31/3/09

La imaginación del extranjero

La que estais viendo es una foto del Colegio de las Escuelas Pías de San Fernando, construído hacia fines del XVIII -su iglesia, concretamente-, en pleno centro del madrileñísimo barrio de Lavapiés.

Parece mentira que todavía no le haya dedicado ningún post a este lugar. De todos los edificios emblemáticos que he visto en Madrid -y qué digo, en España- es el único donde he llegado a sentir de verdad el peso del dolor de sus muertos. Un dolor abrumador, asfixiante. Si le echais un vistazo, vereis que la cúpula no existe. Se supone que existía antes de 1936, plena Guerra Civil, que fue cuando la quemaron.
Llegué a él por primera vez en el verano de 1999. Hoy día está restaurado y lo han convertido en una moderna biblioteca; por entonces todavía estaba en ruinas. Me estremeció el reloj que se vé en la fachada, detenido para siempre en lo que en ese momento me pareció que eran las diez y veinte de la mañana. Así durante cincuenta y seis años.
Lo primero que hice aquella tarde fue situarme en el centro del ábside y mirar hacia arriba. Lo que vi fue un gran ojo de cielo abierto de par en par en el fondo de una enorme órbita de piedra. Delante de mí, la pila bautismal, como un enorme copón también de piedra y ya vacío para siempre, invitaba a mantener las manos bien lejos. A mí, que soy una curiosa de mil demonios y me gusta tocar todo lo que veo, me hizo echar para atrás. Ni hablar de los nichos abiertos en las paredes. ¿Qué habría habido allí?¿Santos diminutos?¿Alguna mesina para guardar los adminículos de la eucaristía?¿Entradas a catacumbas secretas? La imaginación del extranjero -cuando uno todavía lo es, realmente- puede ser prodigiosa.
Hoy recuerdo aquella enorme mole de ladrillo visto y piedra quemada, y al hacerlo, no puedo sino evocar lo que me dijo un amigo hace mucho tiempo, cuando le comentaba lo que sentí al pisar aquel suelo que retumbaba como una cáscara hueca:
- Es el peso de la vieja Europa, hija; eso es lo que es...

La foto es cortesía de J.L De Diego.