15/9/15

Dogmas que asfixian

Los psicólogos argentinos se forman a espaldas de los centros científicos mundiales, consultan textos obsoletos en ediciones nuevas, no cuestionan la opinión de sus docentes ni la contrastan con las sedes de datos o las publicaciones extranjeras y, lo que acaso constituya el problema mayor, no perciben estas falencias o se ufanan de ignorar lo mucho que ignoran.  Campos propicios para el reclutamiento, los departamentos, escuelas o facultades de psicología constituyen ámbitos donde no es posible hallar un perfil de graduado o una condición de logro convenida.

Alberto Vilanova. (2003) "Discusión por la Psicología". Mar del Plata, Argentina


Lamento comprobar día a día el grado de dogmatismo en el que hemos caído. El pensamiento único, la corrección política, y por supuesto el maniqueísmo que divide las ideas entre "correctas e "incorrectas" con el angustioso filo del dogma, son lo que priman. Dogma en la religión. Dogma en la política. Dogma en lo científico. Todo es dogma. Y lo peor es que se trata de dogmas ya superados en otras partes del mundo, pero que aquí se siguen usando por falta de interés o de difusión de la información. Lamentable, digo. Y lamentable cada vez más por cada día que pasa.

Como todo, estuve a punto de cederle los derechos de mi vida al dogma, y no por tentación, sino por falta de alternativas. ¿No se dan cuenta de que las ideas obsoletas, por muy progresistas que parezcan, acaban siendo conservadoras? Pero inútil es que proteste porque ya han hallado su sitio privilegiado en la institución que las avala (y que no vive, precisamente, a este lado del charco).

Si tuviera que decir cuál es mi principal problema hoy mismo, diría esto: que me llaman intolerante por no ceder al dogma. Ésta es la peligrosa trampa de todas las dictaduras, sean políticas, religiosas, ideológicas o científicas. Y es así como se va limando a los pueblos, es así como se los va dejando reducidos al nivel de una pasa, es así como consiguen que les digan que sí. O simplemente que se dejen llevar por la cinta transportadora como carnes de cañón para la vida automática. 

Según los gestores del dogma, no somos personas sino síntomas y trastornos que deberían adaptar su comportamiento a pautas supuestamente correctas. Lo ideal sería saber quién decide lo que es correcto y lo que no, sólo que de eso no se habla, dándose por hecho que "lo correcto" proviene de Dios. Y ahí es donde la ciencia racionalista y la religión se encuentran. Que es, justamente, donde la creatividad y el dogma se des encuentran.