30/12/16

La igualdad no existe

por Érika Irusta, pedagoga menstrual vasca

La igualdad no existe. La igualdad que nos ofrecen es asimilarnos al cuerpo masculino. Eso no es igualdad, es un engaño, que además está orientado a la producción. La igualdad que algunos proponen supone una amputación. El hombre siempre ha representado lo espiritual, la perfección. Nosotras somos la materia, lo falible, lo mortal, el animal de segunda. La mujer, a día de hoy y en muchos ámbitos, no deja de ser un objeto que te da hijos, es un contenido. A lo largo de la Historia, se han hecho diferentes estrategias de marketing hacia la mujer, pero la concepción fundamental hacia las mujeres no ha cambiado. La igualdad tendría sentido cuando los cuerpos masculinos leídos como hombres entendiesen y comprendiesen que también son seres cíclicos, hormonales y químicos como nosotras. La igualdad no va de que nosotras nos amputemos hacia la asimilación del amo, sino a reducir esa concepción del hombre-dios y volverlo a tratar de lo que es: un animal más. Yo soy antiespecista y reivindico que todos somos animales, eso es un hecho. Y como animales, tenemos cambios químicos, porque somos química en relación con un entorno. Esto es una realidad biológica. Sin embargo, la base de nuestro consumo cultural es la aspiración a Dios. En definitiva, la igualdad pasa porque el hombre comprenda que él también es un ser hormonal, químico, cíclico y animal. Ahí es cuando podremos empezar a hablar de igualdad, que por otra parte, es una quimera muy dolorosa, ya que siempre nos han hecho creer que si hacíamos ciertas cosas, podríamos llegar a formar parte del “club de los chicos”. Y eso es una mentira. La mujer menstruante nunca va a poder entrar en ese club, porque no tiene el cuerpo normativo y eso es una puta quimera dolorosa que hace que nos amputemos para asimilarnos al amo.

19/12/16

Por bulerías

Y cuando todos hagan de cuenta que me han olvidado, yo reapareceré como un fantasma para que se escondan bajo las piedras. Será la exhibición de sus despojos, y mi redención.

13/12/16

Alma canuta (II)

Tiene dos lavarropas de tambor horizontal en el patio, los dos rotos. Alguien le dice:
- Yo no tengo. ¿Me das uno?
Y él, pensando a ver qué pretexto se le viene a la cabeza al toque para no dárselo:
- Es que… los voy a hacer arreglar.
- Ah, bueno. Entonces hacelos arreglar y yo te compro uno.
Pasan los meses y los años y ahí siguen los dos lavarropas, tirados en el patio. Rotos.
Él sólo sigue agarrado a su caca.

The limits of the control

Anoche vi una película que me dejó agradablemente desconcertada. Se llama The limits of the control, de Jim Jarmusch, y como casi todo lo que me gusta a mí, ha recibido críticas dispares. Lo interesante es que te mete en una suerte de road movie sin parangón, donde el argumento es apenas un pretexto para que el espectador saboree el minuto a minuto de un devenir cuyo siguiente momento es imposible predecir. Esto, nada más, ya es suficiente motivo para que me guste una película. Y que además esté ambientada en España y haga una breve aparición John Hurt, haciendo de bohemio amamarrachado, pone la guinda al pastel. Me atrapó la banda sonora neo-psicodélica modelada por los japoneses Boris y Michio Kurihara y otros compis. Está por ahí también un tema de Earth, la banda de Dylan Carlson, el amigo maldito que le compró la escopeta a Kurt ¡ups! Cobain. Todo muy raro, y un pelín pretencioso quizá. Pero creo que vale.
Bueno, a mirarla si pueden y quieren. 

4/12/16

Arte, bah (II)

A principios del siglo XX (1917) Marcel Duchamb plantaba un mingitorio en medio de una galería de arte. Casi 100 años después algunos se siguen preguntando qué habrá querido decir…

(que su intención de recrear contextos sirva como inspiración para acabar, de una buena vez, con este año)

Arte, bah (I)

La pregunta sería: ¿qué entiendo por arte? Y no “qué es el arte” sino qué entiendo. Y sobre todo “qué NO es el arte". Sea cual sea la respuesta, yo creo que el arte es algo demasiado grande como para ponerle barrotes...

Foto: "Luci" de Humberto Rivas. CCR, Bs. As Argentina

20/10/16

Buena literatura

A veces la gente se pregunta por qué soy tan dura. En realidad, es sólo una fachada. A estas alturas de mi vida, quiero vivirla en blanco. Y si alguien se molesta por lo que digo, prefiero que tenga el valor de decírmelo. El mismo valor que tendría yo.
Tuve padres terribles, a quienes amo. Tuve un padre rabiosamente machista. Y tengo la valentía de contarlo, y de vivir con eso. Él no hubiera podido ser de otra manera, tomando en cuenta la vida que le tocó. Fue al África, estuvo en un campo de concentración y convivía con ratas y alimañas. No quiero hablar de mi madre, ella es un foco de dolor todavía.
Hay historias que son verdaderas tragedias y no se cuentan por aquí, y otras plagadas de amor que sí se cuentan porque queda lindo. Lo que pienso al respecto, es que habría que leer buena literatura. Juzgamos desde lo que leemos, o desde lo que la otra persona quiere mostrarnos. A veces hay tremenda bocha debajo de la superficie, y a veces hay muy poco.
Cuando alguien refleja la sombra del otro a través de sí mismo, a veces el otro prefiere dejar de mirar. Pero yo pienso que los verdaderos amigos son los que habiéndose reflejado en tu sombra, siguen estando ahí con vos. El resto es todo paripé, y dura un tiempito. El amor surje cuando afloran las espinas, y aún así, el amor continúa. Sino, es cartón pintado, relato. Y para estas cosas... pienso que no hace falta hacer literatura. Alcanza con vivirla. 

15/10/16

Dylan

Cuando le dan el Nobel a un escritor ignoto que nadie leyó no se hace un debate interminable sobre si le correspondía o no. La mayoría tampoco se molesta en leerlo. Veo que los debates de estos días radican exclusivamente en el carácter de cantante de Dylan. Esa anomalía es vista como una ofensa a la literatura. Me pregunto cuántos de los ofendidos han estado en contacto con la obra de Dylan y no con su imagen mediática. La frivolidad, por ende, no me parece radicar en la decisión de premiar a un extraordinario escritor que CANTA sus textos, sino en buscar la mejor visión conspirativa, no molestarse en hurgar en lo que Dylan hizo, escandalizarse por una caduca distinción entre alta y baja cultura, fetichizar al libro como unico soporte de la poesía, despreciar a priori al artista popular solo por ser popular, sembrar de sospechas el reconocimiento de uno de los creadores más complejos, originales e influyentes de la contemporaneidad. Dylan no es ninguna síntesis entre la cultura y el consumo. Si investigaran algo sobre la obra de Dylan, sabrían apreciar sus gestos sostenidos de salirse de la horma del consumo pop. Y si tomaran sus discos e intentaran entender su trabajo con el lenguaje y la revolución que significó para el formato canción, ahí mostrarían que les preocupa verdaderamente la literatura y no hablan desde una herida narcisista.

Fuente: La Otra 

Photo/post: BOB DYLAN escritos, canciones y dibujos- tomo 2 / Editorial Aguilera- Madrid, 1975

6/9/16

El abrazo de la serpiente


 Al fin he visto El abrazo de la serpiente, una cinta en blanco y negro dirigida por Ciro Guerra en coproducción con Venezuela, Colombia y Argentina. La película -ambientada en la Amazonía colombiana- narra las aventuras de los investigadores Theodor Koch-Grünberg y Richard Evans Schultes, persiguiéndose el uno al otro a través del tiempo, mediante un único nexo coordinante: el chamán Karamakate, último de su linaje, y paradigma doliente de las etnias extintas a causa de la colonización.

El visionado de la película me hizo pensar en algo que escribí hace poco sobre la patria como concepto importado del continente colonizador. En ella se llega a mostrar la esclavización del nativo durante la llamada “Fiebre del caucho”, donde empresas europeas  encontraron en la Amazonía una verdadera mina de oro para la producción de cubiertas, en los primeros años de la industria automotriz.  Es llamativo que en la película se hable de “los colombianos”, no como nativos y dueños de “la patria”, sino como invasores cuya única diferencia con el blanco corporativista, nacido y criado en Europa, estaría en el criollaje. Pero así son mencionados en la película, con suspicacia. Para el chamán criado en la selva de la patria colombiana, el criollo no es más que un traidor. 

El fenómeno de la colonización trajo aparejada la aparición de dos nuevos linajes: el del criollo puro, hijo de trasterrados; y el del mestizo, mezcla -como bien lo señala la palabra- de español e indio, o en su defecto y debido a la cercanía con Brasil, de negra y blanco. E inclusive de negra y/o india y blanco. No hubiera tenido nada de malo, y sí absolutamente mucho de bueno, la mezcla de unos y otros, de no ser por el prejuicio racista del artefacto colonial, que llegó para sacarles provecho a los bienes de la naturaleza. Sus hijos y descendientes acabarían fundando las naciones que hoy llamamos con nombres de fantasía (Colombia, Chile, Argentina, Brasil… etc) y que muy lejos están de conservar la historia y tradiciones de las tribus originarias del continente, que resultaron ser en parte un estorbo, en parte fuerza de trabajo y en parte morralla, como se le dice en España a un conjunto de cosas sin demasiado valor. Se entiende, entonces, que Karamakate hable de “los colombianos” como si no fueran de su tierra. Porque en realidad algunos lo eran sólo en parte, y otros ni siquiera habían nacido allí. Cabe la discusión de qué sería identidad y toda la mar en coche, pero lo dejaremos para otra ocasión, e igual creo que llegaríamos a conclusiones estériles. Y dolientes, casi tanto como el dolor de Karamakate por haber perdido su linaje, que es lo que nos pasa a muchos de nosotros, aunque no lo tengamos tan presente como él.

Hay una escena particularmente dura en la película, y es la del hombre mutilado, que evoca los escándalos del Putumayo, y trae el recuerdo siniestro del empresario peruano Julio César Arana del Águila, que esclavizó, torturó y asesinó a miles de aborígenes obligados a extraer el caucho a fuerza de extorsiones, amparándose en el silencio de un estado quizá aún muy joven, o tal vez ya demasiado corrupto. Ojalá pudiera decir que hoy día los estados americanos ponen coto a la explotación del Amazonas… pero todos sabemos bien que no es así. Ya no hace falta mutilar a sus indios y descendientes, porque vienen siendo confinados a la exclusión desde hace siglos, y peor lo tienen quienes más cerca están de lo que llamamos “civilización”, cuando han quedado atrapados en una vorágine de miseria, resentimiento y desculturización que llega incluso hasta nuestra ciudades. 

Lo primero que se le roba a un pueblo, para quebrarlo, son sus tradiciones. Y sus tradiciones están íntimamente ligadas a su contexto. Y en este caso, su contexto es la selva. Karamakate jamás llegará a perder sus tradiciones, por eso él es el hombre que mueve los mundos, el que no olvida a sus ancestros, el que conoce al chullachaqui, el que facilita el camino para que el viajero pueda hallar el abrazo de la serpiente. Él es la esperanza hecha carne en la vida de lo que queda del Amazonas. Mientras él exista, la herencia de la serpiente está a salvo y el indio esclavizado puede aspirar aunque sea a un rayo de luz que ilumine lo que era antes de que le quitaran su tradición, a una bocanada de aire, de río y de mito que le recuerde quién es, quiénes eran su padre y su madre, sus abuelos, su tierra, su medicina, su conocimiento. Es esencial para  Karamakate que los niños adoctrinados por los misioneros católicos entiendan esto, lo cual se ve en cierta escena de la película. Karamakate podrá ser el último de su linaje, pero no va a marcharse sin dejar su huella en todos aquellos que lleguen a él.

Hermosa, poética y evocadora película; también austera en su forma de tratar la búsqueda del enteógeno. Lo cual me gustó, ya que es usado como hilo conductor para una historia más profunda y compleja: la tragedia inmensa del hombre americano que ha perdido sus raíces, navegando a flor del agua sobre un territorio arrasado que no alcanza a recordar. Karamakate es su guardián.    

3/9/16

Guido Buffo

Guido Buffo era una especie de hombre renacentista, una suerte de Leonardo Da Vinci contemporáneo. Artista y científico, cultivó varias disciplinas: música, pintura, geología y astronomía. Había nacido en Treviso, Italia, el 12 de marzo de 1885, estudió en París, Turín, Venecia y con sólo 17 años asistió a la instalación del péndulo de Foucault, en el Panteón Nacional de París. Llegó a la Argentina en 1910 y se radicó en las sierras de Córdoba. Leonor Allende nació en Córdoba el 11 de abril de 1883, fue una de las primeras periodistas cordobesas y falleció el 24 de marzo de 1931, a causa de tuberculosis. Tuvieron una hija, Eleonora, nacida el 25 de junio de 1917 y fallecida el 6 de septiembre de 1941. A raíz de este trágico suceso, Guido decidió emplear sus amplios conocimientos multidisciplinares en homenajearlas. De este modo, se volcó en la construcción de una original capilla pintada íntegramente por sus manos, y única en el país, donde ha quedado plasmada su historia de amor.
Para amantes de los solsticios, las artes, las proporciones áureas y los misterios del cielo y de la tierra... la capilla Buffo.


1/9/16

Mejor no hablar... de ciertas cosas

 Me dicen algunos que debería cuidar "las formas" a la hora "de decir las cosas". Esto es muy nuestro. Todavía nos creemos la hija menor de Francia, que ya aprendió a protestar y armar revoluciones hace como 200 años. Nuestra apreciación de la etiqueta francesa procede de la época de los Luises, me temo, y no del mayo francés. Habría que tomar esto en cuenta a la hora de presumir de educación "a la francesa".
  También me dijeron, el otro día, que cuide mi manera de decir las cosas "tan directa" porque luego "me hace sentir peor". Lo que no sabe esa persona es que lo que me hace sentir peor es no decirlas. O callarme para no discutir con alguien que sé que en vez de oír lo que digo, nada más se oye a sí mismo mientras habla.
Hace rato que aprendí a dejar de pedir por favor para todo y a dar las gracias por cualquier tontería. Y esto les va a molestar a algunos, pero somos un pueblo reprimido por dictaduras, y se nota hasta en la etiqueta. Nos creemos muy educaditos por dar las gracias, pero preferimos pasar de la miseria que abre su boca de espanto a 6 kilómetros de casa. Y esto sí que es violencia. Como la violencia que aflora en las otras 22 provincias, y que hasta hace poco había que hacer de cuenta que no existía porque el ego de la gobernanta se podía ofender.
Lo peor que he visto en la Argentina desde que volví, ni siquiera es la miseria -porque ésta sigue siendo la misma de siempre, incluso peor - sino el recorte de libertades mentales y civiles que se viene terciando desde hace lo menos dos décadas. El gobierno pasado cargó sus tintas sobre esto, haciendo de cuenta que en realidad nos vendían libertad. Pero fue una venta de humo de marca mayor. Esto sin entrar a analizar -lo cual daría para otro post- el daño mayúsculo que ha producido la supresión de la información y de bibliografía procedentes del exterior. Se ha infantilizado al pueblo marcándole los pasos sobre lo que tiene que pensar, decir y hacer, ridiculizando y aplastando a quienes creemos que el libre intercambio de información favorece la cognitividad y la imaginación. Un crimen contra la inteligencia y la libertad integral. Pero claro: ojos que no ven...
Estoy francamente indignada con la cantidad de gente que mientras muchos de nosotros militábamos en la universidad para pedir un aumento en el presupuesto, eran de la derechosa UCD (uno llegó a ser vice) o se regían por el sermón de turno tratándonos a todos nosotros de troscos, y hoy día se las dan de militantes sólo por subir dos o tres boludeces al facebook para ofender a su familia anti-K. Lo mismo a quienes son del otro bando, porque no crean que se salvan: ninguno de ellos militó en los 80, no son más que fantasmas armando su guerrilla infantiloide en internet. Y defecando sobre las cabezas de quienes sí militábamos, y teníamos que esconder los ensayos sobre el Capital de Marx en una cajón bajo llave, para no ser descubiertos por padres y dictaduras. Así está el país: enfrentado contra sí mismo, enojado, egoísta y profundamente violento. Es decir: el mal argentino, llevado al extremo.
¿Y me piden que me calle? A buen puerto van por leña. Que se callen ellos, últimamente pienso en cambiar de amigos. La verdad este hackeo me ha venido bien. 
Violencia es suprimir la libertad civil de poder comprar moneda extranjera para viajar al exterior, porque mi gobierno me impide tanto una cosa como otra. Dado que la moneda de mi país no cotiza en el exterior, y con razón, porque si nosotros no le damos credibilidad, ¿por qué hemos de pretender que los de afuera se la den?
Violencia es pretender que cambie mi manera de hablar para no ofender a quien no es capaz de oírse más que a sí mismo. Aunque, pensándolo bien, oírse nada más que a sí mismo está buenísimo para tener que hacer oído sordo a todo lo que proceda de fuera de narciso... ¿Será por eso que Freud tuvo tanto éxito entre nosotros?
Violencia es todo tipo de maltrato ejercido hacia el más débil, algo que en Argentina se ha normalizado, especialmente si se es mujer, niño o anciano pobres. Y no porque la mujer sea más débil, sino porque vivimos en un mundo macho donde a la primera de cambio, si una mujer sin aspecto de potentada alza un poquito la voz para reclamar un derecho, te salta a la yugular una tropilla de babuinos, en plan prepotente y burlón.
Violencia es la pobreza que se ve, no se mira y se ignora a propósito. Violencia son las vallas que le ponen a los barrios y a la personas. Violencia es la droga que le venden a los pibes para que puedan matarse entre ellos, y esto pueda extenderse hacia fuera.
Violencia es el odio entre clases. Sigan odiando, nomás, los que odian, que en menos de diez años tendremos un país de analfabetos y delincuentes, mucho peor que la España franquista por la que tanto se desgarran las vestiduras los hispanófobos provincianos que basan todo su conocimiento en lo que les vende la prensa.
Violencia es la inflación del 30% mensual en la comida, y que no haya control de precios por parte del gobierno. Que éste mienta descaradamente a propósito de estos controles. Que hayan subas de hasta el 1000% en los servicios y desaprensivos que lo justifican, felices de que mucha gente no pueda pagar. Eso es violencia, y no la queja justificada y directa.
Violencia son los pibes que se mueren de hambre en Santiago, en Tucumán, en el Chaco, en Misiones... y en todo el país, y que eso pretendan paliarlo con planes de hambre, cuyas cantidades simbólicas sólo alcanzan para alimentar a un niño 3 días.
Violencia son los pueblos originarios cuyas tierras fueron, son y seguirán siendo robadas por multinacionales sociópatas que entran al país mediante coimas al gobierno, que luego se jacta de sus índices de crecimiento. Violencia es la forma en la que se burlaron de Felix Díaz, y vergonzosa la manera en que pretendieron comprarlo.
Violenta es la Argentina, con sus pretensiones de etiqueta francesa, su suciedad generacional en las cunetas, sus machitos disfrazados de intelectuales, sus psicópatas acelerando a propósito cuando alguien va a cruzar la calle, su "avivada" dispuesta a quedarse. Y al próximo que me diga que me calle, volveré a repetir lo que dije el otro día: "No me hace mal lo que digo, sino lo que callo". Porque llevo casi cinco años callándome por educación, por etiqueta, por intento de re-adaptación, o quizá pura y llanamente por amor. Pero no, ya no me callo más. Porque no es violencia lo que se dice, sino lo que se consiente.
Estamos en la edad media del continente. El que se ofenda, puede darle a la pestaña de arriba y pasar página para siempre. Como pienso hacer yo muy pronto.

28/7/16

Spleen

en tributo a Allen Ginsberg 

¿Quién no tiene un aullido para gritar?
¿Hay un Dios para nosotros?
¿Hay un Dios para los desarraigados?
¡Elí Elí lama sabactaní!
Presencié la caída de Europa,
asistí a la segunda caída de Wall Street…
la poesía no se hubiera detonado sin mi enfermedad.

Mi taller para ponerme a escribir: esa vida que yo no me busqué.
Mis mejores lecturas: la oralidad, un anonimato sin pretensiones.
Mi inspiración: la inevitabilidad del impulso.
Esto debe ser muy parecido a saltar a un abismo
en el fondo del cual
sólo espero que haya Dios.


RAB

20/7/16

Para acabar con la masacre del cuerpo


por Félix Guattari

Cuales sean las pseudotolerancias de que haga alarde, el orden capitalista bajo todas sus formas (familia, escuela, fábricas, ejército, códigos, discursos…) continúa sometiendo toda la vida deseante, sexual, afectiva, a la dictadura de su organización totalitaria fundada sobre la explotación, la propiedad, el poder masculino, la ganancia, el rendimiento…
Infatigablemente, continúa su sucio trabajo de castración, de aplastamiento, de tortura, de cuadrilaje del cuerpo para inscribir sus leyes en nuestras carnes, para clavar en el inconsciente sus aparatos de reproducción de la esclavitud.
A fuerza de retenciones, de éxtasis, de lesiones, de neurosis, el Estado capitalista impone sus normas, fija sus modelos, imprime sus caracteres, distribuye sus roles, difunde sus programas… Por todas las vías de acceso en nuestro organismo, sumerge en lo más profundo de nuestras vísceras sus raíces de muerte, confisca nuestros órganos, desvía nuestras funciones vitales, mutila nuestros goces, somete todas las producciones vividas al control de su administración patibularia. Hace de cada individuo un lisiado, cortado de su cuerpo, extranjero a sus deseos.

Para reforzar su terror social experimentado como culpabilidad individual, las fuerzas de ocupación capitalista con su sistema cada vez más refinado de agresión, de incitación, de chantaje, se ensañan en reprimir, en excluir, en neutralizar todas las prácticas deseantes que no tienen por efecto reproducir las formas de la dominación.
Así se prolonga indefinidamente el reino milenario del goce desdichado, del sacrificio, de la resignación, del masoquismo instituido, de la muerte: el reino de la castración que produce al sujeto culpable, neurótico, laborioso, sumiso explotable.

Este viejo mundo que por todas partes apesta a cadáver, nos horroriza y nos convence de la necesidad de llevar a cabo la lucha revolucionaria contra la opresión capitalista en el lugar en el que está más profundamente arraigada: en lo vivo de nuestro cuerpo.

Es el espacio de este cuerpo con todo lo que produce de deseos al que queremos liberar de la influencia extranjera. Es en este lugar que queremos trabajar para la liberación del espacio social. No hay frontera entre los dos. YO me oprimo porque YO es el producto de un sistema de opresión extendido a todas las formas la vida.

La conciencia revolucionaria es una mistificación siempre que no pasa por el cuerporevolucionario, el cuerpo productor de su propia liberación.

Son las mujeres en rebelión contra el poder masculino —implantado durante siglos en sus propios cuerpos—, los homosexuales en rebelión contra la normalidad terrorista, los jóvenes en rebelión contra la autoridad patológica de los adultos, quienes han comenzado a abrir colectivamente el espacio del cuerpo a la subversión y el espacio de la subversión a las exigencias inmediatas del cuerpo.

Son ellas, son ellos, quienes han comenzado a desafiar el modo de producción de los deseos, las relaciones entre el goce y el poder, el cuerpo y el sujeto, tales que funcionan en todas las esferas de la sociedad capitalista e incluso en los grupos militantes.
Son ellas, son ellos, quienes han quebrado definitivamente la vieja separación que divide a la política de la realidad experimentada para el máximo beneficio de los gerentes de la sociedad burguesa como de aquellos que pretenden representar a las masas y hablar en su nombre.
Son ellas, son ellos, quienes han abierto los canales de la gran sublevación de la vida contra las instancias de muerte que no cesan de insinuarse en nuestro organismo para someter cada vez más sutilmente la producción de nuestras energías, de nuestros deseos, de nuestra realidad, a los imperativos del orden establecido.
Una nueva línea de ruptura, una nueva línea de ataque más radical, más definitiva, es trazada, a partir de la cual se redistribuyen necesariamente las fuerzas revolucionarias.

Ya no podemos soportar que se nos robe nuestra boca, nuestro ano, nuestro sexo, nuestros nervios, nuestros intestinos, nuestras arterias… para hacer las piezas y las labores de la innoble mecánica de la producción del capital, de la explotación y de la familia.

Ya no podemos permitir que se hagan de nuestras mucosas, de nuestra piel, de todas nuestras superficies sensibles, de las zonas ocupadas, controladas, reglamentadas, prohibidas.
Ya no podemos soportar que nuestro sistema nervioso sirva de transmisor en el sistema de explotación capitalista, estatal, patriarcal, que nuestro cerebro funcione como una máquina de suplicios, programada por el poder que nos cerca.
Ya no podemos sufrir el liberar, al retener nuestras cogidas, nuestra mierda, nuestra saliva, nuestras energías, conforme a las prescripciones de la ley y sus pequeñas transgresiones controladas: Queremos hacer trozos al cuerpo frígido, al cuerpo encarcelado, al cuerpo mortificado, que el capitalismo no cesa de querer construir con los desechos de nuestro cuerpo viviente.
Este deseo de liberación fundamental, que permite introducirnos a una práctica revolucionaria, llama a que salgamos de los límites de nuestra “persona”, a que trastornemos en nosotros mismos al “sujeto” y a que salgamos de la sedentariedad, del “estado civil”, para atravesar los espacios del cuerpo sin fronteras y vivir así en la movilidad deseante más allá de la sexualidad, más allá de la normalidad, de sus territorios, de sus agendas.
Es en este sentido que algunos de nosotros hemos sentido la necesidad vital de liberarnos en común de la influencia que las fuerzas de aplastamiento y de captación del deseo han ejercido y ejercen sobre cada uno de nosotros en particular.

Todo aquello que hemos vivido sobre el modo de la vida personal, íntima, lo hemos tratado de abordar, explorar y vivir colectivamente. Nosotros queremos derrumbar el muro de concreto que separa, en interés de la organización social dominante, el ser del parecer, lo dicho de lo no-dicho, lo privado de lo social.
Hemos comenzado a descubrir juntos toda la mecánica de nuestras atracciones, de nuestras repulsiones, de nuestras resistencias, de nuestros orgasmos, a llevar al conocimiento común el universo de nuestras representaciones, de nuestros fetiches, de nuestras obsesiones, de nuestras fobias. “Lo inconfesable” ha devenido, para nosotros, materia de reflexión, de difusión y de explosiones políticas, en el sentido en que la política manifiesta, dentro del campo social, las aspiraciones irreductibles de “lo viviente”.

Hemos decidido romper el insoportable secreto que el poder hace caer sobre todo cuanto toca al funcionamiento real de las prácticas sensuales, sexuales y afectivas, así como lo hace caer sobre el funcionamiento real de toda práctica social que produce o reproduce las formas de la opresión.

8/6/16

Cumpleaños

La foto fue tomada en la rambla de Mar del Plata durante la primavera de 1948. Había llegado desde el puerto de Génova para curar las heridas de una guerra que casi le quita la vida. Se llamaba Érico, y era mi padre. Hoy cumpliría 101 años.
In memoriam

29/5/16

Incondicional

Cuando el "amor al prójimo" llega a ser tan "incondicional" que da lo mismo que el otro llegue a enfadarse, a ignorarnos o a depreciarnos, ¿dónde empezaría la frontera entre cierta amable indiferencia y el amor?
Me aterra ese concepto del amor.

Photo: Vadim Stein

Cortázar



Cortázar ha sabido mejor que ninguno agarrar a la Argentina por el lado de la vergüenza, combatir su engolamiento, ser el bufón que desmonta sus ficciones. 
Néstor García Canclini

Este gigante siempre pareció lamentar la distancia. Me pregunto qué habrá sentido cuando le dio por visitar Buenos Aires y nadie lo recibió. Esto fue durante el gobierno de Alfonsín y ya levantada la prohibición. Unos dijeron que el escritor no quería ver a nadie; otros, que la culpa fue de las autoridades. La secretaria del presidente llegó a confesar años después que fue un error de agenda. Nunca lo sabremos, probablemente.

Hace un rato estaba viendo un programa donde él le explicaba al periodista lo que sentía al caminar por París. Hablaba de una sensación que está más allá de las palabras, algo que yo he llegado a sentir también cuando vivía en Madrid. Será que es verdad eso de que hay que estar un poco lejos para poder encontrarse. Yo creo que ese "estar lejos" que tanto lamentaba este gigante del cuento, enriqueció su talento personalísimo y nos lo devolvió a todos en la forma que conocemos. Aunque no sé, quizá sea sólo una idea mía.

Recuerdo los tiempos en que yo cursaba en la Facultad de Humanidades. Hubo algún compañero que se refería a él con desprecio porque había vivido en Francia durante más de 30 años e incluso se le había pegado el acento. Circulaba por esos tiempos la idea de que era "extranjerizante". Actualmente se le pone por las nubes y es harto conocida su nostalgia por Buenos Aires, y su dolor de saber que en su tierra 22 millones de argentinos no podían leer sus cuentos por causa de la censura. Y hoy, mientras lo oía extrañar y añorar la tierra porteña, llegué a preguntarme cómo escribiría si hubiera nacido y vivido en Caballito, por ejemplo, en Ituzaingó o en Necochea. O más lejos todavía… si hubiera vivido en Catamarca. ¿Cómo escribiría el gigante si hubiera vivido en Catamarca? O en Añatuya. ¿Sería hoy el gigante que conocemos?

No sé si la pregunta es válida, quizá lo sea, quizá no. En cualquier caso, me hace reflexionar sobre la influencia de la tierra natal, sobre su fuerza inspiradora y las oportunidades que puede o no ofrecernos. En su caso, no puede decirse que su tierra haya sido muy generosa con él.

25/5/16

Calla el sol incaico

En el día más simbólico de la patria argentina el presidente decide cerrar la plaza de Mayo, por miedo a las manifestaciones de repudio popular que se vienen sucediendo desde que llegó al ¿poder? La plaza de Mayo, bastión de la gesta revolucionaria ocurrida el 25 de mayo de 1810, fue ocupada hoy por un grupo de obedientes alumnos de escuela y el intendente de la ciudad. Vallada al pueblo, la historia se da vuelta como una media y hoy la plaza de la libertad se convierte en búnker para los nuevos representantes del nepotismo des-ilustrado, fantasma del un ayer que no parece querer marcharse.
Una vez fue tomada (1810)
Otra vez fue violada (1955)
Por primera vez, fue vallada (2016)
Triste día de la patria, al menos para mí. Y creo que para muchos también.

21/5/16

La niña habichuela

¿Y qué podía nacer de la simiente entre una hetaira y un ángel caído? 

¡Una bruja!

Como dijera Dylan Thomas: O make me a mask. Toda su vida real bajo una hermosa e inquietante máscara…

Frances Bean Cobain (LA, 1992)

Paracaidismo

A veces tenemos que declararnos vencidos para que alguien nos abra su corazón. Durante la caída se produce el encuentro. Es la paradoja del que vencido, vence.

16/5/16

Sobre el arte

Que el arte, cualquier forma de arte, salga de las tripas. Si está filtrado a través del superyo, no sirve. El arte verdadero desafía mandatos, bucea por debajo de los renglones impresos por el sistema. Porque el arte es anterior al sistema, es hermano gemelo del alma salvaje, e hijo entrañable de lo irracional.


Foto: Mujer agazapada, con verde (detalle). Egon Schiele

6/5/16

Refugio antiaéreo


Sabía que llegaría este día. El día en que escribiría una especie de testimonio para ser leído desde el futuro. El día en que caería, finalmente, de punta sobre la realidad que no quiere ser cambiada. Chapotear en el vientre de fango. Repetir la miseria de una década que vuelve, y que nadie haga nada o que parte de nadie se calle y siga como si tal cosa, pataleando la vereda del mar sobre un skate. Porque parecemos pibes. Ésta es la parte del avión: cuando me doy cuenta de que pase lo que pase, la cosa continuará así de aburrida y así de inmoral por los siglos de los siglos, y que encima las iglesias invasoras seguirán plantando sus amenes en cada barrio pobre que surja, a fin de enmascarar la filosofía del saqueo en cámara lenta. Porque… ¿cuánto llevamos de saqueo? ¿Cinco décadas? ¿Cuatro? O no, quizá más: ¿seis? ¿Ocho? ¿Cien años? ¿Doscientos? Mejor no asomarse al vientre de fango. Mejor que Dios se asome y nos diga qué hacer. Mejor que nos enseñe cómo hay que callarse.

Sí, ésta es justamente la parte del avión, el capítulo de la traidora vendepatria que no se quedó a yugarla. Es cuando ella empieza a elucubrar la huída, porque es como que no le ve mucho goyete al asunto. Porque así le llamarán: la huída, y no la resurrección. Y no un plan de cabotaje para ir por oxígeno. A mí me suena esta escena, ¿a vos no? Algunos nacemos con la sensación incorporada, con una repulsión endémica hacia el eterno retorno de los trenes que cada tanto vuelven vacíos. Robados. Y cuando se nace así no hay remedio (como tantas cosas en este país), se es nómade, no hay nada que hacerle. Se sobrevive SIEMPRE, bajo una lluvia de piedras, pero se sobrevive para poder vivir. A mí no me tocó la mejor: lo vivo todo muy intensamente; inclusive llego a sobrevivirme marcada a fuego. Soporto bien la rutina durante un tiempo, pero en algún momento empiezo a necesitar el salto evolutivo de lo impredecible. Será porque soy argentina, y ya he visto que eso de acumular cosas, historias y seres muertos sólo conduce a más cosas, más historias y más seres muertos. Que luego traen pájaros de rapiña, y ya sabemos lo que pasa...

Sabía que llegaría este día. Y sabía que cuando llegara, mi refugio antiaéreo dejaría de servirme. Ésta es la parte en que empiezan a brotar las semillas que fueron sembradas en tiempos de paz. Mis hijos son todos hijos de la guerra, como yo. Mis hijos son todos hijos del caos, y se crían en el alboroto de las bombas. Porque mis hijos, en la resignación, se me mueren.

29/3/16

Nivelar para abajo

Nivelar para abajo. Mejor no pienses eso ¿para qué te vas a complicar, no ves que te hace mal? Mejor no escribas esas cosas, que son complicadas, ¿por qué no escribís más simple? Mejor callate, mejor ni lo digas. Mejor no pienses eso que si no lo pensás no va a pasar, las cosas que no se piensan no pasan. Mejor no vengas que sos conflictivo, pensás demasiado y pensar demasiado hace mal. Nivelar para abajo y todo en silencio. De eso no se habla pero se piensa, y después llega el vacío. Dejar que se nivele para abajo y hacer como que no pasó nada y está todo bien. Y así vas dejando, muchas veces por amor, que el otro se crea que no te das cuenta. Confundir el mensaje con el mensajero y leer el mensaje según el primero. Prestar más atención a la forma en que se dice una cosa que a la cosa que se dice, porque las formas, a veces, son más importantes que el dolor. Nivelar para abajo para aprender a callar todo lo que queda mal. Aprender a llorar sin hacer ruido y a mal tiempo, buena cara. Además, ¿para qué vas pensar si no te pagan? Ahora, si te pagan pensá, que nunca está de más tener un pensamiento que nos guíe…

Si no piensa no está y si no está mejor, porque así no nos hace pensar. Nivelar para abajo para que vaya muriendo el pensamiento. Para que vaya quedando reducido al nivel de una pasita. Para que no vaya quedando. Para que no vaya ni venga. Vamos aprendiendo, si no a mentir, por lo menos a ocultar, que es la más represiva y generalmente la más efectiva y por supuesto menos sancionada forma de mentir. Es cuando, por falta de motivación, las palabras empiezan a desaparecer en la mente del que piensa. Es como si se fueran a otra parte, a un contexto donde se las necesite (y generalmente se van a la casa de la poesía).

Nivelar para abajo para que todo sea fácil de leer y de entender sin hacer mucho esfuerzo. En lo posible, sin ningún esfuerzo. Y no para que el procesamiento de la información sea superficial, sino para que la información en sí sea superficial y sesgada según la mirada del mensajero de turno. Nivelar para abajo sin saber que se hace, porque cuando se ha llegado a este punto, muchas veces, el primero en perder el pensamiento ha sido la persona o el grupo que regula.


15/3/16

Cuentan las abuelas


En el lugar donde abundan las espinas (Witzapan) nos cuentan que las mujeres hablan con el barro, dicen palabras floridas y con sus manos hacen cosquillas, entre risas y palabras nacen comales, cántaros y ollas, con su sangre pintan el barro y nace el barro rojo. Dicen que las mujeres hablan con la luna y ésta cuenta que cuando es guiño de ojo debe sembrarse todo lo que crece, cuando es ojo abierto es tiempo para cosechar, planificar el camino y sembrar árboles de fruto, cuando es ojo cerrado es momento para la reflexión y quitar las hierbas del monte, la luna es el ojo que nos ve por la noche. Cuentan las abuelas más viejas que las mujeres conocen el destino de todos los ríos, conocen el sonido de las piedras y la profundidad de sus aguas, dicen que del vientre de una mujer brotó la vida que luego se hizo camino. Cuentan las abuelas que las mujeres saben el momento cuando la tierra se sacude por el frío y mueve sus enaguas, las mujeres cantan canciones de cuna para calmar los brincos locos de la tierra, entre madres se entienden, entre mujeres se conocen. Cuentan que con su canto hacen florecer árboles de Makwiliswat, hacen caer agua de los cielos, con su canto hacen llover: Ma wetzi at/ma wetzi at/ ne tunantzin ijtik ne shaput/takwikat ne tutuchinchin/muketza ne mishti /eje ush tesu/Ma wetzi ne tapayawchin. En el lugar donde abundan las espinas nos cuentan que las mujeres con paciencia tejen la piel, sueltan el mecate umbilical que nos alimenta, con achiote pintan la sangre y con flor de izote machacada los huesos de los hombres. Las más viejas nos dicen con voz clara y honda que el venado aprendió de las mujeres su andar sigiloso y el latir del corazón; que el Conejo tomó la ternura y la astucia de las mujeres, aprendió a vivir entre árboles y a correr entre flores, cuentan que los Pájaros en bandada tienen la libertad de sus manos, aprendieron a saber cuando la lluvia se deja caer y cuando el sol se va a descansar, al Jaguar le enseñaron el misterio de la noche y el movimiento del cuerpo, sus manchas en la piel son ojos de mujeres que no dejan de mirar y reconocer de dónde venimos. Cuentan las abuelas que las abuelas primeras tomaron en sus manos un puñado de luciérnagas y soplaron, soplaron tan fuerte que la noche se cubrió de estrellas.


Eric Doradea

Doña Ubenza

Ofrendo este trabajo al público en general pero en especial a los mas chiquititos en nombre de los pueblos ancestrales.
Mariana Carrizo

Doña Ubenza, es la canción con la que iza la bandera de la mujer originaria.

25/2/16

Agua quieta

 Ahora, no hay duda de que la búsqueda incondicional del triunfo personal implica la soledad profunda. Esa soledad del agua que no se mueve.

José Saramago

24/2/16

Kaddish (fragmento)


Es extraño pensar ahora en vos, ida sin corsets ni ojos, mientras camino por el pavimento soleado de Villa Greenwich.
En el centro de Manhattan, mediodía de invierno despejado, y llevo toda la noche levantado, hablando, hablando, leyendo el Kaddish en voz alta, escuchando el grito-blues de Ray Charles ciego en el fonógrafo
el ritmo el ritmo —y tu recuerdo en mi cabeza tres años después— Y leer en voz alta las últimas estrofas triunfantes de Adonais —lloré al darme cuenta de cuánto sufrimos—
Y de cómo la Muerte es ese remedio con que todos los cantantes sueñan, cantan, recuerdan, profetizan como en el Himno Judío, o el Libro Budista de las Respuestas —y mi propia imaginación de hojas secas —en el amanecer—
Soñando hacia atrás a través de la vida, Tu tiempo —y el mío acelerándose hacia el Apocalipsis,
el momento final —la flor ardiendo en el Día— y lo que viene después, mirando hacia atrás en la mente misma que vio una ciudad americana un flash a otra parte, y el gran sueño de China o Yo, o vos y una Rusia fantasmal, o una cama arrugada que nunca existió— como un poema en la oscuridad —fugado de vuelta hacia el Olvido—
Nada más para decir, y nada por lo que llorar excepto los Seres del Sueño, atrapados en su desaparición, suspirando y gritando por ello, comprando y vendiendo pedazos de fantasma, adorándose los unos a los otros, adorando al dios incluido dentro de todo —¿anhelo o inevitabilidad?— mientras dura, una Visión —¿algo más?
Salta sobre mí, cuando salgo y camino por la calle, miro hacia atrás por encima de mi hombro, la Séptima Avenida, las almenas de ventanas de edificios de oficina hombreándose unas a otras, más alto, bajo una nube, altas como el cielo por un instante —el cielo arriba —un viejo lugar azul. O por la avenida en dirección hacia el sur, hacia —mientras camino hacia el Lado Este Inferior— hacia donde vos caminaste 50 años atrás, muchachita —de Rusia, comiendo los primeros tomates venenosos de América— asustada en el puerto y después forcejeando en la muchedumbre de calle Orchard hacia qué? —hacia Newark hacia la tienda de dulces, las primeras gaseosas caseras del siglo, helado batido a mano en la trastienda, sobre las tablas mohosas del parquet—
Hacia la educación el matrimonio crisis nerviosa, la operación, enseñando en la escuela, y aprendiendo a estar loca, en un sueño —¿qué es esta vida?
Hacia la Llave en la ventana —y la gran Llave extiende su cabeza de luz sobre la cima de Manhattan, y sobre el piso, y se rinde en la vereda —en un vasto rayo único, moviéndose, mientras camino por la Primera hacia el Teatro Yiddish —y hacia el lugar de pobreza  que vos conociste, y que yo conozco, pero ahora sin preocuparnos —Es extraño haberse mudado a Paterson, al Oeste, a Europa y acá otra vez, con los gritos de los españoles ahora en las cuñas que traban las puertas, manteniéndolas abiertas, y chicos negros en la calle, escaleras de emergencia tan viejas como vos —Aunque no sos vieja ahora, eso ha quedado aquí conmigo—
Yo mismo, como sea, tan viejo tal vez como el universo —y yo creo que muere con nosotros —suficiente para cancelar todo lo que viene —y lo que vino está perdido para siempre cada vez
¡Eso está muy bien! Eso lo deja abierto para que no haya remordimientos —ni radiadores de miedo, carencia de amor, tortura incluso dolor de muelas sobre el fin—
Aunque cuando viene es un león que se come el alma —y el cordero, el alma, en nosotros, ay, ofreciéndose a sí mismo al hambre encarnizada del cambio —pelo y diente— y el rugido de los huesos dolorosos, el cráneo pelado, la costilla rota, la piel podrida, la Implacabilidad trucada en el cerebro.
¡Ay, ay! ¡empeoramos! ¡estamos en problemas! Y vos no estás, la Muerte te dejó afuera, la Muerte fue misericordiosa, y vos ahora estás arreglada con tu siglo, arreglada con Dios, arreglada con el pasaje a través de él —arreglada con vos misma después de todo —Pura— De regreso al Bebé oscuridad anterior a tu Padre, anterior a nosotros —anterior al mundo—
Ahí descansá. No más sufrimiento para vos. Sé adónde te fuiste. Está bien.
No más flores en los campos veraniegos de Nueva York, ningún gozo ahora, ni más miedo de Louis, ni tampoco más de su dulzura y anteojos, ni sus décadas en la secundaria, deudas, amores, llamadas por teléfono temerosas, camas de concepción, parientes y manos—
Nada más de tu hermana Eleonor, —ella se fue antes que vos —lo mantuvimos en secreto —vos la mataste —o se mató a sí misma para poder lidiar con vos— un corazón artrítico —Pero la Muerte las mató a ambas —No importa—
Tampoco de tus recuerdos de tu madre, 1915 lágrimas en películas mudas semanas y semanas olvidando, angustiarse viendo a Marie Dressler hablándole a la humanidad, a Chaplin bailando en la juventud, o a Boris Godounov, Chaliapin en el Metropolitano, y aclamar su voz de zar llorón —en el pasillo con Eleonor y Max— mirando también a los Capitalistas sentándose en la Orquesta, pieles blancas y diamantes, o con los viajes a dedo de la YPSL por Pensilvania,  en polleras pantalones de gimnasia negros y holgados, fotografía de 4 chicas agarrándose de la cintura, y ojo sonriente, demasiado tímidas, soledad virginal de 1920 todas esas chicas están viejas, o muertas, y ese pelo largo crece en la tumba ahora —una suerte que hayan tenido después esposos.
Vos lo lograste —yo vine también —Mi hermano Eugene antes (todavía llorándote ahora, te llorará[8] hasta su última agonía, mientras atraviesa el cáncer —o muere —tal vez más tarde —el cree que pronto— Y es el último momento que recuerdo, en el que los veo a todos, a través de mí mismo, ahora —menos a vos. Yo no preví lo que sentiste —qué apertura de boca enferma más horrorosa vino primero —a vos— ¿estabas preparada?
¿Para ir adónde? ¿En la oscuridad —eso— en ese Dios? ¿un resplandor? ¿Un Señor en el Vacío? ¿Como un ojo en la nube negra de un sueño? ¿Al fin Adonai con vos? 
 ¡Más allá de mi memoria! ¡Incapaz de adivinar! No solamente el cráneo amarillo en la tumba, o una caja con polvo de gusano, o la cinta del pelo manchada —¿Calavera con Halo? ¿podés creerlo?
¿Es tan sólo el sol que brilla una única vez para la mente, sólo la fulguración de la existencia, como nunca antes?
Nada más allá de lo que tenemos —de lo que tuviste— es algo tan lamentable —sin embargo el Triunfo, haber estado acá y cambiado, como un árbol, partido, o una flor —haber alimentado el suelo— pero loca, con sus pétalos de color, pensando en el Gran Universo, sacudida, cortada en la cabeza, desnudada de hojas, escondida en un hospital-caja de huevos, envuelta en trapos, dolorida —enloquecida en el cerebro de la luna, falta de Nada.
Ninguna flor como esta flor, que se supo a sí misma en el jardín, y peleó con el cuchillo —perdió. Arrancada por el pensamiento helado —incluso en la primavera— fantasmal y extraño de un Muñeco de nieve idiota —alguna Muerte— El pedazo de hielo filoso coronado con rosas viejas —un perro por sus ojos —la poronga de un explotador —el corazón de las planchas eléctricas.
Todas las acumulaciones de la vida, que nos agotan —relojes, cuerpos, conciencias, zapatos, tetas —tus hijos engendrados —tu Comunismo —la “Paranoia” en los hospitales.
Una vez le diste una patada en la pierna a Eleonor, ella se murió de un paro cardiaco después. Vos de un derrame. ¿Dormida? En el plazo de un año, las dos, hermanas en la muerte. ¿Eleonor está feliz?
Max pena en vida en una oficina en el Bajo Broadway, bigote largo y solitario sobre la medianoche Contabilidades, no está seguro. Su vida pasa mientras él la mira —¿Y de qué duda ahora? ¿Todavía el sueño de hacer dinero? ¿o de que podría haberlo hecho, o contratado a una enfermera, o haber tenido hijos, o incluso haber hallado tu Inmortalidad, Naomi?
Lo voy a ver pronto. Ahora tengo que pasar de largo —para hablar con vos —para hablarte como no lo hicimos cuando tenías una boca.
Para siempre. Y estamos ligados por eso, para siempre —como los caballos de Emily Dickinson —conducidos hacia el final.
Ellos conocen el camino —Estos Corceles— corren más rápido de lo que pensamos —es nuestra propia vida la que cruzan —y se la llevan con ellos.
Magnífica, ya no llorada, arruinada del corazón, mente rezagada, casada soñada, cambiada mortal —Culo y cara hartos de asesinatos.
En el mundo, dada, flor enfurecida, sin volverse Utopía, encerrada bajo pino, apuntada en la Tierra, borracha en Soledad, Jehová, acéptala.
Sin nombre, con Una sola Cara, Para-siempre mas allá de mí, sin principio, sin fin, Padre en la muerte. Aunque no estoy allí para esta Profecía, yo estoy sin matrimonio, yo estoy sin himno, yo estoy sin Cielo, sin cabeza en la felicidad igual te adoraría a Ti, Cielo, después de la Muerte, sólo Uno bendito en la Nada, ni luz ni oscuridad, la Eternidad sin Día— Toma esto, este Salmo, mío, explosión de mi mano un día, parte de mi Tiempo, ahora entregado a Nada —para alabarte a Ti— Excepto Muerte.
Este es el fin, la redención de la Tierra Salvaje, camino hacia el Maravilloso, Casa buscada por Todos, pañuelo negro lavado equitativamente por llanto —página fuera del Salmo— Último cambio de Naomi y mío —hacia la Oscuridad perfecta de Dios— ¡Muerte, guardad vuestros fantasmas! 

Allen Ginsberg

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Traducido al espartino por: Franco Bordino / La traición del hombre topo