7/2/08

El arcano XVI


La Torre representa las construcciones efímeras y fecundas del Hombre, siempre destruídas y siempre reanudadas, dolorosas porque arruinan sus ambiciones, bienhechoras porque acrecientan sin cesar la riqueza de su saber. (Eugene Caslant)
Lejos de ser una práctica adivinatoria propia de marujas, el Tarot (o libro sagrado de Thot, el Hermes egípcio) es una útil herramienta creada por hábiles hermetistas conocedores de la tradición oculta de la humanidad, cuyo origen no puede remontarse mucho más allá del siglo XIII, aunque algunos autores le atribuyan un origen mucho más antiguo y oscuro, algo que parece ser bastante difícil de probar. De hecho, los 22 arcanos (en Numerología, el 22 es uno de los 3 números maestros, y se define como el número del Maestro Constructor) representan los 22 arquetipos de la acción humana. Su aplicación en la praxis resulta tan propícia como una cucharita para una taza de café sin azúcar.
Si hubiera que definir nuestra época a través de una de las 22 cartas del Tarot, quizá la más aplicable pudiera ser, justamente, la Torre (o Arcano XVI). Y esto es bueno -muy bueno- ya que a pesar de sus connotaciones un tanto fatalistas, la Torre es una carta de cambios radicales.
Para quienes abominamos del conservadurismo cuyo agente principal es la perpetuación de un Poder monolítico basado únicamente en el valor del capital, su acción en un mundo cuyas estructuras se derrumban por su propio peso (debieron preveerlo hace unos cien años, o quizá más, cuando se pergueñó el plan), es evidencia de un cambio doloroso aunque necesario. Un poder, por otra parte, apoyado por la prensa, que es su más eficiente ezbirro vendido al todo a cien del Ojo Supremo, sabiendo que si vende, gana; y que lo que vende es mentira.
Por eso, como le decía a Eric, de
Tao cotidiano, cada vez me fío menos de las estadísticas. Tengo la impresión de que somos víctimas de una Gran Mentira Global, monstruosa mentira, de una mentira inteligentemente perversa, algo que los medios de comunicación se ocupan de distribuir sabiendo que la masa -a estas alturas ya no poco informada, sino confundida, manipulada y sometida a una sobreexposición informativa de basura maniquea cutre hasta la exasperación- cogerá lo que haya sin la menor intención de hacer una criba. Al Ojo Supremo no le conviene que la masa se eduque; sino que se entretenga.
Esto no es nada nuevo. Lo nuevo, en realidad, no es lo que distribuye la prensa enterteiment -que incluye una información supuestamente “fiable” de lo que sucede a nivel global- sino lo que sucede realmente a nivel a global. Como pasa con todas las cosas, la sobreexposicón informativa nos brinda, además, la posibilidad de acceder a otro tipo de prensa, una prensa “periférica”, por llamarla de algún modo, cuya pretención es desenmascar a la otra. Sin ir más lejos, para enterarnos de lo que sucede realmente basta con salir a la calle con las antenas bien paradas y acceder a la prensa periférica que circula, principalmente, por Internet. El Ojo Supremo se pisa la cola a si mismo: él inventó el monstruito, y es su propio monstruito el que le traiciona. Paradojas del doctor Frankenstein.
Más allá de eso, y allende lo dicho acerca de la prensa, no hace falta tener muchas luces para advertir que algo está sucediendo. Las piezas, hasta hace unos años -y sólo en apariencia- perfectamente acomodadas (¿recordais el Nuevo Orden Mundial?), empiezan a desmoronarse. La Torre se resquebraja. Hay ¿cómo te diría?, una sensación de inestabilidad a nivel global.
A grosso modo: Estados Unidos está en números rojos, y no es que la situación europea sea menos preocupante: más allá de los números rojos (qué digo, si el día de la ayer la Bolsa cayó en un 7%, lo cual, dicen, es alarmante) el problema migratorio le tiene a maltraer. China se erije como novísima potencia económica: no olvidemos que un gran hormiguero puede socavar los cimientos de una casa. Ya decía mi amigo el entomólogo que los insectos sociales son un ejemplo para los mamíferos superiores. En Latinoamérica, los llamados “líderes populistas” -bautizados así por ciertos políticos alarmados ante la posibilidad de que los acuerdos bilaterales de antaño ya no tengan efecto con semejantes antropoides al frente del continente- ya-no-ca-san con Estados Unidos, y para colmo les invaden el territorio a tres puntas, inventan el spanglish, conquistan a sus mujeres, les aumentan el ingreso per cápita frente a los ingresos de los nativos, compiten con ellos en los medios, y les copan la industria del enterteiment. Cerrando el círculo, la mala semilla del terrorismo acampa por todas partes con la subrepticia tenacidad de un cáncer.
Es curioso que medio mundo se rasgue las vestiduras despotricando contra el terrorismo, y que en cambio sean muy pocos los que admitan (porque ver, lo ven, que les convenga admitirlo ya es cosa bien distinta) que la política expansionista de EE.UU (cuyo status imperial se lo dán otros) no es sino otra forma de terrorismo basado en un lema no menos mesiánico que el de los fundamentalistas islámicos: In God we trust. (Por Allah). Con una salvedad: ellos nunca lo hacen in situ.
En su interesante reseña Golpes militares y salidas electorales (1983), el historiador Felix Luna hace referencia a la manera en que EE.UU gestionó los golpes militares de la América sureña a fin de utilizar ese territorio como teatro de operaciones para su lucha anticomunista durante la Guerra Fría, tras el advenimiento de Fidel. Por eso hoy en día los estadounidensas están tan traumatizados con el atentado en el Word Trade Center: hasta el momento, todo lo que sabían de terrorismo lo habían visto en televisión.
Esto podrá sonar a diatriba politiquera ya harto conocida, e incluso a tópico, pero a pesar de ésta y de otro millón de diatribas que circulan por Internet, sigue resultando sorprendente que lo único que se perciba sea la desestabilización del sistema a manos de cuatro carlitos con chilaba y largas barbas. Si EE.UU pretende que este planeta, con sus 6600 millones de habitantes, funcione como en una película de Spielberg, es estúpido, ingenuo, prepotente, o es las tres cosas a la vez (¿alguien lo pone en duda?), ya que por muchos extras que pudiera contratar el magnate para una de sus superproducciones a todo trapo, dudo mucho que llegara a controlar a tanta gente junta sin que alguien le montara un motín. Por eso fracasan los llamados Imperios, me parece, porque escriben un guión que siempre se les queda corto en extras. O sino que se lo pregunten a Herzog, que no pudo con Klaus Kinski, y eso que siempre se llevaba el protagónico.
¿Cómo pueden, pues, trazarse estadísticas fiables en un mundo tan polivante y plural? Yo prefiero creer en el desarrollo desproporcionado, y por lo tanto aleatorio, de ideas y experiencias absolutamente imprevisibles. “Claro, tan imprevisibles como el atentado contra las Torres Gemelas”, me dijo alguien hace tiempo. Recuerdo que entonces no me apetecía discutir. El comentarista es un indivíduo que pretende vivir inmerso en un cierto cinismo flotante, de plancton, con el que cree dejar clara su sagacidad. No hay nada que me moleste más que una pose irónica, cuándo ésta se basa en la candidez. El hombre insinuaba que Washington no sabía nada antes del atentado. ¿Quién se traga algo así a estas alturas? Los que creen en la virtud de los pájaros, como diría Wilbur.
Oh, sí. La Torre se resquebraja; y hay en la atmósfera una sensación de inestabilidad. Sin embargo, esto no puede ser mejor. Se respira en el aire un olor a pólvora humedecida, un sabor a gloria a punto de perderse, un miedo sátrapa oculto bajo el pellejo de las cotizaciones en bolsa. Ya es hora de quemar las naves. De volver a la alpillera, la roca, la huerta y el troncomóvil. Y no es malo. Es maravilloso: otra oportunidad de poner a prueba nuestra siempre incesante capacidad de reciclarnos como indivíduos y como sociedad:
Como diría Caslant:
- En su aspecto MENTAL, la Torre indica el peligro de perseverar en una determinada vía y en una idea fija, so pena de conmoción violenta y aniquilamiento.
- En su aspecto ANÍMICO, representa la dominación de los seres sin caridad ni amor, ejerciéndose sobre los demás con despotismo, de forma tal que tarde o temprano esto será rechazado fuera del efecto.
- En su aspecto FÍSICO, habla de un proyecto bruscamente detenido, de un golpe teatral y choque inesperado. Advertencia de guardarse en los negocios. La llama que quita la corona de la Torre puede interpretarse como liberación de una prisión.
Antes de que llueva, las hormigas sacan fuera todo lo que hay dentro de su morada para ponerlo a resguardo antes de que el aguacero las inunde. Se comportan con la austera sabiduría de quien ve venir el derrumbe. De quien lo huele y lo acepta, porque es el devenir, y nada puede ser más necio que negar que la vida, como las sociedades, están en contínuo cambio, y que el cambio, por muy azaroso que pueda parecer, es necesario para que la noria siga dando vueltas y vueltas. Prudentes animalitos las hormigas.
¿Apocalíptica? No; ni lo pretendo. Es sólo causa y efecto.

Pez soluble en salsa bretón

Si hay algo que rescato del Surrealismo, es su astuta manera de hacernos comprender que la vida, en si misma, no tiene sentido alguno. Eso me quedó muy claro al leer Pez Soluble, de André Bretón, obra que cabalga sobre el campo fecundo de la escritura automática con la absoluta libertad de una invitación al sentido. O al revés: quizás sea una invitación a la absoluta libertad de sentido. Como querais. 

Photo/post: Chema Madoz

Ley de la memoria

A principios del siglo XIX, Mariano Moreno, jurista, intelectual y periodista argentino preculsor de la Revolución de Mayo, muerto a bordo de la goleta inglesa Fame, cuando viajaba rumbo a Inglaterra, escribió lo siguiente:

La verdad, como la virtud, tienen en si mismas su más incontestable apología. A fuerza de discutirlas y ventilarlas en todo su esplendor y brillo, si se oponen restricciones al discurso, vegetará el espíritu como la materia, y el error, el fanatismo y el embrutecimiento, harán la divisa de los pueblos, y causarán para siempre su abatimiento, su ruina y su miseria.

Su muerte dio lugar a que su principal oponente, el general Cornelio Judas Tadeo de Saavedra y Rodríguez, se convirtiera en presidente de la Primera Junta de Gobierno. Algunas fuentes indican que Mariano Moreno falleció a consecuencia de un coma etílico. Sin embargo -y aunque no existan pruebas concluyentes- lo más probable es que haya sido envenenado por el propio capitán del barco.

¿Quién ordenó la muerte de Mariano Moreno? Creo que no hace falta explicarlo. A principios del siglo XXI, Juan Gelman, escritor, poeta, libertario y víctima de la dictadura militar del ’76, dice lo siguiente:

Lo contrario del olvido no es la memoria, sino la verdad.

Ésta es la historia de Argentina. Y la de los pueblos.

ENTREVISTA A JUAN GELMAN

Si hay censura



A mí me dá en la espina
que el grito que se acalla por la fuerza,
por la fuerza acaba oyéndose en otro lugar...

Photo/post:
Sergio Subbotin

De autor latino


Tuya es mi libertad", dijo el arco a la flecha al despedirla.

Little girl blue


A los veinte años yo quería ser como ella. Corrijo: quería ser ella. Mis novios le tenían manía (será que estaban hartos de escucharla a todas horas). Mi ex-marido la hubiera ahogado con sus propias manos. Mis madre hacía cálculos sobre las contadas veces que debía ducharse. Mi mejor amiga prefería a Odetta. El único que se abstenía (por compasión, quizá) era mi padre. Un hombre sabio, mi padre.

Sobre ella poco hay que decir y mucho que sentir. Es como la Pizarnik, que hace callar hasta a los pájaros. Que me recuerda bastante a una gardenia arrancada del tallo, que huele mejor cuanto más marchita está. Mujeres cuyo talento desprende una fragancia intensa, indeleble, feroz. Hablar de ellas es difícil, porque ellas ya lo han dicho todo y sin embargo, por uno de esos misterios que tiene el genio, cada vez que se expresan sea a través del verso, de la voz, del cuerpo o de la imagen, gestan nuevas criaturas en vientres ajenos. Y los pájaros siguen callando mientras nosotros, sus fans, nos volvemos unos diletantes.


El 19 de este mes cumpliría 65 años. Sólo decir que esta noche brindo por ella delante del único póster que no me avergüenza conservar (¿Alguien sabe dónde puedo conseguir una botella de Southern Comfort?).


O no, mejor me tomo un chupito de ron. Y no es broma.

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Janis Joplin, 19 de enero de 1943- 4 de octubre de 1970. In memoriam.



Cioran: antídoto contra elsuicidio



Vivo únicamente porque puedo morir cuando quiera: sin la idea del suicidio, hace tiempo que me hubiera matado.
-Emile Cioran.

(Shhhhhh... tranquilos, que la cita no mata).


Photo/post:: Francisco de Goya

¿Quién se engaña con Jessica Rabbit?

Quién no se ha puesto pensar alguna vez en la forma que tienen las nubes? Parece que nuestra mente tuviera una habilidad natural para hacer encajar las formas abstractas en esquemas concretos reconocibles por la experiencia. Conciente de ello, hubo alguien por ahí al que le dio por inventarse un test proyectivo basado en manchas completamente abstractas, que luego procedía a mostrar a sus pacientes a fin de que estos le indicaran qué era lo que veían en ellas; hechos relacionados con su vida cotidiana, fantasías, recuerdos… bueno, ya conoceis el test de Roscharch. A la gente que le gusta la pintura abstracta, cuando le preguntas qué es lo que le atrae especialmente de la abstracción suele responder: “No sé, es que me hace pensar en (lo que sea)”; o: “Me gusta porque puede ser cualquier cosa, lo que yo quiera”. Los más refinados suelen decir incluso: “Me gusta porque no me condiciona”
¿Os habeis puesto a pensar alguna vez en la forma que tienen los continentes? Pregunta ociosa: ¿tendrá nuestra proyección subjetiva sobre una forma supuestamente aleatoria, alguna relación con la naturaleza de esa forma? Es la pregunta que me hice cuando decidí escribir este post, y como soy una tía muy imaginativa, estuve dándole vueltas al asunto y me pareció que encajaba. Es como un juego de niños: ¿qué veis en la forma del continente americano? Pues yo veo a Jessica Rabbit, la mujer de Roger Rabbit. O bien a Rita Hayworth antes de que Glenn Ford le pegara aquella memorable hostia que, según cuentan, fue de verdad: ancha espalda, cintura estrecha y un pubis de ametralladora avanzando sobre el tronco, y en oblícuo. La típica pose de la vampiresa desaprensiva y sinuosa. A este juego los cognitivos le llaman pareidolia.
La gente del campo sabe que por la forma de una nube puede saberse si va a llover finito o no. Ni hablar de los meteorólogos. Así que, más allá de las peregrinas asociaciones que pueda hacerse entre la forma de un continente y la mujer de Roger Rabbit, parece ser que la posición sí que cuenta. En parte, quizá se trate de una pareidolia cultural, y en parte es un hecho geopolítico que no es lo mismo estar al norte… que al sur, al este que al oeste, colgar de un estrecho, vivir entre dos grandes bloques continentales, estar justo al medio -como la guinda del pastel- o crecer en un iglú.
Hace algunos años, un especialista definió a la Argentina como un país isla. Para mí encaja. En Argentina todo parece distante. Hasta el cielo parece más alto. Y tomando en cuenta los escasos presupuestos destinados a mejorar el transporte, recorrer el país “desde Ushuaia a la Quiaca”, suele ser una aventura similar a la de Ulises. Nuestras relaciones con los países vecinos, digan lo que digan embajadores y diplomáticos, no es buena, y para agravar la situación, Buenos Aires, con su política unitaria aparentemente federal, ya es en sí una isla dentro de una isla: en ella viven y se desagran las dos terceras partes de la escasa población del país, haciendo que gran parte de los recursos estén destinados a la mayoría que vive en dicha provincia, mientras el resto de la chacra se pudre en el olvido. Pareidólicamente hablando, Ushuaia -la ciudad más austral del mundo- viene a ser algo así como el afilado tacón de Jessica Rabbit.
U.S.A, entre Canadá al norte y México al sur, si bien no es la cabeza de la dama, se presenta al centro-sur, en la zona plexo, y se hace llamar a si misma United States of América. ( NOTA: ¿Habeis visto las vueltas que he dado para llegar hasta aquí? Lo habeis pillado ¿verdad? Ya os vais dado cuenta de a dónde quería llegar yo con mis prolegómenos cognitivos. Otro panfleto anti-gringo. Un tanto pintoresco, eso sí, pero panfleto al fin).
Sin embargo no es así. Ni se me ocurriría hablar sobre la tan discutida dicotomía Sudamérica-Norteamérica: ¿por qué ellos se hacen llamar americanos, si americanos somos todos, los del norte y los de sur? E hilando más fino: ¿no sería más correcto llamarles USAamericanos en vez de norte-americanos, ya que en América del Norte hay además otros dos países (tres, si no nos olvidamos de Groenlandia, que pertenece a Dinamarca)? Y, más espinoso aún: ¿Por qué estos imperialistas de mierda llaman a su país Estados Unidos de América como si ellos fueran los únicos americanos del continente? He notado que en muchos blogs, y por supuesto en la calle, la gente empieza a usar el término USAamericano. Ya se está volviendo una moda progre. En lo personal, para mí son y serán siempre los yanquis, y esto ya se lo sabe hasta mi amiga Vicky, que es estadounidense y la persona más inteligente que conozco. Vicky se ríe a carcajadas de los clissés, y pasa de ellos con una generosidad tan humana que hablar con ella, además de ser un placer, hace que te olvides de las geografías. Es demasiado real como para perderse en un clissé. Hace tiempo la presenté a un amigo vasco que a su vez la presentó a sus amigos diciendo: “Bueno, ella es americana… pero mola”. En esa ocasión Vicky no fue tan generosa y a los diez minutos se largó de la fiesta, conmigo a la zaga.
Desde luego, utilizar a Vicky para argumentar que el pueblo estadounidense no es tan malo como parece, sería tan gratuito como afirmar a rajatabla que todo estadounidense es ignorante, estúpido e insensible como Bush, porque no sólo tiene cara de Rata, sino que se comporta como tal. Pero la quiero, quiero a su familia, les conozco… y creedme que también sufren de acné, padecen hemorroides, leen, putean en los atascos, cagan, lloran, sienten… y es más: hasta ellos quieren ser funcionarios. Y aunque parezca extraño, ellos también son víctimas de la xenofobia (una xenofobia al revés, pero xenofobia al fin). Me lo dijo ella misma, que vivió en seis países diferentes y no es uno de los Panteras Negras, ya que dado su color blanco, blanquísimo, no la aceptarían en sus filas. La mona, aunque se vista de seda, mona se queda, y a estas alturas y en vistas de cómo gestionamos los recursos que hay en el planeta, dudo mucho que alguien vaya a tragarse el hueso de que somos una especie mucho más evolucionada que el chimpacé, sea donde sea que hayamos nacido y sea lo que sea que signifique una nube.
Lo que no entiendo es por qué los progresistas del mundo se cogen unos pedos brutales con resaca incluída discutiendo sobre el origen del nombre. América es eso: un solo continente. Un solo cuerpo. Es decir, una sola cuenta bancaria: la de United States of América. Por debajo de su estrecha cintura -el eje dionisíaco centroamericano- se extiende América del Sur: largas piernas, ancho vientre, caderas generosas. Tanto como para albergar los más robustos embriones petrolíferos del continente. El año pasado se firmó el acuerdo para la explotación de Pascua Lama, un importante yacimiento de cobre, oro y plata, que se encuentra justo debajo de un glaciar, entre Chile y Argentina. Los ecologistas protestaron, pero las piernas de América acabaron firmando el acuerdo. ¿Alguien pone en duda que América esté en manos de América?
En el yoga, el plexo solar es reconocido como tercer chakra o manipura. Si le tienes equilibrado hay gran poder personal; si está desequilibrado, surjen la codicia y la agresividad. El poder de América está en el plexo; el resto, responde a sus necesidades personales. Esto no me lo he inventado yo, es un conocimiento que responde a varios miles de años de antigüedad. Los chinos creen (cuidado con los chinos, por cierto) que los órganos del cuerpo no funcionan de forma independiente, sino que unos influyen sobre otros. Cuando concentramos toda la energía sobre una parte, surjen las enfermedades.
El cáncer, por ejemplo: 4 de julio de 1776. ¿Os suena? ¡Hombre!¿Cómo no os va a sonar? Recordad Nacido el 4 de julio, aquella mala película interpretada por el siempre riente Tom Cruise, y todas las teleseries que nos vienen restregando desde que se inventó el cine (y la televisión, como diría Alistair Crowley, el más eficiente instrumento de adoctrinamiento inventado jamás). La única manera que tiene el cuerpo de quejarse es la enfermedad, y cuando un órgano se queja, puede volverse un déspota. Por eso me da risa cuando en Europa se critica a los líderes populistas (otra denominación que se ha puesto de moda) de Latinoamérica, y parecen olvidar que donde hay hambre no puede haber democracia. Mientras Juan Carlos de Borbón pretendía hacer callar a Chávez, George Bush, el Rata, aplaudía en el despacho oval.
Antes de acabar con esta entrada, quisiera aclarar que no estoy en contra del pueblo estadounidense. Estoy en contra del pueblo humano -llamado así por extensión, incluído el estadounidense- incapaz de asumir una posición ideológica propia, basada en experiencias propias, cerrada al discenso y al puñetazo verbal con fundamento. Estoy hasta los ovarios de escuchar estupideces sobre los americanos surgidas de mentes bienpensantes y progres que gestionan el futuro del mundo mientras se comen una hamburguesa en un Mc Donald. Hasta el plexo de oir como los americanos nos venden su cultura mientras nos compramos un Mp4. Hasta las orejas de escuchar que Europa sigue manteniendo su autonomía ideológica, mientras Sarkozy y Gordon Brown se dan la mano y piensan en construir una sutil línea Maginot que retenga a los pobres fuera de sus fronteras, como lo ha hecho George Bush con su Ley del Muro en la frontera con Méjico. Hasta el útero de ver como todo el mundo sucumbe a los cristales de colores del Corte Inglés y al roscón de Reyes (¿el pavo del Día de Acción de Gracias?) cuando llegan las Navidades con las excusa de que son sólo cuatro días. Hasta las piernas de escuchar que los americanos no saben dónde queda, por ejemplo, Grecia… y son incapaces de distinguir una iglesia de una catedral, cuando en realidad no tienen por qué hacerlo, ya que en América nunca hubo Edad Media y nunca hubo maestros canteros. Hasta los pulmones de oir cómo los aztecas hacían sacrifícios humanos mientras los adelantados europeos le daban garrote vil a los rebeldes.
¿El mundo ha cambiado desde que es mundo? No. Todos los imperialismos son transferibles y Jéssica aprendió muy bien la lección. Entonces, no nos engañemos. ¿Quién tiene la culpa, pues, el perro o el que le dá de comer? Se lo preguntamos a Danny De Vitto.

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Hipatia, la bruja



El nombre de Hipatia lo escuché por primera vez en boca de una vieja amiga argentina. Me habló de ella con admiración, casi como si hablara de una madre remota, pero me parecio que, aún hoy, en ciertas sociedades su historia sigue estando vigente.
Hablar de Hipatia es hablar de la Biblioteca de Alejandría; de hecho se dice que ella fue la última científica que trabajó en la famosa biblioteca, cuya desaparición sigue estando teñida de confusión, ya que a ciencia cierta no se sabé quién la destruyó, si es que realmente la destruyó un incendio, o si acaso el supuesto incendio pudo ser la coartada perfecta para el mayor saqueamiento intelectual del mundo antiguo. Algo así como “nada, ahora incendiamos el puerto, creamos la confusión y mientras la chusma mira el fuego nos robamos un medio millón de papiros”. En ese caso, el incendio tuvo que ser todo lo bastante importante como para que esta gente (¿los moros?¿los cristianos?¿quiénes?) tuviera tiempo de robarse todo y esconder bajo tierra, entre otras cosas, el centenar de obras de Sófocles que faltan, habida cuenta de que hoy en día sólo conocemos unas siete de ellas y el resto ya es historia, y estará bajo tierra o en la caja fuerte de algún habitante de Ganímedes.
Según Carl Sagan, la pérdida es incalculable. Para poner un ejemplo diré que mientras los cristianos se empecinaban en creer que la tierra era plana, ya antes de Copérnico un estudioso de la biblioteca llamado Aristarco de Samos, sostenía que la Tierra gira alrededor del Sol. Su destrucción pudo costarnos más de mil años de historia.
Suene a cuento chino o no, se sabe que Alejandría (fundada, naturalmente, por Alejandro, que además de haber sido militar y conquistador tuvo a bien ser lo bastante magnánimo con las artes y las ciencias como para ser bautizado con justicia el magno) fue la cuna del renacimiento antiguo, si se me permite la comparación. Un sitio donde, según lo atestiguan las crónicas, convivían en perfecta armonía egipcios, griegos y africanos, se mostraba respeto por todos los credos, y se estimulaba el estudio de las ciencias y las artes. Una verdadera utopía hedonista y un milagro urbanístico que en su tiempo debe haber sido algo así como un híbrido entre Nueva York, Babilonia, y el Museo Smithsoniano. Sin embargo Alejandría era una sociedad de clases no excenta de esclavos, y está claro que el pueblo –la plebe, o sea la mano de obra barata constructora de carreteras- no tenía (parafraseando a Sagan) tarjeta de consulta para visitar la famosa biblioteca, con lo cual la educación y el conocimiento estaba reservado a una clase selecta.Hipatia, que era la hija de Teón de Alejandría, famoso matemático y antrónomo, pertenecía a la clase selecta y fue educada en un ambiente refinado y culto. Cosa rara, a juzgar por la escasa importancia que se le daba a la mujer en aquella época, y más extraño aún si se piensa que su primer maestro fue el propio Teón, que la instruyó en historia de las religiones, oratoria, matemáticas, álgebra, filosofía neoplatónica y cuántas verduras intelectales se cocían por entonces. Además se cuidó de que la muchacha creciera muy bien alimentada, con lo cual se convirtió en una mujer de gran belleza con una legión de admiradores a sus pies. Pero Hipatia nunca llegó a casarse y su vida estuvo consagrada por entero a la ciencia. De hecho fue una gran maestra. Entre otras cosas escribió varios tratados, enseñó Matemáticas, Filosofía, Álgebra y Astronomía, y contruyó algunos aparatos científicos. Poco se conserva sobre ella, pero se sabe que estuvo en contacto con eminantes personajes que llegaban de otras latitudes a dejarse instruir, y si tomamos en cuenta que por entonces el vehículo más veloz era el caballo (sin olvidar al pintoresco camello) pues ya me direis si valía la pena o no tomar clases con esta mujer.
No olvidemos que estamos hablando de una época de grandes desajustes políticos y guerras a trochi mochi, una edad del mundo en que, tras el largo período de paz y prosperidad que supuso la floreciente Alejandría, griegos, moros, cistianos y judíos ya empezaban a inquietarse. Se sabe que hay tres cosas importantes que mueven al homo sapiens, a saber: alimentarse, practicar un ritual, y hacer la guerra. Todo lo demás en el mejor de los casos está destinado al entretenimiento, y en el peor pues se lo archiva en un cajón bien cerrado de la historia o se lo borra del mapa. Por entonces, los más interesados en borrar del mapa el conocimiento heredado de los griegos y la peligrosa tendencia a practicar religiones politeístas, eran los cristianos. Y siempre que hay cristianismo, hay inquisición.
Es en esta parte de la historia cuando aparece nuestro benemérito obispo Cyrilo, romano él, igual que Orestes, que además de ser gobernador de Alejandría... era amigo, discípulo –y posiblemente- amante de Hipatia. Menudo problema para Cyrilo, que intentaba limpiar todo aquello de judíos y herejes, haciendo méritos a fin de opositar a la categoría de santo de la Iglesia, mediante el apoyo de un grupo de fanáticos y de la clase baja ya harta de la exclusión. En opinión de Cyrilo, no era justo que el gobernador escuchara más los consejos de esa mujer – una hija de Eva, pagana ella, y seguro que con una manzana envenenada bajo la manga, como todas las brujas- que los suyos propios. Había, pues, que deshacerse ella.
Aunque no haya pruebas fehacientes que le incriminen de manera directa en el asesinato de Hipatia, tampoco hay pruebas de que la Biblioteca de Alejandría haya sido quemada deliberadamente, y si tú preguntas a alguien quién cree que lo hizo, pues te dirá que la quemaron los árabes, pero tampoco hay pruebas de que hayan sido ellos. Lo que se sabe es que cierta noche una turba de cristianos fanáticos del obispo Cyrilo arrancó a Hipatia de su carruaje, la llevaron a un monte y allí la violaron, la atormentaron, la despellejaron con conchas afiladas, la desmembraron y esparcieron sus restos por toda la ciudad. Su cuerpo, como los delicados papiros escritos a mano de la biblioteca desaparecida, se desintegró lentamente hasta convertirse en cenizas y se mezcló con la sangre oscura de la tierra y de las batallas, el mundo ingresó en la Edad Oscura, desapareció la civilización clásica, y el nombre de Hipatia se enterró en el olvido durante más de quince siglos.
¿Qué haría Hipatia si viviera en nuestros días?
¿Sería astronauta?
¿Editora? ¿Premio Nóbel?
¿Se habría casado y tendría hijos?
¿O sería lesbiana?
¿Sería analista de sistemas?
¿O Bill Gate?¿O un hacker?
¿Dónde viviría?¿En el Primer Mundo o en el Tercero?
¿Aceptaría ser la consejera de Gorge Bush, de Z.P, de Tony Blair o de Abu Mazen?
¿Sería atea o creyente?
¿Fundaría otra biblioteca?
¿Escribiría un blog?
¿Qué pensaría de la tecnología digital, las pantallas de plasma, las centrales nucleares, los satélites y las zondas espaciales?
Nunca lo sabremos. Pero si la teoría de la reencarnación es posible, creo que sería un gran alivio para ella saber que por muchas bibliotecas que se quemen, siempre habrá otras, ya que desde entonces hemos evolucionado todo lo suficiente como para reservarnos alguna copia de la historia del mundo en los múltiples vericuetos de la Red. Y si en una de ésas que nunca faltan y siempre sobran, la Biblioteca Nacional llegara a quemarse y todos los bomberos de Madrid sufrieran una epidemia de sueño debido a una invasión repentina de moscas tsé-tsé, es posible que se perdieran el manuscrito de Cervantes y los 8.349 tomos de la Obra Completa de Menéndez y Pelayo, pero aún así no será lo mismo, porque a dios gracias existe la imprenta y hay billones de editoriales circulando por todo el planeta, con lo cual la mayor parte de la información no se perdería. Y al menos en Occidente, Hipatia sería respetada como una mujer de ciencia. Desafortunadamente, en la época en que vivió su enorme conocimiento resultó ser tan peligroso como una catapulta. Tuvieron que pasar muchos siglos antes de que esa bala diera en el blanco.

Eso de durar y transcurrir


En una escena de la entrañable comedia As Good As It Gets (traducida al castellano bajo el título Mejor imposible), Jack Nicholson le dice a Helen Hunt: “Me gusta estar contigo porque me dan ganas de ser mejor persona”. Una frase-hostia ideal para neo-individualistas, consoladores desidiosos, y defensores de la nueva psicología de corte conductual que a la primera queja ante tu soledad te sueltan una del tipo: “No digas eso, te tienes a ti misma”.

La pregunta es: ¿para qué quieres tenerte a ti misma y saber que eres maravillosa si no tienes con quién compartirlo? Peor aún, si teniendo a quien contárselo, la respuesta sigue siendo: “No digas eso, te tienes a ti misma”, la siguiente pregunta debería ser: “¿Por qué no te vas al carajo?”.

Pero claro, esa persona tiene todo el derecho a decir lo que quiera. Como la tiene uno de irse al carajo. Es el principio de la libertad. El que quiera celeste, que le cueste.

Si X tiene el morro de soltarme semejante frase cuando estoy hecha polvo, no esperará que a partir de hoy vaya a contar con él en los momentos difíciles, porque su respuesta es un oxímoron y mi necesidad un hecho real. Todo lo demás es calderilla y este año no estaré dispuesta a soportar más fracesillas de corte neo-psicologista disfrazadas de consuelo prozaico, ya que para eso está el Prozac.

Como ha dicho por ahí el amigo Pável Chichikov, este año (afortunadamente) Hipatia de Alejandría sale del armario. Toda una declaración de principios. Y esto lo aclaro para quienes aún no hayan notado que Hipatia de Alejandría es una mujer sensible. Y que si sale del armario no va a ser porque sea gay (que de momento no lo soy, mañana no se sabe, y si lo fuera me importaría bien poco) sino porque ser extremadamente sensible en un mundo donde la sensibilidad no está a la punta de los valores cotizables, es un detalle a tener en cuenta.

Este año intentaré no ser complaciente ni autosuficiente, y si me molesta algo lo haré saber a quien corresponda aunque le moleste. No contará conmigo si no he podido contar él. No es que vaya a comerme el mundo, pero al menos, no dejaré que el mundo me coma a mí. Este año seré feliz por elección y a la hora de las relaciones exigiré alta calidad humana, afectiva e intelectual. Abriré mis puertas sólo a quien se lo merece. Haré pasar a hombres, mujeres y criaturas vivientes por la criba de mi intuición basada en la experiencia, sin dejarme sobornar por el miedo al desamparo y la ausencia. Haré valer mi esfuerzo y mi vocación al precio que se lo merecen, que es alto, y al que no le guste -sea indivíduo, comunidad o empresa- que se aguante, porque de otra manera no me va a tener. Pediré ayuda si es necesario y denunciaré todas las injusticias que puedan cometerse contra mí. Rechazaré de cuajo el chantaje emocional, el desprecio basado en el prejuicio, la postergación de mis deseos, la mala memoria, la mala conciencia, los amigos chupópteros, la dejadez afectiva, la desidia y la desesperanza.

Algunos de vosotros pensareis, quizá: “Vaya, qué humos”. Otros: “Bueno, a ver si lo consigue”. Y otros, yo qué sé… lo que querais. La cuestión es, por lo menos, intentarlo. Ya he cruzado demasiadas líneas de fuego y he aprendido que todo lo que no te mata, te hace más fuerte. También te hace más sensible, algo que no es sólo una cuestión de naturaleza, sino de sentido común. Y contrariamente a lo que pueda parecer, no estoy en absoluto insatisfecha con los resultados obtenidos de mi balance anual, sino al revés: he crecido lo suficiente como para saber con toda certeza que merezco más, y bueno.

Es la manera en que elijo, de todo corazón y a plena conciencia, honrar la vida en 2008. Ya era tiempo ¿no?
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Vídeo/post: Marilina Ross y Sandra Mihanovich, en la canción de Eladia Blásquez, Honrar la vida (hoy y siempre).
Photo/post: Andreas Feininguer

Europa II

Europa III son los poetas olvidados, los malditos, los benditos, los que no se compran ni se venden, padecen; son los malabaristas del verbo callejero, los artistas, los floristas, los músicos de la gorra, lo que no es ni uno ni dos, es tres; el buen audista, los autistas del anti-pleonasmo, los anónimos del viento en las esquinas, los contemplativos, los pintores de cuadros con mostaza en la ochava relente de un bar. Es el action-painting de la gran ciudad sin manzana, la de los barrenderos meteorólogos, la del poeta secreto que hurde un cuento de terror pensando en las palomas, la del obrero que espera llegar a casa a tiempo para el almuerzo, la del dios sordo y la del diablo atento, la del angel sin luz durmiendo en un andén y una ex-mariscala octogenaria mendigando una moneda en el parque. Es la mueca absurda que se va por el filo de una billetera, El País manchado de agua sucia, la semilla del auténtico Nóbel en la colilla de un cigarro apagado, el rapto de una doncella con la vulva abierta entre los dedos de un dios, los poemas que nunca serán escritos en las servilletas arrugadas al pie de una barra. Son las velas negras que parecen blancas y las blancas que parecen negras, el monólogo interior del borracho en su trinchera peleona de los martes al mediodía, el monólogo exterior del catedrático del verbo escrito con aerosol en la puerta de un tren. Es la Comedia Humana del viejo que enciende un puro ante el portal de una casona en ruinas (todos los días a las seis de la tarde), la Divina Comedia del cura que no bendice, del macarra que se enamora, de la diva disfrazada de faisán. Es la tierra de Villòn, el monje francés turista perpétuo de Sodoma, la crueldad de Artaud dulcificada por el hachís, el bardo sin mecenas robando el fuego de los dioses, la performance del suicida, la manzana envenenada del broker.
Porque no hay dos sin tres, Europa III es poesía.

Cubría el continente una noche
de camisas y corbatas. Nuestra
primera infancia engañada. Una sola
era la bota que a Europa
humillaba. Los españoles,
no del todo remotos, escuchábamos
los clarines y las palabras borrachas
de triunfo. Atada sobre el lomo
a Europa en el toro veíamos;
sobre los trenes y los tanques,
hacia otras constelaciones ignotas,
sin cedros, ni pinos, ni aves,
ni viento, ni semilla. Un Orden
Nuevo vino, decían, y todas las campanas
doblaron desde las cúpulas.
Soldados y ciudadanos levantaban
el brazo en desafío al pueblo.
Crujían las trincheras. Pasaban los aviones
sobre la hierba y los tejados. Bajo la cruz
gamada caen los nombres: Atenas
con su peplo de plata, con sus plintos
y doseles, con sus calles milenarias.
París embarrada, barrios de muertos;
el cuerpo abierto, Brujas o Amberes;
Coventry como un papel manchada
por la tinta y el tintero.
Atada, en el lomo del toro, Europa.


Europa I

De Europa me gusta el olor el color las auroras la lisura Granada las calas la Piazza della Signoría los gabanes sus carreteras las distancias los bajo-cielos las aceleraciones los rítmos la noche los dístoles y los diástoles los otoños las tiendas las vacas de ojos mansos la multitud las aldeas los cencerros la tortilla de patatas con pimientos los Apeninos la dama de Elche las palomas de San Marco las catedrales vacías los símbolos grabados en las piedras los restaurantes italianos el musgo la comunicación el Obredoiro la húmeda tristeza de Sintra los ferrocarriles el aire azul la lluvia los zapatos punteagudos el olor a ropa limpia la calma la locura del mediodía la memoria futura los ancianos de ojos azules los punkis las mejillas coloradas de los niños la nieve las ventanas de PVC el Anacoreta los balcones de Sevilla las callejuelas de Lavapiés el cine el cante las arias los curasanes la costa Azul los bomberos comprar libros las rotondas las oportunidades ir de bar en bar Cortina d’Anpezzo la casa donde nació mi padre la tecnología la sencillez Asturias los castros el ravioli genovés las camionetas la tranquilidad el Guernica el Louvre las teteras los Reyes Magos Stonehenge las máquinas de tabaco el ascensor antiguo de Lisboa la multiplicidad los viajes el vino la comunicación la comodidad los parques de atracciones las ferias los ascensores los puentes románicos los meandros la costa de Niza llegando a la Alta Italia los air-bags las jaras las bibliotecas comprar discos las rebajas los garitos viajar con Vicky en camioneta el Gedächtniskiche de Berlín el pragmatismo los juguetes los abrigos las ONGs las llaves antiguas las leyendas los gondoleros la alquimia el mes de octubre caminar bajo el sol por la calle de Alcalá...pero lo que más me gusta de Europa es el mestiza.
 

Los malos pensamientos (I): católicos

Los curas siempre me dieron repelúz. Y tiene mucho sentido, si se piensa que parte de la escuela primaria la hice en un colegio de monjas. Hermanas de la Caridad, devotas de San Vicente de Paul. A la hermana del Salvador, mi maestra de cuatro grado, nunca se le conoció una sonrisa. Tenía unos ojos de un azul metálico que metía miedo incluso al personal masculino de mantenimiento. Su epíteto favorito para nosotras era zánganas.
 
Naturalmente, fui bautizada e hice mi primera comunión a los 9 años. Para entonces mi madre ya había reñido con la Superiora y tuvo el buen tino de inscribirme en un colegio estatal. Sin embargo no pude librarme ni del catequismo ni del cura del barrio. 

Igual al catecismo fui poco: cada vez que tenía clase me daba un ataque de asma. Nunca supe qué era peor, si el asma o el catecismo.


A la hora de tomar la primera comunión -la Sagrada Hostia- lo más difícil para la peña era tener que confesarse por primera vez. El asunto del pecado nos tenía a maltraer, ya que nadie entendía muy bién qué era. Así que a la hora de confesarte, seguías un guión.

Dentro del guión, los había confesables e inconfesables. Las niñas normales y corrientes como yo no superaban el número de tres o cuatro, y los pecados se reducían a:

-he contestado a mis padres (y el cura levantaba ligeramente una ceja),-he dicho palabrotas (y el arco de la ceja empezaba a temblarle);-he reñido con mi hermano/hermana (y el cura soltaba un profundo suspiro muy similar al estertor gástrico que surje tras un atracón de asado con cuero después de la misa del domingo);-he mentido a la maestra en clase (y ya ni suspiro ni estertor, sino un doble levantamiento de cejas y la boca a punto de explotarle).

Discretamente, una se hacía a un lado para evitar que los efluvios del eructo le estropearan la inspiración, mientras el cura -no menos discretamente- se llevaba la mano a la boca y sin excusarse, te soltaba el típico tres Ave Marías y un Padrenuestro, ventilando el aire apestado de olor a chorizo mediante una pudorosa señal de la Cruz.

Nadie se atrevía, por ejemplo, a confesar que se había masturbado pensando en el primo adolescente de la vecina de al lado, que estaba buenísimo y no te prestaba la menor atención, porque en nuestra viva imaginación infantil, creíamos que el cura se hubiera enarbolado como una anaconda, esgrimiendo una larga penitencia de 37 Ave Marías y 43 Padrenuestros, junto con 12 Credos y, desde luego, el Yo Pecador. 


Según el relato de Lala, mi ex-suegra, una gallega super marchosa de las Rías Baixas, en su pueblo de Pontevedra era obligación que mientras rezaras el Yo pecador te dieras de hostias en el pecho como si fuera la última vez. Si la memoria no me falla, el Yo pecador reza (nunca mejor dicho) más o menos lo siguiente:
Yo pecador, me confieso ante Dios Nuestro Señor,que he pecado en pensamiento, palabra, obra y omisión…(y aquí es cuando llega la parte de las hostias)Por mi culpa…por mi culpa…por mi grandísima… culpa, etc etc.

El cura del asado con cuero tenía la costumbre de darse una vueltecita por la clase de catequesis y recomendar alguna lectura de lo más instructiva. Su autor favorito era Hugo Wast, Premio Nacional de Literatura, y un católico fundamentalista de cuidado. Sin ánimo de desmerecer la obra de Wast, al cura le encantaba usar los cuentos del escritor para meternos el miedo al infierno. Que siempre era un INFIERNO con mayúsculas. Años después leí a Hugo Wast y descubrí que en todos o casi todos sus relatos, el diablo es ridiculizado de tal manera que hasta incluso resulta una figura pintoresca, muy similar a la del pícaro, pero al padre Bustinza -que así se llamaba el santo varón- le excitaba presentárnoslo como un híbrido entre el payador misterioso que retó a Santos Vega y el diablillo mediático de los calefactores Eskabe. Dada su condición, tenía que adaptarlo a su peculiar pedagogía de folletín apostólico y, sea por su fijación con el asado a la criolla, sea por su retorcido sentido del humor, nos decía que ya en el Infierno, el DIABLO (también con mayúsculas) mandaba a sus diablejos a que te ataran a una parrilla para asarte a fuego lento. El grado de cocción dependía del tamaño de tus pecados.
 
Agobiada por una tendencia innata al mafaldismo, a mí me daba por hacer unas preguntas de lo más sabrosas:

¿Por qué dicen que Jesús es el Hijo de Dios? Entonces nosotros ¿qué somos?

¿Por qué dicen que Dios creó al Hombre a su imagen y semejanza si todo el mundo dice que Dios no tiene forma alguna?


Y tras haber leído algo sobre la Teoría de la Evolución:

Si Adán y Eva fueron el primer hombre y la primera mujer, entonces debían de ser cavernícolas ¿no?¿Qué eran, pues?¿Neanderthales o Cro-Magnones?

La respuesta de la catequista fue de fábula:


Es que Adán y Eva no vivían en la Tierra… ellos estaban en el Jardín del Edén.

La pregunta correlativa hubiera sido ¿Y dónde estaba el Jardín del Edén?, pero no me atreví. A mis nueve años, sabía que la pobre mujer no hubiera sabido qué decir; y como sentía vergüenza ajena, no quise ponerla en un aprieto.

Sin embargo, yo creo que buena parte de culpa de mi adversión a la Iglesia, y en general, a los curas, se la debo al Yo pecador. Perdonad que insista en ello, pero es que el mensaje subliminal que encierra la oración me sigue dando grima: 

que he pecado en pensamiento, palabra, obra y omisión…

¿Habeis oído? Palabra, obra y omisión vaya y pase, pero… ¡en pensamiento!¿Qué clase de DIOS era ése que, no habiéndose inventado aún la cámara oculta (estoy hablando de los ‘70) tenía ya un detector de pensamientos pecaminosos? 
Cuando haces el mal y crees que nadie te está mirando, es Dios el que te mira, nos decían las monjas con expresión sibilina. El Dios de mi infancia no te daba respiro. Siempre estaba mirando. Anidaba dentro de una, pero no como un Jesús Niño, sino más bien como una lombriz solitaria que se alimentaba de tus pensamientos. Recuerdo perfectamente el día en que, agobiada por uno recurrente y de lo más pecaminoso, se me ocurrió contárselo a la hermana Luján, que era mi única protectora y confidente. Luján, una monja entrerriana austera, pero cariñosa, me escuchó atentamente mientras yo, temblando pero sin llorar (nunca he llorado en clase, y no porque fuera valiente sino por ser extremadamente vergonzosa; aún lo soy, sin embargo, ya no me dá grima llorar en presencia de nadie) le decía sin rodeos: 

Hermana, el otro día pensé que Jesús es un pollerudo. 
Como sabeis, en Argentina una pollera es una falda; así que decir que un hombre es un pollerudo, es poco menos que decir que es un calzonazos. No sé por qué se me habrá ocurrido una idea como ésa -nunca lo sabré-, lo cierto es que Luján me miró intensamente, como si yo fuera una de ésos fenómenos naturales de tres ojos y en forma de furgoneta que salen en la National Geographic una vez al año y que tanto desconciertan a los especialistas; y se echó a reir con la alegre disnea del perro Patán. Así reía ella, porque estaba bien gorda y le colgaba la papada. Una papada bien morena y bien velluda.

Tras librarme de semejante peso, doy fe de que nunca más he vuelto a tener un pensamiento pecaminoso. O en su defecto, nunca he vuelto a creer que un pensamiento pueda ser pecaminoso, que es cosa bien distinta. No sólo me he librado a temprana edad de la idea del pecado, sino que he llegado a cometer casi todos de forma indiscriminada, y tanto, que si aún creyera en la idea de un Dios-lombriz-solitaria, estaría muerta y enterrada por teniasis. Conozco gente que sin estar muerta y enterrada cree que Dios es un parásito longitudinal que anida en el cerebro y controla sus pensamientos. Y a otros que, aún sin creer en Dios, se comportan como si ellos mismos fueran la lombriz solitaria, pero este es un tema que dejaré para otro post.

Llegada la adolescencia, todos mis primos se confirmaban. Así que había que confirmarse. La confirmación es un sacramento donde admites comprometerte como soldado de Cristo. O eso me dijeron. Pero a mí la sola idea de tener que convertirme en soldado de algo, fuese lo que fuese, me daba casi más grima que los efluvios choricíacos del capitán -perdón- padre Bustinza; con lo cual todos los intentos de soborno por parte de mis padres acabaron por fracasar. 
Por entonces yo tenía diecisiete años y andaba de aquí para allá con una edición de bolsillo de Así habló Zaratustra, salía con un chaval barriobajero pero intelectual cuyo padre, sindicalista, militaba en el PC y estaba reuniendo una curiosa biblioteca barrial con ediciones antiguas de Malatesta, Blum, Thoreau, Trotsky, Hegel, Palacios y los anarquistas de la primera emigración europea en Buenos Aires (un asunto que también se merece otro post). Fue a través de él que llegué a Rebelión en la granja (una edición de tapas duras del año 36, preciosa por lo hecha polvo). Como buena insumisa, escuchaba a los Sex Pistols, no porque me gustaran, sino porque no le gustaban a mi madre, y si no llevaba cresta, era porque tengo el pelo muy rizado y en caso de intentar alguna maniobra al respecto mi cabeza hubiera parecido una col.

En una de mis intentonas por agradar a mis padres me dio por concertar una cita con el nuevo cura de la parroquia, que era joven y miope. Lo de miope me venía como anillo al dedo porque, dada su dificultad visual, seguro que mis pintas no iban a impresionarle. Lo de joven era porque seguro que había oído hablar de Nietzche (en esa época yo creía que era la única tía que había oído hablar de Nietzche). Y desde luego, no me equivoqué. El cura no sólo había oído hablar de Nietzche, sino que además lo había leído, y ya estaba hasta las cejas de recibir en su despacho a chavales que le soltaban el dudoso argumento de la duda existencial sin tener mucha idea de la existencia, y sí, en cambio, grandes dudas con respecto a la utilidad de la confirmación. El consejo del cura fue el siguiente: 

Si no estás convencida, es mejor que no te confirmes. 

Un tío pragmático, sin duda. Y muy sensato. Pero yo quería darle el gusto a mis padres, así que me inscribí en los cursos. La instructora era una correntina que se sabía los textos bíblicos de memoria y nos invitaba a hacer reflexiones póstumas. El auditorio estaba lleno de gordas adolescentes tapadas de acné, todas ellas devotas de la Vírgen de Luján, San Pantaleón, los exploradores de Don Bosco, la difunta Correa, Ceferino Namuncurá y Cacho Castaña. La reflexión póstuma consistía, más o menos, en lo siguiente: 

Lo que quiere decir Cristo en el capítulo tanto versículo tal es que nuestra única tarea en la Tierra es practicar su Palabra sirviendo al prójimo y amándonos los unos a los otros como Dios nos amó a través de Cristo pero no sólo de palabra sino también en los Hechos cuidándonos de No Juzgar ni Criticar al Prójimo y sobre todo y lo que es más importante practicar el Perdón cuando alguien nos ofende colaborar en la Parroquia donde todos somos Hermanos ir a Misa ayudar a los necesitados practicar la Caridad y alejarnos del Pecado para el día de la mañana y tras la muerte y tal como lo prometió Dios podamos vivir la Resurrección tal como Cristo su Único Hijo y Verdadero Salvador. 

Nada concreto, naturalmente. Como los cursos se impartían los domingos por la tarde y yo iba con algo de resaca, la clase de confirmación funcionaba como un opiáceo, mitad mantra mitad cotilleo de marujas aprendizas en una jaula llena de guacamayos.  

Así que lo dejé. Y lo dejé para siempre. 

Hoy mismo, me pregunto qué es lo que le encuentra cierta gente a este pajareo de iluminados y feligreses que van a misa todos los domingos, y que una vez dentro, se sientan, se ponen de pie, se persignan, escuchan la Palabra, se arrodillan, repiten siempre las mismas oraciones, escuchan el sermón del cura mientras piensan en llegar a casa a tiempo para el almuerzo, y se invitan a un banquete de antropofagia metafórica bajo la promesa de que quizá, algún día, puedan disfrutar de la presencia de Dios en el Paraíso. Me pregunto qué es lo que necesitan demostrar, a quién y para qué. Habrá, también, quienes crean en ello a pie juntillas y sin asomo de malicia. Sin embargo, a mí me dá grima la gente que cree en algo a pie juntillas y sin asomo de la malicia. Yo prefiero atenerme al saludable ejercicio para la duda.

Quizá la respuesta la tenga la dentista argentina de mi pueblo, a quien conozco de clases de tai-chi y sé que nisiquiera cree en el Dios cristiano, pero aún así va a misa. Una vez le pregunté por qué lo hace y ella me dijo:

Simple. Yo trabajo con gente mayor y la gente mayor va a misa. Ir a misa me dá fiabilidad.
¡Claro!¿Cómo no me había dado cuenta?¡Ir a misa le asegura la clientela!

El cura diría lo mismo. Y Dios ¿qué dirá?

Photo/post: Frances Bacon, El papa Inocencio X, sobre un estudio posterior a Velázquez (1953)


Nosotros nunca somos los otros

Hace unos años estaba cenando con unos amigos en Madrid, y a alguien se le ocurrió hacer el típico comentario de lo mal que va el país por culpa de la emigración. Su argumento, si mal no recuerdo, fue más o menos el siguiente:

¿Habeis visto cómo han cambiado las cosas desde que está esta gente? Es que ya no se puede vivir. Hacen ruido, ensucian los parques, traen mogollón de familia… Yo no sé qué vamos a hacer si siguen llegando, porque además no se adaptan ni quieren adaptarse. Y esto, sin hablar de la delincuencia y las mafias. Yo creo que éste (refiriéndose a ZP) va a tener que ponerle un poco de orden al asunto, porque sino estamos todos apañados.

Perfil de la comentarista: mujer mayor de 45 años, española, sin graduado escolar (cosa que le dá muchísima vergüenza admitir), trabaja por horas. Casada desde hace 25 con un señor que hace tiempo fue su marido y con quien comparte una casa porque, de separarse, no tendría donde ir a vivir ni forma de buscarse el sustento. Todo lo que tiene lo compró su marido, pero ella hace y deshace con su dinero lo que le viene en gana. Vive en un piso normal y corriente del extrarradio de Madrid en cuyo edificio no hay emigrantes, y en sus ratos de ocio se dedica a hacer cursillos de “desarrollo personal”.

Éste, más o menos, viene a ser el perfil del españ@l medio que critica la emigración, con argumentos ya más que trasnochados que hasta hace unos años no pasaban del típico vienen aquí a robarnos el trabajo, y que ahora, gracias a los medios, se han convertido en caldo amargo de todos los días.

Siempre que alguien me suelta:

Yo acepto a todo el mundo; me dá igual de donde vengan… mientras vengan a trabajar (a servir) y no a robar…

ya me entra la desconfianza. Es como si a través del argumento, se atajaran. Ésa, justamente, es la gente políticamente correcta que vive de la muletilla y que llegado el momento de buscar un chivo expiatorio, se la toma con el emigrante. O sea, con el extraño. Con la criatura foránea que por llegar sin referencias, merece ser tratada con suspicacia. ¿Cuánta responsibilidad tiene la sociedad receptora de que haya delincuencia? Mucha. (Ya me parece oir los bramidos, como diría Artaud).

Para que el asunto no pase a mayores, yo invito a toda esa gente a un sencillo ejercicio de piensa y olvida, ya que por su excesiva susceptibilidad podría dejarle algún daño colateral, prometiendo, eso sí, que tras el experimento no sufrirán ninguna pérdida de patrimonio y que mantendrán su respetabilidad. Pido que sólo por un momento, se pongan en el lugar del emigrante y piensen lo siguiente:

Estoy solo, sin dinero, sin amigos, sin familia, sin vivienda. Mi casa está al otro lado del mar y no puedo, por más que quiera, volver. Soy negro, marrón, gris, pardo y no tengo papeles. Los demás me miran como si no fuera una persona, sino un extraño. Y es verdad que soy un extraño, ya que no tengo raíces ni referencias. Así que tendré que ser fuerte; muy fuerte. Tendré que sobrevivir como sea y a cualquier precio.

Me dá en la espina que buena parte de esta gente no aguantaría ni diez minutos encima de una patera, y no porque sea “más civilizada” que un emigrante senegalés, sino porque es muy fácil hablar cuando no se ha estado en el pellejo y cuando se sabe que al menos por el momento, no se ha de estar.

Sin embargo, el mundo dá muchas vueltas. Cabe preguntarse entonces qué pasará cuando se acaben los recursos y el neo-capitalismo ya no pueda contra el instinto de superviviencia. El neo-capitalismo es una construcción artificial; el instinto de superviviencia es lo que nos mantiene erguidos sobre el planeta. La emigración, pues, no es una desgracia sino una prueba fehaciente de que el instinto es más fuerte que cualquier construcción artificial. Así pues, el que se oponga a la emigración, se opondrá también a la vida, y si se opone a la vida en este planeta, le desafío a montar una colonia en la Luna o en Marte.

Es necesario tener una visión global de asunto, ser responsables, y no barrer la basura bajo la alfombra. La marginalidad genera delincuencia. Y no es una justificación; es sociología pura. De tanto verte como un extraño, acabas siendo un extraño realmente. Quizá ése sea el origen de los Latin Kings, Panteras Negras, y todo este tipo de bandas a éste y al otro del Atlántico. Estos grupos buscan la unión, el guetto: necesitan oponerse ya no a través de la individualización, sino de una entidad colectiva, que es una manera de mantener la superviviencia en una sociedad que les margina y les excluye. Unos contra otros, así es como hemos llegado hasta aquí.

Será necesario releer el Señor de las moscas.

Luego: ¿por qué se identifica la condición de emigrante con la de trabajador no-cualificado? Se comprenderá que ningún profesional español bien cualificado usará el argumento de aquella señora jamás, ya que dudo mucho que vaya a tener competencia emigrante. Aquí a los emigrantes se les pone un tope. Como se les puso a los emigrantes españoles que llegaron a Latinoamérica tras la posguerra. Sin embargo, las circunstancias sociales eran muy diferentes, porque el emigrante de entonces iba con una formación de pobre a paupérrima: ya lo atestigua la famosa frase m’hijo el dotor, acuñada por los emigrantes italianos que llegaban a nuestras costas con la ilusión de brindar a sus hijos la formación que ellos no habían recibido. Hoy es distinto, porque la educación se ha diversificado, los recursos son muchos y los medios de comunicación están al alcance de cualquiera. Imposible, entonces, aplicar un modelo antiguo sobre un colectivo con características diferentes.

Volviendo al comentario del principio, recuerdo que a mí me dio por saltar en defensa de los emigrantes. A la sazón se produjo un silencio peculiar, casi audible, como el que se percibe en las iglesias, en los accidentes de tráfico o en los tribunales, cuando el juez está a punto de dictar sentencia. Un silencio expectante. Éste se veía reforzado por mi presencia, ya que era la única extranjera invitada a la cena (después comprendí que debí habérmelo tomado como un privilegio de casta) y como suele ser bastante normal a este lado del charco, la gente calla, adopta una actitud pasota, o como diría Theo, se confunde con la tapicería. O todo a la vez. Entonces el amigo de un amigo, uno que había estado observándome durante la cena con mucho interés, va y me suelta:

No, no… perdona. Pero tú no eres sudamericana… ¡tú eres ARGENTINA! No es lo mismo… ¡Tú eres como nosotros!

El hombre (un señor ya mayor) creyó que con su intervención me hacía un favor. El flaco favor de recordarme que yo, por ser argentina, blanca e hija de un europeo, soy de una clase (¿?) superior. El flaco favor de recordarme que mi país (¿?) le echó una mano a España con los barcos que venían a traer el trigo y la carne en épocas de bloqueo, ayuda dada a un dictador por el entonces también dictador Juan Domingo Perón. (NOTA: una referencia histórica curiosa es que mientras aquí se comía el pan blanco hecho con el trigo de Argentina, allí se comía pan negro, que le llamaban entonces, algo que la generación de mis padres vivió malamente, ya que en los 50 se desconocía que el pan de centeno pudiera ser más sano que el de trigo; pero en fin). Ah, y que además los argentinos venimos con una formación superior a la de la media inmigrante (lo cual a la mayoría nos exime de ser calificados como sudacas), que en el 99% de los casos somos descendientes de europeos (como los canadienses, los norte-americanos y los australianos, sólo que a ellos se les trata con mayor beneplácito porque son blanquitos, tienen dinero, y los convenios entre países hacen que sus carreras sean reconocidas por el Ministerio en el módico plazo de 6 meses), y por lo tanto estamos acriollados.

Cosa que no sucede con los ecuatorianos y bolivianos, que han conservado sus raíces indígenas, con pleno derecho, por circunstancias históricas que pasaré a narrar en otro momento, y que dejo en manos de algún lector de los países hermanos que quiera opinar al respecto. En lo referente al tema de los Latin Kings no voy a entrar al trapo, ya que no puede identificarse todo un colectivo con un gropúsculo de marginales, y sí, en cambio, habría que analizar qué es lo que lleva a utilizar a este grupúsculo como chivo expiatorio, lo cual en vez de neutralizarles, les fortalece. La respuesta es sencilla: se les utiliza para justificar la xenofobia, y punto. Antes, fueron los Latin Kings, ayer fue el racista del metro, y mañana vaya a usted a saber quién será. Siempre habrá alguien en quien proyectar esa parte nuestra de la que tanto nos avergonzamos.

A groso modo, diré que cuando hay miedo, egoísmo y desidia, es parte de la naturaleza humana rechazar lo diferente y creerse de una condición o casta “superior”, con un representante de casta superior a la cabeza. Y la casta la dá una Familia, un Uniforme o una Iglesia, que son las que condicionan la Ideología. Aquí cabe preguntarse si es la derecha una ideología o debería hablarse, más bien, de costumbres heredadas. Porque es difícil que la derecha admita la legitimidad de otra ideología que no sea la suya; y en mi opinión, una ideología que no admite su opuesto es una incongruencia. Si no queremos que el concepto de ideología desaparezca completamente, es necesario que no sólo haya una, sino más. Ahora, si todo lo que se persigue es la implantación de una ideología única, bastará con atenerse a las costumbres. Costumbres aceptadas porque han sido heredadas, y todo lo que ha sido heredado es incuestionable.

¿Por qué se cuestiona entonces la legalidad o ilegalidad de los emigrantes íberoamericanos, muchos de los cuales descienden por línea materna y paterna de emigrantes íberos o europeos?¿Acaso el desprecio hacia ellos no representa, de alguna manera, la negación de un pasado bastante reciente, una supina falta de reflexión y una xenofobia encubierta disfrazada de “buenas costumbres”, además de un desprecio hacia si mismos?

Objeción: “No, perdona, mi familia NO emigró” (los que emigraron eran rojos, mi familia NO; los que emigraron eran pobres, mi familia NO; los que emigraron eran unos cobardes, mi familia NO; y así un largo etcétera).

Hay demasiadas cosas de las que no se habla y demasiada historia que ha quedado sepultada. Solo aparentemente sepultada, porque basta con darse una vuelta por algún foro o salir a tomar una copa para comprobar que lo siniestro sigue estando vigente. Me recuerda a un libro de León Blum que leí hace ya muchos años, “Educación para la muerte”. El libro narra como, en épocas del Tercer Reich, los niños eran educados en la ideología nazi desde el parvulario (los pimpf), en cuyo entrenamiento la primera regla a seguir era aprender el saludo de brazo alzado (Heil, Hitler). Se imponía, entre otras cosas, que las muchachas de instituto fueran entrenadas para tener relaciones sexuales desde temprana edad, con la única finalidad de preñarse y traer al mundo más soldados de raza aria, y una sarta de barbaridades que si se conocieran, podría comprenderse mejor el fenómeno de los cabezas rapadas (que al fin y al cabo no es tanto un fenómeno como la pura consecuencia de un totalitarismo con raíces muy bien plantadas).

Objeción: “Perdona, pero en España NO hay racismo”. Estupendo. ¿Conoceis algún país donde no haya racismo? Yo no. La objeción continúa con la siguiente frase envenenada: “Así que vete a Francia, donde seguramente te tratarán mejor”.

Hay quien se sirve de los tópicos para tirar piedras sobre su propio tejado, y encima ni se entera. Un claro ejemplo de que el problema no es que en España haya racismo, sino que LO HAY, pero no se admite. Y todo lo que no se admite, es que se consiente. Con semejante argumento, es fácil concluir que la incapacidad de razonamiento que tiene cierta gente a la hora de argumentar raya con la estupidez. Sin ánimo de subestimar a los perros, sería como tirarle una pelota a uno y que salga corriendo en sentido contrario para demostrar su increíble capacidad de reflejo. Por eso hay tanto inmigrante que calla; no porque sea tonto o porque deba guardar silencio ante el señor, sino porque deduce (hay que deducir, de vez en cuando) que no tiene mucho caso entrar en estos berengenales sobre los que a mí tanto me gusta machacar, que ofenden a las mentes bien-pensantes y hace que se rasguen las vestiduras los new-guays pos-modernos de la nueva guardia progre. El emigrante pragmático que ha venido aquí para girar algo de dinero a su tierra y llevar allí una vida algo más digna, callará. Pero habrá quien golpee, y golpee fuerte y por la espalda. Habrá quien golpee como no pudieron hacerlo padres, abuelos y bisabuelos.

Y seguirá golpeando. Como golpearía yo. Como golpearías tú. Como golpearía cualquier hijo de vecino si no pudiera tener su tina bien caliente y su cena de Navidad. La especie humana es la especie humana, sea aquí o en las estepas de África; cuando la dignidad se ve pisoteada, reacciona con violencia. No nos engañemos. Esto no se soluciona mandando a 60 africanos en un autobus de vuelta a Senegal. No se resuelve poniendo vallas. Esa gente no va a desaparecer como por arte de magia: está ahí, existe.

Quienes logren pasar desafiando al stablishment, se mezclarán entre nosotros tal como lo hacen ahora, y la “pureza” (¿?) cederá su lugar al mestizaje. Algo que ya está sucediendo. Algo que seguirá sucediendo, si las autoridades de los países desarrollados hace más por evitar la inmigración ilegal (nosotros estamos de puta madre; no vengais a molestar) que por sanear la pobreza de los países abastecedores (definidos con el eufemismo de “países en vías de desarrollo”). Y éste es sólo el comienzo. Verdad que el continente africano está en vías de extinción por el lento genocidio que se viene purgando desde el siglo XIX, pero la gente sigue llegando y habrá que ocuparse de los 900 millones que quedan allí, o mirar a otra parte y hacer como el avestruz. O continuar impunemente con el proyecto de emplearles como mano de obra barata, y en negro (que total son negros). Y cuando se porten mal, se les meterá en un autobus y al que intente escaparse se le pondrá una camisa de fuerza “para que no se autolesione”. Y todo para que una noche de ésas que nunca faltan, a una señora políticamente correcta, con un cinturón a juego con un par de zapatos comprado en los chinos diga:

¿Habeis visto cómo han cambiado las cosas desde que está esta gente?

Y claro que han cambiado, señora mía. Y seguirán cambiando. Ya se acabaron los tiempos en que era bueno emigrar. Ya no es como en los ’70 y ’80, que la gente emigraba animada por el ideal romántico del progreso. Hoy en día, la gente emigra por necesidad, que no decir por desesperación. Se acabaron, también, los tiempos en que podía importarse el gas y el petróleo de los “países en vías de desarrollo” sin que el asunto trajera consecuencias nefastas a la economía de dichos países, y a la larga, emigración. Un ejemplo de ello es Repsol YPF, cuyas siglas significan Yacimientos Petrolíferos Fiscales, que fue un negociado hecho por el entonces presidente Ménem con la empresa REPSOL, bajo el gobierno de Aznar, en cuya cláusula se establece que España no sólo podrá hacer usufructo de nuestro petróleo (la sangre de la tierra, como dijo un cacique Mapuche) durante el lapso establecido por el contrato, sino que podrá hacerlo ad aeternum. Hoy mismo, y bajo el gobierno de Cristina Kirchner, REPSOL quiere deshacerse de YPF. ¿Quién dá más? En el medio, están las personas. Así ad aeternum.

Yo, como argentina, pido perdón en mi nombre y en el de todo mi pueblo, por los desmanes de ciertos dirigentes que no nos representan y que llegado el momento de realizar convenios entre países nos dejan en el desamparo y la exclusión. Pido perdón como ciudadana del mundo, por el prejuicio y la xenofobia vertida tanto por los medios, como por un colectivo que desconoce de dónde viene el gas que le calienta en invierno, la carne, el pescado, el agua, y otros cien recursos para la subsistencia, avergonzando a los españoles genuinamente progresistas que no le pierden rastro a su memoria y que hacen de este país una tierra rica por su mestizaje y por lo tanto digna de ser vivida. A ellos, y no a los otros, está dedicado este post.