14/5/13

La cruzada


Elucubraciones aparentemente sombrías que se me ocurren cuando voy por la carretera.

He vuelto a verlos después de largos años en otro país. Algunos envejecieron y otros están casi igual de pibes que cuando me fui, pero con canas. La mayoría formó su propia familia, otros todavía deambulan por los recovecos de hielo que les dejó el recuerdo indeleble de la guerra, y otros simplemente sobreviven trabajando "en lo que sea", o fijos en un puesto de empleado público que les asegura el pan. La estabilidad, no. No hay nada que asegure la estabilidad… de nada.

Somos todos de la misma quinta. De la quinta infértil de una escaramuza que, dicen, pudo acabar con una dictadura. La sangre del cordero derramado que sirvió para tal fin fue la de ellos. La otra, la del holocausto de número consolidado que asciende a 30.000, sólo llegaría a conocerse después. Los primeros regresaron a casa con un dignóstico base tatuado en la mirada ansiolítica, y una verborrea en clave morse que espantaba a sus congéneres. O sea, a nosotros. A todos los que nos quedamos, y también a los que se salvaron por número bajo. "Los ex combatientes", dijeron. Recuerdo bien a unos de ellos. Lo conocí en el 93; trabajaba de guía de turismo improvisado en el Valle de Punilla, trepando montes como un puma. Un chico de grandísima bondad, el típico mestizo sanote, entrañable, increíblemente tranquilo y tan sensato como sólo puede llegar a ser alguien que ha sido criado provincia adentro. Nunca lo volví a ver.

No me olvido de nadie. De vos tampoco, que me estás leyendo. Aunque, si querés que te diga la verdad, no deja de resultarme desconcertante que ya no te extrañe. El aire te devuelve en otra forma de sustancia. Es algo extraño. Extraño que el aire pueda recomponer las piezas enterradas a propósito, esperando para ser exhumadas a la vuelta. Mientras voy en bicicleta por la ruta arbolada del bosque donde vivo, voy recogiendo las porciones de RAB que habían quedado aparcadas en la dimensión de las marmotas. Ya no preciso la Internet, como en su momento no la precisó Mc Luhan para percibir lo que vendría. Y lo percibió en el aire. Sólo que él percibía el futuro, y yo desde el aire vuelvo a percibir el pasado, y desde el pasado me reconfiguro. Me actualizo. Yo, que volví después de tantos años a un país en el que pocas cosas han cambiado aunque parezca que sí. Yo que vengo de uno en el que las cosas iban a gran velocidad y siempre eran distintas, hasta que un día dejaron de soltar los fuegos y se supo que el tren empezaba a detenerse…

¿Podés creer, Malvinero, que acá escribo con puntos suspensivos y allá casi que los había suspendido por completo? Número 29.999, creo haber visto a tu nieto en un centro cultural de Madrid, volanteando la carta abierta de Rodolfo Walsh…

Traigo las partículas incorporadas, me las guardé en una cajita. Las solté el primer atardecer de primavera, justo frente a mi casa. Se mezclaron con mis propias partículas. El resultado fue desconcertante. Lo mismo me pasó con el olor a pan de jabón, con la fragancia empalagosa de la fórmula que hace veinte años olía exactamente igual que hoy. Su aroma me deposita de un golpe en un domingo de verano a las tres yendo al kiosko con dos monedas a comprar Mogul. Y a la vez me propaga, me hace ubicua. El domingo, el kiosko, las monedas, los chupetines con olor a tutti frutti... El kiosko, las tres de la tarde del domingo, el verano, el ruido de los platos en la pileta, la remera verde que se estiró en la primera lavada… El aire de acá tiene todo eso.

Las canciones viejas me van devolviendo poco a poco las cosas que perdimos en la quema. Fijate hasta qué punto tenemos el naufragio (o la quema) instalado en el software, que cuando Lito Nebbia escribió La balsa, el verso que dice construiré una balsa y me iré a naufragar, donde en realidad debió haber puesto navegar, él lo confunde con otro, quizá por esa manía abiertamente enfermiza que tenemos los argentinos por lo trágico.

Hace muchos años les decían "los renegados". Esos que se fueron y no volvieron nunca, los exiliados, los que "se rajaron con los milicos". Esos que según cierto sector vernáculo del ojo desviado "en algo andarían", que nunca más se supo de ellos y quién sabe si viven. ¿Alguien se acuerda de ellos? Yo los ví. No se oye hablar de ellos por estos pagos… y aunque mucho se haya hablado de ellos hace décadas, pareciera que hoy nadie los recordara. Lo que dejaron es el fantasma del exilio, y una perspectiva distorsionada que se construyó dentro del país, y no afuera. De ahí que se hable con tanta ligereza de "los que se exiliaron en el 2001", como si la odisea de aquel diez por ciento pudiera, si acaso, compararse con el exilio por coacción de fines de los 70... ¡Qué fácil es hablar desde el vientre de la Matria!

Pocas veces se piensa que el migrante cambia su ambiente de origen por uno nuevo, que viene a dar por resultado un tercero: el ambiente de la experiencia migracional, única por lo personal e intransferible. Este asunto es visto por el que nunca ha salido como algo enigmático. Viéndolo a ojo de águila, la perspectiva del que se fue y volvió es bien distinta: resulta que en Argentina se da por hecho que todo aquel que se va, lo hace para exiliarse. Visión desfigurada por el prejuicio de no haber salido nunca del ambiente familiar, contenedor y seguro, que jamás llega a percibirse porque nunca llega a contrastarse. Pero haber salido implica, siempre, un punto de inflexión que lleva, inevitablemente, a un tipo de reflexión que sólo puede adquirirse en la distancia. Lo cual no la hace ni mejor ni peor, sino diferente. Algo que nunca podrá comprarse con dinero, y que poco y nada tiene que ver con la soñada conquista del que regresa habiéndose hecho la Europa, porque la conquista se hace, pero es interior.

Llevo año y pico yendo y viniendo por el campo y bajo el cielo siempre bien alto, con sol y con lluvia, con viento y sin viento, entre la ciudad y el campo, entre el campo y el mar, y aún no consigo expulsar de mi mente la certeza de que todas nuestras dictaduras se llevaron una tajada mucho más grande de lo que pensamos. Lo noto en tus ojos, que me hablan de cortas distancias, porque crecieron con unos cerrojos que quizá nunca llegues a ver. Esos cerrojos fueron pensados para que los lleváramos puestos detrás de la nuca, en la parte reptil, que es la parte del deseo. Hasta ese punto han llegado, fijate vos... hasta el punto en que el cerrojo no necesita ni siquiera ser visto para ser percibido. Un cerrojo programable. Crecimos muy lejos de todas las fronteras y se nos educó de una sola forma, para que muy pronto comenzáramos a olvidar. Nuestro aislamiento fue usado para retorcer la percepción y encubrir una verdad vergonzosa: la de un desierto quemado que no importa a nadie. Será una imagen típica, pero no se me puede ocurrir ninguna más apropiada para describir el vacío que se respira más allá de la Capital.

Sin duda, la siega fue exitosa. Basta con irse un tiempo y regresar, para comprobar los resultados de la amputación. Esas dos generaciones eran verdaderamente peligrosas: tanto, que nos hubieran conducido directamente hacia el futuro. Un futuro que, viendo el estado de las cosas, temo que muchos de nosotros nunca llegaremos a ver. Nos llamarán póstumos, pero no importa: no somos como esos intelectuales que van por el mundo pensando solamente en sus propias glorias. Cuando se gesta el futuro, no se piensa en uno mismo sino en la heredad. Así que subite al corcel y levantá tu espada, si total… tenemos varias edades por delante para llegar a Ciudad Santa. Ya otros escribirán sobre nosotros, cuando hayan pasado mil años.

9/5/13

Lilith




Cuenta la leyenda que Eva fue creada de la costilla de Adán y que, desobedeciendo la orden de Yavé, arrancó la manzana prohibida, la mordió, y se la ofreció a su pareja, que también mordió, con lo cual los dos fueron privados para siempre de sus eternas vacaciones en el Paraíso.
La leyenda cristiana en su versión catequista se atreve a afirmar, inclusive, que Adán y Eva iban cubiertos de hojas de parra y que, una vez mordida la manzana, perdieron toda su inocencia y ya nunca más volvieron a vivir como hermano y hermana, sino como hombre y mujer. A Eva se la sentenció a parir sus hijos con dolor, a cocinar para toda su progenie y a ser ama de casa por el resto de sus días -un destino que recayó sobre todas sus hijas hasta mediados del siglo XX- y Adán tuvo que buscarse las lentejas con el sudor de tu frente a fin de dar de comer a la prole y construir un refugio de cal y canto para toda su familia.
Poco se habló de Lilith, no obstante, y es injusto porque fue la primera mujer de Adán y también la única que se atrevió a darle puerta cuando ya estaba harta de él. De haberle tocado a ella el asunto de la manzana, pienso que le hubiera plantado cara a Yavé como se lo había hecho a Adán, un gandul ya de veinte años pero con muy poca experiencia en cuestiones amatorias. Cuenta el Talmud que Lilith llegó a decirle: “¿Por qué he de acostarme debajo de ti, si yo también fui hecha con polvo, y por lo tanto soy tu igual?”. Me dá en la espina que Yavé nunca le hubiera puesto una prueba tan sencilla como la de la serpiente. Lilith no era de las que se dejan tentar. Ella era la tentación misma.
Exiliada por la historia a la penúltima escala del panteón de los demonios más temibles, Lilith fue convertida por la tradición en devoradora de niños, ninfómana irredenta, reina de los súcubos, señora de las tinieblas, amante de Lucifer, juerguista bíblica, atorranta con pelaje de chacal, lechuza vampírica, ninfa orgiástica, medusa come-hombres y yo qué sé cuantos pintorescos epítetos, ideados por la mirada eminentemente masculina de los hebreos.
Sin embargo, Lilith pasará a convertirse en un personaje peligroso a partir del momento en que decida pronunciar el verdadero nombre de Dios -algo que estaba prohibido- y ante su negativa de quedarse en el Paraíso con un compañero que no sabía tanto de mujeres como de hembras (dicen que había probado las hembras de todos los animales antes de llegar a la conclusión de que él era el único animal del Paraíso que no tenía una pareja adecuada) a Yavé no le quedará otro remedio que dejarla ir y crearle a su único hijo sapiens una hembra algo más sumisa hecha de su propia costilla a la que llamaría Eva, la ama de casa bíblica. A pesar de sus lastres, Eva resultó ser una esposa políticamente correcta que nunca se atrevió a pronunciar el verdadero nombre de Dios. Con ella, tanto Adán como Yavé estaban a salvo.
Habiendo sido la primera mujer de la historia, Lilith es también su primera diosa, su magna dea, y es probable que su leyenda haya dado origen a gran parte de las leyendas que surgieron después: desde Astarté a la Afrodita griega, y de ésta a las vírgenes negras de la era medieval. Así pues, todo lo misterioso relativo a la mujer tiene que ver con Lilith y no con Eva, que fue blanqueada desde el principio haciendo uso de un doble juego en el que es utilizada como cebo: Sí, eres mujer, y como tal eres cotilla (por haber escuchado a la serpiente, que por supuesto era hembra) ambiciosa (ya no por conocer el nombre de Dios sino por querer ser como Él) e ignorante del pecado original. Todo lo cual es como decir poco menos que estúpida. Sin embargo, he de señalar que Eva resulta ser la primera persona con voz propia en la Biblia.
Pero, ¿qué fue de Lilith después de que se marchara voluntariamente del Paraíso? Hay pocas referencias que relaten sus correrías, ya que los textos bíblicos se limitan a disparar contra ella a la vez que la recluyen intencionalmente en el olvido, convirtiéndola, sin querer, en la primera reina underground de la historia. Las malas lenguas sostenían que no había sido creada del polvo, sino de los excrementos de Adán, y a juzgar por lo que éste tuvo que aguantar por su promesa de obediencia ciega a Yavé, no resulta extraño que Lilith, nacida de sus excrementos, encarnara el lado salvaje del alma, es decir, todo lo que por pertenecer a los dominios de lo irracional resulta vergonzoso y prohibido, todo lo que el hombre es incapaz de aceptar de si mismo y a la vez todo lo que es capaz de desear.
Como Lilith, también Eva fue una proscrita (junto con Adán), pero su caso es distinto. Para empezar, Eva cometió el error de dejarse embaucar por la serpiente y creer que al comerse la manzana-señuelo podría engañar al mismísimo Yavé adquiriendo sus poderes. Pura ingenuidad. No sólo fue descubierta y castigada, sino que perdió el derecho a la vida eterna y se la condenó a morir. Lilith, en cambio, decidió marcharse ella misma del Paraíso y se salvó de la condena, eligiendo morar en la oscuridad. Tan temible como para meterle miedo al mismísimo Yavé (que había creado al hombre a su imagen y semejanza, y como todo hombre era susceptible a la belleza de su propia criatura), Lilith nunca fue sometida a la prueba de la serpiente. Habiéndose atrevido a pronunciar el nombre de Dios, ella no necesitaba su poder. Eva sí. Eva codiciaba la sabiduría divina, por lo cual representa el poder intelectual transformador del mundo. Lilith, en cambio, es el poder del instinto que se transforma a si mismo.
Como su nombre lo indica (Lil: viento, aire, espíritu, que al pasar del mesopotámico al hebreo la raiz se convirtió en "noche"), Lilith es la nocturna, la oscura, la subliminal.

(Post actualizado- abril de 2007)
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Photo/post:La encantadora de serpientes, de Henri Rousseau.