4/12/16

Arte, bah (II)

A principios del siglo XX (1917) Marcel Duchamb plantaba un mingitorio en medio de una galería de arte. Casi 100 años después algunos se siguen preguntando qué habrá querido decir…

(que su intención de recrear contextos sirva como inspiración para acabar, de una buena vez, con este año)

Arte, bah (I)

La pregunta sería: ¿qué entiendo por arte? Y no “qué es el arte” sino qué entiendo. Y sobre todo “qué NO es el arte". Sea cual sea la respuesta, yo creo que el arte es algo demasiado grande como para ponerle barrotes...

Foto: "Luci" de Humberto Rivas. CCR, Bs. As Argentina

20/10/16

Buena literatura

A veces la gente se pregunta por qué soy tan dura. En realidad, es sólo una fachada. A estas alturas de mi vida, quiero vivirla en blanco. Y si alguien se molesta por lo que digo, prefiero que tenga el valor de decírmelo. El mismo valor que tendría yo.
Tuve padres terribles, a quienes amo. Tuve un padre rabiosamente machista. Y tengo la valentía de contarlo, y de vivir con eso. Él no hubiera podido ser de otra manera, tomando en cuenta la vida que le tocó. Fue al África, estuvo en un campo de concentración y convivía con ratas y alimañas. No quiero hablar de mi madre, ella es un foco de dolor todavía.
Hay historias que son verdaderas tragedias y no se cuentan por aquí, y otras plagadas de amor que sí se cuentan porque queda lindo. Lo que pienso al respecto, es que habría que leer buena literatura. Juzgamos desde lo que leemos, o desde lo que la otra persona quiere mostrarnos. A veces hay tremenda bocha debajo de la superficie, y a veces hay muy poco.
Cuando alguien refleja la sombra del otro a través de sí mismo, a veces el otro prefiere dejar de mirar. Pero yo pienso que los verdaderos amigos son los que habiéndose reflejado en tu sombra, siguen estando ahí con vos. El resto es todo paripé, y dura un tiempito. El amor surje cuando afloran las espinas, y aún así, el amor continúa. Sino, es cartón pintado, relato. Y para estas cosas... pienso que no hace falta hacer literatura. Alcanza con vivirla. 

15/10/16

Dylan

Cuando le dan el Nobel a un escritor ignoto que nadie leyó no se hace un debate interminable sobre si le correspondía o no. La mayoría tampoco se molesta en leerlo. Veo que los debates de estos días radican exclusivamente en el carácter de cantante de Dylan. Esa anomalía es vista como una ofensa a la literatura. Me pregunto cuántos de los ofendidos han estado en contacto con la obra de Dylan y no con su imagen mediática. La frivolidad, por ende, no me parece radicar en la decisión de premiar a un extraordinario escritor que CANTA sus textos, sino en buscar la mejor visión conspirativa, no molestarse en hurgar en lo que Dylan hizo, escandalizarse por una caduca distinción entre alta y baja cultura, fetichizar al libro como unico soporte de la poesía, despreciar a priori al artista popular solo por ser popular, sembrar de sospechas el reconocimiento de uno de los creadores más complejos, originales e influyentes de la contemporaneidad. Dylan no es ninguna síntesis entre la cultura y el consumo. Si investigaran algo sobre la obra de Dylan, sabrían apreciar sus gestos sostenidos de salirse de la horma del consumo pop. Y si tomaran sus discos e intentaran entender su trabajo con el lenguaje y la revolución que sgnificó para el formato canción, ahí mostrarían que les preocupa verdaderamente la literatura y no hablan desde una herida narcisista.

Fuente: La Otra 

Photo/post: BOB DYLAN escritos, canciones y dibujos- tomo 2 / Editorial Aguilera- Madrid, 1975

6/9/16

El abrazo de la serpiente


 Al fin he visto El abrazo de la serpiente, una cinta en blanco y negro dirigida por Ciro Guerra en coproducción con Venezuela, Colombia y Argentina. La película -ambientada en la Amazonía colombiana- narra las aventuras de los investigadores Theodor Koch-Grünberg y Richard Evans Schultes, persiguiéndose el uno al otro a través del tiempo, mediante un único nexo coordinante: el chamán Karamakate, último de su linaje, y paradigma doliente de las etnias extintas a causa de la colonización.

El visionado de la película me hizo pensar en algo que escribí hace poco sobre la patria como concepto importado del continente colonizador. En ella se llega a mostrar la esclavización del nativo durante la llamada “Fiebre del caucho”, donde empresas europeas  encontraron en la Amazonía una verdadera mina de oro para la producción de cubiertas, en los primeros años de la industria automotriz.  Es llamativo que en la película se hable de “los colombianos”, no como nativos y dueños de “la patria”, sino como invasores cuya única diferencia con el blanco corporativista, nacido y criado en Europa, estaría en el criollaje. Pero así son mencionados en la película, con suspicacia. Para el chamán criado en la selva de la patria colombiana, el criollo no es más que un traidor. 

El fenómeno de la colonización trajo aparejada la aparición de dos nuevos linajes: el del criollo puro, hijo de trasterrados; y el del mestizo, mezcla -como bien lo señala la palabra- de español e indio, o en su defecto y debido a la cercanía con Brasil, de negra y blanco. E inclusive de negra y/o india y blanco. No hubiera tenido nada de malo, y sí absolutamente mucho de bueno, la mezcla de unos y otros, de no ser por el prejuicio racista del artefacto colonial, que llegó para sacarles provecho a los bienes de la naturaleza. Sus hijos y descendientes acabarían fundando las naciones que hoy llamamos con nombres de fantasía (Colombia, Chile, Argentina, Brasil… etc) y que muy lejos están de conservar la historia y tradiciones de las tribus originarias del continente, que resultaron ser en parte un estorbo, en parte fuerza de trabajo y en parte morralla, como se le dice en España a un conjunto de cosas sin demasiado valor. Se entiende, entonces, que Karamakate hable de “los colombianos” como si no fueran de su tierra. Porque en realidad algunos lo eran sólo en parte, y otros ni siquiera habían nacido allí. Cabe la discusión de qué sería identidad y toda la mar en coche, pero lo dejaremos para otra ocasión, e igual creo que llegaríamos a conclusiones estériles. Y dolientes, casi tanto como el dolor de Karamakate por haber perdido su linaje, que es lo que nos pasa a muchos de nosotros, aunque no lo tengamos tan presente como él.

Hay una escena particularmente dura en la película, y es la del hombre mutilado, que evoca los escándalos del Putumayo, y trae el recuerdo siniestro del empresario peruano Julio César Arana del Águila, que esclavizó, torturó y asesinó a miles de aborígenes obligados a extraer el caucho a fuerza de extorsiones, amparándose en el silencio de un estado quizá aún muy joven, o tal vez ya demasiado corrupto. Ojalá pudiera decir que hoy día los estados americanos ponen coto a la explotación del Amazonas… pero todos sabemos bien que no es así. Ya no hace falta mutilar a sus indios y descendientes, porque vienen siendo confinados a la exclusión desde hace siglos, y peor lo tienen quienes más cerca están de lo que llamamos “civilización”, cuando han quedado atrapados en una vorágine de miseria, resentimiento y desculturización que llega incluso hasta nuestra ciudades. 

Lo primero que se le roba a un pueblo, para quebrarlo, son sus tradiciones. Y sus tradiciones están íntimamente ligadas a su contexto. Y en este caso, su contexto es la selva. Karamakate jamás llegará a perder sus tradiciones, por eso él es el hombre que mueve los mundos, el que no olvida a sus ancestros, el que conoce al chullachaqui, el que facilita el camino para que el viajero pueda hallar el abrazo de la serpiente. Él es la esperanza hecha carne en la vida de lo que queda del Amazonas. Mientras él exista, la herencia de la serpiente está a salvo y el indio esclavizado puede aspirar aunque sea a un rayo de luz que ilumine lo que era antes de que le quitaran su tradición, a una bocanada de aire, de río y de mito que le recuerde quién es, quiénes eran su padre y su madre, sus abuelos, su tierra, su medicina, su conocimiento. Es esencial para  Karamakate que los niños adoctrinados por los misioneros católicos entiendan esto, lo cual se ve en cierta escena de la película. Karamakate podrá ser el último de su linaje, pero no va a marcharse sin dejar su huella en todos aquellos que lleguen a él.

Hermosa, poética y evocadora película; también austera en su forma de tratar la búsqueda del enteógeno. Lo cual me gustó, ya que es usado como hilo conductor para una historia más profunda y compleja: la tragedia inmensa del hombre americano que ha perdido sus raíces, navegando a flor del agua sobre un territorio arrasado que no alcanza a recordar. Karamakate es su guardián.    

3/9/16

Guido Buffo

Guido Buffo era una especie de hombre renacentista, una suerte de Leonardo Da Vinci contemporáneo. Artista y científico, cultivó varias disciplinas: música, pintura, geología y astronomía. Había nacido en Treviso, Italia, el 12 de marzo de 1885, estudió en París, Turín, Venecia y con sólo 17 años asistió a la instalación del péndulo de Foucault, en el Panteón Nacional de París. Llegó a la Argentina en 1910 y se radicó en las sierras de Córdoba. Leonor Allende nació en Córdoba el 11 de abril de 1883, fue una de las primeras periodistas cordobesas y falleció el 24 de marzo de 1931, a causa de tuberculosis. Tuvieron una hija, Eleonora, nacida el 25 de junio de 1917 y fallecida el 6 de septiembre de 1941. A raíz de este trágico suceso, Guido decidió emplear sus amplios conocimientos multidisciplinares en homenajearlas. De este modo, se volcó en la construcción de una original capilla pintada íntegramente por sus manos, y única en el país, donde ha quedado plasmada su historia de amor.
Para amantes de los solsticios, las artes, las proporciones áureas y los misterios del cielo y de la tierra... la capilla Buffo.


1/9/16

Mejor no hablar... de ciertas cosas

 Me dicen algunos que debería cuidar "las formas" a la hora "de decir las cosas". Esto es muy nuestro. Todavía nos creemos la hija menor de Francia, que ya aprendió a protestar y armar revoluciones hace como 200 años. Nuestra apreciación de la etiqueta francesa procede de la época de los Luises, me temo, y no del mayo francés. Habría que tomar esto en cuenta a la hora de presumir de educación "a la francesa".
  También me dijeron, el otro día, que cuide mi manera de decir las cosas "tan directa" porque luego "me hace sentir peor". Lo que no sabe esa persona es que lo que me hace sentir peor es no decirlas. O callarme para no discutir con alguien que sé que en vez de oír lo que digo, nada más se oye a sí mismo mientras habla.
Hace rato que aprendí a dejar de pedir por favor para todo y a dar las gracias por cualquier tontería. Y esto les va a molestar a algunos, pero somos un pueblo reprimido por dictaduras, y se nota hasta en la etiqueta. Nos creemos muy educaditos por dar las gracias, pero preferimos pasar de la miseria que abre su boca de espanto a 6 kilómetros de casa. Y esto sí que es violencia. Como la violencia que aflora en las otras 22 provincias, y que hasta hace poco había que hacer de cuenta que no existía porque el ego de la gobernanta se podía ofender.
Lo peor que he visto en la Argentina desde que volví, ni siquiera es la miseria -porque ésta sigue siendo la misma de siempre, incluso peor - sino el recorte de libertades mentales y civiles que se viene terciando desde hace lo menos dos décadas. El gobierno pasado cargó sus tintas sobre esto, haciendo de cuenta que en realidad nos vendían libertad. Pero fue una venta de humo de marca mayor. Esto sin entrar a analizar -lo cual daría para otro post- el daño mayúsculo que ha producido la supresión de la información y de bibliografía procedentes del exterior. Se ha infantilizado al pueblo marcándole los pasos sobre lo que tiene que pensar, decir y hacer, ridiculizando y aplastando a quienes creemos que el libre intercambio de información favorece la cognitividad y la imaginación. Un crimen contra la inteligencia y la libertad integral. Pero claro: ojos que no ven...
Estoy francamente indignada con la cantidad de gente que mientras muchos de nosotros militábamos en la universidad para pedir un aumento en el presupuesto, eran de la derechosa UCD (uno llegó a ser vice) o se regían por el sermón de turno tratándonos a todos nosotros de troscos, y hoy día se las dan de militantes sólo por subir dos o tres boludeces al facebook para ofender a su familia anti-K. Lo mismo a quienes son del otro bando, porque no crean que se salvan: ninguno de ellos militó en los 80, no son más que fantasmas armando su guerrilla infantiloide en internet. Y defecando sobre las cabezas de quienes sí militábamos, y teníamos que esconder los ensayos sobre el Capital de Marx en una cajón bajo llave, para no ser descubiertos por padres y dictaduras. Así está el país: enfrentado contra sí mismo, enojado, egoísta y profundamente violento. Es decir: el mal argentino, llevado al extremo.
¿Y me piden que me calle? A buen puerto van por leña. Que se callen ellos, últimamente pienso en cambiar de amigos. La verdad este hackeo me ha venido bien. 
Violencia es suprimir la libertad civil de poder comprar moneda extranjera para viajar al exterior, porque mi gobierno me impide tanto una cosa como otra. Dado que la moneda de mi país no cotiza en el exterior, y con razón, porque si nosotros no le damos credibilidad, ¿por qué hemos de pretender que los de afuera se la den?
Violencia es pretender que cambie mi manera de hablar para no ofender a quien no es capaz de oírse más que a sí mismo. Aunque, pensándolo bien, oírse nada más que a sí mismo está buenísimo para tener que hacer oído sordo a todo lo que proceda de fuera de narciso... ¿Será por eso que Freud tuvo tanto éxito entre nosotros?
Violencia es todo tipo de maltrato ejercido hacia el más débil, algo que en Argentina se ha normalizado, especialmente si se es mujer, niño o anciano pobres. Y no porque la mujer sea más débil, sino porque vivimos en un mundo macho donde a la primera de cambio, si una mujer sin aspecto de potentada alza un poquito la voz para reclamar un derecho, te salta a la yugular una tropilla de babuinos, en plan prepotente y burlón.
Violencia es la pobreza que se ve, no se mira y se ignora a propósito. Violencia son las vallas que le ponen a los barrios y a la personas. Violencia es la droga que le venden a los pibes para que puedan matarse entre ellos, y esto pueda extenderse hacia fuera.
Violencia es el odio entre clases. Sigan odiando, nomás, los que odian, que en menos de diez años tendremos un país de analfabetos y delincuentes, mucho peor que la España franquista por la que tanto se desgarran las vestiduras los hispanófobos provincianos que basan todo su conocimiento en lo que les vende la prensa.
Violencia es la inflación del 30% mensual en la comida, y que no haya control de precios por parte del gobierno. Que éste mienta descaradamente a propósito de estos controles. Que hayan subas de hasta el 1000% en los servicios y desaprensivos que lo justifican, felices de que mucha gente no pueda pagar. Eso es violencia, y no la queja justificada y directa.
Violencia son los pibes que se mueren de hambre en Santiago, en Tucumán, en el Chaco, en Misiones... y en todo el país, y que eso pretendan paliarlo con planes de hambre, cuyas cantidades simbólicas sólo alcanzan para alimentar a un niño 3 días.
Violencia son los pueblos originarios cuyas tierras fueron, son y seguirán siendo robadas por multinacionales sociópatas que entran al país mediante coimas al gobierno, que luego se jacta de sus índices de crecimiento. Violencia es la forma en la que se burlaron de Felix Díaz, y vergonzosa la manera en que pretendieron comprarlo.
Violenta es la Argentina, con sus pretensiones de etiqueta francesa, su suciedad generacional en las cunetas, sus machitos disfrazados de intelectuales, sus psicópatas acelerando a propósito cuando alguien va a cruzar la calle, su "avivada" dispuesta a quedarse. Y al próximo que me diga que me calle, volveré a repetir lo que dije el otro día: "No me hace mal lo que digo, sino lo que callo". Porque llevo casi cinco años callándome por educación, por etiqueta, por intento de re-adaptación, o quizá pura y llanamente por amor. Pero no, ya no me callo más. Porque no es violencia lo que se dice, sino lo que se consiente.
Estamos en la edad media del continente. El que se ofenda, puede darle a la pestaña de arriba y pasar página para siempre. Como pienso hacer yo muy pronto.

28/7/16

Spleen

en tributo a Allen Ginsberg 

¿Quién no tiene un aullido para gritar?
¿Hay un Dios para nosotros?
¿Hay un Dios para los desarraigados?
¡Elí Elí lama sabactaní!
Presencié la caída de Europa,
asistí a la segunda caída de Wall Street…
la poesía no se hubiera detonado sin mi enfermedad.

Mi taller para ponerme a escribir: esa vida que yo no me busqué.
Mis mejores lecturas: la oralidad, un anonimato sin pretensiones.
Mi inspiración: la inevitabilidad del impulso.
Esto debe ser muy parecido a saltar a un abismo
en el fondo del cual
sólo espero que haya Dios.


RAB

20/7/16

Para acabar con la masacre del cuerpo


por Félix Guattari

Cuales sean las pseudotolerancias de que haga alarde, el orden capitalista bajo todas sus formas (familia, escuela, fábricas, ejército, códigos, discursos…) continúa sometiendo toda la vida deseante, sexual, afectiva, a la dictadura de su organización totalitaria fundada sobre la explotación, la propiedad, el poder masculino, la ganancia, el rendimiento…
Infatigablemente, continúa su sucio trabajo de castración, de aplastamiento, de tortura, de cuadrilaje del cuerpo para inscribir sus leyes en nuestras carnes, para clavar en el inconsciente sus aparatos de reproducción de la esclavitud.
A fuerza de retenciones, de éxtasis, de lesiones, de neurosis, el Estado capitalista impone sus normas, fija sus modelos, imprime sus caracteres, distribuye sus roles, difunde sus programas… Por todas las vías de acceso en nuestro organismo, sumerge en lo más profundo de nuestras vísceras sus raíces de muerte, confisca nuestros órganos, desvía nuestras funciones vitales, mutila nuestros goces, somete todas las producciones vividas al control de su administración patibularia. Hace de cada individuo un lisiado, cortado de su cuerpo, extranjero a sus deseos.

Para reforzar su terror social experimentado como culpabilidad individual, las fuerzas de ocupación capitalista con su sistema cada vez más refinado de agresión, de incitación, de chantaje, se ensañan en reprimir, en excluir, en neutralizar todas las prácticas deseantes que no tienen por efecto reproducir las formas de la dominación.
Así se prolonga indefinidamente el reino milenario del goce desdichado, del sacrificio, de la resignación, del masoquismo instituido, de la muerte: el reino de la castración que produce al sujeto culpable, neurótico, laborioso, sumiso explotable.

Este viejo mundo que por todas partes apesta a cadáver, nos horroriza y nos convence de la necesidad de llevar a cabo la lucha revolucionaria contra la opresión capitalista en el lugar en el que está más profundamente arraigada: en lo vivo de nuestro cuerpo.

Es el espacio de este cuerpo con todo lo que produce de deseos al que queremos liberar de la influencia extranjera. Es en este lugar que queremos trabajar para la liberación del espacio social. No hay frontera entre los dos. YO me oprimo porque YO es el producto de un sistema de opresión extendido a todas las formas la vida.

La conciencia revolucionaria es una mistificación siempre que no pasa por el cuerporevolucionario, el cuerpo productor de su propia liberación.

Son las mujeres en rebelión contra el poder masculino —implantado durante siglos en sus propios cuerpos—, los homosexuales en rebelión contra la normalidad terrorista, los jóvenes en rebelión contra la autoridad patológica de los adultos, quienes han comenzado a abrir colectivamente el espacio del cuerpo a la subversión y el espacio de la subversión a las exigencias inmediatas del cuerpo.

Son ellas, son ellos, quienes han comenzado a desafiar el modo de producción de los deseos, las relaciones entre el goce y el poder, el cuerpo y el sujeto, tales que funcionan en todas las esferas de la sociedad capitalista e incluso en los grupos militantes.
Son ellas, son ellos, quienes han quebrado definitivamente la vieja separación que divide a la política de la realidad experimentada para el máximo beneficio de los gerentes de la sociedad burguesa como de aquellos que pretenden representar a las masas y hablar en su nombre.
Son ellas, son ellos, quienes han abierto los canales de la gran sublevación de la vida contra las instancias de muerte que no cesan de insinuarse en nuestro organismo para someter cada vez más sutilmente la producción de nuestras energías, de nuestros deseos, de nuestra realidad, a los imperativos del orden establecido.
Una nueva línea de ruptura, una nueva línea de ataque más radical, más definitiva, es trazada, a partir de la cual se redistribuyen necesariamente las fuerzas revolucionarias.

Ya no podemos soportar que se nos robe nuestra boca, nuestro ano, nuestro sexo, nuestros nervios, nuestros intestinos, nuestras arterias… para hacer las piezas y las labores de la innoble mecánica de la producción del capital, de la explotación y de la familia.

Ya no podemos permitir que se hagan de nuestras mucosas, de nuestra piel, de todas nuestras superficies sensibles, de las zonas ocupadas, controladas, reglamentadas, prohibidas.
Ya no podemos soportar que nuestro sistema nervioso sirva de transmisor en el sistema de explotación capitalista, estatal, patriarcal, que nuestro cerebro funcione como una máquina de suplicios, programada por el poder que nos cerca.
Ya no podemos sufrir el liberar, al retener nuestras cogidas, nuestra mierda, nuestra saliva, nuestras energías, conforme a las prescripciones de la ley y sus pequeñas transgresiones controladas: Queremos hacer trozos al cuerpo frígido, al cuerpo encarcelado, al cuerpo mortificado, que el capitalismo no cesa de querer construir con los desechos de nuestro cuerpo viviente.
Este deseo de liberación fundamental, que permite introducirnos a una práctica revolucionaria, llama a que salgamos de los límites de nuestra “persona”, a que trastornemos en nosotros mismos al “sujeto” y a que salgamos de la sedentariedad, del “estado civil”, para atravesar los espacios del cuerpo sin fronteras y vivir así en la movilidad deseante más allá de la sexualidad, más allá de la normalidad, de sus territorios, de sus agendas.
Es en este sentido que algunos de nosotros hemos sentido la necesidad vital de liberarnos en común de la influencia que las fuerzas de aplastamiento y de captación del deseo han ejercido y ejercen sobre cada uno de nosotros en particular.

Todo aquello que hemos vivido sobre el modo de la vida personal, íntima, lo hemos tratado de abordar, explorar y vivir colectivamente. Nosotros queremos derrumbar el muro de concreto que separa, en interés de la organización social dominante, el ser del parecer, lo dicho de lo no-dicho, lo privado de lo social.
Hemos comenzado a descubrir juntos toda la mecánica de nuestras atracciones, de nuestras repulsiones, de nuestras resistencias, de nuestros orgasmos, a llevar al conocimiento común el universo de nuestras representaciones, de nuestros fetiches, de nuestras obsesiones, de nuestras fobias. “Lo inconfesable” ha devenido, para nosotros, materia de reflexión, de difusión y de explosiones políticas, en el sentido en que la política manifiesta, dentro del campo social, las aspiraciones irreductibles de “lo viviente”.

Hemos decidido romper el insoportable secreto que el poder hace caer sobre todo cuanto toca al funcionamiento real de las prácticas sensuales, sexuales y afectivas, así como lo hace caer sobre el funcionamiento real de toda práctica social que produce o reproduce las formas de la opresión.

8/6/16

Cumpleaños

La foto fue tomada en la rambla de Mar del Plata durante la primavera de 1948. Había llegado desde el puerto de Génova para curar las heridas de una guerra que casi le quita la vida. Se llamaba Érico, y era mi padre. Hoy cumpliría 101 años.
In memoriam

29/5/16

Incondicional

Cuando el "amor al prójimo" llega a ser tan "incondicional" que da lo mismo que el otro llegue a enfadarse, a ignorarnos o a depreciarnos, ¿dónde empezaría la frontera entre cierta amable indiferencia y el amor?
Me aterra ese concepto del amor.

Photo: Vadim Stein

Cortázar



Cortázar ha sabido mejor que ninguno agarrar a la Argentina por el lado de la vergüenza, combatir su engolamiento, ser el bufón que desmonta sus ficciones. 
Néstor García Canclini

Este gigante siempre pareció lamentar la distancia. Me pregunto qué habrá sentido cuando le dio por visitar Buenos Aires y nadie lo recibió. Esto fue durante el gobierno de Alfonsín y ya levantada la prohibición. Unos dijeron que el escritor no quería ver a nadie; otros, que la culpa fue de las autoridades. La secretaria del presidente llegó a confesar años después que fue un error de agenda. Nunca lo sabremos, probablemente.

Hace un rato estaba viendo un programa donde él le explicaba al periodista lo que sentía al caminar por París. Hablaba de una sensación que está más allá de las palabras, algo que yo he llegado a sentir también cuando vivía en Madrid. Será que es verdad eso de que hay que estar un poco lejos para poder encontrarse. Yo creo que ese "estar lejos" que tanto lamentaba este gigante del cuento, enriqueció su talento personalísimo y nos lo devolvió a todos en la forma que conocemos. Aunque no sé, quizá sea sólo una idea mía.

Recuerdo los tiempos en que yo cursaba en la Facultad de Humanidades. Hubo algún compañero que se refería a él con desprecio porque había vivido en Francia durante más de 30 años e incluso se le había pegado el acento. Circulaba por esos tiempos la idea de que era "extranjerizante". Actualmente se le pone por las nubes y es harto conocida su nostalgia por Buenos Aires, y su dolor de saber que en su tierra 22 millones de argentinos no podían leer sus cuentos por causa de la censura. Y hoy, mientras lo oía extrañar y añorar la tierra porteña, llegué a preguntarme cómo escribiría si hubiera nacido y vivido en Caballito, por ejemplo, en Ituzaingó o en Necochea. O más lejos todavía… si hubiera vivido en Catamarca. ¿Cómo escribiría el gigante si hubiera vivido en Catamarca? O en Añatuya. ¿Sería hoy el gigante que conocemos?

No sé si la pregunta es válida, quizá lo sea, quizá no. En cualquier caso, me hace reflexionar sobre la influencia de la tierra natal, sobre su fuerza inspiradora y las oportunidades que puede o no ofrecernos. En su caso, no puede decirse que su tierra haya sido muy generosa con él.

25/5/16

Calla el sol incaico

En el día más simbólico de la patria argentina el presidente decide cerrar la plaza de Mayo, por miedo a las manifestaciones de repudio popular que se vienen sucediendo desde que llegó al ¿poder? La plaza de Mayo, bastión de la gesta revolucionaria ocurrida el 25 de mayo de 1810, fue ocupada hoy por un grupo de obedientes alumnos de escuela y el intendente de la ciudad. Vallada al pueblo, la historia se da vuelta como una media y hoy la plaza de la libertad se convierte en búnker para los nuevos representantes del nepotismo des-ilustrado, fantasma del un ayer que no parece querer marcharse.
Una vez fue tomada (1810)
Otra vez fue violada (1955)
Por primera vez, fue vallada (2016)
Triste día de la patria, al menos para mí. Y creo que para muchos también.

21/5/16

La niña habichuela

¿Y qué podía nacer de la simiente entre una hetaira y un ángel caído? 

¡Una bruja!

Como dijera Dylan Thomas: O make me a mask. Toda su vida real bajo una hermosa e inquietante máscara…

Frances Bean Cobain (LA, 1992)