Nos dejó el maestro Miguel Ocampo (Buenos Aires,
1922). Esto fue hace apenas unos días, a sus casi 93 años, en La Cumbre, Córdoba. Descanse en paz el poeta del color.
27/11/15
26/11/15
De cómo se llega a ser un voodoo child
Creo en Dios y creo en el Diablo.
Definitivamente hay un Diablo, y conoce mi nombre.
Daniel Johnston
Existe una leyenda recurrente sobre un hombre que, como
Fausto, hace un trato con el Diablo a cambio de conocimiento. En esta leyenda
en particular, el trato sucede en un cruce de caminos en el cual un hombre
intercambia su alma por talento musical, y nadie es mejor exponente de esta
leyenda que el mismísimo Robert Johnson, nacido “probablemente” en Hazlehurst,
Mississippi, el 11 de mayo de 1911, legendario bluesero pionero del Mississippi
Delta que, se dice, vendió su alma al Diablo en un cruce de caminos y obtuvo su
talento prodigioso para el blues u obtuvo, según algunos “el blues mismo”. Su memoria eidética, que le permitía tocar, al igual que
Mozart, cualquier canción tras haberla escuchado sólo una vez, su inteligencia
e innovación musical son legendarias, y el pacto con el Diablo es la
explicación más cuerda que se les ha podida dar hasta ahora. En la canción
“Crossroad Blues”, Johnson cuenta que durante un viaje fue a pedirle ayuda a
Dios, y como no la encontró, el Diablo se le presentó en un cruce de caminos y
le enseño el blues. Aquí se nota un tema subyacente en el cual Johnson,
desilusionado por el cristianismo, encuentra en la música y la soledad del
cruce de caminos una conexión con sus orígenes ancestrales.
El vudú tiene su origen en las religiones animistas de
África del oeste, que llegan a América con la ola de esclavos que se instalan
en Estados Unidos a partir de 1809, en particular en el Mississippi Delta,
donde se origina el blues a partir de los años 1920-30. Entre ellos, llega
Marie Laveau a Baton Rouge, Nueva Orleans, en 1820. La suma sacerdotisa se
presentaba a todas las ceremonias con una serpiente pitón llamada Zombi, como
lo hizo Britney Spears en los MTV Music Awards 2001, probando que la tradición
vudú en la música sigue intacta, aunque no siempre nos demos cuenta de ello.
Las religiones africanas tienen como ejes centrales la
música de tambor y bailar para entrar en trance y ser poseído o “montado”
(“ride”, como a un caballo) por un Dios. La cantante y escritora Debra Devi
habla de esto en su libro The Language of Blues, from Alcorub to Zuzu, y
explica que este fenómeno se convirtió en el soul y gospel en las iglesias
bautistas afroamericanas, donde la “posesión” por el Espíritu Santo, en
particular a través de la música, es una práctica común. Incluso sugiere que la
expresión en inglés “Right on” viene de la jerga afroamericana y significa en
realidad “Ride on (Jesus)”, es decir, es una exhortación para que el Espíritu
Santo siga poseyendo a una persona. La posesión se volvió un estándar en la
música rock, donde figuras como Jim Morrisson, Johnny Rotten, Jerry Lee Lewis y
Janis Joplin se dejaban “poseer” por el espíritu de la música en el escenario.
En religión vudú, Legba –para los fon de Dahomey– y Eshu
-para los yoruba de Nigeria– es un intermediario entre dioses y hombres que
vive en los cruces de caminos. Legba-Eshu es un “trickster” o “pícaro divino”,
un espíritu travieso e impredecible, cualidades que probablemente causaron la
desconfianza y contribuyeron a su asociación con el Diablo por parte de los
cristianos. Los dioses vudú son la personificación misma de los conceptos de
“cool” y de “soul”. El blues, y por lo
subsecuente el rock & roll se vuelven “música del Diablo”, y en ella se
habla con frecuencia del hoodoo, el vudú, el amor y el Diablo.
Las prácticas de brujería vudú fueron luego americanizadas
y se vuelven el “hoodoo”, folclor originario del Nuevo Continente, ampliamente
practicado en América del Norte a principios del siglo XX. Se trata de una
colección de cuentos, medicina herbolaria y practicas mágicas derivadas del
sincretismo entre nativo-americanos, afroamericanos y europeos. Se publican
libros como Secrets of the Psalms y The book of Secrets of Albertus Magnus, que
ayudan a popularizarlo. El concepto del “mojo”, la “track magic”, brujería que
se disponía en el lugar donde la víctima iba a caminar o poner los pies y se
resuelve poniendo peniques de cobre en los zapatos, todos estos conceptos
salieron del folclor del hoodoo, que era especialmente popular en Baton Rouge,
Nueva Orleans. Todos los blueseros de la zona estaban familiarizados con sus
prácticas y las mencionan en su música. Canciones de Johnson como “Me and the
Devil Blues”, “Cross Road Blues” –de donde origina la historia del pacto con el
Diablo– y “Stones in my passway” describen el mundo del hoodoo con detalle.
La vida de Johnson fue tumultuosa: antes de empezar a
tocar la guitarra se casó con una jovencita, Virginia Travis, que murió dando a
luz con solo 16 años. Se cuenta que Robert Johnson no era muy bueno con la
música. Había tocado un poco de armónica, pero era malo. Dice su amigo, el
bluesero Son House: “¡Que ruidero hacia! La gente se enojaba. Venían y me
decían: ‘¿Por qué no le quitas la guitarra a ese muchacho? Nos está volviendo
locos’”. Después de la muerte de su esposa Johnson decide irse a recorrer el
Delta del Mississippi para tocar en tabernas y burdeles, época durante la cual
vivió una vida de disolución, bebiendo y apostando, y sostuvo una relación con
una mujer mayor que él, Caletta “Callie” Craft, con la que se casó en secreto
en 1931. Al regresar a su hogar en Robinsonville, no solo parecía haber
adquirido un talento incomparable para la guitarra, sino un carisma
irresistible también. Se rumora que el pacto con el Diablo sucedió durante esa
ausencia para recorrer el Delta del Mississippi.
Cuenta Son House que él estuvo presente cuando sucedió el
pacto en la esquina de Hwy 1 y Hwy 8, en Rosedale, Mississippi, como lo dice la
canción, a pesar de que la leyenda decía que el cruce original era el de Hwy 61
y Hwy 49 en Clarksdale, que hoy en día se ha convertido en un lugar de
peregrinaje donde la gente rinde culto a este evento místico y musical. Algunos
sugieren que tiene más sentido que haya sido en Rosedale, por su proximidad al
río, ya que según el folclor hoodoo el Diablo necesita estar cerca de un río para
aparecerse. Según otras historias del folclor local, Johnson viajaba hacia
Helena y pasaba por Beulah y se le apareció el Diablo con un perro negro, quien
le vendió el blues por el precio de su alma.
El mismo Robert Johnson nunca dijo haber hecho este
pacto. La historia es de su mentor, Ike Zimmerman, y de su amigo Son House. Sin
embargo, antes incluso de Robert Johnson, ya se hablaba de la leyenda de
intercambiar el alma con el Diablo a cambio de talento en el blues. El
Reverendo LeDell Johnson contaba de su hermano Tommy, que se había ido de la
casa un día y había regresado siendo un prodigio del blues. Según el mismo
Tommy Johnson (1896-1956), otro famoso bluesero, sin ninguna relación familiar
con Robert Johnson:
Si quieres aprender a tocar la guitarra, o cualquier
instrumento, vas a un cruce de caminos. Llegas un poco antes de las 12 de la
noche, para estar seguro de que estarás a tiempo. Tomas tu guitarra y te quedas
ahí tocando una canción, tú solo. Ahí se te va a aparecer un hombre negro y
alto, va a tomar tu guitarra y la va a afinar. Luego va a tocar una canción, y
te la va a regresar. Y así fue como yo aprendí a tocar todo lo que yo quisiera.
El Reverendo Gary Fox cuenta otras versiones de este
mito, en las que hay que llevar consigo tierra de cementerio y el Diablo se
puede presentar en muchas formas, como un perro, caballo o gallina negra, pero
después de pasar enfrente de la persona que quiere aprender a tocar, si esa
persona no sale corriendo, después podrá tocar cualquier canción, pues le habrá
vendido su alma al Diablo.
La carrera de Robert despegó, muchos discípulos se
acercaron a él y los otros músicos lo veían con una mezcla de envidia y
admiración. Fue parte del movimiento fundador del Delta Blues junto con Charley
Patton, Skip James y Son House. Grabó muy poco y las pocas grabaciones que hizo
fueron hechas a una velocidad inusual en la pista, lo que las hace sonar a un
tono diferente que el original. Esta cualidad y el hecho de que la voz de Johnson
ya no puede ser escuchada en su tono original, son consideradas parte del mito
sobrenatural que rodea al prodigio Robert Johnson.
Los mismos rumores corrían sobre Niccolo Paganini y su
talento para el violín, y lo mismo también se decía de Francisco, “el hombre en
las costas del Caribe”, un prodigioso vallenatero que según las versiones ya
sea vende su alma, ya sea vence en un duelo de acordeón al mismísimo Lucifer en
un cruce de caminos. Es curioso que en estas regiones de América del Sur la
migración de esclavos africanos y la cultura afrocaribeña que sobrevino después
es muy similar al patrón del Delta del Mississippi. En esta zona, sin embargo,
la migración dio nacimiento a la cumbia, otra forma de música con orígenes en
las danzas de cortejo de África del oeste.
La música siempre ha sido considerada un túnel entre el
mundo de los hombres y el de los cielos. El primer instrumento de música, el
tambor, muy preciado en las sociedades africanas, se toca a una frecuencia que
induce el trance y puede haber sido inventado como un implemento chamánico,
destinado a aquellos con la habilidad de entrar en contacto con dioses y
espíritus.
Se rumora que otro notorio bluesero, Howlin’ Wolf, se
había ganado el apodo por su costumbre de tocar la guitarra y aullar solo en
los cementerios, bajo la luna, aunque él mismo explicaba que esto no tenía nada
que ver con vudú o el Diablo, solo que los cementerios eran simple y
sencillamente el lugar más callado y tranquilo para poder tocar y practicar el
“shouting blues”, que podría fácilmente haber sido confundido con los aullidos
de un howling wolf.
Otros músicos que utilizaron simbología y temáticas vudú
en sus canciones fueron, por ejemplo, John Lee Hooker en “Crawling King Snake”,
que se refiere a la deidad vudú en forma de serpiente llamada Damballa, que
representa al creador primordial del mundo. También Screamin’ Jay Hawkins, que
escribe “I put a spell on you”, más tarde popularizada por Creedence, que
contiene la obvia temática vudú del embrujo. En su versión original, Hawkins la
canta gritando, influenciando a Alice Cooper y Marylin Manson. Él y Joe Turner
ponen de moda el “shouting blues”, que retoman Muddy Waters (“Got my Mojo
Working”) y T-Bone Walker, y que más tarde influencia a Hendrix y a los Rolling
Stones. Hendrix incluso se refería a sí mismo como un “voodoo child”, y se dice
que durante una época de su vida estuvo obsesionado con ir a ver a una bruja
del Delta para que le quitara una brujería. Por su parte, también se rumora que
Robert Plant guarda un frasco de tierra proveniente del cruce de caminos de
Johnson.
Robert Johnson murió en circunstancias misteriosas en 1938 a la edad de 27 años, al igual que otros integrantes del grupo de los músicos “malditos” como Joplin, Morrison, Hendrix y Cobain. Estaba tocando en el Three Forks Juke en Greenwood, Mississippi, le ofrecieron un trago y hubo una pelea: él tumbó la botella y declaró que “nunca bebía de una botella abierta, porque no sabía lo que le habían puesto”. Le ofrecieron otra botella y esta vez la aceptó. Esa noche no pudo cantar, se enfermó y estuvo varios días vomitando y delirante. Murió poco después, a pesar de recibir todos los cuidados posibles. Hubo muchas conjeturas de que había sido envenenado o víctima de brujería. Se dijo también que el Diablo había simplemente regresado a cobrar lo que le era debido. Sin embargo, su amplio repertorio sobrevivió el paso del tiempo, y ha sido retomado por músicos de talla mundial como Led Zeppelin (“Traveling Riverside Blues”), los Rolling Stones (“Love in Vain”), Cream (“Crossroads”) y los White Stripes (“Stop Breaking Down”). La célebre canción “Sweet Home Chicago”, que han tocado tanto Clapton como B. B. King y los Blues Brothers, también fue compuesta por él, y es quizás su obra más conocida.
Robert Johnson murió en circunstancias misteriosas en 1938 a la edad de 27 años, al igual que otros integrantes del grupo de los músicos “malditos” como Joplin, Morrison, Hendrix y Cobain. Estaba tocando en el Three Forks Juke en Greenwood, Mississippi, le ofrecieron un trago y hubo una pelea: él tumbó la botella y declaró que “nunca bebía de una botella abierta, porque no sabía lo que le habían puesto”. Le ofrecieron otra botella y esta vez la aceptó. Esa noche no pudo cantar, se enfermó y estuvo varios días vomitando y delirante. Murió poco después, a pesar de recibir todos los cuidados posibles. Hubo muchas conjeturas de que había sido envenenado o víctima de brujería. Se dijo también que el Diablo había simplemente regresado a cobrar lo que le era debido. Sin embargo, su amplio repertorio sobrevivió el paso del tiempo, y ha sido retomado por músicos de talla mundial como Led Zeppelin (“Traveling Riverside Blues”), los Rolling Stones (“Love in Vain”), Cream (“Crossroads”) y los White Stripes (“Stop Breaking Down”). La célebre canción “Sweet Home Chicago”, que han tocado tanto Clapton como B. B. King y los Blues Brothers, también fue compuesta por él, y es quizás su obra más conocida.
Fuente: Pijama Surf
23/11/15
19/11/15
La economía, ese Dios irresponsable
Ningún poder económico puede estar por encima de la reverencia por la vida.
Geneología del fanatismo
En sí misma, toda idea es neutra o debería serlo; pero el
hombre la anima, proyecta en ella sus llamas y sus demencias; impura,
transformada en creencia, se inserta en el tiempo, adopta figura de suceso: el
paso de la lógica a la epilepsia se ha consumado... Así nacen las ideologías,
las doctrinas y las farsas sangrientas.
Idólatras por instinto, convertimos en incondicionados los objetos de nuestros sueños y de nuestros intereses. La historia no es más que un desfile de falsos Absolutos, una sucesión de templos elevados a pretextos, un envilecimiento del espíritu ante lo Improbable. Incluso cuando se aleja de la religión el hombre permanece sujeto a ella; agotándose en forjar simulacros de dioses, los adopta después febrilmente: su necesidad de ficción, de mitología, triunfa sobre la evidencia y el ridículo. Su capacidad de adorar es responsable de todos sus crímenes: el que ama indebidamente a un dios obliga a los otros a amarlo, en espera de exterminarlos si rehúsan. No hay intolerancia, intransigencia ideológica o proselitismo que no revelen el fondo bestial del entusiasmo. Que pierda el hombre su facultad de indiferencia: se convierte en asesino virtual; que transforme su idea en dios: las consecuencias son incalculables. No se mata más que en nombre de un dios o de sus sucedáneos: los excesos suscitados por la diosa Razón, por la idea de nación, de clase o de raza son parientes de los de la Inquisición o la reforma. Las épocas de fervor sobresalen en hazañas sanguinarias: Santa Teresa no podía por menos de ser contemporánea de los autos de fe y Lutero de la matanza de los campesinos.
En las crisis místicas, los gemidos de las víctimas son
paralelos a los gemidos del éxtasis... Patíbulos, calabozos y mazmorras no
prosperan más que a la sombra de una fe, de esa necesidad de creer que ha
infestado el espíritu para siempre. El diablo palidece junto a quien dispone de
una verdad, de su verdad. Somos injustos con los Nerones o los Tiberios: ellos
no inventaron el concepto de herético: no fueron sino soñadores degenerados que
se divertían con las matanzas. Los verdaderos criminales son los que establecen
una ortodoxia sobre el plano religioso o político, los que distinguen entre el
fiel y el cismático.
En cuanto nos rehusamos a admitir el carácter
intercambiable de las ideas, la sangre corre... Bajo las resoluciones firmes se
yergue un puñal; lo ojos llameantes presagian el crimen. Jamás el espíritu
dubitativo, aquejado del hamletismo, fue pernicioso: el principio del mal
reside en la tensión de la voluntad, en la ineptitud para el quietismo, en la
megalomanía prometeica de una raza que revienta de ideal, que estalla bajo sus
convicciones y la cual, por haberse complacido en despreciar la duda y la
pereza vicios más nobles que todas sus virtudes , se ha internado en una vía de
perdición, en la historia, en esa mezcla indecente de banalidad y
apocalipsis... Las certezas abundan en ella: suprimidlas y suprimiréis sobre
todo sus consecuencias: reconstituiréis el paraíso. ¿Qué es la Caída sino la
búsqueda de una verdad y la certeza de haberla encontrado, la pasión por un
dogma, el establecimiento de un dogma? De ello resulta el fanatismo tara
capital que da al hombre el gusto por la eficacia, por la profecía y el terror,
lepra lírica que contamina las almas, las somete, las tritura o las exalta...
17/11/15
Por la boca muere el pez
En estos años he conocido esclavos con privilegios, gente
que trabaja para el modelo y vive de él. También he conocido gente que se
enriqueció o que obtuvo beneficios a su costa. Y gente que lleva meses sin
cobrar el sueldo, ésa también la conozco. Lógicamente, los primeros están
aterrorizados, porque cuando caiga papá-estado ya no habrá protección. Los que
no cobran están indignados, como ha de ser.
He visto mucha manipulación de los medios informativos, y no sólo de la oposición, sino de la prensa oficialista. La prensa siempre fue el talón de Aquiles de este gobierno, que no ha podido entender que sólo los buenos relatos son de larga duración, y esto siempre y cuando la ficción sea capaz de transformar la conciencia. Roland Barthes tenía razón cuando habló de la cárcel del lenguaje. Sin embargo, tarde o temprano la realidad termina superando y derrumbando todos los relatos, y se impone como tal. Cuando se acaban las palabras, vemos entonces que lo único que nos queda es la realidad de un cuerpo que necesita ser alimentado.
He visto mucha manipulación de los medios informativos, y no sólo de la oposición, sino de la prensa oficialista. La prensa siempre fue el talón de Aquiles de este gobierno, que no ha podido entender que sólo los buenos relatos son de larga duración, y esto siempre y cuando la ficción sea capaz de transformar la conciencia. Roland Barthes tenía razón cuando habló de la cárcel del lenguaje. Sin embargo, tarde o temprano la realidad termina superando y derrumbando todos los relatos, y se impone como tal. Cuando se acaban las palabras, vemos entonces que lo único que nos queda es la realidad de un cuerpo que necesita ser alimentado.
Borrachos de poder y ebrios de soberbia, nuestros líderes
dejaron que uno mucho más listo -y más hijo de puta- les haga el golpe de
estado más sutil que se ha hecho en este país en muchos años. Lo trágico es que
fueron ellos mismos los que dinamitaron la admiración moral que merecen las
buenas obras. Y esto a fuerza de inmoralidades y abusos de poder, corruptelas
que el pueblo ya no resiste. Una verdadera lástima. Lástima por los activos que
se habían conquistado, y lástima por toda la gente que ahora va a sufrir por
causa de la arrogancia de unos, y la hijaputez del que vendrá. Ellos pudieron
salvarlo, pero despreciaron el sentir del pueblo. Subestimaron su poder de
resistencia, superaron los límites de su tolerancia. Y ahora hacen campaña a la
desesperada, sueltan ex abruptos por los que luego piden perdón y se embolsan
las últimas chirolas del Banco Central, captados por la misma policía fundada
por un candidato que sin gobernar aún, ya gobierna.
Él ya puso el disco en la máquina. El nuevo relato (o
sea, el viejo relato de siempre) ya se está instalando. Trae en la tapa un
cuento disneylandesco de promesas y de sueños para gente que ya había olvidado
cómo era eso de soñar. El nuevo relato es más peligroso que el que se va, pero
parece que hace falta tocar fondo. Tocar fondo en serio, y que no sea ya un
asunto económico, sino de conciencia. Que es la única manera de tocarlo en
serio, para poder, desde ahí, remontar esa marea histórica de quilombos que
siempre vuelven a repetirse porque no nos atrevemos a tomar la tierra, sin
sentirnos exiliados entre dos fronteras. Nosotros. NOSOTROS, y nadie más.
Que Dios nos ampare.
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