16/11/18

Malatesta

Los individualistas suponen o hablan como si supusieran que los comunistas (anárquicos) desean imponer el comunismo, lo que naturalmente los excluiría en absoluto del anarquismo. Los comunistas suponen o hablan como si supusieran que los individualistas (anárquicos) rechazan toda idea de asociación, desean la lucha entre los hombres, el dominio del más fuerte – ha habido quien en nombre del individualismo sostuvo estas ideas y otras peores aún, pero a tales individualistas no se les puede llamar anarquistas –, y esto los excluiría no sólo del anarquismo sino también de la humanidad.

Érico Malatesta. Pensiero e Volontà, 19/7 de 1924

15/11/18

Frances

Frances, el zarpado biopic de 1982 basado en la vida de la acriz Frances Farmer, fue dirigido por Graeme Clifford e intepretado por Jessica Lange, Kim Stanley y Sam Shepard como actores principales. Podés verla gratis online acá.

Valor del dolor

Intentamos cambiar la realidad sólo cuando hay incomodidad. Por eso es tan importante habitar el dolor, para no perder la sensibilidad. Quizá ésa sea la única y verdadera función del dolor.


Foto: Gina Pain

13/11/18

RESISTENCIA

A mayor opresión, mayor resistencia.
Los argentinos somos conocidos en el mundo por nuestro ingenio [para hacer... lo que sea] Hemos aprendido a nadar entre los ramajes de la opresión. En la corriente pantanosa de un río que al enredarse en los tobillos, fortalece las ganas de patalear. Esas ganas de patalear que se resisten a opresiones inimaginables para algunas sociedades más opulentas. A esto alguién le llamó capacidad de instrumentalización. Con dos piedras y una rama te armás un puente. Con dos mangos filmás una película, con jugo de ladrillo se armás una pintura de 2 metros cuadrados.
Esto es resistencia.
Resiliencia.
Jode. Duele. Pero se continúa. La opresión engendra semillas inesperadas que la erosionan. Quizá por eso aún estemos vivxs.

9/11/18

El viejo Dave



"Culpa. La culpa es cáncer. Te limitará, te torturará, te destruirá como músico. Es un muro. Es un hoyo negro. Es un ladrón. Te privará de ser tú. ¿Recuerdas cuando aprendiste tu primera canción o riff, o tu primera letra? ¿Recuerdas la simpleza de únicamente tocar música? Todavía eres, y siempre serás esa persona en tu núcleo. El músico. Y el músico está primero.
Malditos gustos culpables. ¿Qué tal simplemente el placer? Puedo decir sinceramente, en voz alta, que Gangnam Style es una de mis canciones favoritas en la década pasada. ¡Lo es! ¿Es mejor o peor que el último álbum de Atoms for Peace? Mmmm, si tan sólo tuviéramos un panel de celebridades para determinar eso por nosotros. ¿Qué haría J-Lo? ¡Pitchfork ven! ‪ ¡Pitchfork ven! ¡Pitchfork, te necesitamos para determinar el valor de una canción! ¿A quién carajo le interesa? ¡A mí me encanta! ¿Quién es adecuado para decir lo que es una buena voz y lo que no es una buena voz? ¿The Voice? Imagínense a Bob Dylan ahí parado cantando Blowing in the Wind frente a Christina Aguilera: Mmm… yo creo que suenas un poco nasal. ¡El que sigue!…
‪Es tu voz. Ámala. Respétala. Nútrela. Rétala. Estírala y grita hasta que no haya más. Porque todos están benditos con eso al menos, y quién sabe cuánto durará".

Dave Grohl

4/11/18

El acto creativo


"Consideremos dos factores importantes, los dos polos de toda creación de orden artístico: el artista por un lado, y por el otro el espectador que, con el tiempo, se convertirá en la posteridad.

Según todas las apariencias, el artista actúa como un ente mediumístico, que, del laberinto más allá del tiempo y del espacio, busca su camino de salida a la claridad.

Si damos los atributos de un médium al artista, debemos, entonces, negarle la facultad de ser plenamente consciente, en el plano estético, de qué es lo que está haciendo o por qué lo hace. Todas sus decisiones en la ejecución artística de la obra se basan en el dominio de la pura intuición, y no pueden ser traducidas en un auto-análisis, habladas o escritas, o incluso, pensadas.

T. S. Eliot, en su ensayo sobre Tradición y talento individual, escribe: «Mientras más perfecto el artista, más completamente separados en él estarán el hombre que sufre y la mente que crea; más perfectamente digerirá y traducirá las pasiones que son sus materiales».

Millones de artistas crean; sólo unos pocos miles son discutidos o aceptados por el espectador, y todavía muchos menos son consagrados en la posteridad.

En el último análisis, el artista puede gritar de todos los tejados que él es un genio; tendrá que esperar el veredicto del espectador para que sus declaraciones tomen un valor social y para que, finalmente, la posteridad le incluya entre los principales de la Historia del Arte.
Sé que este enunciado no contará con la aprobación de muchos artistas que rehúsan este rol mediumístico y que insisten en la validez de su plena conciencia en el acto creativo —sin embargo la historia del arte consistentemente ha decidido sobre las virtudes de una obra de arte a través de consideraciones completamente divorciadas de las racionalizadas explicaciones del artista.

Si el artista, como ser humano, pleno de las mejores intenciones hacia sí mismo y hacia el mundo completo, no juega ningún rol en la apreciación de su propia obra, ¿cómo puede uno describir el fenómeno que impulsa al espectador a reaccionar críticamente sobre la obra de arte? En otras palabras, ¿cómo se produce esta reacción?
Este fenómeno es comparable a una transferencia, del artista al espectador, en la forma de una ósmosis estética que tiene lugar por medio de la materia inerte: pigmento, piano o mármol.

Pero, antes de ir más lejos, quisiera clarificar nuestro entendimiento de la palabra «arte» —para estar seguros, sin intentar una definición.

Lo que tengo en mente es que el arte puede ser malo, bueno o indiferente, pero, cualquiera sea el adjetivo que se use, debemos llamarlo arte, y el mal arte es aún arte, del mismo modo que una mala emoción sigue siendo una emoción.

Por ello, cuando me refiera a «coeficiente de arte», deberá entenderse que me refiero no sólo al gran arte, sino que estoy tratando de describir el mecanismo subjetivo que produce arte en un estado bruto —à l’état brut— malo, bueno o indiferente.

En el acto creativo, el artista va de la intención a la realización, a través de una cadena de reacciones totalmente subjetivas. Su lucha hacia la realización es una serie de esfuerzos, penurias, satisfacciones, renuncias, decisiones, que tampoco son, y no deben serlo, completamente auto-conscientes, por lo menos, en el plano estético.

El resultado de esta lucha es una diferencia entre la intención y su realización, una diferencia de la que el artista no se da cuenta.

Consecuentemente, en la cadena de reacciones que acompañan el acto creativo, un eslabón está faltante. Esta separación que representa la inhabilidad del artista para expresar totalmente su intención; esta diferencia entre lo que se ha intentado realizar y lo efectivamente realizado, es el «coeficiente de arte» personal contenido en la obra.
En otras palabras, el «coeficiente de arte» personal es como una relación aritmética entre lo inexpresado pero intentado, y lo expresado no intencionalmente.

Para evitar un malentendido, debemos recordar que este «coeficiente de arte» es una expresión personal de arte «à l’état brut», que sigue estando en estado bruto, y que debe ser «refinado», como el azúcar pura de la melaza, por el espectador; el valor de este coeficiente no altera su veredicto. El acto creativo toma otro aspecto cuando el espectador experimenta el fenómeno de transmutación; por el cambio de materia inerte a obra de arte, es una transubstanciación la que ha tomado lugar, y el rol del espectador será determinar el peso de la obra en la escala estética.

En suma, el acto creativo no es desempañado por el artista solamente; el espectador lleva la obra al contacto con el mundo exterior por medio del desciframiento y la interpretación de sus cualidades internas y así agrega su contribución al acto creativo. Esto se hace aún más obvio cuando la posteridad da su veredicto final y algunas veces rehabilita a artistas olvidados."

Sesión dedicada al acto creativo, convención de la American Federation of Arts, Houston, Tejas, abril de 1957.
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Marcel Duchamp

26/9/18

Peludos de regalo

Bien. Cuando mi vieja y yo nos volvimos de España, ella tenía 84 años y padecía Alzheimer. Caímos en Argentina a finales de noviembre de 2011, con mis dos bártulos y todas las rutinas que se adquieren cuando se vive mucho tiempo a fuera y se tiene el destino de poseer todas esas cosas que no pueden y nunca podrán comprarse con dinero.

Me bajé del micro para caer en los brazos de mi mejor amiga, que no entendió. Porque nadie entendió. Y después bajó mi madre, con la carga de sus ochenta y cuatro y sus dieciocho horas sin dormir, que tampoco nadie entendió (porque para entenderlo habría que tener ochenta y cuatro y cruzar las dos terceras partes del planeta en un avión, sin dormir). Les caímos como peludos de regalo. Dos peludos envueltos en celofán. Nos recibieron peor que si fuéramos extranjeras. Para ellxs, éramos las fracasadas que volvían con una mano atrás y otra adelante, después de un millón de años en Europa (a la que todxs critican pero todxs quieren ir).

Desde Madrid alquilé de palabra una casa en un bosque cercano a cierto pueblo de la costa. El dueño era un tipo que vivía de los alquileres de verano y me advirtió que la casa era MUY fría en invierno; pero no había otra opción, así que tomé lo que me ofrecían.

Fue el año y medio más terrible de nuestras vidas. El tipo -amigo de uno que se hacía el amigo mío- nos entregó una casa con el inodoro que se tapaba (con las consecuencias imaginables de un inodoro que se tapa); agua fría, sin calefacción, garrafa exterior -yo nunca había usado garrafa, llegaba de un país donde todo es eléctrico, incluida la cocina, que acá sólo las tienen los chetos y allá las puede tener cualquiera. Mi vieja se me cayó dos veces en esa casa, y no se murió de milagro. Además de eso, el tipo, sabiendo que yo traía €uros, me subía el precio del alquiler cada seis meses, amenazándome con que me fuera si no quería acceder. Esto sin contar las veces en que me psicopateó, utilizando la mala memoria de mi madre para ponerla a su favor.

Durante ese período de tiempo, nuestra familia brilló por su ausencia. Como dije, no les parecía bien que nos hubiéramos vuelto, porque mi madre perdió la casa en una venta mal hecha donde me presionó mientras yo estaba en España, para que le diera la firma (algo que nunca debí hacer). A España sólo llegó la mitad del dinero de la venta, el resto nunca supe dónde fue a parar. Se perdió el contenido de dos chalets completos: el que había comprado con mi ex, que supuestamente quedó a resguardo en casa de mi madre; y el de ella, que acabó regalando todo a los vecinos sin mi consentimiento. En todo lo que regaló iban también unos 200 libros míos, todos mis apuntes de la facultad, todos mis fanzines de cuando era chica, unos 50 cuadros y dibujos, y una mesa de ónix gigante que había hecho mi padre con sus propias manos y que debe valer un puñadito de dólares. Por supuesto, al regresar la reclamé pero me dijeron que "la habían donado".

¿Querés que me ría un rato?

Mientras buscaba casa para irme del infierno -o más que infierno, del freezer- en el que estábamos viviendo, el supuesto amigo me ofreció su casa en alquiler, a cambio de que fuera a dejar todos los meses el dinero de la manutención de sus hijos al juzgado, porque él no se podía ni ver con su mujer. Yo le dije que eso no -no quería quedar pegada en un asunto ajeno-, pero estuve esperando varios meses la posibilidad de alquilar esa casa, hasta que un día, tibiamente, me dijo que no, que la casa no podía alquilarse porque "iban a ponerla como bien de familia". Y ¡oh casualidad! Las pocas personas y parientes que conocía, TODAS tenían puesta su casa como bien de familia, con lo cual no me podían salir de garantía para alquilar ni una cueva. Esto sin tomar en cuenta que en Mar del Plata te suben el alquiler cuando quieren, especialmente en temporada de verano, y si te gusta bien y sino andá a cantarle a Gardel.

¿Querés que me ría más?

Después de eso, el tipo -que era amigo del que me alquilaba el freezer- venía a visitarlo y pasaba por delante de mi casa (el otro vivía atrás) sin saludarme. Armaban sus asaditos, me sacaban el cuero bien, y jamás preguntaron cómo me sentía. A estas alturas, mi madre enfermó de neumonía y yo necesitaba un nebulizador. Un amigo de estos amigos, que me conoce desde hace como 30 años y fuimos juntos a la facu, me dijo que sí tenía uno. Pero jamás me lo prestó. Obviamente, después de enviarle un mensaje donde le decía que dejara de comportarse como un pendejo -mensaje al cual nunca respondió, y es hasta el día de hoy que no sé nada de él- nuestra amistad se fue por el inodoro del freezer. Todavía debe estar atrancado ahí (él).

A estas alturas yo ya estaba enferma del cuerpo y de la mente, con una madre que después de haber estado internada 2 días en una clínica de mierda donde la destrataron, no podía caminar. No tenía vehículo y vivía a un kilómetro del bondi más cercano, sin apoyo de nadie -porque todos temían contagiarse de la neumonía, que al final resultó no ser contagiosa-, así que iba en taxi desde un bosque a Mar del Plata, y desde Mar del Plata al bosque, con una vieja que apenas caminaba, que no sabía ni cómo se llamaba, que se cagaba y se meaba encima, que se arrancaba los pañales, que no se quería bañar, que no se quería cambiar la ropa sucia, que ya no sabía leer, y a quien no podía poner en una residencia del PAMI porque después de hacer los trámites me dijeron que tenía dos años de espera, ya que era paciente psiquiátrica.

¿Querés que me siga riendo? ¿O preferís que te cuente cómo algunxs susurraban a mis espaldas por las crisis nerviosas que me daban debido al estrés?

Bueno. ¿Sabés quiénes me ayudaron, porque hasta su propia familia de sangre no quiso saber más nada con nosotras debido a que estábamos "muy demandantes"? Reíte vos ahora: gente de una iglesia evangélica que ni me conocía. TODA una iglesia se movilizó para que pudiéramos salir de esa casa a un lugar más decente. La mudanza se hizo mientras yo estaba con el brazo fracturado, porque encima me había atropellado un coche mientras iba en bici. No tengo palabras de agradecimiento para ellos, más allá de mi posterior alejamiento por razones obvias: al final resultaron ser muy fundamentalistas.

Junté centavo por centavo, y en 3 años no me compré ni un par de medias. Malvivimos como pudimos, y entre la mitad de la casa que vendió mi vieja, el dinero que me traje de España y lo que logré ahorrar en ese tiempo, me compré el precioso dúplex que tengo ahora, y que es mío y nada más que mío. Lo soporté todo como una campeona, así que no me vengan con que tengo "mal carácter" o con que "soy brava", porque SÍ QUE LO SOY, he tenido que serlo. Una no llega a conocer la fuerza que tiene hasta que la vida te pone a prueba.

Reitero: a mí, en este país, me recibieron PEOR que en cualquier otro. ¿Y sabés por qué? Porque me creyeron perdedora. Nunca te vuelvas a tu país después de muchos años, a menos que lo hagas forrada y con premios, menos que menos si el país es Argentina, que tiene un complejo exitista bien adolescente. Todas las expos que hice y la experiencia adquirida, se la pasaron por el forro y nunca les importó. Eso sí: mientras estaba allá, me lamían los pies de una forma bastante asquerosa. Ellxs necesitaban ver la chapa y la guita. Punto. Pasa que quien es mediocre, mediocre se queda, viva donde viva, sea rico, pobre o tenga 10.000 hectáreas. Sobreviví a cosas que a más de unx llevarían al abismo. Pero yo supe saltar sin romperme las piernas. Ésta soy yo. Y me gusto.

¿Que por qué lo cuento? Porque se me canta. Porque historias así no se inventan, porque merecen ser contadas, porque no se pueden contar a espaldas de nadie, ya que eso es demasiado rastrero. Y sobre todo, porque ésta no es una historia: es la verdad.

La que ríe última, ríe mejor.

19/9/18

Si tenés un bombo dámelo YA

Fui a pagar la luz a EDEA. Cuando pego la vuelta por la avenida, me encuentro con un piquete gigante. Haciendo grandes esfuerzos logro llegar a la entrada y preguntar por dónde puedo pasar, ya que las puertas estaban cerradas. Adentro habían cerrado inclusive unos portones que tienen ellos, de acero, delante del cual hacían guardia unas cinco empleadas con cara de miedo.

Me voy, me fumo un cigarro, interactúo con la gente del piquete, y vuelvo. Eran MUCHOS, calculo unas 1500 personas. Saqué algunas fotos de las ollas populares, de los bombos, que esta vez se oían con todo. Mucha energía de gente del piquete, manifestándose en paz, sin disturbios, sentada en la calle tomando mate, esperando. Esperando que EDEA les abriera. ¿Qué pretendían? Presentarle un petitorio a la empresa para que no quite las tarifas sociales de los barrios periféricos favorecidos por este derecho. Cada organización tiene su propia escuadra de seguridad y no se permite que nadie se desmadre. Por eso pude recorrer en paz las dos cuadras del piquete, charlar con algunx, pasearme entre las ollas.

Vuelvo a la entrada, al ver que hay gente que no es del piquete intentando entrar. Una viejita como de 80 años, un tipo como de mi edad y una mujer de unos 60. El tipo dice: "Acá tienen que sacar los camiones". Yo lo miro entre horrorizada y furiosa: "¿Qué camiones?????", le pregunto. Y ahí automáticamente el tipo cambia de guión: "Lo que está haciendo este gobierno es criminaaaal". La mujer de 60 empieza a chillar con lágrimas en los ojos, mientras señala a la calle: "¡ESTO ES POLÍTICA, POLÍTICA, POLÍTICA!". Y ahí me salta el escorpión: "Señora, no me joda... ESTO no es política, es HAMBRE. YO VINE A PAGAR LA LUZ, Y ME PARECE QUE TANTO DERECHO TENEMOS A PAGARLA COMO A MANIFESTARNOS, PORQUE MIENTRAS SEA UN PAÍS DEMOCRÁTICO, SI ES QUE TODAVÍA LO ES, LA GENTE TIENE DERECHO A MANIFESTARSE".

Sólo ahí me di cuenta de que estaba gritando. Y fue justo que me acordé del 2001, de la gente amontonada frente a los bancos cerrados. Yo era una más queriendo pagar un servicio que la empresa se negaba a cobrarme. Por miedo a la libertad. Bastaba con ver las caras de las que estaban adentro; la oscuridad en el interior de la empresa. Entonces aparece un tipo de la nada, uno rubio de ojos celestes que destacaba de entre los latinos que estábamos ahí. Todo amable me señala un cartel pegado en la puerta, donde dice que se puede ir a pagar la factura en cualquier PAGO FÁCIL, aunque esté fuera de vencimiento (la mía se me pasó dos días, acá es juntar moneda por moneda para pagar los servicios). Me lo explica, y me voy, pensando en regresar.

En PAGO FÁCIL me cobran la luz con 5 $ de recargo, porque la empresa ya no me envía la factura con papel, así que para imprimirla fuera de ella hay que pagar. O sea, tengo que pagar 5 $ de mi bolsillo porque la empresa no quiere abrirle la puerta a los usuarios. Reitero: POR MIEDO A LA LIBERTAD.

¿A quiénes hay que tenerles miedo? ¿Quiénes son los ladrones?

Creo que la respuesta está clarísima.

Me compro una gaseosa y vuelvo al piquete, donde la gente continúa exigiendo pacíficamente que le abran. La tristeza que traía de pronto se me disipa, y me entra un deseo poderoso de pegarles un abrazo a todxs lxs que están ahí. Y a la vez una tristeza inexplicable en palabras. Habían por lo menos 20 ollas, vi cómo las hacían: básicamente son fideos (o arroz), salsa de tomate barata y agua. No sé si le pondrán también algún otro ingrediente. Había muchos pibes chiquitos con sus mamás. MUCHOS pibes. A ellas las conozco y me sé sus miradas duras.

Cuando empecé a volver a casa eran como las 12 y media, pero antes de irme le eché un vistazo al piquete, de lejos. Vi muchas banderas, y de pronto me vino a la memoria el más famoso discurso de Eva -y el último- pronunciado el 17 de Octubre de 1951: "…y aunque deje en el camino jirones de mi vida, yo sé que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera a la victoria".

Entonces, comprendo.

Si tenés un bombo dámelo YA.

25/8/18

LA LOCA


  El concepto de LOCURA es uno de los más bastardeados de la historia. Cuando se le atribuye a la mujer, peor todavía. ¿Por qué? Es simple: porque somos el principal sujeto de opresión del sistema patriarcal. Somos las reproductoras, las incubadoras de la humanidad. Por lo tanto, no se nos permiten disidencias.

Estas disidencias, que nos hacen habitar el mundo de una manera diferente, y por ende percibirlo de un modo distinto, definen lo que algunxs empezamos a llamar DIVERSIDAD PSÍQUICA. Ya lo habrán escuchado muchas veces: cuando hablamos de enfermedad/ trastorno: ¿qué es lo que tomamos como referencia para definirlo? ¿La normalidad? ¿Y qué sería la normalidad? ¿Cómo se define? ¿Qué marco de referencia se utiliza para hacerlo? Y sobre todo: ¿QUIÉNES la definen?

No soy una especialista en salud mental, sólo soy una LOCA más que hace, deshace y se hace muchas preguntas. Una LOCA que demasiado a menudo se ríe de su propia locura. Y que otras, tantas, la padece y la llora. Entonces, cuando la lloro y la padezco, he llegado a preguntarme: ¿qué es lo que me hace llorar mi locura, en vez de bendecirla o simplemente aceptarla sin que ello me suponga la sensación de que ser distinta es algo MALO? ¿Por qué la singularidad de la daltónica es aceptada con cierta empatía, por qué la de la disléxica, y por qué no la de la LOCA? Al fin y al cabo, tanto el daltonismo como la dislexia son también alteraciones de la percepción. Sin embargo, no tienen causa psíquica. Por lo tanto, nadie teme que una daltónica vaya a saltarte al cuello con un cuchillo como lo haría la LOCA de Atracción Fatal

Esto demuestra que el cine, la televisión y la prensa han colaborado activamente en la creación de una imagen completamente distorsionada de nuestras disidencias.
La palabra LOCURA siempre estuvo asociada con todo lo malo, lo oculto, lo oscuro, lo prohibido, lo incontrolable y lo incomprensible. Desde la mente controlamos el cuerpo, y como se supone que la LOCA es alguien que no mantiene el control -las formas-, puede que sus reacciones se vuelvan impredecibles. Se produce una ruptura que como sociedad nos enfrenta a nuestros miedos más ancestrales: el de perder el control del cuerpo y morir. El de no ser amadas. El de ser excluidas de la comunidad. Todo eso la LOCA nos lo refleja como un espejo impecablemente limpio. Mejor callarla. Mejor tranquilizarla. Mejor medicalizarla.

La medicalización merece un apartado especial debido a los efectos colaterales que produce sobre la libido. Siendo la mujer incubadora de los futuros humanos que ingresarán a la rueda de producción, parece conveniente que las LOCAS no se reproduzcan. No debe ser casual que la medicación psiquiátrica inhiba el deseo sexual -tanto en hombres como en mujeres- y que no obstante las quejas de los hombres al respecto sean mejor recibidas, y se busquen mejores alternativas para ellos. Algo que no ocurre tanto en el caso de las mujeres. Si te quejás, te dirán que tenés que elegir entre tu "salud mental" y el placer. Todo tiene su precio. ¡Como si el placer sexual no formara parte de la salud mental de cualquiera!

Con respecto al feminismo, llevo unos meses hablando sobre la manera en que éste enfoca el tema de la salud mental. La verdad, encuentro muy poco material. Sin embargo, lo peor no es esto, sino la escasa empatía que he notado entre algunas feministas. Al feminismo, la palabra LOCURA le da casi tanto miedo como el patriarcado, y un poquito menos del miedo que el propio patriarcado nos tiene a las LOCAS. Es sorprendente. O quizá no lo sea, si tomamos en cuenta la mala fama que tienen los trastornos mentales, y el tono peyorativo con que el sistema machista nos tilda de LOCAS por cualquier cosa, desde que empezamos a combatir.

Por lo tanto, la delicada frontera entre la LOCURA según el patriarcado y la DIVERSIDAD PSÍQUICA real debería revisarse. Y por favor: que se haga urgentemente. Porque lo necesitamos. Hay mujeres pasándoselo muy mal, invisibilizadas por sus propias compañeras de lucha. Hay mujeres viviendo en la calle por razones psíquicas. Hay mujeres padeciendo realidades de las que se avergüenzan por miedo a ser tildadas de eso, de LOCAS. Y ser LOCA en el sistema patriarcal opresivo, además de invisible, es equivalente a ser marginal, out-sider, bocazas, chapita, disidente, singular, hipersensible, en definitiva: alguien muy poco digna de confianza. Alguien que es mejor discapacitar para que no trabaje, y por ende no cuestione de forma inadecuada el sistema esclavista impuesto por el capitalismo. Alguien que mejor medicamos para que se tranquilice y en lo posible no se reproduzca. Alguien que por no responder a lo normativo, podamos mantener en el tercer o cuarto cinturón del conurbano vital, bajo el padrinazgo de los talleres protegidos y los centros especiales para locxs.

Hace mucho tiempo, a lo que hoy llamamos LOCURA se le buscó una causa sobrenatural. Decir LOCA era sinónimo de estar endemoniada. Y aunque tuvieron que transcurrir los siglos para que el dolor psíquico estuviera separado de la religión, todavía proliferan las sectas donde se le atribuye una causa mágica (vayan a cualquier iglesia evangelista y ya me contarán).

Todas sabemos lo que hacía la Inquisición con las brujas. Ser bruja y ser LOCA era más o menos lo mismo. Básicamente, las brujas desafiaron la autoridad del clero al ocuparse de proporcionar medicina y cuidados al pueblo llano. Eran las curanderas. Las parteras. Pero también eran las aborteras. Mujeres de pueblo que sabían mucho de plantas medicinales, y que por muy poco dinero curaban los males que la gente pobre no podía pagarle a un médico. Quizá las brujas hayan sido las primeras feministas de la historia, porque se atrevieron a saltar por encima del sistema de castas medieval y el poder hegemónico de la iglesia católica. Las brujas fueron la resistencia de la hegemonía médica del medioevo.

En la Europa mediterránea se sabe que las famosas escobas de bruja eran una suerte de consolador que las mujeres de pueblo usaban para proporcionarse placer, untándolas con un ungüento especial a base de estramonio (una planta que no existe en América; existen otras). Dicha sustancia afrodisíaca las hacía orgasmar. El vuelo de la bruja es pues, nada más y nada menos, que la expresión simbólica del goce femenino devenido en algo prohibido.

Pasados los siglos llegaron los alienistas. Alienista proviene de alienare, que significa perder la razón. Tener la razón, en esos tiempos y también en los nuestros, es vivir conforme al sentido común. Gracias al "sentido común", una llega a adquirir la capacidad de adaptarse al sistema, adhiriendo sin conciencia crítica a la automatización normativa que nos imponen. A títulos, rótulos, jerarquías, especialismos y escalafones. A veces pasa que sí se posee conciencia crítica, pero resulta mucho más cómodo y oportuno adherir al sistema hegemónico por una cuestión de ambición personal. Es decir, por una cuestión de poder. O sea: si no puedes contra el enemigo, únete a él. Y después veremos cómo lo combatimos desde adentro. Una ingenuidad que puede ser confundida incluso con idealismo. Pero así funciona el mundo. Y así les va a las LOCAS. El resultado de ese idealismo es que muy pocas veces hay presupuesto para integrarlas creativamente.
Luego llegaron los psiquiatras.

Hay una reticencia importante dentro de la institución psiquiátrica a escuchar la opinión de las LOCAS. A considerar cualquier postura crítica que no sea funcional a las normativas impuestas para el tratamiento. Una psicóloga me decía hace un tiempo, que si bien todos lxs pacientes son distintxs, a todos se lxs medica de la misma manera según el diagnóstico establecido por la biblia de la psiquiatría, que son el DSM IV y el CIE 10. Sólo hay 3 ó 4 medicamentos básicos para los trastornos mentales de millones de personas con singularidades específicas. Ni hablemos de los que ya NO se consiguen en la salud pública, porque si las discapacidades físicas -que están visibilizadas- son un tema secundario, imaginen las discapacidades que NO se pueden ver, como las psíquicas. Recordemos que el discapacitado no produce. Mantenerlos supone un gasto público considerable que el estado capitalista está cada vez menos dispuesto a asumir.
Sin embargo, el manicomio sigue existiendo en Argentina como depósito de cuerpos singulares, algunos inclasificables o simplemente en estado de vulnerabilidad socio económica. Es la versión moderna del antiguo cotolengo. 

Muchas LOCAS se quejan de estar abandonadas no sólo por la institución psiquiátrica como ente burocrático, sino también por sus propios médicos. No se les permite acceder a un trabajo en blanco que las dignifique. No se las toma en cuenta seriamente a la hora de proponer alternativas a los talleres que les ofrecen. No llegan a comprenderse sus propuestas, y se pretende que adhieran a dispositivos que no son adecuados para su capacidad. Lo cual no viene a ser muy terapéutico que digamos. Sin embargo, a veces la situación económica es tan desesperante que la LOCA llega a adherir a un taller protegido que está muy por debajo de sus expectativas sólo por necesidad. Esto, siempre y cuando su terapeuta, a último momento, decida por ella que mejor no.

Qué paradoja, ¿verdad? Y es que el mundo de las LOCAS es así de paradojal. Es así de doliente y silencioso.

Señoras profesionales de la salud mental, no es nada contra ustedes: pero cuando una LOCA les proponga un proyecto, escúchenla. Ante su silencio y su hacerse las tontas, en el mejor de los casos, la LOCA iniciará una práctica de resistencia que podría dejarlas sin trabajo. En el peor, la LOCA podría llegar a sustraerse del mundo. En ambos casos, ustedes habrán fracasado.

Quien tenga oídos, que oiga.

A las feministas: hay muchas maneras de morir, además de las políticamente correctas del pañuelo verde, el aborto y los femicidios. También existe el suicidio, y la lenta muerte que significa ser segregada por diversidad psíquica. Lamento ser tan dura, pero a veces no hay otra manera de decirlo. No ignoramos, desde aquí, que hay muchas compañeras trabajando en la integración de las LOCAS. Lo único que necesitamos es que se hagan ver, y que cuando hablamos de LOCURA, tengan la suficiente sagacidad como para darse cuenta de que no estamos hablando del doctor Freud ni de los métodos arcaicos para tratar la histeria, sino del sufrimiento psíquico verdadero cuyo origen es patriarcal. Estamos hablando de que hay miles de compañeras LOCAS viviendo al borde de la indigencia, y en los márgenes. Estamos hablando de las compañeras que ya no ovulan y que encima, son discapacitadas legales por causa psíquica. Estamos hablando de los cuerpos que ya no son incubables. De los cuerpos que perciben la realidad de otra manera. De los cuerpos y los psiquismos que de vez en cuando se rompen y necesitan la fuerza de la marea para levantarse. De eso estamos hablando.

Por último, a vos que me estás leyendo, que tenés una depre, un trastorno de ansiedad o ataques de pánico. Es necesario aclarar bien el uso político del concepto LOCA dentro de este post. Acá se usa con el sarcasmo que se merece, y ni más ni menos que para erosionar y combatir la violencia simbólica que el patriarcado le ha otorgado a la palabra. Ya que estamos tan LOCAS, por lo menos usemos nuestra locura para resistir.