11/5/08

Mo-mo

Mi madre nos ponía la merienda en una fiambrera dentro de la mochila. Ella se preocupaba por mí, que comía poco y andaba mucho, que era una cría nerviosa, un culo de mal asiento. Me llenaba la fiambrera con un enorme bocata de queso hecho con pan de higos secos y pipas de calabaza, para evitar las lombrices; pero igual no había manera de que yo me lo comiera todo. Un día le dije: “Madre, pónme algo ligero”, porque ya empezaba a hacer calor y a mí la comida siempre me ha caído pesada cuando hace calor. Mo-mo estaba ahí conmigo, llenando su mochila sin prestar atención. Cuando llegó la hora de la merienda, me tumbé en un banco con mis colegas y saqué la fiambrera. Al notar que se movía, di un grito y la fiambrera voló por los aires.
¿Qué demonios había allí dentro?
Mis colegas y yo formamos corro alrededor. Nadie se atrevía a abrirlo. “Bocata no”, dijo una chavala, “porque esas cosas no suelen saltar en las fiambreras”. Insecto ponzoñoso o mascota, tampoco, pensé, porque yo tenía un radar con esas cosas y me habría dado cuenta enseguida. Si de algo estaba segura era de dos cosas. Una: que mi madre no había tenido nada que ver con lo que fuera que hubiese dentro de la fiambrera. Y otra, que la curiosidad podía ser más fuerte que el miedo. Así que la abrí como pude con la punta del zapato.
Lo que encontramos en el fondo de la fiambrera fue un pajarillo atontado hecho una bola de plumas. Sorpresa general y alivio instantáneo, que degeneró en risas y en decepción al ver que el pájaro se desperezaba, echaba a volar, y se perdía en el cielo, lejos de nuestra vista. Nos quedamos felices y atónitas.
Entonces tropecé con Mo-mo, que estaba ahí, a metros de mí. Al instante supe que había sido él.
“¿No querías algo ligero?”, me dijo.



Vídeo/post: Lila dice, de Ziad Doueiri.

7 comentarios:

Vandalia dijo...

Me ha recordado a mi caso con el hámster María José.
Un texto precioso muy bien acompañado.

Besos, guapa.

HIPATIA DE ALEJANDRÍA dijo...

Este relato se lo debo a mi amiga intermitente Raquel Alonso, que tiene unos relatos de abueletes preciosos. Su tatarabuena, una doña de la España profunda con un pragmatismo y un sentido del humor envidiables, le hizo ese regalo al abuelo de Raquel en tiempos de la guerra civil, cuando él era todavía un pastor. Tuve su permiso para recrearla, claro.

Vandalia dijo...

Pues te ha quedado perfecto ;)

Desgarbada Gretta dijo...

joe, yo vi esta peli y me partió el corazon... ¿Serán Momo y la cuentacuentos con 10 añitos más?

Anarkos...

Anónimo dijo...

Bonita declaración de amor.

Crispina dijo...

Me ha encantado tanto la historia por la sencillez del argumento, como el video por la tranquilidad que emite.

Hacia tiempo que no me pasaba por tu casa, la echaba en falta ^^

Buena Caza Hipatia!

HIPATIA DE ALEJANDRÍA dijo...

Gracias, Crispi, y buena caza a ti también!