18/6/13

Patria


 Al  pensar en Latinoamérica pienso en la búsqueda del Padre. Y pienso en su entierro. Pienso en la búsqueda del Padre y en su entierro. Y pienso en que a falta de padre verdadero, buscamos sustitutos. Uno que tenga forma de caudillo. Es decir, un Padre fuerte al que admirar. Un Padre inteligente que nos diga qué hacer y cómo. Un Padre adoptivo que sustituya al Padre Verdadero que nos mató la España de hace cinco siglos, dejándonos en cueros y más bien parias. O sea, huérfanos. Huérfanos de Padre, de ahí esa necesidad irrenunciable de volver forzosamente al pasado. Parece que los muertos reafirmaran nuestra identidad. Parece que los muertos dieran sentido a nuestra emblemática lucha por reafirmar lo que definimos como identidad. ¿Puede la muerte definir la identidad de algo? Vaya una pregunta. América ha perdido a su Padre, se lo mataron hace cinco siglos. España nunca va a pedir perdón: su identidad se sustenta en la falacia de un imperio basado en una conquista que en realidad fue un robo. Desearle lo peor tampoco va a cambiar las cosas. No hace más que rebajarnos, dejando al descubierto la furia del hijo paria. Del hijo buscador de Patrias (Matria no, porque ésa fue violada desde el principio). Del hijo mitificador de Padres-caudillo. Se critica a las monarquías europeas, pero no se piensa -porque se ignora- que al día de hoy tales monarquías van perdiendo poder frente a los movimientos progresistas de un primer mundo mental. Cosa que no pasa aquí, donde el caudillo-líder ha ganado el terreno de las viejas monarquías que una vez nos gobernaron. Pero pasan los años, y nuestro complejo emocional no logra superar el desmembramiento viviente de Tupac Amaru. Para nosotros, el Padre sigue muriendo. Para nosotros el Padre nunca acaba de morir. Para nosotros el Padre está muriendo ahora mismo, y hay que reivindicarlo. ¿O será que pretendemos revivirlo? Nos hemos quedado congelados en el instante trágico de la orfandad. Ahora es AHORA o nunca, es ahora SIEMPRE. Conciencia no nos falta, y no es de extrañar, si se piensa en que fuimos obligados a presenciar el crimen. También a consentirlo. No les pasó eso a los del Norte. A ellos nadie les mató al Padre: viajaba con ellos en el barco, ellos fueron colonizados. Pero nosotros, ¿qué?¿Podremos, alguna vez, empezar a enterrar al Padre que nos mataron en tierra firme? Enterrar al Padre, sí, y conquistar el espacio del Hijo, que es el que deberíamos sentir que hemos heredado. Trascenderemos así, por fin, los conceptos de raza, identidad, patria, y demás abstracciones, y la tan ansiada igualdad llegará por decantación, como llega la conciencia de ser PERSONA. Para que no sea la muerte lo que nos defina, sino la vida. 

siempre como yo te amo, volveré a tus ojos y seré millones,
patria, matria

-Julio Huasi