11/1/14

Nueva espiritualidad y nihilismo ingenuo



De la puesta en cuestión del capitalismo industrial ha emergido una nueva "espiritualidad" capaz de combinar rasgos de prácticas y discursos religiosos (la ola new age y los orientalismos) con creencias no religiosas pero sí espirituales como la fe en el libre mercado y en el consumo como capacidad de perfeccionamiento del ser humano.

Pierre Levy escribe imbuido de esa espiritualidad:

El punto de encuentro entre economía e inteligencia, el centro secreto de la sociedad humana del futuro es probablemente la capacidad de escucha y manipulación de la conciencia colectiva que fluctúa en los millones de canales del ciberespacio. El punto esencial es que esta manipulación está ella misma guiada por el vagar de la atención y la inteligencia colectiva fractal que el marketing on-line trata de captar y comprender en todos sus modos. Este nuevo marketing puede caracterizarse como el proceso de interfaz dinámico y circular por medio del cual la conciencia colectiva toma conciencia y se manipula a si misma… las instituciones, los estados los partidos, las empresas, las asociaciones, los grupos, los individuos, que desdeñen el estudio de los modos para insertarse en los procesos de la inteligencia no podrán esperar jugar ningún papel importante en el mundo que viene.

Economía y espiritualidad son una y la misma cosa, un mismo espíritu que se auto-regula y auto-dirige sin necesidad de intervención externa. Los creativos, los publicistas los intelectuales, los dirigentes, los periodistas, los empresarios y los administradores serían la culminación de un proceso de perfeccionamiento en que mercado y deseo se vuelven completamente transparente el uno al otro.

Hemos pasado de una lucha contra una visión del mundo que anulaba y subordinaba el deseo, las creencias y el pensamiento a la técnica, a un momento de la historia en que sólo las ideas y los símbolos son considerados como reales mientras que los cuerpos son infravalorados, desachados, invisibilizados.
Juramos estar abiertos a lo imprevisto, a lo contingente, a lo sorpresivo, pero en realidad somos la clase más perversa de conservadores: nuestra vida misma es una prevención ante la vida, una esterilización del futuro.
Nadie sabe por qué, pero lo importante es mantenerse disponible. Como a los personas de Beckett, nos idiotiza una espera sin sentido. El abandono ingenuo es el movimiento falso de la abdicación, que a fin de cuentas resulta siempre más beneficiosa para las empresas y, más que una fuga creadora, termina una circunvolución, un giro sobre sí del sistema, un movimiento circular que concluye en el preciso punto en que vuelve a empezar.

Casi podría decirse que la condición de toda acción es no creer en ella. Como dice Houellebecq: El que no creamos e las cosas que hacemos no quiere decir que no las hagamos. Eso es nihilismo ingenuo: creer que basta con no creer.

En algún punto el deseo de abandono es más fuerte que el deseo de transformación. La contracara del deseo conectivo es el deseo dispersivo de la abdicación que vuelve intolerable cualquier compromiso a largo plazo.

Preferir la incertidumbre cierta de la dispersión a la incertidumbre imprevisible de un colectivo por construir. Nihilistas sin principios que negar, alcanzamos el paroxismo el nihilismo por medio el deseo: no sé lo que quiero pero lo quiero ya. Y en ese no saber, que es también una forma de no querer, quedamos atrapados girando sobre nosotros mimos, sin sentido, sin dirección, perdido todo compromiso con el mundo y con nosotros 
mismos.

El nihilismo ingenuo es un no querer débil disfrazado de no querer. Su mala fe consiste en presentarse como negador, cuando su efecto es el de una leve, levísima aceptación.
 ...

El viejo nihilismo precisaba de un trabajo del NO. Hoy se niega la vía abstención de toda labor. El "nuevo capitalismo" interpreta, piensa y explota esta falta de situación, ofreciendo un espacio de conectividad, y algo de dinero. La empresa se pone así "en serie" con el resto de la experiencia vivida. Si el viejo nihilismo en sus mejores expresiones aspiraba a nadificar los valores, éste se conforma con creer en su no creer, se conforma con unos valores que no reclaman ninguna fe, ya no se nos pide que creamos, sino sólo que funcionemos. Toda fe es prescindible. Toda lucha es loca y redundante. Tener una fe es caer en un exceso de adhesión inútil.
Debe haber, sin embargo, quien persista aún en su deseo de inventar mundo.

¿Quién habla? Lucha contra la esclavitud del alma en los call-centers
Colectivo Situaciones
Tinta Limón Ediciones
Buenos Aires, 2006

12/12/13

Los alien ya están aquí



Lucrecio Bonforte fue un importante investigador de la vida extraterrestre muy de moda hasta fines de los '90. Hemos decidido transcribir algunas de sus reflexiones, que unidas a sus descubrimientos, aún hacen las delicias de los aficionados al tema:
Se inicia el debate sobre la convivencia con los alienígenas. Todo un tema, al parecer. La tecnología ha venido a demostrar que si los alienígenas son en parte obra humana -o viseversa-, algo de verdad habrá en eso de que existen. Cierto es que se tenía noticias de ellos desde tiempos bíblicos, sin embargo no se confirmó su advenimiento hasta que sus adalides se pusieron en contacto con los internautas vía 2.0. A nadie se le hubiera ocurrido pensar en un pleyadiano jurando en los medios que él no se comerá los marrones de nadie. La cosa funciona más o menos así: el colectivo extreterrestre ha elegido para comunicarse la vía de la world wide web, el correo electrónico y en casos excepcionales, la del virus informático al uso. Luego abundan los opinólogos, gente que pretende criminalizar la emigración extraterrestre antes de que ésta haya -si cabe- sucedido. Sorprende la contraparte emocional del presagio: si bien se ha pensado en todo tipo de estratagemas para evitar la supuesta invasión, por el otro se niega a rajatabla la existencia de tales entidades. 
  Raro.
 Escepticismos aparte, sientan precedentes las pesquisas setenteras llevadas a cabo a ambos lados del Atlántico por grupúsculos radicales que hoy día son un clásico. Ashtan Sheran es un hecho conmprobado desde que existe la Wikipedia, y como se sabe, el Arcángel Miguel es un alien. Según fuentes especializadas procedería de las Pléyades, y el famoso dragón sería un reptiliano primitivo, versión embrionaria de nuestro austrolophitecus glaciar. Algo más tarde, y ya en pleno auge del 2.0, iban a sellarse los poros abiertos por Ezequiel en el famoso pasaje de los cuatro seres vivientes, con la bizarra teoría de una especie dominante, predadora y tecnológicamente superior: los annunaki. Chitauri, en la más que turbadora -¿flagrante a la manera de Warhol?- versión de Credo Mutwa, que dijo haber tenido un encuentro cercano con ellos en el interior de cierta montaña sudafricana. Este refinado modelo de reptiliano última generación (el chitauri-annunaki) parecía ser el que controlaba el cotarro, aunque paralelamente llegó a hablarse de rizomas, sopas cuánticas y entidades yendo y viniendo a través de las estrellas sin pagar peaje, una iniciativa que podría ser considerada en la Tierra como variante de impregnación cultural.
 Sin embargo, los pleyadianos no deberían confundirse con sus vecinos de Sirio, con los que guardan un parecido físico importante y, por qué no, una ética intergaláctica similar, con claras diferencias en lo que respecta a su política de comunicación con los humanos. Para más datos, la primera migración pleyadiana se produjo hacia los años 60 a través del canal Eugenio Siragusa. Se trató de una migración telepática. El encuentro provocó tal euforia colectiva que no tardaron en prosperar las sectas. Lo que se mantuvo vigente fue el culto al profeta Ezequiel, y frente a ello surgía la hipótesis del origen extraterrestre del Arca de la Alianza y del propio Yavéh.
  Fue cuando empezaron a reportarse los primeros encuentros aislados con entidades venidas de las estrellas, a saber: el caso de Leire, vizcaína de 70 años, vecina de la localidad de Arratzua. La mujer aseguraba haber sido preñada por un extranjero de gran estatura, pelo rubio y ojos anaranjados. Un fenómeno inexplicable. Cuando le preguntaron si podía identificar la nacionalidad del personaje, la mujer cambió su acusación: no se trataba de un extranjero sino de un extraterrestre. De ojos anaranjados. Y no hay humano en este mundo que tenga ojos anaranados, como se sabe. Esto sin contar con el detalle de que no hay humano en este mundo que pueda preñar a una abuela de 70 años.
  Se presentó el conflicto de si Leire debía seguir adelante con el embarazo o abortar, ya que la sanidad pública le ponía reparos a la hora de atender su preñez. La razón: no estaban seguros de que lo que llevaba en el vientre fuera un ser humano. Así que le sugirieron abortar, pero Leire no quiso: ella no iba a quitarse al niño por muy extraterrestre que fuera. Su familia intentó contratar una póliza, pero ni así hubo suerte. Cuando le contaron su caso la empleada fue categórica: Leire no tenía derecho al beneficio, estaba en el límite de edad. Además la póliza no cubría enfermedades preexistentes. Aunque el escándalo de la abuela preñada por un extraterrestre llegó muy lejos, fue inútil intentar convencer a la empleada de que no se trataba de una enfermedad sino de un embarazo.
  Parece que su preñez se ”esfumó”, así como por arte de magia, hacia los cinco meses de gestación. No hubo aborto, ni hemorragia, ni se habló de embarazo ectópico o imaginario. El asunto movía más a risa que a investigación. Muy a regañadientes, un médico daría fe de que donde antes había latidos ya no había nada. El vientre de Leire, normalmente abultado por el supuesto embarazo galáctico, volvió a la normalidad en cuestión de semanas, y el asunto quedó semi-sepultado en la memoria de Arratzua como la leyenda de la abuela preñada por un alien. Leire moriría dos años después asegurando que había dado a luz en una nave espacial, y que su hijo crecía feliz con su padre y sus hermanos en un planeta con dos soles.
  Luego estaba Auguste Lefebvre, “el Edgar Cayce francés”, un lechero del Languedoc. Viudo y con un hijo ya mayor instalado en París, vivía solo en su finca cuando empezó a tener los sueños. En el pueblo todos le conocían, era un hombre sencillo: "Auguste ne sait pas mentir", decían (August no sabe mentir). Tampoco sabía leer muy bien, lo que sí sabía era sumar y restar, habilidad a la que en sus años mozos había sacado provecho abriendo una panadería. Pero la cerró para dedicarse a sus animales. Auguste soñó durante meses con una entidad de aspecto andrógino llamada Akaakajoohuem, alto/a y moreno/a, de ojos color aceituna, rasgados y boca como de batracio. Siempre que conseguían sacarle información, Auguste afirmaba a pie juntillas que su amigo procedía de un planeta en la constelación del Cisne, y que le había subido a su nave una docena de veces para instruirle con sonidos musicales.  


  Cuando la finca empezó a llenarse de gente que venía de todas partes, la prensa puso atención en él. Auguste Lefevbre, el lechero analfabeto, curaba migrañas crónicas y quistes de toda clase instruido por un alien. Milagro. Auguste Lefebre, el ex panadero de Ouveillan, curaba el cáncer sin más tecnología que una mirada perdida en el techo mientras el supuesto paciente aguardaba tumbado en una camilla de segunda mano. Es decir, sin hacer nada de nada. Prodigio.
  Fuera del consultorio nadie sabía qué decir, aunque pasado el tiempo los tumores desaparecían. Empezó a curar también enfermedades mentales. Casos graves como el de Camille Touchand, una supuesta psicótica a la que muchos creían poseída por el diablo, que salió completamente curada de su -eso sí, improvisado- consultorio y acabó, con los años, trabajando de presentadora en La Quatre.
  Los problemas de Lefrebvre no empezaron hasta que su pericia llegó a oidos médicos. El primero en perder clientela fue el favorito del pueblo, doctor Omar Mahárbiz. El hombre llevaba la mayor parte de su vida residiendo en Ouveillan con su padre, un inmigrante sirio que había trabajado muy duro para que su hijo pudiera sacarse el título. Todo el mundo le quería. En Ouveillan, la palabra de Omar iba a misa.
  Sin embargo la palabra de Omar no curaba tumores y el tímido silencio de Auguste, sí. Que lo hiciera gratis lo hacía todavía más provocador. Cuando le preguntaban por qué no le sacaba ningún provecho a su don, Auguste respondía que no era él quien actuaba, sino Akaakajoohuem. La gente acudía desde todos los rincones de Francia; también desde afuera: él nunca cobraba a nadie y jamás les recetaba medicación. Omar Mahárbiz estaba tan rabioso que intentó ponerle freno por vía judicial, y hasta hubo escándalo con comentarios insidiosos sobre el estado mental del lechero, y comadreos que adquirían tintes buñuelescos siempre que a alguien le diera por emprenderla contra esos extraterrestres que vienen a robarle el trabajo a los humanos.
  Otro sonado caso fue el de Eusebio Nájera, un archivista de treinta y cinco años, casado y con dos hijos, de Colonia, Uruguay. Parece que una noche estaba en su camioneta y de pronto se encontró tendido sobre una camilla metálica, bajo la mirada escrutadora de dos bujías negras incrustadas en el rostro de un hombrecillo con todas las trazas de ser un pigmeo que ha pasado por la primera fase de un crematorio. Las bujías iban y venían junto con las manos de "un petiso pelado gris que me clavaba unas agujas en la panza como si yo fuera un pollo". Según Nájera, al observarse a si mismo era como si estuviera observando a otra persona, de ahí que no experimentara ningún tipo de dolor. Se lo contó a la prensa especializada: "me insertaron unos chirimbolos en la entrepierna, detrás de la oreja y en el dedo gordo del pie… ¿ves?"

 - Yo tengo uno, también -dijo Lucrecio Bonforte, mientras lo trasladaban al neuropsiquiátrico del Sant Joan. Y se remangó para que los enfermeros pudieran apreciar el implante que tenía en el antebrazo: una berruga de nacimiento.
  Cuentan que mientras se paseaba por los pasillos de la unidad psiquiátrica del hospital esperando para ser medicado, tomaba por asalto a pacientes, médicos y enfermeras.
- ¡Racistas! - les increpaba sin más. 

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Lo que acabas de leer es un viejo cuento que escribí en Madrid allá por 2010, cuando creía en las conspiranoias.
¿Conspiranoias? Todo es cuestión de puntos de vista. 
En el siguiente video verás a Paul Hellyer, el ex Ministro de Defensa del Canadá -y no un ufólogo- hablando sobre un tema controversial: la vida extraterrestre dentro del planeta. ¿Convivimos con alienígenas? Un viejo tema, y ya una leyenda urbana ¿o realidad?
Si lo que Paul dice fuera cierto, pondría en cuestión todos nuestros sistemas de valores y muchas de nuestras creencias fundamentales se derrumbarían. Desde ahí puede entenderse, creo yo, que el gobierno americano no lo dé a conocer. Sería un desastre maravilloso... o la mejor patraña de todos los tiempos.
Y además, si los humanos no somos capaces de aceptar nuestras propias diferencias dentro del planeta, ¿qué nos pasaría con los de afuera? 

10/12/13

Argentina 9 D

Qué puedo decir sobre lo que esta ocurriendo en Argentina. El tiempo no ha pasado. Todo sigue igual. Dos bandos se pelean entre sí sobre los cuerpos que ellos mismos van dejando. El gobierno nacional le echa la culpa al provincial y el provincial al nacional. Pero nadie se hace cargo. A cinco dias de la muerte de Nelson Mandela, uno de los pacifistas más grandiosos que ha dado el siglo XX, parece que nosotros todavia no nos hemos enterado de que existe un concepto y una posición ante la vida: la no-violencia. Venderle al pueblo la idea de que estamos asistiendo a una especie de epopeya histórica y libertaria, es vergonzante. Si seguimos así, acá no ganó nadie. Acá perdemos todos.

Hoy debería declararse luto nacional por la esperanza muerta de los vivos. Por el 9 D.


8/12/13

Reserva Forestal Atlántida, Mar Chiquita

Declarada patrimonio de la humanidad por esta servidora :), Atlántida es un lugar realmente bello, un jardín del Edén donde se juntan la pampa y el mar, a un kilómetro del oceáno Atlántico y a 19 de Mar del Plata. Hay proyectos para la construcción de viviendas autosustentables (de adobe), como la que se ve en foto. Yo pasé los ultimos dos veranos allí y por la tarde nos sentábamos a ver caer el sol, esperando la llegada del bodisatva desde el oeste. Las noches son indescriptibles. Como ven, el continente perdido existe.
Consejo para quienes anden buscando alquiler de verano: cuidado con ciertos propietarios. La zona tiene servicios básicos (agua y luz), pero no tiene gas natural. Por esta vez: déjense llevar por la pinta del propietario y fíjense bien cómo funcionan los baños. Luego, es bueno tener en cuenta que en febrero suele faltar el agua. Lo demás todo bien, paraíso recomendable.  














Reserva Forestal Atlántida, Mar Chiquita, Argentina

5/12/13

Ciudad sin sueño

El siguiente poema es de Federico García Lorca y pertenece a su libro Poeta en Nueva York, escrito entre 1929  y 1930, y publicado póstumamente en México (1940). Su locura vitalista, claramente influida por el surrealismo, fue musicalizada en 1996 por la banda granadina de rock-grunge Lagartija Nick y el genial cantaor Enrique Morente, en el disco Omega. 

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No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el cementerio más lejano
que se queja tres años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.
No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda
o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.
Pero no hay olvido, ni sueño:carne viva. Los besos atan las bocas
en una maraña de venas recientes
y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.
Un día
los caballos vivirán en las tabernas
y las hormigas furiosas
atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.
Otro día
veremos la resurrección de las mariposas disecadas
y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos
veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.
¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero,
a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente
o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,
hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,
donde espera la dentadura del oso,
donde espera la mano momificada del niño
y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Pero si alguien cierra los ojos,
¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!
Haya un panorama de ojos abiertos
y amargas llagas encendidas.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
Ya lo he dicho.
No duerme nadie.
Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.

25/11/13

Alma canuta

Canuto es un término del habla rioplatense que significaría algo así como tacaño, avaro. Este post dará una idea de nuestras pequeñas miserias barridas bajo la alfombra, que agobian a la flor y nata de una clase social llena de "buenas intenciones". 
  Sirva como ejemplo la señora que todavía guarda en el aparador de la cocina las copitas de cristal que le regalaron cuando se casó. Y que nunca usó. Y que nunca va a usar. Un ejemplo que ilustra la filosofía doméstica del canutismo idólatra: las cosas se guardan por costumbre y porque se han guardado así durante generaciones. Generaciones -aclaremos- que esperaron la malaria. Generaciones que se apuntaron a la herencia del aparador amarillo patito en forma de paralelogramo, que llevó a que la tía Pocha dejara de hablarse con la tía Chola para siempre. Por eso lo mejor es usar las copas de batalla. Algo impensable en un país como el nuestro, donde una docena de copas de batalla pueden llegar a durar cincuenta años. De ahí que las otras, las de casamiento, nunca lleguen a usarse. Que pasarán a la próxima generación intactas, deslucido ya el cristal por efecto de su inutilidad, o acaso por la misma mugre, que desluce, pero no se hereda. Antes que dárselas a su nueva nuera, prefiere que las copas se le llenen de esos pequeños coleópteros de la madera que por razones desconocidas van a morir siempre en las oquedades.
Alma canuta languidece junto a su aparador como las viejas calcomanías de cajón que hoy son una mancha roschardiana en forma de capullo, cucaracha aplastada o salpicón de grasa de churrasco. Alma canuta sacraliza las cosas y los cosos, y sin saberlo -o sabiéndolo, aunque jamás se le ocurriría cuestionar algo así-, los somete a la condición de fetiches. Son, quizá, sus personajes del alma, los ocupantes de un espacio que de otra manera no sabría cómo rellenar. En definitiva, una extensión subliminal de un ego rendido a una seguridad que le resultaría imposible hallar fuera de sus propios objetos acumulados.
Curiosa el alma canuta. Viene a ser como un síndrome de Diógenes, institucionalizado por la existencia del galpón o quincho omnipresentes en todo chalecito de clase media obrera que ya es baja pero se cree media. O al revés: de toda clase media acomodada que se las da de pobre para que no le pidan. Una acumulación preventiva que se ha vuelto cultura, la exaltación del coso reformado hecho futuro, destinado a un futuro que nunca llegará (porque en la Argentina el tiempo no pasa, esto ya se sabe). Y que si le llegara sería a algún otro, nunca al alma canuta, porque ésta desconoce la necesidad, esa bendita necesidad que es fundamento de todos los cambios y matriz de futuros. Lo cual no deja de ser en sí mismo una paradoja.
  Y es que el alma canuta es paradojal. Después se queja de que le roben, y se pasa el día entero con la vecina, el vecino -almas canutas también- lamentando la inseguridad. Está a la vista que ha convertido la delincuencia en un tipo nuevo de fetiche. Uno que le sirve para aferrarse más todavía a su docena de copas de licor, a su aparador en forma de paralelogramo, a su calentador del año de ñaupa: tenga cuidado con el bolso porque se lo arrancan se lo cortan le dan un tirón y le roban todo… ¡hay mucha inseguridad!
El candidato a chorro del alma canuta suele ser el transeúnte, digamos, pardo, preferentemente hombre, con pinta de pobretón, que va por la calle con su mochilita al hombro y una gorrita con la que mal que bien se proteje del frío, porque estamos en el sur. Y resulta que ese degenerado villero chorro negro de mierda drogadicto malviviente violador secuestrador y asesino es, la mar de las veces, un pobre tipo que vuelve del trabajo a pie, y cuya mala suerte y peores genes excitan las fantasías más retorcidas del alma canuta, siempre pronta a justificar la inutilidad de su quincho o galpón usando como cabeza de turco a un paisano que le recuerda que él tiene más, y que de querer darlo, igual no se lo daría ni vendido. En un país donde la pobreza ha saltado la valla del confinamiento, por obra y gracia de un cierto progreso, hoy pagan justos por pecadores, y todo aquel que no tenga la suerte de ser blanquito parece amenazar la seguridad de ciertas almas.
  Es decir, del alma canuta.
  ¿O sea que almas canutas son los que se apuntan a la paranoia nacional del chorro en cada esquina, ahora que la presidenta les da plata a los que no quieren laburar? En absoluto. Éste es sólo un sector del alma canuta, que es más vieja que San Martín. De hecho, alma canuta puede haber una en cada casa y una por cada cuarto de un pibe que mañana será ratón. Y que vaya a ser empresario de poca monta, contador, médico o consejal, ese pibe que siempre será ratón nunca dejará de perseguirse con la idea del polirrubro. He aquí el fantasma del alma canuta que mal que mal ha podido estudiar: el polirrubro. Bajar la persiana y tener que poner un polirrubro. Un kioskito de mierda. O sea, una trompada en el ego del alma canuta que siempre quiso ser doctor. Algo con lo que fantasea cuando le da por masoquearse a horas punta, cada vez que lee el diario o cuando ve a los pibes tomando cerveza en el cordón de enfrente, y piensa: yo no sé qué estarán esperando para construir ahí… ¡con lo lindo que está ese predio para levantar un shopping!, en cualquier momento nos invade esa gente y estamos listos…
Esa gente. Alma canuta.
Hemos visto entonces que la naturaleza del alma canuta no se limita sólo a la acumulación de cosas que no sirven para nada, sino también al acaparamiento de fama y prestigio profesional o comercial. No hay espacio para un cronopio en el alma canuta, que gane o pierda, siempre va a ganar. Se ha asegurado de ser como el pez, que no hay por donde lo agarren. Se le encuentra en todas las clases sociales, va desde la señora gorda que manda a su cuñada que lo ha perdido todo en un incendio a comprar sus muebles en Cáritas, hasta el empresario negrero que se quiere sacar el 330% de las ganancias, reservando a sus empleados las 30 moneditas que le sobran. Alma canuta habita en el abuelo facho que hizo la colimba en el 46. En las corporaciones. En el colectivero que construyó el departamentito en el fondo y le puso los sanitarios más baratos, "si total es para alquilar". En la señora que lamenta las cuitas ajenas, deplorándolas, para poder así justificar su mezquindad. En el almacenero que cobra un peso de más porque no tiene cambio. En la señora que sólo da lo que está a punto de tirar, porque de tan roto es mejor que alguien lo use. En la vecina que prefiere dejar la cama que fue del nene pudriéndose en el patio, antes que dársela al señor de la gorrita al que le nació otro pibe. En el político que a la hora de hacer sus apuestas, le gustaría, sí, jugarse por el emprendedor novato… pero al final se decanta por la comodidad de su posición.

Almas canutas… ¡Dios nos libre de ellas!