19/11/15

La economía, ese Dios irresponsable

Ningún poder económico puede estar por encima de la reverencia por la vida. 

Geneología del fanatismo

En sí misma, toda idea es neutra o debería serlo; pero el hombre la anima, proyecta en ella sus llamas y sus demencias; impura, transformada en creencia, se inserta en el tiempo, adopta figura de suceso: el paso de la lógica a la epilepsia se ha consumado... Así nacen las ideologías, las doctrinas y las farsas sangrientas.

Idólatras por instinto, convertimos en incondicionados los objetos de nuestros sueños y de nuestros intereses. La historia no es más que un desfile de falsos Absolutos, una sucesión de templos elevados a pretextos, un envilecimiento del espíritu ante lo Improbable. Incluso cuando se aleja de la religión el hombre permanece sujeto a ella; agotándose en forjar simulacros de dioses, los adopta después febrilmente: su necesidad de ficción, de mitología, triunfa sobre la evidencia y el ridículo. Su capacidad de adorar es responsable de todos sus crímenes: el que ama indebidamente a un dios obliga a los otros a amarlo, en espera de exterminarlos si rehúsan. No hay intolerancia, intransigencia ideológica o proselitismo que no revelen el fondo bestial del entusiasmo. Que pierda el hombre su facultad de indiferencia: se convierte en asesino virtual; que transforme su idea en dios: las consecuencias son incalculables. No se mata más que en nombre de un dios o de sus sucedáneos: los excesos suscitados por la diosa Razón, por la idea de nación, de clase o de raza son parientes de los de la Inquisición o la reforma. Las épocas de fervor sobresalen en hazañas sanguinarias: Santa Teresa no podía por menos de ser contemporánea de los autos de fe y Lutero de la matanza de los campesinos.

En las crisis místicas, los gemidos de las víctimas son paralelos a los gemidos del éxtasis... Patíbulos, calabozos y mazmorras no prosperan más que a la sombra de una fe, de esa necesidad de creer que ha infestado el espíritu para siempre. El diablo palidece junto a quien dispone de una verdad, de su verdad. Somos injustos con los Nerones o los Tiberios: ellos no inventaron el concepto de herético: no fueron sino soñadores degenerados que se divertían con las matanzas. Los verdaderos criminales son los que establecen una ortodoxia sobre el plano religioso o político, los que distinguen entre el fiel y el cismático.
En cuanto nos rehusamos a admitir el carácter intercambiable de las ideas, la sangre corre... Bajo las resoluciones firmes se yergue un puñal; lo ojos llameantes presagian el crimen. Jamás el espíritu dubitativo, aquejado del hamletismo, fue pernicioso: el principio del mal reside en la tensión de la voluntad, en la ineptitud para el quietismo, en la megalomanía prometeica de una raza que revienta de ideal, que estalla bajo sus convicciones y la cual, por haberse complacido en despreciar la duda y la pereza vicios más nobles que todas sus virtudes , se ha internado en una vía de perdición, en la historia, en esa mezcla indecente de banalidad y apocalipsis... Las certezas abundan en ella: suprimidlas y suprimiréis sobre todo sus consecuencias: reconstituiréis el paraíso. ¿Qué es la Caída sino la búsqueda de una verdad y la certeza de haberla encontrado, la pasión por un dogma, el establecimiento de un dogma? De ello resulta el fanatismo tara capital que da al hombre el gusto por la eficacia, por la profecía y el terror, lepra lírica que contamina las almas, las somete, las tritura o las exalta...

E. M. Cioran, 1949

17/11/15

Por la boca muere el pez

En estos años he conocido esclavos con privilegios, gente que trabaja para el modelo y vive de él. También he conocido gente que se enriqueció o que obtuvo beneficios a su costa. Y gente que lleva meses sin cobrar el sueldo, ésa también la conozco. Lógicamente, los primeros están aterrorizados, porque cuando caiga papá-estado ya no habrá protección. Los que no cobran están indignados, como ha de ser. 

He visto mucha manipulación de los medios informativos, y no sólo de la oposición, sino de la prensa oficialista. La prensa siempre fue el talón de Aquiles de este gobierno, que no ha podido entender que sólo los buenos relatos son de larga duración, y esto siempre y cuando la ficción sea capaz de transformar la conciencia. Roland Barthes tenía razón cuando habló de la cárcel del lenguaje. Sin embargo, tarde o temprano la realidad termina superando y derrumbando todos los relatos, y se impone como tal. Cuando se acaban las palabras, vemos entonces que lo único que nos queda es la realidad de un cuerpo que necesita ser alimentado.

Borrachos de poder y ebrios de soberbia, nuestros líderes dejaron que uno mucho más listo -y más hijo de puta- les haga el golpe de estado más sutil que se ha hecho en este país en muchos años. Lo trágico es que fueron ellos mismos los que dinamitaron la admiración moral que merecen las buenas obras. Y esto a fuerza de inmoralidades y abusos de poder, corruptelas que el pueblo ya no resiste. Una verdadera lástima. Lástima por los activos que se habían conquistado, y lástima por toda la gente que ahora va a sufrir por causa de la arrogancia de unos, y la hijaputez del que vendrá. Ellos pudieron salvarlo, pero despreciaron el sentir del pueblo. Subestimaron su poder de resistencia, superaron los límites de su tolerancia. Y ahora hacen campaña a la desesperada, sueltan ex abruptos por los que luego piden perdón y se embolsan las últimas chirolas del Banco Central, captados por la misma policía fundada por un candidato que sin gobernar aún, ya gobierna. 

Él ya puso el disco en la máquina. El nuevo relato (o sea, el viejo relato de siempre) ya se está instalando. Trae en la tapa un cuento disneylandesco de promesas y de sueños para gente que ya había olvidado cómo era eso de soñar. El nuevo relato es más peligroso que el que se va, pero parece que hace falta tocar fondo. Tocar fondo en serio, y que no sea ya un asunto económico, sino de conciencia. Que es la única manera de tocarlo en serio, para poder, desde ahí, remontar esa marea histórica de quilombos que siempre vuelven a repetirse porque no nos atrevemos a tomar la tierra, sin sentirnos exiliados entre dos fronteras. Nosotros. NOSOTROS, y nadie más.

Que Dios nos ampare.

7/11/15

Hemisferios

La racionalidad, lo cartesiano, está metido de fondo en nuestra cultura desde hace siglos. No es algo que podamos negar, y tampoco es algo malo, ya que no se podría vivir únicamente de lo irracional. La pregunta sería: ¿cómo hacer para integrarlos, sin negarlos o renegar de ambos polos? Sobre todo, sin caer en un localismo que no integra, sino que aísla. Porque el negar o renegar nos lleva a una nueva trampa: nos hace creer que aunque esté ahí, parece que no estuviera. O nos enbronca a unos contra otros.

4/11/15

Segunda vuelta II (y final)


No suelo escribir sobre política, pero en esta ocasión no me puedo contener.
Vivo en un país donde votar es obligatorio. Como mucha gente no tiene clara aquí la diferencia entre deber y derecho, entre libertad y esclavitud, les parece una especie de "traición a la patria" -ciertos conceptos trasnochados no han logrado superarse aún- el hecho de negarse, o acaso comentar, que una preferiría no votar. O en su defecto, y ya que obligan, votar en blanco. Parece que a nadie se le ocurriera que verse obligado a elegir entre dos ineptos puede ser una traición contra uno mismo. Por lo tanto, aunque sepamos que ninguno de los dos candidatos nos representa, hay que ir a votar igual. Están exentos los enfermos y los que vivan a más de 500 Km de distancia (otra vergüenza: tendría que ser a menos de 100), pero no los analfabetos, por ejemplo, o la gente sin formación. De ahí que sea tan sencillo comprar el voto de los más necesitados. De esto no se horrorizan los fervorosos patriotas del voto obligatorio, que hoy mismo están preocupadísimos porque el adalid del oficialismo podría perder como en la guerra frente a su contrincante de la rancia derecha vendida al FMI, hija y nieta de la dictadura del 76. Así pues, mientras van pasando los días y se va acercando la segunda vuelta, el oficialismo le mete miedo al pueblo amenazando con que la oposición dará de baja lo programas de ayuda social, las jubilaciones, las subvenciones y el 90% de los logros obtenidos hasta hoy (lo cual no es poco). Por su parte, la derecha ha dado sobradas pruebas de que sus intenciones justifican lo temores del oficialismo.

No obstante, los dos pretenden que vayamos a votar. Y claro que iremos, muertos de miedo y atenazados por una ansiedad clínica, pero iremos. El panorama se presenta de gris oscuro a negro, con un candidato débil por parte del oficialismo, y otro fuerte que sólo convence a los que en su momento llegaron a hartarse de la soberbia de CFK y su corte la Cámpora. Hoy mismo intentan levantarse lastimosamente del golpe dado el 25 de octubre, y han iniciado una guerra salvaje en las redes sociales y los medios de prensa. Lo mismo ocurre con la oposición, que se alza no menos soberbia sin haber ganado todavía. Medio país la aclama, apostando a la esperanza de un futuro mejor. Algunos inclusive llegan a soñar con que muy pronto habrá unión entre los argentinos, una concordia perdida debido al fundamentalismo K, que ha llevado a separar familias enteras y al enfrentamiento entre amigos. Si no es una fantasmada la existencia de ese gobierno mundial del que tanto hablan en la red, los técnicos en aplastar países deben haber estudiado en profundidad la psicología del pueblo argentino, horadando con éxito en algo que nos caracteriza y nos ennoblece: la amistad. Si querían hallar un sistema para separarnos, nada mejor atacar nuestro punto fuerte y separarnos. Sonará reduccionista, pero es más viejo que el diablo y reza: divide y triunfarás.

Al oficialismo K le fallaron 2 cosas: el candidato y la falta de autocrítica que viene mostrando desde hace mucho. Es penoso, porque hicieron mucho a nivel de justicia social, pero faltó un ejercicio de humildad ante irregularidades de gravísima envergadura. Y eso pasa factura. Lamentablemente, si llega a ganar la derecha, millones de argentinos pagaremos los platos rotos de esa estúpida soberbia biznieta de virreyes.