21/9/09

Romántico y el cuarto poder (II)

La Argentina, que había recibido a millones de inmigrantes desde 1880, cerró sus puertas a partir de 1930. Cuando se produjo el estallido de la Guerra Civil española en 1936, apareció en el gobierno argentino la preocupación por el posible ingreso de los refugiados españoles, considerados "extranjeros indeseables". Estos eran visualizados como una amenaza para la población nacional, y el Estado argentino debía estar alerta para no convertirse en "el receptáculo de personas indeseables" por el peligro ideológico que representaban. Durante 1938 se incrementaron las trabas para los extranjeros que quisieran emigrar a la Argentina, en particular los refugiados, tanto judíos como españoles republicanos. Los cónsules argentinos en el exterior fueron instruidos para suspender visas de ingreso al pais, e incluso permisos ya acordados en Buenos Aires fueron revisados y en muchos casos anulados. El fin de la Guerra Civil en abril de 1939 y el estallido de la Segunda Guerra Mundial a los pocos meses no hizo más que empeorar la situación de los republicanos españoles exiliados en Francia. Miles de solicitudes de ingreso fueron rechazadas debido a la suspensión y caducidad de permisos de ingreso. Esto originó una serie de protestas por parte de diputados del campo opositor, socialistas y radicales, que levantaron sus voces en defensa de los refugiados españoles y judíos. Dentro de este frente se ubicaba el diario Crítica, el diario popular de Buenos Aires, que junto con El Mundo, fundado en 1928 se constituyeron en los dos diarios modernos que crearon un nuevo estilo periodístico más adecuado a la expansión y demandas del público. En ambos se entrelazaba el nuevo periodismo de noticias breves, grandes titulares, donde se filtraba la vida cotidiana, la información sobre delitos y accidentes en la sección policial, las mujeres, los chicos, a los que Crítica dedicaba un suplemento semanal, los espectáculos y deportes, con notas de escritores e intelectuales de vanguardia (incluyendo a los de origen patricio como Borges) y de la literatura social.
Crítica y su director Natalio Botana llegaron a constituirse en los principales actores en la defensa de la República Española primero y de los refugiados republicanos después. Desde el estallido mismo de la guerra el diario publicó notas editoriales, columnas de opinión y colaboraciones que expresaban un abierto apoyo al gobierno republicano, criticando con dureza la actuación del ejército franquista. En una nota titulada "El norte de España es ya una colonia ítalo-germana" denunció el apoyo alemán e italiano a Franco. Criticó asimismo la actitud prescindente de los gobierno democráticos europeos, acusando a los mismos por el desenlace de la Guerra. El 4 de marzo de 1938 Crítica denuncia que España será aplastada por la neutralidad de los países democráticos. El 27 de febrero de 1939 dedica un largo artículo para explicar que la traición anglo-francesa ha terminado la guerra civil.
Consecuente con su entusiasta defensa de la República española, el diario sesgaba las noticias provenientes de la península con el objetivo de sobredimensionar los triunfos leales y ocultar o relativizar los avances rebeldes. El propio Manuel Azaña en sus Memorias políticas y de guerra, se muestra sorprendido ante la visita de Eduardo Toribio Bedoya director de Crítica, en agosto de 1937, solicitándole escribiera un artículo para el periódico "explicando la estupenda obra que realiza el Gobierno español y el heroísmo del pueblo". El asombro de Azaña se deriva del gran conocimiento y encendido entusiasmo mostrado por Bedoya sobre el desarrollo de la Guerra Civil.
Es significativa, por ejemplo, la información brindada por el diario durante enero de 1939. A inicios del mes sus primeras páginas hablan de grandes triunfos leales, información que va combinando lentamente con otras que indican un cierto avance de Franco en Cataluña. Casi inesperadamente, el 25 de enero informa de la caída de Barcelona. Crítica se comprometió editorial y materialmente con los organismos e instituciones argentinas de ayuda al "legítimo gobierno español" y participó en todo tipo de actividades solidarias. Terminada la guerra Civil, la posición del periódico se continuó en tres líneas editoriales paralelas. En primer lugar, el apoyo a los republicanos españoles refugiados en Francia. Denunciaba, por otro lado las atrocidades cometidas por el franquismo triunfante. Crítica informaba sobre lo que llamaba "la obra de destrucción de España" realizada por Franco en su primer año de gobierno, "nueve fusilados por minuto los primeros dias, 400.000 exiliados en Francia, miles de intelectuales por el mundo". Finalmente, el diario ofrecía un lugar significativo a información de problemas y enfrentamientos dentro del gobierno franquista y sobre el descontento popular en España. Consecuente con su actitud opositora al gobierno franquista, Crítica auguraba la pronta desaparición del ilegítimo gobierno rebelde, asegurando que "más pronto de lo que algunos suponen, España tendrá su tercera república".
Esta posición del periódico y de Botana fue reconocida por los republicanos españoles en diferentes oportunidades. Así, a propósito de su irrupción en el Massilia dice otro de los pasajeros
"Jamás olvidaré lo que hizo Botana por nosotros. Quién se animaba en aquel momento a presentarse así suelto de cuerpo y pedir por los rojos republicanos?. El sabía cómo moverse y estaba dispuesto a jugarse, era un verdadero antifascista".
Ya desde el estallido de la guerra el diario había comenzado una suscripción popular a favor de la Cruz Roja Española; Crítica encabezaba los aportes con $ 1000, Natalio Botana, $ 1000 y el personal del diario, $454,40. Durante los tres años de la guerra las páginas del diario publicaron noticias sobre la ayuda argentina hacia las fuerzas leales y de los actos realizados en el pais por algunos organismos a favor de la España Republicana. La visita de Indalecio Prieto, líder socialista, representante de la República española en enero de 1939, a pocos días del derrumbe de Barcelona, ocupó las paginas centrales del diario. Segun Helvio Botana, hijo de Natalio, Prieto había sido enviado a la Argentina por la República Española con un mensaje secreto:
"La guerra estaba irremediablemente perdida, y se continuaba en retirada, pues sabían que no habría piedad para los vencidos y había que tratar de que llegaran a Francia como refugiados.
Estaban más que agradecidos a Natalio, pero pragmáticamente consideraban que sería conveniente a sus intereses, que los abandonara y cambiara de frente, teniendo para ello el tiempo que quedaba hasta la derrota final que podian ser dos o tres meses. Crítica podría ir llevando la opinión del diario, de beligerante a neutral, para no caer en la situación negativa que significa para una empresa el estar ligada a una causa política perdida.
Natalio Botana, agradecido, les demostró que lo de España era únicamente una batalla de la guerra, que se desencadenaría no bien Hitler tuviese a España a su favor”.
Efectivamente, Botana hizo caso omiso del consejo de Prieto. El diario apoyó fervientemente las gestiones de la Comisión Argentina para Niños Españoles, que intentaba el traslado de niños y refugiados españoles, integrada por Marcelo T. de Alvear (conservador), Alfredo Palacios (socialista), José Peco, Mariano Castex y Carlos Saavedra Lamas. El diario se mostraba optimista sobre la posibilidad de que la Argentina recibiera a una gran cantidad de niños españoles. El 18 de febrero de 1939 Crítica publicó una extensa entrevista al Presidente de dicha Comisión bajo el título, "Centenares de niños españoles van a ser conducidos a nuestro pais". Ese mismo dia Crítica informaba de la entrega por los miembros de la Comisión de una nota a la Cancillería solicitando al gobierno argentino que se permitiera la entrada de niños desamparados, ciudadanos españoles con familias en la Argentina que dispongan de recursos, trabajadores del campo e intelectuales. La informacion de Crítica va mostrando, lentamente, la realidad contra la que debieron enfrentarse los sectores que propician el ingreso de los republicanos españoles. Las noticias sobre proyectos de radicación van dando lugar a los reclamos al gobierno para que permitiera la entrada de los refugiados. A partir del derrumbe definitivo de la República, Crítica encabezó una verdadera cruzada en favor de los exiliados. Esta campaña del diario se evidenció por primera vez en enero de 1939 y se mantuvo en forma constante hasta mediados de 1941.
El 27 de enero de 1939, dos días después de la caída de Barcelona en poder de Franco, Crítica comenzó a publicar noticias y comentarios sobre la situación de los refugiados españoles en Francia. Estas noticias se combinaban con detalles sobre la continuidad de la guerra en el frente madrileño y el fin de la Guerra Civil. El periódico informaba detalladamente sobre la situación de los refugiados. Contaba para ello con corresponsales directos como el representante de la FUA (Federación Universitaria Argentina) ante el estudiantado español, Guillermo Delgado, quien informó al regresar al pais la vida horrible en los campos de concentración para refugiados que habilitó Francia, confirmando al mismo tiempo, las denuncias de Crítica sobre el mal comportamiento de los funcionarios de la Cancillería argentina. [27] También publicaba cables de agencias internacionales que denunciaban el mal trato a que eran sometidos los refugiados en Francia, donde morían de hambre y frio y sin ningún tipo de atención médica. [28]
A partir de ese momento comenzó a plantear la mejor opción para poner fin a las penurias de los españoles en Francia: "Desgarradoras voces de auxilio lanzan los refugiados españoles que quieren venir a trabajar". Crítica concentrará todos sus esfuerzos en lograr que puedan ponerse a salvo de sus penurias en la Argentina.
En abril de 1939 se anuncia desde Córdoba la realización de un mitin organizado por la Liga de los derechos del Hombre y por el Comité Pro Ayuda al pueblo español en donde se pedía la apertura de las fronteras argentinas para la entrada de españoles republicanos. Al mismo tiempo Crítica informaba sobre la actitud intimidatoria del gobierno argentino ante las instituciones pro-republicanas, denunciando la detención de 70 personas de distinta filiación política en un Festival Pro España Leal. Crítica acusaba al gobierno argentino de tratar de modo benevolente a los grupos franquistas reaccionarios.
A fines de abril de 1939 apareció la primer mención del diario criticando la política inmigratoria del gobierno argentino, clamando por la necesidad de abrir las puertas a los hombres laboriosos del mundo. A partir de junio inicia una campaña sistemática sobre el tema, ilustrando las notas con las fotos de Juan Baustista Alberdi y Domingo Faustino Sarmiento. Crítica habla de tres categorías de inmigrantes, los que vienen a buscar trabajo sin mas capital que sus brazos, los que poseen un pequeño capital y están dispuestos a invertirlo en el pais, y el perseguido político, que no es un delincuente, sino un hombre al que le hacen la vida imposible las tiranías europeas, porque, "como nosotros, ese hombre es un demócrata". Que vengan todos es la opinión de Crítica. El diario denunció al Comité Consultivo de la Dirección de Inmigraciones por tomar medidas inconstitucionales que violan la vieja hospitalidad argentina y son contrarias a las necesidades del pais. Consecuente con su posición, Crítica apoya a los diputados radicales y socialistas que, el 9 de agosto de 1939, interpelaron a los Ministros de Agricultura y Relaciones Exteriores y Culto y denunciaron la política de puertas cerradas del gobierno argentino.
En julio de 1939 se abre un capítulo especial en la lucha por el libre ingreso a la Argentina de los refugiados españoles en Francia. El 14 de ese mes Crítica hace un llamado urgente. "Debemos acudir en ayuda de los intelectuales españoles. Universitarios, profesionales, escritores y artistas figuran entre los refugiados en Francia, sin destino fijo. Para contribuir a salvar lo mejor de la cultura española, actualmente en los campos de concentración (en Francia) abre Crítica una suscripción de carácter nacional". Crítica inicia la suscripción con $5 000. El mismo día pedirán al presidente, Dr. Ortiz [que accediera a la presidencia mediante elecciones fraudulentas, la nota es mía] que se permita la entrada al pais de los intelectuales españoles. La campaña se inicia con un reportaje a Enrique Banchs, Presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) donde éste solicita a Ortiz que realice gestiones en favor de los escritores españoles que se encuentran en Francia y otros paises, permitiendo la entrada en el pais de los intelectuales que quieran radicarse en la Argentina. Desde ese momento y hasta fines de agosto, aparece diariamente una página dedicada al tema. Incluye datos sobre los intelectuales refugiados en Francia, la lista de donaciones recibidas, la adhesión a la colecta de diferentes instituciones e información sobre festivales y actos de apoyo. A 72 horas de iniciada, la colecta llega a $13 286. El 9 de agosto de 1939 el total acumulado asciende a $34 870,40.
El 13 de noviembre se informa sobre el destino de los fondos:
"A pedido de entidades de ayuda a los intelectuales Crítica distribuyó el producto de la colecta Suscripción Pro-intelectuales españoles entre exiliados del Massilia. En la Argentina, agregaba, quedaron unas 50 personas, siguiendo viaje a Chile otros 70 intelectuales”.
El total recaudado se repartió entre las 50 personas que se instalarían en nuestro país ($29 212,60) y los 70 intelectuales que seguirían viaje a Chile ($10 000) A estos fondos Botana probablemente agregó parte del premio de $50000 que su caballo Romántico había obtenido en el Gran premio Carlos Pellegrini. Su hijo, Helvio Botana, recuerda...
"El regalo masivo llegó en el vapor Marilia (sic), casi un centenar de refugiados (sic) que iban rumbo a Chile.... Natalio consiguió en seguida la residencia para todos, y lo completó a su estilo: a medida que iban bajando del vapor, en la pasarela fueron recibiendo un sobre con suficiente dinero para vivir con dignidad dos meses, período calculado para conseguir trabajo.
Los periodistas pasaron casi todos a Crítica, donde fueron una inyección de pureza idiomática, y de otras líneas de imaginación creadora".


Curiosamente, el resto de la prensa nacional no hizo alusión al hecho inédito de que los intelectuales del Massilia, se quedaran en Buenos Aires. Sólo en la sección "Teatro" del diario La Nación se menciona la llegada de tres autores teatrales de actuación celebrada en España: Eusebio de Gorbea, Pascual Guillén y Salvador Valverde y al escenógrafo Gori Muñoz, sin aclarar que se trataba de pasajeros del Massilia.

Sin embargo, el hecho no pasó desapercibido en la Embajada de la Argentina en España, desde la cual un funcionario anónimo informaba a un destinatario también desconocido, pero que podemos suponer era integrante del gobierno franquista, lo siguiente:
"Hay que señalar la maniobra comunista desarrollada en Buenos Aires por los elementos avanzados argentinos, con los emigrados españoles del vapor Massilla. Iban destinados a Chile y se quedaron en Buenos Aires, en vista de que una manifestación de argentinos provocada por el Director de Crítica, así lo pidió.
He calificado de 'maniobra comunista' ésta del desembarco en Buenos Aires, y así parece. Se recuerdan las consignas del Komintern al SERE [Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles], orientadas a la creación de grandes núcleos de comunistas en Argentina y México, de donde habían de irradiar una fuerte propaganda sobre toda América y procurar el entorpecimietno del comercio con Francia e Inglaterra.
Y aquí radica la maniobra del desembarque, Hasta ahora, la Argentina se había negado rotundamente a visar pasaportes rojos y a conceder permisos de estancia en el territorio. En vista de ello, han acudido a este medio de la manifestación”.
El funcionario diplomático argentino, integrante de una representación diplomática de netas simpatías pro-franquistas, apuntaba en ese texto al carácter colectivo de la solidaridad que reclamaba por el derecho de los españoles a instalarse en la Argentina. El carácter del complot, tildado como "maniobra comunista", sugiere un plan claramente elaborado por la Unión Soviética, para expandir sus ideas en Argentina y México. La acción de Botana ya no es más la del protagonista solitario sino la del instigador de una acción colectiva. Ninguno de nuestros testigos menciona la existencia de la "manifestación" a la que alude el texto.
El gobierno no deseaba que quienes vinieran al país "sean vencidos que buscan asilo a sus fracasos". E insistía que "el perseguido político no es un inmigrante y que no se puede pretender que el gobierno de la república [argentina] cree, con olvido de sus deberes fundamentales, un problema inexistente a título de resolver un problema existente en otros países".
Sin embargo, el presidente Ortiz finalmente otorgó la autorización para que los españoles del Massilia se quedaran.
Crítica remarca el gesto del Poder Ejecutivo de permitir el ingreso de algunos de los exiliados del Massilia, señalando que "El presidente Ortiz interpretó el sentir de nuestra república al ofrecerles hogar democrático a los refugiados de España.
También la Federación de Entidades Democráticas Españolas envió una carta al presidente para "expresarle su reconocimiento por la resolución adoptada con algunos españoles llegados al puerto de Bs.As. a bordo del vapor Massilia... y que expresando su deseo de quedarse en la Argentina, fueron autorizados para ello, con generosa interpretación por parte del Sr. Presidente de lo dispuesto en materia inmigratoria”.
La Federación de Entidades Democráticas Españolas da una versión en la cual la iniciativa pasa de la decisión individual de Botana o de la "manifestación" organizada, al deseo de algunos pasajeros de quedarse, pasando de este modo todo el protagonismo al Dr. Ortiz y a la benévola decisión de autorizar su ingreso.
Maria Rosa Oliver propone en sus Memorias, una hipótesis propia respecto de la vinculación entre Botana y el presidente Ortiz y los motivos que llevaron a éste último a favorecer a los republicanos del Massilia:
"La admisión masiva se debió a la campaña que hizo Crítica y a la acción decidida de su director, Natalio Botana, con quien el gobierno tenía una deuda pendiente: Crítica había preparado el terreno para que tuviera éxito la asonada militar que el 6 de septiembre de 1930 derrocó al gobierno de Yrigoyen”.
Efectivamente fue en las instalaciones del diario donde se realizaron reuniones de políticos opositores y desde donde salieron manifestaciones callejeras antiyrigoyenistas en los días previos al golpe. Mientras otros medios como La Nación o La Prensa, limitaban su accionar a la agitación intelectual, Crítica apostó a un rol más activo, "como organizador material de la ruptura institucional".
La activa participación de Crítica en la coyuntura de 1930 implicó una reformulación de su carácter ya que a pesar de ser un diario periodísticamente moderno, apareció jugando un definido rol político, reactivando una práctica que había criticado desde su fundación. Si bien su intervención fue elogiada y su influencia e impacto reconocidos, las relaciones de Crítica con el nuevo gobierno no fueron de ninguna manera armoniosas, iniciando una larga etapa de denuncias, pedidos de elecciones, etc.
Durante los últimos años de la década del 30, Crítica seguía siendo un actor político de peso, jugando un rol activo en la configuración de la opinion pública. En el plano nacional, el diario denunció los fraudes electorales y restricciones a la actividad política y sindical, mostrando una simpatía moderada hacia la Unión Cívica Radical. Apareció apoyando al Partido Socialista Obrero durante la campaña electoral de 1938. El diario denunció las condiciones de vida y trabajo de la población rural así como los negociados y estafas en el ámbito gubernamental. Apoyó la decisión del Poder Ejecutivo de declarar en comisión al personal de la Dirección de Inmigración, a los que acusaba de obstaculizar el ingreso al país con trabas burocráticas y medidas demasiados estrictas para poder solicitar coimas. Crítica denunció la infiltración nazi en la Argentina y realizó una gran campaña reprobando la política inmigratoria argentina, defendiendo el libre ingreso de inmigrantes y refugiados.
En el plano internacional, la posición del periódico se caracterizó por una clara y combativa posición antifascista, que se sintetiza en la nota a pie de página que apareció diariamente a partir de la invasión alemana a Polonia:
"Nuestra posición: con Francia, con Inglaterra y con los paises democráticos de Europa. Crítica seguirá una ruta ya de antiguo trazada. No admitimos los tonos grises: deseamos el triunfo de la civilización y el aplastamiento de las dictaduras".
Es difícil suponer que habiendo transcurrido nueve años desde el momento del golpe que derrocó a Yrigoyen, el hecho de que Ortiz fuese de alguna manera heredero del proceso político iniciado entonces pudiera convertirlo en deudor de Botana. En todo caso, es más probable que haya influído la importancia de Crítica en la formación de la opinión pública y su rol como actor político de perfiles muy definidos, reafirmando, como señala Sylvia Saitta, la existencia de un nuevo escenario periodístico en el cual la prensa diaria tenía una activa participación en la resolución de cuestiones políticas.
Indudablemente Crítica instaló el tema de la Guerra Civil Española en la sociedad argentina, como bien lo recuerda su hijo, Helvio Botana:
"..mi padre convirtió la guerra española en problema argentino, pues así se lo tomó ... Por influjo de Crítica nuestra población tomó partido en pro o en contra de Franco. Así fue, en toda la República una beligerancia polémica nos invadió. Y como en toda guerra, hubo hechos notables y ridículos; abnegados y aprovechados. El "no te metas" desapareció. La Argentina vibró y se vivió pasionalmente un suceso que fue nuestro."
La intervención personal de Natalio Botana en el caso del Massilia también ha suscitado interpretaciones menos benevolentes. Francisco Ayala, exiliado en la Argentina entre 1940 y 1945 ha escrito que:
"Al dueño de Crítica, diario vespertino tan popular como sensacionalista....en vista de que los intelectuales exiliados se hallaban en situacion financiera bastante precaria, se le ocurrió formar un ramillete con unas cuantas personalidades, escritores, políticos de los mas conocidos, para encargarles, a cada cual, un artículo espléndidamente pagado, detalle de mecenazgo que, claro está, debía redundar en su autoglorificación y en prestigio de su rotativo.
La fatalidad hizo que este protector de los grandes intelectuales desvalidos, el opulento señor Botana, muriera poco después en un accidente de automóvil, ocasionando con ello la consternación de quienes esperaban ver repetirse de un modo u otro el beneficio por él discernido a las letras republicanas”.
A pesar de opiniones como ésta, Botana se convirtió para todos los republicanos que llegaron a la Argentina en una figura legendaria. A pocos dias de su muerte en 1941, España Republicana, el diario del Centro Republicano Español de Buenos Aires, publicó la siguiente nota:
" La muerte de Natalio Botana en un accidente automovilístico ha producido un vivo pesar en la colectividad española. El Sr. Botana, fundador y director-propietario de Crítica, dedicó siempre a los problemas de nuestro pais una viva atención y dio el mas resuelto apoyo a las luchas de nuestro pueblo....Las columnas de Crítica han estado siempre a disposición de los republicanos españoles. Y en la casa de Crítica han encontrado un nuevo hogar periodístico muchos de nuestros compañeros y una tribuna muchas figuras destacadas de la República. En Crítica han escrito y escriben Diego Martínez Barrio, Angel Ossorio y Gallardo, Indalecio Prieto, Augusto Barcia, Julio Alvarez del Vayo, Manuel Blasco Garzón, Mariano Gómez, Basilio Alvarez, Alfonso Castelao, José Venegas, etc. A la actual redacción y al cuadro de colaboradores de Crítica pertenecen el general Vicente Rojo, Rodrigo Soriano, Corpus Barga, Manuel Fontdevila, Juan G. Olmedilla, Carlos Sampelayo, Clemente Cimorra y otros compatriotas.
Debemos a Crítica una gratitud inextinguible y fue don Natalio Botana quien resueltamente puso la enorme fuerza popular de su diario al servicio de la causa republicana española.
Su fervor hacia España lo compartieron su esposa, Salvadora Medina Onrubia, en cuyas recientes obras literarias se expresaba el mismo sentimiento, sus hijos Helvio y Jaime y su hijo político, el diputado Damonte Taborda quien incluso asistió a la última reunión de las Cortes Españoles en el castillo de Figueras."
Un año después, comentando los actos organizados para conmemorar el primer aniversario de su muerte, España Republicana afirmaba:
"Los españoles republicanos tienen con Botana una deuda de gratitud que no olvidarán jamás. Antes de la guerra, en la guerra y después de la guerra, Natalio Botana estuvo de corazón a nuestro lado. Su diario se puso al servicio de nuestra causa con una generosidad ejemplar....Su fe por España no decayó un momento. Dias antes de morir hablaba con algunos de nuestros más adictos amigos expresando sus esperanzas en el triunfo de la Revolución en España en un porvenir cercano. De este triunfo quería ser partícipe, como un español más."
El estallido de la Guerra Civil en España despertó en la Argentina una gran movilización. Cuando el comienzo de la misma en el verano de 1936 distintos sectores de la sociedad argentina asumieron actitudes diversas. Las fuerzas de la derecha, incluyendo al gobierno del General Agustín P. Justo que llegó al poder en 1932, mostraron muy rápidamente sus simpatías por el bando nacionalista, liderado por Franco. Una de las primeras reacciones fue el envío de una nota a la junta revolucionaria de Burgos de los miembros conservadores del Senado en el que le manifestaban: "Nuestro mensaje de aprecio y solidaridad a España, que obedeciendo el mandato de su historia, lucha contra el comunismo, lo cual es el deber ineludible de nuestra civilización."
En octubre de 1936, el presidente del P.E.N. Club de Buenos Aires, Sr. Carlos Ibaurguren, conocido escritor nacionalista, envió una carta al Ministro de Relaciones Exteriores Dr. Ramón S. Castillo solicitándole se realizaran gestiones para salvar la vida de José Antonio Primo de Rivera, por tratarse de "un alto espíritu que honra a la cultura española".
Desde el comienzo mismo de la guerra el gobierno argentino fue reacio a la posibilidad de acoger exiliados republicanos. Más aún, como hemos señalado, reforzó expresamente sus mecanismos de control para que los elementos considerados políticamente "indeseables" no se infiltraran en el pais, y se ocupó especialmente en diferenciar al inmigrante del refugiado con el objetivo de "evitar ser el receptáculo de lo peor que expele Europa", o sea, judíos centroeuropeos escapados del nazismo y a los derrotados de la Guerra Civil, considerados "rojos" y por tanto excluídos de la noción de la hispanidad".
Sin embargo, diversos sectores de la sociedad argentina, incluyendo a la numerosa comunidad española inmigrante y sus instituciones, partidos políticos, revistas literarias, actuaron como un importante contrapeso, creando un poderoso movimiento de solidaridad con la España republicana primero, y con los exiliados republicanos después. La Guerra Civil contribuyó a aglutinar a los partidos opositores al gobierno, militantes de la causa antifascista y a agudizar críticas y reclamos de los partidos liberales y de izquierda que mostraron abiertamente su simpatía por la causa republicana. El Partido Radical visualizaba el alzamiento de los Nacionalistas en España como un fenómeno similar a la sublevación armada que había terminado con el gobierno de Irigoyen en 1930. El partido Socialista y las organizaciones que controlaba como la C.G.T. defendieron con enorme fervor la causa republicana. La prensa socialista y los telegramas de apoyo al gobierno de Madrid, junto a la organización de la ayuda material fueron prueba contundente de esta actitud. También el Partido Comunista tomó como propia la causa republicana y la ayuda canalizada a través de la Federación de Organismos de Ayuda a la República Española (FOARE) alcanzó enormes proporciones. Finalmente, el Partido Demócrata Progresista tuvo una clara simpatía por la causa republicana. Todas estos actores crearon la trama de las prácticas de solidaridad que permitió que los republicanos españoles entraran en la Argentina.
Dora Schwarzstein
UBA-REDER (Red de Estudios y Difusión del Exilio Republicano)

14/8/09

El billete de lotería

Hace un momento leía una nota sobre Hubert Selby Jr. -algo así como “el beat olvidado”-, y me dio por pensar que últimamente, escribir un libro, publicarlo y que se lea, parece ser algo así como comprar un billete de lotería y sacar el premio gordo o tirarlo a la papelera después de haber oído los números.
Es cosa bien sabida que el hecho de que un libro se venda o no -y consecuentemente, que ese escritor llegue o no a ser reconocido, o reconocido muchos años después (y con deficiencias), como le pasó al pobre Hubert- no depende, vaya novedad, de la calidad de la obra, sino del marketing. Basta con leer Plataforma, de Michel Houellebecq, para llegar a la conclusión de que en este mundo hay más gente con suerte que gente con talento.
Recuerdo haber llegado a ese libro con una cierta espectativa: me habían hablado muy bien del autor, y me bastaron unas cuántas páginas para empezar a entender por qué logró fichar: retrata a la perfección el sueño del yupi anómico y solitario enzarzado con una joven imposible, a lo que añade un par de reflexiones interesantes sobre la decadencia del mundo occidental, y un final de best-seller o telefilme barato que echa por la borda en tonos rositas toda la amargura y el cinismo, más o menos bien sostenidos, con el que pretende lucirse el francés.
¿Será que para que un autor verdaderamente “bizarro” llegue a reconocerse en este mundo, y a gran escala, tiene que pasar, como menos, medio siglo? No digo que en todos los casos, pero es algo que suele suceder. La única explicación que se me ocurre ahora mismo es que el porcentaje de lectores en busca de buena literatura sigue siendo menor al que busca el enterteiment.
Y aquí surje la pregunta de siempre: ¿es condición natural la búsqueda del enterteiment, o nos la imponen?¿Quién fue primero?¿El huevo o la gallina?
No es una pregunta ociosa, si se piensa en que también es condición natural que no nos guste que alguien nos sacuda una verdad incómoda. Razón por la cual, muchas veces, para que cierto autor llegue a ser reconocido por su calidad, tenga que pasar ese medio siglo del que hablaba más arriba, y siempre o casi siempre, pasado ese tiempo, se le endilgue la etiqueta de visionario, o adjetivo similar. Es la teoría del póstumo, del Van Gogh de la literatura. Como escribiera Haroldo Conti: tenía talento. Es decir, estaba condenado a la desesperación.
Cuando pienso en ellos, me sigue pareciendo una paradoja que hoy día en universidades, tertulias literarias, revistas especializadas, programas culturales, webs y blogs de corte literario o pseudoliterario (como éste, quizá) se siga hablando de ellos con tanta admiración. Que está justificada, naturalmente. A veces se trata de una admiración surgida de la nostalgia por los tiempos no vividos, con la crueldad de Artaud dulcificada por el hachís y el aullido de la generación beat agitando nuestras neuronas. Esas vidas bien jodidas, que hoy suenan a mito de reviente y autodestrucción, se compran y se consumen como parte de un vouyerismo que para muchos no es sino el disfraz de un vacío vital que jamás será reconocido (no puede reconocerse algo que no se conoce).
Pienso, entonces, en el billete de lotería. En el puente, en el barco y en el rincón de metro. En qué estarían pensando esos “malditos” que, como dijera Hubert Selby, me sabía el alfabeto, así que decidí que me convertiría en escritor, durante ese lapsus meditativo que significa escribir, con la saludable dosis de desesperación que se requiere para ello. Quizá ellos no fueran gente astuta, como Houellebecq, sino simplemente escritores. Nisiquiera “unos vividores”, como hay quien los pinta, sino sólo hombres y mujeres con sus circunstancias, en gran mayoría sin crédito para sentar cátedra. Gente sin currículum.
Curioso que los de hoy sean en su mayoría catedráticos, profesionales de la salud, conferencistas, viajeros (nunca cuentan cómo se financian los viajes, eso para mí sigue siendo un misterio), empresarios, publicistas… Nunca un fabricante de alfombras, nunca un pastor (Miguel Hernández lo era, gran oficio), nunca una dependienta, nunca un telefonista, nunca… una vendedora de lotería (creo que hay una cantaora: La niña de los cupones, es lo que tiene el flamenco), nunca un parado, una parada. Nunca un mecánico de coches, y pocas veces un carpintero. Ni hablar de una bailarina exótica, o una puta -recuerdo ahora el magnífico personaje interpretado por Sandra Oh en aquella tan imperfecta como entrañable película de Michael Radford, Blue Iguana-; o de un taxista.
Y no, porque como aquellos viejos malditos hoy tan rentables, tan reseñables (y en ocasiones, tan sobrevalorados) parece que esa gente formara parte de la fauna personajil, o es lo que se prefiere creer a la hora de enhebrar, entre otras cosas, un currículum autoral.
Mientras tanto, el bicho humano quiere que le entretengan. En lo posible, sin ahondar demasiado en sus lacras y deficiencias, y si se hace, que se haga desde un contexto que ya sea historia. Por eso, y recordando un poco a Hubert Selby Jr., a los beat, y a toda esa caterva de yonquis escritores -o escritores yonquis y borrachos- ya muertos y bien muertos, que cuando no les daba por vivir bajo un puente lo hacían en un barco, o mismamente en la calle, me vino a la memoria Alex Trocchi, aquel Bourroghs escocés nacido dos años antes que mi madre y muerto allá por los ‘80. Otro goghie de culto.
Acerca de su particular billete de lotería, Alex escribió:

Esto, pues, es el comienzo, un intento de organizar un mar de experiencias ambiguas, un dique provisional, un gambito.
Al terminarlo, no debería preocuparme estimar lo que he conseguido. ¿En términos de arte y literatura? Son conceptos sobre los que a veces leo, pero que no tienen ninguna relación íntima con lo que hago, enseño, oculto. Llega el final y sigo sentado aquí, escribiendo, con la sensación de que no he empezado a decir lo que pretendía, en apariencia todavía cuerdo, y con un sentido de mi libertad y mi responsabilidad más o menos tan desarraigado como antes de empezar, y con la intención de, en cuanto haya terminado este párrafo, irme a la habitación de al lado a colocarme. Después llamaré por teléfono a los que amablemente han expresado su deseo de publicar este documento para decirles que ya está listo, o lo más listo que podrá estar nunca, y me sorprende sentir que me quito un peso de encima, igual que aquella vez le ocurrió a Moria al sentir que le quitaban un peso de encima un día de Año Nuevo, y vuelvo a ser consciente de que nada termina nunca y, ciertamente, esto tampoco.
(Alex Trocchi, El libro de Caín, Anagrama).



Nunca termina Alex. Sólo quienes intentan evitar una verdad incómoda creen en el final. Y mientras lo hacen, esperan a que alguien les entretenga.

11/8/09

Un capricho

Después decía Hydn que los ingleses eran duros de oído...
Hablando de PF y Waters (alias "el frío"... jeje), os dejo una versión duelista a varias guitarras de uno de mis temas favoritos. El que pediría que pusieran, por ejemplo, en mi funeral o algo así.
Viendo el estilo de unos y otros se entiende por qué Waters se llevaba mal con Gilmour. En su momento, dos egos en contienda: Waters, el perfeccionista vs. Gilmour, el austero.
Para esta ocasión (y por los viejos tiempos): Roger Waters, con sus amigos.
Él, siempre tan humilde...




(¿Cómo puede ser que esta canción todavía no estuviera en el Kosmonauta?).

8/8/09

Toda una ofrenda

Townes Van Zandt desafinaba bien, con una poesía muy bien afinada. Un José Larralde texano, gente que esté donde esté parece lucir siempre en carne viva, y al verle, al escucharle, una llega a sentirse un poco "vouyer" de esa intimidad que, más que dar un espectáculo -que no lo es, bendito sea, nunca lo será- es toda una ofrenda.

Solía despertarme y correr con la luna,

vivía como un vagabundo y un hombre joven,

cubría a mis amantes con flores y heridas,

mi risa le daba miedo al diablo,

el sol venía y me derrrotaba.

Pero cada día cruel tiene su noche,

yo les daba la bienvenida a las estrellas

con vino y guitarras,

lleno de fuego y olvido.

(Cortesía de Manco).

4/7/09

¿Sed de eternidad o de olvido?


Pongo este post porque puede aplicarse a otro puñado de perlas negras -y blancas- ya extintas. El texto es de lo mejorcito que he leído sobre canibalismo social, y la intención es sin ánimo de evaluar la calidad o no del artista reseñado: Michael Jackson. R.I.P

El 25 de junio pasado le decía a una amiga que, con su muerte, la vida de Michael Jackson podría a ser el gran tema de la literatura de los próximos años. Hace mucho que es un gran silencio. Una apatía angustiosa y miserable. Fue el héroe que nos deleitó con fruición y que luego nos despertó con una dosis de morfina en un concierto al miedo.
Lo que hoy podemos aplaudir (como se hace en el Bronx) es que haya recuperado la coherencia. Necesitaba un guía que lo salvara de su propia desaparición. Definitivamente, ha pasado a ser el siervo del Pop, el energúmeno de nuestras pesadillas, el don nadie que se desvive por morir su vida o por creer que muere todos los días a cierta hora de la tarde. El que quiso ser neutro. No tuvo ocasión de saber que era un mito. Era el logos de una mercancía que invadía nuestras recámaras para devorar la intimidad. Fue objeto del canibalismo más perverso.
Quizás por meses o años resurjan estos obituarios, las condolencias solidarias, los velones en la acera de enfrente, las imágenes turbias que descubrimos al salir de un supermercado donde nos hemos robado un espacio para comer en La Matica de la dominicanidad. Algunos se dedicarán a explotar tu muerte con la inteligencia de estos días de crisis democrática, para decirnos cuánto te amamos Michael, siempre estarás en nuestros corazones arrepentidos de pecar igual que tú. Podemos bendecirte aunque sea sin agua bendita por haber escrito un final inesperado. Ya no podías ocultar más el asco, la piel herida en un quirófano. Las drogas no pudieron salvarte de este epitafio que precede tu entrada al paraíso. Los negros de tu talla siempre mueren así. Te explotaron como una prostituta de Hunt Point. No eras tú el de la máscara del mono ni el del maquillaje misterioso. Te fuiste transformando en un extraño al reinventar un rostro. Te escondías en un color colonial. Tuviste más agallas que yo: luchaste por dejar de ser tú. Te fuiste como un negro que divirtió el circo.
Saltaste al vacío de este ayer para imaginar que ya por fin encontrarías tu identidad. Nada más terrible que morir sin ella. Los más diestros escribirían tu última biografía desautorizada. Hiciste lo mejor posible por dejar la casa en paz. Cabalgaste en tus caballos una vez más. Te columpiaste, como era de rigor y luego entraste, desnudo, en el zoológico vital. Tu vida fue como un sueño que duró demasiado. Ya ni O J Simpson, Jackie Robinson, ni el gran Mohamed Ali, ni los otros boxeadores negros que abrieron un signo de interrogación. Ni Martin Luther King ni los Panteras Negras ni el movimiento negro indígena de ahora y de ayer, ni Lemba ni Enriquillo, ni siquiera Rosa Park, pueden contener la presencia del llanto que un buen día derramamos por la caída de Jacques Viau un día como hoy de 1965.
Nadie puede perdonar tu imperfección aunque te exonere la grandeza. Tu muerte me ha hecho recordar a los budas de Bamiyan.El saqueo a la infancia no se inició con el asalto a la biblioteca de Irak. Tu muerte es el Tsunami de una hora sin color. Volviendo al tema, creo que nos faltaba algo grande. Necesitábamos con urgencia matar el aburrimiento y no fue suficiente con la cosecha mortuoria de Carradine, Farah Fawcett o Mía Farrow. Los políticos nos hastiaban con sus mentiras y sus necedades. Hacía falta la nada. Un vacío inoportuno y brutal. El hueco diario a donde nos hundimos sin la gracia de Dios, castigados por su masculinidad, desoído por su incertidumbre.
Mientras escribimos, alguien camina o hace el amor y mata desdeñosamente. Destruye con pasión algo de lo que queda. Hace mucho tiempo que Michael invade nuestra rutina para decirnos cómo mover las manos. Qué bueno que nunca tuviste pudor en la cintura cuando saltaste, hasta que el frenesí se apoderó de la breve vida de una orquídea o de los girasoles borrachos de este sol tan esperado. Algo se deshace en el misterio. La cordura más loca también se aprovecha de unos brazos cansados o de una cadera capaz de decirlo todo de una vez por todas. El rey del pop ha muerto. En venganza hicimos el amor sin que la tristeza se aposentara en la tierra. Nos dimos a seguir caminando, destapamos botellas de cicuta para brindar por esta muerte decidida antes de ayer. Hace mucho que eras un museo, una galería sumergida en un barco ebrio, en el destierro de la dicha.
Ahora la memoria ya no es Marilyn mostrando sus nalgas serpentinas, ni los sombríos imitadores de Elvis, ni tú lector que amaste y odiaste a Michael en su absoluta complejidad. Insisto en que el Bronx es un buen lugar para celebrar su muerte y para abrazar su legado. Después de todo, la acera que piso tiene la virtud de ser vituperable. El Bronx podría ser la tierra del santuario o quizás el cementerio negro de esta estrella fugaz, aunque no sepamos nunca cuando ocurrió este deseo, este paso indiferente hacia una eternidad ambigua. Los pretéritos nos traicionan. Fue en el Bronx que aprendimos a caminar por las calles, las cruzamos como toda lacivilización. Ya no le tenemos miedo a los semáforos, aunque hayamos adoptado el asfalto de esta ciudad segregada por todos lados. Nos alcanza una historia negra. Aquí robamos por primera vez o matamos a alguien o fuimos a la cárcel o violamos un niño o conocimos nuestro primer amor. El Bronx podría ser una buena tierra para que el eterno descanso del rey del Pop, la casa maldita donde todo es malo, excepto yo y mis ancestros.Tenemos ganas de inmolarnos de una vez por todas, para imitar a Michael. Pero nadie se atreve a administrar nuestras pastillas ni a donarnos una balsa vacía,dispuesta a sacarnos de aquí cuanto antes, de regreso a las telarañas del progreso.
Si nos garantizan el viaje, estoy seguro que desde Mahattan despegará un avión cargado de alimentos y medicamentos para lanzarlos sobre Grand Concourse. Desde los helicópteros que diariamente iluminan las noches de Saint Nicholas, saltarán paracaidistas abrazando paquetes de comida rápida o con papelitos que caen como cuando yo era niño, desde lo alto de una azotea donde crecen peces de muchos colores, asaltada por gringos. Todos me dicen que el rey del Pop ha muerto pero yo no lo creo. La muerte es el lujo que nos gastamos los de abajo, todos los días. Nos regalan ese paquete profundo y brillante, y esos huesos que hay que incinerar cuanto antes.



Tomás Modesto Galán, escritor dominicano.
Para © mediaIsla.


30/6/09

19/6/09

A este perro le falta una pata

Y aquí viene el perro. El que más bien ni fú ni fá, el que mucho no cuela, el cojo. Menudo mutante este perro.
Recuerdo a Linda Perry, de 4 non blondies, allá por el '93. Le echo un vistazo a sus botas, sus calcetines a rayas, su gran sombrero de aviadora (comprado, probablemente, con muy pocos ahorros en una tienda de segunda mano), su “falda” de florecitas (¿o serán unos calzoncillos?) y su largo chaquetón de militante finisecular. Ni siquiera es mi canción favorita, pero me gusta. La considero emblemática. ¿What’s up?, pregunta Linda; ¿y ahora, qué?¿qué es lo que se viene?
4 non blondies -una sencilla banda pop con un solo hit de éxito- dán la impresión de ser frágiles, saben que su formato va a morir pronto. Ése es el único pecado que se le puede atribuir a la generación del ‘90: la de saber que iban a morir pronto. Que su adolescencia iba a durar muy poco y que, como dijera Patti Smith veinte años antes, algunos servían como cruzados y otros como moscas aplastadas contra una valla, viviendo, además, una existencia espartana. De ahí la desidia, de ahí el cinismo, de ahí el escepticismo.
Quince años después, hay quienes obervamos aturdidos, y no sin pena, la nostalgia a ratos justificatoria, a ratos altiva, a ratos reivindicadora, de los caídos en la guerra. Sangre que en su momento coaguló, ha echado raíces, y se ha vuelto cáncer de los ojos. Nos tocó el what’s up, y aunque nunca hayamos cogido el fusil, también es verdad que parte de ese peso recayó sobre nosotros. Y aunque aún haya quienes se rasguen las vestiduras por viejas nostalgias de otro siglo, yo veo cada vez más claro que, al menos por mi barrio, el estado general de miedo a perder lo poco que hemos logrado hace que la gente sea cada vez más infeliz, y que el mundo se tuerza cada vez más a la derecha. Quince, o veinte años después, los chicos hacen el insight.
En la primera edad de la vida, cuando la sangre bulle con alegre ferocidad y las neuronas hormiguean con la clarividencia de los corazones presuntamente rebeldes, no imaginas que algún día tendrás que negociarlos para conservarte. Pero cuando ya no hay nada más que negociar, el resultado es un producto híbrido entre la ideología y el mercadeo. Un estertor final que nunca llega a cuajar, porque no es más que la otra cara de la misma moneda.
Hace tiempo intentamos socavar las bases con nuestras canciones, nos las quisimos comer de un solo bocado, un espacio ilusorio para la evasión. Otros, más prácticos, se apuntaron a la derecha de la historia. Son los mismos que hoy nos pasan la factura y nunca están saciados. Ya no se trata de defender la ideología, se trata de mantener su impronta, porque bien sabemos quién ganó. Al menos para mí, desde ahí la lucha se me hace estéril. Rebelarse contra algo no es una manera propicia de romper la base, sino de negarla (que no es lo mismo que vencerla). No implica una transformación profunda del concepto, sino sólo un modo de defenderse contra él. No es un proceso real hacia una verdadera evolución, sino la lucha de un ego contra otro. Y al decir esto me doy en plena mejilla.
¿Dónde está, pues, la verdadera revolución?
A este perro le faltará una pata -me hago la tonta, lo admito, y además esa pata ya no la necesito-, pero esta noche tengo ganas de volverme colibrí o árbol impávido, y no perro. Le debo un post a esa aviadora que es, un poco, un reflejo de lo que fui. De lo que hemos sido muchos, antes de caernos del guindo. Eso me trajo hasta aquí, con o sin muletas.