Y yo no sé qué os parecerá a vosotros... pero para mí él sigue ahí, fumándose su gauloise con ojos de barrilete.
10/12/08
El sueño de Artaud
23/10/08
El amigo Henry
Existe un libro que forma parte de nuestro ser y que está contenido en nuestro ser, y ese libro es el registro de nuestro ser. He dicho nuestro ser y no nuestro devenir. Comenzamos a escribir este libro en el momento de nacer y lo proseguimos después de la muerte. Solamente cuando estamos a punto de renacer lo terminamos y le ponemos la palabra "Fin". En consecuencia, es toda una serie de libros que, desde un nacimiento hasta el siguiente, continúa la historia de la identidad. Todos somos escritores, pero no todos heraldos ni profetas. Lo que sacamos a relucir del registro oculto lo firmamos con nuestro nombre de pila, que jamás es el nombre real. Pero lo único que llega a conocer alguna vez la luz es lo mejor de nosotros, lo más fuerte, lo más valiente, lo mejor dotado. Lo que entorpece nuestro estilo, lo que falsea la narración, son las porciones del registro que ya no podemos descifrar. El arte de escribir no lo perdemos nunca, pero lo que a veces perdemos es el arte de leer. Cuando encontramos un adepto de este arte, recuperamos el don de la visión. Es el don de la interpretación, naturalmente, porque leer siempre es interpretar.Los libros en mi vida, Capítulo XIII
Henry Miller
28/9/08
Con celo
Como era de esperar, todos acabamos borrachos. Pero había más: todavía quedaba la exposición. El grueso de los expositores eran alumnos de los ponentes, todos ellos gente de la Complutense, todos de abultado currículum y no obstante sabuesos impenitentes del lumbreras francés tocador de guitarra. O sea -y con perdón-, unos chupaculos. Unos pelotillas de dientes largos. Y sus alumnos tanto más. Entre todos, y a lo largo de cinco días que a mí se me hicieron eternos, inflaron un globo elitista donde, con el mayor cuidado y la más provocativa desidia, se ocuparon de que no se incluyera a nadie que no fuera de la UCM.
Llegado el momento de la inauguración, los proto-lumbreras del lumbreras francés se presentaron con cara de jueces escrupulosos. Siempre he odiado las inauguraciones. Creo haber dicho en alguna oportunidad que me gustaría mandar a un gólem en mi lugar, mientras yo me como los canapés y me tomo los chupitos en el pasillo, viendo como la peña se pasea por la sala fingiendo el embelesamiento gélido de los iniciados.
- Y mirá… yo que vos lo haría - saltó un paisano mío, escultor él, que llevaba años y años ejecutando esas acciones llamadas performance, y que en muchas ocasiones no pasan de ser más que furibundeces usadas por ciertos artistas bajo el pretexto de mover a la reflexión sobre cuestiones fundamentales.
Hubo un largo silencio y varios que se lo pensaron, incluyéndome, claro. Pero nadie se atrevió a decir voy. En eso, una colega tuvo una idea brillante:
- Como performance va a ser un fracaso, porque no hay prensa.
No hubo objeciones. Además, el entrecot estaba para chuparse los dedos y resultaba a todas luces más excitante reirnos con los dientes largos de las chungas interpretaciones talleriles de los globeros de UCM, una de las cuales consistía en la exposición de unos casquetillos de papel de confitura pegados con celo (cinta scotch) contra una puerta del siglo XVI, vaya a saber con qué intención.
Las extensiones de nuestras carcajadas chorreaban en la salsa cuando le tocó el turno al director del taller, cuya obra consistía en el dibujito de un cubo sostenido por dos palillos de los cuales se deslizaba algo que pretendía ser una sombra, todo hecho con rotulador negro sobre un soporte de hoja de resma, pegado cuidadosamente a la pared, también con celo. Un dibujo al mejor estilo de la serpiente devorándose al elefante de Saint-Exupéry, sin ánimo de desmerecer a Saint-Exupéry, que tuvo mucho que decir con su Principito.
El resto eran criaturas tan incomprensibles como estériles para nuestro entendimiento. Nadie estaba conforme; todos hubiéramos querido arrancar nuestros cuadros maravillosos de esas paredes y marcharnos a casa celebrando la boutade (así somos los artistas, nos encantan ese tipo de infantogilipolleces) pero nadie se atrevió. Esa noche.
Al día siguiente ya es otro cantar. Recuerdo que me levanté con resaca y unas ganas peliagudas de pasarme por el convento donde se mantenía cautiva a mi extensión, descolgarla y llevármela. Se lo comenté a mi compañero, que estaba semi-conciente y me respondió con un eructito. Pero el tío me tenía una paciencia de santo.
Mi compañero se afeitaba tranquilamente frente al espejo:
- Tranquilizate, flaca, que no tenés prensa…
El muy cabrón se reía de mí, pero igual me llevó al convento. Allí mismo me presenté en la secretaría y le expliqué al encargado el motivo de mi decisión. El tipo se mostró comprensivo desde el principio. Un tío enrrollado. Me dijo que desde luego si quería llevarme el cuadro, estaba en todo mi derecho porque era mío, pero que podía ser una lástima ya que esa misma tarde se abrían las puertas al público y era posible que fuera la prensa.
Al ver que yo seguía en mis trece, el hombre tuvo una idea de ésas que dán en el clavo:
- Mira, si tú quieres, puedes hacer una cosa… pón un cartel que diga, por ejemplo: Aquí hubo un cuadro que nunca fue mirado, y así se enterarán de que tu cuadro pasó por aquí. - Se sonrió con cara de troll: - Y además la pared no se queda vacía.
Fue el rayo iluminador para mi mañana de resaca y no obstante insumisa, así que descolgué el cuadro y en su lugar pegué una hoja de papel con una leyenda que decía:
Aquí hubo un cuadro que nunca fue mirado.
Con celo.
Yo le dije que no.
- ¿Sacaron el cartel? - le pregunté.
Se oyó su risita de troll al otro lado de la línea:
- No, y si quieres que te diga la verdad, y te lo digo por si te sirve de consuelo, pero a la gente le llama más la atención el papelete ése que has colgado que todo lo demás. Raro, ¿no?
No, señor; no es raro. Mi colega tenía razón. A mí me faltó prensa, chaval… que es lo que no le faltó a Tracey Emin cuando decidió poner en medio de la Tate Gallery la cama pringosa donde yaciera durante una semana completamente borracha después de uno de sus múltiples abortos. Hermenéutica de My bed, toda una revelación del arte revolucionario de fines del pasado siglo: La obra corresponde a un momento en que la artista estaba enferma y deprimida. Es una meditación sobre el hecho de pasar mucho tiempo en la cama. Hay una inocencia subyacente y una gran sinceridad que nos recuerda cuestiones fundamentales.
Y bueno, lo mío no habrá sido algo tan grande, pero sí que en esa ocasión tuve mis quince minutines, al decir de su eminencia San Andy Warhol... Cuando no hay ética, la estética se vuelve una hoja boyante entre la alienación y el olvido, y al fin y al cabo todo acaba dando igual.
26/9/08
Elogio del bufón
Siempre me ha fascinado la figura del bufón, esa criatura grotesca, divertida y capciosa, presente en la historia del mundo desde tiempos inmemoriales.Dicen que por la boca muere el pez; sin embargo, el bufón no puede morir. Como lo más abyecto y lo más luminoso del espíritu humano, su esencia es inmortal.
16/9/08
Achille Benito Oliva: esto es vanguardia.
JEE.— Y ahora pasemos a un argumento algo diverso, relacionado con América Latina, continente en el que nací y cuyos problemas, obviamente, me tocan muy de cerca. Mi primera pregunta es ésta: ¿por qué los artistas latinoamericanos casi nunca son invitados, o lo son de manera mínima, a las grandes manifestaciones internacionales, como la última Documenta, por ejemplo?ABO— No creo necesario recordarte que hoy más que nunca la investigación artística se ha concentrado en los grandes centros metropolitanos como Nueva York, París, Londres, Roma, Berlín, etc., y que los países y las ciudades situadas en la periferia del sistema del arte no pueden gozar, aunque sólo fuera por razones geográficas, de la misma atención que las grandes metrópolis. Esta situación es agravada por el subdesarrollo de esos países debido a factores políticos, históricos, económicos y sociales, muchas veces dramáticos, y que obligan a sus artistas, hombres de ciencia, escritores e investigadores de todo tipo, a viajar, permanecer, o por lo menos pasar un período de confrontación y estudio en las grandes ciudades europeas o norteamericanas, para enseguida poder elaborar su propio lenguaje y aporte personal.
ABO.— Bueno, aquí hay que hacer una distinción. Antes que nada, Matta es un gran artista y por lo tanto escapa a cualquier delimitación geográfica o cultural. Otro como él no aparecerá fácilmente en ninguna parte, ni siquiera en Europa. Su importancia es tal que aún hoy, creo yo, no nos damos cuenta de la vastedad de su aporte. Baste decir que su influencia ha sido decisiva para la elaboración de la Action painting norteamericana, sin olvidar la que ejerció en el área surrealista y la que incluso sigue ejerciendo en nuestros días, cuando se advierte más claramente el peso de su obra. La exposición de Beaubourg de 1986 ha sido para muchos una verdadera revelación. En cuanto a los escritores latinoamericanos, debo confesarte que no amo mucho la literatura del Boom. (¿?). A la inversa de tantas obras de arte perfectamente reconocidas en su época (los maestros del Renacimiento; Goya, Velásquez, los flamencos, el mismo Picasso), la buena literatura nunca se ha vendido ni se venderá con tanta facilidad. Los best-sellers me parecen siempre bastante dudosos. (¿?). Lo que sucede, tal vez, es que ella ha conquistado un público internacional ávido de novedad literaria y sensibilizado por una retórica tercermundista (¡!) que nada agrega a la verdadera creación literaria. (¿?). Sin negar a dichos escritores de indudable ingenio (¿?), seriedad y compromiso social, otros son los autores latinoamericanos que admiro y frecuento, como por ejemplo Borges, Paz, Pessoa, Lispector, Lezama Lima, que trabajan dentro de una línea que considero más universal, rigurosa e inventiva y que, a la postre, interpretan con mayor madurez artística, y sin trazas de folklore, (¿?) la esencia misma de un continente y una cultura.
JEE.— En cuanto a preferencias literarias, estoy de acuerdo contigo, en líneas generales. Pero es imposible subestimar la importancia de los narradores del Boom, gracias a los cuales toda la literatura latinoamericana ha adquirido una identidad y carta de ciudadanía internacional. Sucede un poco como con la Transvanguardia que tú defiendes: quizás sus autores no son los artistas que personalmente preferimos, pero son ellos los que han abierto las puertas a una forma de expresión, pictórica o literaria, que con el tiempo podrá dar frutos cada vez más maduros. Se podría decir que esos escritores latinoamericanos conforman la única Transvanguardia literaria internacional, puesto que poseen los requisitos por ti señalados: nomadismo cultural, hedonismo verbal, genius loci, unas gotas de folklore y de Kitsch, es cierto, y, sobre todo, éxito, ingrediente este último que es parte constitutiva de estas formas de arte, amplificado por la civilización multimedial en que vivimos.
ABO.— Ciertamente. Pero volviendo a la materia que me concierne más directamente, o sea a las artes plásticas, con excepción de Matta, como tú mismo me lo señalas (que ha vivido siempre entre Europa y los Estados Unidos), no he encontrado entre los artistas latinoamericanos, por mí examinados en tres bienales de París y dos de Venecia (salvo rarísimos casos que, obviamente, prefiero no mencionar aquí) una identidad artística suficiente ni un lenguaje realmente libre de los modelos europeos o norteamericanos. (NOTA: intuyo que este hombre nisiquiera oyó hablar del Pópol Vuh). Pero este fenómeno no es sólo latinoamericano. No te digo nada nuevo si afirmo que los buenos artistas son escasos en todas partes. Tanto más escasos lo serán en lugares en donde la existencia misma es un problema. Dicho esto, tengo que reconocer que, a pesar de algunos viajes por México, Brasil y Argentina, no conozco a fondo la situación artística de ninguno de estos países (¿entonces para qué opina el capullo?) y temo mucho, además, que mis códigos culturales sean diferentes a los de la cultura latinoamericana.
9/7/08
Giacometti
Surrealista. Existencialista. ¿Qué era todo eso?¿Era él algo de eso? Él sólo llevaba un disfraz.
Con sus dedos, calculaba cada porción de miedo. Es sabido que el hombre puede protegerse contra el peligro, pero ¿puede protegerse contra el miedo?¿Cómo expresar lo que hay bajo el pellejo del miedo? Mostrar la pulpa, verla primero dentro de sus ojos. Imaginarla en los poros oxidados de los cascos que se pudrían al sol en los muelles, o en los sauces mordiendo los durmientes, o en los dolorosos esqueletos de cemento armado donde vive la gente, justo en el sitio en el que la ciudad es sueño, barro, y olvido. El hombre siempre se esconde bajo el barro.
Luego volvía a casa, a vomitar el sueño. A convertirlo en criaturas que eran como estalactitas. Con sus manos llenas de galaxias y de posibles especies etéreas, aún por crear. Pura luz ahuyentando vívamente su propia sombra. Ojos abiertos de par en par a cubiles temblando sobre pilotes: así somos, así somos de frágiles… ¿has visto lo que somos? Todo lo suave, lo blando y lo puro; eso que la especie eligió dejar a resguardo… eres tú el que lo vé, eres tú el que lo sabe. Eres tú el testigo.
-¿Dónde estabas, Giacometti? - le preguntaba su amigo Beckett.
- Por ahí - respondía él -; esperando a Godot.
(Post actualizado- noviembre de 2007)
Part II
7/7/08
Astarté
Cuenta la leyenda de Gilgamesh, que en las llanuras aún sin cultivar pusieron a un hombre salvaje y peludo, Enkidu. Así como los animales, él también merodeaba y comía con ellos. Tras ser colocado por un cazador en un pozo de agua donde los animales acostumbraban a beber, se lo comunicaron a Gilgamesh, quien planeaba capturarlo. Envió a una sacerdotisa consagrada a la Diosa Astarté, al pozo donde solía ir el cazador. Cuando la sacerdotisa llegó al lugar, ahí estaba Enkidu. El cazador ordenó a la mujer que se quitara la ropa "estirada y descubriendo sus frutos maduros". Ella abrió sus ropas, exponiendo sus encantos, complaciente a sus abrazos que durante seis días y seis noches gratificaron su deseo, hasta que venció su lado salvaje. Después de eso, Enkidu fue llevado por esa mujer a las puertas de la ciudad, el centro de la civilización humana.
-Enciclopedia de ética y religión, de James Hastings. Vol. 6