7/9/18
25/8/18
LA LOCA
El concepto de
LOCURA es uno de los más bastardeados de la historia. Cuando se le atribuye a
la mujer, peor todavía. ¿Por qué? Es simple: porque somos el principal sujeto
de opresión del sistema patriarcal. Somos las reproductoras, las incubadoras de
la humanidad. Por lo tanto, no se nos permiten disidencias.
Estas disidencias, que nos hacen habitar el mundo de una
manera diferente, y por ende percibirlo de un modo distinto, definen lo que
algunxs empezamos a llamar DIVERSIDAD PSÍQUICA. Ya lo habrán escuchado muchas
veces: cuando hablamos de enfermedad/ trastorno: ¿qué es lo que tomamos como
referencia para definirlo? ¿La normalidad? ¿Y qué sería la normalidad? ¿Cómo se
define? ¿Qué marco de referencia se utiliza para hacerlo? Y sobre todo: ¿QUIÉNES
la definen?
No soy una especialista en salud mental, sólo soy una
LOCA más que hace, deshace y se hace muchas preguntas. Una LOCA que demasiado a
menudo se ríe de su propia locura. Y que otras, tantas, la padece y la llora.
Entonces, cuando la lloro y la padezco, he llegado a preguntarme: ¿qué es lo
que me hace llorar mi locura, en vez de bendecirla o simplemente aceptarla sin
que ello me suponga la sensación de que ser distinta es algo MALO? ¿Por qué la
singularidad de la daltónica es aceptada con cierta empatía, por qué la de la
disléxica, y por qué no la de la LOCA? Al fin y al cabo, tanto el daltonismo
como la dislexia son también alteraciones de la percepción. Sin embargo, no
tienen causa psíquica. Por lo tanto, nadie teme que una daltónica vaya a
saltarte al cuello con un cuchillo como lo haría la LOCA de Atracción
Fatal…
Esto demuestra que el cine, la televisión y la prensa han
colaborado activamente en la creación de una imagen completamente distorsionada
de nuestras disidencias.
La palabra LOCURA siempre estuvo asociada con todo lo
malo, lo oculto, lo oscuro, lo prohibido, lo incontrolable y lo incomprensible.
Desde la mente controlamos el cuerpo, y como se supone que la LOCA es alguien
que no mantiene el control -las formas-, puede que sus reacciones se vuelvan
impredecibles. Se produce una ruptura que como sociedad nos enfrenta a nuestros
miedos más ancestrales: el de perder el control del cuerpo y morir. El de no
ser amadas. El de ser excluidas de la comunidad. Todo eso la LOCA nos lo
refleja como un espejo impecablemente limpio. Mejor callarla. Mejor
tranquilizarla. Mejor medicalizarla.
La medicalización merece un apartado especial debido a
los efectos colaterales que produce sobre la libido. Siendo la mujer incubadora
de los futuros humanos que ingresarán a la rueda de producción, parece
conveniente que las LOCAS no se reproduzcan. No debe ser casual que la
medicación psiquiátrica inhiba el deseo sexual -tanto en hombres como en
mujeres- y que no obstante las quejas de los hombres al respecto sean mejor
recibidas, y se busquen mejores alternativas para ellos. Algo que no ocurre
tanto en el caso de las mujeres. Si te quejás, te dirán que tenés que elegir
entre tu "salud mental" y el placer. Todo tiene su precio. ¡Como si
el placer sexual no formara parte de la salud mental de cualquiera!
Con respecto al feminismo, llevo unos meses hablando
sobre la manera en que éste enfoca el tema de la salud mental. La verdad,
encuentro muy poco material. Sin embargo, lo peor no es esto, sino la escasa
empatía que he notado entre algunas feministas. Al feminismo, la palabra LOCURA
le da casi tanto miedo como el patriarcado, y un poquito menos del miedo que el
propio patriarcado nos tiene a las LOCAS. Es sorprendente. O quizá no lo sea,
si tomamos en cuenta la mala fama que tienen los trastornos mentales, y el tono
peyorativo con que el sistema machista nos tilda de LOCAS por cualquier cosa,
desde que empezamos a combatir.
Por lo tanto, la delicada frontera entre la LOCURA según
el patriarcado y la DIVERSIDAD PSÍQUICA real debería revisarse. Y por favor:
que se haga urgentemente. Porque lo necesitamos. Hay mujeres pasándoselo muy
mal, invisibilizadas por sus propias compañeras de lucha. Hay mujeres viviendo
en la calle por razones psíquicas. Hay mujeres padeciendo realidades de las que
se avergüenzan por miedo a ser tildadas de eso, de LOCAS. Y ser LOCA en el
sistema patriarcal opresivo, además de invisible, es equivalente a ser
marginal, out-sider, bocazas, chapita, disidente, singular, hipersensible, en
definitiva: alguien muy poco digna de confianza. Alguien que es mejor
discapacitar para que no trabaje, y por ende no cuestione de forma inadecuada
el sistema esclavista impuesto por el capitalismo. Alguien que mejor medicamos
para que se tranquilice y en lo posible no se reproduzca. Alguien que por no
responder a lo normativo, podamos mantener en el tercer o cuarto cinturón del
conurbano vital, bajo el padrinazgo de los talleres protegidos y los centros
especiales para locxs.
Hace mucho tiempo, a lo que hoy llamamos LOCURA se le
buscó una causa sobrenatural. Decir LOCA era sinónimo de estar endemoniada. Y
aunque tuvieron que transcurrir los siglos para que el dolor psíquico estuviera
separado de la religión, todavía proliferan las sectas donde se le atribuye una
causa mágica (vayan a cualquier iglesia evangelista y ya me contarán).
Todas sabemos lo que hacía la Inquisición con las brujas.
Ser bruja y ser LOCA era más o menos lo mismo. Básicamente, las brujas
desafiaron la autoridad del clero al ocuparse de proporcionar medicina y
cuidados al pueblo llano. Eran las curanderas. Las parteras. Pero también eran
las aborteras. Mujeres de pueblo que sabían mucho de plantas medicinales, y que
por muy poco dinero curaban los males que la gente pobre no podía pagarle a un
médico. Quizá las brujas hayan sido las primeras feministas de la historia,
porque se atrevieron a saltar por encima del sistema de castas medieval y el
poder hegemónico de la iglesia católica. Las brujas fueron la resistencia de la
hegemonía médica del medioevo.
En la Europa mediterránea se sabe que las famosas escobas
de bruja eran una suerte de consolador que las mujeres de pueblo usaban para
proporcionarse placer, untándolas con un ungüento especial a base de estramonio
(una planta que no existe en América; existen otras). Dicha sustancia
afrodisíaca las hacía orgasmar. El vuelo de la bruja es pues, nada más y nada
menos, que la expresión simbólica del goce femenino devenido en algo prohibido.
Pasados los siglos llegaron los alienistas. Alienista
proviene de alienare, que significa perder
la razón. Tener la razón, en esos tiempos y también en los nuestros, es
vivir conforme al sentido común. Gracias al "sentido común", una
llega a adquirir la capacidad de adaptarse al sistema, adhiriendo sin
conciencia crítica a la automatización normativa que nos imponen. A títulos,
rótulos, jerarquías, especialismos y escalafones. A veces pasa que sí se posee
conciencia crítica, pero resulta mucho más cómodo y oportuno adherir al sistema
hegemónico por una cuestión de ambición personal. Es decir, por una cuestión de
poder. O sea: si no puedes contra el enemigo, únete a él. Y después veremos
cómo lo combatimos desde adentro. Una ingenuidad que puede ser confundida
incluso con idealismo. Pero así funciona el mundo. Y así les va a las LOCAS. El
resultado de ese idealismo es que muy pocas veces hay presupuesto para integrarlas
creativamente.
Luego llegaron los psiquiatras.
Hay una reticencia importante dentro de la institución
psiquiátrica a escuchar la opinión de las LOCAS. A considerar cualquier postura
crítica que no sea funcional a las normativas impuestas para el tratamiento. Una
psicóloga me decía hace un tiempo, que si bien todos lxs pacientes son
distintxs, a todos se lxs medica de la misma manera según el diagnóstico
establecido por la biblia de la psiquiatría, que son el DSM IV y el CIE 10.
Sólo hay 3 ó 4 medicamentos básicos para los trastornos mentales de millones de
personas con singularidades específicas. Ni hablemos de los que ya NO se consiguen
en la salud pública, porque si las discapacidades físicas -que están
visibilizadas- son un tema secundario, imaginen las discapacidades que NO se
pueden ver, como las psíquicas. Recordemos que el discapacitado no produce.
Mantenerlos supone un gasto público considerable que el estado capitalista está
cada vez menos dispuesto a asumir.
Sin embargo, el manicomio sigue existiendo en Argentina
como depósito de cuerpos singulares, algunos inclasificables o simplemente en
estado de vulnerabilidad socio económica. Es la versión moderna del antiguo
cotolengo.
Qué paradoja, ¿verdad? Y es que el mundo de las LOCAS es
así de paradojal. Es así de doliente y silencioso.
Señoras profesionales de la salud mental, no es nada contra
ustedes: pero cuando una LOCA les proponga un proyecto, escúchenla. Ante su
silencio y su hacerse las tontas, en el mejor de los casos, la LOCA iniciará
una práctica de resistencia que podría dejarlas sin trabajo. En el peor, la
LOCA podría llegar a sustraerse del mundo. En ambos casos, ustedes habrán
fracasado.
Quien tenga oídos, que oiga.
A las feministas: hay muchas maneras de morir, además de las
políticamente correctas del pañuelo verde, el aborto y los femicidios. También
existe el suicidio, y la lenta muerte que significa ser segregada por
diversidad psíquica. Lamento ser tan dura, pero a veces no hay otra manera de
decirlo. No ignoramos, desde aquí, que hay muchas compañeras trabajando en la
integración de las LOCAS. Lo único que necesitamos es que se hagan ver, y que
cuando hablamos de LOCURA, tengan la suficiente sagacidad como para darse
cuenta de que no estamos hablando del doctor Freud ni de los métodos arcaicos
para tratar la histeria, sino del sufrimiento psíquico verdadero cuyo origen es
patriarcal. Estamos hablando de que hay miles de compañeras LOCAS viviendo al
borde de la indigencia, y en los márgenes. Estamos hablando de las compañeras
que ya no ovulan y que encima, son discapacitadas legales por causa psíquica.
Estamos hablando de los cuerpos que ya no son incubables. De los cuerpos que
perciben la realidad de otra manera. De los cuerpos y los psiquismos que de vez
en cuando se rompen y necesitan la fuerza de la marea para levantarse. De eso
estamos hablando.
Por último, a vos que me estás leyendo, que tenés una depre,
un trastorno de ansiedad o ataques de pánico. Es necesario aclarar bien el uso
político del concepto LOCA dentro de este post. Acá se usa con el sarcasmo que
se merece, y ni más ni menos que para erosionar y combatir la violencia
simbólica que el patriarcado le ha otorgado a la palabra. Ya que estamos tan
LOCAS, por lo menos usemos nuestra locura para resistir.
23/8/18
La queja
La foto de arriba es de Tracey Emin (1963), segunda
artista inglesa más famosa después de Damien Hirst, y representante de la Young British Artists. En 1999 ganó el
premio Turner por su instalación My bed,
que se expuso en la Tate de Londres. Tracey se apunta al llamado Arte
confesional, ya que toda su obra es autorreferencial, y ella misma reconoce
tener una adicción a su propio ego. La obra My bed consiste en la exposición en
crudo de su propia cama deshecha, con las sábanas sucias y manchadas de humores
de todo tipo, mientras en el suelo y sobre una alfombra azul se ven todo tipo
de objetos y detritos, que incluyen paquetes de cigarros, colillas, botellas,
juguetes, bombachas sucias, cajas de medicamentos, e incluso preservativos y
tampones usados.
El mercado del arte, que sabe bien cómo jugar sus cartas,
halló una buena oportunidad de negocio para esta ya harto conocida combinación
de morbo y excentricidad, y compró la obra por 100.000 libras (aunque fue
pasando de comprador en comprador y hoy día cuesta más de 2 millones de euros).
Emin, que se confiesa alcohólica y una transgresora por naturaleza, se hace
funcional al sistema que la acoge proclamando una libertad en la que me cuesta
mucho creer.
La imagen congelada de una cama llena de detritos puesta
en medio de una galería blanca, impoluta, me hace pensar en Tracey Emin como en
una piquetera de su propio dolor. Un dolor encapsulado que nunca llega a ser
reconocido del todo por ella misma -porque siempre estarán el alcohol y la
droga para mantenerlo a raya-; y sobornado por la ilusión de residir en el
pináculo del éxito.
El caso de Emin es uno de los tantos que siempre me han
fascinado: el de la sordidez expuesta como "obra de arte", y que en
vez de ser calmada y atendida, es aplaudida. Gente que muestra lo peor de sí
misma, lo más triste de su intimidad y sus miserias, y el mercado del arte lo
recoge como un ejemplo de avant garde.
La misma obra, en la habitación de su casa, no sería más que la cama de una
mujer con un problema. O varios. En la Tate de Londres es una obra de arte.
No quisiera sonar reaccionaria por esto, sólo pretendía
extrapolarlo con otra situación. Y tiene que ver con la foto de abajo. Se trata
de un montón de basura quemada, o quemándose junto a un contenedor, en las
inmediaciones de la Municipalidad de General Pueyrredón, el 18 de diciembre e 2017 durante la manifestación contra la represión en Congreso. Créanme que nunca me
había puesto a pensar en esto hasta que recordé a Tracy Emin y su basura
particular en la Tate.
Si en el caso de Emin la cama deshecha y llena de basura
podría ser la expresión simbólica de una desorganización desde la cual
exterioriza su subjetividad, la basura volcada del contenedor también estaría
funcionando como expresión simbólica -sin ninguna intención artística esta vez-
pero no de una subjetividad, sino de toda una comunidad. El resultado de dicha
expresión, llamada piquete, es de un vigor arrollador, y tiene una potencia
comunicativa aplastante. Quienes no se implican en el dolor que la promueve no
llegan a comprenderla. Así como Tracey Emin parece decir: "Estoy jodida y quiero que todo el mundo lo vea"; el
piquete de la foto parece estar denunciando que lo que hay dentro del envase
(un contenedor de la Municipalidad) es basura, y por lo tanto hay que quemarlo.
O dicho de una manera más explícita: si la institución está llena de basura, no
es que haya que quemar (simbólicamente) la institución, sino a quienes la
representan. El piquete no será una instalación -ni tampoco lo pretende-, sin
embargo, posee un mensaje político obvio que perdería todo sentido colocado,
por ejemplo, en una sala del Museo MAR. Así que está donde tiene que estar, y
es donde adquiere sentido: en el espacio público, para expresión de una queja
colectiva.
El piquete callejero, la mancha olorosa de caucho quemado
y basura en descomposición, no es funcional al sistema y se ha vuelto un
distintivo de protesta anticapitalista. Tiene mucho sentido en sí mismo, porque
representa las necesidades de una comunidad que sufre.
Y ahora se me ocurre una idea todavía más bizarra, si se
me permite: estoy segura de que si algún artista, avalado/a por algún crítico
extranjero, o acaso por funcionarios de cultura oficialistas, tuviera la
ocurrencia de quemar un montón de basura en una sala del Museo Nacional de
Bellas Artes, la muestra se presentaría sin dificultad (dentro de una cápsula
de vidrio, por supuesto, no vaya a ser que moleste el olor) y sin gendarmes.
Tendrían que fundamentarla, desde luego. Pero si Tracey pudo, ¿por qué no iba a
poder nuestro hipotético artista? ¿Qué daño podría hacer un montón de basura
dentro de una sala que luego limpiarán unos paraguayos tercerizados? En última
instancia, la diferencia entre el piquete callejero y el piquete teatralizado
dentro de un museo, es la misma diferencia que existe entre una mariposa
volando libremente, y una mariposa muerta pinchada con alfileres a un tergopol
de lujo. Más o menos como Tracey Emin.
21/8/18
Cumpleaños
Bueno, este blog cumple años. Nació en España y vive
en Argentina. Así que no cree en nacionalismos. Apestan. Lo sabemos: Komonauta es dura, pero tiene su corazoncito.
La insurrección que viene
La
esfera de la representación política se cierra. De izquierda a derecha, es la
misma nada que adopta las poses perrunas o los aires de virgen, las mismas
cabezas de góndola que encadenan sus discursos tras los últimos hallazgos del
servicio de comunicación. Aquellos que todavía votan dan la impresión de no
tener otra intención que la de hacer saltar las urnas a fuerza de votar como
pura protesta. Se comienza a adivinar que es contra el voto mismo por lo que se
continua votando. Nada de lo que se presenta está, ni de lejos, a la altura de
la situación. Incluso en su silencio, la propia población parece infinitamente
más adulta que todos los títeres que se pelean por gobernarla. No importa que
el chibani de Belleville sea más prudente en sus palabras que ninguno de los
que se dicen nuestros dirigentes en sus declaraciones. La tapa de la marmita
social se vuelve a cerrar con una triple vuelta mientras en su interior la
presión no deja de aumentar. Salido de Argentina, el espectro de '¡Que se vayan
todos!' comienza a acosar seriamente las cabezas dirigentes.
COMITÉ
INVISIBLE. La insurrección que viene.
París, Marzo de 2007
¡Que
se vayan todos!
Ese lema recorrió el mundo. ¿Qué nos pasó para volver a
subir a un ladrón?
Foto: Tiqqun
16/8/18
24/6/18
Outsider
Siempre tuve una especial inclinación hacia lo marginal. Los marginales del mundo me motivan, porque en ellos habita todo lo que está latente, la semilla, su posible floración. Los marginales son un diamante en potencia. En lo marginal se aloja la posibilidad del fruto o de la muerte, que también es parte de la vida. Lo marginal le da una patada al tablero del exitista, lo interpela, y si logra ser visto, hasta puede derribarlo y convertir el mundo que conocemos en una fiesta de libertad.
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