23/11/15
19/11/15
La economía, ese Dios irresponsable
Ningún poder económico puede estar por encima de la reverencia por la vida.
Geneología del fanatismo
En sí misma, toda idea es neutra o debería serlo; pero el
hombre la anima, proyecta en ella sus llamas y sus demencias; impura,
transformada en creencia, se inserta en el tiempo, adopta figura de suceso: el
paso de la lógica a la epilepsia se ha consumado... Así nacen las ideologías,
las doctrinas y las farsas sangrientas.
Idólatras por instinto, convertimos en incondicionados los objetos de nuestros sueños y de nuestros intereses. La historia no es más que un desfile de falsos Absolutos, una sucesión de templos elevados a pretextos, un envilecimiento del espíritu ante lo Improbable. Incluso cuando se aleja de la religión el hombre permanece sujeto a ella; agotándose en forjar simulacros de dioses, los adopta después febrilmente: su necesidad de ficción, de mitología, triunfa sobre la evidencia y el ridículo. Su capacidad de adorar es responsable de todos sus crímenes: el que ama indebidamente a un dios obliga a los otros a amarlo, en espera de exterminarlos si rehúsan. No hay intolerancia, intransigencia ideológica o proselitismo que no revelen el fondo bestial del entusiasmo. Que pierda el hombre su facultad de indiferencia: se convierte en asesino virtual; que transforme su idea en dios: las consecuencias son incalculables. No se mata más que en nombre de un dios o de sus sucedáneos: los excesos suscitados por la diosa Razón, por la idea de nación, de clase o de raza son parientes de los de la Inquisición o la reforma. Las épocas de fervor sobresalen en hazañas sanguinarias: Santa Teresa no podía por menos de ser contemporánea de los autos de fe y Lutero de la matanza de los campesinos.
En las crisis místicas, los gemidos de las víctimas son
paralelos a los gemidos del éxtasis... Patíbulos, calabozos y mazmorras no
prosperan más que a la sombra de una fe, de esa necesidad de creer que ha
infestado el espíritu para siempre. El diablo palidece junto a quien dispone de
una verdad, de su verdad. Somos injustos con los Nerones o los Tiberios: ellos
no inventaron el concepto de herético: no fueron sino soñadores degenerados que
se divertían con las matanzas. Los verdaderos criminales son los que establecen
una ortodoxia sobre el plano religioso o político, los que distinguen entre el
fiel y el cismático.
En cuanto nos rehusamos a admitir el carácter
intercambiable de las ideas, la sangre corre... Bajo las resoluciones firmes se
yergue un puñal; lo ojos llameantes presagian el crimen. Jamás el espíritu
dubitativo, aquejado del hamletismo, fue pernicioso: el principio del mal
reside en la tensión de la voluntad, en la ineptitud para el quietismo, en la
megalomanía prometeica de una raza que revienta de ideal, que estalla bajo sus
convicciones y la cual, por haberse complacido en despreciar la duda y la
pereza vicios más nobles que todas sus virtudes , se ha internado en una vía de
perdición, en la historia, en esa mezcla indecente de banalidad y
apocalipsis... Las certezas abundan en ella: suprimidlas y suprimiréis sobre
todo sus consecuencias: reconstituiréis el paraíso. ¿Qué es la Caída sino la
búsqueda de una verdad y la certeza de haberla encontrado, la pasión por un
dogma, el establecimiento de un dogma? De ello resulta el fanatismo tara
capital que da al hombre el gusto por la eficacia, por la profecía y el terror,
lepra lírica que contamina las almas, las somete, las tritura o las exalta...
17/11/15
Por la boca muere el pez
En estos años he conocido esclavos con privilegios, gente
que trabaja para el modelo y vive de él. También he conocido gente que se
enriqueció o que obtuvo beneficios a su costa. Y gente que lleva meses sin
cobrar el sueldo, ésa también la conozco. Lógicamente, los primeros están
aterrorizados, porque cuando caiga papá-estado ya no habrá protección. Los que
no cobran están indignados, como ha de ser.
He visto mucha manipulación de los medios informativos, y no sólo de la oposición, sino de la prensa oficialista. La prensa siempre fue el talón de Aquiles de este gobierno, que no ha podido entender que sólo los buenos relatos son de larga duración, y esto siempre y cuando la ficción sea capaz de transformar la conciencia. Roland Barthes tenía razón cuando habló de la cárcel del lenguaje. Sin embargo, tarde o temprano la realidad termina superando y derrumbando todos los relatos, y se impone como tal. Cuando se acaban las palabras, vemos entonces que lo único que nos queda es la realidad de un cuerpo que necesita ser alimentado.
He visto mucha manipulación de los medios informativos, y no sólo de la oposición, sino de la prensa oficialista. La prensa siempre fue el talón de Aquiles de este gobierno, que no ha podido entender que sólo los buenos relatos son de larga duración, y esto siempre y cuando la ficción sea capaz de transformar la conciencia. Roland Barthes tenía razón cuando habló de la cárcel del lenguaje. Sin embargo, tarde o temprano la realidad termina superando y derrumbando todos los relatos, y se impone como tal. Cuando se acaban las palabras, vemos entonces que lo único que nos queda es la realidad de un cuerpo que necesita ser alimentado.
Borrachos de poder y ebrios de soberbia, nuestros líderes
dejaron que uno mucho más listo -y más hijo de puta- les haga el golpe de
estado más sutil que se ha hecho en este país en muchos años. Lo trágico es que
fueron ellos mismos los que dinamitaron la admiración moral que merecen las
buenas obras. Y esto a fuerza de inmoralidades y abusos de poder, corruptelas
que el pueblo ya no resiste. Una verdadera lástima. Lástima por los activos que
se habían conquistado, y lástima por toda la gente que ahora va a sufrir por
causa de la arrogancia de unos, y la hijaputez del que vendrá. Ellos pudieron
salvarlo, pero despreciaron el sentir del pueblo. Subestimaron su poder de
resistencia, superaron los límites de su tolerancia. Y ahora hacen campaña a la
desesperada, sueltan ex abruptos por los que luego piden perdón y se embolsan
las últimas chirolas del Banco Central, captados por la misma policía fundada
por un candidato que sin gobernar aún, ya gobierna.
Él ya puso el disco en la máquina. El nuevo relato (o
sea, el viejo relato de siempre) ya se está instalando. Trae en la tapa un
cuento disneylandesco de promesas y de sueños para gente que ya había olvidado
cómo era eso de soñar. El nuevo relato es más peligroso que el que se va, pero
parece que hace falta tocar fondo. Tocar fondo en serio, y que no sea ya un
asunto económico, sino de conciencia. Que es la única manera de tocarlo en
serio, para poder, desde ahí, remontar esa marea histórica de quilombos que
siempre vuelven a repetirse porque no nos atrevemos a tomar la tierra, sin
sentirnos exiliados entre dos fronteras. Nosotros. NOSOTROS, y nadie más.
Que Dios nos ampare.
16/11/15
7/11/15
Hemisferios
La racionalidad, lo cartesiano, está metido de fondo en
nuestra cultura desde hace siglos. No es algo que podamos negar, y tampoco es
algo malo, ya que no se podría vivir únicamente de lo irracional. La pregunta
sería: ¿cómo hacer para integrarlos, sin negarlos o renegar de ambos polos?
Sobre todo, sin caer en un localismo que no integra, sino que aísla. Porque el
negar o renegar nos lleva a una nueva trampa: nos hace creer que aunque esté
ahí, parece que no estuviera. O nos enbronca a unos contra otros.
4/11/15
Segunda vuelta II (y final)
Vivo en un país donde votar es obligatorio. Como mucha
gente no tiene clara aquí la diferencia entre deber y derecho, entre libertad y
esclavitud, les parece una especie de "traición a la patria" -ciertos
conceptos trasnochados no han logrado superarse aún- el hecho de negarse, o
acaso comentar, que una preferiría no votar. O en su defecto, y ya que obligan,
votar en blanco. Parece que a nadie se le ocurriera que verse obligado a elegir
entre dos ineptos puede ser una traición contra uno mismo. Por lo tanto, aunque
sepamos que ninguno de los dos candidatos nos representa, hay que ir a votar
igual. Están exentos los enfermos y los que vivan a más de 500 Km de distancia
(otra vergüenza: tendría que ser a menos de 100), pero no los analfabetos, por ejemplo,
o la gente sin formación. De ahí que sea tan sencillo comprar el voto de los
más necesitados. De esto no se horrorizan los fervorosos patriotas del voto obligatorio,
que hoy mismo están preocupadísimos porque el adalid del oficialismo podría
perder como en la guerra frente a su contrincante de la rancia derecha vendida
al FMI, hija y nieta de la dictadura del 76. Así pues, mientras van pasando los
días y se va acercando la segunda vuelta, el oficialismo le mete miedo al
pueblo amenazando con que la oposición dará de baja lo programas de ayuda
social, las jubilaciones, las subvenciones y el 90% de los logros obtenidos
hasta hoy (lo cual no es poco). Por su parte, la derecha ha dado sobradas
pruebas de que sus intenciones justifican lo temores del oficialismo.
No obstante, los dos pretenden que vayamos a votar. Y
claro que iremos, muertos de miedo y atenazados por una ansiedad clínica, pero
iremos. El panorama se presenta de gris oscuro a negro, con un candidato débil
por parte del oficialismo, y otro fuerte que sólo convence a los que en su
momento llegaron a hartarse de la soberbia de CFK y su corte la Cámpora. Hoy mismo
intentan levantarse lastimosamente del golpe dado el 25 de octubre, y han
iniciado una guerra salvaje en las redes sociales y los medios de prensa. Lo
mismo ocurre con la oposición, que se alza no menos soberbia sin haber ganado
todavía. Medio país la aclama, apostando a la esperanza de un futuro mejor.
Algunos inclusive llegan a soñar con que muy pronto habrá unión entre los argentinos,
una concordia perdida debido al fundamentalismo K, que ha llevado a separar
familias enteras y al enfrentamiento entre amigos. Si no es una fantasmada la existencia
de ese gobierno mundial del que tanto hablan en la red, los técnicos en
aplastar países deben haber estudiado en profundidad la psicología del pueblo
argentino, horadando con éxito en algo que nos caracteriza y nos ennoblece: la
amistad. Si querían hallar un sistema para separarnos, nada mejor atacar
nuestro punto fuerte y separarnos. Sonará reduccionista, pero es más viejo que
el diablo y reza: divide y triunfarás.
Al oficialismo K le fallaron 2 cosas: el candidato y la
falta de autocrítica que viene mostrando desde hace mucho. Es penoso, porque
hicieron mucho a nivel de justicia social, pero faltó un ejercicio de humildad
ante irregularidades de gravísima envergadura. Y eso pasa factura.
Lamentablemente, si llega a ganar la derecha, millones de argentinos pagaremos
los platos rotos de esa estúpida soberbia biznieta de virreyes.
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