8/8/09

Toda una ofrenda

Townes Van Zandt desafinaba bien, con una poesía muy bien afinada. Un José Larralde texano, gente que esté donde esté parece lucir siempre en carne viva, y al verle, al escucharle, una llega a sentirse un poco "vouyer" de esa intimidad que, más que dar un espectáculo -que no lo es, bendito sea, nunca lo será- es toda una ofrenda.

Solía despertarme y correr con la luna,

vivía como un vagabundo y un hombre joven,

cubría a mis amantes con flores y heridas,

mi risa le daba miedo al diablo,

el sol venía y me derrrotaba.

Pero cada día cruel tiene su noche,

yo les daba la bienvenida a las estrellas

con vino y guitarras,

lleno de fuego y olvido.

(Cortesía de Manco).