6/2/08

La legitimidad de los mundos


¿Habeis oído hablar de John M.Hobson?¿No? Pues yo tampoco, hasta que me dio por investigar la historia de ciertos conceptos y apareció su nombre en la Wiki. El hombre afirma que en el siglo XIX la cultura europea dividió a la Humanidad en tres mundos que correspondían a tres razas: el primer mundo europeo de la raza blanca (y por lo tanto libre de sospechas), el segundo mundo bárbaro de la raza amarilla (amarillo como la rabia, que es bárbara por naturaleza) y el tercer mundo salvaje de la raza negra (peor es ser salvaje que bárbaro, y está claro que todo lo que no se entiende se archiva en el cajón de lo prohibido, que siempre es feo, malo y oscuro). Me pregunto dónde se nos habrá incluído a los iberoamericanos, que no somos ni amarillos ni negros sino más bien pardos. Pero ése es otro cantar.
Parece que la cosa siguió, y fue Alfred Sauvy, quien por esas cosas del destino, volviera a utilizar esta clasificación (...) en tiempos de la Guerra Fría, para designar con el nombre de “tercer mundo” a los países que no se apuntaron ni a la OTAN ni al Pacto de Varsovia. El término “primer mundo”, se refería a los Estados Unidos y sus aliados (bloque occidental), mientras que “segundo mundo” se aplicó a los países del bloque oriental, término que ya ha dejado de usarse, como se dejaron de usar los pata ancha cuando salieron los pitillo, y no porque lo decidiera Custo sino porque alguien decidió que el Muro de Berlín tenía que caerse.

¿Os acordais del Muro de Berlín? Menudo muro, ése. Yo no lo vi porque por entonces vivía en Argentina (que hoy ostenta el orgulloso privilegio de pertenecer ya al Tercer Mundo) y creía que el Muro de Berlín y el de Bob Geldoff eran la misma cosa, o casi. Como recordareis, el Muro cayó en el ’89 y fue un gran día para Occidente, que salió a celebrarlo a las calles, mientras los chavales se apuntaban a los conciertos de rock organizados frente a las ruinas, prometiendo que nunca más volvería a construirse otro muro que dividiera el mundo en dos. La amenza de la Guerra Fría (si es que existió) había terminado. La sociedad del espectáculo había ganado la contienda y ahora, no habiendo mundos divididos por un Muro Simbólico, ya podíamos respirar tranquilos.

Pura ingenuidad, porque la caída del Muro de Berlín no ha sido más que otro producto de mercadiching. Con su derrumbamiento, Alemania dejó de ser el gran Chivo Expiatorio de Occidente (un chivo que al estar expuesto a una maquinaria de estado basada en el espionaje acabó autofagocitándose), y ya enterradas las piras sacrificiales y superados los viejos duelos entre potencias, buena parte del mundo compró el producto y se hipotecó en un nuevo desafío: el Mercado.

Uh... el Mercado.

Para ir a sus orígenes (es que yo siempre necesito ir a los orígenes, por eso os sugiero ajustar bien el cabecero de vuestros asientos) diré que el primer comercial de la historia fue Mercurio. Ya de pequeño el chaval dio muestras de gran talento para lo bursátil. Una vieja leyenda narra (esto se me ha quedado grabado desde los veinte años, y me lo contó mi primer jefe) que el niño era un ladrón de cuidado. Cuentan que le robó las flechas a Cupido (razón por la cual hay tanta gente que por ganar pasta no tiene sexo, o tiene poco), la espada a Marte (para presumir), el tridente a Neptuno (para pinchar a los morosos), y la túnica a la hermosa Venus-Afrodita (para hacerla rabiar, ya que ella sólo lo hacía por amor y no con él sino con Marte). Inclusive llegó a robarle ganado al mismísimo Apolo, al que nadie quería en el Olimpo, como a él.

Sin embargo, hasta los dioses se dejan untar el carro cuando se presenta una buena oportunidad, y dada su condición de dios de los ladrones, su habilidad natural para la oratoria y la invención de pesos y medidas atribuida a su autoría, Júpiter le dejó volver al Olimpo y mientras elogiaba el caduceo que le había dado Apolo, notó que le faltaba el cetro. Ésa fue la última de Neptuno, sólo que esta vez se la perdonaron.

Ya veis que nunca está de más ir a los orígenes. Con semejante precedente, ¿cómo no iba a ser el Mercado una cosa útil?

Pero volviendo a lo nuestro. Con la desaparición del “segundo mundo”, sólo quedaron el primero y el tercero. Éste último término se utiliza para hacer referencia a los paises "en vías de desarrollo" (los pobres, bah), en contraste a los otros. Resulta llamativo que estos países sean los principales abastecedores de materia prima al Primer Mundo. ¿Qué clase de paradoja es ésa?¿Cómo es posible que los países más ricos en materia prima sean también los más pobres en cuestión de recursos?

Aquí hay algo que no me cierra. Por eso decidí escribir una diminuta carta al correo de lectores del País Dominical donde exponía mi humilde teoría tercermundista de los países parásitos y los países abastecedores, pero jamás me la publicaron.

¿Pa’qué?

Yo recuerdo que a fines de los ’80 y principios de los ‘90 se puso de moda clasificar a los países y meterlos dentro de dos conjuntos como hacíamos cuando éramos niños en la escuela. Teoría de conjuntos: Conjunto 1 + conjunto 2= intersección. La intersección era el Mercado. Por entonces Argentina vivía la fantasía menemista de la famosa paridad dólar-peso, lo cual nos mantenía flotantes en un primer mundo artificial y todavía se podía comprar unos buenos calcetines, hasta que se pinchó el globo y nos dimos de narices contra el suelo del Corralito. Se hablaba de una Guerra del Golfo que nadie o casi nadie entendía, de los niños de Bosnia, de Yugoslavia, de la ex Unión Soviética, de la muerte de Freddy Mercury (que no estaba muerto sino fabricando zapatos en un solitario castillo irlandés, como Morrison, que sigue en la bañera aunque ya hayan pasado más de treinta años) y para estar a la última había que sintonizar la MTV y te comprabas un vasito con un impreso de Beavis & Butthead.

Naturalmente, nos querían hacer creer que en Medio Oriente eran todos unos salvajes viviendo en un estado de lamentable servilismo a un dictador que fue derrocado por otro dictador con una camisa de Gucci, que fumaba unos puros carísimos y que más tarde serían usados como cuerpo del delito en un conocido escándalo púbico (sí, habeis leído bien) que le costó las elecciones presidenciales. Y mientras todos hablaban de esa guerra que nadie había visto jamás, también se decía que gracias a la exportación de materia prima los países del tercer mundo obtendrían los recursos necesarios para salir de la pobreza, siempre y cuando aceptaran los términos económicos y las tasas impuestas por el primero. Vamos, lo que en mi tierra llamamos viveza criolla.

Cuando mi compañero de viaje y yo llegamos a España, él llevaba un pasaporte morado de la Comunidad Económica Europea y yo uno azul, modesto, del Mercosur. Ya se sabe que todo lo que está al Sur es frío, está lejos y da pereza, y más que seguro, es pobre. Fuimos a una agencia de cambio con dólares y pesos (Argentina se caracteriza por ser uno de los pocos países del mundo con doble moneda única) y cuando intentamos, muy pardillamente, cambiar los pesos por pesetas, el tío nos miró con desdén y nos dijo, como un policía que rechaza un pasaporte: “Eso aquí, no cotiza”. Y ahí nos dimos cuenta, fuera con pasaporte europeo, fuera con pasaporte del Mercosur... que habíamos llegado a un mundo extraño. Un mundo cotizable, de moneda única. O sea, al Mercado. Nos llevó veinticuatro horas averiguar que, para muchos, ser pobre en el primer mundo puede ser ilegal.

Todo es mentira en este mundo

Todo es mentira, la verdad
Todo es mentira yo te digo
Todo es mentira ¿por qué será?

Y era todo tan raro...

Llegamos buscando gente que no creyera en las rayas de los mapas y que no estuviera harta de escuchar malas noticias en la tele. Llegamos con la esperanza del reconocimiento, con sueños de prosperidad, y con la adrenalina que dan los aviones y la percepción alterada por la distancia. Yo pensaba que siempre habría un lugar para mí en cualquier parte del planeta que no fuera la Argentina. Con el tiempo y después de haber vivido en Europa alguna años, llegué a pensar que siempre habría un lugar en cualquier parte del universo que no fuera este planeta. Porque, a la largo o a la corta, cáes en la cuenta de que en este gran espectáculo que es el mundo, el día a día es igual en cualquier latitud, y que el mundo sólo adquiere legitimidad cuando eres capaz de comprender la intersección.

Pero no la del Mercado, sino la otra.

Lefebvre dijo: “la vida cotidiana es un sector de retroceso en el mundo moderno, o sea, un tercer mundo afectivo en el corazón del primero”. Incluso aquí, hay quien sabe que hemos llegado a un punto en que estar conciente puede ser una putada, un riesgo absoluto de marginalidad y castración de las oportunidades. O la mismísima salvación.

Buscando un ideal.

Sobre la antropomúsica



He oído por ahí -me he enterado- que desde hace uños años hay una especie de campaña de desprestigio contra nuestro querido ex componente de Mano Negra autor del dinamitante Ciudad Babylón, Manu Chao, al que tuve la oportunidad de ver dos veces en Madrid cuando ya empezaba a ser considerado todo un gurú de la world music made in Spain. No me voy a meter en el tema de las multinacionales porque mi campo no es la música, ni la crítica musical, ni las inversiones en bolsa, pero como buena melómana que soy, sí que puedo opinar desde una posición que seguramente no será neutral (ya que nunca lo es) y hacer una reflexión sobre este asunto que desde hace unos quince años viene ocupando páginas y más páginas de prensa musical, y que es (oh) la honestidad del artista. Je.
Hay gente que escribe largos discursos al respecto, y hay otros que le dedican incluso ensayos, y hasta tienen la bizarría de mezclar el nombre de Kurt Cobain con el de Walter Benjamin, o el de Johnny Rotten con el de Adorno, hallando fascinantes vasos comunicantes entre el dadaismo y los Sex Pistols, que es lo mismo que hallar un pasadizo secreto entre Broadway y el reino de Shamballa. Los dos tíos en cuestión a los que me estoy refiriendo (los bizarros) son Greil Marcus (Rastros de Carmín, muy recomendable) y Luis Ángel Abad (Rock-contra-cultura, también recomendable si ya se ha leído a Benjamin). Los dos hacen referencia, de distinta manera, al asunto de la honestidad en cuestiones musicales.
Volviendo al amigo Manu Chao, diré que cada vez que escucho Clandestino, grito con él a voz en cuello aunque sean las tres de la mañana y me siento identificada al cien por cien con tinto de Rioja y sin marihuana, ya que por estas geografías la hierba suele ser débil y, digan lo que digan, poco recomendable. No es que sea fan -de Manu-, pero algunas cosas de él me gustan, otras las pongo en duda, y he de decir que estoy dispuesta a soltar algún discurso a su favor. Básicamente, porque se le ha llegado a tachar incluso de artista de diseño, cuando creo que todo artista con talento, a la larga o a la corta, y por obra y gracia del favor del público, acaba convirtiéndose en una especie de mutante en plan Dr.Jekill&Mr.Hyde del que no puede escapar ni él. Y lo entiendo.
Hace algunos años participé en una colectiva de pintura organizada en Sintra, Portugal, un sitio muy mono al que acudió incluso la prensa y el mismísimo embajador de España en Portugal. Estaba yo en la sala cuando se me acercó un periodista, y me hizo la típica pregunta que todo artista pide a los santos del cielo, aunque sea ateo, que no le hagan jamás: “¿Podría contarnos un poco qué significa su pintura?”. Y yo, que no tenía ni idea, no supe qué decir. Era como si me hubieran cortado las amígdalas. Si hubiera ganado el primer premio, sospecho que hubiera sido como si me cortaran la lengua. Por suerte no lo gané, y aquí estoy ahora, recordando a Robert Luis Stevenson en nombre de Manu Chao.
Como ya sabeis, Mano Negra nació de la nada y se crió en la prosperidad, era del barro, pero adolecía de exuberancia, y acabó fichando con la Virgin, oh prostitución. Mientras el tío se quejaba en sus canciones de no tener calefacción, se compraba un piso a todo trapo en Barcelona y creaba una productora. ¿Qué clase de gurú era ése?
Lo que tiene de bueno la influencia de la globalización también en los medios informativos es que, así como hay quien puede opinar, también hay quien puede disentir, y como estamos todos suprainformados, es tan posible bajarse una receta para fabricar una bomba y comprar una rula, como descubrir la existencia de Amadou&Mariam, una pareja de africanos que hacen buena música y que, oh casualidad, fueron producidos en España por Manu Chao. En el 2005, su disco (en el cual participa Chao) fue elegido número uno por la Lista Europea de los Rítmos Étnicos, y tomando en cuenta que, siendo del continente negro, viven en Francia desde hace bastante y hacen giras por los Estados Unidos, ya debe haber quien les esté acusando de que se vendieron.
Lo cierto es que la astucia del sistema es infranqueable, y dada su complejidad resulta difícil definir una ética del arte en estos tiempos. Y como el arte es cuestión de instinto (para poner un ejemplo pictórico, diré que Guayasamín mezclaba polvos de ladrillo con la leche materna que producía su propia madre para alimentar a su hermano, tal era su necesidad de crear y su escasez de recursos), pues para volver a los tiempos del arte por el arte quizá habría que irse al Tercer Mundo y quedarse un tiempo allí (hombre, no digo que haya que mudarse definitivamente y llevarse a los niños, pero es una aventura experimental que recomiendo). Porque en el Tercer Mundo no hay mercado. La gente fabrica esculturas con las ramas de los árboles, y no las llama esculturas sino objetos. Son parte de la naturaleza, como los pájaros, un plato de arroz o un castillo de arena. Esto es algo que sabe muy bien Manu, ya que me huelo que malegría no es cosa suya sino un juego de palabras que ha tenido que cogerle a alguien que la ha vivido en carne propia. Así que por lo tanto, Manu Chao no es un gurú de la anti-globalización, sino un investigador. El trabajo que hace Manu, como el de tantos artistas occidentales que defienden la integración y acaban comprándose no un piso, sino una planta entera en el centro de cualquier ciudad, es un trabajo antropológico. Vamos, que Manu vendría a ser algo así como un antropomúsico.
¿No habeis notado que todo se convierte en espectáculo? Todo, absolutamente. Salvo en el Tercer Mundo, donde la pobreza es real, en los países de Occidente incluso la pobreza se convierte en espectáculo. Como en el Tercer Mundo la riqueza del primero es un espectáculo con el que todo el mundo sueña.
Celebro que Manu Chao lo proclame en su música a los cuatro vientos, y espero que siga así. Todo lo demás, creo es puro revisionismo.

Tom Waits


Me gusta trabajar sobre la textura de una canción. La dejo de lado y después vuelvo a ella. A veces la diseco, me quedo nada más que con las alas, y se las pego a otra canción (T. W).

La primera vez que escuché a Tom Waits me imaginé a un tipo huyendo de una habitación bajo una salva de zapatos de tacón de aguja. Seguramente la dueña de los zapatos era una preciosa chica que había conocido esa misma noche, una que sabía que después de ese encuentro él iba perderse para siempre, y a propósito, tras haberla invitado a tomar una copa en el bar más barato de la ciudad, revolviendo todos sus bolsillos para, finalmente, hallar un casi deshecho papel donde habría garabateado los cuatro primeros versos de una canción inspirada en Mary, pero escrito en realidad para Susan, y todo entre cigarros, temblar de pulso, fervor de lengua y, desde ya, un Jack Daniels a modo de renunciamiento.

Esa voz áspera (quizá la más áspera que haya puesto el diablo en la Tierra), evidencia de un presente impremeditado, de los días y las noches vividos sin pereza, de madrugones con café y aspirinas junto a un piano demasiado pequeño para una idea tan fabulosa, de una ausencia casi permanente -y también de un retorno impreciso, aunque seguro, a ese refugio que es una canción-, me conquistó para siempre. Y como me pasa cada vez que escucho algo bueno, me monté la película de que quizá pudiera conocer su receta infalible, que consiste en: desollar las dos mitades de un limón, echarse un trago de tequila (y volver a repetir, hasta que su mente haya cogido la temperatura lisérgica suficiente como para entender que la felicidad absoluta no existe, y que si existe, sólo puede matar la inspiración), y mientras el alba rompe los bordes de la oscuridad, dejar su impronta de fuego blanco encima del piano y permitir que Tom Waits te ronronee alguna cosa.

No le quepa duda de que si usted es un amante de la mística de los agujeros y cuando va por la calle se para a observar caras de vagos y soñadores, buhoneros, floristas, muchachas de mirada desaprensiva parapetadas en el hueco de una axila, bultos humanos tumbados panza arriba, sonidos, rumores y silencios, es posible que quiera volver a escucharlo. No se lo pierda.
El piano ha estado bebiendo (the piano has been drinking)
El piano ha estado bebiendo /Mi corbata está dormida /Y la banda se ha ido a Nueva York /La gramola tiene que ir a mear /Y la alfombra necesita un corte de pelo /Y el foco/parece la fuga de una prisión /Porque el teléfono no tiene cigarrillos /Y la terraza se ha ido a ligar /Y el piano ha estado bebiendo /El piano ha estado bebiendo /Y todos los menús están helados /Y el iluminador está ciego de un ojo /Y no puede ver con el otro /Y el afinador de pianos lleva un audífono /Y se presentó con su madre /Y el piano ha estado bebiendo /El piano ha estado bebiendo /Y el matón sabe lucha japonesa /Pero es un enclenque cobarde /Y el dueño es un corto mental /Con el coeficiente de inteligencia del poste de una valla /Porque el piano ha estado bebiendo /El piano ha estado bebiendo /Y no puedes encontrar a tu camarera /Con un detector de radiactividad /Y ella te odia a ti y a tus amigos /Y no puedes conseguir tu trago sin ella /Y la taquilla está babeando /Y los taburetes están ardiendo /Y los periódicos están haciendo el tonto /Y los ceniceros están jubilados /Porque el piano ha estado bebiendo /El piano ha estado bebiendo /El piano ha estado bebiendo /No yo, no yo, no yo, no yo, no yo.Disco recomendado: ORPHANS (2006). Rock and roll, blues, balada, tango, vals, polka, y lo que querais.

El harakiri vertiginoso de Kurt Cobain

Me encanta la música. Me crié en una familia donde era moneda corriente: mi padre era director de coros y mi madre soprano lírica, así que crecí entre tenores italianos, viejos vinilos, tertulias crepusculares y acordeones. Como diría Fito Páez, para mí la música es “parte del aire”. Siempre que entres en mi casa estará sonando algún disco: desde Luciano Pavarotti a Wendy O. Williams, todo depende de mi estado de ánimo.
Hace poco leí que Aristóteles sostenía que la utilización de matracas sirve como puerta de escape de energía para los niños con carácter destructivo. Parece que el punk es algo más antiguo de lo que pensábamos. Ya sabía yo que no era sólo una forma musical sino un estado del ser. Habría que ver con que se animaba Nietzche durante su famoso despertar místico. ¿Habrá sido un melómano, como yo, que busco música hasta debajo de las baldosas?¿O preferiría, quizá, el silencio?
Me pregunto qué pensaría de todo esto Kurt Cobain.
Cuando estaba en Argentina, Nirvana no era santo de mi devoción. Para mí era sólo ruido de fondo. Un muro de sonido incomprensible y monótono, de a ratos destemplado, salvaje -mal hecho- como de niño, y no había quien me convenciera de que fuera bueno.
Me acuerdo perfectamente del día en que la prensa convirtió su muerte en una performance de proporciones planetarias. Yo estudiaba Bellas Artes y me pareció que en la escuela mucha gente andaba de luto. Muchos años después, estando ya en Madrid, viajaba yo en un autobus y escuché por la radio un tío cantando una canción de David Bowie, pero lo que me llamó la atención no fue la canción sino la voz. Era como escuchar a Bob Dylan cien años después de su primer concierto y cantando como si fuera su última vez. Jamás había escuchado una voz tan llena de rabia y a la vez tan herida. El tipo empuñaba su voz como si fuera un arma arrojadiza. Era Kurt Cobain. ¿Por qué nunca le había prestado atención?
its better to burn out than to fade away (mejor quemarse que apagarse lentamente). He aquí la frase que dio la vuelta al mundo en ochenta días. 60 pibes se mataron detrás de él en las siguientes semanas.
Vicky, una amiga americana (que hace tiempo me pasó el primer disco de Nirvana, aquel que lleva el nombre de una comida para gatos) me dijo que la famosa frase pertenecía a una vieja canción de Neil Young (Hey hey, my my, el rock and roll vivirá para siempre, mejor quemarse que apagarse lentamente), pero al leer la carta comprendes que Cobain hizo una apropiación, sacando ese verso de su contexto y adaptándolo al suyo tan brillantemente, que tiene más sentido en su nota que en la canción de Neil Young. Sólo hay dos formas de morir por mano propia, y él eligió la vía rápida. El harakiri vertiginoso.
Hace tiempo estaba yo en Barcelona y un amigo me soltó una confesión de ésas que tienen que ver con la infancia y hacen que te eches a temblar: “Acabé entendiendo que cuando las caricias escasean es mejor aullar para que te oigan, y por lo menos así te darán un bofetón. Eso, mejor que nada.” Mientras lo decía, sonaba Pennyroyal Tea como telón de fondo, y no era que el tío quisiera hacerse el lastimero. Simplemente le apetecía contármelo. “Es el otro lado de la vida”, me dijo, “lo que no se cuenta a nadie, lo que no se habla en la mesa, lo que no le cuentas a tus amigos cuando vas de cañas, lo que no se publica en los libros, ni se comenta en la tele”.
Seaned O’Connor hizo una etérea versión de All apologies donde despoja a la canción de su indumentaria rockera y la deja al desnudo, tal como es: una melodía sencilla, hipnótica, casi como una ronda infantil. O una nana, que es lo que muy en el fondo es. Siempre he pensado que Nirvana no era más que eso: una banda que tocaba canciones sencillas. Rondas infantiles escritas con la rabia de un niño roto.
Dicen los expertos (¿habrá alguno?) que Nevermind no es el mejor disco de Nirvana. Comparto. Yo prefiero From the muddy banks of the Wishkah porque fue el primero que escuché y además es una recopilación de sus mejores directos. Y en los directos sale como sale, no puedes volver a repetir. Son emociones en estado puro. Sin embargo el Nevermind resulta ser el más significativo, ya que contiene -y esto no es mío sino de Ricardo Mollo, muy interesante lo suyo- el hit que pudo haber matado a su propio autor. Una canción con patas y asesina. Como los oscuros personajes de Ernesto Sábato, que ya en el alumbramiento se le van de las manos y le dejan esa cara de triste.Era obvio que en Argentina no me llamara la atención: cuando estaba allí yo no sabía lo que era la indiferencia social -que a la larga termina convirtiéndose en alienación personal y colectiva- en cambio aquí, esa sóla palabra, nevermind (noimporta), era justo el catalizador que yo estaba necesitando para darle la forma musical exacta a mi enorme, ominosa, potente, morrocotuda desilusión. Como Nirvana, me deslizaba ostensiblemente hacia el desastre.
Tuvo que pasar mucha agua bajo el puente, supongo, para que un chaval de veintipocos, gringo además e hiperaburrido de la herencia facista de un Ronald Reagan (promotor, entre otras cosas, de dictaduras latinoamericanas) llegara a la muy sabia conclusión de que no podría inventarse nada nuevo en un mundo que nos pensó el futuro antes de que pudiéramos imaginarlo. Y yo sólo lo comprendí cuando llegué aquí.

 Y feel stupid, and contagious…

 En mi opinión, nunca hubo en el rock un grito que denunciara la legitimización de la estupidez humana tan bien como el suyo.

El aduanero Rousseau: Yadwiga



“La gitana dormida” es mi pintura favorita, obra de Henry Rousseau. Yadwiga es el nombre de la gitana que le inspiró para crear esta inquietante pintura, en la que una gitana con aspecto de muñeca de lana, duerme ante la mirada atenta de un león manso.

Al verla uno se pregunta con qué soñará Yadwiga, o si acaso, en su infinita inocencia, no temerá despertar entre las fauces del león. Quién sabe. Quizá ella no sepa que él se ha enamorado.


Patti Smith / Babel


Para empezar, diré que la edición española de Babel, fue traducida por Antonio Escohotado, lo que ya os dará una idea del tipo de literatura con la que os vais a topar. Habrá quien la pase de largo (por eso he pensado en incluir un estracto al final, así nadie se lleva una sorpresa) y habrá quien se quede enganchado a su poesía como un abrojo. En cualquier caso, a Patty Smith la amas o la odias. Mi madre, por ejemplo, la odia. Será por celos, porque yo a Patty Smith la amo de a ratos, y cuando no la amo, la recuerdo como una referencia ejemplar, y no de lo que debe hacerse, sino de lo que es.
Heredera de Rimbaud y la generación Beat, devota de García Lorca, Patty Smith nació en New Jersey en 1946 y se introdujo en el underground neoyorquino de fines de los ’60 con el desparapajo de una advenediza (por entonces todos o casi todos eran advenedizos, y acabaron haciendo historia), para no mucho más tarde convertirse en la mayor musa del punk del rock americano. Su basa parece haberla heredado la inglesa P.J Harvey (a pesar de insistir en que no le gusta que las comparen), sin embargo hoy por hoy la mariscala del rock and roll sigue dando caña aunque ya críe nietos. De hecho la tuvimos por aquí en 2004, y tanto por su temple como por su macarrismo de corte austero (no olvidemos que es capricornio), hemos visto que los años no han pasado en vano para ella, y que la que fuera una sacerdotisa del punk es hoy ya toda una abadesa.
Pero cabe recordar que Patty no es sólo cantante sino también poeta. Poco hay publicado de ella en español, pero a lo que hay vale la pena echarle un vistazo. Y en lo posible, quedárselo. Estamos hablando de una poeta inclasificable, potente, embriagadora, intertextual. Porque Patty escribe con el ímpetu temerario de un legionario, y tanto le da evocar un campo de amapolas como las telarañas engrasadas de un garito de mala muerte. Su espontaneidad oscila entre la escatología más brutal, y la inocencia de un niño de cinco años soltando un pedo en la ópera. A Patty hay que leerla colgada del techo boca abajo, ya que no es alguien que puedas leer en una situación de normalidad, sino con un espíritu libre de prejuicios, y en lo posible vacía de viejas referencias. Lo que importa en su literatura no es el significado, sino la palabra como objeto, con lo cual podría decirse que su poesía no está hecha para el entendimiento sino para el sentir.
A continuación, unos extractos:

sohl

un enjambre de glorias irrumpió desde su cráneo.
colmado de un horror sagrado abrió su cajón y
retiró un pequeño cristal perfectamente trabajados.
inspeccionar su cabeza pretendía pero en cambio
se demoró varios minutos sobre la elegante
artesanía del espejo. el marfil era de
un rico grano, venas, y en el centro
una grieta. se arrodilló y cruzó los ojos para lograr
una visión mejor. en la grieta había un jardín.
y tan verde era que sus carcajadas le derribaron
y rodó y rodó sobre las láminas frescas.
la sangre fluyó y cubrió los insólitos campos.
acostumbradas a adorar, las pálidas glorias
levantaron sus cabezas y se dejaron lavar
por el lujo del rubí.
tras varios días de lluvia y desaparecidas todas las huellas del hombre
los niños fueron puestos en libertad para vagar y disfrutar en
los largos campos de amapolas.

------------------------------------------
babelogo

no he follado con el pasado pero he follado mucho con el futuro. sobre la seda de la piel hay cicatrices de las ampollas de los escenarios y muros que he acariciado. como el tronco de helena, cada descarga de madera fue mi placer. mediría el éxito de una noche por la cantidad de orina y semilla que pude sudar sobre las columnas que servían de nido al amplificador central. algunas noches se me ocurría sorprender a todos enfundándome una camisa de punto erde cosida a círculos metálicos planos que se movían y lanzaban destellos. Las luces eran violetas y blancas. durante un rato llevé un velo decorativo. pero me era imposible soportarlo. cuando llevaba el pelo corto ansiaba algo para cubrirlo. pero ahora mi pelo es un sí mismo un velo y la cabellera de una comanche loca y soñolienta yace bajo el entramado de la piel.
me despierto. estoy tumbada apaciblemente y mis rodillas están abiertas al sol. le deseo y él está absolutamente dispuesto a servirme. en casa soy mahometana. de corazón soy una artista americana y no tengo la culpa. persigo el placer.persigo los nervios bajo vuestra piel. el estrecho pórtico. las capas. el rollo de vieja lechuga. adoramos el defecto. el lunar sobre el vientre de una ramera exquisita. una que no ha vendido su alma a dios.
-------------------------------------------------------------------------------
campo de babel

algunos de nosotros servimos como cruzados y algunos como moscas aplastadas contra una valla. vivimos una existencia espartana.

Babel (Patty Smith, 1978). Ed. Anagrama.

La rosa azul



Leyenda china

Un poderoso emperador, sabio y bondadoso, estaba preocupado porque su única hija, tan bella como inteligente, permanecía soltera y no demostraba mayor interés en casarse. El emperador quiso encontrar un pretendiente digno de ella, para lo cual hizo proclamar su deseo de casara a la princesa. Los aspirantes a la mano de la joven fueron muchos, pero la inteligente muchacho encontró la manera de burlar la disposición que había puesto su padre. Dijo que estaba dispuesta a casarse para obedecer al emperador, pero muy sutilmente, pidió una sola condición para aceptar marido: quien hubiera de casarse con ella, debería traerle una rosa azul. Los pretendientes se desalentaron ante ese pedido. Nadie había visto nunca una rosa azul. ¿En qué jardín del mundo florecía esa maravilla? Y con la seguridad de que hallar la rosa azul era una empresa imposible, la mayoría de ellos renunció a casarse con la bella princesa. Solamente tres persistieron: un rico mercader, un valiente guerrero y un alto jefe de justicia. El mercader no era un soñador, sino un hombre muy sensato. De modo que muy sensatamente se dirigió a la mejor florería de la ciudad, donde, con toda seguridad, debía hallar lo que buscaba. Se equivocó. El florista no había visto amás una rosa azul. Pero el rico mercader ofrecía una fortuna a cambio de esa extraña flor, y el florista prometió ocuparse de buscarla. Por su parte, el pretendiente guerrerp optó por dirigirse hacia el país del rey de los Cinco Ríos. El guerrero partió acompañado de cien soldados y aquella comintiva armada y deslumbrante, causó una profunda impresión en el rey de los Cinco Ríos, que temiendo un ataque, ordenó a uno de sus servidores que corriera a traer la trosa azul para iofrecerla al caballero que la pedía. Volvió el criado trayendo en sus manos un estuche aflepado. Cuando lo abrió, el guerrero quedó deslumbrado. Dentro del estuche había un hemroso zafiro tallado en forma de rosa. El guerrero regresó con la joya a su país, seguro de su triunfo. Pero la princesa movió la cabeza graciosamente al contemplar la joya. El presente del guerrero no era más que eso, una piedra preciosa, no una flor verdadera. Imposible describir la alegría del mercader cuando supo que su oponente había fracasado. El dueño de la florería le hizo saber que ya tenía lo que buscaba, así que corrió a la florería, tomó la flor de pétales azules, y no demoró un segundo en llegar al palacio. Y cuando todos creían que el mercader había alcanzado su premio, la princesa movió su cabeza y dijo: -Esto no es lo que yo quiero. Esta rosa ha sido teñida con un líquido venenoso que causaría la muerte a la primera mariposa que se posara sobre ella. No acepté la joya del guerrero ni acepto la rosa falsa del mercader. Yo quiero una rosa azul. El alto jefe de justicia, que había asistido al fracaso de sus dos rivales, vio que el campo quedaba libre para él. Visitó en su taller a un exquisito artista y le pdió que hiciera un vaso de porcelana fina, donde debía pintar una rosa azul. Ela rtista se esmeró en su obra, y cuando se la presnetó al alto jefe de justicia, no dudó éste ni un momento que el triunfo era suyo. La princesa quedó relamente admirada ante aquel trabajo. Nadie había visto nunca un vaso de porcelana tan bello y transparente, y la rosa azul en él pintada lo convertía en una verdadera obra de arte. Pero aunque admitió el regalo y lo agradeció con gentil gesto, tuvo que confesar que no era una rosa pintada lo que ella quería. Mucho lo lamentaba, pero tampoco el alto jefe de justicia había encontrado lo que ella pedía. Ella quería una rosa azul. La ingeniosa princesa se había salido con la suya sin que su padre pudiera hacerle el menor reproche. Y desde entonces ya nadie volvió a hablar del casamiento de la princesa, ni se presentó ningún otro pretendiente, para regocijo de la oven. Pero poco después ocurrió algo que debía hacerle lamentar su ingeniosa treta. Comenzó a hablarse en palacio de un joven trovador que recorría el país entonando dulces cantos. Y una noche en que la princesa se paseaba con una de las doncellas por los jardines de palacio, llegó a sus oídos una dulce melodía. No dudó que se trataba del trovador del que tanto le habían hablado y rogó a la doncella que lo llamara. El trovador saltó el muro, aquella noche cantó para ella sus más dulces melodías. La princesa y el trovador se enamoraron, y el joven volvió otras noches a cantar bajo sus ventanas. Cada vez era más grande su amor y el trovador quiso presnetarse ante el soberano para pedir la mano de la princesa. Entonces fue cuando la hermosa joven advirtió que la astucia que había empleado para alejar a sus pretendientes, impediría que pudiera casarse con el trovador. Su padre le exigiría también a él que trajera una rosa azul. Y ella sabía que eso era imposible. Pero su enamorado la trnaquilizó. Su amor todo lo podía. Gran revuelo se produjo en la corte cuando se supo que un nuevo pretendiente se sometía a la prueba de hallar la rosa azul, y que se presentaría con ella. El trovador atravesó por entre la fila de crtesanos y damas, y llegó hasta la princesa. Tendió la mano y le ofreció una hermosa rosa blanca que momentos antes arrancara de su jardín. La princesa sonrió feliz, y con el consiguiente asombro de todos, manifestó que ésa era exactamente la rosa azul que ella quería. Un murmullo de sopresa e indignación corrió por el salón, y hasta el mismo emperador pensó que su hija se había vuelto loca. Pero la vio tan dichosa que lo comprendió todo, cortó de inmediato las hablillas diciendo que si la princesa era quien había exigido tal condición, y que si ella, tan inteligente como todos los sabios de la corte, decía que la rosa que le presentaban era azul, nadie podía dudarlo. 
Así triunfó el amor de la princesa china. 

Photo/post: Roberto Liang (óleo)