13/3/10

En la fragua de Vulcano

De la mano del poeta, editor y crítico Carlos Morales, recibí hace un tiempo un puñado de libros de la Editorial El Toro de Barro. Luego de leer Coexistence, le envié un e-mail donde ponía:
Creo que Coexistence es sencillamente demoledor. No sé si el epíteto es el correcto, pero es fiel reflejo de la manera en que me ha afectado. Una perla negra en el yerbal. Y es grande el yerbal. La perla, en cambio, es preciosa.
No hemos tenido oportunidad, aún, de conversar en profundidad sobre esos libros. Libros cuya austera edición, hecha se ve que a base de sacrificios y con el capital justo y necesario como para que salieran a la luz anaranjados y relucientes, con su logo a la vieja usanza y su colofón que incluye no sólo la fecha de impresión, sino la festividad que se celebraba ese día, me han producido una emoción que roza con la reminiscencia. No sé por qué, al primer vistazo he pensado en Vulcano, aquel dios de las fraguas, el artesano de los dioses, forjador del hierro, escultor, socio y primo hermano del fuego, que lo hacía todo a golpe de martillo sobre el yunque, capaz de convertir la materia más rústica en fabulosas obras de arte y también en armaduras. Debí, quizá, pensar en leñadores y en fábricas de papel, cuyos efluvios me embriagan siempre que cojo un libro antiguo -estos no lo son- por ese aroma que tienen y que dan la impresión de tener en la mano una cosa viva, más allá del testimonio que contengan.
Sin embargo, Vulcano es, para mí, el paradigma del artesano. Ya se sabe que un libro sin fuego podrá ser un libro, pero suele quedar en el olvido. Coexistence, en cambio, mantiene encendida la antorcha, se vale del martillo cuando es necesario, se hace yunque cuando el poeta tiene el valor de admitir su dolor y es, ante todo, fuego. Sabemos que el fuego puede destruirlo todo, pero no olvidemos que como todo en la naturaleza, el fuego es también capaz de fundir. El fuego, en Coexistence, busca la reconciliación en la fusión, la unidad en la multiplicidad, y es un ejercicio de exorcismo para los demonios que marcan unas diferencias sólo aparentemente inconciliables entre dos pueblos que, vistos en lo profundo, representan la eterna dualidad entre el espíritu y el ego, que es por lo mismo nuestra propia dualidad universal.
Por eso la poesía, cuando es grande -que es el caso de Coexistence, antología breve de poesía árabe y hebrea contemporánea: Nathán Yonathán, Mahomed Alí Taha, Margalit Matitiahu, Pnina Amir, Naim Araidy, Shamer Hahir- se le clava a uno, y busca en los bancos de los parques su libertad y su reconocmiento en un lector que tenga a bien elegir las más cotidianas geografías para disfrutarla. Porque Coexistence necesita aire, un buen aire, y también necesita de una aguja, una buena aguja por la que pasar su fantástico camello que es como un milagro.
Pero lo que más me has gustado de Coexistence es que me ha devuelto la pasión por la poesía, el deseo de abrir un libro -sea de poesía, sea de narrativa- y acabarlo sin que me aburra al llegar a la tercera página, y esto sí que es todo un acontecimiento. En un mundo acomodaticio y plano donde parece que ya todo ha sido escrito y rubricado, Coexistence se alza como un gigante con su carga de sentido existencial, y ante tanta honestidad es imposible que su lectura pueda dejar indiferente. Poesía que no se trata de un devaneo con el lenguaje, sino de un vivir a filo entre el lenguaje y la vida real. Poesía que da en el blanco, como una bala, como un beso profundo.
Para terminar, y en homenaje a estos poetas del desierto, he seleccionado dos para poner. Aquí van:

He regresado a la aldea (Naim Araidy)
He regresado a la aldea
donde aprendí a llorar por primera vez.
Regresé a la montaña
donde la naturaleza es un paisaje
que no precisa de fotografías.
Regresé al hogar que esculpieron en las rocas
mis antepasados.
He regresado al centro de mí mismo,
como yo quería.
He vuelto a la aldea
porque, abandonado por la poesía
soñaba el difícil nacimiento de za 'atar
y el aún más difícil de las suaves
espigas en la tierra abandonada,
donde yo un día soñé el amor naciente.
He regresado a la aldea
en la que viví una vida antes de mi vida,
raíz de diez mil viñedos
sobre la tierra buena
hasta que el viento llegó,
y me arrastró lejos y me devolvió, de nuevo,
a una vida nueva, como un penitente que arrastra
su pecado.
¡Ay, sueño mío número treinta y dos,
he aquí los senderos desaparecidos,
casas tan altas como torres de Babel,
ay, pesado sueño mío
del que jamás brotará retoño!
¿Dónde están los hijos de la pobreza,
abandonados como las hojas muertas?
Nada queda ya de la que fue mi aldea,
sólo el nombre de aquellas viejas sendas
que hoy solamente son caminos de negro asfalto.
¡Ay, mi pequeña aldea se ha rendido
a los espejismos de la Civilización!
A mi aldea he vuelto, sí,
más ya no escucho el ladrido de los perros,
y el palomar se ha vuelto una torre iluminada.
Ya nunca podré imitar con los segadores
la música del ruiseñor,
pues nada permanece ya de aquellos campesinos,
convertidos hoy en braceros a sueldo
con las gargantas llenas de humo.
¡Ay, mi sueño es como un pesado risco:
he vuelto a mi aldea huyendo de la Civilización
como un hijo que viniendo del exilio
otro exilio encontrara más amargo.


Algún día (Shamer Khair)
No los conozco.
No me despertaré con ellos antes del amanecer
ni estaba de pie con ellos
cuando las sombras abandonaban el poblado.
Tampoco bebí una gota de sangre
bajo los caballos blancos.
Sólo escuché el llanto de mi madre.
Nada supe del calor de sus pasos,
salvo la bondad de mi madre;
nada sabía de su futuro,
excepto esos trazos que se extienden ante mí.
Y abro mi corazón,
y siento que podría entrar en su dolor.
Algún día en el cementerio del poblado
tampoco ellos sabrán de mí.
Esta es una niña pequeña
cuyo pelo cubrieron de granadas.
Sintió que la despedazaban
justo antes de la muerte del rocío.
Aquella es una mujer
cuyo amanecer fue asesinado
cuando descubrió su pecho
a la boca de bello amante.
No, no te estoy diciendo
que resucitarán, no.
Ninguna víctima regresó jamás
de la tierra de los poemas.


Coexistence. Ed. El Toro de Barro, Cuenca 2002.

7/3/10

El caníbal se vende por calderilla

He quitado la televisión. Ahora sólo veo películas. En lo posible, comedias. Aunque, bueno, si se pretende un humor del más negro la verdad es que la tele da mucho de sí. Por eso, cuando he visto que la policía tiene derecho a violar la propiedad privada de cualquiera para arrestar a un simpapeles (negro, por supuesto), en TVCuatro crean un programa donde un "indígena" le dice a la periodista: "Oye, Andrea, ¿no ves que me estresas?", y todo el mundo ríe, he pensado que bien podría quitar la tele. Aparece la monísima Nuria Roca haciendo la publi: "Ven a vivir con nosotros la aventura más... SALVAJE". Si miras TVE a la hora del telediario, te saldrá una periodista rubia con flequillito recién pasada por maquillaje hablando, como es natural, de la Crisis. Entonces he pensado: quito la tele. Y sí, la quito, porque hay quienes estamos hasta lo que no cabe en palabras de tanta hipocresía y tanta boñiga, que ya empieza a oler. Pero me río. Me río con los dientes largos, sangrantes de piorrea, porque me pregunto a qué llamará crisis esta gente. Cuando todavía hay dinero para salir de viaje cuando es fiesta, es que aún no hay crisis, eso tenedlo por seguro. La habrá, sí, dentro de muy poco, cuando empiecen a caer las fichas y el barco se ponga a 90º como en Titanic. Desde luego que esto no lo sentirá todo el mundo, sino sólo quienes sabemos de sobra lo que es navegar contraviento en una balsa que nos habían asegurado que nunca se hundiría. Punto y seguido. Siempre punto y seguido. He visto ya tanta boñiga a ambos lados del gran río que debería estar vacunada contra indigestiones, sin embargo no lo estoy. Basta de jugar con la gente y sobre todo basta de mentir, señores de la televisión y la prensa. Basta de cobardías, de guardaros el as en la manga "por si las moscas" que ya dais risa o vergüenza ajena. Sabemos bien que la censura existe y se solapa bajo el pellejo de la apariencia y del respaldo institucional, coartando oportunidades a quienes no lo tienen porque no se dejan poner precio a su cabeza. A los que están solos, son "pobres" o no tienen "respaldo" (asentaderas). Mejor hacer la pelota. Hacedlo, si quereis, que sois tan libres como yo de decir lo que querais, pero por favor... parad ese cinismo. Ops!, lo siento, qué tonta soy: ¿qué sentido tendría actuar con honestidad si así no se consiguen ni audiencia ni favores? Ojalá pudiera expresar en palabras la tristeza riente con náusea que me produce suponer la calderilla que le pagarán al indígena mientras a este lado de la pantalla la policía saca de su casa a empujones a un "ilegal", deja sin seguridad social a un anciano sin recursos, encarcela a seres humanos nacidos bajo otro cielo en cárceles aprobadas por el gobierno, patea a inmigrantes "de color" en el aeropuerto, los encierra en habitaciones cerradas sin comer ni beber durante horas, los tumba sobre un colchón lleno de humores y le dice a una mujer golpeada en lo moral que no puede arrestar a su pareja porque en su cuerpo no hay marcas. Todo con la aprobación de una sociedad que no se entera, o más bien no quiere enterarse, porque habiendo techo comida y colegas pues qué me importa lo demás. La Biblia contra el calefón. Nuria Roca haciendo el mono con los títulos que le pasan y que ella acepta, porque le pagan bien y además toda su familia se alimenta a base de Actimel (aunque los bichitos que produce el Actimel se alimenten de la tierna flora bacteriana de sus hijos, que ya lo producen por si mismos sin que haga falta esa leche dulce que viene en botellita). La Crisis vestida de traje y corbata de Armani cebándose en una pobre vieja que este mes tendrá que pagar 180€ a Iberdrola porque el invierno es duro, muy duro, y la crisis ya tiene sistema circulatorio propio, higado, sistema renal y digestivo, y por supuesto cerebro, un cerebro brillante. Corazón no. Punto y seguido: sigo. Las grandes contradicciones, carne de novela, material que debería leerse en las escuelas junto con platero y el lazarillo, que marcan las diferencias siempre amordazadas -shhhhhhh... calla! que de eso no se habla- entre clases: blancos y negros separados por un muro de silencio, pactando un mutuo contrato de supuesta solidaridad (qué palabra más prostituida ésa, y tan penosamente ignorada) basado en el paternalismo hipócrita de una civilización que confunde grandeza con una hegemonía lograda a base, entre otras cosas, de palos. Se habla de los griegos pero no se habla de Eleusis. Se tamiza el logos haciendo pasar al espíritu por escoria, mandándolo a la papelera, confundiéndolo con La Religión y proscribiéndolo a los sótanos de la clandestinidad. Y a lo que queda se le llama civilización (no puedo hablar aquí en primera del plural, porque para mí eso es barbarie, y no en un sentido sarmientino) y se decreta, presentando como argumento de base una supuesta legislación basada en la República de Platón, que la ley es lógicamente blanca. Negra no, que la oscuridad da miedo, nosotros ya salvamos el culo. Habiendo nacido en territorio ci-vi-li-za-do, civitorio, citadino, or-ga-ni-za-do, mueran los comanches. Mueran, entonces, los grises y los pardos, junto con los negros. Mueran los pobres, los "ilegales", los ancianos, las mujeres, los yonquis, los locos, los poetas, etc. De los homogays no hablaré porque sabemos que las nuevas corrientes les protegen, y hasta les casa, ya que dos hombres juntos cotizan más que un hombre y una mujer, y esto a pesar de mucha ministra que salga a las pasarelas en pro-de-los-derechos-femeninos, qué progre. Mueran, que mientras lo hacen, tanto ministras como ministros, cuerpo policial, trabajadores sociales, médicos, legisladores, embajadas y sociedad en general, se justificarán poniendo por delante el papel. El rol. Se escudarán en la legislación al uso, que por ser blanca por supuesto no admite objeciones, con la prensa como su principal esbirro, refrendando su discurso de dos maneras: por un lado quedará clara la naturaleza ficticia del logos en programas donde el blanco se entretiene apreciando la dicotomía hombre civilizado consumidor de carne de Burguer/hombre de la tribu consumidor de carne humana. La siguiente propuesta podría ser Perdidos con los jíbaros (raro que todavía no se les haya ocurrido: me encantaría ver como la gente de la nación shuar les formatea el cerebro con sus brebajes chamánicos). Por otro lado el adoctrinamiento consistirá en la mera noticia informativa basada en porcentajes y en políticos, generalmente sin pelo, con barriga, mirada de cobra y sonrisa de colegial, que ofrecen proyectos que nunca se cumplen y amenazas que se cumplen siempre a rajatabla. Democracia. Está probado que la gente queda adoctrinada apenas escucha un porcentaje. Y si digo que está probado es porque basta con verla por la calle. Quienes no tenemos coche hacemos nuestras estadísticas al cruzarla: la cara que lleva la peña cuando va al volante da una idea de cómo estará el Euribor. En una sociedad así, de más está decir que si pides un favor la tensión arterial del aludido podría subirse hasta quedar colapsada. ¿Un favor?¿Qué es eso? Solución: se restringen las llamadas. Fácil, simple, sin costes, y todo gracias a a Bill & Graham. Busca lo que tengas que buscar en Google, yo no puedo (no quiero, no me apetece, no tengo ganas, me da miedo, no me mojo). Como sabemos -como-hay-que-saber- un indivíduo serio, civilizado, que paga sus impuestos, que trabaja y cotiza, etc, es independiente. Democracia. La independencia implica, en su versión perversa, estar desconectado de todo, para empezar de las propias emociones. Convertir la pareja en una sociedad anónima donde, si bien nos odiamos, tenemos la hipoteca a tu nombre, así que de pronto y si lo miras bien... ¡cómo nos queremos!, está claro que en toda pareja tiene que haber riñas... Es decir: no se sabe. O mejor se dicho, se sabe pero se ignora. Que es lo mismo que no querer saber. Sabiéndolo, la prensa continúa su adoctrinamiento, adoctrinada a la vez por oscuros grupos que se parapetan en obras de bien y oenegés, apoyados por parlamentos donde tienen tanto voz como voto: mucha parla, poca acción. Sin embargo, cuando la hay ésta llega con violencia. Una violencia sutil, solapada, de puertas que se van cerrando amparadas en la ley blanca, que deja de serlo cuando se hace la cola en inmigración: lo que antes fue una cárcel, ahora lo sigue siendo, sólo que es para aquellos que cruzaron la mar en la esperanza de encontrar el Edén. Y se encuentran en cambio con el laberinto de Creta. He aquí un regimiento interminable de Teseos sin hilo de plata: No hay papeles para nadie, reza una camiseta colgada de una ventana-rendija en el CIE de Aluche; lo he visto con mis propios ojos. También he oído los gritos. Democracia. Y volvemos a lo mismo: nosotros ya salvamos el culo, ya hemos tenido nuestras guerras, hemos matado al Minotauro. A ver ahora que lo hemos hecho mal, a quién le echamos la culpa. La grotesca sombra que yace bajo la piel de todas las asambleas de Occidente se permite, instaura, el derecho a marginar por colores y clases. El hombre, ese depredador. Una vez más, la prensa se hará cargo de rubricar la naturaleza ficticia del rol: el caníbal siempre está en otra parte. Y es más que probable que a fuerza de hambre y marignalidad el supuesto caníbal venda su dignidad a precio de calderilla. Aplausos: ven a vivir la aventura más salvaje. ¿Dignidad? El logos de la izquierda que ha muerto -ha muerto, sí, porque para que haya izquierda tendría que haber proletarios, y todo lo que hay son teóricos o nostálgicos- saca fuera del agua los dedos de ahogado. La izquierda ha naufragado, no nos engañemos más. Siempre que haya un proletario, y no de los de postín sino de los reales, navegando en su balsa contra el viento y desde la más vergonzante anomía, haciendo llamadas que se restringen, pagando abogados en UGT para que le digan que la empresa gana, o malviviendo con un contrato basura de los que nunca se refrendarán porque sabemos quién manda este planeta desde hará unas tres décadas... la izquierda habrá muerto. Seguir teorizando no hace más que reforzar la utopía, y como sabemos, las utopías sólo conducen... al capitalismo. Que no tiene nada de malo, es sólo una manera de estructurar la realidad -bienes de cambio, personas de cambio, etc -, pero a la hora de hablar y prometer recordemos siempre que lo único que desea el proletario es que no se le tome el pelo. Es decir, que no se manipule el discurso en pro de una justicia y unos derechos cuyo único fin es el capital. Es penoso, pero estar sentado entremedias sitúa a quien corresponda en una postura moral que conviene ignorar para seguir adelante, y eso sería justamente lo contrario a lo que llamamos justicia. Sin embargo, sabemos que conviene. Y aquí sí, punto y aparte.
El caníbal se vende por calderilla. Cuánto se parecen blancos y negros, izquierdas y derechas, cuando se escarba en lo profundo y se ve lo que hay bajo los roles...

20/2/10

Cortázar. Flatus vocis

Siempre seré un niño para tantas cosas, pero uno de esos niños que llevan consigo al adulto, de manera que cuando el monstruito llega verdaderamente a adulto ocurre que a su vez éste lleva consigo al niño, y en el mezzo del camino se da una coexistencia pocas veces pacífica de por lo menos dos aperturas al mundo. Mucho de lo que he escrito se ordena bajo el signo de la excentricidad, puesto que entre vivir y escribir nunca admití una diferencia; si viviendo alcanzo a disimular una participación parcial en mis circunstancia, en cambio no puedo negarla en lo que escribo puesto que precisamente escribo por no estar o por estar a medias. Escribo por falencia o descolocación; y como escribo desde un intersticio, estoy siempre invitando a que otros busquen los suyos y miren por ellos el jardín donde los árboles tienen frutos que son, por supuesto, piedras preciosas. El monstruito sigue firme... Y me gusta, y soy terriblemente feliz en mi infierno, y escribo. Vivo y escribo amenazado por esa lateralidad, por este paraje verdadero, por ese estar siempre un poco más a la izquierda o más al fondo del lugar donde se debería estar para que todo cuajara satisfactoriamente un día más de vida sin conflictos. Desde muy pequeño asumí con los dientes apretados esa condición que me separaba de mis amigos, y que a la vez los atraía hacia el raro, el diferente, el que metía el dedo en el ventilador. No estaba privado de felicidad. La única condición era coincidir de a ratos (el camarada, el tío excéntrico, la vieja loca) con otro que tampoco calzara de lleno en su matrícula, y desde luego no era fácil; pero pronto descubrí los gatos en los que podía imaginar mi propia condición, y los libros, donde la encontraba de llano. Pienso en Jarry, en un lento comercio a base de humor, de ironía, que termina por inclinar la balanza del lado de las excepciones, por anular la diferencia escandalosa entre lo sólito y lo insólito, y permite el paso cotidiano a un plano que a falta de mejores nombres seguiremos llamando realidad pero sin que sea ya un flatus vocis o un peor es nada.

Julio Cortázar (agosto de 1914-febrero de 1984)

Del libro Peregrinos de la lengua (Alfredo Barnechea, Alfaguara, 1998).

9/1/10

Anacrónika

Recién hablaba con un amigo que me comentaba que los libros que se hacen hoy día están hechos para durar unos 80 o 90 años, un tema interesante, ya que los papiros y toda la historia que nos llega ha sido diseñada en su momento para que pudiera durar, nuestra civilización lo atestigua. Es decir que si la nuestra desapareciera, nuestros presuntos visitantes poco sabrían de nosotros, dada la ética de lo efímero que impera en todas partes.
Me produce cierta tristeza saber que hemos perdido el interés por lo artesanal, y esto me lleva más lejos. Me lleva a la reflexión sobre la artesanía del sentimiento, sobre la minimización de la bondad humana y la desidia hacia la ternura que impera en el afuera. La palabra que me viene rondando desde 2001 es: DESIDIA. Todo el mundo se queja o la pone de manifiesto, o la intuye, o le molesta, pero en el fondo no importa en realidad, porque el lastre continúa y se esparce de manera sutil entre amigos, conocidos y el rizomático etcétera de los amigos de los conocidos. ¿Es que ha muerto la sencillez del encuentro casual y la espontaneidad del sentimiento, y cuando alguien lo pone en evidencia se da a entender que un individuo "maduro y civilizado" no puede siquiera considerar esas cosas?¿O existe, y yo me lo estoy perdiendo? Y si existe y yo me lo estoy perdiendo, ¿por qué tengo encuentros con gente que se queja de lo mismo y siente una extraña, diría que angustiante, nostalgia por tiempos "perdidos" que en realidad nuestra generación recuerda como parte de una cierta prehistoria? Y sobre todo, y lo que me resulta más terrorífico, ¿por qué nos lo tomamos como algo natural?¿Por qué esa suerte de "dipsepsia coronaria", ese malestar, en vez de ser una singularidad se ha convertido en algo a lo que, en última instancia, deberíamos acostumbrarnos?¿Sirve de algo reseñar la alienación del humano y continuar encapsulados en nuestro propio recinto social, quizá tan solos como el espejo que nos refleja, y más bien convencidos de nuestra impotencia? O creyendo que la impotencia es real y no una elección. O temblando ante la insensatez de alguien que de pronto se alza en una singularidad: la del desborde emocional.
Entonces, ¿es de sorprender ese desborde emocional, cuando hasta hace poco rato hemos estado hablando de ello, siempre en términos abstractos?¿Eso también debería ser natural?¿Pasaría con las relaciones humanas lo mismo que podría pasar con los libros si esta civilización de I-pods, bibliotecas virtuales y redes sociales abstractas desapareciera? Y si fuera así, ¿quién quedaría para atestiguarla? Y no porque no hayamos sido avisados. Y no porque no lo sepamos. Y no porque vaya realmente a suceder -esto es solamente una reflexión-, sino porque nos pasa y hemos aprendido a convivir con ello, con la desidia ante lo efímero, con la reflexión gratuita ante el lamento ajeno y la gelidez emocional autoimpartida, aceptándolo como si fuera un hecho natural. Pasamos hasta del derecho a ser tiernos con nosotros mismos, ya que preferimos difundir una imagen de fortaleza -falsa, generalmente- donde el dolor, la perplejidad, la anomía, la soledad de los acompañados (que es el peor tipo de soledad), el aburrimiento, la loboestepariez urbanita y todo aquello de lo que tanto se habla y se reflexiona y se trata con la perturbadora sutileza de una civilización que ya goza, o padece, de un glaucoma terminal -y lo sabemos-, sean considerados singularidades propias de individuos no adaptados y outsiders. Incluso hasta lo hemos legalizado. Supongo que para muchos, este discurso podrá sonar anacrónico. Seguro que lo es.

25/12/09

Feliz Navidad

En esta noche Navidad, noche posterior al brindis obligado de Nochebuena, a la cena de ritual y a las luces del árbol, escribo el último post del año. Es un poco un mensaje dentro de una botella que es dada a la mar como una suerte de exorcismo y declaración, si se quiere, de nuevos principios.
Ha sido un año próspero, y no lo digo por el dinero –que como siempre, escasea- sino por todo lo demás. Es decir por lo verdaderamente importante. Ha sido un año próspero en nuevos amigos, mayor inspiración, estudios e investigaciones nuevos y reveladores, lecturas iluminadoras, viajes esclarecedores, experiencias inefables en el ir y venir hacia dentro en constante presencia del yo, del tú, del nosotros... en defnitiva, de nuevas y más firmes naves en vías de una renovadora re-construcción. War is over.
La culpa por el autoexilio ha sido voluntariamente desterrada de mi sistema y enviada a la papelera de reciclaje. Ésa, la culpa, era la única parte del destierro que puedo considerar forzoso. El autoexilio ha sido, lógicamente, voluntario, y ahora que la culpa es arrojada al sitio donde es mejor que se arrojen todas las culpas (la papelera), puedo gritar a los cuatro vientos que no tengo la menor intención de regresar. Que te sigo queriendo, país, pañuelo sucio, y aunque siempre haya algo que sentir, ahora mi perspectiva es mayor, se ha enriquecido, y si volviera a tus costas me volvería a encoger.
Y no porque seas Argentina, con tu identidad y tu spleen natural, no. Daría igual que fueras Nigeria, Tailandia, Bélgica o Nueva Zelanda. Cualquiera sin complejo de madrepatria o eurocentrismo sabrá comprenderme: cuando tomas distancia de la isla, tarde o temprano acabas observando, al principio con perplejidad, y luego con todo detalle y sostenido, las múltiples caras del poliedro.
No quisiera tener que extenderme en este post para explicarlo. Para qué, si es la historia de siempre. Si es la gran comedia humana que vuelve a repetirse cada día y en todos los rincones de la tierra en los bolsillos de cualquier caminante que se pasea por un parque, en un niño que abre por primera vez su primer cuaderno para escribir su primer verso. Así que, ¿para qué extenderme en algo que está más claro que el agua?
Siendo, pues, la una y media del 25 de diciembre de 2009, a días del comienzo de un nuevo ciclo de 365 -en el que no estaré presente para escribir este pot, ni ningún otro, esa noche salgo a celebrar mi alumbramiento- os deseo a todos, a los de aquí y a los de allí, es decir a todos, una Feliz Navidad.

18/12/09

Romántico y el cuarto poder (I)



Extraño y contradictorio personaje Natalio Botana. Uruguayo, nacido en 1888 y emigrado a Buenos Aires en 1913, mismo año en que fundó el mítico diario Crítica (que en el 62 sería “comprado” por el gobierno peronista, del que era acérrimo opositor), Botana empezó su carrera con una frase que lo define muy bien: Dios me puso sobre vuestra ciudad como a un tábano sobre el noble caballo, para picarlo y tenerlo despierto. Conste que la cita la saco de la red, aunque ya en algunas fotos se le ve con un puro entre los labios, como a un auténtico ciudadano Kane de la prensa rioplatense.
Cuentan en la familia que mi tío Tito Chiessa, periodista él y fundador de la ya extinta revista marplatense Casino, llegó a trabajar en el diario Crítica como corresponsal de espectáculos. Como a Botana, a mi tío le perdían los caballos. Y fue justamente a causa de un caballo, que ese paradójico personaje llamado Botana y defensor por partes iguales de la causa golpista de Uriburu como del derrocado gobierno de Manuel Azaña, contribuyera a la acogida de los intelectuales españoles republicanos que huían de Franco, allá por el ‘39. Las razones políticas o de otra naturaleza que pudieron mover a Botana quedan a criterio del lector. De todas maneras, ya nos lo cuenta la historiadora Dora Schwarzstein, autora de La historia oral (CEAL, 1991):

A fines de 1939 Buenos Aires vivía despreocupada, muy lejos de la guerra mundial que había estallado pocos meses antes en Europa. Asi describía el periódico La Nación, uno de los actores políticos más importantes de Buenos Aires, el clima reinante el domingo 5 de noviembre cuando se corrió el Gran Premio Carlos Pellegrini, la cumbre de la temporada hípica local:

El camino hacia el hipódromo era ayer el que emprendía la gente desde todos los ámbitos de la ciudad y pueblos circunvecinos. La corriente de público se centralizaba en la avenida Alvear, donde los vehículos después de haber salvado con rapidez las vías convergentes, se atascaban allí, en medio de un roncar de bocinas que pedían paso en vano, porque no había forma de concedérselo. Así, eran muchos los que llegaban a pie al circo de Palermo para buscar en seguida ubicación en las tribunas desde la cual pudieran observar cómodamente el desarrollo del programa...


Sin embargo, ese mismo dia, los ecos de la guerra llegaban a Buenos Aires:

Dió término ayer tarde [domingo 5 de noviembre] en nuestro puerto el viaje que inició en la Pellice (sic) el 18 de octubre último el vapor francés "Massilia" cuyo paradero se desconoció durante varios días y cuyo rumbo ignoraban los mismos pasajeros cuando se embarcaron en aquel puerto que no es el de salida habitual. La travesía se hizo desprovisto el barco de cualquier indicio que pudiera hacerlo perceptible desde larga distancia y durante la noche permaneció siempre en la mas absoluta oscuridad. Durante todo el viaje intercontinental el pasaje estuvo carente en absoluto de noticias que le informaran de algún acontecimiento, del mismo modo se le advirtió al pasaje que estaba vedada cualquier clase de correspondencia. De este modo, la llegada a Rio de Janeiro fue un verdadero alivio, pues significaba que todo peligro había desaparecido en lo que se refiere al posible torpedeamiento del barco por los sumergibles nazis.


Todos los diarios del domingo a la tarde y el lunes 6 de noviembre anunciaron que, el premio Carlos Pellegrini, corrido sobre 3000 metros, había sido ganado por Romántico. Este caballo no era el favorito en Palermo aquel domingo. En días anteriores, Noticias Graficas había dado a conocer las opiniones de prestigiosos cronistas de Montevideo, La Plata y Buenos Aires. Diez sobre 14 auspiciaban el triunfo de Embrujo, 2 el de Romántico, 1 el de Bon Vin. Sin embargo, Romántico dió la gran sorpresa, segundo Partido, tercero Bon Vin y cuarto Embrujo.
En ese mismo domingo, a bordo del Massilia, anclado en el puerto de Buenos Aires, había 147 españoles republicanos. Todos ellos se hallaban en tránsito, con diversos destinos: 132 a Chile, 6 al Paraguay y 9 a Bolivia. Permanecían alojados a bordo, hasta que pudieran tomar los trenes internacionales respectivos o el vapor de carrera con destino a Asunción. De este conjunto se destacaban unos 60 intelectuales, entre ellos Ramón Hidalgo Pontones (pintor), José Arbex Pomareta (ingeniero), José Fernández Cañizares (cinematografista), Luis de la Fuente (director de cine), Antonio Salgado y Salgado (periodista), José Ruiz de Toro (abogado y escritor), Mauro Cristóbal Artache (dibujante), Arturo Cuadrado Moure (ex-director de la revista "Resol"), Alberto López Barral (escultor), Gregorio Muñoz Montenegro (pintor-escenógrafo), Pedro Corominas Muntanya (abogado y legislador catalán), Severino Mejuto (actor), Clemente Cimorra (periodista), Eusebio de Gorbea, Pascual Guillén y Salvador Valverde (autores teatrales).

No permiten ni asomarse a los ojos de buey a los intelectuales españoles en tránsito, titulaba el diario radical Noticias Gráficas la noticia del arribo del Massilia al puerto de Buenos Aires. Las medidas adoptadas contra el grupo de intelectuales y artistas españoles... son de un rigorismo que solamente tratándose de peligrosos confinados se hubieran aceptado....Un marinero nos informó que los españoles refugiados tenían orden de que nadie se aproximara a ellos y menos que se asomaran por los ojos de buey ...Es lamentable lo que ha ocurrido. No sabemos ni nos interesa saber quién ha dado la orden terminante de que ese grupo de gente que representa de modos distintos a la cultura y el cerebro de España permanezca en la sombría situación de los delincuentes incomunicados.


También el diario Crítica informó sobre la llegada del Massilia. En ese buque francés arribaron mas de 60 intelectuales españoles que tratarán de reconstruir sus vidas en Chile.El relato de una exiliada española que estaba a bordo del Massilia nos acerca a las trayectorias que habían llevado a ese grupo hasta el puerto de Buenos Aires. MC recuerda que, mientras los pasajeros esperaban a bordo el inicio de la nueva etapa de su viaje, se presentó en el puerto Natalio Botana, director del periódico Crítica que, sorpresivamente, ofreció a los españoles una suma importante de dinero para facilitar su asentamiento en la Argentina. Natalio Botana, de origen uruguayo, había llegado a la Argentina a comienzos de la década de 1910, luego de abandonar el Seminario Jesuita, la carrera de Derecho y de haber participado en la guerra civil de 1904. Perteneciente a una familia tradicional de ricos campesinos, logró una vez en Buenos Aires, gracias a contactos familiares entrar a trabajar en el diario La Razón para cubrir notas sociales. Su experiencia no fue exitosa y al poco tiempo fue despedido. Comenzó entonces a escribir para la revista P.B.T. donde se convirtió en un periodista de nota. Con la experiencia periodística y contactos que había logrado durante esos años, en 1913 fundó Crítica, "el diario más moderno de Latino América".
Natalio Botana, era también propietario de Romántico, el ganador del Gran Premio Carlos Pellegrini que se acababa de correr. Quiso el azar que un caballo propiedad de Botana hubiera ganado recientemente una importante carrera en el hipódromo local. Botana decidió, entonces, donar el importe del premio a los españoles del Massilia, consiguiendo también del presidente Ortiz el permiso para que ese puñado de hombres, mujeres y niños pudieran afincarse legalmente en el pais:
Así nos quedamos en la Argentina, gracias a un caballo que ganó... No teníamos programado venir a la Argentina, eso fue una cosa que surgió, así de un modo puramente casual... Todos teníamos nuestra visa para Chile pero ya que la cosa surgió nos pareció mejor la Argentina, que era un pais más atractivo.

El azar aparece así como protagonista absoluto del asentamiento de los españoles llegados en el Massilia, el conjunto más numeroso de exiliados españoles llegados a la Argentina antes de 1940. La trama sin embargo era mucho más compleja. Intentaremos construir una estructura significativa con las diversas versiones de lo sucedido aquél domingo 5 de noviembre.
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10/12/09

Margalit Matitiahu / El desierto



El desierto infinito,
las montañas altas y afiladas
araron mis deseos...

En las paredes de mi habitación asolada
se transparentan los espacios de mi desierto interior.

Como una bailarina enloquecida y descalza
hago crecer en el calvero
la fruta salvaje
del espíritu.

Margalit Matitiahu (poeta israeli)



Traduccion: Carlos Morales