31/3/08

Hitler mordió la cápsula


Hitler mordió una cápsula de cianuro. Quizá ésa haya sido la única decisión sensata que tomó en su vida. Habrá sido un loco o un devoto -e inclusive, un ingénuo- pero me atrevo a decir que, en parte, la suya fue una guerra romántica. Sanguinaria, pero romántica al fin. Entre otras razones, el Führer fracasó porque su modelo de dominio basado en el viejo sueño de resurgimiento de la orden teutónica resultaba inviable en un mundo, y una época, donde ya empezaba a empollar el capital, un ente abstracto para el cual la jerarquía racial nunca ha sido tan importante como la jerarquía de clase. Había una guerra detrás- algo menos romántica -que no era la de él.

Tal es así, que a pesar de la sangre, los hornos crematorios, los cincuenta millones de muertos, los experimentos genéticos, el genocidio, el abandono de Berlín, y toda la literatura, mesiánica y no mesiánica, que le define sin lugar a dudas como el peor criminal de todos los tiempos, Hitler cometió el terrible error de actuar como un creyente. Porque Hitler creyó. En él mismo, claro, pero creyó. Era un idealista, no un demócrata.

Si hemos de compararla con la de Hitler, la estrategia de los aliados lleva en vigencia más de cincuenta años. ¿Cómo puede explicarse, sino, que Hiroshima haya sucedido en agosto de 1945 y Alemania haya anunciado su rendición a principios de mayo del mismo año? Alemania resultó ser un excelente teatro de operaciones, la jaula de las marmotas, una noria de diseño: mientras Hitler deliraba, Roosvelt, Stalin, Churchill y De Gaulle le hacían una ofensiva terminal con miras a un futuro por fin libre. Libre de... pues de eso, de Hitler. Y finalmente, cuándo a éste se le quitara de la cabeza el martillo de Thor y mordiera su cápsula, muriendo, como buen romántico, por mano propia (o diente propio), y nada más que por si mismo; ellos podrían implantar su novum ordo seclorum amparados en la fábula de la democracia restaurada. Como era de esperar, Hollywood recibió el encargo de distribuir la propaganda. Ya lo había dicho Goebbels en su día: Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad.

La famosa foto de la conferencia de Yalta -un espléndido retrato en blanco y negro de los tres potentados; yo supongo que también iría en la Viking -sigue siendo un clissé de nuestro tiempo, y hasta donde yo sé, continúa saliendo en los manuales de historia. Siempre me pareció una foto profundamente abrumadora: nos recuerda con alivio que al final siempre ganan los buenos, que la razón se impone sobre la fuerza, y la justicia sobre el crímen. Ante una amenaza tan horrenda como el nazismo, cualquiera que nos librara de él, fuese quien fuese, podía convertirse en un salvador. El instinto de superviviencia, como la desesperación y el hambre, no son detallistas.

Fijaos en la indumentaria de los tres caballeros que aparecen en el retrato: Roosvelt, al centro, elegantísimo él en su traje de chaqueta y corbata, con las piernas cruzadas, dá la talla de un hombre de clase. Sostiene algo en la mano; supongo que será un cigarro con boquilla, o un puro, aunque por el color me dá en la espina que es más bien un cigarro. Los otros dos -Stalin y Churchill, embutidos ambos en sus trajes militares- uno a la derecha (de la foto), el otro, obviamente, a la izquierda (de la foto) tienen más pinta de ser unos sabuesos satisfechos que unos mandatarios. Churchill se aplasta en su silla con cara de gusto, muy relajado, como si acabara de comerse un gigantesco chuletón de Ávila y todavía le sabiera el jugo en la boca. Sostiene algo en la mano, también; y parece ser un libro (no olvidemos que fue premio Nóbel de Literatura). Stalin se pavonea. No es de extrañar que Lennin no se fiara de él.

Mirad una versión (algo más profana) de la misma Conferencia:

Siendo, como soy, hija de un ex-combatiente de la segunda guerra mundial, cuando era niña no podía menos que sentir gratitud hacia estos tres señores que posan ahora en mi blog. Si bien mi opinión sobre ellos ha virado algunos grados, sigue fascinándome el poder referencial de la imagen. Como os fascinará a vosotros. No es ninguna novedad que puede más lo que quieren mostrarnos que lo que en realidad se vé; si es que lo que se vé no se confunde con lo que quieren mostrarnos (ya, ya, esta idea es un tópico; haced de cuenta que no la habeis leído). Lo que quiero decir es que ningún verdadero redentor sale en las fotos. Aunque quizá por entonces todavía salieran, y estos tres caballeros hayan sido, en su momento, auténticos.
He aquí, pues la Sábana Santa de la Conferencia de Yalta: una instantánea que no volverá a cogerse jamás, y no porque sus protagonistas ya críen malvas, sino porque este tipo de gente ya no sale en fotos. Hoy en día, todo lo que podemos ver, o acaso intuir, es una multifacética red de símbolos montados sobre un artefacto comunicacional cuya sofisticación resulta tan compleja como inalcanzable: ya no son tres, pueden ser cientos. Sólo que nunca les veremos. Lo que vemos no es lo que es, sino lo que quieren mostrarnos.

Y tanto, que conviene que se escriban libros sobre ellos. Conviene, inclusive, que corran rumores sobre amenazas de muerte a periodistas e investigadores y que sólo sean rumores, ya que el hecho de que sigan vivos es la prueba fehaciente de que las teorías conspiratorias son sólo eso, teorías. Más leña al fuego de la paranoia colectiva. El Novus ordo seclorum no es más que un triangulillo misterioso impreso en el reverso de un billete de dólar. Como el gorro frigio, y las dos runas que llevaban los SS en el cuello de sus chaquetas militares. La conspiración no existe. Y si existe, qué importa, mientras me llegue para pagar la hipoteca. El grupo Bilberberg controla el mundo: ¿quién estará detrás del grupo Bilberberg? Thor tenía un rottweiler llamado Hitler, pero se le escapó y le hizo creer a -casi- todo el mundo que era el Anticristo.

¿Hay vida fuera? Sí, pero que no sea un demócrata, por favor. Cuando las ideas se convierten en palabras es buena cosa, pero cuando éstas acaban devorando el concepto, la palabra se convierte en sólo imagen acústica, que de tanto oirse y no practicarse acaba vaciándose de contenido y ya nadie, o muy pocos, se la creen.

¿Hay vida fuera? Sí; y gente que se mueve en la luz que toda sombra deja. Con fotos o sin, las sociedades secretas ya no existen.

25/3/08

Novus ordo seclorum (I)

Una democracia no puede existir como forma permanente de gobierno. Sólo puede existir hasta que los votantes descubren que pueden decidir sobre los dineros del Tesoro Público. A partir de ese momento, la mayoría siempre votará por el candidato que prometa más beneficios a cargo del Tesoro Público, con el resultado de que una democracia siempre colapsa bajo una irresponsable política fiscal, y siempre es seguida por una dictadura. La edad promedio de las más grandes civilizaciones de la tierra ha sido de doscientos años. Estas naciones han seguido esta secuencia: de la esclavitud a la fe espiritual, de la fe espiritual a una gran valentía, de esta gran valentía a la abundancia, de la abundancia a la complacencia, de la complacencia a la apatía, de la apatía a la dependencia, y de la dependencia de nuevo a la esclavitud.

Alexander Fraser Tyler (1700).

11/3/08

Contra el pensamiento único

Los tiempos que corren nos confrontan con cambios profundos en las estructuras sociales públicas y privadas a través de las cuales los hombres desarrollan sus actividades. En el sector privado, esto lo comprobamos si se compara la manera en que las empresas se organizan en 1996, que en poco, quizás nada, se asemeja a como lo hacían las empresas en 1946, o aún en 1966. En los asuntos públicos, este fenómeno resulta aún más agudo ya que los cambios que afectan al Estado, sus instituciones y sus funciones básicas y la manera en que se administra el poder, han sufrido transmutaciones y trastornos verdaderamente revolucionarios.

Ocurre, sin embargo, que mientras los avances tecnológicos en las comunicaciones, la informática y los procesos productivos se suceden con vertiginosa rapidez, los cambios psicológicos que debieran acompañarlos, al menos entre los segmentos dirigentes, evolucionan más dificultosa y lentamente lo que abre una enorme y peligrosa brecha entre las tecnologías con las que se administra el mundo y la visión política con la que se pretende comprender e interpretar su actual y futuro desarrollo. Es así que aunque el mundo de hoy poco se parece al de hace treinta años, la mayoría de la gente sin embargo sigue interpretándolo según paradigmas correspondientes a décadas - acaso siglos - pasados. En los asuntos políticos, sociales y aún en los económicos, es como si en la era de las computadoras realizáramos nuestros cálculos de la actualidad y previsiones para el futuro utilizando un antiguo ábaco.

A diario aplicamos tecnologías de los albores del siglo XXI para comunicarnos, para trasladarnos y para administrar nuestras vidas y nos sentimos perfectamente cómodos y a gusto con ello. Pero, ni bien intentamos interpretar los fenómenos políticos y sociales de nuestros días, de manera insensible y automática pareciera que nos retrotraemos a las pautas y los mitos políticos de los siglos XVIII y XIX. Aún en la economía, comprobamos algo parecido cuando hablamos del "libremercado", de las "leyes de las finanzas", o cuando utilizamos como punto de referencia las consignas de un liberalismo económico diseñado en el siglo XVIII para beneficio del imperio militar británico de hace más de doscientos años.
Desde entonces, diversos teóricos, escuelas económicas y más de un Premio Nobel de Economía han procurado explicar los más variados aspectos relacionados con los macroprocesos económicos del planeta. Mientras tanto, los mucho mas pragmáticos traders y operadores financieros globales, quienes poca paciencia parecieran tener con las últimas elucubraciones intelectuales de las escuelas económicas, literalmente trituran las economías nacionales y sectoriales con el torniquete de los mercados globalizados que crecen exponencialmente, jamás deteniéndose, y girando alocadamente las 24 horas del día. Desde Tokio a Hong Kong; desde Hong Kong a Tel Aviv; de Tel Aviv a Frankfurt y Londres; de Londres a Nueva York y Chicago; y de Chicago nuevamente a Tokio; sin solución de continuidad; sin principio y sin fin.
Seguimos pensando que el dólar, el Euro, la libra o el yen son monedas sujetas a las voluntades de los gobiernos de Estados Unidos, la Unión Europea, el Reino Unido o el Japón, cuando, en rigor de verdad, el valor del dólar y de todas las monedas se decide en los directorios de los grandes bancos y empresas de Wall Street o durante la noche al otro lado del planeta, en Tokio.
En política, a su vez, seguimos haciendo de cuenta que el Estado-nación moderno, nacido en los siglos XVIII y XIX, sigue siendo la máxima instancia para el ejercicio del poder. Creemos que solo basta con que un territorio determinado se dibuje en un mapa, con que el conjunto de personas que viven en él izen una bandera, porten un escudo, y nombre autoridades ejecutivas y legislativas para ocupar bancas congresales, sillones judiciales y tronos presidenciales y ministeriales para que, como por arte de magia, tengamos con ello "una nación soberana"; un "Estado", cuya maquinaria pública se encuentre lista para detentar y ejercer el "poder político".
El aceite con el que pretendemos lubricar los engranajes de esta maquinaria antediluviana lo denominamos "democracia" con lo que, abrazados a una fórmula política inventada por intelectuales del siglo XVIII, dogmatizada por los imperialismos del siglo XIX y estandarizada por la tecnocracia supranacional del siglo XX, hacemos de cuenta que con ello resulta suficiente para que "la voluntad de las mayorías rija los destinos de cada nación." Este modelo se ha impuesto como norma obligatoria en todos los Estados del planeta, como la conditio sine qua non que debe cumplirse si se cada pueblo se propone integrar el "concierto de las naciones". Sino, queda declarado fuera de la ley; un "rouge state" – Estado criminal – según una de las frases favoritas de Clinton y su secretaria de Estado, Madeleine Albright.
Pero cuando pasamos de la teoría a la realidad, observamos que las cosas resultan muy diferentes y mucho más difíciles; encontramos que algunos Estados resultan viables mientras que muchos otros, quizás la mayoría, no lo son; que a pesar de todo sigue habiendo guerras sangrientas inter e intranacionales; que sigue profundizándose el empobrecimiento de la vasta mayoría de la humanidad y de las clases medias y bajas, aún dentro de los países industrializados; que el descontrol en los asuntos de la humanidad se generaliza más y más. Y como seguimos insistiendo en respetar la sacrosantidad de los paradigmas de antaño, no acertamos a identificar el origen y las causas de nuestros males actuales.
El "establishment" intelectual contemporáneo parece habernos convencido de que, como por arte de magia - pues de magia parecería tratarse realmente -, con solo expresar los vocablos "democracia", "paz" y "derechos humanos", automáticamente todo se encarrila por si sólo, resolviéndose por simpatía y empatía. Al igual que en los rituales mágicos primitivos, también el hombre moderno pareciera ser cautivo de la antiquísima necesidad psicológica de creer que la palabra tiene, por sí sola y cuando se la expresa colectivamente, una fuerza mágica que le permite convocar y tornar en realidad aquello que evoca. Como una imitación bastarda de antiguos ritos, solo basta con repetir una versión aggiornada de la plegaria mítica colectiva moderna para que ésta se haga realidad.
Como decimos, hoy el mantra de moda no se dirige ni a dioses ni a santos, sino que expresa un conjunto vago de abstracciones: "democracia", "paz", "derechos humanos", o - mejor (¿peor?) aún - la idea de la democracia, la idea de la paz y la idea de los derechos humanos. En las últimas décadas, pareciera que sólo es necesario que nuestros dirigentes políticos repitan ad nauseam la idea de erigir un "gobierno democrático" defensor de la "paz", la "justicia" y los "derechos humanos", para que automática y mágicamente ello se torna realidad. Así es en la Argentina como en España; en Chile como en Canadá; en Brasil como en Alemania. Y desde hace muchas décadas más, también en los Estados Unidos, Gran Bretaña y otras naciones industrializadas.
Lamentablemente, la realidad nos muestra una cara muy distinta. La soberanía, la democracia, la defensa de los derechos humanos, la libertad y la justicia social jamás nacen espontáneamente, ni mucho menos se dictaminan por decreto. Si nos esforzamos en pegar un "salto cuántico" para acceder a un profundo cambio paradigmático, entonces comprenderemos las cosas de manera diferente y no tan solo como nos gustaría que fueran. Si sabemos escuchar y leer entre líneas, descubriremos el elocuente aunque sutil mensaje implícito en los acontecimientos contemporáneos, a pesar de que la mayoría de las personas rara vez logre interpretarlos correctamente. Estos acontecimientos mundiales se nos presentan pre-analizados – "predigeridos", por así decirlo – ante nuestros ojos: en la prensa, en la televisión y radio, en los libros propagadores de la "historia oficial" y de economía contemporánea y, muy especialmente, en el discurso político de estamentos muy precisos y compactos de dirigentes mundiales del máximo nivel y sus discípulos en todo el mundo. Todo ello nos permite entrever que aunque los instrumentos formales utilizados para introducir y ejecutar políticas internas y externas en las diversas naciones son, por lo general, las instituciones públicas del Estado, el origen del diseño y planificación de dichas políticas se ubica en instancias mucho menos evidentes que nosotros relacionamos con el CFR y la red mundial informal que lo complementa.
Porque de eso se trata: de comprender que la ideología de la globalización tiene como objetivo controlar todos los asuntos públicos de la humanidad por una tecnoestructura privada detentadora del poder real. Y, precisamente debido a ello, se autoexcluye de todo proceso democrático ya que no va a permitir que se la sujete a su propio instrumento de control. La ideología del globalismo conforma en última instancia la privatización del poder. Y su praxis política consiste en el control de todos los gobiernos que ocupan todos los Estados, a través de la imposición del régimen de la democracia formal partidocrática que resulta fácilmente controlable a través del dinero. Dinero que paga campañas electorales; dinero que genera corrientes de opinión pública; dinero que crea (y destruye) imágenes públicas; dinero que escribe y re-escribe la "historia oficial" local, regional y mundial a su conveniencia; dinero que financia poderosos medios de difusión que nos presentan la "realidad" que más le conviene para promulgar sus políticas; dinero que nos dice quienes son los "buenos" y quienes los "malos", cuales países son "modernos y confiables" y cuales son los "rouge states"; y que en pocas palabras nos lleva de las narices para dónde quieren, manteniéndonos a todos en la oscuridad y confusión.
Es que las fuerzas del dinero del hipercapitalismo radical y salvaje vigente pueden lograr esto y mucho más. Pueden censurar determinadas ideas, propuestas y enfoques, sea a través de su prohibición lisa y llana – de ahí, por ejemplo, su rechazo de todo "revisionismo histórico" que en muchos países es ilegal –, como a través de la saturación gigantesca de información, datos, chismes, rumores y propuestas descabelladas que logran generar un barullo infernal y generalizado en la televisión, la radio y los medios gráfico, que hace que cualquier idea buena que no disponga de los medios económicos para "gritar fuerte" quede totalmente ignorada y condenada al ostracismo. Se trata, en síntesis, de una verdadera censura económica unida a un sutil terrorismo intelectual que logra que todos – o casi todos – pensemos de manera politically correct.
Esto implica que se desdibujen valores tan caros como el de la libertad, que pasa a ser una mera abstracción, puesto que nos quedamos con la idea de la libertad y no con su realidad. Porque rara vez se distingue entre las distintas clases de "libertad" de la que puede gozar el hombre:
•La libertad del espíritu e intelecto que es, lejos, la más importante y que permite formar criterios y opiniones independientes sin necesidad de alinearse obligatoriamente con los cánones de la "opinión aceptada" y políticamente correcta de la época. Sustentada sobre una Ética firme, esta es la única libertad con valor real.
•La libertad política de las masas que, al menos teóricamente, es ilimitada. A esta libertad mítica acceden todos por igual: ricos y pobres; poderosos y débiles; inteligentes y estúpidos; buenos y perversos. Implica el permiso otorgado por una instancia superior que detenta poder, y que permite que periódicamente las mayorías expresen su opinión sobre algunos temas. Esta es apenas una "libertad" formal y de poca substancia.
•La libertad económica que es aquella que resulta del poder adquisitivo. Claramente, conforma una libertad importante por cuánto no implica el permiso para hacer determinadas cosas sino el poder para hacerlas, lo que la torna en una liberad real. (12)
De más está decir que de los tres tipos de "libertades" indicadas la única que tiene real valor en el sistema demoliberal imperante es la libertad económica. Para los estamentos dirigentes a su vez, la libertad intelectual tiene alto valor puesto que sólo ella permite prever, evaluar, planificar y actuar creativamente para defender y promover sus intereses. La libertad política masificada, finalmente, sólo conforma un mito social que poco le sirve a las masas que supuestamente disfrutan de ella, ya que se transforma en un instrumento de control en manos de aquellas minorías que disfrutan de las otras dos libertades auténticas: la intelectual y la económica.
Los principales acontecimientos que han determinado las características, tendencias y conformación del mundo moderno tienen su origen en amplios y profundos procesos de análisis, evaluación y planificación cuyo ámbito se encuentra fuera de lo que usualmente denominamos como de "dominio público". Se ubican mas allá de las estructuras gubernamentales detentoras del poder formal en los Estado-nación modernos. Pero para comprender esta realidad, resulta necesario aprender a pensar "fuera de la caja"; a pensar de una manera nueva o al menos diferente a la forma que pretende imponernos la ideología de la globalización; a romper con el paradigma de lo politically correct según la usanza estandarizadora norteamericana o del unique pensée, según la visión más aguda de los intelectuales franceses.
Resulta necesario ir contra la corriente, y eso no es para nada fácil en los tiempos que corren.

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EL CEREBRO DEL MUNDO- Adrián Salbuchi- Ediciones del Copista. Córdoba, Argentina- 1999

27/2/08

El croto

Alpargata, modesta, humilde, humildísima alpargata…
voy a cantarte aunque no soy poeta ni sé hacer versos.
Si habrás andado, alpargata, ceñida a las patas malolientes de los criollos que se bajaban del caballo, solamente para dormir.
Si habrás andado abrazada a los pies de crotos caminadores, de aquellos, que llevaban folletos anarquistas en el mono y sueños de redención en el alma.
(Canto a la alpargata, Hugo Woollands).

En Argentina, el croto es un personaje pintoresco. Como diría Arlt: un ser metafísico. Alguien que no encaja. El linyera, el vagabundo, el atorrante. Una criatura insignificante, desprovista de ideología y destinada a la marginalidad. Ya veremos hasta qué punto esto es cierto en sus orígenes..
Según Abraham Steel, en los tiempos en que el Dr. José Camilo Crotto era intendente de la ciudad de Buenos Aires, promulgó una ordenanza municipal que castigaba con prisión menor a todo individuo que circulara por las calles, con aspecto de vagabundo. Parece ser que dentro del marco del lenguaje carcelario, al preguntársele a algún individuo que purgaba prisión por tales circunstancias, por qué estaba preso, éste contestaba simplemente: "por Crotto". Carlos de la Fuente le corrije diciendo que el Dr. Crotto no fue intendente, sino gobernador de la provincia homónima, y que jamás decretó una ley que persiguiera a los menesterosos. Por el contrario, el Decreto Nº 3 del 7 de enero de 1920 permitía a los trabajadores rurales, llamados "peones golondrinas", viajar gratis en los vagones de carga vacíos, para trasladarse a las diferentes localidades donde presumían poder hallar conchabo transitorio (trabajo en el campo o doméstico). En un principio se les llamó "los hombres de Crotto" y luego simplemente "Croto". Con el tiempo se deformó el termino haciéndose extensivo a personas menesterosas.
Como narra Carlos Fos, en Los caminos de hierro de los crotos anarquistas:
"Estos trotamundos que usaban sus piernas y los vagones del ferrocarril a modo de alas, son los protagonistas de varios artículos de Hugo Nario y Alicia Maguid y de sendos libros de dos ex crotos: Beppo Ghezzi y Angel Borda. Referencias acerca de ellos también hallamos en los recuerdos de viejos libertarios, como los ya citados José Fernández y Miguel González. Mucho queda por estudiar para precisar la incidencia de los crotos libertarios en el surgimiento de sindicatos rurales o de pequeñas poblaciones, en el establecimiento de bibliotecas obreras, en la organización de huelgas en los pueblos y en el campo, en la circulación de las ideas anarquistas.
Sin lugar a dudas la figura de Hugo Woollands se destaca en este camino de acero, merced a su temple y actividad continua. La misma va a ser registrada en un pequeño diario. Recuerdos de un militante anarquista, libro 286 páginas, es un sintético relato de la intensa vida del idealista que unió, en prolija catarata, lirismo, vertientes sindicales, políticas, sociales y culturales sin ningún tipo de claudicaciones. En el comienzo un párrafo dice:
Saludo al compañero Croto, trashumante, jinete consumado de los cargueros que recorrían la república llevando folletos anarquistas en el mono y sueños de redención en el alma.
Hijo de Luis Woollands, seudónimo Juan Crusao autor de la célebre Carta Gaucha, obra de reacción valiente ante la injusticia, nació en Mar del Plata por 1918, y a los 10 años fue peón de chacra. A temprana edad conoció militancias, trotamundos y destinos inquietos, a veces promovidos u obligados por actitudes policíacas. Su padre no lo inscribió en el registro civil, creyó que se estaba en los albores de una nueva vida en libertad y justicia. En uno de los irracionales allanamientos a su casa del pueblo de 25 de Mayo, con 13 años y su hermano de 15 fueron esposados y llevados presos hasta otra ciudad. Así comenzó a conocer el lado tenebroso del poder político. Dos años mas tarde, radicado con su familia en Tandil, trabajó en mudanzas, venta ambulante y en una panadería. Luego siguieron aventuradas juntadas de maíz por norte de las provincia de Buenos Aires y Santa Fe, partidas y regresos en trenes de carga acompañado ocasionalmente por los célebres “Bepo” Ghezzi y Mario Penone, hoy desaparecidos, pero afortunadamente rescatados en la laureada película Que vivan los Crotos de Ana Poliak. Allí en una de sus acotaciones dice: Los Crotos no se sometían a la bajeza y humillación de ir a solicitar una limosna de puerta en puerta.
Una de sus memorables travesías en trenes la realizó a bordo de vagones mixtos de Hunter a Buenos Aires, luego en el techo de un carguero, templándose en el nocturno frío de agosto, envuelto solamente en un poncho y con un simple ”mono” como equipaje: Temperley, Dolores, Maipú, Ayacucho y Tandil. Su natural lirismo, oculto en un manto de modestia, lo volcó a la simpleza de la realidad.
Volvió a Mar del Plata en noviembre de 1939 para quedarse definitivamente. Inmediatamente se vincula a la Casa del Pueblo y Biblioteca Juventud Moderna. Despliega profusa actividad sindicalista y de actor en un conjunto filo dramático. Esta inquietud la mantiene persistentemente y no resulta extraño que en 1971, coincidiendo con los esfuerzos de construcción del teatro Diagonal, garantizó en anonimato, con su peculio particular la deuda contraída, acompañado por otros militantes entre los que se contaba Rubén García. Posteriormente, con la dirección de Domingo Agüero representó un destacado papel en la obra de Thorton Wilder Nuestro Pueblo, que se ofreció en dicha sala, hoy paradójicamente ocupada por un grupo religioso.
Al realizarse 1996 la Primer Cumbre de Crotos, bajo el lema Libertad Derecho supremo del hombre, "Don Héctor" disertó sobre el tema "Libres y Crotos" como colofón de su charla afirmó El Croto, de hondo sentido solidario es libre por vocación, ha aprendido la profesión de hombre plenamente, ayudado por las circunstancias y auxiliado por las necesidades. La madre naturaleza le ha indicado la manera de vivir y los secretos de la vida, para que pueda sobrevivir y no carecer de las cosas más elementales. En julio de 1997 en un reportaje dijo: Si me tocara repetir la vida haría lo mismo...
48 horas mas tarde al inicio de un acto cultural, asistimos impotentes a la realidad de la detención de su inmenso corazón libertario.
Angel Somoza nos cuenta de sus viajes por el país. El conforma la primera etapa de formador de acólitos. Los crotos que siguieron, en general, y debido a las grandes persecuciones no contaban con un bagaje teórico importante y sólo tomaban algunos elementos aislados de la práctica nómada. Aquí tenemos algunos testimonios:

"Iba y venía, subía y bajaba, paraba en un sitio, estaba dos o tres días, tomaba otro carguero, elegía una chata abierta cuando había sol y hacía frío y me echaba en el fondo, pasaba de un ramal a otro, si había pique en la arpillera o en alguna chacra y me gustaba el sitio me quedaba más tiempo, pero si una mañana alumbraba linda o escuchaba el pito de algún tren, pedía las cuentas, cargaba el mono y otra vez salía en busca de la estación mas próxima y subía al primer carguero que pasara para cualquier parte. Yo era con mi libertad como un chico con un juguete nuevo".

"Mi casa tiene catorce kilómetros de ancho por 47.000 de largo. Y la ventaja principal es que el dueño está en Inglaterra. Así que no me cobra alquiler"
(los Ferrocarriles Argentinos eran de Inglaterra hasta que los compró Perón allá por los 50).

"El perro era el enemigo del croto. Había que esperar la noche. Como el perro se pasaba todo el día corriendo, persiguiendo alimañas, cuando caía dormido no lo despertaba nadie. Pero eso sí: el momento era el primer sueño, el más pesado. A eso de las once de la noche, cuando toda la familia dormía, y el perro también, uno se metía en el gallinero y se llevaba una curva".

Manual de consideraciones ideológicas del croto
Del trabajo y la educación:
“Las ganas de trabajar no pueden ser nada más que el efecto de un largo desarrollo físico, intelectual y moral del trabajador. El trabajo, el trabajo auténtico, el que produce la riqueza y es fuente de la ciencia, tiene mucha necesidad de regularidad, de perseverancia y de sacrificio para poder ser amigo durante mucho tiempo de la pasión transitoria, por naturaleza inconstante y desordenada”.

“Todas las acciones, los movimientos, los pensamientos, los productos humanos tienen este carácter artístico; pero dicho arte nos lo dice la práctica de las cosas, lo desarrolla el trabajo: sucede que cuanto la habilidad del hombre se acerca más al ideal, tanto más él se levanta por encima de los sentidos. Lo que constituye el atractivo y la dignidad del trabajo es el poder de crear gracias al pensamiento, de liberarse de la mecanicidad, de superar la materia. Esta tendencia, débil en el niño demasiado inmerso en la vida sensitiva, más acentuada en el joven orgulloso de su fuerza y habilidad, pero sensible ya a los valores del espíritu, se refuerza con la madurez. ¿Quién no ha encontrado a algunos de esos obreros que han llegado a ser artistas de forma espontánea por larga asiduidad en el trabajo, para los que la perfección de la obra es una necesidad tan imperiosa como la subsistencia, que descubren en una especialidad aparentemente mezquina, perspectivas brillantes”.

“La filosofía y la ciencia nacen de la espontaneidad de los hombres… La idea con sus categorías, nace de la acción y a ella debe volver, so pena del decaimiento del que acciona. Y, ya que la acción es sobre todo trabajo, el problema del origen del trabajo está unido al origen de la ciencia. La idea se reconoce contemplándose en su obra”.

“Como en la antigüedad la iniciación a la belleza nacía de la divinidad, así en un futuro lejano la belleza saldrá como obra del trabajador, auténtico asceta y artista, y pedirá a las innumerables formas de la producción su expresión siempre nueva y siempre verdadera. Entonces por fin el Logos se demostrará y la humanidad trabajadora, más bella y libre que con los antiguos griegos, sin nobles y esclavos, ni magistrados ni sacerdotes, formará sobre la tierra cultivada una familia de héroes, de sabios y de artistas”.

“Hay que levantar la condición del obrero, empezando por levantar su valor por medio de la instrucción: fuera de esto no hay solución…Que los trabajadores lo den por enunciado”

“El aprendizaje es para nosotros la instrucción pública; la autoridad que debe presidir al mismo es la universidad que no se limite solamente a cuatro o cinco facultades sino que incluya en su amplio ámbito ciencias, arte, industrias, agricultura, comercio, trabajos públicos, ejército, economía, política, destino del género humano: desde los elementos del pensamiento hasta las últimas profundidades de la inteligencia. El derecho del aprendiz es conocer todo, ver todo, experimentar todo; su deber es el de realizar alegre y valientemente todas las fatigas impuestas por las necesidades de la sociedad y por el servicio interior de la fábrica. Este es el deber del aprendiz y la ley de la igualdad”.

“Fuerza del cuerpo, destreza de la mano, prontitud del espíritu, potencia de la idea, orgullo por las dificultades superadas, por la naturaleza sojuzgada, por el saber adquirido, por la independencia asegurada, por la comunión alcanzada con el género humano, por la participación solitaria al bienestar colectivo”.

Es necesario un período de selección de la totalidad de registros con que se cuenta para encarar, entonces la redacción de al menos dos volúmenes que recuperen la magna tarea de estos trashumantes, generalmente reconocidos por los estudios oficiales como marginales o pseudo héroes románticos. Este proceso de desideologización es muy funcional a la tarea académica dominante.
De lo expuesto se deduce que, a pesar de los progresos realizados en los últimos tiempos, es necesario profundizar las investigaciones realizadas y extenderlas hacia áreas temáticas y geográficas no suficientemente exploradas.
No podemos concluir estas consideraciones sin hacer mención a las fuentes. Dos problemas fundamentales se presentan a los investigadores del temprano movimiento obrero y anarquismo rosarino o argentino en general : a) la pérdida de una gran cantidad de diversos testimonios escritos elaborados por las organizaciones que los conformaban y b) la dispersión y mal estado de la documentación restante.
No obstante, el recurso a otro tipo de documentación (diarios o publicaciones de carácter general, registros estadísticos, memorias y cartas de antiguos protagonistas) y la consulta de todo tipo de bibliografía que pueda brindar algún dato, incluyendo obras de literatura, son instrumentos de gran valía que nos permiten avanzar en la labor heurística. Dentro de este conjunto debe brindarse especial atención a los trabajos ligados a la historia rosarina y Argentina.
Otro recurso lo constituye la consulta de publicaciones obreras elaboradas en países cuyos movimientos laborales estaban estrechamente vinculados, básicamente por cuestiones migratorias o por vecindad geográfica, con el argentino. Entre ellos sobresalen España, Italia, Francia, Uruguay, Chile y Brasil. Además, dado el carácter fuertemente internacionalista del anarquismo y, en menor medida, del socialismo argentinos, no sería extraño hallar referencias acerca de la situación local en publicaciones de dichas tendencias esparcidas por otros sitios de América y Europa.
La actividad de los crotos libertarios se fue diluyendo cualitativa y cuantitativamente desde fines de 1930. Si bien la concepción de libertad experimentada por los trabajadores golondrinas siguió a lo largo de por lo menos dos décadas relacionándola con el ideario ácrata, esta percepción es errónea.
Pero sus interminables esfuerzos, más allá de persecuciones y asesinatos, aún registran productos culturales (en especial bibliotecas populares) en muchos parajes del país.
El ejercicio de la memoria para no negarlos una vez más es mi compromiso.
Carlos Fos
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Todos los sueños existen. Existe el sueño de cada destino. El sueño que haría feliz al desdichado y que rompería la obstinación en el mortal fastidio del pesimista. Hay que crear la calle de los sueños perdidos… Habría que crear ese lugar. La calle de los sueños perdidos, de los sueños equivocados, de los sueños fugitivos, remotos, desvanecidos, desencontrados; de los sueños que sobreviven; de los sueños inéditos; de la ausencia y de la espera; del regreso a un día en que el sueño pudo ser nuestro…. (
Enrique González Tuñón).


Photo/post: Una imagen de Cachilo, el poeta de los muros.

26/2/08

Sine qua non

Hoy por la noche el ambiguo Sánchez Dragó ha dicho algo punzante: “En España no hay libertad de expresión. Hay libertad de impresión, que es cosa bien distinta (todo lo que se firma negro sobre blanco tiene validez). Pero en España, la libertad de expresión es censurable.”

Se refería al tema de la inmigración (como habeis apreciado ya, un tema recurrente en este blog; las copas corren por mi cuenta). En lo nominal, Sanchez Dragó no ha querido mojarse, pero en lo tácito ha dejado muy clara su postura, y además con astucia. Ya veremos por qué.

Después de ver el debate Zapatero/Rajoy, me asaltan una serie de preguntas. Preguntas que me vienen dando vueltas desde hace años y que todavía nadie a acertado a responderme
con entera libertad de expresión.

1) ¿Por qué la condición sine qua non para que un emigrante sea “regularizado” sigue siendo el contrato de trabajo por cuenta ajena?
2) ¿Por qué no puede residir legalmente en el país, teniendo una residencia pura y dura, y vivir, por ejemplo, de una renta?
3) ¿Por qué no se aclara que cuando se habla de permiso de trabajo debería añadirse también por cuenta ajena, que es lo que figura en letras pequeñas al dorso de cualquier carnet de residencia?
4) ¿Por qué un emigrante que decide darse de alta como autónomo no puede acceder a una residencia con permiso de trabajo, siendo que quizá en el futuro las circunstancias puedan llevarle a tener que trabajar por cuenta ajena, pero ahora mismo no lo necesita?
5) ¿Por qué se dá por sentado que si un emigrante está en el paro podría ser un delincuente?
6) Y sobre todo, y lo que es más grave desde el punto de vista ético: ¿por qué se identifica trabajo asalariado con garantía de honradez?

Por la misma razón que apunta astutamente Sánchez Dragó: porque en España (y en toda Europa) lo que hay no es libertad de expresión, sino sólo libertad de impresión. Todo lo que figura en el papel, es legal. Incluso un pre-contrato falso comprado al módico precio de 3000 euros (que es lo que puede costar un contrato en el mercado negro de los que trafican con la necesidad ajena, amparados por el silencio de las insituciones) será reconocido como verdadero sólo porque alguien ha sabido falsificar una impresión de negro sobre blanco. Es muy fácil conseguir un contrato de trabajo cuando hay desesperación. Si la condición es ésa, en Europa lo tienen crudo, porque la gente se busca la vida de las maneras más bizarras. Esto lo sabe incluso el más pardillo. En muchas ocasiones, el contrato de trabajo por cuenta ajena no es garantía de probidad, sino todo lo contrario: lo que hace es favorecer la aparición de mafias dispuestas a cobrar sumas astronóminas por un contrato falso. Pero de esto no se habla. No se puede hablar. O es una leyenda urbana.

Me dá igual que sean ZP, Rajoy, Llamazares, los verdes, los rojos, los humanistas o los falangistas. Quiero que alguien me explique POR QUÉ se oculta detrás de toda esta parafernalia de regularizaciones y buenas costumbres la realidad tan asquerosamente hipócrita de que el contrato de trabajo por cuenta ajena no es más que una tapadera para la legitimación de la esclavitud. Una esclavitud que a Europa le ha resultado muy rentable hasta ahora, pero que ya empieza a oler mal incluso para ella misma.

La verdad es que el tema me dá náusea. Cedo la palabra.