6/2/08

Vandana Shiva


Nació en la India y se declara ecofeminista. Ha sufrido y ha visto sufrir a su pueblo como consecuencia de los programas de ajuste impuestos por las instituciones de Bretton Woods. Aunque doctorada en Física Cuántica, en 1981 deja su trabajo en la Universidad para fundar el instituto "The Research fd. for Science Technology and Naturan Resource Policy". Se autodenomina ecofeminista y entre sus obras publicadas se encuentran "Staying Alive", "Ecofeminism", "The violence of the green revolution" y "Monocultures of the mind".En el transcurso del Foro Alternativo convocado como respuesta a las instituciones de Bretton Woods, Vandana Shiva vino a Madrid y nos habló de las consecuencias de libre comercio mundial en la India.
P: Usted se denomina ecofeminista ¿En qué consiste ser ecofeminista?
R: En este mundo muchos se preocupan por el feminismo y otros muchos por el ecologismo, yo creo que ambas inquietudes se deben aunar. Cuando uno se acerca a las raíces del ecologismo y a las raíces de los problemas de la mujer observa que son las mismas.
P: ¿De qué modo han afectado las políticas del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional a su país? ¿En qué han consistido básicamente los Programas de Ajuste Estructural que estas instituciones han llevado a cabo en la India?
R: En la India las políticas del BM y del FMI han profundizado la crisis de pobreza. La primera actuación del BM en 1965 consistió en la conversión de una agricultura sostenible en una agricultura insostenible. A partir de ese programa mi país tuvo que invertir grandes cantidades de dinero en pesticidas, presas para regadíos, etc. lo que provocó un gran endeudamiento para poder disponer de divisas. Esta deuda alcanzó en 1991 los 71 millones de dólares. Por ello, en 1991 se aplica el programa de ajuste de la deuda que consistió en un recorte del presupuesto de educación, sanidad e incluso de subsidios para la alimentación, sólo en alimentación los precios han aumentado un veinte por ciento. La intervención ha sido de tal magnitud que incluso los funcionarios de la Administración india han sido desplazados para poner funcionarios contratados por Washington.
P: ¿Nos podrías dar datos más concretos sobre estos ajustes?
R: Si nos limitamos a observar las cifras, no podemos conocer con exactitud la situación porque aunque quizás el dinero destinado a algunos apartados sociales es mayor, éste se canaliza de forma diferente. Antes tenía acceso a un préstamo todo el mundo, pero ahora sólo se pude pedir para privatizar. Por ejemplo, para la agricultura se dan préstamos siempre que el proyecto vaya canalizado por las multinacionales. De este modo, todo el dinero va al sector privado no al público. Es absolutamente falsa la imagen de ayudas sociales que quiere proyectar el Banco Mundial. Cada vez hay menos sector público. En el plan de 1991 se contempló lo que llamaron una "Política de salida" en la que se destinaron quinientos millones de dólares para que muchos trabajadores fueran despedidos y se fueran a sus casas. Ellos le llamaron eufemísticamente "red de seguridad". El lenguaje que utilizan es muy sutil, yo creo que si tu mandas a alguien a casa sin trabajo eso de seguridad no tiene nada. Otro aspecto es que se facilita la entrada de productos baratos y se incrementa la producción de mercancías para la exportación para poder conseguir divisas necesarias para pagar la deuda. La consecuencia de estos programas de ajuste es que se mata el mercado interno. Todo el mundo acaba cosechando los mismo con lo que se acaba aumentando el paro, aumentando la pobreza y la juventud termina organizándose en mafias de delincuentes. Las mayores protestas sociales de la India se han dado tras estos programas de ajuste. El FMI y el BM utilizan y saquean todos los recursos naturales de la India para sus proyectos sin que reviertan en beneficios para la población.
P: ¿Y en cuanto a los Programas de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)?
R: No son tan importantes pero tampoco son tan destructivos. El problema es que no cuentan con suficientes recursos. En las Naciones Unidas la situación es más equitativa, en cambio en el BM cada país tiene una influencia en función del dinero que posee.P: ¿Eso quiere decir que las NN.UU. son más democráticas?R: Los funcionamientos son diferentes. Dentro de las NN.UU. hay diferentes grupos de presión por lo que, de alguna manera, los países pobres puede influir. En cambio, en el FMI y el BM es diferente. Cuando estas instituciones se reúnen con el país con el van a trabajar, uno se siente tan intimidado como cuando se ha de presentar a un tribunal para examinarse.
P: La India se poner de ejemplo como una de las democracias más antiguas del tercer mundo. Pero no parece que esa "democracia" haya supuesto prosperidad para el pueblo indio.
R: La prosperidad se puede definir de muchas formas. No necesariamente se debe definir como crecimiento. El crecimiento en cualquier economía se hace a partir de un grupo que acapara la riqueza. Si comparamos con otros países de nuestro entorno como Singapur o Malasia vemos que allí existe una capa adinerada a partir de cual parte de la riqueza les llega por rebosamiento a los de abajo. En un país con 850 millones de habitantes como la India difícilmente puede sobrar riqueza en las clases altas para toda esta población. La democracia consiste en que los políticos entiendan que la población necesita cubrir unas necesidades mínimas. Del mismo modo hay que actuar con la codicia sin limites de algunos sectores. Hemos de entender que en el mundo hay suficientes recursos para todos pero no para satisfacer la codicia humana. Se puede vivir en consonancia con la naturaleza y con el resto de los humanos llevando una vida mucho más austera, Gandhi entendió la vida con unas necesidades que se limitaban a una alimentación básica y un paño de lino como vestimenta.
P: ¿Cuál es la situación de la mujer en la sociedad de la India?
R: Es muy compleja. En otros tiempos, la dote era una tranquilidad ante los imprevistos, pero ahora hay muchas familias que se endeudan para la dote que luego el marido derrocha. Aunque aparentemente está subyugada, hay millones de mujeres que trabajan, se manifiestan y luchan. Por ejemplo todavía existen mujeres musulmanas que se siguen manifestando por el derrame de gas de la Union Carbide de hace tres años en que murieron tres mil personas. En la agricultura trabajan más las mujeres que los hombres y se está luchando por igualar los salarios. En la India las mujeres han conseguido tener un 30 por ciento de cuota de participación en los gobiernos locales. El Banco Mundial habla de programas de igualdad pero en su planes de ajuste como el de la "red de seguridad" quien acaba yendo a la calle sin trabajo en las familias son las mujeres. Sin lugar a dudas, los programas del BM y del FMI están haciendo más difícil la vida para las mujeres. Esto alimenta nuevas situaciones como la del fundamentalismo religioso. Al sentirse defraudados se generan grandes frustraciones que favorecen los movimientos fundamentalistas.
P: ¿Qué futuro prevé para la India en los próximos quince años?
R: Veo destrucción. Estos planteamientos abocan a la destrucción, se están generando muchos movimientos indeseados. Está surgiendo también un fundamentalismo hindú. La falta de horizonte hace que la gente se apunte a lo que sea. Lo que firma el FMI son sentencias de muerte. Se escudan en que sólo hablan de finanzas y economía pero no hay que olvidar que detrás de eso hay personas que se mueren.
P: No es usted muy optimista...
R: Soy realista. Es una tragedia lo que tengo a mi alrededor, pero yo no pierdo la esperanza.P: ¿Esa esperanza se encuentra dentro de la economía de mercado?R: No creo en el mercado. Las crisis mayores que están por venir las va a provocar esa propaganda que dice que el mercado lo solucionará todo. Creo en el espíritu humano y en los límites que hay que poner al mercado y a la codicia personal.

Courtney Love: la novia de Kong Kong


Creo que el título lo dice todo. No soy la hija de nadie. No soy la mujer de nadie. No soy la zorra de nadie. No soy la viuda de nadie. Soy la madre de alguien. Aparte de eso, no me identifico con esos roles como se supone que debería".
(C.L para una crítica a su disco Nobody's Daughter')
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 Courtney Michelle Harrison nació en San Francisco el 9 de julio de 1964 -cuatro meses antes que yo. Hija de padres hippies que creían en la vida comunitaria y el amor libre, cuenta que tuvo su primer contacto con las drogas a los 3 años, cuando su odioso papá -Hank Harrison, primer mananger de los Grateful Dead y posible pedófilo- le dio a probar el LSD en una fiesta con otros niños. Tiempo después sus padres se separaron y comenzó su odisea infantil yendo de familia en familia. Mal en todas, hasta que se le dio la oportunidad de viajar a Japón -su abuela adinerada le pagó el viaje- donde trabajó como bailarina de streap-trease en lo clubes de Tokio. Fue su primer empujón para una carrera hacia la gloria en el club de las estrellas negras. Y no por su color de piel, precisamente -Courtney parece hecha de nácar- sino por su cosmología: no olvidemos que las estrellas, cuando se apagan, se convierten en agujeros negros. De ahí el nombre de su banda, Hole (agujero). 
Todavía hay gente que define a Courtney Love como "una fuerza de la naturaleza". Una fuerza ya en decadencia -más bien moribunda- pero fuerza aún. Antes de que llegara a casarse con Kurt Cobain ya iba en camino de convertirse en una poderosa rockstar. Venía de golpear puertas en los camerinos de tipos como Alex Cox, de hacerse la autopromo casera, de armar y desarmar bandas de chicas con las medias rotas, y de dormir con gente muy poco recomendable en antros revueltos, condición indispensable para cualquiera que deseara graduarse en el punk. Llegó a la vida de Kurt tan hecha polvo como él, sintiendo verdadero -también como él- lo que reza la canción de los Vaselines, versionada por Nirvana en su único Unplugged en New York: Jesus don't want me for a sunbeam. Suns beams are nothing like me  (Jesús no me quiere como rayo de sol; los rayos de sol nada tienen que ver conmigo). En realidad la canción era una parodia de un himno infantil anglicano titulado Jesús me quiere como su rayito de sol, que él acabó inmortalizando por televisión cinco meses antes de suicidarse a los 27 años, de un tiro de escopeta en su casa de Seattle.
Si hasta ese momento la vida de Courtney Love había sido demencial, tras la muerte de su marido fue una montaña rusa de acusaciones, éxitos, fracasos, caídas, subidones, premios, cirugías, difamaciones, peleas, denuncias, tribunales, pataleos, entradas y salidas en centros de rehabilitación, lucha por la custodia de la hija que tuvo con Kurt y vanos intentos de quitarse el eterno sambenito de viuda negra y loca de atar que seguirá llevando hasta el último día de su vida, mientras hayan fans de Nirvana (60 de los cuales decidieron seguir a su líder después de tan inútil sacrificio, valiéndose de métodos de lo más diversos para poner fin a sus vidas). Lo que nunca podrá negarse es que la muerte de Cobain destruyó para siempre su carrera y su salud.
Por lo tanto, antes de acusar cabría preguntarse quién mató a quién...
La primera vez que oí hablar de ella fue en la película de Milos Forman El escándalo de Larry Flynt. Courtney era la chica de botas texanas y piernas larguísimas que hacía un strip tease delante de un yanqui embobado y se ganaba un puesto en el bar de Larry Flynt, editor de la revista Hulster para hombres, junto con un anillo de bodas que luego la llevaría al infierno. Más o menos como le pasó en la vida real. Me gustó su nombre. Suena a empanadas correntinas con helado de frutilla. Lo que no me cabía en la cabeza era que Courtney pudiera ser la viuda de quien es. Tiene pinta, más bien, de ser la viuda de Mike Tyson o la novia de King Kong.
. El mundo no le perdona que alguna vez llevara la luz del tren y que enarbolara una bandera de guerra poniendo su vagina como escudo. Hubo un tiempo en que intentó convertir su sexualidad en un arma de provocación y redención, y todo lo que consiguió fue acabar con su carrera (proceso que comenzó, como habíamos dicho, con el suicidio del finado). La parte predecible reza que de haber sido hombre, el mundo hubiera dicho: Qué fantástico es Mick Jagger, pero como es mujer, dijeron (naturalmente): ahí va la puta. Éste es un handicap con el que Courtney tendría que haber contado de antemano, porque a la hora de hacer una cruzada de tal calibre es obvio que te tirarán a matar. Pero el problema de Courtney es que su discurso se basa en la queja -y al menos en su caso- no hay una verdadera redención tras la queja, sino sólo rabia y hambre de atención. 
, En Mujeres que corren con los lobos, Clarissa Pinkola Estés afirma que lo importante de la rebelión es que la forma que asuma sea eficaz. Esta reflexión me induce a pensar que quizá Courtney se ha pasado más de la mitad de su vida (y toda su carrera) arrojando piedras sobre su propio tejado. Su rebelión no es más que una pantalla para ocultar algo mucho más doloroso. Esto me recuerda a un álbum de fotos de músicos famosos hecho por un crítico de rock. Todos eran presentados por una característica distintiva. En el caso de Courtney Love, lo que vemos en la foto es el primer plano en escorzo de una mujer tumbada sobre un plateau… en bombacha. Sabemos que es mujer porque lleva calzones (de mujer) y un par de zapatitos de niña, y sabemos que es ella porque lo pone una leyenda. Resulta fácil imaginar lo que ha querido decirnos el autor de las fotos. ¿Sexismo? Tal vez. Pero cuando te propones desafiar al depredador y eres frágil (aunque parezca lo contrario) pueden pasar dos cosas: te conviertes en el depredador, o en su víctima. Si no lo tienes claro, mejor no le pongas la carnaza en la mira. Y si lo haces, hazte cargo de las consecuencias... porque King Kong siempre tendrá más fuerza que tú. 
La diferencia entre Madonna y Courtney Love radica, creo, en que la primera ha sido lo bastante responsable como para no llevarse el espectáculo a casa. La segunda no puede con su vanidad, que es a la vez su marca identitaria y su propio cepo. Una vanidad marcada por un deseo desesperado de ser amada y admirada a cualquier precio, dentro, fuera, abajo y arriba del escenario. El precio de meterse en la boca de la ballena a conciencia -o por pura inconsciencia- es el de su propia parodia, que en vez de reivindicar el rol de la mujer libre, lo degrada y anula, y nos devuelve la penosa imagen de un objeto consumible y auto-consumido, al tiempo en que tira por los suelos su talento. Algo que ella misma se encarga de confesar en Doll parts:
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Soy las partes de una muñeca.
Mala piel, corazón de muñeca: esto representa un cuchillo 
hasta el final de mi vida.
Quiero ser la chica con el pastel más grande.
Él sólo ama esas cosas porque ama verlas rotas
algún día tú sufrirás como yo sufro.
 
Pero destruir las normas establecidas no tiene por qué implicar auto-destruirse. El rol de la destroyer no es más que un producto de mercadiching, un feminismo de pacotilla sustentado en una necesidad desesperada de reconocimiento y no en la genuina reivindicación. Es por eso que hasta no hace mucho se enfrentaba a las azafatas y repartía botellazos a diestra y siniestra en bares y aeropuertos, se sacaba fotos semi-desnuda y era noticia por 24 horas. Es por eso que de vez en cuando saca algún disco quejumbroso, escribe sus memorias y aparece en las presentaciones hollywoodenses y de alta costura. Es por eso que se dejaba rociar por champaña en la tele, jugaba al hockey con alguna que otra cabeza (como la reina de Corazones de Alicia en el País de las Maravillas ¿recuerdan?) y daba sermones a las juezas que la mandaban a la cárcel. Es por eso que iba de Gran Señora redimida tras un largo período de excesos, de maruja reventona con una peluca cara, de loba falsa, de meretriz recién salida de un río sucio, de Caperucita Roja dispuesta a devorarse a toda la jauría, o de dignísima viuda y mártir. 
Sin embargo, a juzgar por la infinita tristeza que hay en su turbia mirada, me da en la espina que pese de todos sus esfuerzos, cada vez que Courtney Love se lanza a otra nueva (y frustrada) carrera hacia el éxito, al final del camino la espera King Kong. Para morir, su ilustre marido eligió el harakiri vertiginoso. Ella elige el bisturí. Evidentemente, Courtney no aprende. Cazador cazado. 
. Hace unos años escuché su último disco Nobody's Daughter (obviamente, hija de nadie), que pasó sin pena ni gloria, como todo lo de ella desde hace por lo menos una década. Verdad que es un disco irregular, pero ¿qué puede esperarse de Courtney? Ella es irregular. Y como yo pertenezco al 33,3 que la ama -y la lamenta- y además me tomo la molestia de escribir sobre ella, no sólo puedo perdonar sus irregularidades, sino que intento dar un paso más allá. Al fin y al cabo hay que saber oír las múltiples capas que tiene una canción, y en el caso de Courtney, las capas entran en una relación conflictiva. Esto no significa que la venga siguiendo de cerca, ya que dejé de escucharla cuando empecé con mi trabajo de saneamiento integral y el rock se me cayó del pináculo. Sin embargo, hace poco me dio por escuchar Letter to God (carta a Dios), una balada escrita por Linda Perry, la ex vocalista de 4 non blondies, que allá por los 90 cantaba con poderosa voz aquella inolvidable What's Up
, Hay en Letter to God una clara referencia a un problema de identidad, que suele afectar mucho a la gente del espectáculo. Linda le pide a Dios que le diga quién es ella y cuál es su propósito, ya que no lo sabe. Puesta la canción en boca de Love, la angustia que contiene hace aguas en su garganta rota. Parece que hubiera sido escrita específicamente para ella, y quizá sea así. Hay que recordar que el disco fue pensado entre las dos, con la colaboración de Billy Corgan, mientras Love estaba en arresto domiciliario. 
 
En el video que verán más abajo, Courtney se planta frente a Dios con rabia y escepticismo, pero se confiesa en sinceridad. Sucia, desfigurada, al borde de la anorexia y probablemente borracha, con su sempiterno cigarro a medio terminar -que en algún momento arroja al suelo con un gesto histriónico- es la viva imagen de alguien que está de vuelta y lleva gastadas por lo menos media docena de vidas. Durante los 3:43 minutos que dura la balada, vemos a una mujer en el exilio de Dios, e incluso más allá de él. No hay arrepentimiento en su relato, lo que hay es el reconocimiento de un no saber. Lo cual es por lo menos un primer paso. Ella no entiende por qué Dios la ha mantenido con vida, cuando sólo quería morir. Ella no entiende quién es, confiesa no haber querido ser nunca lo que es y le pide a Dios saberlo. Ella declara haber perdido todo sentimiento. Ella se siente violada en su rol de persona pública. Nos hace saber que lo ha intentado todo, pero que no sabe nada y no siente nada. La palabra nada (anything, nothing) las chilla con todas sus fuerzas, en el estilo depredador y furioso al que nos tiene acostumbrados. Pero al final su voz se quiebra y termina balbuceando aquello que todo humano llega a decir alguna vez, no importa cuál sea su condición: Please, help me.  
Yo tengo un sino con la gente como Courtney. La gente como ella es despreciada y temida,por eso escribo sobre ella. Lo suyo me suena bastante conocido, así que creo en su redención. Y algo en su fuerza original me hace creer que quizá, algún día... quién sabe. 

La paradoxia de Lydia Lunch


Yo andaba buscando la biografía de Joaquín Sabina y ella se me cayó encima del pie. Entonces me agaché, la abrí y me apareció una frase: Los nombres no han sido cambiados para proteger inocentes. Aquí todos son culpables.
Le eché una ojeada a la tapa y me apareció una donna pelirroja de piel rosa aterciopelada retando a la cámara con un rictus antropofágico y esa mirada de animal de presa que ella tiene. Paradoxia: diario de una depredadora. Guau. Y el señor Hubert Selby Jr. que va y dice: Lector, cuando leas este libro te enfrentarás cara a cara con ciertos aspectos de ti mismo que hasta ahora has evitado y que, quizá, te gustaría seguir evitando. Si tienes el coraje de leerlo con mente y corazón abiertos, probablemente tendrás también el coraje de mirar un poco más dentro de ti mismo y quizá te preguntarás como yo si todos somos inocentes.
Vamos, que el que esté libre de pecados... Guau dos veces.
Me acuerdo que fue en la FNAC de Madrid, mi biblioteca interactiva favorita, donde encontré las Canciones de la revolución de Julian Beck, en una edición de 1978 que ni sé cómo fue a parar a un estante, donde me pillé El erotismo de Bataille y donde me tragué el anzuelo de que la novela de J.T Leroy, Sarah es buena, cosa que nunca ha sido ni va a ser verdad, pero eso lo dejamos para otra porque ahora lo que importa es Lydia. Menuda donna, esta Lydia. La foto que os dejo es la que más me gustó de las pocas que pude encontrar. Otra musa de la movida neoyorquense posterior a Patty Smith, y quizá la más abrumadora deidad de la No Wave.
Poeta, fotógrafa, performer, compositora, cantante, y visionaria, Lydia Lunch empezó su andadura vital trabajando como prostituta de todo servicio en las calles, callecitas y callejones de Nueva York cuando rondaba los catorce, y se entiende si tomamos en cuenta que ella misma confiesa haber sido engendrada en el asiento trasero de un viejo Chevy. Lunch se vale de esta anécdota para abrir su relato supuestamente autobiográfico y meterse a saco, en seco y de lleno en el grado cero de los goces y los dolores más extremos, lo que hoy en día se conoce como fanzine virtual para gordos y calvos navegadores de webs infames.
Pero la verdad es que todo ese morbo ella lo vivió en carne propia y en espacios reales, y el hecho de que lo haya disfrutado no resulta tanto más curioso que su par de ovarios envueltos en tintura de amianto a la hora de hacer su confesión. Lo llamativo es que Lydia Lunch no se lamenta de haber pasado por ahí, ella no hace una apología de los desesperados. No. Su prosa es seca, rotunda, perspicaz y macarra, pero es también lírica, y se disfruta de cabo a rabo, aunque ciertos momentos huelan a ficción absoluta y no entiendas muy bien cómo salta esta chica de una cama de hotel pringoso a dictar una cátedra de performance en San Francisco. ¿Qué más dá? Basta con saber que tanto en España como en Latinoamérica una escritora como ella no conseguiría jamás asomar la cabeza del erial, por mucho talento y muy buen canalillo que tenga, y dudo que algún editor se atreviera a publicarla. Y es que mutantes como ella sólo pueden existir allí. Lydia Lunch es el monstruito practicando su propio exorcismo, porque sólo una sociedad como aquélla se permite perdonar a sus monstruos: al fin y al cabo, ésta es la finalidad del espectáculo. Ella lo sabe, y también sabe cómo usarlo a su favor y devolvérselo al público en forma de un producto experimental que ya ha hecho historia.Paradoxia es parte de ese producto y para mí ha sido sólo la punta del iceberg. La tengo aquí al lado, hecha de papel y de fresa. Me gustan los hombres, lo juro. Pero ella me encanta. Y espero que me entendais.


Paradoxia: diario de una depredadora (Lydia Lunch, 1997)- Ed. La Máscara

Mis influencias

Ésta bitácora es un modesto tributo a las siguientes influencias: George Orwell, Goethe, Patti Smith, Henry Miller, Baudelaire, Antonio Saura, Cabrera Infante, la sertralina, Antonin Artaud, los pajonales junto a las vías, San Pedro en la gasolinera, Super-Hijitus, Jules Massenet, José Larralde, Sabicas, Puerto Bravo en Bariloche (abrir una brecha en la pared con el filo de una billetera), Monteverdi, Víctor el leñador de Zarzalejo, cigarrillos Pall Mall, Elliot Brood, Henri Rousseau, Tom Waits, Nick Cave, la Plaza Mayor de Madrid, Julio Cortázar, Benny Goodman, Adriana Varela, Alejandra Pizarnik, Jean Genet, los psicólogos que no querían atenderme cuando no podía pagarles, Camarón de la Isla, Popol Vuh, Velvet Goldmine, las brujas de Zugarramundi, Calamity Jane, Typer, J.D Salinger, Primal Screem, Jeff Buckley, Janis Joplin, Bee, el llamante que había ido a Thailandia y también el que estaba enamorado de su hermana, William Burroughs, Ernesto Sábato, los amigos de aquí, de allá y de todas partes, Rabelais, el Marqués de Sade, Pink Floyd, la naturaleza boca al cielo de cara a una estrella, P.J Harvey, la Santa Inquisición española, mi vecina la del Gran Danés, Joaquín Sabina y sus Dieguitos y Mafaldas, Charly Parker, el cuento del lobo y los siete cabritos, el río Manzanares, el castro de Coaña en Asturias, la aldea de Ferreiros, Roberto Arlt, Gónzar, el pescaíto frito en Calahonda, Woody Allen, Madrid y sus laberintos, Roland Barthes, la literatura portátil, Virginia Woolf, Kurt Cobain, Maslow, Jean Michell Basquiat, Picasso, Va Pensiero entrando en la Alta Italia, Julian Schnabel, Plaza Francia (cera perfumada en candelabros de forja), Keith Haring, Gilles Berquet, T.S Eliot, las gasolineras automáticas de Marsella, Lipovetsky, Bob Dylan, Pino Solanas, Brando diciendo su réquiem en París, Tavo y yo soplando panaderos a la hora de la siesta, Tita Merello, Neil Young, Sor Juana Inés sin la cruz, Fanny (la prostituta mística que se parecía a la Maga), Francois Villon, Greil Marcus, el chiringuito aquel de Salobreña, Juan Carlos Kreimer, el graffitero catalán, la piedra sagrada, el esquivador de langostas, Lou Reed, Dj Oskar-Moska, Lydia Lunch, Jarboe, las baldosas en tablero de ajedrez en la galería ahogada de malvones, Jordi Saball, haber perdido el miedo, el maldito Sófocles, Aretta Franklin, los girasoles en flor contra el mar en Necochea, y un mar contra el alba y el alba encendiendo la tierra, Dobet Gnahore, Emile Ciorán, 16 horsepower, Ojos de Brujo (gracias, Marina), un Rivera del Duero del ‘98, Amadou y Mariam, una película de Greenaway, Tinto “Los Molinos”, Marianne Faithfull, Cronemberg, los perros verdes, los que piden fuego en los andenes, una puesta de sol sobre un horizonte nimbado de blanco en Marruecos, los amigos que no estaban mientras yo escribía los sábados por la noche, dónde van aquí están los barberos de San Juan, Kiko Veneno, Charly García antes de la piscina, Sainkho, la mariposa aquella cruzando el desierto de Gobi, Alicia en el País de las Maravillas, los conciertos de rock del bar “La mona fundida”, los punkys de Plaza de Castilla, el piano de Daniel Johnston, el hachís en casa de Simone, Edmundo D’Amicis, los billikines, los hombres que entienden, y por supuesto... la gran señora del Martini rojo: mi madre.
Les deseo un buen viaje de todo corazón y que tengan la fiesta en paz.