Porque el piano ha estado bebiendo /El piano ha estado bebiendo /El piano ha estado bebiendo /No yo, no yo, no yo, no yo, no yo.Disco recomendado: ORPHANS (2006). Rock and roll, blues, balada, tango, vals, polka, y lo que querais.

El harakiri vertiginoso de Kurt Cobain

Me encanta la música. Me crié en una familia donde era moneda corriente: mi padre era director de coros y mi madre soprano lírica, así que crecí entre tenores italianos, viejos vinilos, tertulias crepusculares y acordeones. Como diría Fito Páez, para mí la música es “parte del aire”. Siempre que entres en mi casa estará sonando algún disco: desde Luciano Pavarotti a Wendy O. Williams, todo depende de mi estado de ánimo.
Hace poco leí que Aristóteles sostenía que la utilización de matracas sirve como puerta de escape de energía para los niños con carácter destructivo. Parece que el punk es algo más antiguo de lo que pensábamos. Ya sabía yo que no era sólo una forma musical sino un estado del ser. Habría que ver con que se animaba Nietzche durante su famoso despertar místico. ¿Habrá sido un melómano, como yo, que busco música hasta debajo de las baldosas?¿O preferiría, quizá, el silencio?
Me pregunto qué pensaría de todo esto Kurt Cobain.
Cuando estaba en Argentina, Nirvana no era santo de mi devoción. Para mí era sólo ruido de fondo. Un muro de sonido incomprensible y monótono, de a ratos destemplado, salvaje -mal hecho- como de niño, y no había quien me convenciera de que fuera bueno.
Me acuerdo perfectamente del día en que la prensa convirtió su muerte en una performance de proporciones planetarias. Yo estudiaba Bellas Artes y me pareció que en la escuela mucha gente andaba de luto. Muchos años después, estando ya en Madrid, viajaba yo en un autobus y escuché por la radio un tío cantando una canción de David Bowie, pero lo que me llamó la atención no fue la canción sino la voz. Era como escuchar a Bob Dylan cien años después de su primer concierto y cantando como si fuera su última vez. Jamás había escuchado una voz tan llena de rabia y a la vez tan herida. El tipo empuñaba su voz como si fuera un arma arrojadiza. Era Kurt Cobain. ¿Por qué nunca le había prestado atención?
its better to burn out than to fade away (mejor quemarse que apagarse lentamente). He aquí la frase que dio la vuelta al mundo en ochenta días. 60 pibes se mataron detrás de él en las siguientes semanas.
Vicky, una amiga americana (que hace tiempo me pasó el primer disco de Nirvana, aquel que lleva el nombre de una comida para gatos) me dijo que la famosa frase pertenecía a una vieja canción de Neil Young (Hey hey, my my, el rock and roll vivirá para siempre, mejor quemarse que apagarse lentamente), pero al leer la carta comprendes que Cobain hizo una apropiación, sacando ese verso de su contexto y adaptándolo al suyo tan brillantemente, que tiene más sentido en su nota que en la canción de Neil Young. Sólo hay dos formas de morir por mano propia, y él eligió la vía rápida. El harakiri vertiginoso.
Hace tiempo estaba yo en Barcelona y un amigo me soltó una confesión de ésas que tienen que ver con la infancia y hacen que te eches a temblar: “Acabé entendiendo que cuando las caricias escasean es mejor aullar para que te oigan, y por lo menos así te darán un bofetón. Eso, mejor que nada.” Mientras lo decía, sonaba Pennyroyal Tea como telón de fondo, y no era que el tío quisiera hacerse el lastimero. Simplemente le apetecía contármelo. “Es el otro lado de la vida”, me dijo, “lo que no se cuenta a nadie, lo que no se habla en la mesa, lo que no le cuentas a tus amigos cuando vas de cañas, lo que no se publica en los libros, ni se comenta en la tele”.
Seaned O’Connor hizo una etérea versión de All apologies donde despoja a la canción de su indumentaria rockera y la deja al desnudo, tal como es: una melodía sencilla, hipnótica, casi como una ronda infantil. O una nana, que es lo que muy en el fondo es. Siempre he pensado que Nirvana no era más que eso: una banda que tocaba canciones sencillas. Rondas infantiles escritas con la rabia de un niño roto.
Dicen los expertos (¿habrá alguno?) que Nevermind no es el mejor disco de Nirvana. Comparto. Yo prefiero From the muddy banks of the Wishkah porque fue el primero que escuché y además es una recopilación de sus mejores directos. Y en los directos sale como sale, no puedes volver a repetir. Son emociones en estado puro. Sin embargo el Nevermind resulta ser el más significativo, ya que contiene -y esto no es mío sino de Ricardo Mollo, muy interesante lo suyo- el hit que pudo haber matado a su propio autor. Una canción con patas y asesina. Como los oscuros personajes de Ernesto Sábato, que ya en el alumbramiento se le van de las manos y le dejan esa cara de triste.Era obvio que en Argentina no me llamara la atención: cuando estaba allí yo no sabía lo que era la indiferencia social -que a la larga termina convirtiéndose en alienación personal y colectiva- en cambio aquí, esa sóla palabra, nevermind (noimporta), era justo el catalizador que yo estaba necesitando para darle la forma musical exacta a mi enorme, ominosa, potente, morrocotuda desilusión. Como Nirvana, me deslizaba ostensiblemente hacia el desastre.
Tuvo que pasar mucha agua bajo el puente, supongo, para que un chaval de veintipocos, gringo además e hiperaburrido de la herencia facista de un Ronald Reagan (promotor, entre otras cosas, de dictaduras latinoamericanas) llegara a la muy sabia conclusión de que no podría inventarse nada nuevo en un mundo que nos pensó el futuro antes de que pudiéramos imaginarlo. Y yo sólo lo comprendí cuando llegué aquí.

 Y feel stupid, and contagious…

 En mi opinión, nunca hubo en el rock un grito que denunciara la legitimización de la estupidez humana tan bien como el suyo.

Patti Smith / Babel


Para empezar, diré que la edición española de Babel, fue traducida por Antonio Escohotado, lo que ya os dará una idea del tipo de literatura con la que os vais a topar. Habrá quien la pase de largo (por eso he pensado en incluir un estracto al final, así nadie se lleva una sorpresa) y habrá quien se quede enganchado a su poesía como un abrojo. En cualquier caso, a Patty Smith la amas o la odias. Mi madre, por ejemplo, la odia. Será por celos, porque yo a Patty Smith la amo de a ratos, y cuando no la amo, la recuerdo como una referencia ejemplar, y no de lo que debe hacerse, sino de lo que es.
Heredera de Rimbaud y la generación Beat, devota de García Lorca, Patty Smith nació en New Jersey en 1946 y se introdujo en el underground neoyorquino de fines de los ’60 con el desparapajo de una advenediza (por entonces todos o casi todos eran advenedizos, y acabaron haciendo historia), para no mucho más tarde convertirse en la mayor musa del punk del rock americano. Su basa parece haberla heredado la inglesa P.J Harvey (a pesar de insistir en que no le gusta que las comparen), sin embargo hoy por hoy la mariscala del rock and roll sigue dando caña aunque ya críe nietos. De hecho la tuvimos por aquí en 2004, y tanto por su temple como por su macarrismo de corte austero (no olvidemos que es capricornio), hemos visto que los años no han pasado en vano para ella, y que la que fuera una sacerdotisa del punk es hoy ya toda una abadesa.
Pero cabe recordar que Patty no es sólo cantante sino también poeta. Poco hay publicado de ella en español, pero a lo que hay vale la pena echarle un vistazo. Y en lo posible, quedárselo. Estamos hablando de una poeta inclasificable, potente, embriagadora, intertextual. Porque Patty escribe con el ímpetu temerario de un legionario, y tanto le da evocar un campo de amapolas como las telarañas engrasadas de un garito de mala muerte. Su espontaneidad oscila entre la escatología más brutal, y la inocencia de un niño de cinco años soltando un pedo en la ópera. A Patty hay que leerla colgada del techo boca abajo, ya que no es alguien que puedas leer en una situación de normalidad, sino con un espíritu libre de prejuicios, y en lo posible vacía de viejas referencias. Lo que importa en su literatura no es el significado, sino la palabra como objeto, con lo cual podría decirse que su poesía no está hecha para el entendimiento sino para el sentir.
A continuación, unos extractos:

sohl

un enjambre de glorias irrumpió desde su cráneo.
colmado de un horror sagrado abrió su cajón y
retiró un pequeño cristal perfectamente trabajados.
inspeccionar su cabeza pretendía pero en cambio
se demoró varios minutos sobre la elegante
artesanía del espejo. el marfil era de
un rico grano, venas, y en el centro
una grieta. se arrodilló y cruzó los ojos para lograr
una visión mejor. en la grieta había un jardín.
y tan verde era que sus carcajadas le derribaron
y rodó y rodó sobre las láminas frescas.
la sangre fluyó y cubrió los insólitos campos.
acostumbradas a adorar, las pálidas glorias
levantaron sus cabezas y se dejaron lavar
por el lujo del rubí.
tras varios días de lluvia y desaparecidas todas las huellas del hombre
los niños fueron puestos en libertad para vagar y disfrutar en
los largos campos de amapolas.

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babelogo

no he follado con el pasado pero he follado mucho con el futuro. sobre la seda de la piel hay cicatrices de las ampollas de los escenarios y muros que he acariciado. como el tronco de helena, cada descarga de madera fue mi placer. mediría el éxito de una noche por la cantidad de orina y semilla que pude sudar sobre las columnas que servían de nido al amplificador central. algunas noches se me ocurría sorprender a todos enfundándome una camisa de punto erde cosida a círculos metálicos planos que se movían y lanzaban destellos. Las luces eran violetas y blancas. durante un rato llevé un velo decorativo. pero me era imposible soportarlo. cuando llevaba el pelo corto ansiaba algo para cubrirlo. pero ahora mi pelo es un sí mismo un velo y la cabellera de una comanche loca y soñolienta yace bajo el entramado de la piel.
me despierto. estoy tumbada apaciblemente y mis rodillas están abiertas al sol. le deseo y él está absolutamente dispuesto a servirme. en casa soy mahometana. de corazón soy una artista americana y no tengo la culpa. persigo el placer.persigo los nervios bajo vuestra piel. el estrecho pórtico. las capas. el rollo de vieja lechuga. adoramos el defecto. el lunar sobre el vientre de una ramera exquisita. una que no ha vendido su alma a dios.
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campo de babel

algunos de nosotros servimos como cruzados y algunos como moscas aplastadas contra una valla. vivimos una existencia espartana.

Babel (Patty Smith, 1978). Ed. Anagrama.