25/5/08

Vincent Van Gogh

Todo el mundo quiere subirse al carro de Van Gogh. No existe un viaje tan horrible que nadie quiera hacer. La idea de un genio no reconocido sudando tinta en un desván es deliciosamente absurda. Debemos conceder a Van Gogh el mérito de haber puesto ese mito en órbita. Es decir: ¿cuántos cuadros vendió Van Gogh?¿Uno? No podía ni regalarlos. Iba a ser el artista más moderno, pero todo el mundo le odiaba. Nos avergüenza tanto su vida que el resto de la historia del arte es una compensación por el abandono de Van Gogh. Nadie quiere formar parte de una generación que ignore a otro Van Gogh.

-René Ricard (de la película Basquiat)

Photo/post: Vincent Van Gogh, Cuervos sobre el trigal (1890)

Jean-Michel Basquiat (II)



Pilla un hueso de pollo, y hecho un revoltijo de pelo, miedo y huesos, escribe en la pared con su sangre: Paga por la sopa. Construye una fuente. Quémalo todo. Chico negro, radiante, vasallo de reyes blancos bastardos (mentira). Vende postales en el Village y se tumba en la acera a tomarse un caldo de sopa de capirote con marca de Memphis. Ahí va Danhome -la boa sagrada señora de las aguas- con su capa de agua volando entre los edificios. Él le hace una seña con la cuchara: Llévame a dar una vuelta, señora, sácame de aquí para siempre que apesta. Arriba: docenas de radiales sobre una lengua oscura e inmensa, al alba, sobre la bahía. Abajo busca huellas de nieve bajo sus mangas y sólo encuentra agujeros. Inocente. Rabioso. No sabían que ya antes de empezar volvía de su primera muerte por la ruta del caballo. Sigan vendiendo (¿será arte o se tirará?). Igual que estar hundido bajo una alcantarilla y hacer fuerza para que salga ¿cómo crees que te quedarán las manos?; no hay que ser ningún genio para que el que está al otro lado vea lo chungo que es. Una serpentina de araña corta el aire en dos y él se ríe y chilla: chico blanco, peluca, vasallo de reyes negros bastardos (pero igual te quiero, Andy). Mira a todo el mundo con cara de niño y les muestra la palma de su mano, donde tiene un tatuaje con la cara de Dios: hay una ley que está escrita sólo ahí, en las pintadas de los callejones y en el corazón fustigado de los cínicos (nada más que por su posición de pureza). Greenwood, Brooklyn, otro más en el panteón de los malditos. El chico-vudú no sabía dibujar, dijo el idiota. ¿Sabía la mano de Altamira?


Photo/post: Jean-Michel Basquiat, Brain Like Salad (1987)

III

Los primeros románticos se alzaron en defensa de los execrados por la razón, sin embargo, gustaron de la pose de víctimas, ya que les proveyó un excelente y excéntrico elemento de diferenciación, en un mundo donde la individualidad aún no era premiada. Quizás en sus comienzos la justicia social guiara sus plumas, pero fueron seducidos luego por la justicia poética, sucumbiendo a ella. Sellaron así los postigos de la modernidad, definitivamente.
-Andrea Hoare Madrid (2001)
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He hicieron buen trabajo. Creo que han conseguido que ya nadie más se suicide. (HdA, 2008)