7/2/08

De autor latino


Tuya es mi libertad", dijo el arco a la flecha al despedirla.

Little girl blue


A los veinte años yo quería ser como ella. Corrijo: quería ser ella. Mis novios le tenían manía (será que estaban hartos de escucharla a todas horas). Mi ex-marido la hubiera ahogado con sus propias manos. Mis madre hacía cálculos sobre las contadas veces que debía ducharse. Mi mejor amiga prefería a Odetta. El único que se abstenía (por compasión, quizá) era mi padre. Un hombre sabio, mi padre.

Sobre ella poco hay que decir y mucho que sentir. Es como la Pizarnik, que hace callar hasta a los pájaros. Que me recuerda bastante a una gardenia arrancada del tallo, que huele mejor cuanto más marchita está. Mujeres cuyo talento desprende una fragancia intensa, indeleble, feroz. Hablar de ellas es difícil, porque ellas ya lo han dicho todo y sin embargo, por uno de esos misterios que tiene el genio, cada vez que se expresan sea a través del verso, de la voz, del cuerpo o de la imagen, gestan nuevas criaturas en vientres ajenos. Y los pájaros siguen callando mientras nosotros, sus fans, nos volvemos unos diletantes.


El 19 de este mes cumpliría 65 años. Sólo decir que esta noche brindo por ella delante del único póster que no me avergüenza conservar (¿Alguien sabe dónde puedo conseguir una botella de Southern Comfort?).


O no, mejor me tomo un chupito de ron. Y no es broma.

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Janis Joplin, 19 de enero de 1943- 4 de octubre de 1970. In memoriam.



Cioran: antídoto contra elsuicidio



Vivo únicamente porque puedo morir cuando quiera: sin la idea del suicidio, hace tiempo que me hubiera matado.
-Emile Cioran.

(Shhhhhh... tranquilos, que la cita no mata).


Photo/post:: Francisco de Goya

¿Quién se engaña con Jessica Rabbit?

Quién no se ha puesto pensar alguna vez en la forma que tienen las nubes? Parece que nuestra mente tuviera una habilidad natural para hacer encajar las formas abstractas en esquemas concretos reconocibles por la experiencia. Conciente de ello, hubo alguien por ahí al que le dio por inventarse un test proyectivo basado en manchas completamente abstractas, que luego procedía a mostrar a sus pacientes a fin de que estos le indicaran qué era lo que veían en ellas; hechos relacionados con su vida cotidiana, fantasías, recuerdos… bueno, ya conoceis el test de Roscharch. A la gente que le gusta la pintura abstracta, cuando le preguntas qué es lo que le atrae especialmente de la abstracción suele responder: “No sé, es que me hace pensar en (lo que sea)”; o: “Me gusta porque puede ser cualquier cosa, lo que yo quiera”. Los más refinados suelen decir incluso: “Me gusta porque no me condiciona”
¿Os habeis puesto a pensar alguna vez en la forma que tienen los continentes? Pregunta ociosa: ¿tendrá nuestra proyección subjetiva sobre una forma supuestamente aleatoria, alguna relación con la naturaleza de esa forma? Es la pregunta que me hice cuando decidí escribir este post, y como soy una tía muy imaginativa, estuve dándole vueltas al asunto y me pareció que encajaba. Es como un juego de niños: ¿qué veis en la forma del continente americano? Pues yo veo a Jessica Rabbit, la mujer de Roger Rabbit. O bien a Rita Hayworth antes de que Glenn Ford le pegara aquella memorable hostia que, según cuentan, fue de verdad: ancha espalda, cintura estrecha y un pubis de ametralladora avanzando sobre el tronco, y en oblícuo. La típica pose de la vampiresa desaprensiva y sinuosa. A este juego los cognitivos le llaman pareidolia.
La gente del campo sabe que por la forma de una nube puede saberse si va a llover finito o no. Ni hablar de los meteorólogos. Así que, más allá de las peregrinas asociaciones que pueda hacerse entre la forma de un continente y la mujer de Roger Rabbit, parece ser que la posición sí que cuenta. En parte, quizá se trate de una pareidolia cultural, y en parte es un hecho geopolítico que no es lo mismo estar al norte… que al sur, al este que al oeste, colgar de un estrecho, vivir entre dos grandes bloques continentales, estar justo al medio -como la guinda del pastel- o crecer en un iglú.
Hace algunos años, un especialista definió a la Argentina como un país isla. Para mí encaja. En Argentina todo parece distante. Hasta el cielo parece más alto. Y tomando en cuenta los escasos presupuestos destinados a mejorar el transporte, recorrer el país “desde Ushuaia a la Quiaca”, suele ser una aventura similar a la de Ulises. Nuestras relaciones con los países vecinos, digan lo que digan embajadores y diplomáticos, no es buena, y para agravar la situación, Buenos Aires, con su política unitaria aparentemente federal, ya es en sí una isla dentro de una isla: en ella viven y se desagran las dos terceras partes de la escasa población del país, haciendo que gran parte de los recursos estén destinados a la mayoría que vive en dicha provincia, mientras el resto de la chacra se pudre en el olvido. Pareidólicamente hablando, Ushuaia -la ciudad más austral del mundo- viene a ser algo así como el afilado tacón de Jessica Rabbit.
U.S.A, entre Canadá al norte y México al sur, si bien no es la cabeza de la dama, se presenta al centro-sur, en la zona plexo, y se hace llamar a si misma United States of América. ( NOTA: ¿Habeis visto las vueltas que he dado para llegar hasta aquí? Lo habeis pillado ¿verdad? Ya os vais dado cuenta de a dónde quería llegar yo con mis prolegómenos cognitivos. Otro panfleto anti-gringo. Un tanto pintoresco, eso sí, pero panfleto al fin).
Sin embargo no es así. Ni se me ocurriría hablar sobre la tan discutida dicotomía Sudamérica-Norteamérica: ¿por qué ellos se hacen llamar americanos, si americanos somos todos, los del norte y los de sur? E hilando más fino: ¿no sería más correcto llamarles USAamericanos en vez de norte-americanos, ya que en América del Norte hay además otros dos países (tres, si no nos olvidamos de Groenlandia, que pertenece a Dinamarca)? Y, más espinoso aún: ¿Por qué estos imperialistas de mierda llaman a su país Estados Unidos de América como si ellos fueran los únicos americanos del continente? He notado que en muchos blogs, y por supuesto en la calle, la gente empieza a usar el término USAamericano. Ya se está volviendo una moda progre. En lo personal, para mí son y serán siempre los yanquis, y esto ya se lo sabe hasta mi amiga Vicky, que es estadounidense y la persona más inteligente que conozco. Vicky se ríe a carcajadas de los clissés, y pasa de ellos con una generosidad tan humana que hablar con ella, además de ser un placer, hace que te olvides de las geografías. Es demasiado real como para perderse en un clissé. Hace tiempo la presenté a un amigo vasco que a su vez la presentó a sus amigos diciendo: “Bueno, ella es americana… pero mola”. En esa ocasión Vicky no fue tan generosa y a los diez minutos se largó de la fiesta, conmigo a la zaga.
Desde luego, utilizar a Vicky para argumentar que el pueblo estadounidense no es tan malo como parece, sería tan gratuito como afirmar a rajatabla que todo estadounidense es ignorante, estúpido e insensible como Bush, porque no sólo tiene cara de Rata, sino que se comporta como tal. Pero la quiero, quiero a su familia, les conozco… y creedme que también sufren de acné, padecen hemorroides, leen, putean en los atascos, cagan, lloran, sienten… y es más: hasta ellos quieren ser funcionarios. Y aunque parezca extraño, ellos también son víctimas de la xenofobia (una xenofobia al revés, pero xenofobia al fin). Me lo dijo ella misma, que vivió en seis países diferentes y no es uno de los Panteras Negras, ya que dado su color blanco, blanquísimo, no la aceptarían en sus filas. La mona, aunque se vista de seda, mona se queda, y a estas alturas y en vistas de cómo gestionamos los recursos que hay en el planeta, dudo mucho que alguien vaya a tragarse el hueso de que somos una especie mucho más evolucionada que el chimpacé, sea donde sea que hayamos nacido y sea lo que sea que signifique una nube.
Lo que no entiendo es por qué los progresistas del mundo se cogen unos pedos brutales con resaca incluída discutiendo sobre el origen del nombre. América es eso: un solo continente. Un solo cuerpo. Es decir, una sola cuenta bancaria: la de United States of América. Por debajo de su estrecha cintura -el eje dionisíaco centroamericano- se extiende América del Sur: largas piernas, ancho vientre, caderas generosas. Tanto como para albergar los más robustos embriones petrolíferos del continente. El año pasado se firmó el acuerdo para la explotación de Pascua Lama, un importante yacimiento de cobre, oro y plata, que se encuentra justo debajo de un glaciar, entre Chile y Argentina. Los ecologistas protestaron, pero las piernas de América acabaron firmando el acuerdo. ¿Alguien pone en duda que América esté en manos de América?
En el yoga, el plexo solar es reconocido como tercer chakra o manipura. Si le tienes equilibrado hay gran poder personal; si está desequilibrado, surjen la codicia y la agresividad. El poder de América está en el plexo; el resto, responde a sus necesidades personales. Esto no me lo he inventado yo, es un conocimiento que responde a varios miles de años de antigüedad. Los chinos creen (cuidado con los chinos, por cierto) que los órganos del cuerpo no funcionan de forma independiente, sino que unos influyen sobre otros. Cuando concentramos toda la energía sobre una parte, surjen las enfermedades.
El cáncer, por ejemplo: 4 de julio de 1776. ¿Os suena? ¡Hombre!¿Cómo no os va a sonar? Recordad Nacido el 4 de julio, aquella mala película interpretada por el siempre riente Tom Cruise, y todas las teleseries que nos vienen restregando desde que se inventó el cine (y la televisión, como diría Alistair Crowley, el más eficiente instrumento de adoctrinamiento inventado jamás). La única manera que tiene el cuerpo de quejarse es la enfermedad, y cuando un órgano se queja, puede volverse un déspota. Por eso me da risa cuando en Europa se critica a los líderes populistas (otra denominación que se ha puesto de moda) de Latinoamérica, y parecen olvidar que donde hay hambre no puede haber democracia. Mientras Juan Carlos de Borbón pretendía hacer callar a Chávez, George Bush, el Rata, aplaudía en el despacho oval.
Antes de acabar con esta entrada, quisiera aclarar que no estoy en contra del pueblo estadounidense. Estoy en contra del pueblo humano -llamado así por extensión, incluído el estadounidense- incapaz de asumir una posición ideológica propia, basada en experiencias propias, cerrada al discenso y al puñetazo verbal con fundamento. Estoy hasta los ovarios de escuchar estupideces sobre los americanos surgidas de mentes bienpensantes y progres que gestionan el futuro del mundo mientras se comen una hamburguesa en un Mc Donald. Hasta el plexo de oir como los americanos nos venden su cultura mientras nos compramos un Mp4. Hasta las orejas de escuchar que Europa sigue manteniendo su autonomía ideológica, mientras Sarkozy y Gordon Brown se dan la mano y piensan en construir una sutil línea Maginot que retenga a los pobres fuera de sus fronteras, como lo ha hecho George Bush con su Ley del Muro en la frontera con Méjico. Hasta el útero de ver como todo el mundo sucumbe a los cristales de colores del Corte Inglés y al roscón de Reyes (¿el pavo del Día de Acción de Gracias?) cuando llegan las Navidades con las excusa de que son sólo cuatro días. Hasta las piernas de escuchar que los americanos no saben dónde queda, por ejemplo, Grecia… y son incapaces de distinguir una iglesia de una catedral, cuando en realidad no tienen por qué hacerlo, ya que en América nunca hubo Edad Media y nunca hubo maestros canteros. Hasta los pulmones de oir cómo los aztecas hacían sacrifícios humanos mientras los adelantados europeos le daban garrote vil a los rebeldes.
¿El mundo ha cambiado desde que es mundo? No. Todos los imperialismos son transferibles y Jéssica aprendió muy bien la lección. Entonces, no nos engañemos. ¿Quién tiene la culpa, pues, el perro o el que le dá de comer? Se lo preguntamos a Danny De Vitto.

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Hipatia, la bruja



El nombre de Hipatia lo escuché por primera vez en boca de una vieja amiga argentina. Me habló de ella con admiración, casi como si hablara de una madre remota, pero me parecio que, aún hoy, en ciertas sociedades su historia sigue estando vigente.
Hablar de Hipatia es hablar de la Biblioteca de Alejandría; de hecho se dice que ella fue la última científica que trabajó en la famosa biblioteca, cuya desaparición sigue estando teñida de confusión, ya que a ciencia cierta no se sabé quién la destruyó, si es que realmente la destruyó un incendio, o si acaso el supuesto incendio pudo ser la coartada perfecta para el mayor saqueamiento intelectual del mundo antiguo. Algo así como “nada, ahora incendiamos el puerto, creamos la confusión y mientras la chusma mira el fuego nos robamos un medio millón de papiros”. En ese caso, el incendio tuvo que ser todo lo bastante importante como para que esta gente (¿los moros?¿los cristianos?¿quiénes?) tuviera tiempo de robarse todo y esconder bajo tierra, entre otras cosas, el centenar de obras de Sófocles que faltan, habida cuenta de que hoy en día sólo conocemos unas siete de ellas y el resto ya es historia, y estará bajo tierra o en la caja fuerte de algún habitante de Ganímedes.
Según Carl Sagan, la pérdida es incalculable. Para poner un ejemplo diré que mientras los cristianos se empecinaban en creer que la tierra era plana, ya antes de Copérnico un estudioso de la biblioteca llamado Aristarco de Samos, sostenía que la Tierra gira alrededor del Sol. Su destrucción pudo costarnos más de mil años de historia.
Suene a cuento chino o no, se sabe que Alejandría (fundada, naturalmente, por Alejandro, que además de haber sido militar y conquistador tuvo a bien ser lo bastante magnánimo con las artes y las ciencias como para ser bautizado con justicia el magno) fue la cuna del renacimiento antiguo, si se me permite la comparación. Un sitio donde, según lo atestiguan las crónicas, convivían en perfecta armonía egipcios, griegos y africanos, se mostraba respeto por todos los credos, y se estimulaba el estudio de las ciencias y las artes. Una verdadera utopía hedonista y un milagro urbanístico que en su tiempo debe haber sido algo así como un híbrido entre Nueva York, Babilonia, y el Museo Smithsoniano. Sin embargo Alejandría era una sociedad de clases no excenta de esclavos, y está claro que el pueblo –la plebe, o sea la mano de obra barata constructora de carreteras- no tenía (parafraseando a Sagan) tarjeta de consulta para visitar la famosa biblioteca, con lo cual la educación y el conocimiento estaba reservado a una clase selecta.Hipatia, que era la hija de Teón de Alejandría, famoso matemático y antrónomo, pertenecía a la clase selecta y fue educada en un ambiente refinado y culto. Cosa rara, a juzgar por la escasa importancia que se le daba a la mujer en aquella época, y más extraño aún si se piensa que su primer maestro fue el propio Teón, que la instruyó en historia de las religiones, oratoria, matemáticas, álgebra, filosofía neoplatónica y cuántas verduras intelectales se cocían por entonces. Además se cuidó de que la muchacha creciera muy bien alimentada, con lo cual se convirtió en una mujer de gran belleza con una legión de admiradores a sus pies. Pero Hipatia nunca llegó a casarse y su vida estuvo consagrada por entero a la ciencia. De hecho fue una gran maestra. Entre otras cosas escribió varios tratados, enseñó Matemáticas, Filosofía, Álgebra y Astronomía, y contruyó algunos aparatos científicos. Poco se conserva sobre ella, pero se sabe que estuvo en contacto con eminantes personajes que llegaban de otras latitudes a dejarse instruir, y si tomamos en cuenta que por entonces el vehículo más veloz era el caballo (sin olvidar al pintoresco camello) pues ya me direis si valía la pena o no tomar clases con esta mujer.
No olvidemos que estamos hablando de una época de grandes desajustes políticos y guerras a trochi mochi, una edad del mundo en que, tras el largo período de paz y prosperidad que supuso la floreciente Alejandría, griegos, moros, cistianos y judíos ya empezaban a inquietarse. Se sabe que hay tres cosas importantes que mueven al homo sapiens, a saber: alimentarse, practicar un ritual, y hacer la guerra. Todo lo demás en el mejor de los casos está destinado al entretenimiento, y en el peor pues se lo archiva en un cajón bien cerrado de la historia o se lo borra del mapa. Por entonces, los más interesados en borrar del mapa el conocimiento heredado de los griegos y la peligrosa tendencia a practicar religiones politeístas, eran los cristianos. Y siempre que hay cristianismo, hay inquisición.
Es en esta parte de la historia cuando aparece nuestro benemérito obispo Cyrilo, romano él, igual que Orestes, que además de ser gobernador de Alejandría... era amigo, discípulo –y posiblemente- amante de Hipatia. Menudo problema para Cyrilo, que intentaba limpiar todo aquello de judíos y herejes, haciendo méritos a fin de opositar a la categoría de santo de la Iglesia, mediante el apoyo de un grupo de fanáticos y de la clase baja ya harta de la exclusión. En opinión de Cyrilo, no era justo que el gobernador escuchara más los consejos de esa mujer – una hija de Eva, pagana ella, y seguro que con una manzana envenenada bajo la manga, como todas las brujas- que los suyos propios. Había, pues, que deshacerse ella.
Aunque no haya pruebas fehacientes que le incriminen de manera directa en el asesinato de Hipatia, tampoco hay pruebas de que la Biblioteca de Alejandría haya sido quemada deliberadamente, y si tú preguntas a alguien quién cree que lo hizo, pues te dirá que la quemaron los árabes, pero tampoco hay pruebas de que hayan sido ellos. Lo que se sabe es que cierta noche una turba de cristianos fanáticos del obispo Cyrilo arrancó a Hipatia de su carruaje, la llevaron a un monte y allí la violaron, la atormentaron, la despellejaron con conchas afiladas, la desmembraron y esparcieron sus restos por toda la ciudad. Su cuerpo, como los delicados papiros escritos a mano de la biblioteca desaparecida, se desintegró lentamente hasta convertirse en cenizas y se mezcló con la sangre oscura de la tierra y de las batallas, el mundo ingresó en la Edad Oscura, desapareció la civilización clásica, y el nombre de Hipatia se enterró en el olvido durante más de quince siglos.
¿Qué haría Hipatia si viviera en nuestros días?
¿Sería astronauta?
¿Editora? ¿Premio Nóbel?
¿Se habría casado y tendría hijos?
¿O sería lesbiana?
¿Sería analista de sistemas?
¿O Bill Gate?¿O un hacker?
¿Dónde viviría?¿En el Primer Mundo o en el Tercero?
¿Aceptaría ser la consejera de Gorge Bush, de Z.P, de Tony Blair o de Abu Mazen?
¿Sería atea o creyente?
¿Fundaría otra biblioteca?
¿Escribiría un blog?
¿Qué pensaría de la tecnología digital, las pantallas de plasma, las centrales nucleares, los satélites y las zondas espaciales?
Nunca lo sabremos. Pero si la teoría de la reencarnación es posible, creo que sería un gran alivio para ella saber que por muchas bibliotecas que se quemen, siempre habrá otras, ya que desde entonces hemos evolucionado todo lo suficiente como para reservarnos alguna copia de la historia del mundo en los múltiples vericuetos de la Red. Y si en una de ésas que nunca faltan y siempre sobran, la Biblioteca Nacional llegara a quemarse y todos los bomberos de Madrid sufrieran una epidemia de sueño debido a una invasión repentina de moscas tsé-tsé, es posible que se perdieran el manuscrito de Cervantes y los 8.349 tomos de la Obra Completa de Menéndez y Pelayo, pero aún así no será lo mismo, porque a dios gracias existe la imprenta y hay billones de editoriales circulando por todo el planeta, con lo cual la mayor parte de la información no se perdería. Y al menos en Occidente, Hipatia sería respetada como una mujer de ciencia. Desafortunadamente, en la época en que vivió su enorme conocimiento resultó ser tan peligroso como una catapulta. Tuvieron que pasar muchos siglos antes de que esa bala diera en el blanco.

Eso de durar y transcurrir


En una escena de la entrañable comedia As Good As It Gets (traducida al castellano bajo el título Mejor imposible), Jack Nicholson le dice a Helen Hunt: “Me gusta estar contigo porque me dan ganas de ser mejor persona”. Una frase-hostia ideal para neo-individualistas, consoladores desidiosos, y defensores de la nueva psicología de corte conductual que a la primera queja ante tu soledad te sueltan una del tipo: “No digas eso, te tienes a ti misma”.

La pregunta es: ¿para qué quieres tenerte a ti misma y saber que eres maravillosa si no tienes con quién compartirlo? Peor aún, si teniendo a quien contárselo, la respuesta sigue siendo: “No digas eso, te tienes a ti misma”, la siguiente pregunta debería ser: “¿Por qué no te vas al carajo?”.

Pero claro, esa persona tiene todo el derecho a decir lo que quiera. Como la tiene uno de irse al carajo. Es el principio de la libertad. El que quiera celeste, que le cueste.

Si X tiene el morro de soltarme semejante frase cuando estoy hecha polvo, no esperará que a partir de hoy vaya a contar con él en los momentos difíciles, porque su respuesta es un oxímoron y mi necesidad un hecho real. Todo lo demás es calderilla y este año no estaré dispuesta a soportar más fracesillas de corte neo-psicologista disfrazadas de consuelo prozaico, ya que para eso está el Prozac.

Como ha dicho por ahí el amigo Pável Chichikov, este año (afortunadamente) Hipatia de Alejandría sale del armario. Toda una declaración de principios. Y esto lo aclaro para quienes aún no hayan notado que Hipatia de Alejandría es una mujer sensible. Y que si sale del armario no va a ser porque sea gay (que de momento no lo soy, mañana no se sabe, y si lo fuera me importaría bien poco) sino porque ser extremadamente sensible en un mundo donde la sensibilidad no está a la punta de los valores cotizables, es un detalle a tener en cuenta.

Este año intentaré no ser complaciente ni autosuficiente, y si me molesta algo lo haré saber a quien corresponda aunque le moleste. No contará conmigo si no he podido contar él. No es que vaya a comerme el mundo, pero al menos, no dejaré que el mundo me coma a mí. Este año seré feliz por elección y a la hora de las relaciones exigiré alta calidad humana, afectiva e intelectual. Abriré mis puertas sólo a quien se lo merece. Haré pasar a hombres, mujeres y criaturas vivientes por la criba de mi intuición basada en la experiencia, sin dejarme sobornar por el miedo al desamparo y la ausencia. Haré valer mi esfuerzo y mi vocación al precio que se lo merecen, que es alto, y al que no le guste -sea indivíduo, comunidad o empresa- que se aguante, porque de otra manera no me va a tener. Pediré ayuda si es necesario y denunciaré todas las injusticias que puedan cometerse contra mí. Rechazaré de cuajo el chantaje emocional, el desprecio basado en el prejuicio, la postergación de mis deseos, la mala memoria, la mala conciencia, los amigos chupópteros, la dejadez afectiva, la desidia y la desesperanza.

Algunos de vosotros pensareis, quizá: “Vaya, qué humos”. Otros: “Bueno, a ver si lo consigue”. Y otros, yo qué sé… lo que querais. La cuestión es, por lo menos, intentarlo. Ya he cruzado demasiadas líneas de fuego y he aprendido que todo lo que no te mata, te hace más fuerte. También te hace más sensible, algo que no es sólo una cuestión de naturaleza, sino de sentido común. Y contrariamente a lo que pueda parecer, no estoy en absoluto insatisfecha con los resultados obtenidos de mi balance anual, sino al revés: he crecido lo suficiente como para saber con toda certeza que merezco más, y bueno.

Es la manera en que elijo, de todo corazón y a plena conciencia, honrar la vida en 2008. Ya era tiempo ¿no?
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Vídeo/post: Marilina Ross y Sandra Mihanovich, en la canción de Eladia Blásquez, Honrar la vida (hoy y siempre).
Photo/post: Andreas Feininguer

Europa II

Europa III son los poetas olvidados, los malditos, los benditos, los que no se compran ni se venden, padecen; son los malabaristas del verbo callejero, los artistas, los floristas, los músicos de la gorra, lo que no es ni uno ni dos, es tres; el buen audista, los autistas del anti-pleonasmo, los anónimos del viento en las esquinas, los contemplativos, los pintores de cuadros con mostaza en la ochava relente de un bar. Es el action-painting de la gran ciudad sin manzana, la de los barrenderos meteorólogos, la del poeta secreto que hurde un cuento de terror pensando en las palomas, la del obrero que espera llegar a casa a tiempo para el almuerzo, la del dios sordo y la del diablo atento, la del angel sin luz durmiendo en un andén y una ex-mariscala octogenaria mendigando una moneda en el parque. Es la mueca absurda que se va por el filo de una billetera, El País manchado de agua sucia, la semilla del auténtico Nóbel en la colilla de un cigarro apagado, el rapto de una doncella con la vulva abierta entre los dedos de un dios, los poemas que nunca serán escritos en las servilletas arrugadas al pie de una barra. Son las velas negras que parecen blancas y las blancas que parecen negras, el monólogo interior del borracho en su trinchera peleona de los martes al mediodía, el monólogo exterior del catedrático del verbo escrito con aerosol en la puerta de un tren. Es la Comedia Humana del viejo que enciende un puro ante el portal de una casona en ruinas (todos los días a las seis de la tarde), la Divina Comedia del cura que no bendice, del macarra que se enamora, de la diva disfrazada de faisán. Es la tierra de Villòn, el monje francés turista perpétuo de Sodoma, la crueldad de Artaud dulcificada por el hachís, el bardo sin mecenas robando el fuego de los dioses, la performance del suicida, la manzana envenenada del broker.
Porque no hay dos sin tres, Europa III es poesía.

Cubría el continente una noche
de camisas y corbatas. Nuestra
primera infancia engañada. Una sola
era la bota que a Europa
humillaba. Los españoles,
no del todo remotos, escuchábamos
los clarines y las palabras borrachas
de triunfo. Atada sobre el lomo
a Europa en el toro veíamos;
sobre los trenes y los tanques,
hacia otras constelaciones ignotas,
sin cedros, ni pinos, ni aves,
ni viento, ni semilla. Un Orden
Nuevo vino, decían, y todas las campanas
doblaron desde las cúpulas.
Soldados y ciudadanos levantaban
el brazo en desafío al pueblo.
Crujían las trincheras. Pasaban los aviones
sobre la hierba y los tejados. Bajo la cruz
gamada caen los nombres: Atenas
con su peplo de plata, con sus plintos
y doseles, con sus calles milenarias.
París embarrada, barrios de muertos;
el cuerpo abierto, Brujas o Amberes;
Coventry como un papel manchada
por la tinta y el tintero.
Atada, en el lomo del toro, Europa.