9/12/13
8/12/13
Reserva Forestal Atlántida, Mar Chiquita
Declarada patrimonio de la humanidad por esta servidora :), Atlántida es un lugar realmente bello, un jardín del Edén donde se juntan la pampa y el mar, a un kilómetro del oceáno Atlántico y a 19 de Mar del Plata. Hay proyectos para la construcción de viviendas autosustentables (de adobe), como la que se ve en foto. Yo pasé los ultimos dos veranos allí y por la tarde nos sentábamos a ver caer el sol, esperando la llegada del bodisatva desde el oeste. Las noches son indescriptibles. Como ven, el continente perdido existe.
Consejo para quienes anden buscando alquiler de verano: cuidado con ciertos propietarios. La zona tiene servicios básicos (agua y luz), pero no tiene gas natural. Por esta vez: déjense llevar por la pinta del propietario y fíjense bien cómo funcionan los baños. Luego, es bueno tener en cuenta que en febrero suele faltar el agua. Lo demás todo bien, paraíso recomendable.
Reserva Forestal Atlántida, Mar Chiquita, Argentina
5/12/13
Ciudad sin sueño
El
siguiente poema es de Federico García Lorca y pertenece a su libro Poeta en Nueva York, escrito entre 1929 y
1930, y publicado póstumamente en México (1940). Su locura vitalista, claramente
influida por el surrealismo, fue musicalizada en 1996 por la banda granadina de
rock-grunge Lagartija Nick y el genial cantaor Enrique Morente,
en el disco Omega.
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No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el cementerio más lejano
que se queja tres años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.
No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda
o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.
Pero no hay olvido, ni sueño:carne viva. Los besos atan las bocas
en una maraña de venas recientes
y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.
Un día
los caballos vivirán en las tabernas
y las hormigas furiosas
atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.
Otro día
veremos la resurrección de las mariposas disecadas
y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos
veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.
¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero,
a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente
o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,
hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,
donde espera la dentadura del oso,
donde espera la mano momificada del niño
y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Pero si
alguien cierra los ojos,
¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!
Haya un panorama de ojos abiertos
y amargas
llagas encendidas.¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!
Haya un panorama de ojos abiertos
No duerme nadie por el
mundo. Nadie, nadie.
Ya lo he dicho.
No duerme nadie.
Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.
Ya lo he dicho.
No duerme nadie.
Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.
25/11/13
Alma canuta
Sirva como ejemplo la
señora que todavía guarda en el aparador de la cocina las copitas de cristal
que le regalaron cuando se casó. Y que nunca usó. Y que nunca va a usar. Un
ejemplo que ilustra la filosofía doméstica del canutismo idólatra: las cosas se
guardan por costumbre y porque se han guardado así durante generaciones.
Generaciones -aclaremos- que esperaron la malaria. Generaciones que se
apuntaron a la herencia del aparador amarillo patito en forma de paralelogramo,
que llevó a que la tía Pocha dejara de hablarse con la tía Chola para siempre.
Por eso lo mejor es usar las copas de batalla. Algo impensable en un país como
el nuestro, donde una docena de copas de batalla pueden llegar a durar
cincuenta años. De ahí que las otras, las de casamiento, nunca lleguen a
usarse. Que pasarán a la próxima generación intactas, deslucido ya el cristal
por efecto de su inutilidad, o acaso por la misma mugre, que desluce, pero no
se hereda. Antes que dárselas a su nueva nuera, prefiere que las copas se le
llenen de esos pequeños coleópteros de la madera que por razones desconocidas
van a morir siempre en las oquedades.
Alma canuta languidece junto a su aparador como las viejas
calcomanías de cajón que hoy son una mancha roschardiana en forma de capullo,
cucaracha aplastada o salpicón de grasa de churrasco. Alma canuta sacraliza las
cosas y los cosos, y sin saberlo -o sabiéndolo, aunque jamás se le ocurriría
cuestionar algo así-, los somete a la condición de fetiches. Son, quizá, sus
personajes del alma, los ocupantes de un espacio que de otra manera no sabría
cómo rellenar. En definitiva, una extensión subliminal de un ego rendido a una seguridad
que le resultaría imposible hallar fuera de sus propios objetos acumulados.
Curiosa el alma canuta. Viene a ser como un
síndrome de Diógenes, institucionalizado por la existencia del galpón o quincho
omnipresentes en todo chalecito de clase media obrera que ya es baja pero se
cree media. O al revés: de toda clase media acomodada que se las da de pobre
para que no le pidan. Una acumulación preventiva que se ha vuelto cultura, la
exaltación del coso reformado hecho futuro, destinado a un futuro que nunca
llegará (porque en la Argentina el tiempo no pasa, esto ya se sabe). Y que si
le llegara sería a algún otro, nunca al alma canuta, porque ésta desconoce la
necesidad, esa bendita necesidad que es fundamento de todos los cambios y
matriz de futuros. Lo cual no deja de ser en sí mismo una paradoja.
Y
es que el alma canuta es paradojal. Después se queja de que le roben, y se pasa
el día entero con la vecina, el vecino -almas canutas también- lamentando la inseguridad. Está a la vista que ha
convertido la delincuencia en un tipo nuevo de fetiche. Uno que le sirve para
aferrarse más todavía a su docena de copas de licor, a su aparador en forma de
paralelogramo, a su calentador del año de ñaupa: tenga cuidado con el bolso
porque se lo arrancan se lo cortan le dan un tirón y le roban todo… ¡hay mucha inseguridad!
El candidato a chorro del alma canuta suele
ser el transeúnte, digamos, pardo, preferentemente hombre, con pinta de
pobretón, que va por la calle con su mochilita al hombro y una gorrita con la
que mal que bien se proteje del frío, porque estamos en el sur. Y resulta que
ese degenerado villero chorro negro de mierda drogadicto malviviente violador
secuestrador y asesino es, la mar de las veces, un pobre tipo que vuelve del
trabajo a pie, y cuya mala suerte y peores genes excitan las fantasías más
retorcidas del alma canuta, siempre pronta a justificar la inutilidad de su quincho
o galpón usando como cabeza de turco a un paisano que le recuerda que él tiene
más, y que de querer darlo, igual no se lo daría ni vendido. En un país donde
la pobreza ha saltado la valla del confinamiento, por obra y gracia de un
cierto progreso, hoy pagan justos por pecadores, y todo aquel que no tenga la
suerte de ser blanquito parece amenazar la seguridad de ciertas almas.
Es
decir, del alma canuta.
¿O
sea que almas canutas son los que se apuntan a la paranoia nacional del chorro
en cada esquina, ahora que la presidenta les da plata a los que no quieren laburar? En absoluto. Éste es sólo un sector
del alma canuta, que es más vieja que San Martín. De hecho, alma canuta puede
haber una en cada casa y una por cada cuarto de un pibe que mañana será ratón. Y
que vaya a ser empresario de poca monta, contador, médico o consejal, ese pibe
que siempre será ratón nunca dejará de perseguirse con la idea del polirrubro.
He aquí el fantasma del alma canuta que mal que mal ha podido estudiar: el
polirrubro. Bajar la persiana y tener que poner un polirrubro. Un kioskito de
mierda. O sea, una trompada en el ego del alma canuta que siempre quiso ser doctor.
Algo con lo que fantasea cuando le da por masoquearse a horas punta, cada vez
que lee el diario o cuando ve a los pibes tomando cerveza en el cordón de
enfrente, y piensa: yo no sé qué estarán esperando para construir ahí… ¡con lo
lindo que está ese predio para levantar un shopping!, en cualquier momento nos
invade esa gente y estamos listos…
Esa
gente. Alma canuta.
Hemos visto entonces que la naturaleza del
alma canuta no se limita sólo a la acumulación de cosas que no sirven para
nada, sino también al acaparamiento de fama y prestigio profesional o
comercial. No hay espacio para un cronopio en el alma canuta, que gane o
pierda, siempre va a ganar. Se ha asegurado de ser como el pez, que no hay por
donde lo agarren. Se le encuentra en todas las clases sociales, va desde la
señora gorda que manda a su cuñada que lo ha perdido todo en un incendio a
comprar sus muebles en Cáritas, hasta el empresario negrero que se quiere sacar
el 330% de las ganancias, reservando a sus empleados las 30 moneditas que le
sobran. Alma canuta habita en el abuelo facho que hizo la colimba en el 46. En
las corporaciones. En el colectivero que construyó el departamentito en el
fondo y le puso los sanitarios más baratos, "si total es para alquilar".
En la señora que lamenta las cuitas ajenas, deplorándolas, para poder así
justificar su mezquindad. En el almacenero que cobra un peso de más porque no
tiene cambio. En la señora que sólo da lo que está a punto de tirar, porque de
tan roto es mejor que alguien lo use. En la vecina que prefiere dejar la cama
que fue del nene pudriéndose en el patio, antes que dársela al señor de la
gorrita al que le nació otro pibe. En el político que a la hora de hacer sus
apuestas, le gustaría, sí, jugarse por el emprendedor novato… pero al final se
decanta por la comodidad de su posición.
Almas
canutas… ¡Dios nos libre de ellas!
18/6/13
Patria
siempre como yo te amo, volveré a tus ojos y
seré millones,
patria, matria
-Julio Huasi
14/5/13
La cruzada
Elucubraciones aparentemente sombrías que se me ocurren cuando voy por la carretera.
He
vuelto a verlos después de largos años en otro país. Algunos envejecieron y
otros están casi igual de pibes que cuando me fui, pero con canas. La mayoría
formó su propia familia, otros todavía deambulan por los recovecos de hielo que
les dejó el recuerdo indeleble de la guerra, y otros simplemente sobreviven
trabajando "en lo que sea", o fijos en un puesto de empleado público
que les asegura el pan. La estabilidad, no. No hay nada que asegure la
estabilidad… de nada.
Somos
todos de la misma quinta. De la quinta infértil de una escaramuza que, dicen,
pudo acabar con una dictadura. La sangre del cordero derramado que sirvió para
tal fin fue la de ellos. La otra, la del holocausto de número consolidado que
asciende a 30.000, sólo llegaría a conocerse después. Los primeros regresaron a
casa con un dignóstico base tatuado en la mirada ansiolítica, y una verborrea
en clave morse que espantaba a sus congéneres. O sea, a nosotros. A todos los
que nos quedamos, y también a los que se salvaron por número bajo. "Los ex
combatientes", dijeron. Recuerdo bien a unos de ellos. Lo conocí en el 93;
trabajaba de guía de turismo improvisado en el Valle de Punilla, trepando
montes como un puma. Un chico de grandísima bondad, el típico mestizo sanote,
entrañable, increíblemente tranquilo y tan sensato como sólo puede llegar a ser
alguien que ha sido criado provincia adentro. Nunca lo volví a ver.
No
me olvido de nadie. De vos tampoco, que me estás leyendo. Aunque, si querés que
te diga la verdad, no deja de resultarme desconcertante que ya no te extrañe.
El aire te devuelve en otra forma de sustancia. Es algo extraño. Extraño que el
aire pueda recomponer las piezas enterradas a propósito, esperando para ser
exhumadas a la vuelta. Mientras voy en bicicleta por la ruta arbolada del
bosque donde vivo, voy recogiendo las porciones de RAB que habían quedado
aparcadas en la dimensión de las marmotas. Ya no preciso la Internet, como en
su momento no la precisó Mc Luhan para percibir lo que vendría. Y lo percibió
en el aire. Sólo que él percibía el futuro, y yo desde el aire vuelvo a
percibir el pasado, y desde el pasado me reconfiguro. Me actualizo. Yo, que
volví después de tantos años a un país en el que pocas cosas han cambiado
aunque parezca que sí. Yo que vengo de uno en el que las cosas iban a gran
velocidad y siempre eran distintas, hasta que un día dejaron de soltar los
fuegos y se supo que el tren empezaba a detenerse…
¿Podés
creer, Malvinero, que acá escribo con puntos suspensivos y allá casi que los
había suspendido por completo? Número 29.999, creo haber visto a tu nieto en un
centro cultural de Madrid, volanteando la carta abierta de Rodolfo Walsh…
Traigo
las partículas incorporadas, me las guardé en una cajita. Las solté el primer
atardecer de primavera, justo frente a mi casa. Se mezclaron con mis propias
partículas. El resultado fue desconcertante. Lo mismo me pasó con el olor a pan
de jabón, con la fragancia empalagosa de la fórmula que hace veinte años olía
exactamente igual que hoy. Su aroma me deposita de un golpe en un domingo de
verano a las tres yendo al kiosko con dos monedas a comprar Mogul. Y a la vez
me propaga, me hace ubicua. El domingo, el kiosko, las monedas, los chupetines
con olor a tutti frutti... El kiosko, las tres de la tarde del domingo, el
verano, el ruido de los platos en la pileta, la remera verde que se estiró en
la primera lavada… El aire de acá tiene todo eso.
Las
canciones viejas me van devolviendo poco a poco las cosas que perdimos en la
quema. Fijate hasta qué punto tenemos el naufragio (o la quema) instalado en el
software, que cuando Lito Nebbia escribió La balsa, el verso que dice
construiré una balsa y me iré a naufragar, donde en realidad debió haber puesto
navegar, él lo confunde con otro, quizá por esa manía abiertamente enfermiza
que tenemos los argentinos por lo trágico.
Hace
muchos años les decían "los renegados". Esos que se fueron y no
volvieron nunca, los exiliados, los que "se rajaron con los milicos".
Esos que según cierto sector vernáculo del ojo desviado "en algo
andarían", que nunca más se supo de ellos y quién sabe si viven. ¿Alguien
se acuerda de ellos? Yo los ví. No se oye hablar de ellos por estos pagos… y
aunque mucho se haya hablado de ellos hace décadas, pareciera que hoy nadie los
recordara. Lo que dejaron es el fantasma del exilio, y una perspectiva
distorsionada que se construyó dentro del país, y no afuera. De ahí que se
hable con tanta ligereza de "los que se exiliaron en el 2001", como
si la odisea de aquel diez por ciento pudiera, si acaso, compararse con el
exilio por coacción de fines de los 70... ¡Qué fácil es hablar desde el vientre
de la Matria!
Pocas
veces se piensa que el migrante cambia su ambiente de origen por uno nuevo, que
viene a dar por resultado un tercero: el ambiente de la experiencia
migracional, única por lo personal e intransferible. Este asunto es visto por
el que nunca ha salido como algo enigmático. Viéndolo a ojo de águila, la
perspectiva del que se fue y volvió es bien distinta: resulta que en Argentina
se da por hecho que todo aquel que se va, lo hace para exiliarse. Visión
desfigurada por el prejuicio de no haber salido nunca del ambiente familiar,
contenedor y seguro, que jamás llega a percibirse porque nunca llega a
contrastarse. Pero haber salido implica, siempre, un punto de inflexión que
lleva, inevitablemente, a un tipo de reflexión que sólo puede adquirirse en la
distancia. Lo cual no la hace ni mejor ni peor, sino diferente. Algo que nunca
podrá comprarse con dinero, y que poco y nada tiene que ver con la soñada
conquista del que regresa habiéndose hecho la Europa, porque la conquista se
hace, pero es interior.
Llevo
año y pico yendo y viniendo por el campo y bajo el cielo siempre bien alto, con
sol y con lluvia, con viento y sin viento, entre la ciudad y el campo, entre el
campo y el mar, y aún no consigo expulsar de mi mente la certeza de que todas
nuestras dictaduras se llevaron una tajada mucho más grande de lo que pensamos.
Lo noto en tus ojos, que me hablan de cortas distancias, porque crecieron con
unos cerrojos que quizá nunca llegues a ver. Esos cerrojos fueron pensados para
que los lleváramos puestos detrás de la nuca, en la parte reptil, que es la
parte del deseo. Hasta ese punto han llegado, fijate vos... hasta el punto en
que el cerrojo no necesita ni siquiera ser visto para ser percibido. Un cerrojo
programable. Crecimos muy lejos de todas las fronteras y se nos educó de una
sola forma, para que muy pronto comenzáramos a olvidar. Nuestro aislamiento fue
usado para retorcer la percepción y encubrir una verdad vergonzosa: la de un
desierto quemado que no importa a nadie. Será una imagen típica, pero no se me
puede ocurrir ninguna más apropiada para describir el vacío que se respira más
allá de la Capital.
Sin
duda, la siega fue exitosa. Basta con irse un tiempo y regresar, para comprobar
los resultados de la amputación. Esas dos generaciones eran verdaderamente
peligrosas: tanto, que nos hubieran conducido directamente hacia el futuro. Un
futuro que, viendo el estado de las cosas, temo que muchos de nosotros nunca
llegaremos a ver. Nos llamarán póstumos, pero no importa: no somos como esos
intelectuales que van por el mundo pensando solamente en sus propias glorias.
Cuando se gesta el futuro, no se piensa en uno mismo sino en la heredad. Así
que subite al corcel y levantá tu espada, si total… tenemos varias edades por
delante para llegar a Ciudad Santa. Ya otros escribirán sobre nosotros, cuando
hayan pasado mil años.
9/5/13
Lilith
Cuenta la leyenda que Eva fue creada
de la costilla de Adán y que, desobedeciendo la orden de Yavé, arrancó la
manzana prohibida, la mordió, y se la ofreció a su pareja, que también mordió,
con lo cual los dos fueron privados para siempre de sus eternas vacaciones en
el Paraíso.
La leyenda cristiana en su versión catequista se atreve a afirmar que Adán y
Eva iban cubiertos de hojas de parra y que, una vez mordida la manzana,
perdieron toda su inocencia y ya nunca más volvieron a vivir como hermano y
hermana, sino como hombre y mujer. A Eva se la sentenció a parir sus hijos con
dolor, a cocinar para toda su progenie y a fregar la ropa por el resto de su
vida-un destino que recayó sobre todas sus hijas hasta mediados del siglo XX- y
Adán tuvo que buscarse las lentejas con el sudor de tu frente a fin de dar de
comer a la prole y construir un refugio para toda su familia.
Sin embargo, poco se ha hablado de
Lilith, y es injusto porque fue la primera mujer de Adán y también la única que
se atrevió a dar el portazo cuando ya estaba harta de él. De haberle tocado a
ella el asunto de la manzana, pienso que le hubiera plantado cara a Yavé como
se lo había hecho a Adán, un grandulón ya de veinte años, pero con muy poca
experiencia en cuestiones amatorias. Cuenta el Talmud que Lilith llegó a
decirle: “¿Por qué he de acostarme debajo
de ti, si yo también fui hecha con polvo, y por lo tanto soy tu igual?”. Sospecho
que Yavé nunca le hubiera puesto una prueba tan fácil como la de la serpiente.
Lilith no era de las que se dejan tentar. Ella era la tentación misma.
Exiliada por la historia a la
penúltima escala del panteón de los demonios más temibles, Lilith fue
convertida por la tradición en devoradora de niños, ninfómana irredenta, reina de
los súcubos, señora de las tinieblas, amante de Lucifer, juerguista bíblica,
puta con pelaje de chacal, lechuza vampírica, ninfa orgiástica, medusa
come-hombres y yo qué sé cuantos pintorescos epítetos ideados por los
seguidores de Yavé, ese dios eminentemente masculino de los hebreos.
Sin embargo, Lilith pasará a
convertirse en un personaje peligroso a partir del momento en que decida
pronunciar el verdadero nombre de Dios -algo que estaba prohibido- y ante su
negativa de quedarse en el Paraíso con un compañero que no sabía tanto de
mujeres como de hembras (dicen que había probado las hembras de todos los
animales antes de llegar a la conclusión de que él era el único animal del
Paraíso que no tenía una pareja adecuada) a Yavé no le quedó otro remedio que
dejarla ir y crearle a su único hijo sapiens una hembra algo más sumisa hecha
de su propia costilla a la que llamó Eva. A pesar de sus lastres, Eva resultó
ser una esposa políticamente correcta que nunca se atrevió a pronunciar el
verdadero nombre de Dios. Con ella, tanto Adán como Yavé estaban a salvo.
Habiendo sido la primera mujer de la
historia, Lilith es también su primera diosa, su magna dea, y es probable que su leyenda haya dado origen a gran
parte de las leyendas que surgieron después: desde Astarté a la Afrodita
griega, y de ésta a las vírgenes negras de la era medieval. Así pues, todo lo
misterioso relativo a la mujer tiene que ver con Lilith y no con Eva, que fue
blanqueada desde el principio haciendo uso de un doble juego en el que es
utilizada como cebo: Sí, eres mujer, y como tal eres chismosa -por haber
escuchado a la serpiente, que por supuesto era hembra-, ambiciosa (ya no por
conocer el nombre de Dios sino por querer ser como Él) e ignorante del pecado
original. Todo lo cual es como decir poco menos que estúpida.
Pero, ¿qué fue de Lilith después de
que se fuera voluntariamente del Paraíso? Hay pocas referencias que relaten sus
correrías, ya que los textos bíblicos se limitan a disparar contra ella a la
vez que la recluyen intencionalmente en el olvido, convirtiéndola, sin querer,
en la primera reina underground de la historia. Las malas lenguas sostenían que
no había sido creada del polvo, sino de la caca de Adán, y a juzgar por lo que
éste tuvo que tragar por su promesa de obediencia ciega a Yavé, no resulta
extraño que Lilith, nacida de su caca, encarnara el lado salvaje del alma, es
decir, todo lo que por pertenecer a los dominios de lo irracional resulta
vergonzoso y prohibido, todo lo que el hombre es incapaz de aceptar de si mismo
y a la vez todo lo que es capaz de desear.
Como Lilith, también Eva fue una
proscrita (junto con Adán), pero su caso es distinto. Para empezar, Eva cometió
el error de dejarse embaucar por la serpiente y creer que al comerse la
manzana-señuelo podría engañar al mismísimo Yavé adquiriendo sus poderes. Pura
ingenuidad. No sólo fue descubierta y castigada, sino que perdió el derecho a
la vida eterna y se la condenó a morir. Lilith, en cambio, decidió marcharse
ella misma del Paraíso y se salvó de la condena, eligiendo morar en la
oscuridad. Tan temible como para meterle miedo al mismísimo Yavé (que había
creado al hombre a su imagen y semejanza, y como todo hombre era susceptible a
la belleza de su propia criatura), Lilith nunca fue sometida a la prueba de la
serpiente. Como se atrevió a pronunciar el nombre de Dios, ya no necesitaba el
poder de éste. Eva sí. Eva codiciaba la sabiduría divina, así que representa el
poder intelectual transformador del mundo. Lilith, en cambio, es el poder del
instinto que se transforma a si mismo.
Como su nombre lo indica (Lil: viento,
aire, espíritu, que al pasar del mesopotámico al hebreo la raíz se convirtió en
noche), Lilith es la nocturna, la
oscura, la subliminal. “Si amas a alguien
no quieras tener que avergonzarte de lo que nunca harías”, le dijo a Lucifer
desde lo alto de sus párpados; “las
reglas son de este mundo; los agujeros son de Dios”. Así que una noche se
unió a su sombra, y blandiendo su sexo con la destreza de quien conoce de sobra
el truco de dar en la diana al primer asalto, le mostró la medida exacta de su
hombría y lo hizo de ella para siempre. A Él. A Lucifer, el ángel que fue
exiliado por conocer el nombre de Dios.
Ph: Vadim Sein
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