7/4/08

María Zambrano: ditirambo

Brota el delirio al parecer sin límites, no sólo del corazón humano, sino de la vida toda y se parece todavía con mayor presencia en el despertar de la tierra en primavera, y paradigmáticamente en plantas como la yedra, hermana de la llama, sucesivas madres que Dionysos necesitó para su nacimiento siempre incompleto, inacabable. Y así nos muestra este dios un padecer en el nacimiento mismo, un nacer padeciendo. La madre, Sémele, no dio de si para acabar de darlo a la luz nacido enteramente. Dios de incompleto nacimiento, del padecer y de la alegría, anuncia el delirio inacabable, la vida que muere para volver de nuevo. Es el dios que nace, y el dios que vuelve. Embriaga y no solo por el jugo de la vid, su símbolo sobre todos, sino ante todo por si mismo. La comunicación es su don. Y antes de que ese don se establezca hay que ser poseído por él, esencia que se transfunde en un mínimo de sustancia y aún sin ella, por la danza, por la mímica, de la que nace el teatro; por la presentación que no es invención, ni pretende suplicar a verdad alguna; por la representación de lo que es y que sólo así se dá a conocer, no en conceptos, sino en presencia y figura, en máscara que es historia. Signo del ser que se da en historia. La pasión de la vida que irremediablemente se vierte y se sobrepasa en historia. Y que se embebe sólo en la muerte. El dios que se derrama, que se vierte siempre, aún cuando en los ditirambos se dé en palabras. Las palabras de estos sus himnos siguen teniendo grito, llanto, y risa al se expresión incontenible. Expresión que se derrama generosa y avasalladoramente.

María Zambrano (Claros del bosque)





El secreto de la felicidad está en la libertad; y el secreto de la libertad, en el coraje (Tucídides).
Vídeo/post: Baba O'Riley, The Who.