24/6/15

Divina Mezcala

Raíces

De la piedra vertical que al agua 
y a todas las generaciones sobrevive
en lenguas que mi mente no comprende mejor que mi corazón,
son mis raíces. Anchas, sin frontera.
Del puente donde me detuve a otear el horizonte
mar a diestra y siniestra
adelante la nada
atrás la niebla y yo sola en alta mar,
son mis raíces. Siempre viviendo a ras del agua, el nenúfar.

De todos los hogares que habité
y de todos los que tuve que dejar
de los amigos cuyos secretos he guardado
del amor sin patria fija de los fundadores de naciones
alrededor de una mesa donde ser familia
es mucho más que ser sangre,
son mis raíces.
De todos los cohetes a los que me subí
para explorar las estrellas que me salvan de mis noches,
de mis agujeros negros, mis gusanales
de mis multiversos paralelos
de mis ciudades sagradas con sus ruinas
y sus piedras vueltas a levantar,
son mis raíces.  Siempre a ras del aire, la cóndora.

De todas las canciones que elegí
todas me habían habitado antes de nacer
igual que me habitó la luna con ventana de nube en el Albaicín
o la tarde en que me subí a un barrilete en cabo Corrientes
 para caer en Tánger sin escalas.
Desde la punta de una península se mira al mar
y en la piedra que lo besa, se espera la noche
para quemar el pasado dentro de un par de botas viejas.
Siempre a ras del fuego, Finisterrae.
Al fin y al cabo, las raíces crecen donde se es capaz de amar.

De India, que nunca la he visto
y de la noche magiar
de los gitanos que iban bajando por el sol con sus carretas
de una india mestiza que volaba montada a un bejuco
y de una campesina blanca europea que le pasó un huevo
por debajo de la mesa a un hijo veterano,
son mis raíces.
Siempre a ras de tierra, a este árbol no se le escapa nada.

Del aire andino, objeto del deseo
de la cruza entre el mar y un océano, mi verdadera madre
del fuego de San Juan, el hogar al que siempre volveré
de la tierra donde bailan los mil pueblos del planeta
sólo por una noche y para siempre
de la pizarra donde rompí mi primera tiza
del banco en el que transgredí la primera regla con un dibujo
del primer hueco debajo de un pino
de todos los que me amaron y de los que no me amaron
también
son mis raíces.

Mis raíces me conocían desde antes de nacer:
yo no he tenido que buscarlas, ellas me encontraron.
Soy la raíz viviente de mil y un brotes de futuro…
¿y vos te empeñás en saber de dónde vengo?