2/4/10

Albert Camus: Sísifo



Si el hombre reconociera que también el universo puede amar y sufrir, se reconciliaría. Si el pensamiento descubriera en los cambiantes espejos de los fenómenos unas relaciones eternas que pudiesen resumirlos y resumirse ellas mismas en un principio único, cabría hablar de una felicidad espiritual de la que el mito de los bienaventurados no sería sino un ridículo remedo.

Hasta aquí, Camus se sitúa en el territorio de la poesía; aunque vencido por su vena intelectual, continúa:

Esta nostalgia de unidad, este apetito absoluto ilustra el movimiento esencial del drama humano. Pero que esa nostalgia sea un hecho no implica que deba ser mitigada de inmediato. Porque si, franqueando la sima que separa el deseo de la conquista, afirmamos con Parménides la realidad del Uno (sea cual sea), incurrimos en la ridícula contradicción de una mente que afirma la unidad total y prueba con su misma afirmación su propia diferencia y la diversidad que pretendía resolver. Este otro círculo vicioso basta para ahogar nuestras esperanzas.

Sin embargo, ¿cómo podrá conectar Camus con la frecuencia poética, de otro modo que no sea por el camino de la reconciliación?

La perplejidad de Sísifo.