24/12/14

Parado sobre su coliflor


Era un muchacho joven que venía de una ciudad del norte del planeta. Tenía un corazón tan grande como su sonrisa. Sus ojos brillaban de contento mientras se acercaba cruzando el terreno donde me encontraba sembrando. Cuando llegó a mi lado me preguntó dulcemente: "¿Puedo ayudarte?". Yo le respondí con otra sonrisa: "Sí, pero, por favor, primero bájate de mi coliflor". No se había dado cuenta de que, en su camino, había matado varias docenas de coliflores recién trasplantadas y, finalmente, se había quedado parado sobre otra.
No se trata sólo de tener la más pura intención, se necesita también una mente amplia y sin dogmas, que nos permita evaluar honestamente el posible daño de nuestros buenos propósitos. Primero, hay que ver dónde estamos parados. Para algunos, es fácil borrar 5000 años de cultura; para otros, estos últimos cinco siglos sólo han sido un pequeño tiempo oscuro. Así, quiero decirles entonces a todos los queridos hermanos que desean "darnos una mano", que primero hay que mirar bien dónde estamos parados.


Alonso del Río. Tawantinsuyo 5.0
Lima, 2007

16/12/14

Argentina: ¿tierra sin matices?


Poca gente en Argentina está dispuesta a debatir sobre cuestiones políticas. Es lamentable, si pensamos que eso se extiende también a otros contextos. Hay un miedo atroz a la reflexión, al pensamiento propio -que no se puede alcanzar a menos que se haya alcanzado antes un sentido real de la libertad personal-; a la creatividad por mano propia, a la ruptura de los formatos establecidos. En Argentina no se debate, ni siquiera se confronta: yo diría que más bien se en-frenta. Por eso terminamos todos a los palos y dejamos de hablarnos con el contrincante cuando no está de acuerdo con "el relato". Las ideas han pasado a convertirse en "relatos" la mar de las veces absolutamente subjetivos, donde poco importa cuál sea la verdad y cuál la mentira, sino sólo el relator en cuestión.
Obviamente, sé que al decir esto corro el riesgo de convertirme en marginal. No importa: ya lo soy. Lo era desde antes de llegar acá, y lo seguiré siendo mientras viva. En Argentina se tiende a marginar, segregar y aislar a toda persona capaz de percibir una realidad con matices. La idea es profundizar al máximo en la dialéctica extrema de los opuestos, hasta el punto en que el elástico se falsee, pierda tensión y se convierta en una cinta blandengue, incolora, incapaz de sostener nada, ningún matiz, salvo el color dominante. Y los colores dominantes (rojo-azul-amarillo), en general son chillones.  

Photo/post: Sergei Subbotin