7/2/08
Umbral de la lucidez
Por si las moscas
¿Habeis notado lo increíblemente listas que son las moscas? Cuanto más grandes, más listas son. De hecho, con las moscas suele suceder todo lo que contrario a lo que pasa con los humanos, donde la inteligencia suele ser inversamente proporcional al tamaño. Y luego hay un asunto preocupante: ¿habeis visto que las tías ya no mueren con Raid? Resisten. Así como nosotros hemos descubierto vacunas para combatir, por ejemplo, el virus de la gripe, yo creo que las moscas han descubierto alguna fórmula para resistir el Raid, ya que al primer rociamiento buscan la salida inmediata o sobreviven, que puedo probarlo. Sin embargo lo más previsible es que salgan por donde entraron, y que lo hagan de forma súbita, dejándote con la mala leche del zumbido y la suspicacia de que quizá estén escondidas entre los cables del ordenata y esperen a que te vayas a dormir para recomenzar su ronda nocturna alrededor de tu cabeza, y en la oscuridad. Como los mosquitos.
Yo recuerdo que hace un tiempo se hablaba mucho de este asunto de las moscas. Se decía que con los años resistirían con éxito cualquier intento de exterminio. Ahora que lo pienso, si seguimos así es posible que el presagio de H.G Wells vaya a cumplirse y nuestra especie acabe languideciendo por obra y gracia de seres muy pequeños, siendo suplantada por las moscas, que a juzgar por su cada vez más asombrosa resistencia a la tetrametrina van por buen camino en su lucha por la superviviencia, y tanto, que nuestra especie debería tomarse el asunto algo más en serio y adoptar un comportamiento contemplativo ante el vuelo de la mosca. Porque si hay algo que ellas quieren, es que se las tome en cuenta. Tanto han insistido las pobres, que lo están consiguiendo, y la prueba de ello es que yo ahora mismo esté escribiendo un post sobre moscas y no sobre conejos, por ejemplo, y que me esté preguntando si acaso la mosca, nuestra incisiva e intrascendente compañera de ruta que tanto nos hemos empeñado en ahuyentar desde que el mundo es mundo y andamos sobre él en dos pies (o en dos patas, eso depende), no sea en realidad un insecto díptero y un depredador relativamente inofensivo a los ojos del hombre y resistente al Raid, sino un espía de la quinta, y quién sabe si sexta, dimensión de los seres inferiores (si lo son).
No es ciencia ficción. Es una posibilidad. ¿O acaso nunca os habeis preguntado qué pasará por la mente de esa mosca que mientras tú intentas acabar tu almuerzo insiste en acaparar tu plato? Porque la mosca, como el humano, tiene cerebro. Dispone de un cerebro pequeñito con una reducida cantidad de neuronas, pero comparte con nosotros el mismo patrón genético (por antigüedad ellas nos ganan), y sus neuronas se comportan de manera tan similar a las nuestras que el solo pensarlo resulta escalofriante. Visto de otra manera (o sea, desde el punto de vista de la mosca, que siempre es multifacético) cambiar los papeles podría resultar interesante, fructífero, e incluso pedagógico. Si se piensa en que la mosca es el cuarto depredador más peligroso de la Tierra, después del hombre (que es el segundo), los virus y no me acuerdo el otro, podríamos intentar ser algo más empáticos con la triste y cansina mosca de todos los días y preguntarnos, alguna vez, qué pensará. Qué sentirá la mosca. Cuál será su rutina, además de buscarse la vida en platos ajenos. Si tendrá alguna afición, vivienda propia o de alquiler, qué dirá a otras moscas, y si tendrá conciencia de su propia finitud. ¿Será su costumbre de husmear en hechos y deshechos algo más que un pasatiempo, o acaso sea la coartada perfecta para ocultar sus verdaderas actividades en alguna insólita organización o cofradía secreta dedicada a espiarnos? Uhmmm... ¿No habeis observado que siempre que haya un enjambre de moscas sobre un queso habrá una que se quede quietecita, como moribunda, restregándose las alas posada en la pared? Ésa debería ser la mosca a tener en cuenta. La sospechosa, la incierta. La única con el nervio lo suficientemente templado como para, habiendo esperado hasta el último instante, parece que se esfumara bajo la palmeta.
Visto lo visto, quizá convenga que reconsidere mi comportamiento y sea más paciente con las moscas, aún cuando zumben. A partir de ahora, cuando las vea rondar sobre mí les haré un sitio en el plato, les pondré un incienso para que se sientan a gusto, y cuando me haya ganado su confianza, intentaré incluso rascarles la espalda. No conoces a tus enemigos hasta que se posan en el plato, y si ves que no puedes contra ellos, pues únete, relájate y goza. Además, si mi jefe pudo con las suyas, ¿por qué yo no iba a poder?
Adriana Varela, tanguista: al rescate de la pulsión gregaria

Esto es algo que encontré por ahí y que me gustó: “El tango está pasando por el mismo fenómeno por el que pasó hace añares el jazz. El mundo se apropió del tango, hoy es universal, ya no nos pertenece. Y el fenómeno se dio con más polenta todavía que el del jazz. Además, el tango responde a esta necesidad imperiosa de estar con otro, esto que es tan complejo hoy en día, estar acompañado. El sistema nos vendió espejitos de colores y nos dejó solos con una computadora, por decirlo primariamente. Y el tango es esa tijera que separa el mundo individualista o hedonista del mundo acompañado, el de un chabón cazando a una mina de la cintura, o a un tipo, no importa. Hay algo fuerte que se produce en el rito de la danza. El tango es pulsional, no pasa por lo intelectual, tiene que ver con el eros. Los grandes filósofos hablan del tango como fenómeno erótico. Eso es lo que ven los extranjeros y nosotros no, porque lo tenemos tan cerca.”Lo dijo Adriana Varela. Gran valor.Esto es algo que encontré por ahí y que me gustó:
“El tango está pasando por el mismo fenómeno por el que pasó hace añares el jazz. El mundo se apropió del tango, hoy es universal, ya no nos pertenece. Y el fenómeno se dio con más polenta todavía que el del jazz. Además, el tango responde a esta necesidad imperiosa de estar con otro, esto que es tan complejo hoy en día, estar acompañado. El sistema nos vendió espejitos de colores y nos dejó solos con una computadora, por decirlo primariamente. Y el tango es esa tijera que separa el mundo individualista o hedonista del mundo acompañado, el de un chabón cazando a una mina de la cintura, o a un tipo, no importa. Hay algo fuerte que se produce en el rito de la danza. El tango es pulsional, no pasa por lo intelectual, tiene que ver con el eros. Los grandes filósofos hablan del tango como fenómeno erótico. Eso es lo que ven los extranjeros y nosotros no, porque lo tenemos tan cerca.”Lo dijo Adriana Varela. Gran valor.asando por el mismo fenómeno por el que pasó hace añares el jazz. El mundo se apropió del tango, hoy es universal, ya no nos pertenece. Y el fenómeno se dio con más polenta todavía que el del jazz. Además, el tango responde a esta necesidad imperiosa de estar con otro, esto que es tan complejo hoy en día, estar acompañado. El sistema nos vendió espejitos de colores y nos dejó solos con una computadora, por decirlo primariamente. Y el tango es esa tijera que separa el mundo individualista o hedonista del mundo acompañado, el de un chabón cazando a una mina de la cintura, o a un tipo, no importa. Hay algo fuerte que se produce en el rito de la danza. El tango es pulsional, no pasa por lo intelectual, tiene que ver con el eros. Los grandes filósofos hablan del tango como fenómeno erótico. Eso es lo que ven los extranjeros y nosotros no, porque lo tenemos tan cerca.”
Lo dijo Adriana Varela. Gran valor.
Poliandria: mujeres con + de un marido
Muchas mujeres de una región remota de la India protagonizan una ancestral costumbre en vías de extinción: la poliandria. Los hermanos varones aceptan compartir esposa para no dividir la tierra familiar
Los habitantes indios de Kuwanoo y de otras aldeas remotas de la zona sobreviven gracias a una agricultura de subsistencia.Miembros en su mayoría de las castas altas brahmin y rajput, y de la casta inferior kolta, forman parte de Jaunsar Bawar, región tribal situada en el extremo noroccidental del Estado indio de Uttar Pradesh. Aquí, en una sola ceremonia una mujer puede contraer matrimonio con todos los hijos de una familia.En esta región del Himalaya los hermanos comparten esposa para mantener unidas las tierras familiares.
La vida es excesivamente patriarcal y durante generaciones las familias que practican la poliandria han convivido en armonía junto con las monógamas. En ambos tipos de matrimonio a la mujer le toca la parte del león en las labores agrícolas, la crianza de los hijos, el cuidado de la casa, y además debe asegurar la satisfacción sexual de sus maridos. Pero incluso mujeres, como Drashni Sharma, de 32 años, que vive feliz con varios compañeros, reconocen que las cosas están cambiando muy rápidamente.
Drashni sonríe, cansada. Su piel cobriza se extiende sobre sus pómulos salientes y ya comienza a arrugarse alrededor de sus ojos claros. «Somos la última generación. Sabemos que este sistema ya no es común en la sociedad».
Ella y sus maridos, Narayan Singh Sharma, de 48 años, y el hermano de éste, Surat Singh Sharma, de 35, viven en una de las altas casas de madera y paredes encaladas que fueron construidas hace cientos de años. Desde lejos parecen chalés alpinos. Aquí el paisaje recuerda los dibujos de los niños, formados por bloques de colores intensos. Las montañas están cubiertas de una deslumbrante vegetación verde, el cielo es de un azul profundo, e incluso las gallinas y las cabras tienen plumas y manchas de colores primarios.
Subimos a la vivienda por una escalera de madera encerada hasta la terraza central, que es también zona de estar. La escalera es muy empinada. Los peldaños, fabricados con troncos partidos por la mitad, parecen diseñados para pies finos y pequeños. Todos, desde los niños de dos años hasta los ancianos de 80, se deslizan con paso de felino. Nosotros, calzados con botas voluminosas, ascendemos con dificultad. La terraza está abierta en dos flancos en esta región no se utiliza el vidrio , y a la derecha y la izquierda hay habitaciones, todas vacías e iluminadas apenas por algunas ranuras en el techo. No hay electricidad ni teléfono, y el único confort moderno es la fuente en el centro de la aldea que trae agua de un arroyo de las montañas.
Los hermanos que practican la poliandria deben casarse con una mujer de otra aldea para evitar el peligro de la endogamia. El padre de Narayan y de Surat visitó a Drashni, que vivía en una aldea a 20 kilómetros, para pedirle que se casara con sus dos hijos. Drashni, que en aquel entonces tenía 14 años, conoció a los hermanos, le resultaron de su agrado y contrajo matrimonio con ambos poco después.
Los siete hijos producto de la relación triangular, seis niñas y un niño, con edades comprendidas entre uno y 13 años, están en el interior de la casa. Narayan mece a Rinki, de un año, en su regazo. Los niños no tienen ni idea de quién es su padre biológico, y aun en el caso de que pudieran hacerse una prueba de ADN no estarían interesados.
Aunque ninguno de los tres miembros de este matrimonio proviene de una familia poliándrica, los hermanos Sharma decidieron compartir esposa principalmente para conservar los lazos fraternales. Mantener unida la tierra era un factor secundario. «Creemos que el amor fraternal se pierde cuando dos mujeres separan a los hermanos. El amor entre los hermanos es más importante que el amor entre un hombre y una mujer; es más importante que todo», sostiene Narayan.
Drashni asegura que ama a ambos hombres por igual y que está contenta de poder mantener la unidad familiar. «Es bueno para mí, y es bueno para los niños tener a Narayan y a Surat de padres.Cuando Narayan está fuera Surat me hace compañía y los niños tienen otro padre que puede cuidarlos. Somos una familia como otra cualquiera, con la excepción de que hay tres padres en lugar de dos».
Algunos aspectos de la vida en esta región les podrían parecer maravillosos a los occidentales hastiados de su cultura. Nuestro guía, Kunal Rai, nieto del jefe de aldea Ratan Singh Chauhan, nos dice: «El aire de aquí es 100% oxígeno, no hay coches, ni productos químicos ni residuos de plástico que asfixien la tierra.El estiércol es el principal fertilizante. Aquí todo crece en la tierra y de una u otra forma regresa a la tierra».
Pero la vida diaria en la aldea es dura y monótona. Drashni anhela sacar a su familia de las montañas. «Tenemos que trabajar desde al alba hasta el atardecer sólo para tener suficiente comida.Si alguien sufre una herida hay que andar un largo camino hasta el hospital más cercano. Sueño con que algún día vivamos en una casa grande lejos de aquí, con mucho dinero y tierras. Nuestros hijos asisten a la escuela de la aldea, y puede que no tengan que pasar tantas penalidades».
LA FAMILIA UNIDA
A pesar de que la vida en la aldea es agotadora, muchas de las mujeres que mantienen relaciones poliándricas como Drashni, no se quejan, pues están seguras de que su vida sexual mantiene a la familia unida. El hermano mayor, el que tiene en este aspecto más privilegios, es también responsable de que los que le siguen en edad reciban su ración de satisfacción sexual.
Según el profesor Vijay Sishaudhia, que lleva casi 30 años estudiando la poliandria en el Himalaya, la alternancia de compañeros sexuales parece estar bien organizada, al menos en los matrimonios de las castas más altas. «Es costumbre dejar los zapatos a la entrada de la casa. Si el hermano joven ve los zapatos del mayor junto a la puerta sabe que no debe entrar, porque seguramente estará acostado con su esposa. En este caso se va a dormir a otra casa de la aldea». Una de las desventajas de compartir esposa es la alta incidencia de enfermedades de transmisión sexual, explica el profesor Sishaudhia.«A la gente le cuesta reconocerlo, pero se están registrando muchos casos de sífilis y gonorrea en los centros sanitarios de la región. Los hospitales deben mantener grandes existencias de penicilina para tratar estas enfermedades».
Laxmi Singh, de 40 años, no parece padecer dolencia alguna. Es quizá una de las más entusiastas defensoras de la poliandria.Cuando se ríe a carcajadas, con un cigarrillo en la mano, su enorme constitución se estremece. «Tengo tres maridos (Surat Singh Sharma, Bhaaddur Sing Sharma y Paatira Singh Sharma), y me parece estupendo», dice con su risa estruendosa, guiñando un ojo con picardía. «Los quiero a todos por igual y no tengo preferencias por ninguno, pero es una antigua costumbre. Ya se está perdiendo».
Laxmi y sus esposos tienen siete hijos, de entre ocho y 25 años. Cinco de ellos están ya casados, y todos se han decidido por el matrimonio monógamo. «Ya nadie quiere compartir maridos y esposas. No podemos obligar a nuestros hijos a adoptar nuestro estilo de vida, pero la monogamia está causando muchos problemas antes inexistentes. Los hermanos se tienen envidia y por primera vez hay conflictos que dividen a las familias. Me encanta la vida aquí porque hay menos egoísmo del que se ve en los pueblos y las ciudades. Trabajo mucho más que mis esposos, en la casa y en los campos, pero creo que así debe ser. El final de la poliandria supone que la vida se parece cada vez más a la de las ciudades.En otra época todos obedecían al hermano mayor. Ahora...».
El gozo de vivir que expresa Laxmi está ausente en Taro, de 36 años, casada con los hermanos Musha y Dalau, de 45 y 37 años. Aparenta 20 años más de los que tiene, y las arrugas alrededor de los ojos y la boca hablan de muchas penalidades. Los tres pertenecen a la casta baja kolto y viven a las afueras de la aldea. Tienen cuatro hijos, con edades de entre nueve y 18 años, y todos viven en una choza de una habitación atiborrada de camas, utensilios de cocina y ropa deshilachada que cuelga de las paredes. No hay colores. Todo tiene aspecto de sucio.
Musha se apresura a responder todas las preguntas que dirigimos a Taro. «A los hermanos nos resultaba muy costoso casarnos con una mujer cada uno, por tanto decidimos compartir a Taro. Ella está contenta con este arreglo porque comprende las circunstancias», afirma Musha. Taro permanece con la vista baja, de modo que es imposible confirmar si su esposo dice la verdad.
Mientras las familias de las castas altas se aseguran de proteger la intimidad de la esposa y el marido durante la noche, las familias de castas bajas no lo hacen. «La unión entre Dalau y yo es más fuerte que nuestros lazos con Taro», dice Musha con toda tranquilidad.«Nuestra relación es mucho más importante. Todos vivimos y dormimos juntos en la misma habitación. Dalau y yo nos turnamos para dormir con Taro y los niños nos quieren a ambos por igual. Ellos no conocen otra forma de vida».
Ratan Singh Chauhan es fundador y secretario general de la zona tribal Lok Kala Mandar Jaunsar Bawar. Su matrimonio es monógamo.Su casa es la más grande de la aldea y, al igual que todas, carece de muebles, a no ser una serie de esteras extendidas en el suelo que sirven de sofá y cama, y de un impresionante juego de cazos y sartenes de hierro. Está sentado, con las piernas cruzadas, en el suelo con su mujer, que lleva el traje tradicional de la región, túnica de colores vivos, falda larga negra y un pañuelo atado con un complejo nudo en la nuca.
Ratan sonríe con tristeza y de repente asoma su único diente, que asienta en el carnoso labio inferior. «Aquí todo está cambiando, la cultura está desapareciendo. Es una vida dura y la gente de ahora quiere algo diferente. La poliandria está desapareciendo.En cierto sentido es bueno, pero en otro no».
La luz se va pronto en estas tierras. Con el rostro apenas visible en la penumbra, bajo la luz difusa de una lámpara de aceite, Ratan se encoge de hombros y reconoce que las aldeas bajo su control viven cambios irreversibles. «Ahora se abren al mundo y prefieren la monogamia. Conforme la gente va recibiendo más educación en la escuela se niega a quedarse y llevar una vida tradicional. Se trasladan a las ciudades y la tierra se divide cada vez más, pues los hermanos han dejado de compartir mujer.El conocimiento y la educación es posible que aceleren la desaparición de nuestras tradiciones. Y nadie sabe qué traerán estos cambios».
DE CANARIAS A LOS POBLADOS ESQUIMALES
Como dicen los habitantes de la aldea de Kueanoo y alrededores, en el Estado de Uttar Pradesh, la poliandria es una costumbre en vías de extinción. Y no sólo en su zona. Según algunos antropólogos, fue una de las formas de asociación matrimonial que rigió la larga época prehistórica del matriarcado, y estaba condenada a desaparecer desde que las mujeres comenzaron a perder autoridad en las tribus humanas. En la actualidad, la posibilidad de que una mujer pueda llegar a tener varios maridos simultáneamente se da en escasos lugares del planeta. A saber: diminutos enclaves del sur de la India, Nigeria, en el sur de Australia y en algunos poblados esquimales. También en algunas zonas de Filipinas. En las mayoría de los casos, los maridos de una mujer no suelen estar emparentados. Históricamente la poliandria existía entre los bretones, los árabes primitivos, los hotentotes africanos, los aborígenes de América, los habitantes primitivos de Canarias, Ceilán y Nueva Zelanda.
Fuente: Diane Taylor
Photo/post: Vandana Shiva
La chica de cartón piedra


