7/12/09

New-Age


Hay una vieja frase del Fritz Pearls que seguro la conocereis:

Yo hago lo mío y tú haces lo tuyo. No estoy en este mundo para llenar tus espectativas, y tú no estás en este mundo para llenar las mías. Tú eres tú y yo soy yo, y si por casualidad nos encontramos, es hermoso. Sino, no hay remedio.

Se puso de moda allá por los ’80 y todo el mundo andaba con la frase en la boca. La usaban, sobre todo, los ex novios, los mentirosos y los psicólogos. En especial estos últimos, la usaban de muletilla para consolar a los abandonados. Con los años, y con el advenimiento de las terapias alternativas y las filosofías anexadas de Oriente, la frase se convirtió en paradigma, y hoy la repite hasta el guacamayo de mi vecina, educado por ella misma en la copla española: Ay, María de la Ó, tan desgraciadita que eres teniéndolo tó. Me imagino que si puede pronunciarla el guacamayo podrá también hacerlo mi vecina. De ahí a que la entienda, ya es otro cantar.

Sin ánimo de despreciar a Fritz Pearls o a mi vecina la del guacamayo, diré que me molesta profundamente el usufructo que se hace hoy día de ciertas frases y adagios que en boca de perezosos, chantajistas emocionales, falsos maestros y suspuestos gurúes, acaban convirtirtiéndose en el discurso perfecto para justificar la manipulación, el abandono y la irresponsabilidad emocional. Como decía una vieja conocida que vive dentro de un caparazón tan duro que no lo volaría ni una bazooka: “La gente es así, cielo; tienes que coger lo que hay”.
Y hablando de palabras, una amiga mía tiene una frase que me encanta. Ella dice: Las verdades que surjen de las palabras, suelen ser verdades a medias. Lo cual no hace más que confirmar su condición de viajeras. Que es lo que son las palabras, viajeras eternas en perpétua mudanza de un contexto a otro, siempre en permanente transformación, siempre mutando por voluntad de la lengua que las baraja, la mente que las interpreta y eldestinatario que las descifra. Es el fenómeno de la intertextualidad, que cada vez se enriquece más, si se piensa en el avance de los medios y la creciente integración de los mundos.
Creo haber posteado ya sobre el tema de los aspirantes a ascendidos y otras verduras (crudas y cocidas), y temo que seguiré haciéndolo mientras continúe en vigencia la moda del turismo espiritual. Ejemplo: Vacaciones inteligentes en la Alpujarra granadina. El paquete incluye: PNL, Constelaciones familiares, reiki, terapia sacro-craneal y terapia con piedras.Seis días=1000 euros. Si seguimos así, ya habrá alguien que postee por mí dentro de 20.000 años. De momento lo hago yo. Y no porque esté en contra de todas esas terapias, sino al revés. Practico meditación arka-dhyana, reiki y tarot terapéutico desde hace bastante ya, pero en cuestión de verduras, ciertamente prefiero las dietas controladas, no sea que la cosa acabe en intoxicación.
Hace tiempo conocí a varios intoxicados de pseudo-orientalismo. Uno de ellos se basaba en la teoría de la no-dependencia para no implicarse en ninguna relación de pareja, y sí, en cambio, enpracticar el Tantra con diferentes maestros -todos carísimos- con quienes finalmente acabó muy mal, cuando se descubrió que el hombre ponía anuncios para encontrar mujeres dispuestas al juego, y que además le pagaban a él. Un feo desprestigio tanto para el Tantra como para el orientalismo de verdad.
Otra -instructora ella de cierta terapia japonesa-, aconsejaba hacer meditación dos horas diarias y llevar una vida relajada y sin atascos. Esta señora es dueña de un taller de costura en el que sólo contrata empleadas rumanas que trabajan nueve horas al día, incluído el sábado jornada completa, por 600 euros al mes. La señora vive en un décimo piso que tiene una terraza gigantesca con vistas a la Sierra, donde la gente hace tai-chi y se toma una infusiones hindúes después de la práctica. Mientras tanto viaja por la India, trae chucherías a precio de costo que luego re vende en España, y se apunta a la Fundación Francisco Ferrer. Pero lo paradójico de esta mujer que se lo pasa predicando contra la tiranía de la mente, el ego y la importancia de no juzgar, es que se ha tomado su rol de instructora tan al pie de la letra que el sólo hecho de opinar en su presencia dá escalofríos. Nunca sabes lo que va a soltarte, y al final siempre acaba diciendo: “Por eso siempre digo que no es bueno juzgar. La mente es tramposa; cuidaos de la mente”.
Cierta discípula suya, una psicóloga ya harta de sus labores de funcionaria, lleva ya muchos años metida en el tema de las terapias alternativas y en la lucha-contra-el-ego (no sé por qué esta gente se empeñará tanto en luchar contra, cuando en realidad los orientales pugnan por evitarlo). Hace un par de años esta mujer se compró un piso precioso en Madrid. Recuerdo que, mientras íbamos en su coche -ella al borde del ataque de nervios- empezó a quejarse de no tener quién le ayudara a hacer la mudanza. Yo no tuve la mejor idea que minimizar la situación enfocando el asunto desde mi punto de vista -el de una latinoamericana que llega de un país donde el drama no es hacer la mudanza sino comprarse el piso- y pretendiendo alentarla, le dije que no se preocupara, que lo importante era celebrar el piso que acababa de comprarse, que pensara en lo bueno y que todo lo demás era una tontería.
Craso error. Fue como si le hubiera dicho que ella había tenido algo que ver con el atentado del 11-M. Se puso como una energúmena. Literalmente, me mandó a la mierda. Empezó a soltar todo tipo de justificaciones sin pie ni cabeza, donde expuso su total falta de responsabilidad en el destino de los emigrantes sin papeles, la prostitución infantil, los negros de África, la desocupación, la derecha reaccionaria, su soledad, su divorcio, los atascos, los semáforos estropeados, el alcalde del Madrid, la miseria del Tercer Mundo, y por supuesto, los niños que mueren de hambre: Yo no tengo la culpa de que hayan niños que mueren de hambre, chilló. La noche anterior habíamos estado hablando sobre estas cosas, y algo en mi actitud debió dispararle el chip de la discordia. O de la culpa. Una culpa egoísta que no es sino otra manifestación del ombliguismo de aquellos a quienes se les llena la boca hablando del ego.
Después de mi más que modesta experiencia con la instructora de tai-chi, su discípula favorita, y otras criaturas de similar envergadura, decidí estudiar por mi cuenta. Me propuse aprender a interpretar el Tarot, y por ósmosis fui a dar con Tina, mi instructora de meditación arka-dhyana, que con muy pocas palabras y el silencio atronador de los corazones sencillos, me enseña las palabras mágicas:
En el viejo estanque salta una rana.Plaf.

Y entonces, sí:
Yo hago lo mío y tú haces lo tuyo. No estoy en este mundo para llenar tus espectativas, y tú no estás en este mundo para llenar las mías. Tú eres tú y yo soy yo, y si por casualidad nos encontramos, es hermoso. Sino, no hay remedio.





Photo/post: Tina y Srinivas Arka en preparación (India). Tina es la dama de cabellera canosa que sale a la izquierda, y Arka está a su derecha. El haiku es de Basho.
http://www.srinivasarka.org/

Burros y mulas



Hoy día se usa mucho hablar de "programas mentales" aplicados al pensamiento, como si la mente humana -sobre todo el pensamiento- fuera un asunto sencillo. Paradógicamente, comparar la mente con un PC nos conduce a eso que tanto criticamos: a convertirnos en robots reprogramables, lo cual se salta de cabo a rabo la compleja naturaleza del pensamiento humano. ¿Es eso lo que se quiere para esta sociedad a la que se aplican tales "recetas" mágicas?¿Mentes "felices", abiertas a una reprogramación de pago, a un formateo en cuotas gestionado por técnicos de la reprogramación espiritual?

Hay un punto de demagogia en la línea argumental de esta gente. Resulta muy llamativo, por ejemplo, que ese modelo pueda aplicarse tan bien en el occidente desahogado pero no en una barriada de Sao Pablo o una aldea de Ghana. ¿Qué pasa, que ellos son menos humanos o se trata, quizá, de una raza medio-humana cuyo hipodesarrollo "cultural" supone una exclusión automática (por no decir mediática) de dichas prácticas de reprogramación? A estas alturas es cuando el chiringuito new-age empieza a tornarse nauseabundo porque, ¿cómo puede hablarse de espiritualidad para unos y karma para otros? Suena un tanto injusto, ¿verdad? ¿No se ha notado aún que dicho enfoque se parece demasiado a la vieja fórmula infierno/ paraíso del tan denostado cristianismo?¿Qué hemos hecho, librarnos de una religión para re-ligarnos en otra? Es simple: si puedes pagar tienes derecho a la felicidad y acceso al paraíso, si no podés... no podés: lo siento.

La cínica "compasión" de estos individuos, insisto, huele. Y huele nauseabundo. Resulta inútil plantear este razonamiento a los reprogramadores, porque serás fustigado, ignorado y finalmente excluído. Nada nuevo: lo mismo les sucede a quienes se oponen con resolución a la política del mercado actual, ése que gobierna el mundo desde occidente dando la zanahoria al burro y fumigando a las mulas de uno quizá demasiado lejano como para ser siquiera imaginado.