Nuevamente los antidepresivos bajo la lupa (y al banquillo).
23/9/15
15/9/15
Dogmas que asfixian
Los psicólogos argentinos se forman a espaldas de los centros científicos mundiales, consultan textos obsoletos en ediciones nuevas, no cuestionan la opinión de sus docentes ni la contrastan con las sedes de datos o las publicaciones extranjeras y, lo que acaso constituya el problema mayor, no perciben estas falencias o se ufanan de ignorar lo mucho que ignoran. Campos propicios para el reclutamiento, los departamentos, escuelas o facultades de psicología constituyen ámbitos donde no es posible hallar un perfil de graduado o una condición de logro convenida.
Alberto Vilanova. (2003) "Discusión por la Psicología". Mar del Plata, Argentina
Como todo, estuve a punto de cederle los derechos de mi
vida al dogma, y no por tentación, sino por falta de alternativas. ¿No se dan
cuenta de que las ideas obsoletas, por muy progresistas que parezcan, acaban
siendo conservadoras? Pero inútil es que proteste porque ya han hallado su
sitio privilegiado en la institución que las avala (y que no vive,
precisamente, a este lado del charco).
Si tuviera que decir cuál es mi principal problema hoy
mismo, diría esto: que me llaman intolerante por no ceder al dogma. Ésta es la
peligrosa trampa de todas las dictaduras, sean políticas, religiosas, ideológicas
o científicas. Y es así como se va limando a los pueblos, es así como se los va
dejando reducidos al nivel de una pasa, es así como consiguen que les digan que
sí. O simplemente que se dejen llevar por la cinta transportadora como carnes
de cañón para la vida automática. Según los gestores del dogma, no somos personas sino síntomas y trastornos que deberían adaptar su comportamiento a pautas supuestamente correctas. Lo ideal sería saber quién decide lo que es correcto y lo que no, sólo que de eso no se habla, dándose por hecho que "lo correcto" proviene de Dios. Y ahí es donde la ciencia racionalista y la religión se encuentran. Que es, justamente, donde la creatividad y el dogma se des encuentran.
8/9/15
Las plantas desde casa
Asisto
decepcionada al escaso interés que despiertan las plantas maestras en el país. Lamentable el desconocimiento y el manto de censura que se tiende
sobre ellas. Lamentable el abandono institucional de los pueblos originarios,
con más razón de sus usos y costumbres, incluida su religión. No es de extrañar
entonces que ni se conozcan los beneficios de los plantas maestras, y se las
lea desde el prejuicio producto del desconocimiento o la ignorancia. Y esto en
el mejor de las casos, ya que lo normal es ignorar
totalmente su existencia. Lamentable -e insólito- que yo haya llegado a
conocerlas en Europa, y justo en el país que en su momento arrasó con el
nuestro. No se vaya a malentender lo que digo: celebro que muchos españoles
actuales no ignoren el saber de nuestros pueblos originarios; que lo conozcan
más que muchos de nosotros ya es el colmo. Lo que no me gusta nada es que el
uso de las plantas se haya convertido en otro foco de colonización. Son nuestras
plantas, crecen aquí, pero casi no las conocemos. Cuando hablo sobre ello me
siento india en tierra extranjera, y esto es triste y absurdo. No podemos
criticar al colonizador cuando -por la razón que sea- nosotros no somos capaces
de defender nuestro patrimonio natural y cultural.
13/7/15
11/7/15
Lo sagrado
Lo
sagrado es restitución de un estado donde el hombre se reconcilia con el hombre
y la vida. Lo sagrado, lo que fue sagrado es algo terrible y quema como un amor
ausente. La poesía es un misterio que da cuenta de la gran ausencia de ese
mismo misterio, lo que desnuda y lo que viste. Los genuinos poetas que fundaron
las palabras, los que fundaron las formas que uno habita son hijos del mismo
secreto de su ausencia.
Héctor Berenguer
5/7/15
La cara de América
Me está pasando una cosa
últimamente. Y es que todos los discursos que me servían en otro contexto
(entiéndase, primer mundo-España) no siento que puedan servirme en éste. Yo me
pregunto si toda esta moda latinoamericana de andar esgrimiendo
posestructuralismos y posmodernidades importadas, aplicarán a nuestras
realidades más descarnadas sin que el asunto no empiece a resultar artificioso
y no llegue a provocar cierta
vergüenza ajena, especialmente si uno se adentra por la calle encharcada del
verdadero rostro de la América oscura que sobre-vive como puede, al otro lado
de las ideologías inauguradas en Europa. De esta América hambrienta de todo lo
que sea necesidad básica -comida, techo, salud, educación-. De esta América
nadizada, vaciada y viciada, desoladoramente infinita, en la que mis viejos
discursos no aplican, porque la cosmovisión del mundo es otro, sus dimensiones
son otras, sus necesidades son otras y otras son las preguntas, y por lo tanto,
otras deberán ser las respuestas. Me pregunto entonces a dónde se pretenderá
llegar aplicando esos modelos a este contexto, modelos que empiezan a dejar de
resultarme interesantes. ¡Y pensar que antes los encontraba iluminatorios!
Modelos que por otra parte conozco de cerca porque yo vivía en un contexto
donde en verdad aplicaban a la perfección. Y no sólo vi cómo aplicaban, sino
que también los vi caer.
Acá esos modelos sólo funcionan en ciertos círculos elitistas, universitarios, que no pueden aplicarse de ninguna manera sobre la clase menos privilegiada, como no sea para manejarla y cosificarla. Ese paternalismo me recuerda mucho a la actitud bienintencionada de la izquierda española progre hacia los sectores inmigrantes más vulnerables. Los posestructuralismos y las posmodernidades eran para la clase dirigente, satélite de alguna ONG o de algún organismo estatal o privado dispuesto a subvencionar algún proyecto donde quedara claro el papel protectivo del estado sobre los menos pudientes. Pero claro, hablamos de discursos creados dentro de ese continente y perfectamente legítimos para ese continente. Ver como se intenta imitar esos modelos y aplicarlos acá, repetir lo que ya se hizo en otra parte y luego desgarrarse las vestiduras en nombre de la patria, es como visionar otra versión de la criatura de Víctor Frankenstein muriendo en el polo, sólo que esta vez en la Antártida. Un híbrido monstruoso, una historia que nunca me gustó.
Entonces me pregunto dónde estará el discurso que necesitamos, el discurso que realmente nos encaje a nosotros, no ése que les aseguro es muy bonito, progre a rabiar y cool a más no poder, de la Europa que hasta por decadente es bonita. No y no, porque allá decadente significa algo muy distinto a la tragedia que puede significar esa palabra en nuestra América. No porque acá somos distintos, y no porque el mero hecho de intentar aplicar esos discursos para unos, excluye automáticamente a otros. En lo personal, el enorme abismo que encuentro entre las elites intelectuales y la pobreza abyecta de nuestra gente más humilde, me da vértigo. Hablo por experiencia, ya que la vivo de cerca. La veo a diario. Son dos mundos distintos, dos países distintos. Dos universos distintos. Es el país desmembrado de siempre, la difusión de una realidad fragmentada deliberadamente para que no podamos construir una imagen integral, el rostro completo de nuestra América desencajada. Cuando las partes se mantienen separadas es más fácil ejercer el control. Y si a las partes le aplicamos discursos importados, quizá nos haga la ilusión de que en realidad estamos progresando… la sensación de haber entrado -por fin- en la posmodernidad. El asunto es que para que estos discursos se sostengan es necesario minimizar la miseria real, y en lo posible, evitar cruzar la frontera que separa el jardín de la calle encharcada.
Sin embargo, ése es el verdadero rostro de América y es el que a mí me interesa. Es el rostro de los trapitos que ofrecen limpiarte el auto por unas monedas, gente invisibilizada por los gobiernos, gente bardeada por los medios, gente temida y estigmatizada por los visibles. Su discurso debería rastrearse. Su voz mestiza, criada a caballo entre la ciudad industrializada y varias generaciones de mestizos forzados a la transculturación en la gran capital de un país imponente, pueda quizá ofrecer las semillas de un discurso que se enterró hace ya mucho tiempo, y que por ser enterrado, los enfermó. Y nos enfermó a todos. Es el discurso en sombras -que no sombrío, ojo- del verdadero rostro de América, ése que yo estoy buscando, porque el otro, acá, ya no me sirve.
Acá esos modelos sólo funcionan en ciertos círculos elitistas, universitarios, que no pueden aplicarse de ninguna manera sobre la clase menos privilegiada, como no sea para manejarla y cosificarla. Ese paternalismo me recuerda mucho a la actitud bienintencionada de la izquierda española progre hacia los sectores inmigrantes más vulnerables. Los posestructuralismos y las posmodernidades eran para la clase dirigente, satélite de alguna ONG o de algún organismo estatal o privado dispuesto a subvencionar algún proyecto donde quedara claro el papel protectivo del estado sobre los menos pudientes. Pero claro, hablamos de discursos creados dentro de ese continente y perfectamente legítimos para ese continente. Ver como se intenta imitar esos modelos y aplicarlos acá, repetir lo que ya se hizo en otra parte y luego desgarrarse las vestiduras en nombre de la patria, es como visionar otra versión de la criatura de Víctor Frankenstein muriendo en el polo, sólo que esta vez en la Antártida. Un híbrido monstruoso, una historia que nunca me gustó.
Entonces me pregunto dónde estará el discurso que necesitamos, el discurso que realmente nos encaje a nosotros, no ése que les aseguro es muy bonito, progre a rabiar y cool a más no poder, de la Europa que hasta por decadente es bonita. No y no, porque allá decadente significa algo muy distinto a la tragedia que puede significar esa palabra en nuestra América. No porque acá somos distintos, y no porque el mero hecho de intentar aplicar esos discursos para unos, excluye automáticamente a otros. En lo personal, el enorme abismo que encuentro entre las elites intelectuales y la pobreza abyecta de nuestra gente más humilde, me da vértigo. Hablo por experiencia, ya que la vivo de cerca. La veo a diario. Son dos mundos distintos, dos países distintos. Dos universos distintos. Es el país desmembrado de siempre, la difusión de una realidad fragmentada deliberadamente para que no podamos construir una imagen integral, el rostro completo de nuestra América desencajada. Cuando las partes se mantienen separadas es más fácil ejercer el control. Y si a las partes le aplicamos discursos importados, quizá nos haga la ilusión de que en realidad estamos progresando… la sensación de haber entrado -por fin- en la posmodernidad. El asunto es que para que estos discursos se sostengan es necesario minimizar la miseria real, y en lo posible, evitar cruzar la frontera que separa el jardín de la calle encharcada.
Sin embargo, ése es el verdadero rostro de América y es el que a mí me interesa. Es el rostro de los trapitos que ofrecen limpiarte el auto por unas monedas, gente invisibilizada por los gobiernos, gente bardeada por los medios, gente temida y estigmatizada por los visibles. Su discurso debería rastrearse. Su voz mestiza, criada a caballo entre la ciudad industrializada y varias generaciones de mestizos forzados a la transculturación en la gran capital de un país imponente, pueda quizá ofrecer las semillas de un discurso que se enterró hace ya mucho tiempo, y que por ser enterrado, los enfermó. Y nos enfermó a todos. Es el discurso en sombras -que no sombrío, ojo- del verdadero rostro de América, ése que yo estoy buscando, porque el otro, acá, ya no me sirve.
3/7/15
Sobre la elitización del conocimiento en Latinoamérica
¿Por qué ya no vas a encuentros feministas latinoamericanos?
Mira, al último que fui tuvo lugar en un hotel de 5 estrellas en República Dominicana, con playa privada y policía que vigilaba la playa. El costo de inscripción rondaba los 200 dólares. Recuerdo que seis compañeras nos metimos en una sola habitación, ya habíamos gastado 800 dólares por pasaje. No había ni un solo debate sobre prostitución, cuando en la calle era generalizada. Los encuentros feministas latinoamericanos dejan tácitamente fuera a los sectores populares. Esto ya afecta completamente los sentidos y contenidos. No se organizan en lugares accesibles, porque no hay una voluntad política de hacerlo. Básicamente son encuentros que reúnen a funcionarias de ONGs que tienen un excedente económico para ir allí y pasarlo bomba.
¿Cuál fue vuestra conclusión?
A la vuelta, resolvimos que nunca más iríamos a un encuentro para el que hay que invertir sumas altísimas de dinero. Decidimos organizar, en cambio, dos encuentros feministas anuales en nuestro país. Hacemos uno en la zona andina de la Paz y uno en la zona tropical de Santa Cruz. Ofrecemos más de diez talleres de discusión, el almuerzo y toda la participación por un monto de tres dólares y lo hacemos en recintos públicos para bajar los costos. El impacto de estos encuentros es increíble.
MARÍA GALINDO (La Paz, 1964)
fundadora de MUJERES CREANDO
María Galindo dialoga con Oído Salvaje from Centro Experimental Oido Salvaje on Vimeo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





