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11/1/14

Nueva espiritualidad y nihilismo ingenuo



De la puesta en cuestión del capitalismo industrial ha emergido una nueva "espiritualidad" capaz de combinar rasgos de prácticas y discursos religiosos (la ola new age y los orientalismos) con creencias no religiosas pero sí espirituales como la fe en el libre mercado y en el consumo como capacidad de perfeccionamiento del ser humano.

Pierre Levy escribe imbuido de esa espiritualidad:

El punto de encuentro entre economía e inteligencia, el centro secreto de la sociedad humana del futuro es probablemente la capacidad de escucha y manipulación de la conciencia colectiva que fluctúa en los millones de canales del ciberespacio. El punto esencial es que esta manipulación está ella misma guiada por el vagar de la atención y la inteligencia colectiva fractal que el marketing on-line trata de captar y comprender en todos sus modos. Este nuevo marketing puede caracterizarse como el proceso de interfaz dinámico y circular por medio del cual la conciencia colectiva toma conciencia y se manipula a si misma… las instituciones, los estados los partidos, las empresas, las asociaciones, los grupos, los individuos, que desdeñen el estudio de los modos para insertarse en los procesos de la inteligencia no podrán esperar jugar ningún papel importante en el mundo que viene.

Economía y espiritualidad son una y la misma cosa, un mismo espíritu que se auto-regula y auto-dirige sin necesidad de intervención externa. Los creativos, los publicistas los intelectuales, los dirigentes, los periodistas, los empresarios y los administradores serían la culminación de un proceso de perfeccionamiento en que mercado y deseo se vuelven completamente transparente el uno al otro.

Hemos pasado de una lucha contra una visión del mundo que anulaba y subordinaba el deseo, las creencias y el pensamiento a la técnica, a un momento de la historia en que sólo las ideas y los símbolos son considerados como reales mientras que los cuerpos son infravalorados, desachados, invisibilizados.
Juramos estar abiertos a lo imprevisto, a lo contingente, a lo sorpresivo, pero en realidad somos la clase más perversa de conservadores: nuestra vida misma es una prevención ante la vida, una esterilización del futuro.
Nadie sabe por qué, pero lo importante es mantenerse disponible. Como a los personas de Beckett, nos idiotiza una espera sin sentido. El abandono ingenuo es el movimiento falso de la abdicación, que a fin de cuentas resulta siempre más beneficiosa para las empresas y, más que una fuga creadora, termina una circunvolución, un giro sobre sí del sistema, un movimiento circular que concluye en el preciso punto en que vuelve a empezar.

Casi podría decirse que la condición de toda acción es no creer en ella. Como dice Houellebecq: El que no creamos e las cosas que hacemos no quiere decir que no las hagamos. Eso es nihilismo ingenuo: creer que basta con no creer.

En algún punto el deseo de abandono es más fuerte que el deseo de transformación. La contracara del deseo conectivo es el deseo dispersivo de la abdicación que vuelve intolerable cualquier compromiso a largo plazo.

Preferir la incertidumbre cierta de la dispersión a la incertidumbre imprevisible de un colectivo por construir. Nihilistas sin principios que negar, alcanzamos el paroxismo el nihilismo por medio el deseo: no sé lo que quiero pero lo quiero ya. Y en ese no saber, que es también una forma de no querer, quedamos atrapados girando sobre nosotros mimos, sin sentido, sin dirección, perdido todo compromiso con el mundo y con nosotros 
mismos.

El nihilismo ingenuo es un no querer débil disfrazado de no querer. Su mala fe consiste en presentarse como negador, cuando su efecto es el de una leve, levísima aceptación.
 ...

El viejo nihilismo precisaba de un trabajo del NO. Hoy se niega la vía abstención de toda labor. El "nuevo capitalismo" interpreta, piensa y explota esta falta de situación, ofreciendo un espacio de conectividad, y algo de dinero. La empresa se pone así "en serie" con el resto de la experiencia vivida. Si el viejo nihilismo en sus mejores expresiones aspiraba a nadificar los valores, éste se conforma con creer en su no creer, se conforma con unos valores que no reclaman ninguna fe, ya no se nos pide que creamos, sino sólo que funcionemos. Toda fe es prescindible. Toda lucha es loca y redundante. Tener una fe es caer en un exceso de adhesión inútil.
Debe haber, sin embargo, quien persista aún en su deseo de inventar mundo.

¿Quién habla? Lucha contra la esclavitud del alma en los call-centers
Colectivo Situaciones
Tinta Limón Ediciones
Buenos Aires, 2006

20/6/08

De vuelta en el XIX

Hoy por la mañana me llegó un mail de mi amiga Vandalia con el siguiente título:


Firmas contra la Directiva de las 60/65 horas‏ de jornada laboral semanal. (Esto es en EUROPA, lo aclaro por si hay algún lector gaucho que entre por aquí -que los hay- y no quiera creerse lo que lee).

Por si a alguien le interesa el asunto (creo que nos interesa a todos) os invito a echar una firmita virtual en la web de esta gente. Odio hacer estas cosas, pero es otra manera de que se difunda y que alguien haga -o por lo menos intente- hacer algo antes de volver al siglo XIX.

Lo mejor y más completito que he pillado en Internet sobre el asunto, es esto.


¿Cuál será la próxima?¿Una ley del Parlamento Europeo para legalizar la explotación de mano de obra infantil? (Ay, si Dickens viviera...)


16/6/08

Viva Kafka

Escribo con la sangre en el ojo, porque una medio-amiga mía está viviendo una peripecia que me resulta tan repugnante como kafkiana: es uruguaya y lleva viviendo en España más o menos el mismo tiempo que yo. Su permiso de residencia se le caducó en setiembre del año pasado, y todavía no ha recibido respuesta de la administración. Es decir, que después de 9 años de haber cotizado y pagado sus impuestos como cualquier hijo de vecino, y estando legal desde el principio –ahora mismo le correspondería su residencia permanente- esta mujer no sólo lleva 9 meses esperando una respuesta que no le dán, sino que además está sin trabajo y enferma.
Su caso merece ser contado con pelos y detalles, como podría describirse un vómito con el que topamos por la calle el domingo por la mañana. Esta mujer tiene dos hijas, una de las cuales trabaja como camarera. De eso viven. Hace poco le dio por pedir una ayuda a servicios sociales y le dijeron que tiene derecho a la renta mínima de inserción (unos 400 euros, que es lo que paga de alquiler) sólo que para eso tiene que tener el carnet de residencia en vigor. ¿Me vais pillando?
Lo auténticamente kafkiano, sin embargo, no es eso. Lo peor es que ya ha visitado media docena de comisarías donde cada vez que va le dicen que tiene que esperarse otros cuatro meses porque ahora estamos con el tema de los rumanos y todavía vamos por agosto (ella presentó sus papeles a tiempo, en setiembre de 2007). Si llama al 012 y explica su situación, le dán un número para que llame a; llama a, les explica sus motivos, les dice que padece una depresión clínica, que en ningún sitio la quieren contratar porque tiene el carnet caducado desde hace 9 meses y, ¿sabeis lo que le preguntan?

Pero usted, ¿para qué lo quiere?,

sin contar, por supuesto, con que la pelotean de administración en administración y en ninguna parte saben decirle con exactitud dónde tiene que reclamar.
Así que decidió acudir a un abogado de su Ayuntamiento. El abogado le hizo una nota que tiene que presentar en una de las administraciones. Como la pobre está más bien chunga y sus dos hijas estarán fuera el jueves, me ha pedido que la acompañe.
Sé todo esto porque me la encontré ayer saliendo del despacho del trabajador social.
- La piscóloga me dijo que mi depresión se debe a un fuerte estrés - le explicó ella.
Él la miraba.
- Pero tú… tienes cobertura médica ¿no?
- Sí.
Según ella, el razonamiento del trabajador social era el siguiente: ¿qué tiene que ver la depresión y el estrés con el hecho de que esté indocumentada?
Como casi todos los funcionarios, el razonamiento de su trabajador social responde a la política de tapar agujeros. O, lo que es lo mismo, la política del avestruz. La asociación entre los hechos no existe, sólo existen los esquemas dentro de los cuales él mismo está inserto, y los esquemas, generalmente, resultan ser meras abstracciones que en lo concreto, y a la hora de tomar al toro por las astas, funcionan más o menos así:

- Si no tienes tu carnet en vigor no se puede hacer nada.

Así pues, antes de pedir una prestación que para ella es vital, tendrá que esperar la decisión de la administración.
Otra, con la psicóloga del Ayuntamiento, ante la cual me decía que apenas verla se quedó en blanco. Cuando pudo, le contó su caso completo con pelos y señales y al final conluyó:
- así que a veces pienso en acabar con todo.

A mí esto me toca muy de cerca porque sé perfectamente lo que siente, y sé que va en serio. La conozco más o menos bien y tengo alguna idea de todo lo que le ha pasado -más allá de los hechos kafkianos que estoy narrando-, así que me resultó indignante que tras decir aquello la psicóloga pasara del tema como si tal cosa. Se lo creo, porque eso también me pasó. E insisto: la conozco. No es una mujer tonta, todo lo contrario. Sucede que está tan harta de pillarlo todo al vuelo que ya le dá tirria tener que pedir ayuda a la administración, o como se llame, porque sabe también lo que le dirán. Y lo que le dicen es justamente esto que os estoy narrando.
Queda clara, pues, cuál es la función del funcionario: eliminar funciones. Y en lo posible, personas. Ojo, que no se malinterprete lo que digo: cuando hablo de eliminar personas hablo de eliminar identidades. La prueba de ello es que cuando el funcionario topa con una persona que pone en entredicho sus funciones (que en realidad deberían llamarse anti-funciones) reaccione poniendo por delante una ley en vigor o la cantidad de sesiones gratuitas que establece el estatuto, según la gravedad del caso.
A pesar del complejo aparato administrativo que la ampara y de las supuestas ayudas sociales que podría obtener, mi amiga continúa desprotegida tanto judicial, material, psicológica como moralmente. El único que se encuentra protegido es el funcionario. Protegido a priori bajo el ejercicio de sus funciones de

Yo soy funcionario.

¿Habeis visto que con eso ya parecen decirlo todo? Especialmente si son de ministerio, que son los que más se quejan del sistema e inclusive de si mismos -o del mobbing- pero acusan una barriga fláccida propia de vacacionistas perpétuos, o vasallos. Es fácil construir el personaje de un funcionario; lo que una se pregunta, es dónde estrará la persona.
La humanidad, vamos.

Photo/post: La metamorfosis, de Scarfatti.

21/2/08

La puerta en las narices

En la zona de Méndez Álvaro, Madrid, hay una caseta abandonada por el Ayuntamiento, que ha sido ocupada por cuatro vagabundos de 4 nacionalidades: un venezolano, un español, un ecuatoriano y un estadounidense. La caseta, hecha polvo y llena de graffitis, consta de unos 8 metros cuadrados larvarios divididos en dos habitaciones diminutas y un baño. Los nombres de sus habitantes no me los sé, pero hoy salía en el diario de la mañana la foto de uno de ellos junto a la puerta. Según cuentan, están bien integrados al vecindario, e incluso se dedican a cuidar los coches para que la gente se fíe de ellos. No quieren problemas: sólo buscan un techo.
Lo más insólito del relato estriba en que alguien les arrancó la puerta de la caseta: “No sé para qué, si de todos modos no hallarán objetos de valor”, apunta el venezolano. Naturalmente, el paisaje de fondo son las grúas y los nuevos pisos de 180.000 euros que se construyen en torno a la estación. Lo que se pregunta la gente del PSOE es que se hará con la caseta. Parece ser que la misma dá “mala presencia” al entorno y habrá que quitarla. Así que estos vagabundos multirraciales tendrán que buscarse otra.
Mientras leía, yo me preguntaba quién les habrá arrancado la puerta. Quizá alguien rabioso de que estos inadaptados se dén el lujo de vivir sin currar y para colmo tengan un techo gratuito donde tomarse unos daikiris sin tener que pagar una hipoteca. O hacer alguna cosa peor. Gente rara. O sea, pobres. Yonquis. Está claro que a ningún hijo de vecino se le ocurriría hacer una cosa como ésa, pero cuando el río suena… intolerancia trae, así que mejor le arrancamos la puerta y que se vayan a tomar por saco. A otra parte. Donde no se vea, y además, no tenga que salir en el diario.

Photo/Post: Mobu