7/3/10

El caníbal se vende por calderilla

He quitado la televisión. Ahora sólo veo películas. En lo posible, comedias. Aunque, bueno, si se pretende un humor del más negro la verdad es que la tele da mucho de sí. Por eso, cuando he visto que la policía tiene derecho a violar la propiedad privada de cualquiera para arrestar a un simpapeles (negro, por supuesto), en TVCuatro crean un programa donde un "indígena" le dice a la periodista: "Oye, Andrea, ¿no ves que me estresas?", y todo el mundo ríe, he pensado que bien podría quitar la tele. Aparece la monísima Nuria Roca haciendo la publi: "Ven a vivir con nosotros la aventura más... SALVAJE". Si miras TVE a la hora del telediario, te saldrá una periodista rubia con flequillito recién pasada por maquillaje hablando, como es natural, de la Crisis. Entonces he pensado: quito la tele. Y sí, la quito, porque hay quienes estamos hasta lo que no cabe en palabras de tanta hipocresía y tanta boñiga, que ya empieza a oler. Pero me río. Me río con los dientes largos, sangrantes de piorrea, porque me pregunto a qué llamará crisis esta gente. Cuando todavía hay dinero para salir de viaje cuando es fiesta, es que aún no hay crisis, eso tenedlo por seguro. La habrá, sí, dentro de muy poco, cuando empiecen a caer las fichas y el barco se ponga a 90º como en Titanic. Desde luego que esto no lo sentirá todo el mundo, sino sólo quienes sabemos de sobra lo que es navegar contraviento en una balsa que nos habían asegurado que nunca se hundiría. Punto y seguido. Siempre punto y seguido. He visto ya tanta boñiga a ambos lados del gran río que debería estar vacunada contra indigestiones, sin embargo no lo estoy. Basta de jugar con la gente y sobre todo basta de mentir, señores de la televisión y la prensa. Basta de cobardías, de guardaros el as en la manga "por si las moscas" que ya dais risa o vergüenza ajena. Sabemos bien que la censura existe y se solapa bajo el pellejo de la apariencia y del respaldo institucional, coartando oportunidades a quienes no lo tienen porque no se dejan poner precio a su cabeza. A los que están solos, son "pobres" o no tienen "respaldo" (asentaderas). Mejor hacer la pelota. Hacedlo, si quereis, que sois tan libres como yo de decir lo que querais, pero por favor... parad ese cinismo. Ops!, lo siento, qué tonta soy: ¿qué sentido tendría actuar con honestidad si así no se consiguen ni audiencia ni favores? Ojalá pudiera expresar en palabras la tristeza riente con náusea que me produce suponer la calderilla que le pagarán al indígena mientras a este lado de la pantalla la policía saca de su casa a empujones a un "ilegal", deja sin seguridad social a un anciano sin recursos, encarcela a seres humanos nacidos bajo otro cielo en cárceles aprobadas por el gobierno, patea a inmigrantes "de color" en el aeropuerto, los encierra en habitaciones cerradas sin comer ni beber durante horas, los tumba sobre un colchón lleno de humores y le dice a una mujer golpeada en lo moral que no puede arrestar a su pareja porque en su cuerpo no hay marcas. Todo con la aprobación de una sociedad que no se entera, o más bien no quiere enterarse, porque habiendo techo comida y colegas pues qué me importa lo demás. La Biblia contra el calefón. Nuria Roca haciendo el mono con los títulos que le pasan y que ella acepta, porque le pagan bien y además toda su familia se alimenta a base de Actimel (aunque los bichitos que produce el Actimel se alimenten de la tierna flora bacteriana de sus hijos, que ya lo producen por si mismos sin que haga falta esa leche dulce que viene en botellita). La Crisis vestida de traje y corbata de Armani cebándose en una pobre vieja que este mes tendrá que pagar 180€ a Iberdrola porque el invierno es duro, muy duro, y la crisis ya tiene sistema circulatorio propio, higado, sistema renal y digestivo, y por supuesto cerebro, un cerebro brillante. Corazón no. Punto y seguido: sigo. Las grandes contradicciones, carne de novela, material que debería leerse en las escuelas junto con platero y el lazarillo, que marcan las diferencias siempre amordazadas -shhhhhhh... calla! que de eso no se habla- entre clases: blancos y negros separados por un muro de silencio, pactando un mutuo contrato de supuesta solidaridad (qué palabra más prostituida ésa, y tan penosamente ignorada) basado en el paternalismo hipócrita de una civilización que confunde grandeza con una hegemonía lograda a base, entre otras cosas, de palos. Se habla de los griegos pero no se habla de Eleusis. Se tamiza el logos haciendo pasar al espíritu por escoria, mandándolo a la papelera, confundiéndolo con La Religión y proscribiéndolo a los sótanos de la clandestinidad. Y a lo que queda se le llama civilización (no puedo hablar aquí en primera del plural, porque para mí eso es barbarie, y no en un sentido sarmientino) y se decreta, presentando como argumento de base una supuesta legislación basada en la República de Platón, que la ley es lógicamente blanca. Negra no, que la oscuridad da miedo, nosotros ya salvamos el culo. Habiendo nacido en territorio ci-vi-li-za-do, civitorio, citadino, or-ga-ni-za-do, mueran los comanches. Mueran, entonces, los grises y los pardos, junto con los negros. Mueran los pobres, los "ilegales", los ancianos, las mujeres, los yonquis, los locos, los poetas, etc. De los homogays no hablaré porque sabemos que las nuevas corrientes les protegen, y hasta les casa, ya que dos hombres juntos cotizan más que un hombre y una mujer, y esto a pesar de mucha ministra que salga a las pasarelas en pro-de-los-derechos-femeninos, qué progre. Mueran, que mientras lo hacen, tanto ministras como ministros, cuerpo policial, trabajadores sociales, médicos, legisladores, embajadas y sociedad en general, se justificarán poniendo por delante el papel. El rol. Se escudarán en la legislación al uso, que por ser blanca por supuesto no admite objeciones, con la prensa como su principal esbirro, refrendando su discurso de dos maneras: por un lado quedará clara la naturaleza ficticia del logos en programas donde el blanco se entretiene apreciando la dicotomía hombre civilizado consumidor de carne de Burguer/hombre de la tribu consumidor de carne humana. La siguiente propuesta podría ser Perdidos con los jíbaros (raro que todavía no se les haya ocurrido: me encantaría ver como la gente de la nación shuar les formatea el cerebro con sus brebajes chamánicos). Por otro lado el adoctrinamiento consistirá en la mera noticia informativa basada en porcentajes y en políticos, generalmente sin pelo, con barriga, mirada de cobra y sonrisa de colegial, que ofrecen proyectos que nunca se cumplen y amenazas que se cumplen siempre a rajatabla. Democracia. Está probado que la gente queda adoctrinada apenas escucha un porcentaje. Y si digo que está probado es porque basta con verla por la calle. Quienes no tenemos coche hacemos nuestras estadísticas al cruzarla: la cara que lleva la peña cuando va al volante da una idea de cómo estará el Euribor. En una sociedad así, de más está decir que si pides un favor la tensión arterial del aludido podría subirse hasta quedar colapsada. ¿Un favor?¿Qué es eso? Solución: se restringen las llamadas. Fácil, simple, sin costes, y todo gracias a a Bill & Graham. Busca lo que tengas que buscar en Google, yo no puedo (no quiero, no me apetece, no tengo ganas, me da miedo, no me mojo). Como sabemos -como-hay-que-saber- un indivíduo serio, civilizado, que paga sus impuestos, que trabaja y cotiza, etc, es independiente. Democracia. La independencia implica, en su versión perversa, estar desconectado de todo, para empezar de las propias emociones. Convertir la pareja en una sociedad anónima donde, si bien nos odiamos, tenemos la hipoteca a tu nombre, así que de pronto y si lo miras bien... ¡cómo nos queremos!, está claro que en toda pareja tiene que haber riñas... Es decir: no se sabe. O mejor se dicho, se sabe pero se ignora. Que es lo mismo que no querer saber. Sabiéndolo, la prensa continúa su adoctrinamiento, adoctrinada a la vez por oscuros grupos que se parapetan en obras de bien y oenegés, apoyados por parlamentos donde tienen tanto voz como voto: mucha parla, poca acción. Sin embargo, cuando la hay ésta llega con violencia. Una violencia sutil, solapada, de puertas que se van cerrando amparadas en la ley blanca, que deja de serlo cuando se hace la cola en inmigración: lo que antes fue una cárcel, ahora lo sigue siendo, sólo que es para aquellos que cruzaron la mar en la esperanza de encontrar el Edén. Y se encuentran en cambio con el laberinto de Creta. He aquí un regimiento interminable de Teseos sin hilo de plata: No hay papeles para nadie, reza una camiseta colgada de una ventana-rendija en el CIE de Aluche; lo he visto con mis propios ojos. También he oído los gritos. Democracia. Y volvemos a lo mismo: nosotros ya salvamos el culo, ya hemos tenido nuestras guerras, hemos matado al Minotauro. A ver ahora que lo hemos hecho mal, a quién le echamos la culpa. La grotesca sombra que yace bajo la piel de todas las asambleas de Occidente se permite, instaura, el derecho a marginar por colores y clases. El hombre, ese depredador. Una vez más, la prensa se hará cargo de rubricar la naturaleza ficticia del rol: el caníbal siempre está en otra parte. Y es más que probable que a fuerza de hambre y marignalidad el supuesto caníbal venda su dignidad a precio de calderilla. Aplausos: ven a vivir la aventura más salvaje. ¿Dignidad? El logos de la izquierda que ha muerto -ha muerto, sí, porque para que haya izquierda tendría que haber proletarios, y todo lo que hay son teóricos o nostálgicos- saca fuera del agua los dedos de ahogado. La izquierda ha naufragado, no nos engañemos más. Siempre que haya un proletario, y no de los de postín sino de los reales, navegando en su balsa contra el viento y desde la más vergonzante anomía, haciendo llamadas que se restringen, pagando abogados en UGT para que le digan que la empresa gana, o malviviendo con un contrato basura de los que nunca se refrendarán porque sabemos quién manda este planeta desde hará unas tres décadas... la izquierda habrá muerto. Seguir teorizando no hace más que reforzar la utopía, y como sabemos, las utopías sólo conducen... al capitalismo. Que no tiene nada de malo, es sólo una manera de estructurar la realidad -bienes de cambio, personas de cambio, etc -, pero a la hora de hablar y prometer recordemos siempre que lo único que desea el proletario es que no se le tome el pelo. Es decir, que no se manipule el discurso en pro de una justicia y unos derechos cuyo único fin es el capital. Es penoso, pero estar sentado entremedias sitúa a quien corresponda en una postura moral que conviene ignorar para seguir adelante, y eso sería justamente lo contrario a lo que llamamos justicia. Sin embargo, sabemos que conviene. Y aquí sí, punto y aparte.
El caníbal se vende por calderilla. Cuánto se parecen blancos y negros, izquierdas y derechas, cuando se escarba en lo profundo y se ve lo que hay bajo los roles...