29/4/08

Un año de vida

Hoy el K-osmonauta del azulejo cumple su primer año de vida en la red, así que... psss, merece celebrarse. Me he divertido mucho en este espacio, la verdad, he conocido e intercambiado ideas y opiniones con gente muy interesante, otra no tanto; unos van, otros vienen... pues eso: que la red es como la vida, y estoy satisfecha de que sea así. Como la Piaf, no nos arrepentimos de nada, porque ¡ea!... ha valido la pena, y desde luego, el kosmonauta y yo seguiremos al pie del cañón.

Feliz Cumpleaños, guapo...

26/4/08

El escándalo de Notre Dame

A las once de la mañana del 9 de abril de 1950, cuatro jóvenes -uno de ellos vestido de pies a cabeza de monje dominico- entraron en Notre Dame de París. Era en plena misa de Pascua; en la iglesia habían 10.000 personas procedentes de todo el mundo. “El falso dominico”, como le denominó la prensa -Michael Mourre, de ventidos años- aprovechó una pausa que siguió al rezo del credo y subió al altar. Comenzó a leer un sermón escrito por uno de los conspiradores, Serge Berna, de veinticinco años:

Hoy, día de Pascua del Año Santo
aquí
en la insigne iglesia de Notre Dame de París
acuso
a la Iglesia Católica universal de haber desviado letalmente nuestra fuerza vital
hacia un cielo vacío
acuso
a la Iglesia Católica de estafa
acuso
a la Iglesia Católica de infectar el mundo con su moralidad fúnebre
de ser la llaga que se extiende en el cuerpo descompuesto de Occidente.
En verdad os digo: Dios ha muerto
vomitamos la agonizante insipidez de vuestras plegarias
pues vuestras plegarias han sido el humo pringoso de los campos
de batalla de nuestra Europa.
Sumergíos pues en el trágico y exaltante desierto de un mundo
en el que Dios ha muerto
y labrad esta tierra con vuestras manos desnudas
con vuestras manos ORGULLOSAS
con vuestras manos sin plegarias.
Hoy día de Pascua del Año Santo
aquí en la insigne iglesia de Notre Dame de Francia
proclamamos la muerte de Cristo-dios, para que el hombre
pueda vivir por fin.

El cataclismo que siguió fue más allá de todo cuanto pudieron haber esperado Mourre y sus seguidores, quienes al principio simplemente habían planeado soltar unos cuantos globos rojos. El organista, advertido de que podía tener lugar una irrupción de este tipo, ahogó las palabras de Mourre justo depués de que éste pronunciase las palabras mágicas: “Dios ha muerto”. El resto del discurso jamás llegó a pronunciarse: la guardia suiza de la catedral desenvainó sus sables, acometió contra los conspiradores e intentó matarles. Los camaradas de Mourre subieron al altar para protegerle: a uno de ellos, Jean Rullier, de veinticuatro años, le rajaron la cara de un sablazo. Los blasfemos escaparon y fueron capturados, o mejor dicho rescatados, por la policía, ya que tras perseguirles hasta el Sena, la multitud a punto estuvo de lincharlos. Un cómplice aguardaba con un coche en marcha listo para emprender la huída, pero ante la visión de aquella multitud enardecida, no les esperó.

(…)

De los cuatro illuminati (etimológicamente hablando, ojo; no confundir de ninguna manera con la sociedad secreta homónima, si lo es), solo Mourre fue detenido: el arzobispo le acusó de hacerse pasar por un sacerdote. Enviado a un reconocimiento psiquiátrico, Mourre consiguió que Combat (una publicación de la época) cambiara de línea editorial cuando el alienista escogido por el tribunal, un tal doctor Micoud, resumió la personalidad de Mourre con las expresiones: idealismo frenético; desprecio por la percepción externa; cogito prerreflexivo; ortosexualidad (vergonzosamente admitida); capacidad para ir directo al corazón de una doctrina y para viajar en un instante a través de varias épocas; irritación ante la sugerencia de que el Ser puede haber precedido a la Existencia; ideas fugaces; ataques sorpresa mediante lanzamientos en paracaídas (…) e interminables profusiones de neologismos; y una lógica exageradamente sesgada y paranoica, en la que hay más intolerancia rigurosa que rigor intolerante.

El doctor Micoud había ido demasiado lejos: un segundo escándalo ahogó al primero, y después de permanecer once días bajo custodia, Mourre fue puesto en libertad. Tres meses después escribió Malgré le blaspheme (A pesar de la blasfemia), un libro tan aceptable para la iglesia que el arzobispo, el mismísimo hombre cuya misa Mourre había interrumpido, recomendó que todas las bibliotecas de la iglesia comprasen.

(…)

Tras haber escrito las biografías de Charles Maurras (1868-1952) -el carismático líder de la facción Acción Francesa, monárquica y protofascista, adalid de la libertad religiosa del siglo XIX- Mourre se convirtió en un escritor a sueldo enciclopédico y eclesiástico; murió, respetable y olvidado, en 1977. El incidente de Notre-Dame, observó un corresponsal de Combat en pleno furor, era, a falta de otra cosa, un buen principio para una carrera literaria.

Greil Marcus, Rastros de carmín, 1989

Aplausos (y abucheos).

Estamos en el siglo XXI, y lo que acabais de leer podría mover a risa (o no).

7/4/08

María Zambrano: ditirambo

Brota el delirio al parecer sin límites, no sólo del corazón humano, sino de la vida toda y se parece todavía con mayor presencia en el despertar de la tierra en primavera, y paradigmáticamente en plantas como la yedra, hermana de la llama, sucesivas madres que Dionysos necesitó para su nacimiento siempre incompleto, inacabable. Y así nos muestra este dios un padecer en el nacimiento mismo, un nacer padeciendo. La madre, Sémele, no dio de si para acabar de darlo a la luz nacido enteramente. Dios de incompleto nacimiento, del padecer y de la alegría, anuncia el delirio inacabable, la vida que muere para volver de nuevo. Es el dios que nace, y el dios que vuelve. Embriaga y no solo por el jugo de la vid, su símbolo sobre todos, sino ante todo por si mismo. La comunicación es su don. Y antes de que ese don se establezca hay que ser poseído por él, esencia que se transfunde en un mínimo de sustancia y aún sin ella, por la danza, por la mímica, de la que nace el teatro; por la presentación que no es invención, ni pretende suplicar a verdad alguna; por la representación de lo que es y que sólo así se dá a conocer, no en conceptos, sino en presencia y figura, en máscara que es historia. Signo del ser que se da en historia. La pasión de la vida que irremediablemente se vierte y se sobrepasa en historia. Y que se embebe sólo en la muerte. El dios que se derrama, que se vierte siempre, aún cuando en los ditirambos se dé en palabras. Las palabras de estos sus himnos siguen teniendo grito, llanto, y risa al se expresión incontenible. Expresión que se derrama generosa y avasalladoramente.

María Zambrano (Claros del bosque)





El secreto de la felicidad está en la libertad; y el secreto de la libertad, en el coraje (Tucídides).
Vídeo/post: Baba O'Riley, The Who.