El bostoniano Rick Harlow se pasó 23 años inspirándose en
la Amazonía colombiana. He aquí el resultado de su experiencia visionaria:
19/12/15
Brothers
Cada cuatro años los hermanos vuelven a pelearse. Una
especie de guerra fratricida cuyo campo estratégico es el lenguaje y la distribución del alimento. Los dos candidatos que se odiaban son de la misma sangre.
Algunos piensan que ganó Caín. Otros creen que Abel les salvará la vida. Y en
la guerra se confunden los nombres, las esperanzas y los bandos. Son el fruto de
una madre que no supo unir a sus hijos. Que los dividió. Uno y otro
probaron la ingobernabilidad del clan. Y ahora hay frustración. Mucha. O sea, como siempre. Aunque éste sólo sea el principio, ya empieza a notarse que la resignación amenaza con ganarle a la ira.
El clan cree que lo ha probado todo sin saber que nunca ha cortado el cordón. Hablando
en griego: el clan ignora que la realidad no es tal, sino sólo un montón de
sombras sobre un muro que él confunde con su padre.
Semilla
La main à la pluma vaut la main à charrue.
la mano que escribe es
igual a la mano que ara.
- Rimbaud
17/12/15
Reescribir la historia: número 0
En Argentina aún no se puede hablar de revolución sin que
la idea no se asocie con la guerrilla de los 70 y la dictadura infame de Videla.
Referencias atadas, anudadas dolorosamente a hechos traumáticos que mantienen
nuestra pobre libertad de pensamiento en shock. Padecemos un problema grave de autocensura. Nos hemos quedado como paralizados. Falta motivación. Falta un tejido comunicacional e informativo
completo, no fragmentario, que dé al conocimiento de la realidad el carácter ágil,
funcional, multidiscursivo, de una sociedad verdaderamente democrática. Faltan los
engranajes que podrían dar lugar a un tipo de discurso como ése, y lo que es
más triste, no se tiene conciencia de que faltan porque se vive mirando para
adentro -en dirección al ombligo-, en una especie de intimismo narcisista
producto de la frustración que producen los golpes. Los golpes que ya no
sabemos si son auto infringidos o nos caen desde arriba (o desde abajo) y si
seremos o no capaces de esquivar el próximo, o si incluso no llegaremos a
desearlo...
Pero es inútil: no se puede calcular la altura de ninguna
cima sin tomar cierta distancia de su base. Hay que perderle el miedo a dejar
el sitio asignado por el mandato y salir a buscar el fuego. Dejarse empujar
hacia abajo y caer en picado para remontar
vuelos imprescindibles.
Quizá algún día, dentro de algunos siglos, y ya pasada la
edad media... surja una revolución en paz
16/12/15
Rendirse al Misterio
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| Nicanor Parra-Miguel Grinberg-Allen Ginsberg / La Habana (Cuba) 1965 |
No se trata de imponerse principios para liberar la energía y navegar sin rumbo en el caudal de los impulsos vitales. Rendirse en acompañar sus movimientos, sus eclipses, sus erupciones, sus coordenadas, sus tormentas. Sin eludir, pero tampoco yendo más allá de lo que la conciencia nos reclama. O yendo más allá pagando el precio, pero NUNCA arrastrando a los otros, nunca colgando en los demás pesos, culpas o pesadillas que no les corresponden. No somos los jueces, pero tampoco los verdugos. Si queremos ser victimarios de nosotros mismos, adelante. Si queremos víctimas: nosotros mismos. Lo desconocido puede ser fatal. Sabiendo que de todas maneras somos parte de un TODO energético, que no corresponde desvelar porque es el Misterio en sí mismo, pero no el "misterio" sostenido por los organizadores de la Fe para justificar su ignorancia y someter a los timoratos. Este Misterio al que me refiero es a su vez la Evidencia. Puede darse en cualquier instante de mil modos posibles, en las más dispares circunstancias.
Miguel
Grinberg. Memoria de los ritos paralelos (1964)
12/12/15
El dios evolutivo
La evolución de Dios en la mente humana (quien quiera
entender, que entienda).
***
¿Acaso no tenemos algo en común con los pimpollos de la
rosa, que tiemblan por sentir sobre sus pétalos una gota de rocío?
Es verdad: Amamos la vida no porque estemos habituados a
vivir, sino porque estamos habituados a amar.
En el amor hay siempre algo de locura, pero también hay
siempre en la locura algo de razón.
Y también yo, que estoy bien avenido con la vida, estimo
que quienes mas saben de felicidad son las mariposas y las burbujas de jabón, y
todo cuanto a ellas se parece entre los hombres.
Ver como revolotean esas almitas ligeras, locas
encantadoras, volubles; arrancan lágrimas y canciones.
Yo sólo creería en un Dios que supiera bailar.
Cuando vi a mi demonio, le hallé serio y grave, profundo
y solemne. Era el espíritu de la pesadez: por él caen todas las cosas.
No se mata con la ira, sino con la risa: ¡Matemos pues al
espíritu de la pesadez!
Aprendí a caminar, y desde entonces, corro. Aprendí a
volar, y desde entonces no tolero que me empujen para pasar de un sitio a otro.
Ahora soy ligero, ahora vuelo, ahora me veo a mi mismo
por debajo de mí, ahora un Dios baila en mí.
Así habló Zaratustra. Friedrich Nietzsche
11/12/15
Así como en Argentina
Me acuerdo de aquellos tiempos (no hace tanto tiempo). Salieron
a batir cacerolas y hasta en los cacharros había diferencia. Ellos esgrimían
cacerolas nuevitas. Las nuestras van pasando de generación en
generación por necesidad. Recuerdo aquel 25 de mayo de 2011, la paradoja de
vivir una revolución maya en otro país. Cuando me oían hablar -argentina hasta
la médula- algunos me soltaban su admiración por la argentinian#
revolution de 2001. Como si esto hubiera sido una epifanía -igual que la de
ellos- y no una guerra sin cuartel donde la policía salió a matar. Para ellos,
el nuestro era un ejemplo a imitar. Es lo que tiene ver la realidad bajo el
prisma de la distancia, desde otro sesgo. Ver la vida desde la perspectiva del
trueque, "como en Argentina".
Así que todo el mundo salió a regalar sus cosas, las que
ya no servían -en muy buen estado-, y fue un detalle florido soñar con que ser
pobre puede gestar una revolución de la conciencia. La crisis trajo sueños de
decrecimiento, de huertas en casa, teatros callejeros, casas okupadas a la europea
-no como las nuestras, que son prácticamente mala palabra, como para algunos es
mala palabra la miseria-, comunidades autosustentables, bancos ecológicos,
súbita amistad entre razas y colores... Era la izquierda romántica del mayo
francés renaciendo en la plaza roja de la España post-industrial. Pacifista,
clavelera, juvenil, intelectual, obstinada, resuelta… Era la España quijotesca
que llevaba dormida por décadas, despertando en la posición del loto.
Tuvieron muy claro desde el principio que no arrojarían
ni una sola piedra. No sé si ellos sabían que en la argentinian#revolution se
arrojaron piedras. Muchas. Que la gente
no eligió dormir en la calle por convicción: la gente dormía en la calle porque
no tenía dónde hacerlo. En esa época, eso sí, hubo muchos que aprendieron a partir
el pan, las masitas, lo que hubiera… y no por afán de comer saludable, sino
sólo por poder comer. Porque así fue la argentinian#revolution, y con piedras.
No fue una revolución quijotesca, no. Fue una revolución sancha a rabiar,
producto de necesidades urgentes, de la desesperación, la prepotencia y el
robo. Éste no es un país fácil para nadie, chicos: un par de borceguíes de montaña
comprados en la bucólica España, se deshacen en dos años caminando por cualquiera
de nuestras calles. No intentéis subir montañas sin conocer el terreno: acá las
revoluciones son hechas a la medida de la realidad. Acá duelen. Acá la
realidad, como las revoluciones, son en vivo y en directo, en carne viva y sin
filtros. Esto es El Dorado, hay oro para tirar para arriba y tierra a reventar.
Pero ya está vendida. El oro, reservado. O vendido.
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