29/3/16

Nivelar para abajo

Nivelar para abajo. Mejor no pienses eso ¿para qué te vas a complicar, no ves que te hace mal? Mejor no escribas esas cosas, que son complicadas, ¿por qué no escribís más simple? Mejor callate, mejor ni lo digas. Mejor no pienses eso que si no lo pensás no va a pasar, las cosas que no se piensan no pasan. Mejor no vengas que sos conflictivo, pensás demasiado y pensar demasiado hace mal. Nivelar para abajo y todo en silencio. De eso no se habla pero se piensa, y después llega el vacío. Dejar que se nivele para abajo y hacer como que no pasó nada y está todo bien. Y así vas dejando, muchas veces por amor, que el otro se crea que no te das cuenta. Confundir el mensaje con el mensajero y leer el mensaje según el primero. Prestar más atención a la forma en que se dice una cosa que a la cosa que se dice, porque las formas, a veces, son más importantes que el dolor. Nivelar para abajo para aprender a callar todo lo que queda mal. Aprender a llorar sin hacer ruido y a mal tiempo, buena cara. Además, ¿para qué vas pensar si no te pagan? Ahora, si te pagan pensá, que nunca está de más tener un pensamiento que nos guíe…

Si no piensa no está y si no está mejor, porque así no nos hace pensar. Nivelar para abajo para que vaya muriendo el pensamiento. Para que vaya quedando reducido al nivel de una pasita. Para que no vaya quedando. Para que no vaya ni venga. Vamos aprendiendo, si no a mentir, por lo menos a ocultar, que es la más represiva y generalmente la más efectiva y por supuesto menos sancionada forma de mentir. Es cuando, por falta de motivación, las palabras empiezan a desaparecer en la mente del que piensa. Es como si se fueran a otra parte, a un contexto donde se las necesite (y generalmente se van a la casa de la poesía).

Nivelar para abajo para que todo sea fácil de leer y de entender sin hacer mucho esfuerzo. En lo posible, sin ningún esfuerzo. Y no para que el procesamiento de la información sea superficial, sino para que la información en sí sea superficial y sesgada según la mirada del mensajero de turno. Nivelar para abajo sin saber que se hace, porque cuando se ha llegado a este punto, muchas veces, el primero en perder el pensamiento ha sido la persona o el grupo que regula.


15/3/16

Cuentan las abuelas


En el lugar donde abundan las espinas (Witzapan) nos cuentan que las mujeres hablan con el barro, dicen palabras floridas y con sus manos hacen cosquillas, entre risas y palabras nacen comales, cántaros y ollas, con su sangre pintan el barro y nace el barro rojo. Dicen que las mujeres hablan con la luna y ésta cuenta que cuando es guiño de ojo debe sembrarse todo lo que crece, cuando es ojo abierto es tiempo para cosechar, planificar el camino y sembrar árboles de fruto, cuando es ojo cerrado es momento para la reflexión y quitar las hierbas del monte, la luna es el ojo que nos ve por la noche. Cuentan las abuelas más viejas que las mujeres conocen el destino de todos los ríos, conocen el sonido de las piedras y la profundidad de sus aguas, dicen que del vientre de una mujer brotó la vida que luego se hizo camino. Cuentan las abuelas que las mujeres saben el momento cuando la tierra se sacude por el frío y mueve sus enaguas, las mujeres cantan canciones de cuna para calmar los brincos locos de la tierra, entre madres se entienden, entre mujeres se conocen. Cuentan que con su canto hacen florecer árboles de Makwiliswat, hacen caer agua de los cielos, con su canto hacen llover: Ma wetzi at/ma wetzi at/ ne tunantzin ijtik ne shaput/takwikat ne tutuchinchin/muketza ne mishti /eje ush tesu/Ma wetzi ne tapayawchin. En el lugar donde abundan las espinas nos cuentan que las mujeres con paciencia tejen la piel, sueltan el mecate umbilical que nos alimenta, con achiote pintan la sangre y con flor de izote machacada los huesos de los hombres. Las más viejas nos dicen con voz clara y honda que el venado aprendió de las mujeres su andar sigiloso y el latir del corazón; que el Conejo tomó la ternura y la astucia de las mujeres, aprendió a vivir entre árboles y a correr entre flores, cuentan que los Pájaros en bandada tienen la libertad de sus manos, aprendieron a saber cuando la lluvia se deja caer y cuando el sol se va a descansar, al Jaguar le enseñaron el misterio de la noche y el movimiento del cuerpo, sus manchas en la piel son ojos de mujeres que no dejan de mirar y reconocer de dónde venimos. Cuentan las abuelas que las abuelas primeras tomaron en sus manos un puñado de luciérnagas y soplaron, soplaron tan fuerte que la noche se cubrió de estrellas.


Eric Doradea

Doña Ubenza

Ofrendo este trabajo al público en general pero en especial a los mas chiquititos en nombre de los pueblos ancestrales.
Mariana Carrizo

Doña Ubenza, es la canción con la que iza la bandera de la mujer originaria.