20/12/08

El mejor poema

El mejor poema es el que aún no se ha escrito, el que borbotea en el magma de las posibilidades de la lengua y de la aventura humana; por lo tanto, no tengo obligación de echar incienso a lo ya de sobra canonizado; esto siempre me ha parecido algo cobardón y de mal gusto, incluso pornográfico. Reivindico la fiesta de lo arbitrario; incluso, si es con calidad, el escribir por el solo hecho de joder. Considero, a estas alturas de la información globalizada, que la pretensión de exhaustividad es solo un sofisma enarbolado por los más groseros e ignorantes; que el que no permite entre en su texto siquiera un alfiler, es un autoritario imbécil. Y, sobre todo, que el encanto es la máxima cualidad de la literatura, tal como decía, de las páginas que habían logrado encandilarlo, el viejo muchacho Jorge Luis Borges.

Pedro Granados, poeta peruano.

10/12/08

El sueño de Artaud

Le decía a un amigo en su blog, que quizá la esencia de lo divino resida en una búsqueda constante empapada de hallazgo. Entonces, no sé por qué, me vino a la memoria un verso de Antonin:

Me entrego a la fiebre de los sueños, pero es para recoger nuevas leyes.

Y yo no sé qué os parecerá a vosotros... pero para mí él sigue ahí, fumándose su gauloise con ojos de barrilete.

23/10/08

El amigo Henry

Existe un libro que forma parte de nuestro ser y que está contenido en nuestro ser, y ese libro es el registro de nuestro ser. He dicho nuestro ser y no nuestro devenir. Comenzamos a escribir este libro en el momento de nacer y lo proseguimos después de la muerte. Solamente cuando estamos a punto de renacer lo terminamos y le ponemos la palabra "Fin". En consecuencia, es toda una serie de libros que, desde un nacimiento hasta el siguiente, continúa la historia de la identidad. Todos somos escritores, pero no todos heraldos ni profetas. Lo que sacamos a relucir del registro oculto lo firmamos con nuestro nombre de pila, que jamás es el nombre real. Pero lo único que llega a conocer alguna vez la luz es lo mejor de nosotros, lo más fuerte, lo más valiente, lo mejor dotado. Lo que entorpece nuestro estilo, lo que falsea la narración, son las porciones del registro que ya no podemos descifrar. El arte de escribir no lo perdemos nunca, pero lo que a veces perdemos es el arte de leer. Cuando encontramos un adepto de este arte, recuperamos el don de la visión. Es el don de la interpretación, naturalmente, porque leer siempre es interpretar.

Los libros en mi vida, Capítulo XIII
Henry Miller

28/9/08

Con celo

Hace unos años me dio por hacer un seminario por la UIMP en una preciosa ciudad castellana que no voy a nombrar. Entre los ponentes, la estrella era un crítico de arte y filósofo de la escuela de Walter Benjamin -a quien tampoco nombraré-, que al margen de su erudición, demostró ser un indivíduo de lo más carismático, cuando al cierre del seminario le retaron a tocar la guitarra flamenca y dio un conciertazo de cojones, con sangría incluída, y baile y cante al que se apuntaron cátedra y alumnado.
Como era de esperar, todos acabamos borrachos. Pero había más: todavía quedaba la exposición. El grueso de los expositores eran alumnos de los ponentes, todos ellos gente de la Complutense, todos de abultado currículum y no obstante sabuesos impenitentes del lumbreras francés tocador de guitarra. O sea -y con perdón-, unos chupaculos. Unos pelotillas de dientes largos. Y sus alumnos tanto más. Entre todos, y a lo largo de cinco días que a mí se me hicieron eternos, inflaron un globo elitista donde, con el mayor cuidado y la más provocativa desidia, se ocuparon de que no se incluyera a nadie que no fuera de la UCM.
Llegado el momento de la inauguración, los proto-lumbreras del lumbreras francés se presentaron con cara de jueces escrupulosos. Siempre he odiado las inauguraciones. Creo haber dicho en alguna oportunidad que me gustaría mandar a un gólem en mi lugar, mientras yo me como los canapés y me tomo los chupitos en el pasillo, viendo como la peña se pasea por la sala fingiendo el embelesamiento gélido de los iniciados.
Esa noche nadie miró mi cuadro. Ni el mío, ni el de los excluídos. Así que, muy molestos, nos fuimos a cenar con el resto de la peña -que, como yo, acababan de pasar por la bochornosa experiencia de no ser mirados-, y un poco para bajar el efecto de la humillación, un poco porque no nos faltaban ganas de celebrar a nuestra manera tirando la ciudad por la ventana, a mí me dio por decir que hubiera estado bueno coger el cuadro delante de toda esa gente y llevármelo.
- Y mirá… yo que vos lo haría - saltó un paisano mío, escultor él, que llevaba años y años ejecutando esas acciones llamadas performance, y que en muchas ocasiones no pasan de ser más que furibundeces usadas por ciertos artistas bajo el pretexto de mover a la reflexión sobre cuestiones fundamentales.
Hubo un largo silencio y varios que se lo pensaron, incluyéndome, claro. Pero nadie se atrevió a decir voy. En eso, una colega tuvo una idea brillante:
- Como performance va a ser un fracaso, porque no hay prensa.
No hubo objeciones. Además, el entrecot estaba para chuparse los dedos y resultaba a todas luces más excitante reirnos con los dientes largos de las chungas interpretaciones talleriles de los globeros de UCM, una de las cuales consistía en la exposición de unos casquetillos de papel de confitura pegados con celo (cinta scotch) contra una puerta del siglo XVI, vaya a saber con qué intención.
Las extensiones de nuestras carcajadas chorreaban en la salsa cuando le tocó el turno al director del taller, cuya obra consistía en el dibujito de un cubo sostenido por dos palillos de los cuales se deslizaba algo que pretendía ser una sombra, todo hecho con rotulador negro sobre un soporte de hoja de resma, pegado cuidadosamente a la pared, también con celo. Un dibujo al mejor estilo de la serpiente devorándose al elefante de Saint-Exupéry, sin ánimo de desmerecer a Saint-Exupéry, que tuvo mucho que decir con su Principito.
El resto eran criaturas tan incomprensibles como estériles para nuestro entendimiento. Nadie estaba conforme; todos hubiéramos querido arrancar nuestros cuadros maravillosos de esas paredes y marcharnos a casa celebrando la boutade (así somos los artistas, nos encantan ese tipo de infantogilipolleces) pero nadie se atrevió. Esa noche.
Al día siguiente ya es otro cantar. Recuerdo que me levanté con resaca y unas ganas peliagudas de pasarme por el convento donde se mantenía cautiva a mi extensión, descolgarla y llevármela. Se lo comenté a mi compañero, que estaba semi-conciente y me respondió con un eructito. Pero el tío me tenía una paciencia de santo.
Larga retahíla de protestas: es que es inútil, hoy en día la estética está sometida a la ética del arte basura, y además si te fijás bien ¡de qué ética hablamos si esta gente no tiene ética!, si lo someten todo a las cuatro palabrejas de un francés que viene de parte de Benjamin y los posestructuralistas esos de mierda que vienen copando las ideas desde hace… yo qué sé cuántos. Y la Gina Pane que se cortaba los pies para dejar la huella en el suelo de la galería, pero ¿por qué no se harán una puñeta con la Gina Pane?, si sabía me traía el inodoro y no me tiraba dos semanas montando una composición fotográfica de cojones, consumar-consumir, es que no lo entendieron… ¡no lo entendieron!¿te dás cuenta?¡las antiguas catedrales como recinto y albergue, como mercado sagrado de otro tiempo, el elefante blanco del Cristianismo reemplazado por un McDonald!¡es la eucaristía!¡el cuerpo por la corporación!¡la idea es genial! Pero es que nos hicieron un aparte desde que llegamos -no tendría que haber colgado nada en esa mierda- y pasaban de nosotros con… ¿cómo te diría?, un desprecio cordial, con unas ínfulas…
Mi compañero se afeitaba tranquilamente frente al espejo:
- Tranquilizate, flaca, que no tenés prensa…
El muy cabrón se reía de mí, pero igual me llevó al convento. Allí mismo me presenté en la secretaría y le expliqué al encargado el motivo de mi decisión. El tipo se mostró comprensivo desde el principio. Un tío enrrollado. Me dijo que desde luego si quería llevarme el cuadro, estaba en todo mi derecho porque era mío, pero que podía ser una lástima ya que esa misma tarde se abrían las puertas al público y era posible que fuera la prensa.
Al ver que yo seguía en mis trece, el hombre tuvo una idea de ésas que dán en el clavo:
- Mira, si tú quieres, puedes hacer una cosa… pón un cartel que diga, por ejemplo: Aquí hubo un cuadro que nunca fue mirado, y así se enterarán de que tu cuadro pasó por aquí. - Se sonrió con cara de troll: - Y además la pared no se queda vacía.
Fue el rayo iluminador para mi mañana de resaca y no obstante insumisa, así que descolgué el cuadro y en su lugar pegué una hoja de papel con una leyenda que decía:

Aquí hubo un cuadro que nunca fue mirado.

Con celo.
A los tres días me llamó el encargado para decirme que uno de los ponentes les había pedido mi teléfono para que le explicara el por qué de mi reacción, y si todavía estaba interesada en colgar el cuadro nuevamente.
Yo le dije que no.
- ¿Sacaron el cartel? - le pregunté.
Se oyó su risita de troll al otro lado de la línea:
- No, y si quieres que te diga la verdad, y te lo digo por si te sirve de consuelo, pero a la gente le llama más la atención el papelete ése que has colgado que todo lo demás. Raro, ¿no?
No, señor; no es raro. Mi colega tenía razón. A mí me faltó prensa, chaval… que es lo que no le faltó a Tracey Emin cuando decidió poner en medio de la Tate Gallery la cama pringosa donde yaciera durante una semana completamente borracha después de uno de sus múltiples abortos. Hermenéutica de My bed, toda una revelación del arte revolucionario de fines del pasado siglo: La obra corresponde a un momento en que la artista estaba enferma y deprimida. Es una meditación sobre el hecho de pasar mucho tiempo en la cama. Hay una inocencia subyacente y una gran sinceridad que nos recuerda cuestiones fundamentales.
Y bueno, lo mío no habrá sido algo tan grande, pero sí que en esa ocasión tuve mis quince minutines, al decir de su eminencia San Andy Warhol... Cuando no hay ética, la estética se vuelve una hoja boyante entre la alienación y el olvido, y al fin y al cabo todo acaba dando igual.

26/9/08

Elogio del bufón

Siempre me ha fascinado la figura del bufón, esa criatura grotesca, divertida y capciosa, presente en la historia del mundo desde tiempos inmemoriales.

El bufón, eterno compañero del rey, mascota y entretenedor oficial de un soberano siempre obligado a guardar las formas, y también su consejero y confidente, no puede ser la figura mejor olvidada de la humanidad. Quizá sea porque al lado oscuro conviene ocultarlo. Razón por la cual, la existencia del bufón se vuelve imprescindible. De hecho ¿qué sería del rey sin su bufón? El bufón es la encarnación misma de las vergüenzas ajenas, incluídas las del propio rey.

Similar a la metáfora del váter (al que eufemísticamente, y no sin motivo, se le llama también “el trono”), el bufón es la metáfora de todo lo que no debe mostrarse, de lo vergonzante, prohibido, y extravagante. Es el mamarracho del alma. Su doble inconfesable. La criatura antediluviana que todos llevamos dentro, que todavía camina en cuatro patas y que le chilla a la Tierra y a Dios. Es el eterno patán desvergonzado que sabe -sabe- que el váter es el único espacio de la vida en el que puedes malograrte sin culpa, y en el que nadie metería sus narices donde no debe, la poltrona favorita de quien que se asoma a la entrepierna del diablo para dibujarle mariposas en el ombligo.

Divertido y auto-consentido, al bufón le gusta vaciarse, y en su modesta experiencia del placer, se repite a si mismo que él es la única persona sobre este planeta sacándole la lengua a la muerte. Y mientras él se la saca, ríe el rey. Ríe con la boca ancha y los dientes largos, pero ríe. Y además de reir, llora. Llora a solas y en silencio, o en presencia del bufón, pero llora. Si no llorara -es decir, si las gracias del bufón no le hicieran sentir, de vez en cuando, como el hombre amenzado por los monstruos del capricho goyesco- jamás le eligiría como su confidente. Porque entre los veteranos de la corte, entre los ministros y los aristócratas, entre súdbitos y profanos, no hay mejor acólito y más leal camarada que el bufón. Éste es el que prueba todos los brebajes antes de que se lo dén a beber al soberano. Es el que soporta los guantazos (antecedente directo del cachetón que recibe el payaso y que le hace caer redondo al suelo, haciendo reir al auditorio). Es el que se ríe de si mismo y el que se burla delicada y en ocasiones cáusticamente de la condición de los presentes sin que nadie se ofenda. Su sitio es una suerte de escenario secreto para el destierro elegido de un rey sin corte. Que es lo que es, en realidad, el bufón.

Sabio en su triste destino de esfinge que vuelve de los sietes infiernos de la deformidad, el bufón es el vertedero de las criaturas regias. Y de las no regias, o cuasi-regias, que rigen los destinos propios y ajenos. El bufón resulta ser todo lo que uno quiere ocultar. Es el otro. La otra mitad. El enemigo. Y como para guardar las formas al enemigo hay que mantenerse a distancia y confinarle al archivo de la ¿mala? conciencia, o convertirle en un marginal, o en un loco -y para que no pese tanto- en un payaso, el rey permite que el bufón se tome sus licencias. Porque el territorio del bufón es siempre territorio neutral, como lo es el territorio del inconsciente, que es a la vez el territorio más profundamente humano que existe.

Leo Bassi, el bufón moderno, el payaso apocalíptico, el blasfemo de la neo-ilustración contemporánea, el trasnochado discípulo de Rabelais vetado por la Iglesia católica (un rey sin sentido del humor), reinvindica al bufón desde un discurso bizarro donde éste adquiere autonomía y lo libera de dependencias míticas y servidumbres humillantes.
Dicen que por la boca muere el pez; sin embargo, el bufón no puede morir. Como lo más abyecto y lo más luminoso del espíritu humano, su esencia es inmortal.

Photo/post: Leo Bassi, en plena acción.

16/9/08

Achille Benito Oliva: esto es vanguardia.

Señoras y señores, el Arte es definitivamente un invento europeo. Y en segunda instancia, norteamericano. Ya lo aclara Achille Bonito Oliva (ABO) prestigioso crítico de arte, curador de la Bienal de Venecia 1993 (entre otras, seguro que tendrá más), y supuesto creador de la llamada Transvanguardia, un refrito de estilos y tendencias ya existentes en las artes plásticas (otro tentáculo de la posmodernidad), todavía en vigencia. Vamos, de lo que se lleva.Aquí les suelto un extracto de la entrevista que le realizó Jorge Eduardo Eielson hace unos años:

JEE.— Y ahora pasemos a un argumento algo diverso, relacionado con América Latina, continente en el que nací y cuyos problemas, obviamente, me tocan muy de cerca. Mi primera pregunta es ésta: ¿por qué los artistas latinoamericanos casi nunca son invitados, o lo son de manera mínima, a las grandes manifestaciones internacionales, como la última Documenta, por ejemplo?ABO— No creo necesario recordarte que hoy más que nunca la investigación artística se ha concentrado en los grandes centros metropolitanos como Nueva York, París, Londres, Roma, Berlín, etc., y que los países y las ciudades situadas en la periferia del sistema del arte no pueden gozar, aunque sólo fuera por razones geográficas, de la misma atención que las grandes metrópolis. Esta situación es agravada por el subdesarrollo de esos países debido a factores políticos, históricos, económicos y sociales, muchas veces dramáticos, y que obligan a sus artistas, hombres de ciencia, escritores e investigadores de todo tipo, a viajar, permanecer, o por lo menos pasar un período de confrontación y estudio en las grandes ciudades europeas o norteamericanas, para enseguida poder elaborar su propio lenguaje y aporte personal.
JEE.— Esto es muy cierto. Pero, los escritores latinoamericanos, o por lo menos varios de ellos, han conseguido la notoriedad y la difusión en escala planetaria. ¿Por qué no sucede lo mismo con los pintores, si se excluye a Matta?
ABO.— Bueno, aquí hay que hacer una distinción. Antes que nada, Matta es un gran artista y por lo tanto escapa a cualquier delimitación geográfica o cultural. Otro como él no aparecerá fácilmente en ninguna parte, ni siquiera en Europa. Su importancia es tal que aún hoy, creo yo, no nos damos cuenta de la vastedad de su aporte. Baste decir que su influencia ha sido decisiva para la elaboración de la Action painting norteamericana, sin olvidar la que ejerció en el área surrealista y la que incluso sigue ejerciendo en nuestros días, cuando se advierte más claramente el peso de su obra. La exposición de Beaubourg de 1986 ha sido para muchos una verdadera revelación. En cuanto a los escritores latinoamericanos, debo confesarte que no amo mucho la literatura del Boom. (¿?). A la inversa de tantas obras de arte perfectamente reconocidas en su época (los maestros del Renacimiento; Goya, Velásquez, los flamencos, el mismo Picasso), la buena literatura nunca se ha vendido ni se venderá con tanta facilidad. Los best-sellers me parecen siempre bastante dudosos. (¿?). Lo que sucede, tal vez, es que ella ha conquistado un público internacional ávido de novedad literaria y sensibilizado por una retórica tercermundista (¡!) que nada agrega a la verdadera creación literaria. (¿?). Sin negar a dichos escritores de indudable ingenio (¿?), seriedad y compromiso social, otros son los autores latinoamericanos que admiro y frecuento, como por ejemplo Borges, Paz, Pessoa, Lispector, Lezama Lima, que trabajan dentro de una línea que considero más universal, rigurosa e inventiva y que, a la postre, interpretan con mayor madurez artística, y sin trazas de folklore, (¿?) la esencia misma de un continente y una cultura.
JEE.— En cuanto a preferencias literarias, estoy de acuerdo contigo, en líneas generales. Pero es imposible subestimar la importancia de los narradores del Boom, gracias a los cuales toda la literatura latinoamericana ha adquirido una identidad y carta de ciudadanía internacional. Sucede un poco como con la Transvanguardia que tú defiendes: quizás sus autores no son los artistas que personalmente preferimos, pero son ellos los que han abierto las puertas a una forma de expresión, pictórica o literaria, que con el tiempo podrá dar frutos cada vez más maduros. Se podría decir que esos escritores latinoamericanos conforman la única Transvanguardia literaria internacional, puesto que poseen los requisitos por ti señalados: nomadismo cultural, hedonismo verbal, genius loci, unas gotas de folklore y de Kitsch, es cierto, y, sobre todo, éxito, ingrediente este último que es parte constitutiva de estas formas de arte, amplificado por la civilización multimedial en que vivimos.
ABO.— Ciertamente. Pero volviendo a la materia que me concierne más directamente, o sea a las artes plásticas, con excepción de Matta, como tú mismo me lo señalas (que ha vivido siempre entre Europa y los Estados Unidos), no he encontrado entre los artistas latinoamericanos, por mí examinados en tres bienales de París y dos de Venecia (salvo rarísimos casos que, obviamente, prefiero no mencionar aquí) una identidad artística suficiente ni un lenguaje realmente libre de los modelos europeos o norteamericanos. (NOTA: intuyo que este hombre nisiquiera oyó hablar del Pópol Vuh). Pero este fenómeno no es sólo latinoamericano. No te digo nada nuevo si afirmo que los buenos artistas son escasos en todas partes. Tanto más escasos lo serán en lugares en donde la existencia misma es un problema. Dicho esto, tengo que reconocer que, a pesar de algunos viajes por México, Brasil y Argentina, no conozco a fondo la situación artística de ninguno de estos países (¿entonces para qué opina el capullo?) y temo mucho, además, que mis códigos culturales sean diferentes a los de la cultura latinoamericana.
JEE.— La matriz cultural —heredada a través de la lengua española y de modelos artísticos europeos— es la misma de toda Europa occidental. Como dice Octavio Paz: «Somos una porción excéntrica de Occidente». Sólo el hábitat y nuestro patrimonio cultural indígena —sobre todo en México y los países andinos, como el Perú— modifican esta herencia, dándole carácter único. Sin embargo, artistas grandísimos como Picasso, Klee o Miró no tuvieron nunca ningún problema de códigos y supieron no solamente leer y gozar plenamente del arte primitivo y precolombino, sino que estas expresiones constituyeron para ellos las más altas fuentes de inspiración en el proceso de renovación del arte europeo (NOTA: un poco de espíritu no le viene mal), iniciado por ellos mismos. Aun hoy día, el citado Gadamer, aclara que no es de las sociedades avanzadas, como los Estados Unidos (el Japón, es un caso aparte), que surgirán nuevas energías para el arte, sino, precisamente de algunos países marginales, pero de antigua identidad cultural. Es posible que sea así nuevamente.

(Touché, Jorge Eduardo).



En esta foto, un ejemplo de arte postransvanguardista. Se titula Chupándole el culo al curador, y es obra de Ondrej Brody y Kristofer Paetau. La performance podría extenderse también a los críticos de arte, comisarios, galeristas y marchantes. Toda una revelación que se expuso este año en Arco. A la postre, yo he pensado en invitar a ABO para mi próxima exposición, y parodiando a los polacos, desafiarle a bajarse los pantalones e inyectarle una sobredosis (si se pudiera) de ayawaska. Por el culo, claro. No creo que me haga caso, pero la idea de imaginármelo corriendo y chillando por los pasillos me dá un placer orgásmico. A ver si se entera de una buena vez que el arte no es cuestión de "modelos" o fronteras, todo más si éstas hacen referencia al obtuso paradigma neocapitalista que convierte a ciertos artistas en esclavos de un sistema que lo corrompe todo, inclusive a ellos mismos. Sean de donde sean.

9/7/08

Giacometti

Boyaba entre la fantasía y la euforia. No era que le gustara hacerlo: era que no podía evitarlo. Lo usaba como único pasaporte a su tierra de adentro; porque en la otra, en la de afuera (le gustaba hacerles creer a todos que era como ellos y poner cara de circunstancia cuando alguien le hablaba del precio del pan o de la carne) no era más que un tío raro modelando criaturas de barro delgadas como cerillas. Muy de tarde en tarde, cuando nadie le veía, salía a pillar constelaciones en los botes de basura, y así, tal como las encontraba, las recogía en una bolsa y se las llevaba a casa.
Surrealista. Existencialista. ¿Qué era todo eso?¿Era él algo de eso? Él sólo llevaba un disfraz.
Con sus dedos, calculaba cada porción de miedo. Es sabido que el hombre puede protegerse contra el peligro, pero ¿puede protegerse contra el miedo?¿Cómo expresar lo que hay bajo el pellejo del miedo? Mostrar la pulpa, verla primero dentro de sus ojos. Imaginarla en los poros oxidados de los cascos que se pudrían al sol en los muelles, o en los sauces mordiendo los durmientes, o en los dolorosos esqueletos de cemento armado donde vive la gente, justo en el sitio en el que la ciudad es sueño, barro, y olvido. El hombre siempre se esconde bajo el barro.
Luego volvía a casa, a vomitar el sueño. A convertirlo en criaturas que eran como estalactitas. Con sus manos llenas de galaxias y de posibles especies etéreas, aún por crear. Pura luz ahuyentando vívamente su propia sombra. Ojos abiertos de par en par a cubiles temblando sobre pilotes: así somos, así somos de frágiles… ¿has visto lo que somos? Todo lo suave, lo blando y lo puro; eso que la especie eligió dejar a resguardo… eres tú el que lo vé, eres tú el que lo sabe. Eres tú el testigo.
-¿Dónde estabas, Giacometti? - le preguntaba su amigo Beckett.
- Por ahí - respondía él -; esperando a Godot.
(Post actualizado- noviembre de 2007)

Vídeo-animación: Eternal gaze, de Sam Chen.
Part I


Part II

7/7/08

Astarté

Cuenta la leyenda de Gilgamesh, que en las llanuras aún sin cultivar pusieron a un hombre salvaje y peludo, Enkidu. Así como los animales, él también merodeaba y comía con ellos. Tras ser colocado por un cazador en un pozo de agua donde los animales acostumbraban a beber, se lo comunicaron a Gilgamesh, quien planeaba capturarlo. Envió a una sacerdotisa consagrada a la Diosa Astarté, al pozo donde solía ir el cazador. Cuando la sacerdotisa llegó al lugar, ahí estaba Enkidu. El cazador ordenó a la mujer que se quitara la ropa "estirada y descubriendo sus frutos maduros". Ella abrió sus ropas, exponiendo sus encantos, complaciente a sus abrazos que durante seis días y seis noches gratificaron su deseo, hasta que venció su lado salvaje. Después de eso, Enkidu fue llevado por esa mujer a las puertas de la ciudad, el centro de la civilización humana.

-Enciclopedia de ética y religión, de James Hastings. Vol. 6


27/6/08

Lilith


Cuenta la leyenda que Eva fue creada de la costilla de Adán y que, desobedeciendo la orden de Yavé, arrancó la manzana prohibida, la mordió, y se la ofreció a su pareja, que también mordió, con lo cual los dos fueron privados para siempre de sus eternas vacaciones en el Paraíso.
La leyenda cristiana en su versión catequista se atreve a afirmar, inclusive, que Adán y Eva iban cubiertos de hojas de parra y que, una vez mordida la manzana, perdieron toda su inocencia y ya nunca más volvieron a vivir como hermano y hermana, sino como hombre y mujer. A Eva se la sentenció a parir sus hijos con dolor, a cocinar para toda su progenie y a hacer la colada por el resto de sus días -un destino que recayó sobre todas sus hijas hasta mediados del siglo XX- y Adán tuvo que buscarse las habichuelas con el sudor de tu frente a fin de dar de comer a la prole y construir un refugio de cal y canto para toda su familia.
Poco se habló de Lilith, no obstante, y es injusto porque fue la primera mujer de Adán y también la única que se atrevió a darle puerta cuando ya estaba harta de él. De haberle tocado a ella el asunto de la manzana, pienso que le hubiera plantado cara a Yavé como se lo había hecho a Adán, un gandul ya de veinte años pero con muy poca experiencia en cuestiones amatorias. Cuenta el Talmud que Lilith llegó a decirle: “¿Por qué he de acostarme debajo de ti, si yo también fui hecha con polvo, y por lo tanto soy tu igual?”. Me dá en la espina que Yavé nunca le hubiera puesto una prueba tan sencilla como la de la serpiente. Lilith no era de las que se dejan tentar. Ella era la tentación misma.
Exiliada por la historia a la penúltima escala del panteón de los demonios más temibles, Lilith fue convertida por la tradición en devoradora de niños, ninfómana irredenta, reina de los súcubos, señora de las tinieblas, amante de Lucifer, juerguista bíblica, golfa con pelaje de chacal, lechuza vampírica, ninfa orgiástica, medusa come-hombres y yo qué sé cuantos pintorescos epítetos ideados por los seguidores de Yavé, ese dios eminentemente masculino de los hebreos.
Sin embargo, Lilith pasará a convertirse en un personaje peligroso a partir del momento en que decida pronunciar el verdadero nombre de Dios -algo que estaba prohibido- y ante su negativa de quedarse en el Paraíso con un compañero que no sabía tanto de mujeres como de hembras (dicen que había probado las hembras de todos los animales antes de llegar a la conclusión de que él era el único animal del Paraíso que no tenía una pareja adecuada) a Yavé no le quedará otro remedio que dejarla ir y crearle a su único hijo sapiens una hembra algo más sumisa hecha de su propia costilla a la que llamaría Eva, la maruja bíblica. A pesar de sus lastres, Eva resultó ser una esposa políticamente correcta que nunca se atrevió a pronunciar el verdadero nombre de Dios. Con ella, tanto Adán como Yavé estaban a salvo.
Habiendo sido la primera mujer de la historia, Lilith es también su primera diosa, su magna dea, y es probable que su leyenda haya dado origen a gran parte de las leyendas que surgieron después: desde Astarté a la Afrodita griega, y de ésta a las vírgenes negras de la era medieval. Así pues, todo lo misterioso relativo a la mujer tiene que ver con Lilith y no con Eva, que fue blanqueada desde el principio haciendo uso de un doble juego en el que es utilizada como cebo: Sí, eres mujer, y como tal eres cotilla (por haber escuchado a la serpiente, que por supuesto era hembra) ambiciosa (ya no por conocer el nombre de Dios sino por querer ser como Él) e ignorante del pecado original. Todo lo cual es como decir poco menos que estúpida.
Pero, ¿qué fue de Lilith después de que se marchara voluntariamente del Paraíso? Hay pocas referencias que relaten sus correrías, ya que los textos bíblicos se limitan a disparar contra ella a la vez que la recluyen intencionalmente en el olvido, convirtiéndola, sin querer, en la primera reina underground de la historia. Las malas lenguas sostenían que no había sido creada del polvo, sino de los excrementos de Adán, y a juzgar por lo que éste tuvo que tragar por su promesa de obediencia ciega a Yavé, no resulta extraño que Lilith, nacida de sus excrementos, encarnara el lado salvaje del alma, es decir, todo lo que por pertenecer a los dominios de lo irracional resulta vergonzoso y prohibido, todo lo que el hombre es incapaz de aceptar de si mismo y a la vez todo lo que es capaz de desear.
Como Lilith, también Eva fue una proscrita (junto con Adán), pero su caso es distinto. Para empezar, Eva cometió el error de dejarse embaucar por la serpiente y creer que al comerse la manzana-señuelo podría engañar al mismísimo Yavé adquiriendo sus poderes. Pura ingenuidad. No sólo fue descubierta y castigada, sino que perdió el derecho a la vida eterna y se la condenó a morir. Lilith, en cambio, decidió marcharse ella misma del Paraíso y se salvó de la condena, eligiendo morar en la oscuridad. Tan temible como para meterle miedo al mismísimo Yavé (que había creado al hombre a su imagen y semejanza, y como todo hombre era susceptible a la belleza de su propia criatura), Lilith nunca fue sometida a la prueba de la serpiente. Habiéndose atrevido a pronunciar el nombre de Dios, ella no necesitaba su poder. Eva sí. Eva codiciaba la sabiduría divina, por lo cual representa el poder intelectual transformador del mundo. Lilith, en cambio, es el poder del instinto que se transforma a si mismo.
Como su nombre lo indica (Lil:viento, aire, espíritu, que al pasar del mesopotámico al hebreo la raiz se convirtió en "noche"), Lilith es la nocturna, la oscura, la subliminal. Dicen que se bañaba dos veces por semana en agua de magnolia para manener la conciencia ilesa y que mantuvo el alma célibe por toda la eternidad. “Si amas a alguien no quieras tener que avergonzarte de lo que nunca harías”, le dijo a Lucifer desde lo alto de sus párpados; “las reglas son de este mundo; los agujeros son de Dios”. Así que una noche se unió a su sombra, y blandiendo su sexo con la destreza de quien conoce de sobra el truco de dar en la diana al primer asalto, eyaculó dentro de él la medida exacta de su hombría y lo hizo de ella para siempre. A Él. A Lucifer, el ángel que fue exiliado por conocer el nombre de Dios.
(Post actualizado- abril de 2007)
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Photo/post:La encantadora de serpientes, de Henri Rousseau.

20/6/08

De vuelta en el XIX

Hoy por la mañana me llegó un mail de mi amiga Vandalia con el siguiente título:


Firmas contra la Directiva de las 60/65 horas‏ de jornada laboral semanal. (Esto es en EUROPA, lo aclaro por si hay algún lector gaucho que entre por aquí -que los hay- y no quiera creerse lo que lee).

Por si a alguien le interesa el asunto (creo que nos interesa a todos) os invito a echar una firmita virtual en la web de esta gente. Odio hacer estas cosas, pero es otra manera de que se difunda y que alguien haga -o por lo menos intente- hacer algo antes de volver al siglo XIX.

Lo mejor y más completito que he pillado en Internet sobre el asunto, es esto.


¿Cuál será la próxima?¿Una ley del Parlamento Europeo para legalizar la explotación de mano de obra infantil? (Ay, si Dickens viviera...)


18/6/08

Verano

Los meses y los días son viajeros de la eternidad. El año que se va y el que viene también son viajeros. -Basho

Se dice que los gatos tienen 7 vidas, y que las personas tienen tantas como heridas hayan bajo sus pies. Yo no sé cuántas tengo, porque nunca las conté ni quiero hacerlo, pero lo que sí sé es que, digan lo que digan, a mí el río Manzanares me hace bien. Ahora es buen tiempo para ir, pero la mejor época es a comienzos de primavera, que es cuando el río está lleno, el aire empieza a calentarse, y huele a jaras, romero y jazmín salvaje.
A diez minutos de mi casa está la Chopera, mi primer puerto bautizado. Si te desvías de la carretera por un sendero pedregoso, te adentras en lo que yo llamo “la entrada pobre” del parque regional de la Pedriza, que es para ir andando. Es a mediados de marzo cuando los chopos sueltan su pelusa y la tierra se cubre de blanco, como si fuera nieve. Hubo un año en que los chopos nevaron bajo un cielo intensamente azul.
Es un hecho cierto, aunque no probado, que la humilde ribera del Manzanares que corre paralela a la carretera, huele a brujas. O más bien a ondinas, esas criaturas invisibles que no necesitan coches de ocho cilindros para deslizarse por el agua como torpedos. Para sentir su presencia no hay que creer en cuentos de hadas ni haber pasado por el psiquiátrico: sólo hay que saber escuchar.
Yo conozco un lugar -del que no voy a dar las coordenadas, no vaya a ser que a algún loco le dé por subir desde Madrid y dejar el sitio lleno de basura- donde los elementales retozan a gusto y se ríen de la ingenuidad humana. Aquello oscila entre la sencillez de un paisaje japonés y la voluptuosidad de un bosque celta. Hay que tumbarse, quedarse muy quieta, respirar hondo… y escuchar. A veces nisiquiera es necesario hacer esta parafernalia: basta con dejarse llevar por el agua. Si me quedo un buen rato oyendo el rumor monótono y vivificante del agua corriendo entre las piedras, mi cerebro se apaga. La razón desaparece. La máquina se detiene y descansa el motor. Esa sensación aparece justo detrás de las orejas, se desliza por la nuca, sube, y se instala en lo alto del cráneo. Es como un suspiro de alivio, como una caricia interior. Cuando sucede (es raro que no suceda, y si no sucede es que debo preocuparme) siento un cosquilleo detrás de las orejas, y a veces inclusive a la altura del plexo.
Nuestros antepasados dejaban que los malos pensamientos se fueran con la corriente del río y se ponían a cantar: como la música, el agua se desliza en la corriente del tiempo, pero es un tiempo no-tóxico, muy diferente al que percibimos cuando nos pilla un atasco. A esto, los orientales le llaman haikai.
Por eso digo que a mí el Megabrain no me cuesta un duro. El megabrain es un sofisticado aparato ideado por psiquiatras estadounidenses para conseguir que los dos hemisferios cerebrales -que funcionan de manera separada- lo hagan conjuntamente, utilizando sonidos y luces cuyas frecuencias producen un efecto relajante y de trance. En www.megabrain.net se dice que las brujas y los chamanes ya conocían la técnica al combinar el sonido de los tambores con las fogatas. Y sin tecnología. ¿Cómo lo harían? Fácil: escuchando. Sencillo, si vives en el campo.
Por eso las brujas no necesitaban el megabrain. La sabiduria brujil no proviene de la tecnología sino de la experiencia. De tanto oir las voces de la naturaleza, aprendes a interpretarlas. Que es la mejor forma de aprender. Puro empirismo natural. La experiencia me indica que el agua de las 8 de la tarde es la mejor para echarle a mi siso, y que para llenar el matraz de mi santuario personal es preferible que coja el agua en luna llena. Tan sencillo como aprender a silbar. Que yo sepa, no hay cursos para esto: de tanto intentarlo, un buen día descubres que finalmente puedes hacerlo y te preguntas: “¿Cómo lo he conseguido?”. En la escuela de los meses y los días nunca acabas de graduarte. Me recuerda a un haiku de Kobayashi Issa:

No tengo nada
¡salvo esta quietud,
esta frecura!


(Post actualizado- agosto de 2007)

16/6/08

Viva Kafka

Escribo con la sangre en el ojo, porque una medio-amiga mía está viviendo una peripecia que me resulta tan repugnante como kafkiana: es uruguaya y lleva viviendo en España más o menos el mismo tiempo que yo. Su permiso de residencia se le caducó en setiembre del año pasado, y todavía no ha recibido respuesta de la administración. Es decir, que después de 9 años de haber cotizado y pagado sus impuestos como cualquier hijo de vecino, y estando legal desde el principio –ahora mismo le correspondería su residencia permanente- esta mujer no sólo lleva 9 meses esperando una respuesta que no le dán, sino que además está sin trabajo y enferma.
Su caso merece ser contado con pelos y detalles, como podría describirse un vómito con el que topamos por la calle el domingo por la mañana. Esta mujer tiene dos hijas, una de las cuales trabaja como camarera. De eso viven. Hace poco le dio por pedir una ayuda a servicios sociales y le dijeron que tiene derecho a la renta mínima de inserción (unos 400 euros, que es lo que paga de alquiler) sólo que para eso tiene que tener el carnet de residencia en vigor. ¿Me vais pillando?
Lo auténticamente kafkiano, sin embargo, no es eso. Lo peor es que ya ha visitado media docena de comisarías donde cada vez que va le dicen que tiene que esperarse otros cuatro meses porque ahora estamos con el tema de los rumanos y todavía vamos por agosto (ella presentó sus papeles a tiempo, en setiembre de 2007). Si llama al 012 y explica su situación, le dán un número para que llame a; llama a, les explica sus motivos, les dice que padece una depresión clínica, que en ningún sitio la quieren contratar porque tiene el carnet caducado desde hace 9 meses y, ¿sabeis lo que le preguntan?

Pero usted, ¿para qué lo quiere?,

sin contar, por supuesto, con que la pelotean de administración en administración y en ninguna parte saben decirle con exactitud dónde tiene que reclamar.
Así que decidió acudir a un abogado de su Ayuntamiento. El abogado le hizo una nota que tiene que presentar en una de las administraciones. Como la pobre está más bien chunga y sus dos hijas estarán fuera el jueves, me ha pedido que la acompañe.
Sé todo esto porque me la encontré ayer saliendo del despacho del trabajador social.
- La piscóloga me dijo que mi depresión se debe a un fuerte estrés - le explicó ella.
Él la miraba.
- Pero tú… tienes cobertura médica ¿no?
- Sí.
Según ella, el razonamiento del trabajador social era el siguiente: ¿qué tiene que ver la depresión y el estrés con el hecho de que esté indocumentada?
Como casi todos los funcionarios, el razonamiento de su trabajador social responde a la política de tapar agujeros. O, lo que es lo mismo, la política del avestruz. La asociación entre los hechos no existe, sólo existen los esquemas dentro de los cuales él mismo está inserto, y los esquemas, generalmente, resultan ser meras abstracciones que en lo concreto, y a la hora de tomar al toro por las astas, funcionan más o menos así:

- Si no tienes tu carnet en vigor no se puede hacer nada.

Así pues, antes de pedir una prestación que para ella es vital, tendrá que esperar la decisión de la administración.
Otra, con la psicóloga del Ayuntamiento, ante la cual me decía que apenas verla se quedó en blanco. Cuando pudo, le contó su caso completo con pelos y señales y al final conluyó:
- así que a veces pienso en acabar con todo.

A mí esto me toca muy de cerca porque sé perfectamente lo que siente, y sé que va en serio. La conozco más o menos bien y tengo alguna idea de todo lo que le ha pasado -más allá de los hechos kafkianos que estoy narrando-, así que me resultó indignante que tras decir aquello la psicóloga pasara del tema como si tal cosa. Se lo creo, porque eso también me pasó. E insisto: la conozco. No es una mujer tonta, todo lo contrario. Sucede que está tan harta de pillarlo todo al vuelo que ya le dá tirria tener que pedir ayuda a la administración, o como se llame, porque sabe también lo que le dirán. Y lo que le dicen es justamente esto que os estoy narrando.
Queda clara, pues, cuál es la función del funcionario: eliminar funciones. Y en lo posible, personas. Ojo, que no se malinterprete lo que digo: cuando hablo de eliminar personas hablo de eliminar identidades. La prueba de ello es que cuando el funcionario topa con una persona que pone en entredicho sus funciones (que en realidad deberían llamarse anti-funciones) reaccione poniendo por delante una ley en vigor o la cantidad de sesiones gratuitas que establece el estatuto, según la gravedad del caso.
A pesar del complejo aparato administrativo que la ampara y de las supuestas ayudas sociales que podría obtener, mi amiga continúa desprotegida tanto judicial, material, psicológica como moralmente. El único que se encuentra protegido es el funcionario. Protegido a priori bajo el ejercicio de sus funciones de

Yo soy funcionario.

¿Habeis visto que con eso ya parecen decirlo todo? Especialmente si son de ministerio, que son los que más se quejan del sistema e inclusive de si mismos -o del mobbing- pero acusan una barriga fláccida propia de vacacionistas perpétuos, o vasallos. Es fácil construir el personaje de un funcionario; lo que una se pregunta, es dónde estrará la persona.
La humanidad, vamos.

Photo/post: La metamorfosis, de Scarfatti.

8/6/08

El tano

Como me dijo un amigo hace años, mi padre tenía un karma movido. Su número era el 8 -el del infinito- y su signo, Géminis. Creo haber contado ya que fue ex combatiente de la II G-M, un asunto que a mis amigos les resultaba interesantísimo. Ellos le llamaban cariñosamente el tano.
Una vez, siendo aún adolescente, intenté escribir su historia, pero la dejé en pleno relato de su escapada a bordo de un tren que marchaba desde su campamento, a la capital, Addis-Abeba (estuvo destinado en Etiopía por órdenes de don Benito, a quien despreciaba con un odio difuso) y que, según él mismo contaba, a mitad de camino tuvo que vérselas con una insurrección de africanos tras la toma de Etiopía a mano de los ingleses. Si dejé el relato, fue porque no podía imaginarme tal cosa sin estar en su pellejo.
Sin ser un Indiana Jones, mi padre -un hombre tan pequeño como inexplicablemente fuerte- no sólo consiguió resisitir a la insurrección, sino que también resistió a la bala que se le metió por el cuello y se le instaló a medio centímetro del pulmón izquierdo. Contaba él que se la quitaron en un hospital de campaña, prácticamente sin anestesia y por el homóplato, de suerte que allí le quedó para siempre un hueco bastante llamativo que le molestaba sólo cuando había humedad, y que a mí me recordaba al ojo de un volcán apagado en miniatura.
No, mi padre no era ningún Indiana Jones, sino un hombre corriente que decía haber nacido dos veces. Vivió una existencia llena de altibajos en la que fue, entre otras cosas, radiotelegrafista, músico, compositor, maestro, director de coros, panadero, escritor de cartas de amor, estupendo lector, sindicalista, sacristán, constructor, gran viajero y sobreviviente. Dicen que algunos rasgos se heredan, y aquí estoy yo ahora en una de mis vidas para recordarlo.
Esta preciosa aria de Nabucco está dedicada a él, que hoy cumpliría 93 años, y que falleció hace ya mucho, saliendo del aeropuerto de París.
Va, pensiero, per te.

3/6/08

Diane Arbus: de ESO no se habla

Diane Arbus debió haber sido una niña difícil, pero en silencio. Como dijo Norman Mailer: “Darle una cámara a Diane es como darle una granada de mano a un bebé”. Si bien es verdad que se atrevió a romper con los prejuicios de la pacata sociedad estadounidense de fines de los cincuenta, también es cierto que incluso hoy sus fotografías siguen resultando espeluznantes. El ojo de su cámara dá en el blanco, y si lo hace tan bien, es porque no sabe -no quiere- mentir.
Ya le venían mintiendo desde pequeña. Nacida en 1923 en Manhattan y criada en el seno de una rica familia judía -su padre era peletero y su marido un fotógrafo de la revista Vogue- Diane debió percibir lo que se cocía debajo de todo ese glamour. Quizá la pregunta que se hizo Steven Shainberg al momento de rodar Fur, haya sido: “Si en los ‘50 resultaba tan cool poseer un abrigo de visón y ése era entonces el concepto de belleza imperante, ¿por qué a Diane iba a resultarle menos bello un hombre enteramente cubierto de pelo?”. Así pues, su secreto aborrecimiento a la idea de la muerte de los visones -asesinados a tiros para que algún día una niña pija de Manhattan pudiera lucir un abrigo de esos sin sospechar siquiera el siniestro proceso que media entre un crímen y una prenda de lujo- acabaría convirtiéndose en una verdadera fascinación hacia lo monstruoso. O, más que una fascinación, una necesidad de expiación, y también un exorcismo, de lo que bullía bajo el espléndido pelaje -éste sí aceptado- de la sociedad en la que había crecido.
Aún así, no creo que Diane Arbus pretendiera transgredir. Ningún artista honesto se plantea la transgresión como fin, aunque sí pueda plantearse el arte como shock, como necesidad y, cuando la necesidad es grande, inclusive como obsesión. El shock es siempre primero para si mismo, lo que pueda suceder después ya no es cosa del artista, sino de los otros. Por eso, decía Arbus, si observamos la realidad desde bastante cerca, ésta se hace fantástica.
Aún hoy, sus fotos siguen hiriendo ciertas sensibilidades habituadas a identificar arte con belleza, equilibrio y virtud (parece mentira la influencia que sigue teniendo el griego) y continúan sin reconocerle su calidad, sólo porque sus modelos son grotescos. Su única intención quizá haya sido presentarnos eso de lo que no se habla, eso que nos hace bajar la mirada, eso que no debería mirarse, eso que no es bello, sino que es tal como es. Cuando hay transgresión siempre hay segundas intenciones, pero en su caso nisiquiera hay compasión, sino sólo sinceridad. Su arte nos invita a dar el salto al otro lado del espejo. Al otro lado no hay ya invitación, sino exigencia: nos recuerda que nosotros, como sus monstruos, como todos sus monstruos, somos tan humanos (y tan excepcionales) como para decepcionar (nos guste o no).

Te negaste a seguir jugando el juego de los adultos
en el que, manteniendo el equilibrio en la cima que corona la oscuridad
se sigue corriendo sin mirar abajo
y nunca se salta por temor a caer.
- Howard Nemerow

30/5/08

Homo

Indios del Amazonas de una de las últimas tribus aisladas del mundo han sido fotografiados desde el aire, en unas imágenes llamativas en las que se les veía con el cuerpo pintado de rojo y blandiendo arcos y flechas.



Al parecer es una tribu de 500 indivíduos que huyen de sus propias tierras debido a la explotación forestal. Naturalmente, no conocen la frontera, así que están pasando de Brasil a Perú de forma ilegal. Añade la nota que se niegan a tener contacto con el hombre blanco. Ante el hallazgo, las autoridades brasileñas han dado parte a Google, que como es habitual, ha resuelto lanzar la información al mundo manifestando que el hallazgo supone una prueba excepcional de que estos grupos existen. El diario El País se suma a la información añadiendo que éste sería su primer contacto con el ser humano.
Importantes antropólogos y etnólogos de todo el mundo (excepto de la Amazonia, que es propiedad de entidades cuyo nombre y origen se desconoce, y que tienen libre tránsito por todo el planeta) ya se disputan las piezas (vivas). Si bien algunas fuentes informativas se muestran reacias a hablar del tema, las no oficiales informan que en las siguientes semanas se podría intentar dar caza a un indivíduo de esta especie a fin de estudiarlo y comprobar si corresponde a la cadena del austrolopitecus, al homo primatus amazonicus, o acaso a un simple primate.
El doctor Aurelio Espinoza, destacado antropólogo bahiano, ha dado una tímida opinión al respecto, y afirma que quizá se trate de una variable de los jíbaros y reducidores de cabezas del norte del río Marañón, en la fontera con el Perú, que tratan de emigrar por cuestiones ecológicas. También afirma, con mayor entusiasmo, que en caso de ser así podría descartarse la hipótesis de que estos indivíduos posean una cultura no mucho más evolucionada que la de los primates superiores, sino un grado de desarrollo muy superior, incluso similar al del homo sapiens. Lo sorprendente de sus declaraciones es que en ese caso este indivíduo podría educarse (dentro de sus limitaciones) y adaptarse perfectamente a la civilización.
La pregunta de los disidentes del doctor Espinoza es qué pasaría con estos indivíduos de ser integrados, efectivamente, a la civilización. Para empezar, habría que otorgarles un nombre, un apellido, una identidad y una residencia, a fin de que puedan incorporarse de forma óptima al mercado laboral - por sencillo que sea, dadas sus circunstancias- y subsistir por si mismos en un medio que al principio podría resultarles hostil dado su acostumbramiento a la vida salvaje. Ante el hallazgo, la gran incógnita es a dónde pertencen. En principio, el gobierno del Perú se muestra evasivo, y de momento no se plantea la expulsión, ya que no se ha podido constatar que se trate de una especie declarada de homo sapiens. El de Brasil se muestra abiertamente confuso: como no han sido censados, no se les puede considerar cuidadanos del país.
Por último, si lograra demostrarse que esta especie pertenece al homo sápiens, las autoridades de ambos países podrían ponerse manos a la obra para conseguir que sean integrados dentro de los estatutos que acogen a cualquier ser humano, y se les otorgaría educación básica, vivienda (a compartir con otros indivíduos de su misma tribu, a fin de asegurar que su integración al nuevo ecosistema se produzca paulatinamente y sin fisuras) y trabajo dignos (de su especie). En el Amazonas, y con las nuevas leyes vigentes, habría trabajo inclusive para ellos. Sólo falta que el doctor Espinoza confirme sus presunciones.
Los graciosos -que nunca están de más- dicen que sencillamente deberían dejarles en paz y celebran que no hayan sido descubiertos en algún lugar de Europa, porque la Comisión Europea no se andaría con vueltas.


(Esta primicia acaba de salir en el Yahoo bajo un parche de publicidad de un KIA Picanto -para gustos, colores- por 8.300 euros, un chollo. A la derecha te ofrecen un príncipe azul).

LA NOTA

28/5/08

Juan de la Cruz: monte de perfección

Para venir a gustarlo todo,
no quieras tener gusto en nada.
Para venir a saberlo todo,
no quieras saber algo en nada.
Para venir a poseerlo todo,
no quieras poseer algo en nada.
Para venir a serlo todo,
no quieras ser algo en nada.
Para venir a lo que no gustas,
has de ir por donde no gustas.
Para venir a lo que no sabes,
has de ir por donde no sabes.
Para venir a poseer lo que no posees,
has de ir por donde no posees.
Para venir a lo que no eres,
has de ir por donde no eres.
Cuando reparas en algo dexas de arrojarte al todo.
Para venir del todo al todo,
has de dejarte del todo en todo.
Y cuando lo vengas del todo a tener,
has de tenerlo sin nada querer.
Cuando ya no lo quería,
téngolo todo sin querer.
Cuanto más tenerlo quise,
con tanto menos me hallo.
Cuanto más buscarlo quise,
con tanto menos me hallo.
Cuando menos lo quería,
téngolo todo sin querer.
Ya por aquí no hay camino,
porque para el justo no hay ley;
él para sí se es la ley.

San Juan de la Cruz



25/5/08

Vincent Van Gogh

Todo el mundo quiere subirse al carro de Van Gogh. No existe un viaje tan horrible que nadie quiera hacer. La idea de un genio no reconocido sudando tinta en un desván es deliciosamente absurda. Debemos conceder a Van Gogh el mérito de haber puesto ese mito en órbita. Es decir: ¿cuántos cuadros vendió Van Gogh?¿Uno? No podía ni regalarlos. Iba a ser el artista más moderno, pero todo el mundo le odiaba. Nos avergüenza tanto su vida que el resto de la historia del arte es una compensación por el abandono de Van Gogh. Nadie quiere formar parte de una generación que ignore a otro Van Gogh.

-René Ricard (de la película Basquiat)

Photo/post: Vincent Van Gogh, Cuervos sobre el trigal (1890)

Jean-Michel Basquiat (II)



Pilla un hueso de pollo, y hecho un revoltijo de pelo, miedo y huesos, escribe en la pared con su sangre: Paga por la sopa. Construye una fuente. Quémalo todo. Chico negro, radiante, vasallo de reyes blancos bastardos (mentira). Vende postales en el Village y se tumba en la acera a tomarse un caldo de sopa de capirote con marca de Memphis. Ahí va Danhome -la boa sagrada señora de las aguas- con su capa de agua volando entre los edificios. Él le hace una seña con la cuchara: Llévame a dar una vuelta, señora, sácame de aquí para siempre que apesta. Arriba: docenas de radiales sobre una lengua oscura e inmensa, al alba, sobre la bahía. Abajo busca huellas de nieve bajo sus mangas y sólo encuentra agujeros. Inocente. Rabioso. No sabían que ya antes de empezar volvía de su primera muerte por la ruta del caballo. Sigan vendiendo (¿será arte o se tirará?). Igual que estar hundido bajo una alcantarilla y hacer fuerza para que salga ¿cómo crees que te quedarán las manos?; no hay que ser ningún genio para que el que está al otro lado vea lo chungo que es. Una serpentina de araña corta el aire en dos y él se ríe y chilla: chico blanco, peluca, vasallo de reyes negros bastardos (pero igual te quiero, Andy). Mira a todo el mundo con cara de niño y les muestra la palma de su mano, donde tiene un tatuaje con la cara de Dios: hay una ley que está escrita sólo ahí, en las pintadas de los callejones y en el corazón fustigado de los cínicos (nada más que por su posición de pureza). Greenwood, Brooklyn, otro más en el panteón de los malditos. El chico-vudú no sabía dibujar, dijo el idiota. ¿Sabía la mano de Altamira?


Photo/post: Jean-Michel Basquiat, Brain Like Salad (1987)

III

Los primeros románticos se alzaron en defensa de los execrados por la razón, sin embargo, gustaron de la pose de víctimas, ya que les proveyó un excelente y excéntrico elemento de diferenciación, en un mundo donde la individualidad aún no era premiada. Quizás en sus comienzos la justicia social guiara sus plumas, pero fueron seducidos luego por la justicia poética, sucumbiendo a ella. Sellaron así los postigos de la modernidad, definitivamente.
-Andrea Hoare Madrid (2001)
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He hicieron buen trabajo. Creo que han conseguido que ya nadie más se suicide. (HdA, 2008)


21/5/08

El gag de la garrapata

Hace poco menos de un año mi ordenador fue atacado por un virus informático que en su momento tenía todas las trazas de ser kafkiano. Para que sepais los peligros que entraña un virus, y los hackers que están detrás, os voy a contar cómo se cargaron mi PC en menos de una semana.
Como ya lo sabeis, esta gente trabaja a distancia, y sus víctimas suelen ser criaturas completamente ignorantes en materia informática. Algo así como yo. Sucede que un buen día se enteran de que tu ordenador no tiene protección y te envían algo que, como me desazné en su momento, se denomina parche (ya veis que soy ignorante en serio) ofreciéndote un antivirus de Google infalible. Entonces la pardilla va y en vez de cerrar el parche con la crucesita de arriba, pincha en el punto que pone: instalar antivirus. Y ahí es donde empieza la odisea, a la que luego se sumarán los chupópteros de las empresas de software que para formatear el disco te cobran por horas (podré ser pardilla con un parche, pero lo que se dice pardilla pardilla con un tío que pretende cobrarme 30 euros la hora por formatearme el ordenata, eso ya es cosa bien distinta… que para eso están los anti-virus de verdad, y cuestan 50).
En fin. Que a partir del parche vas viendo como día a día tu ordenador va sufriendo unos cambios que te hacen entrar en la dinámica de la paranoia, y empieza a quedar claro que ya no lo controlas tú, sino otra persona. Por ejemplo, si abres el Google, éste no se te abre una, sino 50 veces. Algo así como pasar las páginas de un libro a mucha prisa y que éste se acabe en algún momento, sólo que no eres tú quien lo manipula, sino un lector invisible al otro lado de la red. Es ahí cuando, pardilla o no, empiezas a entender lo que es un troyano.
Es cuando aparece el amigo informático de toda la vida que en realidad es un tío listo en cuestiones de software, dice él, pero que al cabo de media hora delante del ordenata empieza a repatear en los suelos como si estuviera viendo una final entre el Barza y el Madrid. Los amigos vienen a ver el espectáculo. Te dán su más sentido pésame antes de que la reina se desangre. ¡El navegador se abre 123 veces seguidas y lo hace a una velocidad vertiginosa! Intenta sacar el programa que se ha instalado en el disco, pero no hay forma. El programa vuelve a aparecer. Y si logra desinstalarlo, en su lugar o en otro lugar del disco o como se llame esta cosa, aparece otro programilla minúsculo y para colmo en forma de casco de motorista y del tamaño de una garrapata, que el tío no puede eliminar ni con el más potente de los insecticidas.
Al tercer día, mi pantalla amanece con una garrapata del tamaño de una tortuga marina ya adulta tapando los iconos y mi salvapantallas de Neil Young enfundado en su chaquera marinera, y sus ojos mansos asomando detrás de la tortuga con cara de compasión. O quizá no sea eso. Quizá sólo quiera decirme: “Tía, eres una capulla”.
La garrapata en cuestión es, en realidad, una mini pantalla en forma de casco de motorista -algo así como un vídeo-juego en cuyo interior se cuece un líquido virtual de aspecto viscoso- que pide a gritos ser abierta, haciendo click en donde siempre se hace click y en donde esta servidora que ya ha aprendido que no debe hacerse click en cualquier parte no hará click. A estas alturas he llegado a la conclusión de que al otro lado de la meta-pantalla hay un tío con gafillas observando. Uno de esos como los que aparecen en las malas películas yanquis, una criatura siniestra y pajillera sentada ante un gran panel lleno de pantallas con tías con cara de pardillas. O no.
Al quinto día el ordenador colapsa. El Windows ya no se abre. Te dán cinco opciones, las pruebas todas, pero nada. La reina ha muerto, larga vida a la garrapata.
Naturalmente, decido formatear mi Windows -ya que el ordenador vale la pena, me dicen, y no tiene más de un año-, aprovechando la ocasión para añadirle alguna que otra cosilla interesante y, por supuesto, comprarme un antivirus sin garrapatas. Uno en condiciones. Así estoy un año, hasta que decido agregarme a un foro. Uno de filosofía. Gente seria (...)
Al tercer día me banean por discrepar con uno de los moderadores: el tipo no está de acuerdo con mis conceptos peregrinos basados en la filosofía oriental (una filosofía contaminada de misticismo, según él) y nisiquiera está dispuesto a iniciar una pulseada dialéctica; diréctamente me banea sin derecho a réplica. Un SS integral. La encarnación misma de un nazi-caraculo disfrazado de nihilista-progre, que de esos, en la red, los hay a montones.
Lo que una no sabe es que el administrador de un foro, además de ser una criatura reaccionaria gafapastas disfrazada de radiguay, puede ser también un hacker en potencia, de esos que van metiendo garrapatas en tu sistema si no le has caído bien. Aquí es donde empieza el capítulo de las direcciones últiles, y aquí termino porque estoy ya se está volviendo un marrón.
El asunto es que consigo entrar nuevamente en el foro a través de otro e-mail y le replico. El tío vuelve a banearme. No conforme con ello, me amenaza con pillar mi IP y mi MAC. Yo todo lo que sé de un MAC es que es un ordenata con una manzanita de colores, pero mi amigo el informático me explica que es otra cosa, algo así como un código identificador inmerso en mi sistema. Sin embargo, hay que ser muy ducho para pillar un IP y mucho más un MAC. Lo que no me queda claro es que sea del todo legal. Como no me queda claro que existan, en la red, foros de criaturas de la laguna negra que se hacen llamar hackers y que se jactan públicamente de haber entrado en varios ordenadores y de tener inclusive los datos bancarios de sus propietarios.
Tened cuidado, amigos míos, que las garrapatas no sólo chupan sangre: han aprendido, y ahora se chupan la tinta del capital.

La foto es de Kevin Mitnick. ¿A que es majo? Y no, no es el mano derecha de Bill Gates, es el hacker más famoso del mundo (aunque es sible que trabajen en colaboración

16/5/08

Gea


A la hora de mirar un cuadro, lo que más me gusta es cuestionarme qué demonios ha hecho esa persona y por qué. Busco algo que me maraville, incluso que me confunda. Eso es lo que me atrae. No hay que tipificar algo que, por naturaleza, es innombrable. Creo que todo ese proceso me ayuda, me hace sentir vivo.

-Julian Schnabel

13/5/08

Moscas o cruzados

Algunos de nosotros servimos como cruzados y algunos como moscas aplastadas contra una valla. Vivimos una existencia espartana. (Patti Smith)


Hubo quien dijo: "No baja quien puede o quien quiere, sino a quien le toca". Aceptación no es lo mismo que conformismo. Aceptar algo, o rebelarse contra ello, implica indefectiblemente un ejercicio de la libertad. El que acepta, primero tiene que procesar la información a fin de aceptarla o eliminarla. No hay aceptación válida sin un acto consciente y de previa reflexión.

El conformismo, en cambio, es bien distinto. Es la mosca aplastada contra la valla aunque ésta se crea halcón. Tarde o temprano, la mosca habrá muerto, y para cuando lo sepa... quizá sea demasiado tarde. Otros habrán elegido por ella.

11/5/08

Mo-mo

Mi madre nos ponía la merienda en una fiambrera dentro de la mochila. Ella se preocupaba por mí, que comía poco y andaba mucho, que era una cría nerviosa, un culo de mal asiento. Me llenaba la fiambrera con un enorme bocata de queso hecho con pan de higos secos y pipas de calabaza, para evitar las lombrices; pero igual no había manera de que yo me lo comiera todo. Un día le dije: “Madre, pónme algo ligero”, porque ya empezaba a hacer calor y a mí la comida siempre me ha caído pesada cuando hace calor. Mo-mo estaba ahí conmigo, llenando su mochila sin prestar atención. Cuando llegó la hora de la merienda, me tumbé en un banco con mis colegas y saqué la fiambrera. Al notar que se movía, di un grito y la fiambrera voló por los aires.
¿Qué demonios había allí dentro?
Mis colegas y yo formamos corro alrededor. Nadie se atrevía a abrirlo. “Bocata no”, dijo una chavala, “porque esas cosas no suelen saltar en las fiambreras”. Insecto ponzoñoso o mascota, tampoco, pensé, porque yo tenía un radar con esas cosas y me habría dado cuenta enseguida. Si de algo estaba segura era de dos cosas. Una: que mi madre no había tenido nada que ver con lo que fuera que hubiese dentro de la fiambrera. Y otra, que la curiosidad podía ser más fuerte que el miedo. Así que la abrí como pude con la punta del zapato.
Lo que encontramos en el fondo de la fiambrera fue un pajarillo atontado hecho una bola de plumas. Sorpresa general y alivio instantáneo, que degeneró en risas y en decepción al ver que el pájaro se desperezaba, echaba a volar, y se perdía en el cielo, lejos de nuestra vista. Nos quedamos felices y atónitas.
Entonces tropecé con Mo-mo, que estaba ahí, a metros de mí. Al instante supe que había sido él.
“¿No querías algo ligero?”, me dijo.



Vídeo/post: Lila dice, de Ziad Doueiri.

29/4/08

Un año de vida

Hoy el K-osmonauta del azulejo cumple su primer año de vida en la red, así que... psss, merece celebrarse. Me he divertido mucho en este espacio, la verdad, he conocido e intercambiado ideas y opiniones con gente muy interesante, otra no tanto; unos van, otros vienen... pues eso: que la red es como la vida, y estoy satisfecha de que sea así. Como la Piaf, no nos arrepentimos de nada, porque ¡ea!... ha valido la pena, y desde luego, el kosmonauta y yo seguiremos al pie del cañón.

Feliz Cumpleaños, guapo...

26/4/08

El escándalo de Notre Dame

A las once de la mañana del 9 de abril de 1950, cuatro jóvenes -uno de ellos vestido de pies a cabeza de monje dominico- entraron en Notre Dame de París. Era en plena misa de Pascua; en la iglesia habían 10.000 personas procedentes de todo el mundo. “El falso dominico”, como le denominó la prensa -Michael Mourre, de ventidos años- aprovechó una pausa que siguió al rezo del credo y subió al altar. Comenzó a leer un sermón escrito por uno de los conspiradores, Serge Berna, de veinticinco años:

Hoy, día de Pascua del Año Santo
aquí
en la insigne iglesia de Notre Dame de París
acuso
a la Iglesia Católica universal de haber desviado letalmente nuestra fuerza vital
hacia un cielo vacío
acuso
a la Iglesia Católica de estafa
acuso
a la Iglesia Católica de infectar el mundo con su moralidad fúnebre
de ser la llaga que se extiende en el cuerpo descompuesto de Occidente.
En verdad os digo: Dios ha muerto
vomitamos la agonizante insipidez de vuestras plegarias
pues vuestras plegarias han sido el humo pringoso de los campos
de batalla de nuestra Europa.
Sumergíos pues en el trágico y exaltante desierto de un mundo
en el que Dios ha muerto
y labrad esta tierra con vuestras manos desnudas
con vuestras manos ORGULLOSAS
con vuestras manos sin plegarias.
Hoy día de Pascua del Año Santo
aquí en la insigne iglesia de Notre Dame de Francia
proclamamos la muerte de Cristo-dios, para que el hombre
pueda vivir por fin.

El cataclismo que siguió fue más allá de todo cuanto pudieron haber esperado Mourre y sus seguidores, quienes al principio simplemente habían planeado soltar unos cuantos globos rojos. El organista, advertido de que podía tener lugar una irrupción de este tipo, ahogó las palabras de Mourre justo depués de que éste pronunciase las palabras mágicas: “Dios ha muerto”. El resto del discurso jamás llegó a pronunciarse: la guardia suiza de la catedral desenvainó sus sables, acometió contra los conspiradores e intentó matarles. Los camaradas de Mourre subieron al altar para protegerle: a uno de ellos, Jean Rullier, de veinticuatro años, le rajaron la cara de un sablazo. Los blasfemos escaparon y fueron capturados, o mejor dicho rescatados, por la policía, ya que tras perseguirles hasta el Sena, la multitud a punto estuvo de lincharlos. Un cómplice aguardaba con un coche en marcha listo para emprender la huída, pero ante la visión de aquella multitud enardecida, no les esperó.

(…)

De los cuatro illuminati (etimológicamente hablando, ojo; no confundir de ninguna manera con la sociedad secreta homónima, si lo es), solo Mourre fue detenido: el arzobispo le acusó de hacerse pasar por un sacerdote. Enviado a un reconocimiento psiquiátrico, Mourre consiguió que Combat (una publicación de la época) cambiara de línea editorial cuando el alienista escogido por el tribunal, un tal doctor Micoud, resumió la personalidad de Mourre con las expresiones: idealismo frenético; desprecio por la percepción externa; cogito prerreflexivo; ortosexualidad (vergonzosamente admitida); capacidad para ir directo al corazón de una doctrina y para viajar en un instante a través de varias épocas; irritación ante la sugerencia de que el Ser puede haber precedido a la Existencia; ideas fugaces; ataques sorpresa mediante lanzamientos en paracaídas (…) e interminables profusiones de neologismos; y una lógica exageradamente sesgada y paranoica, en la que hay más intolerancia rigurosa que rigor intolerante.

El doctor Micoud había ido demasiado lejos: un segundo escándalo ahogó al primero, y después de permanecer once días bajo custodia, Mourre fue puesto en libertad. Tres meses después escribió Malgré le blaspheme (A pesar de la blasfemia), un libro tan aceptable para la iglesia que el arzobispo, el mismísimo hombre cuya misa Mourre había interrumpido, recomendó que todas las bibliotecas de la iglesia comprasen.

(…)

Tras haber escrito las biografías de Charles Maurras (1868-1952) -el carismático líder de la facción Acción Francesa, monárquica y protofascista, adalid de la libertad religiosa del siglo XIX- Mourre se convirtió en un escritor a sueldo enciclopédico y eclesiástico; murió, respetable y olvidado, en 1977. El incidente de Notre-Dame, observó un corresponsal de Combat en pleno furor, era, a falta de otra cosa, un buen principio para una carrera literaria.

Greil Marcus, Rastros de carmín, 1989

Aplausos (y abucheos).

Estamos en el siglo XXI, y lo que acabais de leer podría mover a risa (o no).

7/4/08

María Zambrano: ditirambo

Brota el delirio al parecer sin límites, no sólo del corazón humano, sino de la vida toda y se parece todavía con mayor presencia en el despertar de la tierra en primavera, y paradigmáticamente en plantas como la yedra, hermana de la llama, sucesivas madres que Dionysos necesitó para su nacimiento siempre incompleto, inacabable. Y así nos muestra este dios un padecer en el nacimiento mismo, un nacer padeciendo. La madre, Sémele, no dio de si para acabar de darlo a la luz nacido enteramente. Dios de incompleto nacimiento, del padecer y de la alegría, anuncia el delirio inacabable, la vida que muere para volver de nuevo. Es el dios que nace, y el dios que vuelve. Embriaga y no solo por el jugo de la vid, su símbolo sobre todos, sino ante todo por si mismo. La comunicación es su don. Y antes de que ese don se establezca hay que ser poseído por él, esencia que se transfunde en un mínimo de sustancia y aún sin ella, por la danza, por la mímica, de la que nace el teatro; por la presentación que no es invención, ni pretende suplicar a verdad alguna; por la representación de lo que es y que sólo así se dá a conocer, no en conceptos, sino en presencia y figura, en máscara que es historia. Signo del ser que se da en historia. La pasión de la vida que irremediablemente se vierte y se sobrepasa en historia. Y que se embebe sólo en la muerte. El dios que se derrama, que se vierte siempre, aún cuando en los ditirambos se dé en palabras. Las palabras de estos sus himnos siguen teniendo grito, llanto, y risa al se expresión incontenible. Expresión que se derrama generosa y avasalladoramente.

María Zambrano (Claros del bosque)





El secreto de la felicidad está en la libertad; y el secreto de la libertad, en el coraje (Tucídides).
Vídeo/post: Baba O'Riley, The Who.

31/3/08

Hitler mordió la cápsula


Hitler mordió una cápsula de cianuro. Quizá ésa haya sido la única decisión sensata que tomó en su vida. Habrá sido un loco o un devoto -e inclusive, un ingénuo- pero me atrevo a decir que, en parte, la suya fue una guerra romántica. Sanguinaria, pero romántica al fin. Entre otras razones, el Führer fracasó porque su modelo de dominio basado en el viejo sueño de resurgimiento de la orden teutónica resultaba inviable en un mundo, y una época, donde ya empezaba a empollar el capital, un ente abstracto para el cual la jerarquía racial nunca ha sido tan importante como la jerarquía de clase. Había una guerra detrás- algo menos romántica -que no era la de él.

Tal es así, que a pesar de la sangre, los hornos crematorios, los cincuenta millones de muertos, los experimentos genéticos, el genocidio, el abandono de Berlín, y toda la literatura, mesiánica y no mesiánica, que le define sin lugar a dudas como el peor criminal de todos los tiempos, Hitler cometió el terrible error de actuar como un creyente. Porque Hitler creyó. En él mismo, claro, pero creyó. Era un idealista, no un demócrata.

Si hemos de compararla con la de Hitler, la estrategia de los aliados lleva en vigencia más de cincuenta años. ¿Cómo puede explicarse, sino, que Hiroshima haya sucedido en agosto de 1945 y Alemania haya anunciado su rendición a principios de mayo del mismo año? Alemania resultó ser un excelente teatro de operaciones, la jaula de las marmotas, una noria de diseño: mientras Hitler deliraba, Roosvelt, Stalin, Churchill y De Gaulle le hacían una ofensiva terminal con miras a un futuro por fin libre. Libre de... pues de eso, de Hitler. Y finalmente, cuándo a éste se le quitara de la cabeza el martillo de Thor y mordiera su cápsula, muriendo, como buen romántico, por mano propia (o diente propio), y nada más que por si mismo; ellos podrían implantar su novum ordo seclorum amparados en la fábula de la democracia restaurada. Como era de esperar, Hollywood recibió el encargo de distribuir la propaganda. Ya lo había dicho Goebbels en su día: Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad.

La famosa foto de la conferencia de Yalta -un espléndido retrato en blanco y negro de los tres potentados; yo supongo que también iría en la Viking -sigue siendo un clissé de nuestro tiempo, y hasta donde yo sé, continúa saliendo en los manuales de historia. Siempre me pareció una foto profundamente abrumadora: nos recuerda con alivio que al final siempre ganan los buenos, que la razón se impone sobre la fuerza, y la justicia sobre el crímen. Ante una amenaza tan horrenda como el nazismo, cualquiera que nos librara de él, fuese quien fuese, podía convertirse en un salvador. El instinto de superviviencia, como la desesperación y el hambre, no son detallistas.

Fijaos en la indumentaria de los tres caballeros que aparecen en el retrato: Roosvelt, al centro, elegantísimo él en su traje de chaqueta y corbata, con las piernas cruzadas, dá la talla de un hombre de clase. Sostiene algo en la mano; supongo que será un cigarro con boquilla, o un puro, aunque por el color me dá en la espina que es más bien un cigarro. Los otros dos -Stalin y Churchill, embutidos ambos en sus trajes militares- uno a la derecha (de la foto), el otro, obviamente, a la izquierda (de la foto) tienen más pinta de ser unos sabuesos satisfechos que unos mandatarios. Churchill se aplasta en su silla con cara de gusto, muy relajado, como si acabara de comerse un gigantesco chuletón de Ávila y todavía le sabiera el jugo en la boca. Sostiene algo en la mano, también; y parece ser un libro (no olvidemos que fue premio Nóbel de Literatura). Stalin se pavonea. No es de extrañar que Lennin no se fiara de él.

Mirad una versión (algo más profana) de la misma Conferencia:

Siendo, como soy, hija de un ex-combatiente de la segunda guerra mundial, cuando era niña no podía menos que sentir gratitud hacia estos tres señores que posan ahora en mi blog. Si bien mi opinión sobre ellos ha virado algunos grados, sigue fascinándome el poder referencial de la imagen. Como os fascinará a vosotros. No es ninguna novedad que puede más lo que quieren mostrarnos que lo que en realidad se vé; si es que lo que se vé no se confunde con lo que quieren mostrarnos (ya, ya, esta idea es un tópico; haced de cuenta que no la habeis leído). Lo que quiero decir es que ningún verdadero redentor sale en las fotos. Aunque quizá por entonces todavía salieran, y estos tres caballeros hayan sido, en su momento, auténticos.
He aquí, pues la Sábana Santa de la Conferencia de Yalta: una instantánea que no volverá a cogerse jamás, y no porque sus protagonistas ya críen malvas, sino porque este tipo de gente ya no sale en fotos. Hoy en día, todo lo que podemos ver, o acaso intuir, es una multifacética red de símbolos montados sobre un artefacto comunicacional cuya sofisticación resulta tan compleja como inalcanzable: ya no son tres, pueden ser cientos. Sólo que nunca les veremos. Lo que vemos no es lo que es, sino lo que quieren mostrarnos.

Y tanto, que conviene que se escriban libros sobre ellos. Conviene, inclusive, que corran rumores sobre amenazas de muerte a periodistas e investigadores y que sólo sean rumores, ya que el hecho de que sigan vivos es la prueba fehaciente de que las teorías conspiratorias son sólo eso, teorías. Más leña al fuego de la paranoia colectiva. El Novus ordo seclorum no es más que un triangulillo misterioso impreso en el reverso de un billete de dólar. Como el gorro frigio, y las dos runas que llevaban los SS en el cuello de sus chaquetas militares. La conspiración no existe. Y si existe, qué importa, mientras me llegue para pagar la hipoteca. El grupo Bilberberg controla el mundo: ¿quién estará detrás del grupo Bilberberg? Thor tenía un rottweiler llamado Hitler, pero se le escapó y le hizo creer a -casi- todo el mundo que era el Anticristo.

¿Hay vida fuera? Sí, pero que no sea un demócrata, por favor. Cuando las ideas se convierten en palabras es buena cosa, pero cuando éstas acaban devorando el concepto, la palabra se convierte en sólo imagen acústica, que de tanto oirse y no practicarse acaba vaciándose de contenido y ya nadie, o muy pocos, se la creen.

¿Hay vida fuera? Sí; y gente que se mueve en la luz que toda sombra deja. Con fotos o sin, las sociedades secretas ya no existen.

25/3/08

Novus ordo seclorum (I)

Una democracia no puede existir como forma permanente de gobierno. Sólo puede existir hasta que los votantes descubren que pueden decidir sobre los dineros del Tesoro Público. A partir de ese momento, la mayoría siempre votará por el candidato que prometa más beneficios a cargo del Tesoro Público, con el resultado de que una democracia siempre colapsa bajo una irresponsable política fiscal, y siempre es seguida por una dictadura. La edad promedio de las más grandes civilizaciones de la tierra ha sido de doscientos años. Estas naciones han seguido esta secuencia: de la esclavitud a la fe espiritual, de la fe espiritual a una gran valentía, de esta gran valentía a la abundancia, de la abundancia a la complacencia, de la complacencia a la apatía, de la apatía a la dependencia, y de la dependencia de nuevo a la esclavitud.

Alexander Fraser Tyler (1700).

11/3/08

Contra el pensamiento único

Los tiempos que corren nos confrontan con cambios profundos en las estructuras sociales públicas y privadas a través de las cuales los hombres desarrollan sus actividades. En el sector privado, esto lo comprobamos si se compara la manera en que las empresas se organizan en 1996, que en poco, quizás nada, se asemeja a como lo hacían las empresas en 1946, o aún en 1966. En los asuntos públicos, este fenómeno resulta aún más agudo ya que los cambios que afectan al Estado, sus instituciones y sus funciones básicas y la manera en que se administra el poder, han sufrido transmutaciones y trastornos verdaderamente revolucionarios.

Ocurre, sin embargo, que mientras los avances tecnológicos en las comunicaciones, la informática y los procesos productivos se suceden con vertiginosa rapidez, los cambios psicológicos que debieran acompañarlos, al menos entre los segmentos dirigentes, evolucionan más dificultosa y lentamente lo que abre una enorme y peligrosa brecha entre las tecnologías con las que se administra el mundo y la visión política con la que se pretende comprender e interpretar su actual y futuro desarrollo. Es así que aunque el mundo de hoy poco se parece al de hace treinta años, la mayoría de la gente sin embargo sigue interpretándolo según paradigmas correspondientes a décadas - acaso siglos - pasados. En los asuntos políticos, sociales y aún en los económicos, es como si en la era de las computadoras realizáramos nuestros cálculos de la actualidad y previsiones para el futuro utilizando un antiguo ábaco.

A diario aplicamos tecnologías de los albores del siglo XXI para comunicarnos, para trasladarnos y para administrar nuestras vidas y nos sentimos perfectamente cómodos y a gusto con ello. Pero, ni bien intentamos interpretar los fenómenos políticos y sociales de nuestros días, de manera insensible y automática pareciera que nos retrotraemos a las pautas y los mitos políticos de los siglos XVIII y XIX. Aún en la economía, comprobamos algo parecido cuando hablamos del "libremercado", de las "leyes de las finanzas", o cuando utilizamos como punto de referencia las consignas de un liberalismo económico diseñado en el siglo XVIII para beneficio del imperio militar británico de hace más de doscientos años.
Desde entonces, diversos teóricos, escuelas económicas y más de un Premio Nobel de Economía han procurado explicar los más variados aspectos relacionados con los macroprocesos económicos del planeta. Mientras tanto, los mucho mas pragmáticos traders y operadores financieros globales, quienes poca paciencia parecieran tener con las últimas elucubraciones intelectuales de las escuelas económicas, literalmente trituran las economías nacionales y sectoriales con el torniquete de los mercados globalizados que crecen exponencialmente, jamás deteniéndose, y girando alocadamente las 24 horas del día. Desde Tokio a Hong Kong; desde Hong Kong a Tel Aviv; de Tel Aviv a Frankfurt y Londres; de Londres a Nueva York y Chicago; y de Chicago nuevamente a Tokio; sin solución de continuidad; sin principio y sin fin.
Seguimos pensando que el dólar, el Euro, la libra o el yen son monedas sujetas a las voluntades de los gobiernos de Estados Unidos, la Unión Europea, el Reino Unido o el Japón, cuando, en rigor de verdad, el valor del dólar y de todas las monedas se decide en los directorios de los grandes bancos y empresas de Wall Street o durante la noche al otro lado del planeta, en Tokio.
En política, a su vez, seguimos haciendo de cuenta que el Estado-nación moderno, nacido en los siglos XVIII y XIX, sigue siendo la máxima instancia para el ejercicio del poder. Creemos que solo basta con que un territorio determinado se dibuje en un mapa, con que el conjunto de personas que viven en él izen una bandera, porten un escudo, y nombre autoridades ejecutivas y legislativas para ocupar bancas congresales, sillones judiciales y tronos presidenciales y ministeriales para que, como por arte de magia, tengamos con ello "una nación soberana"; un "Estado", cuya maquinaria pública se encuentre lista para detentar y ejercer el "poder político".
El aceite con el que pretendemos lubricar los engranajes de esta maquinaria antediluviana lo denominamos "democracia" con lo que, abrazados a una fórmula política inventada por intelectuales del siglo XVIII, dogmatizada por los imperialismos del siglo XIX y estandarizada por la tecnocracia supranacional del siglo XX, hacemos de cuenta que con ello resulta suficiente para que "la voluntad de las mayorías rija los destinos de cada nación." Este modelo se ha impuesto como norma obligatoria en todos los Estados del planeta, como la conditio sine qua non que debe cumplirse si se cada pueblo se propone integrar el "concierto de las naciones". Sino, queda declarado fuera de la ley; un "rouge state" – Estado criminal – según una de las frases favoritas de Clinton y su secretaria de Estado, Madeleine Albright.
Pero cuando pasamos de la teoría a la realidad, observamos que las cosas resultan muy diferentes y mucho más difíciles; encontramos que algunos Estados resultan viables mientras que muchos otros, quizás la mayoría, no lo son; que a pesar de todo sigue habiendo guerras sangrientas inter e intranacionales; que sigue profundizándose el empobrecimiento de la vasta mayoría de la humanidad y de las clases medias y bajas, aún dentro de los países industrializados; que el descontrol en los asuntos de la humanidad se generaliza más y más. Y como seguimos insistiendo en respetar la sacrosantidad de los paradigmas de antaño, no acertamos a identificar el origen y las causas de nuestros males actuales.
El "establishment" intelectual contemporáneo parece habernos convencido de que, como por arte de magia - pues de magia parecería tratarse realmente -, con solo expresar los vocablos "democracia", "paz" y "derechos humanos", automáticamente todo se encarrila por si sólo, resolviéndose por simpatía y empatía. Al igual que en los rituales mágicos primitivos, también el hombre moderno pareciera ser cautivo de la antiquísima necesidad psicológica de creer que la palabra tiene, por sí sola y cuando se la expresa colectivamente, una fuerza mágica que le permite convocar y tornar en realidad aquello que evoca. Como una imitación bastarda de antiguos ritos, solo basta con repetir una versión aggiornada de la plegaria mítica colectiva moderna para que ésta se haga realidad.
Como decimos, hoy el mantra de moda no se dirige ni a dioses ni a santos, sino que expresa un conjunto vago de abstracciones: "democracia", "paz", "derechos humanos", o - mejor (¿peor?) aún - la idea de la democracia, la idea de la paz y la idea de los derechos humanos. En las últimas décadas, pareciera que sólo es necesario que nuestros dirigentes políticos repitan ad nauseam la idea de erigir un "gobierno democrático" defensor de la "paz", la "justicia" y los "derechos humanos", para que automática y mágicamente ello se torna realidad. Así es en la Argentina como en España; en Chile como en Canadá; en Brasil como en Alemania. Y desde hace muchas décadas más, también en los Estados Unidos, Gran Bretaña y otras naciones industrializadas.
Lamentablemente, la realidad nos muestra una cara muy distinta. La soberanía, la democracia, la defensa de los derechos humanos, la libertad y la justicia social jamás nacen espontáneamente, ni mucho menos se dictaminan por decreto. Si nos esforzamos en pegar un "salto cuántico" para acceder a un profundo cambio paradigmático, entonces comprenderemos las cosas de manera diferente y no tan solo como nos gustaría que fueran. Si sabemos escuchar y leer entre líneas, descubriremos el elocuente aunque sutil mensaje implícito en los acontecimientos contemporáneos, a pesar de que la mayoría de las personas rara vez logre interpretarlos correctamente. Estos acontecimientos mundiales se nos presentan pre-analizados – "predigeridos", por así decirlo – ante nuestros ojos: en la prensa, en la televisión y radio, en los libros propagadores de la "historia oficial" y de economía contemporánea y, muy especialmente, en el discurso político de estamentos muy precisos y compactos de dirigentes mundiales del máximo nivel y sus discípulos en todo el mundo. Todo ello nos permite entrever que aunque los instrumentos formales utilizados para introducir y ejecutar políticas internas y externas en las diversas naciones son, por lo general, las instituciones públicas del Estado, el origen del diseño y planificación de dichas políticas se ubica en instancias mucho menos evidentes que nosotros relacionamos con el CFR y la red mundial informal que lo complementa.
Porque de eso se trata: de comprender que la ideología de la globalización tiene como objetivo controlar todos los asuntos públicos de la humanidad por una tecnoestructura privada detentadora del poder real. Y, precisamente debido a ello, se autoexcluye de todo proceso democrático ya que no va a permitir que se la sujete a su propio instrumento de control. La ideología del globalismo conforma en última instancia la privatización del poder. Y su praxis política consiste en el control de todos los gobiernos que ocupan todos los Estados, a través de la imposición del régimen de la democracia formal partidocrática que resulta fácilmente controlable a través del dinero. Dinero que paga campañas electorales; dinero que genera corrientes de opinión pública; dinero que crea (y destruye) imágenes públicas; dinero que escribe y re-escribe la "historia oficial" local, regional y mundial a su conveniencia; dinero que financia poderosos medios de difusión que nos presentan la "realidad" que más le conviene para promulgar sus políticas; dinero que nos dice quienes son los "buenos" y quienes los "malos", cuales países son "modernos y confiables" y cuales son los "rouge states"; y que en pocas palabras nos lleva de las narices para dónde quieren, manteniéndonos a todos en la oscuridad y confusión.
Es que las fuerzas del dinero del hipercapitalismo radical y salvaje vigente pueden lograr esto y mucho más. Pueden censurar determinadas ideas, propuestas y enfoques, sea a través de su prohibición lisa y llana – de ahí, por ejemplo, su rechazo de todo "revisionismo histórico" que en muchos países es ilegal –, como a través de la saturación gigantesca de información, datos, chismes, rumores y propuestas descabelladas que logran generar un barullo infernal y generalizado en la televisión, la radio y los medios gráfico, que hace que cualquier idea buena que no disponga de los medios económicos para "gritar fuerte" quede totalmente ignorada y condenada al ostracismo. Se trata, en síntesis, de una verdadera censura económica unida a un sutil terrorismo intelectual que logra que todos – o casi todos – pensemos de manera politically correct.
Esto implica que se desdibujen valores tan caros como el de la libertad, que pasa a ser una mera abstracción, puesto que nos quedamos con la idea de la libertad y no con su realidad. Porque rara vez se distingue entre las distintas clases de "libertad" de la que puede gozar el hombre:
•La libertad del espíritu e intelecto que es, lejos, la más importante y que permite formar criterios y opiniones independientes sin necesidad de alinearse obligatoriamente con los cánones de la "opinión aceptada" y políticamente correcta de la época. Sustentada sobre una Ética firme, esta es la única libertad con valor real.
•La libertad política de las masas que, al menos teóricamente, es ilimitada. A esta libertad mítica acceden todos por igual: ricos y pobres; poderosos y débiles; inteligentes y estúpidos; buenos y perversos. Implica el permiso otorgado por una instancia superior que detenta poder, y que permite que periódicamente las mayorías expresen su opinión sobre algunos temas. Esta es apenas una "libertad" formal y de poca substancia.
•La libertad económica que es aquella que resulta del poder adquisitivo. Claramente, conforma una libertad importante por cuánto no implica el permiso para hacer determinadas cosas sino el poder para hacerlas, lo que la torna en una liberad real. (12)
De más está decir que de los tres tipos de "libertades" indicadas la única que tiene real valor en el sistema demoliberal imperante es la libertad económica. Para los estamentos dirigentes a su vez, la libertad intelectual tiene alto valor puesto que sólo ella permite prever, evaluar, planificar y actuar creativamente para defender y promover sus intereses. La libertad política masificada, finalmente, sólo conforma un mito social que poco le sirve a las masas que supuestamente disfrutan de ella, ya que se transforma en un instrumento de control en manos de aquellas minorías que disfrutan de las otras dos libertades auténticas: la intelectual y la económica.
Los principales acontecimientos que han determinado las características, tendencias y conformación del mundo moderno tienen su origen en amplios y profundos procesos de análisis, evaluación y planificación cuyo ámbito se encuentra fuera de lo que usualmente denominamos como de "dominio público". Se ubican mas allá de las estructuras gubernamentales detentoras del poder formal en los Estado-nación modernos. Pero para comprender esta realidad, resulta necesario aprender a pensar "fuera de la caja"; a pensar de una manera nueva o al menos diferente a la forma que pretende imponernos la ideología de la globalización; a romper con el paradigma de lo politically correct según la usanza estandarizadora norteamericana o del unique pensée, según la visión más aguda de los intelectuales franceses.
Resulta necesario ir contra la corriente, y eso no es para nada fácil en los tiempos que corren.

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EL CEREBRO DEL MUNDO- Adrián Salbuchi- Ediciones del Copista. Córdoba, Argentina- 1999