25/8/18

LA LOCA


  El concepto de LOCURA es uno de los más bastardeados de la historia. Cuando se le atribuye a la mujer, peor todavía. ¿Por qué? Es simple: porque somos el principal sujeto de opresión del sistema patriarcal. Somos las reproductoras, las incubadoras de la humanidad. Por lo tanto, no se nos permiten disidencias.

Estas disidencias, que nos hacen habitar el mundo de una manera diferente, y por ende percibirlo de un modo distinto, definen lo que algunxs empezamos a llamar DIVERSIDAD PSÍQUICA. Ya lo habrán escuchado muchas veces: cuando hablamos de enfermedad/ trastorno: ¿qué es lo que tomamos como referencia para definirlo? ¿La normalidad? ¿Y qué sería la normalidad? ¿Cómo se define? ¿Qué marco de referencia se utiliza para hacerlo? Y sobre todo: ¿QUIÉNES la definen?

No soy una especialista en salud mental, sólo soy una LOCA más que hace, deshace y se hace muchas preguntas. Una LOCA que demasiado a menudo se ríe de su propia locura. Y que otras, tantas, la padece y la llora. Entonces, cuando la lloro y la padezco, he llegado a preguntarme: ¿qué es lo que me hace llorar mi locura, en vez de bendecirla o simplemente aceptarla sin que ello me suponga la sensación de que ser distinta es algo MALO? ¿Por qué la singularidad de la daltónica es aceptada con cierta empatía, por qué la de la disléxica, y por qué no la de la LOCA? Al fin y al cabo, tanto el daltonismo como la dislexia son también alteraciones de la percepción. Sin embargo, no tienen causa psíquica. Por lo tanto, nadie teme que una daltónica vaya a saltarte al cuello con un cuchillo como lo haría la LOCA de Atracción Fatal

Esto demuestra que el cine, la televisión y la prensa han colaborado activamente en la creación de una imagen completamente distorsionada de nuestras disidencias.
La palabra LOCURA siempre estuvo asociada con todo lo malo, lo oculto, lo oscuro, lo prohibido, lo incontrolable y lo incomprensible. Desde la mente controlamos el cuerpo, y como se supone que la LOCA es alguien que no mantiene el control -las formas-, puede que sus reacciones se vuelvan impredecibles. Se produce una ruptura que como sociedad nos enfrenta a nuestros miedos más ancestrales: el de perder el control del cuerpo y morir. El de no ser amadas. El de ser excluidas de la comunidad. Todo eso la LOCA nos lo refleja como un espejo impecablemente limpio. Mejor callarla. Mejor tranquilizarla. Mejor medicalizarla.

La medicalización merece un apartado especial debido a los efectos colaterales que produce sobre la libido. Siendo la mujer incubadora de los futuros humanos que ingresarán a la rueda de producción, parece conveniente que las LOCAS no se reproduzcan. No debe ser casual que la medicación psiquiátrica inhiba el deseo sexual -tanto en hombres como en mujeres- y que no obstante las quejas de los hombres al respecto sean mejor recibidas, y se busquen mejores alternativas para ellos. Algo que no ocurre tanto en el caso de las mujeres. Si te quejás, te dirán que tenés que elegir entre tu "salud mental" y el placer. Todo tiene su precio. ¡Como si el placer sexual no formara parte de la salud mental de cualquiera!

Con respecto al feminismo, llevo unos meses hablando sobre la manera en que éste enfoca el tema de la salud mental. La verdad, encuentro muy poco material. Sin embargo, lo peor no es esto, sino la escasa empatía que he notado entre algunas feministas. Al feminismo, la palabra LOCURA le da casi tanto miedo como el patriarcado, y un poquito menos del miedo que el propio patriarcado nos tiene a las LOCAS. Es sorprendente. O quizá no lo sea, si tomamos en cuenta la mala fama que tienen los trastornos mentales, y el tono peyorativo con que el sistema machista nos tilda de LOCAS por cualquier cosa, desde que empezamos a combatir.

Por lo tanto, la delicada frontera entre la LOCURA según el patriarcado y la DIVERSIDAD PSÍQUICA real debería revisarse. Y por favor: que se haga urgentemente. Porque lo necesitamos. Hay mujeres pasándoselo muy mal, invisibilizadas por sus propias compañeras de lucha. Hay mujeres viviendo en la calle por razones psíquicas. Hay mujeres padeciendo realidades de las que se avergüenzan por miedo a ser tildadas de eso, de LOCAS. Y ser LOCA en el sistema patriarcal opresivo, además de invisible, es equivalente a ser marginal, out-sider, bocazas, chapita, disidente, singular, hipersensible, en definitiva: alguien muy poco digna de confianza. Alguien que es mejor discapacitar para que no trabaje, y por ende no cuestione de forma inadecuada el sistema esclavista impuesto por el capitalismo. Alguien que mejor medicamos para que se tranquilice y en lo posible no se reproduzca. Alguien que por no responder a lo normativo, podamos mantener en el tercer o cuarto cinturón del conurbano vital, bajo el padrinazgo de los talleres protegidos y los centros especiales para locxs.

Hace mucho tiempo, a lo que hoy llamamos LOCURA se le buscó una causa sobrenatural. Decir LOCA era sinónimo de estar endemoniada. Y aunque tuvieron que transcurrir los siglos para que el dolor psíquico estuviera separado de la religión, todavía proliferan las sectas donde se le atribuye una causa mágica (vayan a cualquier iglesia evangelista y ya me contarán).

Todas sabemos lo que hacía la Inquisición con las brujas. Ser bruja y ser LOCA era más o menos lo mismo. Básicamente, las brujas desafiaron la autoridad del clero al ocuparse de proporcionar medicina y cuidados al pueblo llano. Eran las curanderas. Las parteras. Pero también eran las aborteras. Mujeres de pueblo que sabían mucho de plantas medicinales, y que por muy poco dinero curaban los males que la gente pobre no podía pagarle a un médico. Quizá las brujas hayan sido las primeras feministas de la historia, porque se atrevieron a saltar por encima del sistema de castas medieval y el poder hegemónico de la iglesia católica. Las brujas fueron la resistencia de la hegemonía médica del medioevo.

En la Europa mediterránea se sabe que las famosas escobas de bruja eran una suerte de consolador que las mujeres de pueblo usaban para proporcionarse placer, untándolas con un ungüento especial a base de estramonio (una planta que no existe en América; existen otras). Dicha sustancia afrodisíaca las hacía orgasmar. El vuelo de la bruja es pues, nada más y nada menos, que la expresión simbólica del goce femenino devenido en algo prohibido.

Pasados los siglos llegaron los alienistas. Alienista proviene de alienare, que significa perder la razón. Tener la razón, en esos tiempos y también en los nuestros, es vivir conforme al sentido común. Gracias al "sentido común", una llega a adquirir la capacidad de adaptarse al sistema, adhiriendo sin conciencia crítica a la automatización normativa que nos imponen. A títulos, rótulos, jerarquías, especialismos y escalafones. A veces pasa que sí se posee conciencia crítica, pero resulta mucho más cómodo y oportuno adherir al sistema hegemónico por una cuestión de ambición personal. Es decir, por una cuestión de poder. O sea: si no puedes contra el enemigo, únete a él. Y después veremos cómo lo combatimos desde adentro. Una ingenuidad que puede ser confundida incluso con idealismo. Pero así funciona el mundo. Y así les va a las LOCAS. El resultado de ese idealismo es que muy pocas veces hay presupuesto para integrarlas creativamente.
Luego llegaron los psiquiatras.

Hay una reticencia importante dentro de la institución psiquiátrica a escuchar la opinión de las LOCAS. A considerar cualquier postura crítica que no sea funcional a las normativas impuestas para el tratamiento. Una psicóloga me decía hace un tiempo, que si bien todos lxs pacientes son distintxs, a todos se lxs medica de la misma manera según el diagnóstico establecido por la biblia de la psiquiatría, que son el DSM IV y el CIE 10. Sólo hay 3 ó 4 medicamentos básicos para los trastornos mentales de millones de personas con singularidades específicas. Ni hablemos de los que ya NO se consiguen en la salud pública, porque si las discapacidades físicas -que están visibilizadas- son un tema secundario, imaginen las discapacidades que NO se pueden ver, como las psíquicas. Recordemos que el discapacitado no produce. Mantenerlos supone un gasto público considerable que el estado capitalista está cada vez menos dispuesto a asumir.
Sin embargo, el manicomio sigue existiendo en Argentina como depósito de cuerpos singulares, algunos inclasificables o simplemente en estado de vulnerabilidad socio económica. Es la versión moderna del antiguo cotolengo. 

Muchas LOCAS se quejan de estar abandonadas no sólo por la institución psiquiátrica como ente burocrático, sino también por sus propios médicos. No se les permite acceder a un trabajo en blanco que las dignifique. No se las toma en cuenta seriamente a la hora de proponer alternativas a los talleres que les ofrecen. No llegan a comprenderse sus propuestas, y se pretende que adhieran a dispositivos que no son adecuados para su capacidad. Lo cual no viene a ser muy terapéutico que digamos. Sin embargo, a veces la situación económica es tan desesperante que la LOCA llega a adherir a un taller protegido que está muy por debajo de sus expectativas sólo por necesidad. Esto, siempre y cuando su terapeuta, a último momento, decida por ella que mejor no.

Qué paradoja, ¿verdad? Y es que el mundo de las LOCAS es así de paradojal. Es así de doliente y silencioso.

Señoras profesionales de la salud mental, no es nada contra ustedes: pero cuando una LOCA les proponga un proyecto, escúchenla. Ante su silencio y su hacerse las tontas, en el mejor de los casos, la LOCA iniciará una práctica de resistencia que podría dejarlas sin trabajo. En el peor, la LOCA podría llegar a sustraerse del mundo. En ambos casos, ustedes habrán fracasado.

Quien tenga oídos, que oiga.

A las feministas: hay muchas maneras de morir, además de las políticamente correctas del pañuelo verde, el aborto y los femicidios. También existe el suicidio, y la lenta muerte que significa ser segregada por diversidad psíquica. Lamento ser tan dura, pero a veces no hay otra manera de decirlo. No ignoramos, desde aquí, que hay muchas compañeras trabajando en la integración de las LOCAS. Lo único que necesitamos es que se hagan ver, y que cuando hablamos de LOCURA, tengan la suficiente sagacidad como para darse cuenta de que no estamos hablando del doctor Freud ni de los métodos arcaicos para tratar la histeria, sino del sufrimiento psíquico verdadero cuyo origen es patriarcal. Estamos hablando de que hay miles de compañeras LOCAS viviendo al borde de la indigencia, y en los márgenes. Estamos hablando de las compañeras que ya no ovulan y que encima, son discapacitadas legales por causa psíquica. Estamos hablando de los cuerpos que ya no son incubables. De los cuerpos que perciben la realidad de otra manera. De los cuerpos y los psiquismos que de vez en cuando se rompen y necesitan la fuerza de la marea para levantarse. De eso estamos hablando.

Por último, a vos que me estás leyendo, que tenés una depre, un trastorno de ansiedad o ataques de pánico. Es necesario aclarar bien el uso político del concepto LOCA dentro de este post. Acá se usa con el sarcasmo que se merece, y ni más ni menos que para erosionar y combatir la violencia simbólica que el patriarcado le ha otorgado a la palabra. Ya que estamos tan LOCAS, por lo menos usemos nuestra locura para resistir.

23/8/18

La queja


La foto de arriba es de Tracey Emin (1963), segunda artista inglesa más famosa después de Damien Hirst, y representante de la Young British Artists. En 1999 ganó el premio Turner por su instalación My bed, que se expuso en la Tate de Londres. Tracey se apunta al llamado Arte confesional, ya que toda su obra es autorreferencial, y ella misma reconoce tener una adicción a su propio ego. La obra My bed consiste en la exposición en crudo de su propia cama deshecha, con las sábanas sucias y manchadas de humores de todo tipo, mientras en el suelo y sobre una alfombra azul se ven todo tipo de objetos y detritos, que incluyen paquetes de cigarros, colillas, botellas, juguetes, bombachas sucias, cajas de medicamentos, e incluso preservativos y tampones usados.

El mercado del arte, que sabe bien cómo jugar sus cartas, halló una buena oportunidad de negocio para esta ya harto conocida combinación de morbo y excentricidad, y compró la obra por 100.000 libras (aunque fue pasando de comprador en comprador y hoy día cuesta más de 2 millones de euros). Emin, que se confiesa alcohólica y una transgresora por naturaleza, se hace funcional al sistema que la acoge proclamando una libertad en la que me cuesta mucho creer.

La imagen congelada de una cama llena de detritos puesta en medio de una galería blanca, impoluta, me hace pensar en Tracey Emin como en una piquetera de su propio dolor. Un dolor encapsulado que nunca llega a ser reconocido del todo por ella misma -porque siempre estarán el alcohol y la droga para mantenerlo a raya-; y sobornado por la ilusión de residir en el pináculo del éxito.

El caso de Emin es uno de los tantos que siempre me han fascinado: el de la sordidez expuesta como "obra de arte", y que en vez de ser calmada y atendida, es aplaudida. Gente que muestra lo peor de sí misma, lo más triste de su intimidad y sus miserias, y el mercado del arte lo recoge como un ejemplo de avant garde. La misma obra, en la habitación de su casa, no sería más que la cama de una mujer con un problema. O varios. En la Tate de Londres es una obra de arte.

No quisiera sonar reaccionaria por esto, sólo pretendía extrapolarlo con otra situación. Y tiene que ver con la foto de abajo. Se trata de un montón de basura quemada, o quemándose junto a un contenedor, en las inmediaciones de la Municipalidad de General Pueyrredón, el 18 de diciembre e 2017 durante la manifestación contra la represión en Congreso. Créanme que nunca me había puesto a pensar en esto hasta que recordé a Tracy Emin y su basura particular en la Tate.


Si en el caso de Emin la cama deshecha y llena de basura podría ser la expresión simbólica de una desorganización desde la cual exterioriza su subjetividad, la basura volcada del contenedor también estaría funcionando como expresión simbólica -sin ninguna intención artística esta vez- pero no de una subjetividad, sino de toda una comunidad. El resultado de dicha expresión, llamada piquete, es de un vigor arrollador, y tiene una potencia comunicativa aplastante. Quienes no se implican en el dolor que la promueve no llegan a comprenderla. Así como Tracey Emin parece decir: "Estoy jodida y quiero que todo el mundo lo vea"; el piquete de la foto parece estar denunciando que lo que hay dentro del envase (un contenedor de la Municipalidad) es basura, y por lo tanto hay que quemarlo. O dicho de una manera más explícita: si la institución está llena de basura, no es que haya que quemar (simbólicamente) la institución, sino a quienes la representan. El piquete no será una instalación -ni tampoco lo pretende-, sin embargo, posee un mensaje político obvio que perdería todo sentido colocado, por ejemplo, en una sala del Museo MAR. Así que está donde tiene que estar, y es donde adquiere sentido: en el espacio público, para expresión de una queja colectiva.

El piquete callejero, la mancha olorosa de caucho quemado y basura en descomposición, no es funcional al sistema y se ha vuelto un distintivo de protesta anticapitalista. Tiene mucho sentido en sí mismo, porque representa las necesidades de una comunidad que sufre.

Y ahora se me ocurre una idea todavía más bizarra, si se me permite: estoy segura de que si algún artista, avalado/a por algún crítico extranjero, o acaso por funcionarios de cultura oficialistas, tuviera la ocurrencia de quemar un montón de basura en una sala del Museo Nacional de Bellas Artes, la muestra se presentaría sin dificultad (dentro de una cápsula de vidrio, por supuesto, no vaya a ser que moleste el olor) y sin gendarmes. Tendrían que fundamentarla, desde luego. Pero si Tracey pudo, ¿por qué no iba a poder nuestro hipotético artista? ¿Qué daño podría hacer un montón de basura dentro de una sala que luego limpiarán unos paraguayos tercerizados? En última instancia, la diferencia entre el piquete callejero y el piquete teatralizado dentro de un museo, es la misma diferencia que existe entre una mariposa volando libremente, y una mariposa muerta pinchada con alfileres a un tergopol de lujo. Más o menos como Tracey Emin.

21/8/18

Cumpleaños

Bueno, este blog cumple años. Nació en España y vive en Argentina. Así que no cree en nacionalismos. Apestan. Lo sabemos: Komonauta es dura, pero tiene su corazoncito.


La insurrección que viene

La esfera de la representación política se cierra. De izquierda a derecha, es la misma nada que adopta las poses perrunas o los aires de virgen, las mismas cabezas de góndola que encadenan sus discursos tras los últimos hallazgos del servicio de comunicación. Aquellos que todavía votan dan la impresión de no tener otra intención que la de hacer saltar las urnas a fuerza de votar como pura protesta. Se comienza a adivinar que es contra el voto mismo por lo que se continua votando. Nada de lo que se presenta está, ni de lejos, a la altura de la situación. Incluso en su silencio, la propia población parece infinitamente más adulta que todos los títeres que se pelean por gobernarla. No importa que el chibani de Belleville sea más prudente en sus palabras que ninguno de los que se dicen nuestros dirigentes en sus declaraciones. La tapa de la marmita social se vuelve a cerrar con una triple vuelta mientras en su interior la presión no deja de aumentar. Salido de Argentina, el espectro de '¡Que se vayan todos!' comienza a acosar seriamente las cabezas dirigentes.

COMITÉ INVISIBLE. La insurrección que viene.

París, Marzo de 2007

¡Que se vayan todos!
Ese lema recorrió el mundo. ¿Qué nos pasó para volver a subir a un ladrón?

Foto: Tiqqun


24/6/18

Outsider


Siempre tuve una especial inclinación hacia lo marginal. Los marginales del mundo me motivan, porque en ellos habita todo lo que está latente, la semilla, su posible floración. Los marginales son un diamante en potencia. En lo marginal se aloja la posibilidad del fruto o de la muerte, que también es parte de la vida. Lo marginal le da una patada al tablero del exitista, lo interpela, y si logra ser visto, hasta puede derribarlo y convertir el mundo que conocemos en una fiesta de libertad.