21/5/08

El gag de la garrapata

Hace poco menos de un año mi ordenador fue atacado por un virus informático que en su momento tenía todas las trazas de ser kafkiano. Para que sepais los peligros que entraña un virus, y los hackers que están detrás, os voy a contar cómo se cargaron mi PC en menos de una semana.
Como ya lo sabeis, esta gente trabaja a distancia, y sus víctimas suelen ser criaturas completamente ignorantes en materia informática. Algo así como yo. Sucede que un buen día se enteran de que tu ordenador no tiene protección y te envían algo que, como me desazné en su momento, se denomina parche (ya veis que soy ignorante en serio) ofreciéndote un antivirus de Google infalible. Entonces la pardilla va y en vez de cerrar el parche con la crucesita de arriba, pincha en el punto que pone: instalar antivirus. Y ahí es donde empieza la odisea, a la que luego se sumarán los chupópteros de las empresas de software que para formatear el disco te cobran por horas (podré ser pardilla con un parche, pero lo que se dice pardilla pardilla con un tío que pretende cobrarme 30 euros la hora por formatearme el ordenata, eso ya es cosa bien distinta… que para eso están los anti-virus de verdad, y cuestan 50).
En fin. Que a partir del parche vas viendo como día a día tu ordenador va sufriendo unos cambios que te hacen entrar en la dinámica de la paranoia, y empieza a quedar claro que ya no lo controlas tú, sino otra persona. Por ejemplo, si abres el Google, éste no se te abre una, sino 50 veces. Algo así como pasar las páginas de un libro a mucha prisa y que éste se acabe en algún momento, sólo que no eres tú quien lo manipula, sino un lector invisible al otro lado de la red. Es ahí cuando, pardilla o no, empiezas a entender lo que es un troyano.
Es cuando aparece el amigo informático de toda la vida que en realidad es un tío listo en cuestiones de software, dice él, pero que al cabo de media hora delante del ordenata empieza a repatear en los suelos como si estuviera viendo una final entre el Barza y el Madrid. Los amigos vienen a ver el espectáculo. Te dán su más sentido pésame antes de que la reina se desangre. ¡El navegador se abre 123 veces seguidas y lo hace a una velocidad vertiginosa! Intenta sacar el programa que se ha instalado en el disco, pero no hay forma. El programa vuelve a aparecer. Y si logra desinstalarlo, en su lugar o en otro lugar del disco o como se llame esta cosa, aparece otro programilla minúsculo y para colmo en forma de casco de motorista y del tamaño de una garrapata, que el tío no puede eliminar ni con el más potente de los insecticidas.
Al tercer día, mi pantalla amanece con una garrapata del tamaño de una tortuga marina ya adulta tapando los iconos y mi salvapantallas de Neil Young enfundado en su chaquera marinera, y sus ojos mansos asomando detrás de la tortuga con cara de compasión. O quizá no sea eso. Quizá sólo quiera decirme: “Tía, eres una capulla”.
La garrapata en cuestión es, en realidad, una mini pantalla en forma de casco de motorista -algo así como un vídeo-juego en cuyo interior se cuece un líquido virtual de aspecto viscoso- que pide a gritos ser abierta, haciendo click en donde siempre se hace click y en donde esta servidora que ya ha aprendido que no debe hacerse click en cualquier parte no hará click. A estas alturas he llegado a la conclusión de que al otro lado de la meta-pantalla hay un tío con gafillas observando. Uno de esos como los que aparecen en las malas películas yanquis, una criatura siniestra y pajillera sentada ante un gran panel lleno de pantallas con tías con cara de pardillas. O no.
Al quinto día el ordenador colapsa. El Windows ya no se abre. Te dán cinco opciones, las pruebas todas, pero nada. La reina ha muerto, larga vida a la garrapata.
Naturalmente, decido formatear mi Windows -ya que el ordenador vale la pena, me dicen, y no tiene más de un año-, aprovechando la ocasión para añadirle alguna que otra cosilla interesante y, por supuesto, comprarme un antivirus sin garrapatas. Uno en condiciones. Así estoy un año, hasta que decido agregarme a un foro. Uno de filosofía. Gente seria (...)
Al tercer día me banean por discrepar con uno de los moderadores: el tipo no está de acuerdo con mis conceptos peregrinos basados en la filosofía oriental (una filosofía contaminada de misticismo, según él) y nisiquiera está dispuesto a iniciar una pulseada dialéctica; diréctamente me banea sin derecho a réplica. Un SS integral. La encarnación misma de un nazi-caraculo disfrazado de nihilista-progre, que de esos, en la red, los hay a montones.
Lo que una no sabe es que el administrador de un foro, además de ser una criatura reaccionaria gafapastas disfrazada de radiguay, puede ser también un hacker en potencia, de esos que van metiendo garrapatas en tu sistema si no le has caído bien. Aquí es donde empieza el capítulo de las direcciones últiles, y aquí termino porque estoy ya se está volviendo un marrón.
El asunto es que consigo entrar nuevamente en el foro a través de otro e-mail y le replico. El tío vuelve a banearme. No conforme con ello, me amenaza con pillar mi IP y mi MAC. Yo todo lo que sé de un MAC es que es un ordenata con una manzanita de colores, pero mi amigo el informático me explica que es otra cosa, algo así como un código identificador inmerso en mi sistema. Sin embargo, hay que ser muy ducho para pillar un IP y mucho más un MAC. Lo que no me queda claro es que sea del todo legal. Como no me queda claro que existan, en la red, foros de criaturas de la laguna negra que se hacen llamar hackers y que se jactan públicamente de haber entrado en varios ordenadores y de tener inclusive los datos bancarios de sus propietarios.
Tened cuidado, amigos míos, que las garrapatas no sólo chupan sangre: han aprendido, y ahora se chupan la tinta del capital.

La foto es de Kevin Mitnick. ¿A que es majo? Y no, no es el mano derecha de Bill Gates, es el hacker más famoso del mundo (aunque es sible que trabajen en colaboración

16/5/08

Gea


A la hora de mirar un cuadro, lo que más me gusta es cuestionarme qué demonios ha hecho esa persona y por qué. Busco algo que me maraville, incluso que me confunda. Eso es lo que me atrae. No hay que tipificar algo que, por naturaleza, es innombrable. Creo que todo ese proceso me ayuda, me hace sentir vivo.

-Julian Schnabel

13/5/08

Moscas o cruzados

Algunos de nosotros servimos como cruzados y algunos como moscas aplastadas contra una valla. Vivimos una existencia espartana. (Patti Smith)


Hubo quien dijo: "No baja quien puede o quien quiere, sino a quien le toca". Aceptación no es lo mismo que conformismo. Aceptar algo, o rebelarse contra ello, implica indefectiblemente un ejercicio de la libertad. El que acepta, primero tiene que procesar la información a fin de aceptarla o eliminarla. No hay aceptación válida sin un acto consciente y de previa reflexión.

El conformismo, en cambio, es bien distinto. Es la mosca aplastada contra la valla aunque ésta se crea halcón. Tarde o temprano, la mosca habrá muerto, y para cuando lo sepa... quizá sea demasiado tarde. Otros habrán elegido por ella.

11/5/08

Mo-mo

Mi madre nos ponía la merienda en una fiambrera dentro de la mochila. Ella se preocupaba por mí, que comía poco y andaba mucho, que era una cría nerviosa, un culo de mal asiento. Me llenaba la fiambrera con un enorme bocata de queso hecho con pan de higos secos y pipas de calabaza, para evitar las lombrices; pero igual no había manera de que yo me lo comiera todo. Un día le dije: “Madre, pónme algo ligero”, porque ya empezaba a hacer calor y a mí la comida siempre me ha caído pesada cuando hace calor. Mo-mo estaba ahí conmigo, llenando su mochila sin prestar atención. Cuando llegó la hora de la merienda, me tumbé en un banco con mis colegas y saqué la fiambrera. Al notar que se movía, di un grito y la fiambrera voló por los aires.
¿Qué demonios había allí dentro?
Mis colegas y yo formamos corro alrededor. Nadie se atrevía a abrirlo. “Bocata no”, dijo una chavala, “porque esas cosas no suelen saltar en las fiambreras”. Insecto ponzoñoso o mascota, tampoco, pensé, porque yo tenía un radar con esas cosas y me habría dado cuenta enseguida. Si de algo estaba segura era de dos cosas. Una: que mi madre no había tenido nada que ver con lo que fuera que hubiese dentro de la fiambrera. Y otra, que la curiosidad podía ser más fuerte que el miedo. Así que la abrí como pude con la punta del zapato.
Lo que encontramos en el fondo de la fiambrera fue un pajarillo atontado hecho una bola de plumas. Sorpresa general y alivio instantáneo, que degeneró en risas y en decepción al ver que el pájaro se desperezaba, echaba a volar, y se perdía en el cielo, lejos de nuestra vista. Nos quedamos felices y atónitas.
Entonces tropecé con Mo-mo, que estaba ahí, a metros de mí. Al instante supe que había sido él.
“¿No querías algo ligero?”, me dijo.



Vídeo/post: Lila dice, de Ziad Doueiri.

29/4/08

Un año de vida

Hoy el K-osmonauta del azulejo cumple su primer año de vida en la red, así que... psss, merece celebrarse. Me he divertido mucho en este espacio, la verdad, he conocido e intercambiado ideas y opiniones con gente muy interesante, otra no tanto; unos van, otros vienen... pues eso: que la red es como la vida, y estoy satisfecha de que sea así. Como la Piaf, no nos arrepentimos de nada, porque ¡ea!... ha valido la pena, y desde luego, el kosmonauta y yo seguiremos al pie del cañón.

Feliz Cumpleaños, guapo...

26/4/08

El escándalo de Notre Dame

A las once de la mañana del 9 de abril de 1950, cuatro jóvenes -uno de ellos vestido de pies a cabeza de monje dominico- entraron en Notre Dame de París. Era en plena misa de Pascua; en la iglesia habían 10.000 personas procedentes de todo el mundo. “El falso dominico”, como le denominó la prensa -Michael Mourre, de ventidos años- aprovechó una pausa que siguió al rezo del credo y subió al altar. Comenzó a leer un sermón escrito por uno de los conspiradores, Serge Berna, de veinticinco años:

Hoy, día de Pascua del Año Santo
aquí
en la insigne iglesia de Notre Dame de París
acuso
a la Iglesia Católica universal de haber desviado letalmente nuestra fuerza vital
hacia un cielo vacío
acuso
a la Iglesia Católica de estafa
acuso
a la Iglesia Católica de infectar el mundo con su moralidad fúnebre
de ser la llaga que se extiende en el cuerpo descompuesto de Occidente.
En verdad os digo: Dios ha muerto
vomitamos la agonizante insipidez de vuestras plegarias
pues vuestras plegarias han sido el humo pringoso de los campos
de batalla de nuestra Europa.
Sumergíos pues en el trágico y exaltante desierto de un mundo
en el que Dios ha muerto
y labrad esta tierra con vuestras manos desnudas
con vuestras manos ORGULLOSAS
con vuestras manos sin plegarias.
Hoy día de Pascua del Año Santo
aquí en la insigne iglesia de Notre Dame de Francia
proclamamos la muerte de Cristo-dios, para que el hombre
pueda vivir por fin.

El cataclismo que siguió fue más allá de todo cuanto pudieron haber esperado Mourre y sus seguidores, quienes al principio simplemente habían planeado soltar unos cuantos globos rojos. El organista, advertido de que podía tener lugar una irrupción de este tipo, ahogó las palabras de Mourre justo depués de que éste pronunciase las palabras mágicas: “Dios ha muerto”. El resto del discurso jamás llegó a pronunciarse: la guardia suiza de la catedral desenvainó sus sables, acometió contra los conspiradores e intentó matarles. Los camaradas de Mourre subieron al altar para protegerle: a uno de ellos, Jean Rullier, de veinticuatro años, le rajaron la cara de un sablazo. Los blasfemos escaparon y fueron capturados, o mejor dicho rescatados, por la policía, ya que tras perseguirles hasta el Sena, la multitud a punto estuvo de lincharlos. Un cómplice aguardaba con un coche en marcha listo para emprender la huída, pero ante la visión de aquella multitud enardecida, no les esperó.

(…)

De los cuatro illuminati (etimológicamente hablando, ojo; no confundir de ninguna manera con la sociedad secreta homónima, si lo es), solo Mourre fue detenido: el arzobispo le acusó de hacerse pasar por un sacerdote. Enviado a un reconocimiento psiquiátrico, Mourre consiguió que Combat (una publicación de la época) cambiara de línea editorial cuando el alienista escogido por el tribunal, un tal doctor Micoud, resumió la personalidad de Mourre con las expresiones: idealismo frenético; desprecio por la percepción externa; cogito prerreflexivo; ortosexualidad (vergonzosamente admitida); capacidad para ir directo al corazón de una doctrina y para viajar en un instante a través de varias épocas; irritación ante la sugerencia de que el Ser puede haber precedido a la Existencia; ideas fugaces; ataques sorpresa mediante lanzamientos en paracaídas (…) e interminables profusiones de neologismos; y una lógica exageradamente sesgada y paranoica, en la que hay más intolerancia rigurosa que rigor intolerante.

El doctor Micoud había ido demasiado lejos: un segundo escándalo ahogó al primero, y después de permanecer once días bajo custodia, Mourre fue puesto en libertad. Tres meses después escribió Malgré le blaspheme (A pesar de la blasfemia), un libro tan aceptable para la iglesia que el arzobispo, el mismísimo hombre cuya misa Mourre había interrumpido, recomendó que todas las bibliotecas de la iglesia comprasen.

(…)

Tras haber escrito las biografías de Charles Maurras (1868-1952) -el carismático líder de la facción Acción Francesa, monárquica y protofascista, adalid de la libertad religiosa del siglo XIX- Mourre se convirtió en un escritor a sueldo enciclopédico y eclesiástico; murió, respetable y olvidado, en 1977. El incidente de Notre-Dame, observó un corresponsal de Combat en pleno furor, era, a falta de otra cosa, un buen principio para una carrera literaria.

Greil Marcus, Rastros de carmín, 1989

Aplausos (y abucheos).

Estamos en el siglo XXI, y lo que acabais de leer podría mover a risa (o no).