7/2/08

Bíclope y cíclope



-¡Dime qué hago con este chisme, tío, date prisa!

- ...¡¡?¿opdì5s!!!++???djnropdì5skjb!!!!!…

- ¿Quéééééé?¿Q-qué coño di-dices, tíooooooooo????????

- …¿¿???!!!!564gsdabrwik¿¿¿!!!?''''??????!!!! nnnn-no lo sé… mmmmmmmmmmm-mejor pre-pre-pregúntale a Edi…

- ¿Y quién es Edi, tío, quién es Edi??????

- El….. el de la… el de la… ¡el de la lámpara!

- ¿Quién?¿Edison?¿El yanqui ése?¡Pero si está muerto, joer!

- ¿Y q-q-qué quiquieres q-q haga??? ¡Si les dejó el chisme a los humanos y ellos lo hicieron c-crecer hasta Hiroshima…!

Photo/Post: Shane Acker

http://www.shaneacker.com/

Rey en su laberinto



El Rey sabía que no era fácil encontrar la ruta. Que la memoria es como un guiñapo olvidado en el fondo de un revuelto armario con el cual tropiezas el día de la limpieza. Sabía que si se metía en la ruta de los guijarros imaginarios de la memoria, ahí estaban los cuentos, los bares de muros encalados, las mujeres comprando tortilla a los críos y la eterna campana de hierro repicando a cada hora tres campanadas secas. “Estoy paseándome por dentro del cuento”, le confesó al bufón un día. Un cuento donde no era rey ni criado, y donde tenía un ridículo dosel hecho de alambre y pilas de papel de diario, una cascada artificial brotando de un muro cargado de pintadas, y una muchedumbre de mentiras, rutinas e indiferencias que, por cierto, no vienen a cuento.
Se guardó de añadir que le exasperaba echar de menos a la gente que amaba, y de tener que admitirlo. De ser duro, y de estar hasta las narices de explicar las razones por las cuales no creía que tuviera que dar una explicación. De ser amorosamente egoísta, y en ocasiones, de amar con avaricia, de no poder con ello, y de quererlo sólo por la alegría genésica de la piel, de ansiarla con pasión, de no quererla, de querer estar solo, deslumbrado, de restregarse en esa piel como un cachorro en una axila, temeroso, sofocado, soñando con niñas como medusas envueltas en algodón de azúcar; de obstinarse en ser impasible, insentimental, convulsivo: una presa de chacal. La estrella del trapecio. Un criado en el sillón del Rey. Alguien capaz de montar una fiesta fabulosa y estropearlo todo al momento siguiente, de escribir docenas de cartas que nunca serían enviadas, de leerlas y releerlas hasta el hartazgo, de hacerlas papilla, de machacarlas, de hacinarlas, de convertirlas en origamis.

El bufón suspiró. Estaba claro que el Rey era un asunto delicado, y quizá las palabras no tuvieran ningún sentido para él. Quizá su dolor fuera sólo una pantomima, una cacería disfrazada bajo la máscara del abatimiento. Quizá el dolor hubiera desaparecido, y sólo quedara la frágil osamenta de lo que en otro tiempo había sido un dolor verdadero, desintoxicado, y hasta saludable. Asimismo, el Rey llevaba tanto tiempo atascado en la herida que ya no la sentía. Durante años la había convertido en domicilio fijo, en el lugar de residencia adonde iban a buscarle los conocidos, y donde más tarde, le iría a buscar el mundo entero, ése que le saltaba encima como un gato salvaje, que le celebraba con ojos idiotas, con aullidos de alabanza, dispuesto a cotizar sus compulsiones al fabuloso precio de la insensatez, para encontrarle en la impronta de lo que alguna vez había sido una herida verdadera. En la callosidad que dejan los cortes profundos que ya no sangran, ni duelen.
El bufón también solía encontrarle allí, aletargado en una tumbona de lujo, con sus gatos y sus cobayas y sus cortinas de abalorios, inmóvil como un cromo, soltando opiniones en las que no creía y callando otras en las que sí, porque las opiniones -como los discursos y sus significados- habían dejado de importarle hacía mucho, y ya no le producían ninguna emoción. Sus emociones habían sido reemplazadas por necesidades urgentes. Sus urgencias, cubiertas por químicos. Sus amigos, reemplazados por artefactos. Así que últimamente sólo se quedaba muy quieto dejando que la prensa disparara contra él, respondía que sí a todo lo que había que responder que sí y respondía que no a todo lo que había que responder que no. Cuando quieres largarte todo te importa un carajo, y él ya había meditado todas las alternativas posibles descartando todas las que consideraba imposibles. ¿Qué hacer, pues?
Al principio, el bufón guardó silencio. Sabía que, ante el menor comentario, el Rey le hubiera respondido con el brutal escepticismo de quienes navegan en las oscuras bajamares de las almas viejas. No era como los otros, que eran pobres y siempre estaban solos. A él lo amaba medio planeta y tenía a su disposición todos los amaneceres del mundo. Era perfectamente conciente de su deficiencia, se mofaba de su propia fragilidad, y llevaba claro que sus limitaciones le dejaban una cierta grandeza. El resto, formaba parte del pasado, de otra vida. Una vida vivida por otro, y no por él.
Aún así y tras un largo silencio respetuoso, se atrevió a decir:
- Si vuesa Majestad me lo permite, este humilde servidor opina que, muchas veces, el éxito se opone a la fortuna.
La cabeza del bufón se exhibe hoy en día en el Museo de Historia del reino de Magog. La expresión de su rostro es la de un hombre afortunado.





Bíclope pensador



Photo/port: Shane Acker-Art Futura 2006
http://www.artfutura.com/


Sea I


Pero el mar no golpea como un corazón,
ni el vidrio o cabellera de una lejana piedra
hace más que asumir todo el brillo del sol sin devolverlo.
Ni los peces innumerables que pueblan otros cielos
son más que las lentísimas aguas de una pupila remota.


-Vicente Aleixandre, Ven, ven tú (fragmento)

Photo/post: Peces, Roxana A. Basso (Sea II, Pájaros) .

Sea II



Al ver a las rosadas jarras concebir al sol,
mi sed concibe un universo más ardiente:
y brindo por los pájaros que en los árboles en ascuas
inscriben su sagrada y lúcida ebriedad.

-Richard Wilbur, Cosas de este mundo


Photo/post: Pájaros, Hipatia de Alejandría

Roberto Arlt: a terrible sinceridad



Creo que hay una forma de vivir en relación con los semejantes y consigo mismo, que si no concede la felicidad, le proporciona al individuo que la practica una especie de poder mágico de dominio sobre sus semejantes. Es la sinceridad.
Ser sincero con todos, y más todavía consigo mismo, aunque se perjudique. Aunque se rompa el alma contra el obstáculo. Aunque se quede solo, aislado y sangrando. Esto no es una fórmula para vivir feliz; creo que no, pero sí lo es para tener fuerzas y examinar el contenido de la vida, cuyas apariencian nos marean y engañan de contínuo.
No mire lo que hacen los demás. Que no le importe un pepino lo que opine el prójimo. Sea usted, usted mismo sobre todas las cosas, sobre el bien y sobre el mal, sobre el placer y sobre el dolor, sobre la vida y la muerte. Usted y usted. Nada más. Y será fuerte como un demonio entonces. Fuerte a pesar de todos y contra todos. No importa que la pena lo haga dar de cabeza contra una pared. Interróguese siempre, en el peor minuto de su vida, lo siguiente:
-¿Soy sincero conmigo mismo?
Y si el corazón le dice que sí, y tiene que tirarse a un pozo, tiresé con confianza. Siendo sincero no se va a matar. Esté segurísimo de eso. No se va a matar, porque no se puede matar. La vida, la misteriosa vida que rige nuestra exitencia, impedirá que usted se mate tirándose al pozo. La vida, providencialmente, colocará, un metro antes de que usted llegue al fondo, un clavo donde se engancharán sus ropas y… usted se salvará.
Y usted dirá: “¿Y si los otros no comprenden que soy sincero?”. ¡Qué le importa a usted los otros! La tierra y la vida tienen tantos caminos con alturas distintas, que nadie puede ver a más distancia de la que ven sus ojos. Aunque suba a una montaña, no verá un centímetro más lejos de lo que permita su vista. Pero, escúcheme bien: el día en que quienes lo rodean se dén cuenta de que usted va por un camino no trillado, pero que marcha guiado por la sinceridad, ese día lo mirarán con asombro, luego con curiosidad, Y el día en que usted, con la fuerza de su sinceridad, les demuestre cuántos poderes tiene entre sus manos, ese día serán sus esclavos espirituales, créame.
Me dirá usted: “¿Y si me equivoco?”. No tiene importancia. Uno se equivoca cuando tiene que equivocarse. Ni un minuto antes ni un minuto después. ¿Por qué? Porque así lo ha dispuesto la vida, que es esa fuerza misteriosa. Si usted se ha equivocado sinceramente, lo perdonarán. O no lo perdonarán. Interesa poco. Usted siga su camino. Contra viento y marea. Contra todos, si es necesario. Y créame: llegará el momento en que usted se sentirá tan fuerte, que la vida y la muerte se convertirán en dos juguietes entre sus manos. Así, como suena. Vida. Muerte. Usted va a mirar esa tabla que tiene en el reverso, y de una patada la va a tirar lejos de usted. ¿Qué le importan los nombres, si usted, con su fuerza, está más allá de los nombres?
La sinceridad tiene un doble fondo curioso. No modifica la naturaleza intrínseca del que la practica, y sí le concede una especie de doble vista, sensibilidad curiosa, que le permite concebir la mentira, y no sólo la mentira, sino los sentimientos del que está a su lado.
Hay una frase de Goethe respecto a este estado, que vale un Perú, y dice:
“Tú que me has metido en este dédalo, tú me sacarás de él”.
Es lo que le decía antes. La sinceridad provoca en quienla practica lealmente, una serie de fuerzas violentas. Estas fuerzas sólo se muestran cuando tiene que producirse eso de: “Tú que me has metido en este dédalo, tú me sacarás”; y si usted es sincero, va a percibir la voz de estas fuerzas. Ellas lo arrastrarán, quizá, a ejecutar actos absurdos. No importa. Usted las realiza. ¿Qué se quedará sanfrando? ¡Y claro! Todo cuesta en esta tierra. La vida no regala nada, absolutamente. Todo hay que comprarlo con libras de carne y sangre.
Y de pronto, descubrirá algo que no es la felicidad, sino un equivalente a ella. La emoción. La terrible emoción de jugarse la piel y la felicidad. No en el naipe, sino convirtiéndose usted en una especie de emocionado naipe humano que busca la felicidad, desesperadamente, mediante combinaciones más extraordinarias, más inesperadas.
Vea, amigo: hágase una base de sinceridad, y sobre esa cuerda floja o tensa, cruce el abismo de la vida, con su verdad en la mano. No hay nadie, absolutamente nadie, que pueda hacerlo caer. Y hasta los que hoy le tiran piedras, se acercarán mañana a usted para sonreirle tímidamente. Créalo, amigo: un hombre sincero es tan fuerte que sólo él puede reírse y apiadarse de todo.

Roberto Arlt (Buenos Aires, 1900-1942). Aguafuertes porteñasPhoto/post: La vida según San Telmo, Alberto Klix

Hedwig and the angry inch


EE.UU: 2001
Dir: John Cameron Mitchell
Música: Stephen Trask
Cuando La tierra todavía era llana, y las nubes eran de fuego, y las montañas llegaban al cielo… la gente vagaba por la Tierra como grandes toneles rodantes. Ellos tenían dos juegos de brazos, ellos tenían dos juegos de piernas, tenían dos caras que asoman de una cabeza gigante. Así podían mirar todo alrededor. También hablaban mientras leían, y no sabían nada del amor. 
Esto era antes del origen del amor.
Había entonces tres sexos, uno que se parecía a dos hombres espalda contra espalda: los llamaron los niños del Sol. Similares en su forma y unión, eran los niños de la Tierra: ellos se parecían a dos muchachas enrorolladas en una sola. Y los niños de la Luna parecían un tenedor empujado dentro de una cuchara. Ellos eran parte Luna, parte Sol, parte hija, parte hijo.
Ahh… el origen del amor.
Los dioses crecieron bastante asustados de nuestra fuerza y desafío, y Thor dijo: “Voy a matarlos a todos con mi martillo, como maté a los gigantes”. Pero Zeus dijo: “No, mejor déjame usar mi relámpago como las tijeras que usé para cortar las piernas de las ballenas. Yo dispararé justo en el medio, y les cortaré a la mitad”. Las nubes de las tormentas se unieron en lo alto en grandes bolas de fuego, y entonces del cielo disparó las saetas como hojas brillantes de un cuchillo que rasgaron a través de la carne de los niños del Sol, la Luna y la Tierra. Algún dios de la India cosió el agujero de la herida y lo puso en nuestras barrigas, para recordarnos el precio que tuvimos que pagar. Y Osiris y los dioses del Nilo, reuniron una gran tormenta para crear un huracán, para esparcirnos lejos, en un diluvio de viento y lluvia, un mar de grandes olas, para barrernos lejos. Si nosotros no nos comportáramos, volverían a reducirnos, y nos quedaríamos brincando en un solo pie, mirando a través de un ojo.
La última vez que te vi acababan de partirnos en dos. Tú me mirabas, yo te miraba. Tenías un aire tan familiar. Yo no podía reconocerte porque había sangre en tu cara, y yo tenía sangre en mis ojos. Pero podría jurar, por tu expresión, que tu dolor era similar al mío.
Ése es el dolor que corta en linea recta a través del corazón. Nosotros lo llamamos Amor.
Envolvimos nuestros brazos a través de nosotros, intentando volver a estar juntos. Estábamos haciendo el amor. Hacía frío, una tarde oscura hace mucho tiempo, cuando por la mano poderosa de Jupiter, era la trsite historia de cómo nos volvimos solitarias criaturas de dos patas.
La historia del origen del amor. Ése es el origen del amor.
"The Origin of Love"- Hedwig and the angry inch.
Photo/post: Emily Hubley (animaciones).