Es genial que a los 84 años todavía pueda seguir
trabajando.
21/2/14
Yayoi Kusama y sus texturas confusionales
15/2/14
De la Propiedad (de la apropiación humana de la Tierra)
Ricardo Paredes Vassallo
Tomado del Libro: LA PLAGA HUMANA
A todo lo material, perteneciente a la naturaleza, y que los hombres tomaron como propiedad y llaman “mío”, lo considero como esencia de su miseria. Pues, el derecho de posesión que cree tener el hombre sobre la Tierra y sus elementos yertos y vivos, es el núcleo de la actual catástrofe pero que se ha desarrollado en milenios. Para que se entienda mejor, debemos aproximarnos más objetivamente a este espinoso asunto:
1. Condenar a la sacra propiedad, en medio del proceso de globalización capitalista, parecerá una blasfemia y una traición a la sociedad humana victoriosa. Los habitantes de los países “en desarrollo” y de esos países “desarrollados”, más aquella gente que aspira a una parten del botín del planeta, dirán: ¿De dónde salió este asocial, irresponsable? ¿Pretende convencernos que la propiedad es mala? ¿Cómo concibe al hombre en el mundo…, sin objetos personales y en las nubes?
2. Hoy debemos condenar a la propiedad como otros justos hombres la condenaron en el pasado . Por eso, expresamente digo al hombre nuevo (a ese que renacerá de las cenizas de esta civilizacion): “La propiedad es la madre de la miseria de la humananidad. La propiedad alienta y justifica la voracidad humana. En la propiedad está el germen de la destrucción de la Vida en la Tierra” .
3. Y todos la debemos condenar y anular. Porque si no anulamos a la propiedad como al instrumento más poderoso de destrucción que tiene en las manos el individuo, ¿cómo podríamos detener a la Plaga Humana? ¿No sería ilusorio, inefectivo e hipócrita el esfuerzo ulterior que se haga para neutralizar la destrucción de la Tierra?¿No la debemos erradicar como instrumento político de la sociedad, del individuo, y de los grupos? Sí, puesto que cuanto mayor sea esta propiedad, mayor será su poder destructivo: Pues, en las manos del hombre la propiedad sobre lo necesario es una bendición, una maldición cuando esa propiedad se extiende y sobrepasa a lo necesario; cuando esa propiedad se convierte en riqueza, en poder y en dinero corriente que puede comprar y controlar el trabajo y a los que trabajan, a la vida y al pensamiento de los hombres.
4. Un hombre puede llamar “mías” a sus manos, “mía” a su cabeza, a sus ojos, “míos”. Pero no puede ser propietario de una sola hoja de un árbol y menos, tener el derecho de decir: “Esta parte de la Tierra, ese caballo, ese océano y aquella montaña son míos… Y, por lo tanto, puedo hacer con ellos lo que me apetece”.
Consideraciones
• Condenar la propiedad es, como se ve, de vital importancia para enjuiciar con seriedad a los propietarios y a su acción acreciente y nociva. Porque no se enjuicia aquí a la propiedad sobre algo específico e ineludible (como el derecho del hombre a poseer un rancho o un pedazo de tierra para sembrar o criar) sino a la propiedad extensiva, a esa que se la consiguió a la fuerza primero, después en el mercado, comerciándola y mezclándola con poder y sangre. Es decir, a aquella propiedad acumulativa que ha desencadenado la competencia y las ansias exorbitantes. Porque la propiedad sobre algo directo -de derecho natural y común-, como el tiesto con el que se bebe agua o los calzados con los que uno se protege los pies, y que la recta razón juzga inviolables e inalienables, queda fuera de cuestión. Lo que debe condenarse como maligno es a la propiedad como objetivo económico de enriquecimiento y como instrumento político de dominio.
• Lo grotesco y superfluo de nuestra civilización, más su carácter generativo y degenerante (hacedor y destructor), se manifiesta en los múltiples y serios efectos registrados directamente en la conciencia y en la vida práctica y diaria de cada hombre. La glotonería y avaricia, por ejemplo. Esa tendencia grosera y posesiva, que nos compele a acumular como si no fuésemos transitorios y mortales.
• La irracionalidad y prepotencia están garantizadas por la sociedad: los individuos cuentan con la anuencia y cooperación de sus congéneres para emprender todo tipo de idea o empresa útil o descabellada que crean “rentable”. En nombre de su “desarrollo” las naciones confieren a terceros (empresas o a singulares sujetos) libertad de acción y decisión para alterar y trastocar la naturaleza a su antojo.
• En nombre de la tan acariciada y codiciada riqueza, generalmente acumulada en pocas manos, se ha destruido la integridad natural. ¿Alguien ha pensado seriamente en esta estupidez? La idea de usar las materias del mundo para construir el paraíso terrenal humano, está incrustada en el alma como un conjunto de virtudes, como la potencia que nos faculta a participar personalmente en la generación de esta horrenda utopía. Y, porque tenemos esta certeza, ni siquiera dudamos del valor de este objetivo; al contrario, estamos seguros que por esta prerrogativa se justifica que el poder humano lo controle y aniquile todo.
9/2/14
La vaca sagrada
Como ya se sabe, el gobierno quitó el cepo al dólar y
empezó la polémica. Una de las consecuencias ha sido que el precio de la carne
aumentó de golpe un 22%. Pero las vacas siguen siendo las mismas; miren:
Ante los hechos, he pensado en algunas ideas alternativas, a saber:
1) Hacerse vegetariano.
Ser vegetariano en Argentina es poco menos que volverse
underground. El tiempo medio de espera en una carnicería el domingo al mediodía
es de 20 minutos, dejados a la meditación del cliente que ha llegado antes que
tú. Tiene qué decidir cuánto llevará de vacío -si kilo o kilo y medio- y
cuántos chorizos, para quedar bien con
los cuñados. Esto es importantísimo: al asado hay que estudiarlo con ojo
clínico, para que se afirme en el ojo la condición masculina y su experiencia
en el arte de asar.
De todas maneras, y por si te interesa ahorrar dinero y
jugos digestivos innecesarios, hay una página muy apetitosa, que además
-¡sorpresa!- es de Argentina:
2) Hacerse respiracionista.
Para quienes no lo sepan, el respiracionismo es una
práctica que consiste en vivir sin comer. Los respiracionistas afirman que el aire,
la luz y el agua son todo lo que necesitan para alimentarse. Una variante del
respiracionismo sería el llamado "sun gazing" (curación por el sol, o curación solar) de un tal Hira Ratan
Manek, que asegura haber vivido durante años sin otro alimento que la luz solar.
Acá les dejo una entrevista:
Y un video:
Parece tentador como alternativa a la hecatombe que
vienen anunciando algunos medios argentinos, después de que el gobierno decidiera
dar rienda suelta al dólar (nuevamente). Suba o baje, al menos así podríamos zafar
del apocalipsis que amenazan los parches de prensa del youtube, mientras uno intenta
disfrutar de un buen video. Me imagino un éxodo en masa al norte en busca del
bien precioso: un sol que raje la tierra. El suficiente como para alimentar a
toda la población de varias provincias, que ya querrían tener un Hira Ratan
Manek propio para alimentarse nada más que a base de luz solar. Vivir del aire
y el sol acabaría no sólo con el problema argentino, sino latinoamericano.
3) Hacerse faquir
Esta práctica se viene desarrollando desde hace mucho en
Argentina, en ocasiones de manera fortuita y no de forma premeditada, como ocurre
con los verdaderos faquires. El faquirismo (o como se diga) argentino consiste
en ejecutar retos de resistencia física y mental ante cualquier situación que
produzca stress, como lo es hallarse ante un cartel con un listado de precios
sin que uno empiece a hiperventilar. La medalla de oro del faquir se obtiene el
día en que uno decide no quedarse ni un minuto más delante de la carnicería,
dispuesto a perder su tiempo, el 22% de su dinero y su salud.
Ves que hay alternativas...
La venganza de la vaca sagrada.
2/2/14
La creación
La búsqueda sobreviene de repente. Llega, en realidad, como un encuentro. Mejor dicho: es un encuentro. El buscador involuntario se convierte en alguien que ha encontrado justo lo que otros buscaban. El encuentro se recibe en silencio, con un cierto hermetismo. Las piezas son recogidas de la memoria arcana y subidas a un lienzo donde cabalgan ajenas al desconcierto de los que siguen buscando.
Textura como
primer nombre de la tierra.
Tierra como
primer nombre de la materia.
La primera
molécula se hace espora y se aparea. Surje la vida.
La vida que
viene del cometa.
La vida que
sube por la cuesta de los siglos.
La molécula que me compone repite el universo que me
contiene, me repite de un modo sigiloso. Contundente.
La parte construye
el todo y la someto al microscopio del pincel y del chorro de pintura. Cada
parte describe una geografía multinivel. Un paisaje desaforado, surgiendo por
sí mismo; por obra de la contingencia.
El tiempo
hace su labor.
La boca se
me hace agua.
El color me
sabe a fondant.
Someto el
cuadro a la lente de mi cámara y hago click.
Click sobre la madriguera de la serpiente
que estaba antes del hombre.
Era
primaria, antes de que el hombre fuese. Parece que al principio fue una
anémona, luego hubo un festival de criaturas animales y vegetales en
movimiento. Pulpos, peces, moluscos, plantas subacuáticas, anémonas… Un
banquete vital a la vez perfecto y caótico, donde cada criatura ocupaba su
propio espacio, en el infinito entramado de la creación. No había dos iguales
ni dos que se comportaran de la misma manera.
¿Qué mente
pudo ser capaz de crear una obra tan infinita, tan perfecta? ¡Quién!
¿Encontraré alguna vez palabras para expresar mi asombro y mi gratitud?
¡Nunca!
Cuando, años después, llegaron hasta mí las primeras palabras del Génesis, hallé por primera vez una posible respuesta a mi visión. Instantáneamente esas palabras me transportaron a un momento del tiempo grabado en lo profundo en mi memoria:
Cuando, años después, llegaron hasta mí las primeras palabras del Génesis, hallé por primera vez una posible respuesta a mi visión. Instantáneamente esas palabras me transportaron a un momento del tiempo grabado en lo profundo en mi memoria:
… y el
Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.
Entonces me
fue mostrado que todo es vida, que no hay muerte, que el sentido de la vida es
la vida en sí misma. Comprendí que todo está siendo creado a cada instante, y
que nosotros, y que todos los seres de la tierra y fuera de la tierra, los
visibles y los invisibles, vivimos y morimos través de Él. Comprendí también
que todo está muriendo para que la vida continúe, que esto es perfecto y es
como tiene que ser. Lo cual es básico, sencillo, profundo y aterrador.
Haz que el agua me llame.
Que el árbol me sea
hasta que me haga pájaro.
14/1/14
La disolución del binomio
El halcón,
el vuelo en picado
y la liebre
son uno.
-Gary Snyder
¿Dónde reside la verdadera transgresión del pensamiento?
En la certeza de que tanto en el suicida como en el asesino, el impulso
criminal es el mismo. Lo único que cambia es el objeto. Sin embargo -y sólo en
ocasiones- el suicida puede inspirar compasión; el asesino, no. El asesino
siempre es imputable. Podrá ser un tópico, sin embargo pocas veces he visto que alguien hiciera una
reflexión profunda en lo que respecta a suicidio y sociedad. El suicidio
sigue siendo un temá tabú en la sociedad "del placer".
Bert Hellinger afirma que a veces, el impulso suicida es
el resultado de un movimiento compensatorio del destino: de no ser suicida,
éste se convertiría en asesino. Parece que vamos pasando de rol en rol, y que
la tendencia actualizante de Carl
Rogers puede llevarse también al plano metafísico, donde la muerte nos recibe
en brazos, en pro de un nuevo desarrollo. Este post no hace apología del
suicidio: sí de la compasión. Y no sólo hacia el suicida, sino también -y sobre
todo- hacia el asesino que hay en él. Porque el suicida resume en si mismo un
binomio: el de víctima/victimario, dos roles que a escala social están
separados.
Pero es sólo en apariencia. No olvidemos que todo el que
ha sido víctima, a la larga acabará siendo victimario y viseversa. Esto resulta,
en cierta manera, fácil de comprender aunque difícil de digerir. Especialmente
cuando los roles están integrados en una misma persona, que no es ni más ni
menos que un reflejo de un síntoma social de represión del dolor en pro de unos
placeres ilusorios y unánimes: la dictadura del placer. Separamos los roles
porque aceptar el dolor -única manera de trascenderlo- se vuelve una tarea poco
menos que heroica. Pero éste sería el único movimiento hacia la paz.
Mejor es eliminar al asesino, excluirlo, condenarlo de
por vida y por generaciones, sepultarlo para siempre en lo más profundo de la
sombra colectiva, que se constituye en victimario al haber sido, antes,
víctima. Hablar de reconciliación, en estos casos, es tanto o más transgresivo
que hablar de pena de muerte.
El resultado es que volvemos a repetir una y otra vez, y
por los siglos de los siglos, la misma dinámica víctima/victimario, de la que a
continuación nos quejamos, justificando siempre con toda razón a la víctima y
condenando al victimario... también con toda razón. ¿Dónde estaría la
evolución? En la conciencia. Pero no en la conciencia de "ser bueno"
o "ser malo", sino en la conciencia de que hemos de abrazar tanto a
la víctima como al victimario dentro de nosotros, para que por fin se disuelvan
en el exterior. Lo sé, voy demasiado rápido: antes de abrazarlos, habrá que observarlos.
Y aquí es donde el humano, antes de convertirse en "héroe", se define
como peregrino y viajero de si mismo.
Tanto en Oriente como en Occidente, muchos mitos hacen
mención a este viaje como el único y verdadero objetivo de nuestro paso por
Aquí. La peregrinación a través de la sombra puede ser tanto una maldición
(hundimento en y de si mismo) como una bendición (impulso de crecimiento y
luz), aunque nunca se constituye en ceguera. En esta instancia podremos estar
dolidos; ciegos, jamás. Se trata de un momento crucial en el que tanto víctima
como victimario emergen, y se contemplan tal cual son. No es el momento de
tomar ninguna decisión. Es únicamente el momento de observar. En este punto algunos se vuelven suicidas, otros salvan
la vida y otros se convierten en místicos. Aquí hay para todos los gustos, y el
"infierno" es sólo una elección entre tantas.
La observación no admite juzgamiento -esto es también
difícil- ya que en cuanto surge el juicio, surge instantáneamente el binomio y
alguien se identifica con alguien. Sea víctima o victimario (o en el caso del
suicida, los dos a la vez) no existe posibilidad de reconciliación. Como
sabemos, el proceso es lento -nos ha llevado ya unos cuantos millones de años-
aunque tal reconciliación parece ser un buen camino, tanto en lo individual como
en lo colectivo, para llevarnos a la disolución del binomio.
La pregunta clave sería, ¿cuántos de nosotros estamos
dispuestos a esa disolución? Es decir, ¿cuántos de nosotros seríamos capaces de
hacer un movimiento realmente evolutivo hacia ahí? ¿Se trata de un destino, o
podemos avanzar hacia la disolución sin dolor y por pura voluntad de
aprendizaje?
Sea, la voluntad, bienvenida. Sea, el dolor pre-natal que
llega para ser trascendido, bienvenido. Ante él me inclino, y en el aire puro
de la pérdida -si lo es- me entrego con respeto (y algo parecido a la humildad,
que esa lección aún no la he aprendido) y le honro diciendo: Yo acepto.
El asesino que hay en mí me mira directamente a los ojos.
También la víctima. Yo los miro. Estoy a punto de abrazarlos.
11/1/14
Nueva espiritualidad y nihilismo ingenuo
De la puesta en cuestión del
capitalismo industrial ha emergido una nueva "espiritualidad" capaz
de combinar rasgos de prácticas y discursos religiosos (la ola new age y los orientalismos) con
creencias no religiosas pero sí espirituales como la fe en el libre mercado y
en el consumo como capacidad de perfeccionamiento del ser humano.
Pierre Levy escribe imbuido
de esa espiritualidad:
El
punto de encuentro entre economía e inteligencia, el centro secreto de la
sociedad humana del futuro es probablemente la capacidad de escucha y
manipulación de la conciencia colectiva que fluctúa en los millones de canales
del ciberespacio. El punto esencial es que esta manipulación está ella misma
guiada por el vagar de la atención y la inteligencia colectiva fractal que el
marketing on-line trata de captar y comprender en todos sus modos. Este nuevo marketing
puede caracterizarse como el proceso de interfaz dinámico y circular por medio del
cual la conciencia colectiva toma conciencia y se manipula a si misma… las
instituciones, los estados los partidos, las empresas, las asociaciones, los
grupos, los individuos, que desdeñen el estudio de los modos para insertarse en
los procesos de la inteligencia no podrán esperar jugar ningún papel importante
en el mundo que viene.
Economía y espiritualidad
son una y la misma cosa, un mismo espíritu que se auto-regula y auto-dirige sin
necesidad de intervención externa. Los creativos, los publicistas los
intelectuales, los dirigentes, los periodistas, los empresarios y los
administradores serían la culminación de un proceso de perfeccionamiento en que
mercado y deseo se vuelven completamente transparente el uno al otro.
Hemos pasado de una lucha
contra una visión del mundo que anulaba y subordinaba el deseo, las creencias y
el pensamiento a la técnica, a un momento de la historia en que sólo las ideas
y los símbolos son considerados como reales mientras que los cuerpos son
infravalorados, desachados, invisibilizados.
…
Juramos estar abiertos a lo
imprevisto, a lo contingente, a lo sorpresivo, pero en realidad somos la clase
más perversa de conservadores: nuestra vida misma es una prevención ante la
vida, una esterilización del futuro.
Nadie sabe por qué, pero lo
importante es mantenerse disponible. Como a los personas de Beckett, nos
idiotiza una espera sin sentido. El abandono ingenuo es el movimiento falso de
la abdicación, que a fin de cuentas resulta siempre más beneficiosa para las
empresas y, más que una fuga creadora, termina una circunvolución, un giro
sobre sí del sistema, un movimiento circular que concluye en el preciso punto
en que vuelve a empezar.
Casi podría decirse que la
condición de toda acción es no creer en ella. Como dice Houellebecq: El que no creamos e las cosas que hacemos no
quiere decir que no las hagamos. Eso es nihilismo ingenuo: creer que basta
con no creer.
En algún punto el deseo de abandono
es más fuerte que el deseo de transformación. La contracara del deseo conectivo
es el deseo dispersivo de la abdicación que vuelve intolerable cualquier
compromiso a largo plazo.
Preferir la incertidumbre
cierta de la dispersión a la incertidumbre imprevisible de un colectivo por
construir. Nihilistas sin principios que negar, alcanzamos el paroxismo el
nihilismo por medio el deseo: no sé lo que quiero pero lo quiero ya. Y en ese
no saber, que es también una forma de no querer, quedamos atrapados girando sobre
nosotros mimos, sin sentido, sin dirección, perdido todo compromiso con el mundo
y con nosotros
mismos.
El nihilismo ingenuo es un
no querer débil disfrazado de no querer. Su mala fe consiste en presentarse
como negador, cuando su efecto es el de una leve, levísima aceptación.
...
El viejo nihilismo precisaba
de un trabajo del NO. Hoy se niega la
vía abstención de toda labor. El "nuevo capitalismo" interpreta,
piensa y explota esta falta de situación, ofreciendo un espacio de
conectividad, y algo de dinero. La empresa se pone así "en serie" con
el resto de la experiencia vivida. Si el viejo nihilismo en sus mejores
expresiones aspiraba a nadificar los valores, éste se conforma con creer en su
no creer, se conforma con unos valores que no reclaman ninguna fe, ya no se nos
pide que creamos, sino sólo que funcionemos. Toda fe es prescindible. Toda
lucha es loca y redundante. Tener una fe es caer en un exceso de adhesión
inútil.
Debe haber, sin embargo,
quien persista aún en su deseo de inventar mundo.
¿Quién habla? Lucha contra
la esclavitud del alma en los call-centers
Colectivo Situaciones
Tinta Limón Ediciones
Buenos Aires, 2006
12/12/13
Los alien ya están aquí
Lucrecio Bonforte fue un importante investigador de la vida extraterrestre muy de moda hasta fines de los '90. Hemos decidido transcribir algunas de sus reflexiones, que unidas a sus descubrimientos, aún hacen las delicias de los aficionados al tema:
Se inicia el debate sobre la convivencia con los alienígenas. Todo un tema, al parecer. La tecnología ha venido a demostrar que si los alienígenas son en parte obra humana -o viseversa-, algo de verdad habrá en eso de que existen. Cierto es que se tenía noticias de ellos desde tiempos bíblicos, sin embargo no se confirmó su advenimiento hasta que sus adalides se pusieron en contacto con los internautas vía 2.0. A nadie se le hubiera ocurrido pensar en un pleyadiano jurando en los medios que él no se comerá los marrones de nadie. La cosa funciona más o menos así: el colectivo extreterrestre ha elegido para comunicarse la vía de la world wide web, el correo electrónico y en casos excepcionales, la del virus informático al uso. Luego abundan los opinólogos, gente que pretende criminalizar la emigración extraterrestre antes de que ésta haya -si cabe- sucedido. Sorprende la contraparte emocional del presagio: si bien se ha pensado en todo tipo de estratagemas para evitar la supuesta invasión, por el otro se niega a rajatabla la existencia de tales entidades.
Raro.
Escepticismos aparte, sientan precedentes las pesquisas setenteras llevadas a cabo a ambos lados del Atlántico por grupúsculos radicales que hoy día son un clásico. Ashtan Sheran es un hecho conmprobado desde que existe la Wikipedia, y como se sabe, el Arcángel Miguel es un alien. Según fuentes especializadas procedería de las Pléyades, y el famoso dragón sería un reptiliano primitivo, versión embrionaria de nuestro austrolophitecus glaciar. Algo más tarde, y ya en pleno auge del 2.0, iban a sellarse los poros abiertos por Ezequiel en el famoso pasaje de los cuatro seres vivientes, con la bizarra teoría de una especie dominante, predadora y tecnológicamente superior: los annunaki. Chitauri, en la más que turbadora -¿flagrante a la manera de Warhol?- versión de Credo Mutwa, que dijo haber tenido un encuentro cercano con ellos en el interior de cierta montaña sudafricana. Este refinado modelo de reptiliano última generación (el chitauri-annunaki) parecía ser el que controlaba el cotarro, aunque paralelamente llegó a hablarse de rizomas, sopas cuánticas y entidades yendo y viniendo a través de las estrellas sin pagar peaje, una iniciativa que podría ser considerada en la Tierra como variante de impregnación cultural.
Sin embargo, los pleyadianos no deberían confundirse con sus vecinos de Sirio, con los que guardan un parecido físico importante y, por qué no, una ética intergaláctica similar, con claras diferencias en lo que respecta a su política de comunicación con los humanos. Para más datos, la primera migración pleyadiana se produjo hacia los años 60 a través del canal Eugenio Siragusa. Se trató de una migración telepática. El encuentro provocó tal euforia colectiva que no tardaron en prosperar las sectas. Lo que se mantuvo vigente fue el culto al profeta Ezequiel, y frente a ello surgía la hipótesis del origen extraterrestre del Arca de la Alianza y del propio Yavéh.
Fue cuando empezaron a reportarse los primeros encuentros aislados con entidades venidas de las estrellas, a saber: el caso de Leire, vizcaína de 70 años, vecina de la localidad de Arratzua. La mujer aseguraba haber sido preñada por un extranjero de gran estatura, pelo rubio y ojos anaranjados. Un fenómeno inexplicable. Cuando le preguntaron si podía identificar la nacionalidad del personaje, la mujer cambió su acusación: no se trataba de un extranjero sino de un extraterrestre. De ojos anaranjados. Y no hay humano en este mundo que tenga ojos anaranados, como se sabe. Esto sin contar con el detalle de que no hay humano en este mundo que pueda preñar a una abuela de 70 años.
Se presentó el conflicto de si Leire debía seguir adelante con el embarazo o abortar, ya que la sanidad pública le ponía reparos a la hora de atender su preñez. La razón: no estaban seguros de que lo que llevaba en el vientre fuera un ser humano. Así que le sugirieron abortar, pero Leire no quiso: ella no iba a quitarse al niño por muy extraterrestre que fuera. Su familia intentó contratar una póliza, pero ni así hubo suerte. Cuando le contaron su caso la empleada fue categórica: Leire no tenía derecho al beneficio, estaba en el límite de edad. Además la póliza no cubría enfermedades preexistentes. Aunque el escándalo de la abuela preñada por un extraterrestre llegó muy lejos, fue inútil intentar convencer a la empleada de que no se trataba de una enfermedad sino de un embarazo.
Parece que su preñez se ”esfumó”, así como por arte de magia, hacia los cinco meses de gestación. No hubo aborto, ni hemorragia, ni se habló de embarazo ectópico o imaginario. El asunto movía más a risa que a investigación. Muy a regañadientes, un médico daría fe de que donde antes había latidos ya no había nada. El vientre de Leire, normalmente abultado por el supuesto embarazo galáctico, volvió a la normalidad en cuestión de semanas, y el asunto quedó semi-sepultado en la memoria de Arratzua como la leyenda de la abuela preñada por un alien. Leire moriría dos años después asegurando que había dado a luz en una nave espacial, y que su hijo crecía feliz con su padre y sus hermanos en un planeta con dos soles.
Luego estaba Auguste Lefebvre, “el Edgar Cayce francés”, un lechero del Languedoc. Viudo y con un hijo ya mayor instalado en París, vivía solo en su finca cuando empezó a tener los sueños. En el pueblo todos le conocían, era un hombre sencillo: "Auguste ne sait pas mentir", decían (August no sabe mentir). Tampoco sabía leer muy bien, lo que sí sabía era sumar y restar, habilidad a la que en sus años mozos había sacado provecho abriendo una panadería. Pero la cerró para dedicarse a sus animales. Auguste soñó durante meses con una entidad de aspecto andrógino llamada Akaakajoohuem, alto/a y moreno/a, de ojos color aceituna, rasgados y boca como de batracio. Siempre que conseguían sacarle información, Auguste afirmaba a pie juntillas que su amigo procedía de un planeta en la constelación del Cisne, y que le había subido a su nave una docena de veces para instruirle con sonidos musicales.
Cuando la finca empezó a llenarse de gente que venía de todas partes, la prensa puso atención en él. Auguste Lefevbre, el lechero analfabeto, curaba migrañas crónicas y quistes de toda clase instruido por un alien. Milagro. Auguste Lefebre, el ex panadero de Ouveillan, curaba el cáncer sin más tecnología que una mirada perdida en el techo mientras el supuesto paciente aguardaba tumbado en una camilla de segunda mano. Es decir, sin hacer nada de nada. Prodigio.
Fuera del consultorio nadie sabía qué decir, aunque pasado el tiempo los tumores desaparecían. Empezó a curar también enfermedades mentales. Casos graves como el de Camille Touchand, una supuesta psicótica a la que muchos creían poseída por el diablo, que salió completamente curada de su -eso sí, improvisado- consultorio y acabó, con los años, trabajando de presentadora en La Quatre.
Los problemas de Lefrebvre no empezaron hasta que su pericia llegó a oidos médicos. El primero en perder clientela fue el favorito del pueblo, doctor Omar Mahárbiz. El hombre llevaba la mayor parte de su vida residiendo en Ouveillan con su padre, un inmigrante sirio que había trabajado muy duro para que su hijo pudiera sacarse el título. Todo el mundo le quería. En Ouveillan, la palabra de Omar iba a misa.
Sin embargo la palabra de Omar no curaba tumores y el tímido silencio de Auguste, sí. Que lo hiciera gratis lo hacía todavía más provocador. Cuando le preguntaban por qué no le sacaba ningún provecho a su don, Auguste respondía que no era él quien actuaba, sino Akaakajoohuem. La gente acudía desde todos los rincones de Francia; también desde afuera: él nunca cobraba a nadie y jamás les recetaba medicación. Omar Mahárbiz estaba tan rabioso que intentó ponerle freno por vía judicial, y hasta hubo escándalo con comentarios insidiosos sobre el estado mental del lechero, y comadreos que adquirían tintes buñuelescos siempre que a alguien le diera por emprenderla contra esos extraterrestres que vienen a robarle el trabajo a los humanos.
Otro sonado caso fue el de Eusebio Nájera, un archivista de treinta y cinco años, casado y con dos hijos, de Colonia, Uruguay. Parece que una noche estaba en su camioneta y de pronto se encontró tendido sobre una camilla metálica, bajo la mirada escrutadora de dos bujías negras incrustadas en el rostro de un hombrecillo con todas las trazas de ser un pigmeo que ha pasado por la primera fase de un crematorio. Las bujías iban y venían junto con las manos de "un petiso pelado gris que me clavaba unas agujas en la panza como si yo fuera un pollo". Según Nájera, al observarse a si mismo era como si estuviera observando a otra persona, de ahí que no experimentara ningún tipo de dolor. Se lo contó a la prensa especializada: "me insertaron unos chirimbolos en la entrepierna, detrás de la oreja y en el dedo gordo del pie… ¿ves?"
- Yo tengo uno, también -dijo Lucrecio Bonforte, mientras lo trasladaban al neuropsiquiátrico del Sant Joan. Y se remangó para que los enfermeros pudieran apreciar el implante que tenía en el antebrazo: una berruga de nacimiento.
Cuentan que mientras se paseaba por los pasillos de la unidad psiquiátrica del hospital esperando para ser medicado, tomaba por asalto a pacientes, médicos y enfermeras.
- ¡Racistas! - les increpaba sin más.
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Lo que acabas de leer es un viejo cuento que escribí en Madrid allá por 2010, cuando creía en las conspiranoias.
¿Conspiranoias? Todo es cuestión de puntos de vista.
En el siguiente video verás a Paul Hellyer, el ex Ministro de Defensa del Canadá -y no un ufólogo- hablando sobre un tema controversial: la vida extraterrestre dentro del planeta. ¿Convivimos con alienígenas? Un viejo tema, y ya una leyenda urbana ¿o realidad?
Si lo que Paul dice fuera cierto, pondría en cuestión todos nuestros sistemas de valores y muchas de nuestras creencias fundamentales se derrumbarían. Desde ahí puede entenderse, creo yo, que el gobierno americano no lo dé a conocer. Sería un desastre maravilloso... o la mejor patraña de todos los tiempos.
Y además, si los humanos no somos capaces de aceptar nuestras propias diferencias dentro del planeta, ¿qué nos pasaría con los de afuera?
Raro.
Escepticismos aparte, sientan precedentes las pesquisas setenteras llevadas a cabo a ambos lados del Atlántico por grupúsculos radicales que hoy día son un clásico. Ashtan Sheran es un hecho conmprobado desde que existe la Wikipedia, y como se sabe, el Arcángel Miguel es un alien. Según fuentes especializadas procedería de las Pléyades, y el famoso dragón sería un reptiliano primitivo, versión embrionaria de nuestro austrolophitecus glaciar. Algo más tarde, y ya en pleno auge del 2.0, iban a sellarse los poros abiertos por Ezequiel en el famoso pasaje de los cuatro seres vivientes, con la bizarra teoría de una especie dominante, predadora y tecnológicamente superior: los annunaki. Chitauri, en la más que turbadora -¿flagrante a la manera de Warhol?- versión de Credo Mutwa, que dijo haber tenido un encuentro cercano con ellos en el interior de cierta montaña sudafricana. Este refinado modelo de reptiliano última generación (el chitauri-annunaki) parecía ser el que controlaba el cotarro, aunque paralelamente llegó a hablarse de rizomas, sopas cuánticas y entidades yendo y viniendo a través de las estrellas sin pagar peaje, una iniciativa que podría ser considerada en la Tierra como variante de impregnación cultural.
Sin embargo, los pleyadianos no deberían confundirse con sus vecinos de Sirio, con los que guardan un parecido físico importante y, por qué no, una ética intergaláctica similar, con claras diferencias en lo que respecta a su política de comunicación con los humanos. Para más datos, la primera migración pleyadiana se produjo hacia los años 60 a través del canal Eugenio Siragusa. Se trató de una migración telepática. El encuentro provocó tal euforia colectiva que no tardaron en prosperar las sectas. Lo que se mantuvo vigente fue el culto al profeta Ezequiel, y frente a ello surgía la hipótesis del origen extraterrestre del Arca de la Alianza y del propio Yavéh.
Fue cuando empezaron a reportarse los primeros encuentros aislados con entidades venidas de las estrellas, a saber: el caso de Leire, vizcaína de 70 años, vecina de la localidad de Arratzua. La mujer aseguraba haber sido preñada por un extranjero de gran estatura, pelo rubio y ojos anaranjados. Un fenómeno inexplicable. Cuando le preguntaron si podía identificar la nacionalidad del personaje, la mujer cambió su acusación: no se trataba de un extranjero sino de un extraterrestre. De ojos anaranjados. Y no hay humano en este mundo que tenga ojos anaranados, como se sabe. Esto sin contar con el detalle de que no hay humano en este mundo que pueda preñar a una abuela de 70 años.
Se presentó el conflicto de si Leire debía seguir adelante con el embarazo o abortar, ya que la sanidad pública le ponía reparos a la hora de atender su preñez. La razón: no estaban seguros de que lo que llevaba en el vientre fuera un ser humano. Así que le sugirieron abortar, pero Leire no quiso: ella no iba a quitarse al niño por muy extraterrestre que fuera. Su familia intentó contratar una póliza, pero ni así hubo suerte. Cuando le contaron su caso la empleada fue categórica: Leire no tenía derecho al beneficio, estaba en el límite de edad. Además la póliza no cubría enfermedades preexistentes. Aunque el escándalo de la abuela preñada por un extraterrestre llegó muy lejos, fue inútil intentar convencer a la empleada de que no se trataba de una enfermedad sino de un embarazo.
Parece que su preñez se ”esfumó”, así como por arte de magia, hacia los cinco meses de gestación. No hubo aborto, ni hemorragia, ni se habló de embarazo ectópico o imaginario. El asunto movía más a risa que a investigación. Muy a regañadientes, un médico daría fe de que donde antes había latidos ya no había nada. El vientre de Leire, normalmente abultado por el supuesto embarazo galáctico, volvió a la normalidad en cuestión de semanas, y el asunto quedó semi-sepultado en la memoria de Arratzua como la leyenda de la abuela preñada por un alien. Leire moriría dos años después asegurando que había dado a luz en una nave espacial, y que su hijo crecía feliz con su padre y sus hermanos en un planeta con dos soles.
Luego estaba Auguste Lefebvre, “el Edgar Cayce francés”, un lechero del Languedoc. Viudo y con un hijo ya mayor instalado en París, vivía solo en su finca cuando empezó a tener los sueños. En el pueblo todos le conocían, era un hombre sencillo: "Auguste ne sait pas mentir", decían (August no sabe mentir). Tampoco sabía leer muy bien, lo que sí sabía era sumar y restar, habilidad a la que en sus años mozos había sacado provecho abriendo una panadería. Pero la cerró para dedicarse a sus animales. Auguste soñó durante meses con una entidad de aspecto andrógino llamada Akaakajoohuem, alto/a y moreno/a, de ojos color aceituna, rasgados y boca como de batracio. Siempre que conseguían sacarle información, Auguste afirmaba a pie juntillas que su amigo procedía de un planeta en la constelación del Cisne, y que le había subido a su nave una docena de veces para instruirle con sonidos musicales.
Cuando la finca empezó a llenarse de gente que venía de todas partes, la prensa puso atención en él. Auguste Lefevbre, el lechero analfabeto, curaba migrañas crónicas y quistes de toda clase instruido por un alien. Milagro. Auguste Lefebre, el ex panadero de Ouveillan, curaba el cáncer sin más tecnología que una mirada perdida en el techo mientras el supuesto paciente aguardaba tumbado en una camilla de segunda mano. Es decir, sin hacer nada de nada. Prodigio.
Fuera del consultorio nadie sabía qué decir, aunque pasado el tiempo los tumores desaparecían. Empezó a curar también enfermedades mentales. Casos graves como el de Camille Touchand, una supuesta psicótica a la que muchos creían poseída por el diablo, que salió completamente curada de su -eso sí, improvisado- consultorio y acabó, con los años, trabajando de presentadora en La Quatre.
Los problemas de Lefrebvre no empezaron hasta que su pericia llegó a oidos médicos. El primero en perder clientela fue el favorito del pueblo, doctor Omar Mahárbiz. El hombre llevaba la mayor parte de su vida residiendo en Ouveillan con su padre, un inmigrante sirio que había trabajado muy duro para que su hijo pudiera sacarse el título. Todo el mundo le quería. En Ouveillan, la palabra de Omar iba a misa.
Sin embargo la palabra de Omar no curaba tumores y el tímido silencio de Auguste, sí. Que lo hiciera gratis lo hacía todavía más provocador. Cuando le preguntaban por qué no le sacaba ningún provecho a su don, Auguste respondía que no era él quien actuaba, sino Akaakajoohuem. La gente acudía desde todos los rincones de Francia; también desde afuera: él nunca cobraba a nadie y jamás les recetaba medicación. Omar Mahárbiz estaba tan rabioso que intentó ponerle freno por vía judicial, y hasta hubo escándalo con comentarios insidiosos sobre el estado mental del lechero, y comadreos que adquirían tintes buñuelescos siempre que a alguien le diera por emprenderla contra esos extraterrestres que vienen a robarle el trabajo a los humanos.
Otro sonado caso fue el de Eusebio Nájera, un archivista de treinta y cinco años, casado y con dos hijos, de Colonia, Uruguay. Parece que una noche estaba en su camioneta y de pronto se encontró tendido sobre una camilla metálica, bajo la mirada escrutadora de dos bujías negras incrustadas en el rostro de un hombrecillo con todas las trazas de ser un pigmeo que ha pasado por la primera fase de un crematorio. Las bujías iban y venían junto con las manos de "un petiso pelado gris que me clavaba unas agujas en la panza como si yo fuera un pollo". Según Nájera, al observarse a si mismo era como si estuviera observando a otra persona, de ahí que no experimentara ningún tipo de dolor. Se lo contó a la prensa especializada: "me insertaron unos chirimbolos en la entrepierna, detrás de la oreja y en el dedo gordo del pie… ¿ves?"
- Yo tengo uno, también -dijo Lucrecio Bonforte, mientras lo trasladaban al neuropsiquiátrico del Sant Joan. Y se remangó para que los enfermeros pudieran apreciar el implante que tenía en el antebrazo: una berruga de nacimiento.
Cuentan que mientras se paseaba por los pasillos de la unidad psiquiátrica del hospital esperando para ser medicado, tomaba por asalto a pacientes, médicos y enfermeras.
- ¡Racistas! - les increpaba sin más.
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Lo que acabas de leer es un viejo cuento que escribí en Madrid allá por 2010, cuando creía en las conspiranoias.
¿Conspiranoias? Todo es cuestión de puntos de vista.
En el siguiente video verás a Paul Hellyer, el ex Ministro de Defensa del Canadá -y no un ufólogo- hablando sobre un tema controversial: la vida extraterrestre dentro del planeta. ¿Convivimos con alienígenas? Un viejo tema, y ya una leyenda urbana ¿o realidad?
Si lo que Paul dice fuera cierto, pondría en cuestión todos nuestros sistemas de valores y muchas de nuestras creencias fundamentales se derrumbarían. Desde ahí puede entenderse, creo yo, que el gobierno americano no lo dé a conocer. Sería un desastre maravilloso... o la mejor patraña de todos los tiempos.
Y además, si los humanos no somos capaces de aceptar nuestras propias diferencias dentro del planeta, ¿qué nos pasaría con los de afuera?
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